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Are you a god or a devil? [Priv. Letyko]

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Are you a god or a devil? [Priv. Letyko]

Mensaje por Samuel Vaan el Jue Mayo 05 2016, 13:26

Corría, corría por mi maldita vida que se encontraba en peligro por las estúpidas leyes de una reina absurda que regía una sociedad absurda que acataban aquellas absurdas leyes que llevaba maldiciendo desde hacía diez minutos, los mismos diez minutos que llevaba siendo perseguido por cuatro tipos que esperaban en el bosque a que algún pobre inocente, como yo por ejemplo, pasase por allí pidiendo a gritos ser desmantelado y quien sabe que más.

El sudor frío recorría mi cuerpo mientras mi respiración se había tornado descompasada por el cansancio y la saliva que se acumulaba en mi boca de forma desmesurada. Jamás había corrido tanto tiempo seguido y mi corazón parecía querer destrozar mi pecho, estallar y descansar de una vez. Me flaqueó la pierna derecha y mi equilibrio amenazó con hacerme probar de la suave hierba que invadía cada milímetro de aquel bonito bosque que se había tornado escenario de pesadilla.

Aquella rama araño mi ceja izquierda haciendo que mi cuerpo, en aquel acto reflejo, se desplazase hacia la derecha sin tener en cuenta el tosco árbol con el que impactó mi hombro derecho lanzándome estrepitosamente al suelo por el que rodé dos veces antes de precipitarme por aquella cuesta de tierra, hojas y más hierva mojada. Mi capa se tornó pesada  y una dificultad añadida para mi patética huida. Me desplacé escasamente un metro a cuatro patas antes de volver a desplazarme con las dos piernas y deshacerme de la prenda mojada que debería recuperar después, si es que lograba sobrevivir a aquellos desgraciados que no dejaban de reír de entre los árboles.

- ¡Vamos pequeño! ¡Esto está siendo muy divertido!

- ¡¡¡Pero es hora de morir!!! – Aquellas palabras vinieron seguidas del golpe seco de un hacha que se clavó en un árbol cercano a mí. Mis ojos se abrieron de par en par y corrí con todas las fuerzas que me quedaban.

Mis pisadas dejaron atrás el húmedo césped y la tierra embarrada para entrar en contacto con aquella superficie transparente y quebradiza que engulló uno de mis pies haciéndome volver a caer de bruces en ella. Noté como el dolor se propagaba por todo mi cuerpo mientras me deslizaba por el hielo sin control alguno hacia el filo de la cascada al que no llegué, pues mis costillas impactaron con una roca que me hizo gritar. Me senté, entre gemidos, en aquella superficie apoyando mi espalda en aquel pedrusco y observando como los cuatro hombres caminaban sobre el hielo como si nada, entre risas y armas.

- Al final te has hecho daño… - Dijo uno de ellos. –Pobre corderito, todo lo que va a sufrir antes de dejar esta vida. – Carcajadas  y miradas cómplices acompañaron esas palabras.

- P-podríais dejarme vivir ¿no? Es decir, os he entretenido un rato. ¿No os parece suficiente pago? – Dije con una sonrisa nerviosa que no ocultaba el miedo que sentía en aquel momento.

- Claro, pero es que preferimos saciar otras necesidades y comer. Piensa que nos has dado mucha hambre con esta cacería.

Mi pecho ascendía y descendía con fiereza, con rapidez. La ansiedad me estaba pudiendo y fue entonces cuando caí en la cuenta de sobre que estábamos. “El hielo se resquebraja.” Me dije a mi mismo y con aquella sonrisa confiada saqué la daga de mi padre que llevaba oculta en la bota.

- Oh… Parece que aún le quedan fuerzas para batallar. – Aquellos tipos se encontraban a varios metros de mí, aún no se habían movido desde aquella posición en rombo en la que habían quedado al entrar al río. Probablemente porque tampoco les sería fácil caminar por esta superficie por muy acostumbrados que estuvieran.

- ¡Lo siento mucho! – Dije y cerrando los ojos clavé la daga en la superficie helada. Solo se escuchó aquel gruñido de dolor procedente desde mis adentros y entonces pasaron unos segundos hasta que los cuatro desgraciados comenzaron a reír descaradamente. Intenté abrir los ojos pero sobre el izquierdo estaba la sangre procedente del arañazo. No entendía cómo podía sangrar tanto una simple raja en aquella zona pero ahí estaba. Me limpié la sangre con la manga, otra vez y pude comprobar que la daga estaba perfectamente clavada en aquella reluciente superficie que, a pesar de lo bonito que quedaba en mi mente, no se había resquebrajado.

- ¿Qué es lo que sentías? – Aquellas risas resonaban por mi mente como un mal augurio, como si estuvieran manchadas de sangre, como si el fin se acercara. Intenté sacar la daga del hielo. Una y otra vez, y por cada intento el gemido del dolor. Me dolía el costado. Demasiado. Mis ojos se tornaron llorosos y mordía mi labio inferior en aquel intento por no llorar. – Bueno, voy a quitarte el sufrimiento, o quizá te doy en otro lado y te lo incremento pero no suelo fallar con el mazo. – Dijo el que se encontraba más adelantado y comenzó a juguetear con el arma. – Reza a quien tengas que hacerlo. – Alzó con fuerza el arma dispuesto a lanzármela desde aquella distancia y entonces la daga se liberó. No controlé mi cuerpo, no fui consciente de lo que estaba haciendo, algo se apoderó de mi mente y en un movimiento rápido cogí la hoja de la cuchilla y la lancé contra la mano de aquel asesino.

Un grito resonó por aquel lugar, el sonido de la carne y el hueso al reventar hizo que varias bandadas de pájaros se alejaran de aquella zona y el chapoteo del agua inundó los oídos de los allí presentes. La daga había perforado la mano de aquel hombre haciendo que la mitad de su mano quedara colgando mientras sangraba, sin embargo no lo hacía tanto como la cabeza de su compañero a quien había golpeado el arma del primero al no poder sostenerla por la pérdida de la fuerza ante el dolor y el impulso con el que la había alzado. Por fin el hielo se estaba resquebrajando y vi un atisbo de luz, había ganado, iba a salir vivo de allí. En cierto modo, la ilusión se reflejó en mis ojos, una ilusión que duró tan poco como podía durar un oro tirado en mitad de la calle. Aquella placa de hielo fue lo suficientemente resistente como para no partirse en mil pedazos, para aguantar aquel agujero realizado por el impacto del difunto.

- ¡Venga ya hombre!  - Dije irritado mientras mi mano se encontraba situada en el costillar dolorido. – Es decir… Ups… - Rectifiqué al ver la mirada del hombre al que había dejado con media mano. Parecía un animal, un ser sediento de sangre y venganza. Estaba loco y ahora si se estaba acercando a mí mientras sujetaba aquel trozo de carne que le colgaba.

- Ahora vas a sufrir. Te voy a hacer que supliques porque te matemos hijo de puta. Voy a destrozarte por todos lados y después te destrozaré ¡aún más!

- Eh… Eh… ha sido un error, p-po-podemos hablarlo. – Dije mientras intentaba alejarme de él, un intento algo absurdo cuando detrás de mí había un pedrusco y poco más atrás una catarata congelada, pero lo importante era que lo intentaba. – P-podemos llegar a un acuerdo… ¿Tengo tierras? – Dije en un intento desesperado de salir de una situación de la que sabía que no saldría.

- ¡Cállate! – Se encontraba justo frente a mí, tenía miedo, mis ojos llorosos indicaban que sabía lo que iba a suceder, no podía defenderme, estaba perdido,  no había nadie que me librase de aquello y cerrando los ojos recibí aquella patada en la cabeza que dejó a mi consciente muy lejos de allí.  




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Re: Are you a god or a devil? [Priv. Letyko]

Mensaje por Letyko el Dom Mayo 08 2016, 00:18

Hacía ya unos días que la cabeza del inquisidor estaba centrada en cosas que distaban demasiado de sus quehaceres habituales, había imágenes que no podían borrarse por más que uno lo intentase, y guardarlas en un cajón y no darles importancia requería de años, siglos. Así que si, no olvidaba a la Reina ni su errático proceder en la audiencia, su ira junto a la intrusión en la mente del dragón y las lágrimas... la sangre en su mejilla y como lamió esta. Tenía esa necesidad de investigar aquel hecho pero también le invadía un miedo irracional por si aquel atisbo de locura se tornaba muy peligroso para su vida.

En consecuencia el dragón tuvo que centrar sus esfuerzos y objetivos en el bosque, los exiliados le daban bastante igual y siempre los dejó vivir en su locura y sus tribus pero era algo que no toleraría con la dragona de nombre Ryssa. Había dispuesto una patrulla de dragones y humanos para internarse por las zonas que le sacó al pelirrojo, sabiendo que seguramente no tendría el éxito deseado pero que de no hacerlo estaría fallando a su Reina. Había preferido no llevar a Peter, porque si se ponía violenta la cosa dudaba que estuviese a la altura de enfrentar a su mentora... a parte de que no le había demostrado fidelidad absoluta aún.

El mismo inquisidor se propuso visitar el último lugar que le dijo, cerca de la cascada, aquella en la que en otros tiempos se relajaba por completo al nadar, al dejar caer el agua sobre su cuerpo para concentrarse. Claramente no era una buena idea con el invierno inusual de Talos, la nieve cayendo cada dos por tres y los dragones tan aislados en sus casas al amparo de una chimenea caliente. En esos momentos sus ropajes eran más gruesos, manteniendo el negro que le estilizaba y una coraza de cuero cualquiera, que siempre abrigaba bastante, así como las protecciones. Iba preparado también para su encuentro con esa dragona, las dos espadas y varias dagas escondidas por su cuerpo, de fácil acceso para él si precisaba de ellas.

El problema fue que no estaba dando frutos la búsqueda, al final el dragón empezaba a creer que esa loca había puesto pies en polvorosa a un lugar más alejado, algo inaceptable. -Señor... no hemos encontrado nada al este... y me temo que el grupo del sur tampoco...- fueron las palabras que uno de los soldados le dijo, mientras el de ojos violeta oteaba el horizonte frente a
el, cansado de tanta ineptitud, de tan poca delicadeza. Suspiró, girándose para dedicar una mirada seria al dragón, de decepción. -Que decepción... Dime, ¿Qué pensará la Reina cuando le diga que no hemos encontrado a esa traidora porque sus hombres no se aplican lo suficiente? ¿Acaso vais a fallar a vuestra Diosa en esta empresa tan pequeña?- espetó, logrando que aquel soldado se tensase, que retrocediese y negase varias veces. Lo vio dar un par de órdenes y marchar por el camino por el que vino, centrándose entonces en el horizonte de nuevo.

Pasados unos minutos decidió caminar, ponerse a buscar, acercarse más a la catarata, pues en los alrededores debía haber cavernas en las que se pudiera esconder,  en solitario, para no tener que aguantar a nadie. -Seguid peinando el bosque, no quiero que paréis hasta que anochezca... no permitiremos que una criminal así escape a la justicia, la llevaremos ante la Reina para que la vuelva a juzgar... no tengo que decir no toleraré fallos en esto, ni uno solo. dejó por la red dracónica, comenzando a formar mejor a las patrullas, desplegando estas por los cuatro puntos cardinales y dividiéndolas en dos, de tres hombres cada una, para desplegarlos en forma de punta de flecha y que así abarcasen más.

Conforme se acercaba al lugar fue captando el sonido de voces, varias a juzgar por la variación del tono. Se preguntó quien podía estar allí con ese frío, el lago congelado y la catarata también, acortando distancia hasta quedar oculto tras un poco de la vegetación del bosque, a una distancia prudente. Apreció a varios hombres, salvajes a juzgar por su aspecto, junto a un muchachito que rondaría los 15-16 años, retrocediendo y viéndose arrinconado por estos. Se relamió por la visión, nunca se había resistido con jovencitos así, eran sus presas favoritas a la hora de moldearlos, de enseñarles a vivir en la sociedad dracónica. No quiso acercarse para ver bien la escena, pensando que meterse sobre el agua congelada no era astuto, menos hacerle frente con esas burlas a los exiliados. No esperó tampoco que se atreviese a sacar una daga y la clavase contra la capa de hielo para hacerlos caer, negando por el fallo estrepitoso de su intento.

Iba a marcharse y dejarlos ahí cuando el chico lanzó la daga a la mano del que levantaba un gran mazo, provocando que este matase al compañero y se enfadase mucho. El inquisidor ase cubrió la boca para no reír, parándose en seco ante ese intento tan certero, pensó que el chico tenía agallas al menos, pero que le iba a costar caro. Por otro lado quizá había visto a la dragona que necesitaba, o ellos, por lo que si intervenía no estaba mal. Mientras debatía el hombre herido se acercó al muchacho y le dio una patada en la cabeza, siendo aquel el momento idóneo o le matarían. El dragón se movió con agilidad, sacando dos dagas de sus protecciones de las piernas para lanzarlas a los hombres que estaban a salvo en tierra, matándolos en el acto. Corrió hasta saltar a la placa de hielo y derrumbar esta con su peso, tomando pie en la roca y enganchando al chico para de otro salto ponerse a salvo sobre tierra firme, viendo como se hundía el herido en el hielo y la capa se empezaba a formar y le encerraba bajo el agua.

Les preguntó algo a los que pudieran quedar, sobre una dragona con cuernos, pero salieron corriendo dejando al dragón allí junto al chico. Le arrastró hasta debajo de un árbol y lo sentó allí, situándose de cuclillas para mirarle con el rostro ladeado, diciéndose que era mono pero no muy listo por hacerles frente a tantos hombres. Llevó la mano a su rostro y le dio unos golpecitos suaves en la mejilla, para que espabilase, manteniendo el rictus serio del rostro y hablándole en tono neutro. -Chico... ¿Estás bien? casi te matan esos salvajes- fue todo cuanto dijo, esperando.
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Re: Are you a god or a devil? [Priv. Letyko]

Mensaje por Samuel Vaan el Dom Mayo 08 2016, 13:54

La oscuridad se tornó sueño y el sueño en una premonición rota que duró poco menos de un parpadeo y que me obligó a abrir los ojos y sentir varios golpecitos en la mejilla, golpecitos suaves acompañados de unas palabras que me indicaban que me encontraba a salvo pero que no analicé hasta pasado el susto.

Mi visión era borrosa, no podía mover mi cuerpo y me encontraba mareado, más que de costumbre. Las náuseas trepaban por mi garganta y el aire no llenaba mis pulmones. Tenía miedo, el tiempo parecía haberse detenido en aquel estado que parecía llevarme a la muerte. El hormigueo de mi cabeza se convirtió en aquel punzante dolor que me hizo recuperar mi cuerpo, como si mi alma se hubiese ausentado de este. Inspire en aquella convulsión de mi cuerpo en la que el azul del cielo invadió mi mente y entonces mis manos taparon mis ojos, mis dedos apretaron con fuerza mi cabeza y mis dientes chocaron entre ellos en aquel intento de contener el dolor que se reflejó en el gruñido que apareció desde mi interior.

Cuando mi cuerpo se relajó, pocos segundos después de haber abierto los ojos, mi mano derecha viajó hacia el costado contrario que era el que me había dañado anteriormente, me seguía doliendo, mientras la izquierda siguió presionando mi cabeza en aquel intento de hacer desaparecer la molestia. Las piernas y las caderas las tenía de algún modo resentidas y la herida de mi ceja parecía que ya estaba dejando de sangrar. Respiraba agitadamente mientras asimilaba las palabras de aquel hombre que parecía haberme rescatado y al que aún no me había atrevido a mirar. Miré su mano con miedo con el simple movimiento de mi ojo "¿Había sido con ella con la que me había tocado? ¿Qué era lo que había pasado con aquella visión? ¿La había cortado por romper el contacto conmigo? ¿El malestar era por ello? Y lo que era más importante"¿por qué había visto tantos colores, tantos ruidos y tantos sentimientos encontrados en aquella milésima de segundo que duró la visión? "

Otro pinchazo en el interior de mi sien y tras ello alcé mi mirar hacia aquellos ojos que me impidieron seguir con lo que quería decirle.

- Gra… cias… -
Aquel color era precioso y, aunque fuese el color que reflejaba el veneno en mis premoniciones, era difícil creer que escondieran maldad vistos en aquel lugar, en aquel rostro llamativo y en el que quedé atrapado durante aquellos segundos hasta que mi mente comenzó a funcionar de nuevo. “No es un color humano, la premonición fue extraña y…" Miré sus ropas y mi piel empalideció, más si cabía, pues el frío se notaba sin la capa puesta y la debilidad de mi cuerpo no le permitía luchar contra la helada que azotaba los terrenos de Talos. “¡Es un dragón!”

Parecía que el destino estaba jugando a ponerme a prueba con cada una de las meteduras de pata que había tenido en aquellos seis días en la capital pero, sin duda, aquella era la peor. Mi mano izquierda se separó ligeramente de mi rostro ante el impacto que había causado aquello en mí, no sabía cómo actuar, tenía miedo y sentía que aquello podía ser el final de mi historia. “¿Me habrá visto lanzar el cuchillo? ¿Cómo explicaría el llevar un arma? ¿Y si me pregunta que hacía aquí? ¿Habré dicho algo durante la premonición? ¿Lo habrá notado?” Solo tenía una escapatoria y era pedir disculpas de la manera más sincera que pudiera. ¿Pero eso como se hacía?

Me desplacé hacia el lado contrario a su posición en un intento de guardar las distancias, no quería molestarle con mi presencia, y con la intención de arrodillarme para pedir disculpas. El mareo me jugó una mala pasada y mi cuerpo se precipitó hacia la tierra librándome de otro golpe en la cabeza gracias a mi brazo izquierdo que se interpuso entre el suelo y mi rostro. Conseguí arrodillarme tras otro intento. Las palmas de mis manos tocaron el frío suelo a escasos centímetros de mis rodillas y me incliné hasta que mi frente tocó el dorso de estas. El dolor de mi cabeza hacía que cada movimiento resultase una tortura interna, mi costado irradiaba dolor hacia toda la caja torácica aumentando las náuseas de aquella premonición interrumpida. Aquella vez lo tuve claro, si lograba volver a casa no saldría más de ella.

- ¡L-lo siento, Señor… - ¿Cómo narices se dirigía la gente a los dragones? – … Dragón! No quería ser una molestia para us… - Otro pinzamiento en la cabeza. Me estaba costando no emitir ningún gemido de dolor ante aquel ser para que no me considerase un humano débil y prescindible. Debía ser fuerte o al menos aparentarlo. – … Usted… Le prometo que no volverá a pasar.

Tenía los ojos cerrados con fuerza aguantando el dolor en aquella incómoda posición cuando algo que no me había planteado hasta ahora me hizo entrar en una duda existencial que consiguió relajarme mínimamente.

“Si me quisiera matar… Ya lo habría hecho o no me hubiera salvado. Sin embargo, me ha protegido. ¿Es un dragón bueno? Quizá no estaba equivocado y hay algunos que de verdad nos valoran.”  

Solo me quedaba esperar para ver las verdaderas intenciones de aquel soldado, una espera que deseaba que no fuera demasiado larga.




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Re: Are you a god or a devil? [Priv. Letyko]

Mensaje por Letyko el Jue Jun 09 2016, 23:21

El inquisidor permaneció cerca del chico, escudriñando su rostro juvenil por si encontraba algo extraño, esperando la respuesta que le ofreciera. Entendería que le costase hablar después de la patada en la cabeza y tampoco es que fuese tan importante como para que se preocupase o le incitase a responder raudo. Además de que cuando llevó las manos a su rostro entendió que quizá el dolor ya comenzaba a ser más que evidente, cosa habitual cuando se sufría alguna herida o golpe. Le fue confirmado por el gruñido que soltó, dejándolo tranquilo para que se serenase él mismo, después de todo el dragón no era de los que iban consolando a chiquillos ni los ayudaba porque sí, menos a los que intentaban ir de héroes por la vida y acababan casi muertos en un lago congelado.

No supo decir cuanto tiempo pasó hasta que el chico pareció reaccionar, viendo el movimiento de sus manos, apreciando cada parte dolorida entonces, pues aunque la ceja era visible la del costado no. Llevó la mano a ese costado y palpó, sin encontrar nada roto, solo magullado, por los golpes quizá, no viendo un pronóstico muy malo para el chico, que encima siendo joven sanaría mucho mejor. Acabó encontrándose con los ojos castaños del chico, y con sus palabras de agradecimiento, retirando la mano entonces para llevarla al mentón propio. -No deberías jugar con exiliados en pleno frío si te superan en número, es una insensatez- le advirtió, con esa seriedad grabada a fuego en el rostro, con unas palabras quizá más suaves que las primeras, en contraposición al rictus de su cara.

Los gestos del humano lo pillaron desprevenido, no pudo prever que en su estado se forzaría así, para separarse y acabar al lado contrario al que estaba, obligando al dragón a girarse para mirarle, algo confuso, pensando que quizá el golpe había sido demasiado fuerte y estaba delirando o mal. Por el contrario cabía la posibilidad de que ser un dragón le alterase, cosa que no era la primera vez que experimentaba, sobretodo con sus años. No se movió cuando el chico intentó arrodillarse y casi se estampa contra el suelo, no era necesario aquel gesto y llegaba a cansarle que los humanos lo hiciesen por cualquier nimiedad, salvarle la vida no exigía en este caso aquello. Lo hizo por fin y solo pudo suspirar, centrando sus iris violeta en el chico y su postura, llevando la mano a su pelo para dar leves golpecitos, suaves, intentando llamar su atención mientras pensaba como responder sus palabras.

Los intentos de dirigirse al inquisidor eran gracioso,  casi como un personaje sacado de una comedia teatral de las que había en el teatro de la ciudad. -Creo que esto es innecesario, simplemente me he desecho de esos humanos patéticos, no hay porqué comportarse así, así que levanta antes de que tu dolor vaya a peor y tengas que salir de aquí arrastrándote.- dijo, levantándose para tomar al chico y levantarlo también, guiándolo hasta una roca y sentándolos obre la misma, inspeccionando los alrededores para asegurarse de que no había peligro y manteniendo el canal abierto con los otros dragones por si la encontraban. -Bien... ahora deberías hacer algo de provecho y ponerte nieve en las heridas y quizá tomar un poco para hidratar- el inquisidor no llevaba agua encima, ni comida siendo la nieve un buen sustituto al estar compuesta por agua. -¿Qué hacías aquí chico? es peligroso estar lejos de Talos en estos tiempos- preguntó.
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