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Finally reunited (Megerah)

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Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Dom Mayo 01 2016, 16:47

El trayecto hubiera sido tedioso, avanzando con pesadez al hundirse en la nieve una y otra vez, si no hubiera sido por la compañía. Trystan iba con ella, pues Nyssa había decidido ir al día siguiente para no molestar, de camino a las montañas quemadas. A aquella nueva base en la que se asentarían, lejos de las cloacas y del tenso ambiente que había en ellas. Y no pudo evitar, a pesar del frío y del agotador camino, sonreír encantada una y otra vez. Además de echarle alguna miradita apreciativa al pelirrojo por lo bien que le quedaba la ropa de abrigo.

Cuando finalmente llegaron a la entrada de la cueva, tomó una mano masculina con una suya. Convenientemente enguantadas. Apretó suavemente, en un gesto cariñoso y de apoyo, en silencio. Ya estaban allí. Un nuevo lugar para una nueva etapa de sus vidas. Una nueva esperanza también, para ver, en un futuro, cómo aquel mundo cambiaba. Y, ante todo, una oportunidad para que él se relajase y pudiese entrenar tranquilamente. O eso esperaba.

Nada más entrar, acusó el calor que había en el interior. Se desabrochó y se quitó el abrigo, al igual que los guantes. Dejó ver sus pantalones marrones oscuros, cuyas perneras, en parte, se escondían en las botas negras. Llevaba, además, una camisa de manga larga color grisáceo. Su largo cabello oscuro estaba recogido en una trenza que caía por su espalda, con unos mechones escapando en rebeldía y enmarcando su rostro. Sus rojizos labios acariciaron una de las mejillas masculinas, susurrándole que iba a buscar a su amiga y que no la echase mucho de menos. Le regaló una sonrisa, en clara promesa de que más tarde disfrutarían de otro momento a solas.

Dejó el poco equipaje que tenía a un lado, con la intención de recogerlo más tarde y llevarlo a la zona donde se fuesen a instalar. Al igual que ese par de plantas que había sobrevivido al pequeño viaje. Y fue a buscar a aquella mujer que conocía desde que eran niñas. A aquella rubia a la que consideraba su hermana y con quien finalmente se reunía, después de tanto tiempo sin verse asiduamente. Aún con las visitas que le había hecho en la cabaña. No podía negar que echaba de menos a Megerah y que le emocionaba estar allí, en un sitio en el cual coincidir de forma continua y disfrutar de la compañía de la otra.

La encontró cerca de una hoguera, aprovechando el calor. Pudo notar, a medida que se acercaba, que la silueta de la otra fémina se había vuelto un poco más voluptuosa. ¿Podría ser por haberse acomodado a una vida más tranquila, aunque la estuviesen buscando? Al menos sabía que el dragón había cuidado de ella y que no le había faltado de nada. Quizá fue el verla de nuevo y saber que vivirían en el mismo sitio de nuevo. Pero lo cierto es que sus irises fueron envueltos por un halo acuoso, emocionada. Y corrió hacia la rubia, de costado, antes de agacharse a su altura y rodearla con los brazos. En un cariñoso y afectuoso achuchón-. Ya no te vas a librar de mí –susurró, medio en broma pero con un deje de ternura-. Hola, Erah –agregó, sonriendo por poder estar con ella.




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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Mayo 01 2016, 19:03



El crepitar de las llamas era su única compañía aquella tarde, pues Thareon estaba bastante ocupado con la recién llegada del ejército isaurí. Poco a poco, día a día, las cuevas se habían ido llenando de aliados a la causa las dos últimas semanas y aquel lugar, tan silencioso, inhóspito y lúgubre el día que Megerah llegó, albergaba ahora movimiento, algo de ruido y, sobre todo, esperanza. Más ahora que podía ver en la mirada azulada del dragón esa ilusión por su embarazo. Por la expectativa inminente de ser padre y poder formar una familia. Ilusión que la rubia compartía, sin dudar. Lamentablemente, Erah había notado que Thareon la sobre protegía más, de forma irremediable. Considerándolo algo normal, la rubia prefería no darle vueltas, aunque llegaría un punto en el que se sentiría terriblemente torpe e inútil. Y el estar ya de cuatro meses de gestación, tampoco ayudaba pues la mujer sabía que le quedaban aún los meses más duros de aquella etapa.

Justo en aquel rincón, frente a esa pequeña hoguera donde crepitaba y ardía la madera, desterró esos pensamientos, centrándose en las ganas que tenía ya de acunar entre sus brazos a aquellas dos criaturas que crecían en su vientre. Aunque nadie se lo hubiera confirmado, Megerah tenía presente que los híbridos siempre venían en parejas, por una razón que ella no alcanzaba a entender pero que le fascinaba igualmente.

Aunque había algo que la fascinaba de igual forma, y eran todas esas habilidades que había descubierto desde que Moloch la salvara de la muerte, arrancándole el corazón. Una de ellas había captado la atención de Megerah de una manera poderosa: esa novedosa habilidad para manejar el fuego. Desde que lo descubrió con un simple fogonazo que lamió todo su brazo sin dejar marca alguna, la rubia había investigado y curioseado sus límites, siempre que había estado cerca de un fuego y se había concentrado lo suficiente. Como estaba haciendo en ese mismo momento, con sus cristalinos orbes perdidos en aquella irregularidad de las llamas.


Exhaló el aire, lentamente, desviando su mirada hacia aquel puño que elevaba despacio. Lo abrió, extendiendo sus dedos hacia afuera, mostrando su palma. Habría sido un movimiento como cualquier otro de no ser porque unas tenues llamas azuladas se extendieron por su mano. Ésta se tornó roja con un ligero toque diáfano, mientras que las líneas que confeccionaban la mano adquirieron un tono incandescente. Pero no quemaba. La seducción de las sinuosas líneas de aquellas llamas, atrapó los azules de Megerah como un encantamiento, mientras una sonrisa incrédula aparecía en sus labios. Mas poco duró aquel momento. Las llamas fueron apagándose hasta ser un simple recuerdo que quedara en la mente de la humana. Su mano recuperó su tonalidad normal, apagada y sólida, perdiendo todo el interés de la rubia. Hasta que volviera a intentarlo.

Cerró y abrió la mano un par de veces antes de bajarla. Megerah infló el pecho, mientras inspiraba para luego soltar el aire largamente. De forma inconsciente, abrazó su vientre, ligeramente curvado ya, evidenciando -para aquel que realmente se fijara- que ella estaba en estado. Apenas alcanzó a sonreír de nuevo, cuando unos brazos la rodearon sin previo aviso. Una voz que reconoció al instante le aseguró que no se iba a librar de ella. Megerah alzó los brazos, solo para poder apretar con suavidad uno de esos brazos que la rodeaban-. Momo... -susurró con emoción contenida, antes de girarse un poco hacia la morena para poder corresponder su sonrisa, saludo y hasta abrazo-. Qué alegría tenerte aquí por fin...






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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Lun Mayo 02 2016, 16:51

Su sonrisa se ensanchó al escuchar la voz de su amiga y notar una presión en uno de sus brazos, como silenciosa correspondencia a su abrazo. La voz de su amiga hizo que restregase suavemente su mejilla contra la ajena, como cuando eran niñas. En un cariñoso acto que hacía mucho tiempo que no realizaba. Antes de que Megerah se girase un poco para corresponder mejor ese abrazo que la morena había comenzado. Haciendo que la resistente estrechase más aquella unión, encantada con que la ex desafiada continuase aquel contacto entre ellas-. Te echaba de menos, Erah –susurró, antes de separarse un poco para mirarla.

Sus irises parecieron sonreír junto con sus labios, con un brillo acuoso por la emoción. Levantó una mano y presionó el pulgar suavemente contra la mejilla de la redimida, deslizando el costado del mismo dedo en una caricia. Después de todo lo que habían pasado, finalmente aquel sueño que había tenido se había cumplido. Las dos eran libres y volvían a estar juntas. ¿Qué más podían pedir? Quizá aquel deseo de igualdad que ahora parecía estar más cerca de hacerse realidad. Sus irises bajaron un momento a su propio vientre, allí donde se gestaba una vida que merecía un futuro mejor del que ahora podía ofrecerle. Pero su mirada no llegó a alcanzar su destino, deteniéndose en el vientre ajeno, un poco curvado.

Decididamente, Thareon la estaba cuidando. Sonrió un poco más, pensando por un momento en el terror que el dragón azul había despertado en ella en la cabaña en el bosque. Pero, sin duda alguna, era una pareja que ella misma aceptaba completamente para su amiga-. Me alegro que tu maromo no te deje sufrir la hambruna -comentó, volviendo a las claras pupilas de la otra mujer, aquella que consideraba parte de su familia-. Estás preciosa -sentenció. Las curvas añadidas le sentaban muy bien a Megerah. La veía sana y cuidada. Y sólo aquella visión la hizo emocionarse. Porque por fin parecía que la otra fémina tendría un descanso merecido de una vida llena de dolor y sufrimiento.




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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Mayo 02 2016, 19:47

Erah rió con sorprendente suavidad por ese gesto tan característico de su amiga. Por todos esos mimos que no había perdido, hechos costumbre con el paso de los años. La rubia sabía que Moira no era así con cualquiera, y así fue como pintó una sonrisa en su semblante. Una que fue emotiva, aliviada y suave, como reflejo de lo bien que le hacía tener a la que siempre había considerado a su hermana, con ella, de nuevo. Megerah era la primera que tenía en cuenta que aquella vez, ya no era como las veces anteriores que se vieran en la cabaña, pues la morena se había ido a vivir a la misma cueva que ella. Volverían a compartir pasadizos y lugares de encuentro. Como habían hecho en el castillo durante veinte largos años.

No hacía falta que contestara. Además, Erah no se consideraba precisamente el mejor ejemplo como persona cariñosa. Podía haber cambiado en los cuatro meses que llevaba viviendo con Thareon, pero... aún era pronto para decir que había cambiado tanto. En su lugar, se limitó a pasear su mano por la espalda de Moira en un mudo reconocimiento de que ella también había echado en falta la compañía de su amiga. Aceptó que la morena se apartara, sonriéndola ampliamente cuando vio aquella emoción que a Moira le costaba tantísimo contener-. ¿Ya estás llorando otra vez? -inquirió con tono divertido, mientras sentía esa caricia en su mejilla-. ¿Qué voy a hacer contigo? -alzó las cejas, fingiendo indignación teatralmente, antes de volver a reír con suavidad e inclinarse para juntar su frente con la contraria. Dejó que sus párpados cayeran mientras exhalaba aire con tranquilidad. Se sentía realmente bien compartir de nuevo un momento con su Momo. En libertad y al abrigo de aquel cálido lugar.

Pero Moira siempre había sido de espíritu inquieto, y no aguantó mucho en aquella posición. Bajó la mirada mientras Erah abría la suya. Apenas se había dado cuenta de ello, cuando el comentario de la morena rompió sus esquemas por un momento. Su ceño se frunció lentamente. ¿Hambruna? Moira acertó a subir su mirada para buscar la de la rubia y fue entonces cuando ésta se dio cuenta de que su amiga no sabía nada. Por su especulación, Megerah acabó riendo, algo más fuerte que antes, haciendo un suave y agradable eco en aquel recoveco de la enorme cueva-. No, no. No es... -volvió a reír, mas esta vez, fue la ilusión quien amortiguó los sonidos que escapaban de la garganta de la rubia-. Quiero decir, Thareon me cuida, sí... pero, no estoy así por... eso. -de repente, no supo explicarse como era debido. ¿Tanto le afectaba la esperanza depositada en su estado? ¿O era el simple recuerdo de la expresión del dragón al saber la noticia la que adormecía el raciocinio de Megerah? Puede que fuera esto último, como siempre había sido desde que Thareon entrara en su vida-. Estoy encinta, Momo.





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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Miér Mayo 04 2016, 13:12

El silencioso tacto de su amiga la hizo sonreír, familiarizada con aquellas respuestas sin pronunciar palabra a las que acostumbraba Megerah. Sobre todo en contestación a sus propias ñoñerías. Tan diferentes, incluso desde pequeñas, pero habiéndose compenetrado maravillosamente bien en aquel contraste que ambas generaban entre ellas. Al igual que en aquel momento que la redimida vio la emoción en los irises de la humana. La morena no pudo evitar sonreír abiertamente, divertida y feliz al mismo tiempo-. Aguantarme, por supuesto –medio bromeó ante la pregunta de qué iba a hacer con ella, sin perder aquella sonrisa mientras hablaba.


Se quedó un momento, con las frentes de ambas juntas. Disfrutando de aquel gesto tierno de Megerah que le decía más que cualquier palabra. Pudiendo estar una con la otra, sin temer la aparición de sus dueños, sin castigos por osar quedarse un poco más en compañía de su amiga. Sabiendo que el sueño de ser libres se había cumplido. Que incluso tenían mucho más. Y la cazadora era consciente de algo: si pudiese volver al pasado sabiendo lo que se iba a encontrar, habría hecho cualquier cosa para que Corah le quemase de nuevo las manos. Sólo para volver a encontrarse con aquella niña rubia en el pasillo. Con quien no sólo había compartido momentos que guardaba con completo cariño. Sino, también, había sobrevivido con ella y gracias a ella. Porque habían crecido y madurado la una con la otra, protegiéndose mutuamente, creando un lazo que la morena sabía que sólo desaparecería cuando las dos ya no estuviesen.

Y no perdería oportunidad de contarle anécdotas a su hijo o su hija sobre su tía. Sí. SU tía. Porque aquella mujer se había ganado que la considerase como su propia hermana, como su familia, aún cuando no guardaban parentesco biológico. Porque para ella era mucho más que la única desafiada que había recobrado su corazón. Porque para ella era mucho más que una humana que se había hecho un hueco en un mundo de dragones. Para Moira, Megerah era aquella niña que la había mirado con cara extraña diciéndole que era rara. Era aquella adolescente que se había celado, aunque no lo quisiera admitir, porque escribía cartas a un pelirrojo que había conocido durante dos días. Era aquella mujer, en su lecho de muerte, que había guardado durante años una notita que dictaba “eres muy adorable”, dentro de un frasco que le había tendido a duras penas y que ahora la resistente llevaba a su cuello. Para el mundo, Megerah tenía un valor inestimable, siendo buscada para experimentar con ella. Para Moira, aquel valor aumentaba por pequeños detalles unidos a lo largo de sus vidas.

Y cuando creía que no podía sentirse más dichosa por ella, porque la estuvieran cuidando, la vio con el ceño fruncido al mirarla a los ojos, tras comentar sobre sus incipientes curvas. De repente, la escuchó reír, de forma abierta. Enarcó una ceja, contrariada, pero no pudiendo evitar una pequeña sonrisa al verla tan libre de ataduras. ¿Por qué se reía? La negativa le hizo fruncir el ceño. ¿Entonces…? Megerah volvió a reír un poco más, antes de continuar hablando. Los claros irises de la terrorista se posaron de nuevo en el vientre ajeno. Si no estaba así por no estar sufriendo la escasez de recursos… entonces…

Las cejas se elevaron y volvió a mirar al rostro de su amiga. Justo en el momento en que ella le daba la noticia. Sus ojos parecieron volverse más grandes, de la sorpresa. Brillaron, de repente, con emoción renovada-. ¿Estás…? –una sonrisa fue poco a poco apareciendo en sus labios, asimilando feliz la noticia-. ¡VAS A SER MADRE! ¡VOY A SER TÍA! ¡SOBRINOS! OHDIOSMIO –exclamó, justo para abrazarla efusivamente-. Ay, me alegro mucho. Vas a ser una madre increíble. Y me tendrás a mí, no creas que te libras, por si necesitas niñera. Ay, tengo ganas de ver a los peques –se separó un momento, mientras hablaba con evidente emoción por aquel descubrimiento-. ¿Thareon lo sabe? ¿De cuánto estás? –alargó la mano en dirección al vientre ajeno, pero se detuvo a medio camino-. ¿Pue… puedo? Por favor –pidió, con carita de emoción contenida, juntando de repente las palmas de las manos como si necesitase tocar algo y se estuviese conteniendo. ¡Erah embarazada! ¡Sobrinos! Entró en un bucle de emoción y felicidad porque su amiga fuese a crear una familia con pequeñines.




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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Mayo 05 2016, 16:43

La rubia rió un poco más por la contestación de su amiga. Aguantarte, claro. Como había estado haciendo prácticamente toda su vida. Sólo que Erah no contaba con el término "aguantar" precisamente cuando se trataba de Moira. Megerah quería ser justa pues sabía que las dos eran mujeres de carácter y nada fáciles de sobrellevar en ocasiones. Mas la redimida, ¿de qué podía quejarse? Al final, la esperanza infantil y el optimismo casi inaudito de la morena les habían llevado allí. Y de todas las personas con las que la rubia se había podido cruzar en toda su vida, la mujer que tenía justo delante era alguien de quien no quería prescindir bajo ningún concepto.

Por poder, podría agradecerle demasiadas cosas en esos veinte años compartidos, llenos de penurias, y buenos ratos en compañía, entremezclados asombrosamente con el único resultado de aquel fuerte lazo que las unía. Quizás, el segundo lazo mejor anudado después del que tenía con Thareon. Pero el dragón era otro cantar.

Vio en el semblante contrario la sorpresa que traía su confesión. Ese gesto de incredulidad que vio en el dragón azul, así como supuso en su propio rostro al tomar consciencia de la nueva vida que se gestaba en el vientre de la rubia. Algo conscientemente inesperado aunque inconscientemente anhelado. Moira habló o eso intentó en aquel murmullo que pretendía repetir la afirmación de Megerah en una pregunta.


La rubia fue asintiendo, dejando que una sonrisa se fuese ensanchando en sus labios conforme la morena exclamaba y ponía en palabras las consecuencias del embarazo de Erah. El efusivo abrazo que le dio casi le hace perder el equilibrio, pero no dudó en correspondérselo cuando consiguió estabilizarse-. Vas a tener mucho trabajo como tía primeriza. -y como madre, pues Erah ya sabía que compartía estado con Moira. Noticia que la morena no tardó en darle en cuanto la supo, cuando aún vivían en la cabaña. Esa ansiosa ilusión de la que siempre consideró su hermana por elección, volvió a hacerla reír, con esa suavidad tan característica en ella.

Se separaron, recuperando sendas posturas iniciales. Megerah la miró con una tranquilidad y una dicha indecible centelleando en sus azules-. Sí. Claro que lo sabe. -frunció el ceño sin perder la sonrisa-. De hecho se lo dije a él antes que a ti para evitar que se te escapara cualquier comentario al respecto delante de él. -alzó las cejas, de forma llamativa. La rubia sabía perfectamente la facilidad que tenía Moira para no guardar un secreto si la emoción le podía. No era mujer que filtrara demasiado sus palabras, sin importar la situación. Esa era una de las principales diferencias entre Megerah y Moira-. De unos cuatro meses… -calculó por defecto. Quizás, sí había tardado en dar la noticia, pero no quería anticiparse por si era otra falsa alarma. Ya escarmentó aquella vez en los establos del castillo. La rubia endulzó su sonrisa ante esa última pregunta de la morena-. Puedes… aunque dudo mucho que notes gran cosa… -le advirtió con suavidad. Ni Erah lo sentía más allá del malestar característico o náuseas. Nada en comparación con lo que le esperaba, en aquel embarazo de riesgo. Miró a la morena de nuevo, con una ligera y sincera preocupación casi palpable en su mirada cristalina-. ¿Tú qué tal lo llevas?





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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Jue Mayo 05 2016, 19:14

El asentimiento y la sonrisa de su amiga no hicieron más que reavivar su entusiasmo por aquella noticia que acababa de recibir. Sonrió, feliz, cuando Megerah correspondió el efusivo abrazo al final. Rió suavemente, relajada y contenta, al escucharla-. Oooh, lo mismo te digo. No creas que te libras de ser tía –comentó divertida e ilusionada. Porque cada vez que lo pensaba, más le gustaba la idea de ser madre. Y, ahora, la rubia también lo sería. ¿Quién lo hubiera dicho? Nunca pensó que un día llegase ese momento. Y, menos, que sus hijos naciesen libres, en contraste a ellas. Hubo un tiempo, en el pasado, en el que la morena pensó que moriría como esclava. Incluso, hubo unos días, en los que llegó a pensar que nunca más volvería a ver a la otra mujer, cuando creyó que había muerto en dos ocasiones. Pero pese a todos los disgustos y adversidades, allí estaban. Vivas, resurgiendo de sus cenizas y reunidas de nuevo en un mismo lugar. Dispuestas a vivir aquellas vidas de las que, de repente, eran dueñas.

Y cuando se separaron… pudo ver tanta felicidad reflejada en las claras pupilas de Megerah que no pudo evitar emocionarse de nuevo. No pudo evitar reírse, ante la posibilidad de que realmente se le escapase algún comentario sobre el embarazo de la rubia-. Probablemente le hubiera felicitado efusivamente –admitió, siendo consciente de su poco autocontrol cuando estaba muy ilusionada con algo-. Awww… -se le escapó, emocionada. Cuatro meses-. Vas a tener que empezar a cuidarte –comentó con una sonrisa de oreja a oreja, todavía ajena a la idea de los problemas que daban los híbridos para las madres.

Ante aquel permiso de su amiga, juntó y separó las manos en un par de ocasiones, antes de bajar una a acariciar muy suavemente y con cuidado el vientre ajeno. No notaba nada, salvo que estaba un poco abultado. Pero la ilusión brilló en sus propios irises, antes de apartar la mano con la misma suavidad-. Ay de ti cuando se te note, van a faltar manos para posar en ese vientre –bromeó divertida. La pregunta dirigida a ella, no obstante, hizo que serenase su expresión-. Un poco de malestar, náuseas… aunque están menguando últimamente –respondió, antes de mostrar una sonrisa-. Pero lo llevo bastante bien. Trys me está ayudando y cuidando mucho –comentó, en un tono cariñoso al hablar del pelirrojo-. Me paso la mayoría del tiempo ñoña, Erah. ¡Soy insoportable! –agregó, medio en broma medio en serio, con una sonrisita al decirlo-. Ah, ah, ni te atrevas a decir que ya has soportado mis ñoñerías –terminó bromeando, señalándola con diversión.




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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Mayo 08 2016, 11:19

Erah no escondió la sonrisa ante el comentario de Moira, devolviéndole sus propias palabras-. Das por sentado que yo quiera librarme de algo así... -se encogió ligeramente de hombros, refutando sus palabras y la manía que tenía la morena de dar las cosas por sentado. Aunque fuera por diversión-. A lo mejor, primero, debería aprender a ser madre antes de que dejes a tus hijos a mi cargo. -añadió aún con la ilusión bien presente en sus cristalinos orbes, realmente ignorante de lo que aún le quedaba por pasar para llegar a ello. Porque sí, Megerah no era consciente de lo que aquel embarazo acarrearía para ella, en cuanto la criatura que se gestaba en su interior empezara a ganar tamaño según se desarrollase. Eran tan sólo cuatro meses y aquella línea curva en su vientre, evidenciaba ya su estado. Más que en un embarazo humano.

La rubia negó con la cabeza sin apartar la mirada de la contraria-. Siempre dije que eres horrible para guardar secretos... -comentó, divertida, cuando la morena confesó que no habría podido resistir la tentación. Suspiró por la nariz, con tranquilidad, con una sensación dulce de satisfacción al ver que su amiga no había cambiado apenas en estos meses pese a estar separadas y -suponía- teniendo vivencias nuevas con otra gente. Habría seguido esa línea de pensamiento, retrotrayéndose en su mente, a nadar en sus recuerdos, comparando esa etérea realidad con la que tenían ahora, pero la morena apeló a su atención una vez más-. ¿Cuidarme? -preguntó con una de sus finas cejas enarcada-. ¿A qué te refieres? -quiso saber. Por si lo que Moira tenía en mente se salía de los límites establecidos por la definición normal de ese término.

Cuando su amiga se dispuso a tocar su vientre, Megerah la invitó a sentarse en el suelo, a su lado. Por comodidad. Y así, quizás -y sólo quizás- le fuera algo más complicado darle tantos abrazos. Aunque no era algo que a la rubia le preocupase ya. Observó su semblante mientras la morena repasaba la curva de su tripa, cuyo hormigueo marcó más la sonrisa propia. Hasta que Moira habló de nuevo. Erah bufó, bajando los hombros, pero el gesto de su rostro no cambió-. No digas tonterías. No soy nadie tan importante, ni estos pequeños representan figura salvadora alguna. Sólo son los hijos de Thareon. -lo que Megerah se callaba era lo que aquellos dos bebés representaban para ella, después de haber vivido en un mundo sin esperanza ni posibilidad de cambios. Algo que no quería para ninguno de sus pequeños.

Escuchó la amplia respuesta a su pregunta, llegando a mover la mano que aún mantenía en su brazo, casi su espalda, en una caricia alentadora. Megerah mostrando empatía, era algo que no se veía todos los días-. Me alegro, Momo. -admitió cuando supo que el famoso pelirrojo se estaba encargando de cuidarla, como seguramente Thareon hacía con ella cuando podía. Rió finalmente con aquel murmullo de la morena. Levantó las manos, en clara señal de capitulación cuando ésta la acusó-. Yo sólo digo que me puedo hacer una idea, después de haber visto durante veinte años la cara de idiota que se te ponía cuando tu pelirrojo salía en la conversación. -estuvo tentada de gruñirle, pues soportar y aguantar eran dos términos que distaban demasiado del que usaría la rubia a la hora de hablar de la convivencia con Moira, y que la morena utilizaba indiscriminadamente. Pero de siempre. Y, de siempre, era algo que a la rubia no le había agradado nunca.





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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Mar Mayo 10 2016, 15:59

La respuesta de Megerah ante su divertido comentario la hizo ladear la cabeza y sonreír encantada ante la idea de que ninguna de las dos concebía que se excluyesen de aquella familia que estaban creando con aquellas vidas que crecían en sus respectivos vientres. Pues no podía ser de otra manera. Después de veinte años juntas, madurando la una con la otra, volvían a elegirse. Y el añadido de su amiga la hizo sonreír aún más. Posó una de sus manos sobre la más fuerte de la rubia y apretó con firmeza y suavidad-. Vas a ser una madre increíble –aseguró sin borrar la sonrisa.

¿Cómo sabía cómo sería aquella mujer con sus hijos? Porque la conocía. Megerah era cabal, inteligente, astuta, sabía cómo cuidar a quien quería y cómo sobrevivir. Fácilmente podría enseñar esas aptitudes a sus retoños y utilizarlas para que ellos estuviesen bien. No era una persona extremadamente cariñosa, pero se había dado cuenta de lo que había cambiado en ese aspecto. No sólo a lo largo de los años, sino también últimamente. Y sabía que los pequeños estarían bien cuidados. O el bebé. Los que naciesen. Pero sin duda, reunía todo lo necesario para ser una buena madre.

Rió suavemente ante el comentario de la rubia sobre guardar secretos. Con la forma relajada que conllevaba aquella libertad de no tener que contenerse como en el pasado. Sin embargo, la pregunta de la redimida logró que su propio rostro se serenase para contestar-. A comer bien, hacer reposo, no hacer actividades peligrosas… como cualquiera embarazada –respondió, sin decir nada referente a su especial caso-. Aunque, por mi parte, te confieso que estoy deseando involucrarme más en esta revolución –ladeó una sonrisa, reflejando su espíritu inquieto y luchador. ¿Le pasaría lo mismo a Megerah?

Se sentó a su lado, cerca de aquella hoguera que hacía el entorno más cálido y acogedor. Mientras acariciaba el vientre ajeno con ilusión. Los claros irises, grisáceos en ese momento, se alzaron en busca del rostro de la otra mujer-. Para los desafiados, eres la viva imagen de la esperanza. Despiertas la curiosidad e interés de algunos dragones. Y para mí, eres una de las personas más importantes que existen. Pero ante todo, tu embarazo es algo con lo que antes no podíamos ni soñar. Es un auténtico regalo. No sólo eres dueña ahora de tu propia vida, sino que vas a ser dueña de tu propia familia. Y eso no van a poder arrebatártelo –mostró una amplia sonrisa, con la emoción brillando en sus ojos al hablar. Con tanta pasión e ilusión como era tan común en ella.

Frunció levemente el entrecejo, con una sonrisa, al sentir aquella mano moverse en una caricia. En respuesta a aquella inusual situación, movió una de sus manos a la otra de la rubia, en un suave apretón cariñoso y agradecido. En esas veces que se comunicaban mejor en el silencio que con palabras. Y el verla reír de nuevo, colmó su espíritu de alivio y alegría. Otra vez. Deseando continuar viendo a Megerah tan relajada y bien el resto de su existencia.

El último comentario de la ex desafiada la hizo sonrojarse, de manera poco habitual. Igual que el silencio que se alojó en los labios de la morena. Su pelirrojo. Quería decirle a su amiga que ahora era distinto. Que en esta ocasión no podría abandonar a Trystan. Que la profundidad de sus sentimientos hacia él era tal que haría cualquier cosa por él. Que de no ser aquel niño que había conocido, seguiría con aquel adulto que había conocido un día en las cascadas. Pero enmudeció, ruborizada. Atinando sólo a esbozar una tímida sonrisa a medio camino entre el cariño y la diversión.

Pasó el brazo más cercano al cuerpo de Megerah por los hombros femeninos ajenos, en un semi abrazo. Se inclinó, de costado, para posar sus labios en la mejilla de su amiga. Queriendo agradecerle, en silencio, todos aquellos años que habían compartido. Todo ese tiempo que no habían estado solas, porque se habían tenido la una a la otra. Después, apoyó su frente en la sien de la otra mujer, de manera cariñosa. Aún en un inusitado silencio, mientras miraba las hipnóticas llamas danzar.

No supo cuánto tiempo estuvo así. Escuchando el sonido del crepitar de aquel fuego, en compañía de aquella mujer que consideraba como su hermana. Finalmente reunidas en un mismo lugar. Hasta que recordó algo que aún le quedaba por decir. Algo que había descubierto recientemente y que ya había compartido con Trystan. A quien no podía ni quería ocultarle nada. Sin soltarla, con la mano libre buscó en un bolsillo del pantalón que llevaba. Sacó una moneda de bronce y la puso sobre una de las piernas de Megerah, con suavidad-. Hay algo que quiero mostrarte… -murmuró, antes mover el dedo índice sobre la moneda, dejando un pequeño espacio. Como había estado practicando, empezó a levantar y posar aquel pequeño trozo de metal. Hizo un suave giro con el dedo, el cual siguió el objeto, girando sobre su propio eje. Hasta que al final lo hizo descansar de nuevo sobre el muslo de la rubia. Sintiéndose un poco cansada tras la pequeña demostración.





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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Mar Mayo 10 2016, 21:55

Megerah distaba mucho de creer lo mismo que Moira. ¿Cómo iba a ser una buena madre si siempre había disfrutado enormemente de la independencia de no deberle explicaciones a nadie más que al que fuera su dueño? ¿Cómo, si había disfrutado de la libertad que la soledad de esclava le había dado durante tantos años? La rubia no era precisamente el mejor ejemplo de sociabilidad, pues su carácter arisco y serio prevalecía incluso cuando ella se encontraba de lo más a gusto con gente que apreciaba. Era principalmente esto, lo que le hacía pensar que distaba mucho de esa definición de madre increíble.

Pero Megerah sabía que no estaba siendo del todo sincera consigo misma. A pesar de su carácter fuerte, tenía un intenso sentimiento hacia esas dos criaturas que formaban parte de ella. Y que así seguiría siendo, incluso después de que vieran la luz del mundo. Era algo que la redimida no llegaba a expresar con palabras, mas la sonrisa aparecía en su semblante ante esa calidez que sentía en su pecho por cada vez que pensaba en ello. Madre y protectora de lo que más podía apreciar de su vida con Thareon. Su familia. Su vida. Dos -o tres- personas por las que dar hasta su vida, sin dudar un sólo instante.

Torció la sonrisa al escuchar la risa de la morena, antes de escuchar su respuesta. O contraindicaciones. Erah frunció el ceño-. ¿Reposar? ¿Con todo lo que aún queda por hacer? Eso no entra en mis planes... -lo que Megerah no sabía era que, más temprano que tarde, se vería forzada a bajar drásticamente el ritmo-. Además, para lo que pretendemos hacer, hay que conseguir buenos planos del castillo... Estoy buscando a alguien que sea habilidoso dibujando para que pueda ayudarme. -Erah se sabía el castillo de memoria, sólo necesitaba a alguien que pusiera sobre el papel el sistema de líneas, pasillos, puertas y escaleras que la rubia guardaba en la cabeza-. Se... se me haría tremendamente extraño descansar, desentenderme... después de haberme arriesgado hasta entrar en Talos para conseguir este lugar... -pequeño detalle que, quizás, Moira no supiera aún-. Pero mi lugar está al lado de Thareon... Y no te molestes en replicar, no vas a conseguir hacerme cambiar de parecer. -después de todo, fueron ellos dos quienes empezaron todo aquello.

Erah volvió a quedarse estática, perdida en la mirada contraria mientras Moira le daba un crédito que no tenía. O que ella pensaba que no tenía-. Despierto el interés de alguno dragones, ya... -parafraseó. Megerah tragó saliva, apretando los dientes un instante. ¿Cómo podía tener las ideas tan cambiadas aquella mujer?-. El único interés que despierto en ellos, es la posibilidad de experimentar conmigo, tanto psicológica como físicamente, Momo. Sé lo que hace la inquisición o, incluso la Reina, con aquellos que son... diferentes. Lo he visto. -ella había sido inquisidora. Había presenciado torturas impensables en vivo, para forzar transformaciones, para llevar al límite a los híbridos, en un dantesco sinfín de tormentos. Y a aquellos que practicaban la magia elemental sin permiso también-. Además... Mi embarazo no tiene nada de especial. No soy la primera mujer embarazada de un dragón, por lo que sólo me hace más preciada como rata de experimento... No te equivoques. La posibilidad de que me arrebaten todo lo que tengo es demasiado grande. -la regañó con suavidad, cortando de plano ese afán soñador de la morena. Aún era pronto para asegurar que no corrían peligro.

La rubia se inclinó ligeramente, para apoyarse con suavidad en su compañera, dejando que casi la desgastara con tanto mimo, mientras se tomó la libertad de abstraerse momentáneamente, hasta que la morena clamó su atención una vez más. Puso una moneda sobre una de las piernas de Megerah, haciendo que ésta bajara la mirada para ver ese trozo de metal danzar al son de una música imaginaria, a capricho de Moira. Una de las cejas de la rubia se enarcó, en cuanto sacó conclusiones. Finalmente, subió sus azules a los de su amiga, con una sonrisa a caballo entre la diversión y la picardía-. No sabía que tú creyeras en ellos... -porque para poseer ese tipo de poderes, la rubia sí sabía que algo de fe había que tener en aquellos dioses elementales.

Además, lo sabía por experiencia propia.





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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Vie Mayo 13 2016, 20:43

Sonrió de forma abierta cuando su amiga declaró que no entraba en sus planes reposar. Ladeó la cabeza. Planos del castillo. Mmm… si iban a adentrarse, necesitarían luego ser evacuados. Desvió la mirada, un momento, a las danzantes llamas de la hoguera. Frunció el entrecejo, pensativa. Si bien su optimismo y emoción podían jugarle el contra, en cuestión de trazar proyectos su mente se volvía fría y calculadora. Su mirada, en ese momento verde grisáceo oscuro, volvió a posarse sobre el rostro de la otra mujer-. Puedo ayudarte a dar información para los planos. Juntas hemos recorrido el lugar incontables veces –un esbozo de sonrisa asomó a sus labios, gracias a los recuerdos que asomaron en su mente, antes de volver a serenarse-. E incluso informar de vías de escape. En cuanto dibujar… en la resistencia hay varios buenos haciéndolos. Estoy segura de que Trys puede sugerir los candidatos que mejor se manejen para hacerlo –añadió con seriedad. Ella pensaba en algunas personas que sabía que hacían planos, pero no los conocía a todos. Sin duda alguna, el pelirrojo era mejor opción para decir quién o quiénes serían los indicados.

Sin embargo, aquella expresión estoica se marchitó para dar paso a sus labios entreabiertos y su propia tez volviéndose un poco más pálida. ¿Qué? Megerah había entrado en Talos. Arriesgándose a ser arrestada en cuanto la viesen. La sola idea de que la otra fémina sufriese de nuevo despertaba algunos de sus mayores temores. Una de sus manos buscó la más fuerte de la rubia, en un suave pero firme apretón. En sus irises brilló la muda preocupación. Sabía que no podía decirle que no volviese a hacerlo. Sabía que no iba a servir de nada regañarla. Aquella mujer era fuerte, decidida e inteligente. Era una de esas pocas personas que podían salir ilesas prácticamente de cualquier situación. Y, después de lo que había pasado y por todo lo que había sobrevivido, quedaba claro que iba a estar a salvo.

Pero no podía evitar preocuparse. Porque Megerah también era una de las pocas personas que le importaban. No obstante, allí estaba. A salvo y de una pieza. Y su pericia había logrado una base para el ejército isaurí. Y su mirada cambió a una de alivio, porque no hubiese permanecido en Talos contra su voluntad. Su pulgar se deslizó en una caricia sobre la piel ajena, queriendo transmitirle aquel sosiego porque no le hubiera pasado nada.

Y cuando la escuchó decir que su lugar estaba con Thareon, sus labios esbozaron una sonrisa comprensiva. Levantó las manos, con un poco de diversión, como si quisiera decirle que no iba a replicarle. Porque no, no podía, cuando su propio lugar estaba con Trystan. De forma un poco diferente, sin embargo, porque Megerah estaba moviendo aquella revolución junto con Thareon. Y era gracias a ambos que aquello estaba siendo posible.

Y aún cuando la redimida había sido quien le había recordado día a día que tenía corazón, también era quien le devolvía su mente fría. Quien la traía a la oscura realidad, a través de los sueños que la morena a veces parecía querer contener entre sus dedos. De algún modo, que no la dejase mantenerse en su actitud soñadora era lo que la había hecho más fuerte. Sobreviviendo cada día. Porque, de otro modo,  su espíritu se hubiese retorcido de dolor ante la ilusión quebrada incontables veces. Y aquello fue lo que hizo de nuevo Megerah, especificándole el cruel interés de algunos dragones.

Aquella posibilidad de que su amiga fuese encerrada y experimentasen con ella de las formas más variopintas y dolorosas posibles la hizo tragar saliva. El temor de que aquello llegase a cumplirse se reflejó en sus irises. Quiso decirle que la protegerían, que ella haría cualquier cosa para que no pasase. Que no experimentarían con ella. Que no perdería aquella vida que tanto les había costado tener. Pero fue consciente del peligro que las rodeaba y de que ella no sería capaz de mantenerla a salvo cada instante.

Si había algo que calificaba a la resistente era que no hacía promesas que no podía cumplir… o que no estaba segura de poder hacerlo. Así que de nuevo estrechó a su amiga entre sus brazos, repasando la espalda ajena con suavidad con una mano. Murmuró una disculpa por no poder librarla de aquella amenaza. No al menos de momento. ¿Y si tenían éxito en los planes? ¿Cambiaría algo? Esta vez no sabía qué podía esperar del futuro. En aquella ocasión temía soñar y despertar entre las cenizas.

Después, se acomodó junto con la que consideraba su hermana. En un momento silencioso compartido. Hasta que decidió enseñarle aquel pequeño manejo del aire. Los dos pares de irises claros chocaron cuando la moneda se detuvo. El comentario de Megerah la hizo erguirse de hombros-. Ni yo. Nunca les he rezado ni he ido a los altares. Tampoco sé si realmente son dioses. Sólo empecé a pensar que, fuesen lo que fuesen, quizá pudiesen llegar a ayudar a cambiar todo esto. Para una sociedad más justa y equitativa. Para que todos los que me importáis podáis continuar con vuestras vidas sin miedo. Pero realmente me pilló de sorpresa tener esta… habilidad –confesó a su amiga, dudando un momento en cómo llamarlo-. ¿Tú tienes alguna? –le preguntó entonces, por curiosidad. No creía que su amiga creyese en los dioses… pero quizá, al empezar aquella revolución con Thareon, hubiese despertado algún tipo de don. O quizá estaba equivocada. Moira era una de esas personas a las cuales se le daba muy mal adivinar.




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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Mayo 22 2016, 16:10


- Claro... -murmuró la rubia ante esa oferta de Moira, volviendo la mirada hacia ella-. De seguro si trabajamos juntas, los planos serán más fidedignos. -añadió con una sonrisa pícara que fue creciendo durante el último comentario. Tan atrás había dejado esa etapa suya desde que estrechó aquella mano que Thareon le tendió, que podía jurar que, de primeras, había olvidado gran parte de los pasillos y pasadizos del castillo. Quizás se había acostumbrado muy bien y rápido a su nueva vida, pasando página de su pasado de esclava con la misma velocidad. Terminó alzándose de hombros-. Coméntaselo, si es tu deseo. Cuanto menos tiempo perdamos buscando candidatos, mucho mejor. -práctica, como siempre. Megerah no se caracterizaba precisamente por perder el tiempo con lo que tuviera que hacer-. Porque tenemos la responsabilidad de enseñarles, Momo. Ellos entrarán en el castillo y tendrán que moverse con la misma facilidad con la que lo hacíamos nosotras. O puede que mejor. -la rubia había estado hablando con Thareon sobre esa tercera parte del plan. Y ambos lo habían tenido muy claro.

La morena entrelazó sus dedos con los de Erah, preocupada, tal vez, por la confesión de la rubia, de haberse paseado por Talos. Era tan... pero tan preocupona. Erah bien lo sabía después de tantos años. Velaba por cualquiera que le importaba, pero, lamentablemente, poco podía haber hecho en el caso de Megerah. De hecho, desde que ella fue liberada y hasta este mismo día, se habían visto demasiadas pocas veces como para que Moira supiera ni la mitad de lo que había tenido que pasar la rubia.

No obstante, ahí seguía, compartiendo vivencias con Erah, afianzando aún más -si eso era posible- ese lazo que ya las unía. Desde aquella primera vez que se vieran en un pasillo cualquiera del castillo cuando la rubia sólo contaba con siete años.


Erah se incorporó para escuchar la explicación de Moira por esa pequeña habilidad suya, recién adquirida. Según hablaba la morena, Megerah hizo descender sus ojos a su mano de nuevo, pero enseguida los volvió a alzar. Se preguntó en qué podían ayudar esos dioses a esa sociedad justa y equitativa, cuando esa magia elemental no parecía implicar mucho obstáculo para los dragones-. De momento, no parece estar ayudando mucho... -replicó con suavidad. Quizás, hasta ahora, había sido pronto para decirlo. Quizás, con lo que Thareon y ella estaban planeando, se viera por fin esa ayuda de los susodichos dioses.

De sorpresa. Erah pudo decirle que lo que ella había descubierto también fue por error. Un simple fogonazo que pareció quemarle la piel sin hacerlo. Desde entonces, a Megerah le habían pasado varias anomalías, relacionadas con la fuente natural de calor por excelencia. La rubia había podido llegar a controlarla de forma muy parcial y limitada. Y era en esos ratos libres y a solas cuando jugueteaba con esos límites. La pregunta de Moira la hizo ladear una sonrisa confidente y hasta traviesa. No demoró mucho ese movimiento que elevó su brazo, con el puño cerrado, generando algo de expectación. Abrió su mano, girándola para dejarla palma arriba, en donde se pudieron observar unas pequeñas proyecciones de las llamas que quemaban la madera frente a ellas dos.






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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Mar Mayo 24 2016, 19:43

Su sonrisa se ensanchó ante la respuesta de su amiga sobre informar juntas de cómo era el castillo por dentro para que pudiesen hacer planos. La emoción brilló en sus irises. No está vez en forma de humedad retenida, sino por la diversión de volver a estar codo con codo con aquella mujer rubia. Desde aquella primera vez que habían planeado escaparse… y lo consiguieron temporalmente. Y compartir de nuevo con ella aquel tipo de experiencia no sólo la divertía. También la aliviaba en cierta forma. Porque, pese a haber vivido tantas cosas y diferentes, con todos aquellos años que habían pasado y además de haber estado separadas durante un tiempo…  en esencia eran las mismas. Ya no eran unas niñas, no. Eran aquellas mujeres de las que alguna vez habían hablado. Eran fuertes, decididas, habían madurado. Pero en pequeños detalles permanecían inalterables, como férreos pilares que sostenían su sólida amistad.

Asintió en silencio, respecto a buscar la opinión de Trystan sobre quién sería mejor para dibujar los planos. Y de nuevo su cabeza se movió afirmativamente, ante el añadido de la otra fémina. Ella misma no tenía ninguna intención de dejar solo a su pelirrojo. Si él entraba en el castillo, ella estaba dispuesta a ir con él. Sin saber si su nuevo estado se lo podría permitir. Pero no iba a poder encargarse de todos los demás. Tendrían que aprender antes a moverse con fluidez por el lugar. Pero una duda le asaltó la mente de repente-. Mmm… tendremos que hacernos con los turnos de guardia. Puede que hayan cambiado –comentó, frunciendo el entrecejo y mirando durante un instante las llamas. Después de lo que había pasado, no podrían ser tan estúpidos como para no haber hecho algunos cambios, ¿no?

Y después de hablar un poco de los planos y de un silencio compartido, no podía no mostrarle aquel poder que había descubierto. Megerah era una de esas personas a las que no podía ni quería ocultárselo. Alzó la mirada hacia el rostro femenino ajeno cuando su amiga dejó de apoyarse en ella, mientras se explicaba. El comentario sobre esa magia elemental por parte de la rubia hizo que sus propios labios esbozasen una sonrisa triste. Negó con la cabeza. No, no ayudaba. Sobre todo cuando varios que la tenían ya estaban comprados por la reina. Y aquello era relativamente nuevo como para estar acostumbrados a utilizar aquellas habilidades.

Pero no pudo evitar formular la pregunta sobre si su amiga también tenía un don relacionado con los elementos. La sonrisa de la redimida la hizo alzar una ceja con aire divertido. Oh, ¿eso era un sí? A Megerah casi no le hacía falta ni hablar para hacerse entender. O quizá era que se conocían demasiado bien. Y antes de que pudiese la morena pedirle que le enseñase, vio cómo el brazo se elevaba. Miró el puño, totalmente concentrada en esa zona y saboreando la anticipación.  Y, entonces, la palma quedó hacia arriba con un giro de muñeca. ¡Y vivas llamas aparecieron en ella!  

Los labios de la resistente se separaron en sorpresa. ¿Fuego? Hala. Había pensado que quizá tuviese que ver con el agua. Pero no. Estaba sorprendida y a la vez… ¡era increíble! Finalmente, esbozó una sonrisa y enarcó una ceja para alzar la mirada hacia su amiga-. WOW –formuló-. ¿Sabes lo que pasa cuando hay fuego encendido y corre el aire? –inquirió, pronunciado más esa ceja enarcada y sonriendo de forma pícara. Por supuesto que Erah lo sabía. Era su forma de decirle un “oh, tú y yo vamos a arrasar”-. ¿Te pilló también de sorpresa? –agregó con curiosidad. No creía que la rubia fuese una de esas personas que adorasen a los dioses elementales. Porque… se trataba de eso, ¿no? Ni siquiera valoró la posibilidad de que fuese algo relacionado con su desafío, aún habiendo recuperado su corazón. Porque, la verdad, la cazadora no conocía tanto los entresijos y habilidades de los heartless.




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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Megerah el Mar Mayo 24 2016, 21:10

Erah no evitó reírse con suavidad, agachando la cabeza para negar ante el comentario de la morena-. No, Momo. No nos harán falta los turnos... -suspiró antes de tragar saliva para aclararse la garganta y así poder explicarse-. El señuelo que Thareon está preparando -bueno, junto con ella- tiene la finalidad de sacar a las tropas de la Reina -y a la propia rubia Madre-. para dejar el castillo prácticamente vacío. -comentó, enarcando ambas cejas, con la esperanza de que Moira no tardara en comprender lo rápido que iban a tener que actuar esos afortunados al entrar en aquel laberinto de pasillos-. La idea es que, sobre unos planos que estamos intentando conseguir, tú y yo les indiquemos el camino más rápido y seguro... una vez que hayamos localizado los pilares principales para dejar las cargas explosivas. -repitió de un burdo parafraseado de Derek, que le había explicado ya un par de veces cómo debía de hacerse. Erah había mostrado cierto interés -y curiosidad- al verle día tras día, enfrascado en aquel hueco de la cueva, tan adornado como lo estaba aquella casa en ruinas que se encontraron Thareon y ella nada más regresar de Isaur. Se podía decir que pasó simplemente de llevarle comida cuando debía comer o arrastrar su cuerpo sumido en el sueño hasta su camastro, a establecer cortas y curiosas conversaciones, en su afán por saber... o simplemente porque la pobre mujer necesitaba ciertos descansos y salir de la cama de vez en cuando, ya que el dragón azul y ella aprovechaban cada momento antes de que llegaran los aliados, a sabiendas de que después no podrían-. Estuve hablando con Derek y Thareon, pensando que con dibujar los planos sería suficiente... pero me equivoqué. Nosotras, por muchos años que hayamos vivido allí, no tendríamos ni la más remota idea de qué pared hacer explosionar. -sonrió, casi obvia-. Necesitamos trabajar sobre los planos ya existentes. -concluyó, omitiendo el trabajo que le había costado a los dos hombres hacerla comprender que la información que ella tuviera también era importante, mas no para hundir el castillo en sí, sino para escapar con mayor facilidad y rapidez.

Megerah suspiró. Era cierto que necesitaban los dichosos planos y, por lo que tenía entendido, ya había gente trabajando en ello. Tan sólo debían esperar a tenerlos para poder dejar de maquinar a ciegas-. Pero no hace falta ultimar nada ahora mismo. Ya cuando empecemos, os explicaré todo con detalle. Mientras, habla con Trystan. Sabiendo ya quienes nos van a ayudar, será más fácil. -sobraba decir que: uno, se fiaba del completo juicio de aquel hombre y de Moira. Y dos, hasta que no tuvieran los famosos planos, no haría falta que esos candidatos vinieran a las cuevas, si es que no estaban aquí ya para cuando eso ocurriera.

Por el momento, todo lo que la rubia sabía era que Derek iba a entrar en el lugar, quien lo acompañara aún era un auténtico misterio. Por su parte, y dentro de sus limitaciones, Megerah estaba totalmente decidida a que fuera alguien que le garantizara el cuidar de él. Erah no admitiría -aún- que aquel muchacho había despertado cierta simpatía en ella por esa peculiaridad sobre la que Gihaial ya le había advertido. Pese a sus comentarios fuera de lugar, su excesiva dramatización por la cosa más nimia y su impulsividad, la rubia había visto en él a alguien inseguro, y con obvios problemas de sociabilidad. Como Lyvana, quizás.
Dos personas que no eran conscientes aún de lo mucho que valían.
Dos personas que, compartiendo su tiempo con la rubia en determinados momentos, habían conseguido penetrar ese tremendo muro de indiferencia que protegía el corazón de Megerah, y que se había visto debilitado por esa felicidad que su realidad con Thareon le proporcionaba. No como Moira, que la había visto crecer, que había compartido parte de su carácter y había sufrido con ella durante más de veinte años. Personas distintas, que la rubia protegería de igual forma. Aunque su predilección por la morena se hacía aún obvia.

Observó, con satisfacción la reacción de Moira ante la revelación de su nueva habilidad, devolviéndole esa picaresca que adornaba su sonrisa-. Algo que con tanta nieve y en estas cuevas, va a ser un poco complicado de ver. -murmuró en respuesta con las cejas alzadas. Había demasiados factores que no las dejarían liarla parda como antes. Erah lo sabía, aunque a Moira parecía darle igual-. Lo mío fue por... error, en realidad. -se encogió de hombros-. No importa tanto cómo lo supe... si no que aprenda a sacarle provecho... -su gesto se neutralizó, perdiendo la sonrisa por el camino-. Desde que recuperé mi corazón... me... me ocurren ciertas cosas que no consigo comprender... -susurró para sí, en voz alta, antes de volver de aquella nube de pensamientos en la que parecía haberse perdido de repente. Sus azules buscaron los de Moira, al tiempo que la sonrisa volvía a dibujarse en sus labios-. Supongo que la parte negativa de ser la única que lo haya conseguido es que voy a tientas con estas cosas... -medio bromeó, queriendo quitarle importancia a ese descontrol que nadie le podía explicar. O... a cómo o cuánto podría afectar todo ello a los pequeños que crecían en su interior.





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Re: Finally reunited (Megerah)

Mensaje por Moira el Jue Mayo 26 2016, 17:35

Ladeó la cabeza ante la negativa de su amiga, esperando a que se explicase. Y, cuando lo hizo, sus oscuras cejas se alzaron. Un plan astuto para evitar que se resguardasen tras los muros y no pudiesen regresar a ellos tras haber salido del castillo. Si contaban con las explosiones… tenían minutos contados para entrar, poner las cargas y salir antes de que todo se viniese abajo-. Entiendo… -murmuró. Lo que podía ser una tranquila incursión con el camino despejado se convertía en una misión contrarreloj con riesgo incorporado.

Asintió, consciente de aquella limitación sobre sus propios conocimientos respecto a los cimientos y las cargas de un edificio. Sabía que Derek, en cuestión de ciencia, era muy inteligente. Prácticamente un genio. ¿Quién era ella para replicar al respecto? Sólo, por un instante, en su mente pasó un pensamiento. ¿Qué pasaría cuando Trystan se reencontrase con el chatarrero? Lo había visto perder el control, a pesar de sus esfuerzos, ante la mera mención de quien había sido su amigo. No podía evitar preocuparse por el pelirrojo, por cómo ver al otro hombre influenciase en su estado anímico. ¿Estaba loca si el bienestar del desafiado era su prioridad en vez de preocuparse porque le diese un puñetazo a Derek que lo dejase como aquella mesa que partió? Puede. Pero le importaba más cómo estuviese el otro resistente.

Apartó aquel pensamiento, volviendo a la realidad con Megerah. Al tema de aquellos planos que necesitaban para empezar a trabajar en una vía de escape. Para que quienes entrasen al castillo no corriesen más riesgos de los que ya tenían que tomar. Suponía que, al tenerlo tan claro, ya había quienes estaban intentando conseguir aquellos planos del castillo-. Muy bien, cuando los tengan, trabajaremos sobre ellos tras que nos indiquen los lugares óptimos para poner las cargas –corroboró la morena. Antes de volver a asentir respecto a hablar con Trystan. En cuanto volviera a verlo, se lo comentaría, desde luego.

La seriedad se tornó en picaresca con el tema de las habilidades. Que aquel tiempo les fuese a dificultar comprobar hasta qué punto podían combinar sus habilidades la hizo gruñir con suavidad-. Cada vez me gusta menos la nieve –murmuró con molestia. Se tardaba el doble en recorrer el mismo trayecto al caminar sobre el níveo manto y la caza se complicaba. Su gesto cambió, enarcando una ceja ante la palabra error. Estuvo a punto de preguntarse qué tipo de patrón seguía el descubrimiento de la magia elemental. Pero la voz de su amiga cortó rápidamente el hilo de sus pensamientos y no pudo por más que estar de acuerdo ante lo que ella decía. Porque sí, una vez teniéndolo, lo importante era saber cómo utilizarlo.

No llegó a hablar, escuchando aquel susurro que la rubia formuló para sí, en realidad. Estuvo tentada a preguntarle por cómo se había sentido siendo desafiada, por si había algo que pudiese ayudar a Trystan. Pero la detuvo aquella conversación que habían tenido los dos en la base de la resistencia, donde él había resuelto hablar por sí mismo con Megerah. ¿Quién era ella para hacer lo contrario? Así que se contuvo, concentrándose solamente en otra cuestión a la que su mente dio forma al escuchar a la otra mujer-. ¿Qué cosas te ocurren? –preguntó a quien era parte de su familia por elección, en un susurro gentil, igual de suave que el tacto de una de sus manos apoyándose sobre una ajena.

Su grisácea mirada fue acariciada por los irises aguamarina. Y aún con aquella sonrisa que vio en los labios ajenos, pudo notar cierta inquietud por la incertidumbre de su nueva condición. ¿Quién no la tendría, cuando nada parecía ser como antes? ¿O quizá su percepción la engañaba? Entonces alzó esa misma mano a una de las mejillas de Megerah, acariciando su piel con el dorso de los dedos. Bajó hasta su mentón, atrapándolo con suavidad entre sus dedos y repasándolo con la yema del pulgar-. Nadie puede guiarte ni adelantarte acontecimientos. Pero no vas a estar sola en el trayecto –susurró, con una calma que no parecía propia de alguien tan pasional pero quería transmitir a sus seres queridos en las horas más oscuras. Esta vez, Megerah tendría compañía, apoyos que quizá la ayudarían de algún modo. Empezando por Thareon y terminando por aquella morena que, en aquella ocasión, no pensaba irse a ninguna parte.




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