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Return to the ashes/Lyvana

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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Lyvana el Mar Mayo 10 2016, 00:39

― Quizás… debería haberles hecho caso cuando me dijeron que lo único que crece aquí son las piedras… ― murmuró Lyvana, mientras se afanaba por avanzar por la nieve. ¡Y no era para menos! En esa zona del mundo la nieve no solo te dificultaba el caminar, ¡sino que además la ceniza que estaba bajo el manto de nieve creaba una doble capa de dificultad añadida! Y si estábamos hablando de Lyv eso se traducía en dobles caídas, traspiés y accidentes peculiares, como acabar rodando unos cuantos metros colina abajo… y otros detalles escabrosos que jamás contaría en voz alta si esperaba no perder el poco respeto que se había ganado. Se detuvo por un momento, y se frotó los brazos. Un fino hilo de vaho se escapó de su boca cuando un suspiro resignado abandonó sus labios. ― ¿Debería abandonar la esperanza de encontrar algún hierbajo, raíz o elemento de índole desconocida que me permita manipularlo para ser usado en mis curas?... ― se preguntó en voz alta.

Meditó en silencio, aunque bien parecía que estaba jugando a crear formas en el frío aire por el vaho que salía de su boca. “Ya he perdido suficientes esperanzas en mi vida como para abandonar tan pronto. Estoy segura que algo puedo usar. ¡Hoy me he levantado con ese presentimiento, fíjate tú! ¡Y no voy a permitir que el cansancio, la ceniza o una avalancha de nieve…! … bueno, quizás una avalancha de nieve sí que me lo podría impedir. Dejémoslo en la nieve a secas, y punto. … ¿qué estaba pensando?… ¡Ah, sí! ¡Que no quiero volver con las manos vacías, jolines!”

La joven albina miró a su alrededor, con esa nueva resolución brillando en sus ojos amatistas. Se puso una mano enguantada sobre los ojos, para protegerse de la nevada, mientras oteaba a su alrededor. Cada día se iba un poco más lejos de la Base, en su afán de encontrar hierbas, pero confiaba siempre en poder hallar el camino. Esto no era como la ciudad. En las calles se perdía, ¿en la montaña? No tanto.

Empezó a andar hacía delante, sin pensárselo mucho, mientras revisaba con atención de vez en cuando el suelo. Apartaba la nieve y escarbaba un poco cuando se topaba con un desnivel sospechoso. Generalmente era una piedra más grande de lo normal, o un agujero, ¡pero no dejaba de intentarlo! Sin embargo, lo que nunca se espero era encontrar a una persona.

Una persona en el suelo.

Una mujer en el suelo.

Una mujer herida en el suelo.

― ¡Ay, mi madre! ― Gritó sobresaltada la albina, como si hubiera visto a un dragón descender ante ella. ― Ehm… ¡Yo! ¡Eh…! ― miró hacia los lados. Había sangre goteando en la nieve… La albina tragó saliva. Aunque había superado en parte su miedo a la sangre, aún la seguía impresionando…

Aun así, a pesar de que no conocía de nada a esa mujer, y no sabía cómo había llegado hasta allí herida, la joven se encontró acercándose a ella. Y eso que la habían repetido hasta la saciedad que tuviera cuidado con los desconocidos o de establecer contacto con nadie que no conociera dentro de las montañas. ¡Pero estaba herida! Y eso siempre había llevado a la albina actuar de forma imprudente. ― ¡Madre mía! ¿Cómo os habéis hecho eso? ― se mordió el labio inferior, preocupada. ― ¿Podéis levantaros? ―




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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Lyvana el Lun Mayo 16 2016, 16:44

Lyvana supo que había hecho bien en acercarse a la mujer herida… ¡porque si no ni la habría oído cuando la habló! “¡Que pare de nevar de una vez, por la olla de mi abuela! ¡Qué tiempo más odioso! Es cierto que fastidia bastante a los dragones y eso viene bastante bien a la Resistencia, pero… ah, espera… afecta a todos los dragones. ¡Incluso a los buenos! ¡Y también a los humanos! Aunque últimamente mis caídas se han visto amortiguadas por la nieve, así que…” Sin embargo, el hilo inconexo de la joven herbolaria se vio interrumpido cuando vio como la desconocida hizo el intento de ponerse en pie. ¡De pie! ¡Herida! ¡En la nieve! ¡En medio de una ventisca! La mente de Lyv podría haber interminables exclamaciones en ese sentido, ante la locura que la parecía que la rubia estuviera intentando levantarse.

― ¿Eh? ¡C-Claro! ― La mujer no tenía ni que pedírselo, ¡el cuerpo de la albina se movió por si solo! Se agachó y pasó el brazo de la mujer por encima de su hombro. Fue en ese momento en el que en su mente apareció una ligera sospecha, o paranoia. ¡De que fuera una trampa! Por un segundo, estuvo tentada de soltar a la mujer y empujarla, llevada por esa súbita desconfianza. Después de todo, tal y como estaban las cosas, ¿podía arrojarse tan fácilmente para ayudar a un perfecto desconocido? ¿Qué le podía asegurar que no era un espía? Después de todo lo que había tocado vivir en los últimos meses… miró de reojo a la mujer, y su vista bajó hasta la sangre que había manchado la nieve. Suspiró y negó levemente con la cabeza.

“Un herido es un herido, Lyv. Da igual si sirve a la Reina Madre o no… Siempre he ayudado a los que me necesitan… ¡y no voy a cambiar eso de mí!” resopló decidida, afianzando nuevamente su agarre en la mujer.

― Con esa herida lo mejor será buscar un refugio pronto ― la comentó, entrecerrando los ojos para mirar con cuidado a través de la ventisca. ―Y un refugio por aquí… por aquí… Hmm… ― su cabeza se movió en todas las direcciones, calculando donde estaba y lo que había cerca… pues como ya habíamos comentado, no era la primera vez que la albina salía, y sabía –más o menos- como orientarse en la zona ¡y donde guarecerse! ¡Sobre todo ante las imprevistas tormentas de nieve! ― No lejos de aquí creo recordar que hay una cueva deshabitada. Algo pequeña, ¡pero eso es mejor que nada! ― la informó, mirándola con una tímida sonrisa, mientras señalaba hacía el norte con su mano libre. Aprovechó para mirarla de nuevo de arriba abajo. Entonces reparó en las alforjas que no estaban lejos de la mujer herida. ― ¿Esas son vuestras provisiones? Sería bueno que las lleváramos con nosotras… ― frunció los labios, pensativa. ¿Pero cómo cargarlas? No iba a dejar que esa mujer cargara tal peso estando herida, y si Lyv tenía que ayudarla a caminar… ― Supongo que luego puedo volver a por ellas, mientras dejo que descanséis en la cueva ― la miró dubitativa la joven herbolaría. ¿O sería de ese tipo de personas histéricas incapaces de separarse de sus bienes materiales?




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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Lyvana el Mar Jun 21 2016, 13:44

¿Caballo? ¿Qué caballo? Espera… había dicho… ¿su carne? ¿Estaba muerto? “Ay, pobre…” pensó con lástima la albina. Aunque la lástima la duro poco en mitad de ese frío, con la nieve dificultando sus pasos, y cargando con una mujer herida que no conocía de nada. Y tenía hambre, ¿había dicho eso ya? Sí, tenía hambre. Y aunque la daba lástima… la carne de caballo, si conseguían encender una hoguera, sería más que bienvenida. Perfecta para recuperar fuerzas. A menos… que el animal hubiera muerto de alguna enfermedad. Entonces… su sentido común la aconsejaba no tomar la carne de un animal afectado por algún tipo de mal desconocido.

¡Pero eso no era ahora lo importante! Lo importante era llegar a esa condenada cueva, dejar a la herida, volver a por las provisiones, curarla y ya, si eso, volver a por el caballo. Eso si no aparecía un grupo de lobos antes, para quitarle la futura carne en el guiso que pensaba hacer.

Así que con un último asentimiento, respiró hondo y soltando de vez en cuando jadeos de cansancio, por ayudar a esa mujer a moverse por la nieve, fueron pasito a pasito avanzando. Sobra decir que Lyvana estaba más preocupada de no tropezar y llevar consigo al suelo a la desconocida, que apareciera un… no sé, ¿había dicho ya la existencia de los lobos? Pues eso. Lobos, cosas hambrientas con dientes y colmillos que vieran en las dos un apetecible bocado.

Al cabo de unos minutos de pesada charla, la cueva apareció tras la cortina de nieve que estaba cayendo.

―Ya estamos casi, un último… esfuerzo ― jadeó la herbolaria. Se ajustó mejor el brazo sobre su hombro, notando que se escurría de forma casi imperceptible, y se dispuso a cerrar la distancia que las separaba del ansiado refugio. En cuanto se halló bajo su sombra protectora, depositó en el fondo a la mujer, con cuidado, muuucho cuidado. A fin de no abrir más la herida de su costado.

― A ver, ahí, si… quieta… ehm, tome… ― Lyv cogió uno de los remiendos de pieles que compañía su abrigo, y saco uno pequeño de su extremo a base de tirones desesperados. SE lo tendió a la mujer. ― Agh… si, esto póngaselo sobre la herida, y presione. Intente cortar la hemorragia con eso. ¡No lo separe hasta que yo vuelva! Voy a por las provisiones y vuelvo. Encenderé una hoguera, nos calentaremos las manos y maldeciremos este mal tiempo juntas mientras la curo, ¿de acuerdo? ― la sonrió, mientras recuperaba el aliento para volver a internarse en la nieve.

Y con una última sonrisa fugaz, dio media vuelta, y salió de la cueva. Fue fácil, el rastro que dejaban dos personas caminando tan juntas en la nieve era bastante visible, así que supo encontrar sin muchos problemas el punto inicial de partida, donde se había encontrado. Se hizo con las provisiones, medio hundidas en la nieve, y se las cargo al hombro lanzando otro jadeo. “Hoy tengo complejo de mula de carga” pensó, esbozando una ligera mueca. Se encaminó de nuevo hacía la cueva, y rápidamente sus ojos buscaron la figura tendida de la mujer.

― ¿Nada nuevo? ¿Seguís consciente? ―  




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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Lyvana el Jue Jun 30 2016, 01:58

Lyvana alcanzó a oír la respuesta de la mujer a duras penas. En parte, eso era buena señal: estaba viva. “Bueno, sí, eso es algo evidente. Quizás debería matizar porque está despierta. ¡Y ha entendido mi pregunta!” eso también era algo positivo que debía resaltar. ¿La parte mala? Pues podía resultar otra obviedad, pero estaba bien claro que no tenía buena cara. Un poco más y sería más pálida que la propia albina. ¿Y ese hilo de voz a duras penas podríamos definir como un tono de voz verdadero? Pues sí, otra mala señal. La pérdida de sangre y el frío no eran buenos amigos.

― ¡Sí, sí, sí! ― se apresuró a asentir la sugerencia de la rubia. ¡Claro que la iba atender! Desde luego había calculado un poco mal la herida de la humana, ¡y su resistencia! “Aunque con este frío, es normal… ¡Lyvana, tonta!” se reprochó, golpeándose la frente. Cruzaba los dedos interiormente para que su nueva paciente no entrara en estado de shock… lo que era probable si la pérdida de sangre aumentaba. “Ey, un momento… ¡se la están cerrando los ojos!” constató con cierto pánico.

― ¡Ey, no, no, no! Todavía no es hora de dormir, señora, ¿señorita? ¡Bueno, da igual! ¡No cierres los ojos! ― la dio unas suaves palmaditas en la cara con una mano, mientras que con la otra revisaba la presión sobre la herida. Al parecer no era suficiente, así que tendría que ejercer algo de presión con sus manos en los puntos arteriales más cercanos. Pero se estaba quedando sin manos…

Intentaba pensar en positivo mientras hacía presión en algunas parte de su costado con las manos: por fortuna para las dos, Lyv siempre llevaba algunos de sus remedios preparados encima, por si se hería de alguna forma por sus paseos por las montañas, lo cual solía ocurrir con frecuencia dada su famosa torpeza… así que si lograba parar la hemorragia, podría aplicarle un remedio para que no muriera por una infección, pero… ¡necesitaba más atención! “Si al menos la pudiera llevar a las cuevas, donde tengo todas mis cosas…” pero no podía. Llevar a un perfecto desconocido justo donde Thareon y Megerah estaban aunando sus esfuerzos para derrocar a la Reina… “Menuda bronca me echarían…” gimoteó para sí.

¡Pero eso no importaba ahora! Lo único que debía pensar ahora era como mantener viva a la mujer que tenía ante ella. ¡Había tantas cosas que hacer! Primero era detener el sangrado, y procurar mantener a la mujer despierta. Así que mientras ejercía presión, la tumbó en el suelo, no sin antes colocar allí una de las pieles que había estado llevando Lyvana sobre ella, para que la mujer herida no estuviera contacto directo contra la dura superficie. Lyv notó enseguida el mordisco del frío, pero confiaba que las otras capas que tenía aún encima la supieran abrigar hasta que encendiera un fuego… sí, un fuego, ¡esa era otra! ¡Necesitaba encender un fuego! Las pérdidas de sangre siempre llevaban consigo una merma del calor corporal. Y si ya hacía frío de por sí.

“¡Aaaagh!” gritó mentalmente, sintiéndose súbitamente agobiada. ¡Eran demasiadas cosas! Nunca había atendido a nadie en unas condiciones tan adversas. Al menos, climatológicas…

― ¡Mire, creo que la mancha de sangre ya ha dejado de crecer! ¡Creo que está funcionando! ¡En unos minutos veré si tengo razón! ― la comentó, queriendo distraerla y darla ánimos. Si así era, podría respirar un poco más tranquila. Sin perder de vista por más de cinco segundos la mancha que empapaba la prenda, miró a los ojos de la mujer. ― No he podido recoger todavía el caballo, pero más tarde, cuando ya esté mejor, intentaré hacerme con algún trozo de carne… lo tendremos que descongelar, pero ya se sabe… ¡este tiempo! ― suspiró, agitando la cabeza. ― ¡Ah! ¿Adónde ibais sola por esta zona, con la que está cayendo? ― se la ocurrió preguntar.




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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Lyvana el Vie Ago 05 2016, 20:37

― Vaya, ¿así que no sabíais del clima? ― torció el gesto la albina al escucharla hablar. ¡Y eso, que siguiera hablando! ¡Que no se detuviera, por lo más sagrado! ― Bueno, si os soy sincera, no sois la única a la que le pilló por sorpresa en su momento. ¡Menudo momento! Cambio de un día a otro, como quien dice, ¡así que no os sintáis mal por vuestra ignorancia!... ¡Y no es que os esté llamando ignorante! ¡Es… ehm…! ― carraspeó incomoda. Hasta en esas situaciones, ¡siempre tenía que hablar de más! ― Y no estoy sola… es decir, si, lo estoy… oficialmente. Pero no. Si y no, ¿me entiende? Es decir, estoy sola. ― bufó. ¿Cómo iba a entenderla, si ni ella misma se entendía?  “Piensa antes de hablar, Lyv, ¡piensa!” se fustigó mentalmente, mientras se giraba para ocultar su sonrojo… ¡y encender un fuego!

― Hmm… dudo que tengáis madera seca en vuestro equipaje, ¿verdad? ― miró el macuto de la mujer, casi deseando que se transformara por arte de magia en un montón de leños. Porque tenía que coserla la herida, y con los dedos helados del frío, ¡difícilmente podía realizar un trabajo limpio! “Es cierto que pinche un poco a mala idea a Megerah en su momento… ¡pero eran otros tiempos!” recordó con una mueca la expresión de la rubia cada vez que recordaba su tino con la aguja.

Y cavilando sobre sus opciones y el pasado, una solución apareció en su mente, en forma de recuerdo. “¡Ah, espera! Si llevo ese aceite para la piel que… ¡Si, si! ¡Ya recuerdo! ¡Un día, con Eve, se me cayó a la chimenea y dio un fogonazo tremendo! ¡Eso podría ayudarme para hacer la hoguera! ¡Inflamable a tope! Solo espero no quemarme las cejas, como esa vez…” rezongó. ― ¡Ahora vengo, señora! ¿O señorita? No sé cómo llamarla, y las heridas de este tipo suelen quitar años de golpe, así que no sé cómo… ¡en fin! Salgo a por un poco de leña, ¡vuelvo enseguida! ¡Vaya pensando su nombre y el por qué se dirigía a Talos! ¡Quiero saberlo todo! ¡Que soy muy cotilla, si! ― la ordenó, en tono autoritario… o eso creía Lyv. Pero lo que la albina quería era que se mantuviera despierta, aunque fuera pensando. Al menos la hemorragia se había detenido, pero con el frío… ¡por eso era ahora vital encender la hoguera!

No tardo mucho, siempre había algún helecho moribundo por el frío, que era fácil descuartizar, hasta para una debilucha como la albina. Cargada hasta arriba de pequeñas ramitas, y un tronco suelto que había tenido la suerte de encontrar, medio enterrado en la nieve mientras volvía a la cueva, lo dejó todo en el suelo, algo alejado de la mujer… porque no quería que si la llama se hacía muy grande gracias al aceite, la añadiera el estado de “quemada” aparte del de herida.




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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Lyvana el Vie Ago 19 2016, 19:14

¿Lyvana se percató de la preocupante caída de parpados de su nueva –e imprevista- paciente? No. ¡Estaba tremendamente concentrada en la peligrosa tarea de encender el fuego! No quería que las dos salieran ardiendo de allí, así que bien podía haber asomado un dragón su cabeza en la cueva para solicitar sitio, ¡que la albina no se habría ni dado cuenta! Aunque eso era bastante improbable que sucediera, por el frío, y esas cosas…

Sin embargo, cuando logró la proeza de encender la condenada hoguera sin quemarse las cejas, o convertirse en una pira viviente, descubrió finalmente que su paciente estaba inconsciente. Se acercó a gatas a ella, a toda prisa y apurada. Lo primero que hizo fue tomarla el pulso, para descartar el destino más trágico. Y sí, ahí estaba su pulso, seguía en el mundo de los vivos. De los vivos congelados…

La arrastró a ella, y a su improvisado lecho, un poco más cerca del fuego para poder tener más luz, y que la figura tendida pudiera sentir el calor que emitía la hoguera. Lyv se secó el sudor de su frente, debido a la agitación y los últimos esfuerzos realizados, y empezó a rebuscar en su bolso, sacando los utensilios que iba a necesitar.

―Tienes suerte que sea tan torpe, y que vaya siempre tan cargada de estas cosas, para curar mis propias meteduras de pata… ― comentó en voz alta, pese a que sabía que no podía oírla. Desinfectó una de sus agujas con el fuego, sacó algunas vendas e hilo, así como un remedio cicatrizante y otro para limpiar las heridas. Levantó los trapos que tan urgente había usado, para cortar la hemorragia, con cuidado por su volvía abrir la herida. Hizo una mueca cuando manó un poco de sangre de ella… Lyv respiró hondo. ― Es hora de trabajar… ― musitó.

Por suerte, los fantasmas de su pasado, que estaban bañados en sangre y habían provocado que huyera mucho tiempo de ella, estaban medianamente controlados, y podía ofrecer como en este caso, unas necesarias curas. Así que se empleó a fondo, vigilando de vez en cuando el estado de la herida. Primero limpio la herida, después aplicó los dos remedios que tenía preparados. Y por último, pero no menos importante, cosió la piel con cierto tino.

“No sé porque Megerah me pone caras cuando cojo una aguja… sé coser”
se recordó, tras pegar la última puntada. Aunque no podía evitar agradecer que su paciente estuviera inconsciente. Así dolía menos su tratamiento, desde luego…

―… pero ahora… ¿qué hago? No la puedo dejar aquí, pero tampoco puedo estar tanto tiempo fuera de la Base… siempre hay trabajo que hacer ―musitó. ―Además, como tarde en volver, pensaran que me he caído montaña abajo… otra vez ― se cruzó de brazos, confundida. Mientras reflexionaba, nuevamente la cara de Megerah volvió a salir en su mente. ― Podría pedirla ayuda… siempre tiene buenas ideas, y si meto la pata es como un muro de protección contra Thareon ― se rascó la cabeza, mientras seguía pensando en voz alta. Sí, era una mala costumbre que se la había quedado tras tantos meses de soledad…

Miró a su paciente de reojo, y juzgando que no despertaría en un buen rato, la albina se levantó. Echó un poco más de las ramas que había reunido en su modesta pero practica hoguera, y asintió decidida. ― Iré a buscar a Megerah, ¡ella sabrá que hacer! ― sonrió satisfecha. ― Tú… tú sigue ahí, y no te muevas… aunque con los puntos dudo que tengas ganas de moverte ― sonrió, esbozando una mueca culpable, mientras señalaba a la mujer yacente.

Tras eso, abandonó la cueva toda prisa. La nevada había cesado en su intensidad mientras había estado concentrada con las curas, así que sus huellas previas estaban ocultas. Se dirigió hacía donde se encontraba la Base de la Revolución para avisar a la rubia, de la misteriosa viajera herida, para ver que podían hacer con ella, ¡ya que allí no la podían dejar! Estaba segura que Erah lo entendería.




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Re: Return to the ashes/Lyvana

Mensaje por Megerah el Sáb Ago 20 2016, 14:37

Con todo el movimiento de gente que aquella rebelión que Thareon estaba montando, y el saber que ella compartía con él una relación, Megerah se encontró con la sorpresa de que mucha gente quería participar en aquella revolución gracias a ella. Era la única redimida conocida, y su propia naturaleza daba esperanza a muchos desafiados que aún podían albergarla. Por esto, y sin llegar muy bien a saber cómo, se había visto envuelta en más de un encuentro -para ella incómodo-, en el que algún desafiado llegaba a venerarla, rogándole ayuda. Erah se mostró algo reticente al principio, pues le costaba creerse tan importante como para mover masas, más allá de ese nuevo e inminente golpe contra el sistema. Pero aquello era cosa de Thareon. No de ella. La rubia no concebía siquiera el ser conocida como para que hubiera alguien que la buscara. Al menos, sin querer encerrarla o matarla, directamente. Finalmente, cedió, aprovechando que aún contaba con pocos meses de embarazo. Con varios desafiados -pocos, no obstante-, había decidido que lo mejor era aprender los unos de los otros. Incluso ella, con esas habilidades a desarrollar como redimida que ni siquiera conocía. Conversaciones compartiendo conocimientos, entrenamientos incluso arriesgados, mantenían a Megerah distraída de sus miedos con aquel embarazo. Pues ella ignoraba que a partir del cuarto mes, todo aquello le sería muchísimo más complicado.

Andaba por los túneles sin un rumbo específico, pensando en sus cosas con la mirada gacha, cuando una voz la llamó:- ¡Megerah! -escuchó entonces. Alzó la mirada para ver a Lyvana, en apresurada carrera hacia ella.
Tras una sonrisa inicial, por la sorpresa, cuando la herborista llegó donde ella estaba, Erah frunció el ceño ante la urgencia que se adivinaba en sus ganas de articular sin alcanzar a hacerlo-. ¿Lyv?... respira... -la albina no dejaba de respirar con alteración. Megerah le tendió uno de los brazos para que se pudiera apoyar y recuperar el aliento-. ¿qué ocurre?
- Es... verás... -parecía que no sabía por dónde empezar a explicarse-. Ven conmigo. -Lyvana tomó su mano y tiró de ella sin miramientos.
Conforme le contó, la rubia tomó la decisión de hacerse con una montura y dejarse guiar por Lyvana -ambas a caballo- a aquel lugar donde se encontraba la otra rubia convaleciente. Nada más llegar, revisó el estado de la desconocida. El cuerpo de la mujer tiritaba aún estando ella sin sentido. Megerah tuvo a bien buscar su fría mano y valerse de esa habilidad de redimida para devolverle cierto calor -y color- a la mujer-. Será mejor que la llevemos a la base, Lyvana. -murmuró después de revisar la herida, los puntos y el nerviosismo de la albina-. Necesitará recuperarse en un sitio mejor que este. -ya hablaría con Thareon, pues los presentes en las cuevas eran pocos y elegidos selectivamente por querer ayudar a la causa.
Erah ignoraba las razones de aquella mujer para estar allí, pero no merecía que la abandonasen a su suerte, mientras quedaba claro que necesitaba ciertos cuidados para sobrevivir.





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