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The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

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The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Vasruk el Jue Abr 28 2016, 07:48

Sentía un dolor insoportable en el cuerpo, no veía absolutamente nada, poco a poco mi conciencia se iba recuperando al igual que mi visión. Al despertar me encontraba en un sitio extraño, pero al tratar de moverme, pude darme cuenta que me encontraba amarrado de piernas y brazos, no entendía que pasaba, pero finalmente al recuperar mi vista pude darme cuenta que me encontraba en lugar extraño, en un lugar en el cual parecía una sala de torturas.

-¿¡Hola?!- grite en señal de desesperación, no sabía que estaba pasando y porque me encontraba en aquel lugar, atado completamente, hasta que un fugaz recuerdo, ilumino mi mente, me acorde de la bestia que había asesinado a sangre fría al niño y que me había golpeado, pero no sabia en que momento, había hecho que perdiera mi conciencia. Por primera vez en mi vida sentía miedo, estaba aterrorizado, pero a la vez curioso, no entendía por que aquel ser tan malicioso no me había dado muerte esa noche y principalmente no entendía porque me encontraba atado de piernas y brazos.

En un inútil esfuerzo trate de liberarme, de desatar las sogas pero me fue imposible, sabia que volvería ver a ese demonio, pero no quería que me encontrara indefenso, necesitaba una manera de escapar de aquel lugar, pero todos mis intentos fueron fallidos, por lo que no me quedaba otra opción que enfrentar al demonio por lo que me arme de valor y comencé a gritar para que se percatara de que había recuperado la conciencia -¡Aquí estoy cobarde!-  en otro no habría gritado pero en las condiciones que estaba, no veía otra opción.


Última edición por Vasruk el Dom Jun 12 2016, 22:12, editado 1 vez







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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Invitado el Sáb Abr 30 2016, 12:25

Terribles podían ser lo más recónditos lugares del abismo, y tres eran los milenios en el cual tal terribilidad había decidido tomar forma. Cuantos días habían pasado, ¿uno, dos, tres? No importaba, para la mente de Giovanni el tiempo era algo casi inexistente. Algo abominable, tratándose de aquel pálido personaje. Esperar solo para saciar la curiosidad, la curiosidad que una vez amenazaba con dar un espectáculo, de menos, más que abominable, en aquellas cuatro paredes de la parte más baja de la gigantesca propiedad. La mansión Volterra, un lugar que nadie quería pisar, porque no era un secreto donde residía el demonio y menos que pudiese pasar desapercibido, y aún menos los mitos que se escuchaban sobre las torturas que este propiciaba a algunos humanos en aquel lugar. Nadie vivo, aún, podía decir que tan cierto resultaba.  Y nadie quería tampoco averiguarlo.

Lord Giovanni había dispuesto a un sirviente en específico, para que vendase y tratara la costilla rota a causa del golpe que le había propiciado a aquel exiliado en el bosque. ¿Qué quería ahora? Una respuesta imposible de hallar en las cavernas de su oscura cabeza. Le había dejado vivo, incluso después de haber saciado aquel fetiche despreciable sobre la sangre humana con la cual se extasiaba y excitaba, como si de un vino exquisito se tratase. ¿Canibalismo, enfermedad? Nada podía calificarlo, porque a fin de cuentas y en la realidad, los humanos eran carne, el demonio por naturaleza, un carnívoro, ambos parte de la eterna ruleta cazador y presa, pero ambos compartiendo una única característica que los diferenciaba del resto: la razón. Humanos y dragones eran los únicos seres con aquella facultad innegable pero que se presentaba de manera distinta en ambas razas, una facultad que variaba de persona a persona, y que se retorcía en el abismo del pálido dragón, desde los albores de su nacimiento. Lord Giovanni había amarrado a aquel humano a aquella cruz de madera, dejándole sin camisa y con las pertenencias a un lado, en ese mismo lugar había sido atendido mientras se hallo inconsciente, y en ese lugar residió, hasta que despertase.

Expectante, en silencio, el demonio bajaba a su sótano todos los días que el humano se mantuvo inconsciente, esperando bajo la oscuridad de aquel lugar a que despertase. Aquello podía resultar una bendición, porque se había mantenido ocupado, con una presa que ahora tenía su interés, un alivio escalofriante para las calles de Talos, detestable para quien fuese ahora su nuevo concepto a medir. Por fin había ocurrido, el humano había despertado, el eco de su voz se dejo oír, y Giovanni, sentado en una silla, con el refugió de la oscuridad de manera fémina y refinada, con las piernas cruzadas, manos sobre muslos, y expresión ligera esperaba, observando hasta que una vez más, aquella sonrisa, se dibujo en sus labios eco de aquella voz y aquellos movimientos que sus ojos carmesí podían ver sin problema alguno gracias a su visión de dragón. Se levantó, y los ojos brillosos de rojo sangriento en medio de aquel sitio se acercaban cada vez más al humano, hasta que por fin, la cercanía fue tal, que para el humano fue, aunque fuese un poco, la presencia lord Giovanni frente a él. –Mea culpa. Aligeras el temor de mi corazón. Tan temido aguardaba por ti.– Dijo, con un tono de preocupación tan creíble y convincente como ninguno. Absurda mentira. –Benvenuto, una vez más, al mundo de los vivos, valiente caballero.

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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Vasruk el Dom Mayo 01 2016, 21:39

Cuando el demonio se dio cuenta de que había despertado, bajo a lo que seguramente era el sótano, donde me tenía atrapado, se notaba el aura siniestra que emanaba aquel demonio, con ojos de color rojos, alumbraba ya que había casi nada de luz. Mostraba actitudes refinadas casi afeminadas, pero que se notaba la locura de aquel dragón. Ya sabía de lo que era capaz, había decapitado a un pobre e inocente niño, si era capaz de tan cruel acto con un pequeño ¿Qué me esperaba a mi?

-¿Qué es lo que quieres de mi?- pregunte con una voz cansada y seca, estaba adolorido, mi boca pedía agua y mi estomago rugía como un león, no sabía lo que el demonio quería de mi, pero si de algo estaba seguro, que nada bueno podría salir de este encuentro -¿Qué es lo que quieres- volví a decirlo tratando de gritarle al demonio pero mi voz no llego al tono,ya que me encontraba débil, pero el dragón parecía burlarse, mostraba una falsa preocupación, era obvio que el tipo estaba loco.

Miraba para todas partes, estaba tratando de encontrar una ruta de escape y algo que me ayudara a zafarme de mis ataduras, pero en aquel salón, solo había oscuridad, lo único que mis ojos podían ver con perfección, era al dragón, mirando con una sonrisa siniestra, estaba desesperado, necesitaba salir de ese lugar.







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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Invitado el Jue Mayo 12 2016, 16:57

La oscuridad podía tomar muchas formas, y entre ellas, quizá la demencia insana de la mente del demonio era aquella que exedía los limites del horror, reflejada en aquellos ojos rojos como la sangre, y aquel rostro riendo espectatante y embelesado como si aquel humano fuese no más que un juguete del cual no se esperaba fuese cualquiera. Para Giovanni, era un juguete nuevo, apenas y salido de su empaque, sin tocar, con el que deseaba jugar hasta los linderos de una mente quebrada o el triste cobijo de la muerte que mucho podía resultar aún más placentera y deseosa para todos quienes habían caído en manos del palido dragón. Lord Giovanni como le gustaba ser llamado, el refinado y educado dragón con aquella infame leyenda que oscura y tenebroa, macabra y terrible, pero admirable y envidiable. Un foco único entre los suyos, una luz en la red cuya sola presencia era vomitiva y abyecta para cualquier dragón presente, una presencia util para la Reina Madre que no era más que un objeto, pero en ese juego ¿quién lo era realmente? una respuesta dificil de responder y que por mucho rebuscar o esperar cual estaciones olvidadas en el tiempo jamas llegarían hasta que aquella mente, de intenciones oscuras y dificles de descifrar, actuase una vez más.

El palido dragón se acercó al humano, tocandole la mejilla y alzandole el mentón con una delicadeza tan semejante a la que un padre podía aplicar a su hijo, de la manera mas dulce y tierna. Actuación casi perfecta. –Shhh...– Pronunció en un sonido reververante que quedo en la oscuridad de aquel lugar oscuro que escondía mucho más que simple vacio. Giovanni miró a los ojos al humano, propiciandole un alivio ante su precaria condición de terror y horror. –No hay nada a lo que temer, valiente caballero.– El pálido dragón se alejó, y buscó una jarra echando un poco de agua en ella y dejando que el sonido invadiese con su eco el sitio, para volver a acercarse y darle de beber al humano. Un juego, que resultaba en no perder aquello que la mente del demonio había visto en los ojos del humano, dos conceptos que pudo dicernir y que deseaba explotar, exprimir hasta quebrarlos como un espejo. Trozo por trozo. Pedazo por pedazo. Migaja por migaja. Conviertiendolo en polvo cósmico. –Sacia tu sed.– Dandole el agua viendo como la boca del humano con apresuro ante la sed que la inconciencia despues de aquel encuentro había causado se iba por el vital liquido, que Giovanni hizo descender rapidamente hacia al suelo, dejandole apenas sentir en inoloro hedor del agua y dejando caer el indumento metalido en el suelo.

–Hay veces que no te encuentro, y aunque te busco, prefiero ir callado.– Empezó a decir el deragón de ojos carmesí, alejandose con lentitud y empezando a rondear al humano. al son de cada palabra. –Y mi corazón llora...– Pronuncio. –Y mi alma tiembla...– Prosiguió, estando a un costado del humano y sonriendo ante aquella ultima palabra pronunciada con especial incapie. –Fuimos hechos con sueños y temores...– Volvio a hablar. –Y tu fuiste hecha para darnos gloria.– Había llegado una vez más frente al humano, mirandole. –No me abandones, valentía.– Dijo con lentitud, al mismo tiempo en que su voz se volvía aún mas oscura y ronca y sus ojos emitieron un color incandecendente y rojizo volviendose completamente reptilianos y dejando ver el verdadero rostro del demonio, hundiendose en un sonido horrendo causado por el crujir de la carne en mutación a medida que los colmillos de su forma dragonica salía a relucir, en una forma humanoide, seguida del crecer de su hocico que se extendía poco a poco desformando su nariz un poco y haciendo que su sola cercanía emitiese un oxigeno parecido al vapor mismo incluso visible en aquella oscuridad mientras la baba se movia en una dulce y pegasoja danza, lenta y resultante de aquella imagen.

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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Vasruk el Dom Mayo 15 2016, 08:59

Sin lugar a dudas el dragón un enfermo, gozaba con la sangre, gozaba haciendo sufrir a la gente ¿Por qué lo tenía amarrado a ese pedazo de madre? ¿Por qué fingía admirar su valentía? ¿Por qué parecía tan amable pero a la vez tan siniestro? Eran preguntas que el mercenario no podía responder, pero lo único que le importaba en ese preciso momento era escapar de aquel lugar, escapar de aquel enfermo dragón.

Cuando el dragón, dio de beber al mercenario este lo hizo completamente desesperado ya que su boca estaba más seca de lo que había estado jamás. No sabía con exactitud cuántos días estaba así, ni siquiera sabía que horas eran. El mercenario había perdido completamente la noción que tenía de el tiempo.

Finalmente aquel siniestro dragón, comenzó a hablar como siempre lo hacía, mostrando preocupación por Vasruk. Mentiras, no eran mas que mentiras de un enfermo. Hasta que el dragón se alejó y comenzó a cambiar, su boca se torno en un hocico y sus dientes pasaron a ser unos afilados colmillos. Vapor salía por sus bocas y de sus dientes corría una asquerosa baba.

El mercenario estaba desesperado no sabía lo que aquel siniestro dragón pensaba hacer con el, por lo que comenzó a hacer fuerza, a tratar de liberarse de aquella prisión que aprisionaba sus brazos -¡Estas enfermo!- gritaba desesperado el mercenario, no sabia que era lo que se venia perp sin dudarlo era algo malo.







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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Invitado el Vie Mayo 27 2016, 13:57

La carne crujía llegando a su metamorfosis semidragonica y dejando ver en Giovanni una especie de demonio, que iba más allá de la normal, traspasando el mito y la fama en una realidad tangible, horrenda y veraz incapaz de ser negada aún ahora. El abismo mostrándose sin contemplación, su mente, sin disfraz tras aquella careta que resultaba imprescindible en alguien de su clase. Longevo e insaciable, refinado y con una mente brillante, llena de hambre y deseosa de tomar lo que deseaba hasta quebrarlo de una forma horrenda a través, pues, de cualquier método, por  cruel que pareciese, y nada, nunca nada, podía ser incluso dejado a la imaginación, porque realidad era una palabra que Lord Giovanni hacia posible segando vidas y convirtiendo a aquellos cuya suerte no era más que miserable, cayendo en las manos del demonio, desear la muerte. Espejos rotos, que jamás volverían a restaurarse: un dulce néctar podía ser la muerte antes que ser aquello, deseable y de manera agonizante y susurrante como ahora, lo pedía con gritos y gemidos indecibles aquel humano frente al pálido dragón que se mantenía observando con aquellos ojos rasgados y el hocico de su forma draconica babeante lo que su mente había, de nuevo, logrado, resonando la voz del demonio en aquella forma: oscura, y ronca sin ningún atisbo de humanidad. –Oh...una pena. El miedo es una emoción interesante, pero tengo que decir que esperaba aún más de ti, dulce guerrero.– Y aunque horrenda resultaba aquella forma, su refinamiento y feminidad particular no quedaban de lado en cada palabra, que con, un eco siniestro e inhumano, salían de su boca.

–Que frágil.– Giovanni lo había roto, y el interés había decidido una vez más abandonar su mente, concluyendo su voraz búsqueda una vez más sobre aquel universo basto que había explorado, decidiendo, que el fin había llegado en aquel viaje. –Tu valentía era sublime, pero no resultó más que una breve y fugaz estrella. Una decepción, dulce guerrero. No eres más que un inútil cobarde. Jamás habrías podido defender a ese niño, ni a nadie.– Quebrajaba aún más, sin contemplaciones, exprimiendo hasta el fin y conociendo el rasgo que, su mente, podía observar en primera instancia. Todos y cada uno eran de un nombre igual pero, ¿hasta donde podía llegar en cada uno por individual? una pregunta que, no era más que oscura cuando, de la laberíntica mente podía salir, añadiendo aún más conocimiento sobre la curiosa humanidad en la mente de aquel dragón. Giovanni comenzaba a retomar su forma, y retomando su forma humana a través del hocico, controlando su mutación de manera casi perfecta a tal nivel qué, el hocico había desaparecido y los colmillos lograron aún quedar en constraste con los ojos del dragón en su forma real, ¿qué era lo que planeaba ahora? ¿que había en su mente después de haber terminado? Nadie podía, y nadie quería, saberlo en realidad. –Sabes, dulce guerrero. El arte es abstracto, y su hermosura extraña en formas únicas para cada quien cuando se admira.

Lord Giovanni caminaba rodeando aquella cruz de madera en forma de equis y volviendo una vez más a la vista del humano frente a él, cuando con brusquedad le tomó de la barba y le templo el cuello hacia la derecha para dar un vistazo a su cuello, justo donde se encontraba la yugular. –No solo eres decepcionante, sino inútil. Un arte así, no merece la pena mantenerse.– Giovanni sonrío. El más horrendo y terrible de sus actos. Una vez más, como una imagen escalofriante, aquella escena, se repetía, en medio de la oscuridad de aquel lugar que había sido testigo de su acto preferido. Giovanni sonrío casi con deseo, y modio el cuello del humano con fiereza clavando sus dientes y haciendo sentir el dolor de aquella mordida bestial y monstruosa, deleitándose con cada grito durante un periodo de tiempo largo, que siendo aún minutos, se convertían en horas largas para la agonía del dulce dolor que dejaba aquella escena saciando el horrible fetiche del dragón por la sangre humana hasta el final, algo que podía incluso decirse que le excitaba, extasiado con cada gota que recaía en su garganta recorriendo mientras la succión dejaba sin fuerza y aún más blanco de lo que podía ser a aquel humano cuyo color natural era ese, ahogando su vida y dejándola escapar. Cuando hubo terminado, sus colmillos desaparecieron y limpio con su dedo un poco de la sangre que se deslizaba por su boca, una vez el demonio se había deleitado, y creyéndolo muerto, con su dedo rompió las ataduras que lo sostenían a esa madera, para que cayese en el suelo mientras la sangre restante brotaba en una escalofriante imagen carmesí que dibujaba aquel suelo ante un cuerpo sin vida. Era el fin.
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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Vasruk el Sáb Mayo 28 2016, 23:14

El mercenario no tenía la más mínima idea de lo que pasaría con el en los próximos minutos, era obvio que aquel dragón era un enfermo. Con los gritos de Vasruk, el dragón pareció estar decepcionado, por lo que en ese instante el mercenario creyó que veía lo peor y no estaba para nada equivocado.

-El miedo es parte de la vida, el vivir con miedo me hace un ser humano, el miedo es el que hace al coraje, el miedo es una simple reacción, el coraje es mi decisión- dijo el mercenario totalmente calmado, había parado los gritos, sabía que el dragón lo mataría, por lo que prefería morir con la frente en alta –Estoy listo- dijo secamente mientras cerraba sus ojos esperando que pasara lo que tenía que pasar. Aquel demonio se acercó hacia el mercenario y mordió su cuello para saciar su fetiche. Evidentemente por el dolor Vasruk comenzó a gritar de el dolor. Poco a poco sus gritos fueron cesando hasta que el mercenario cayo inconsciente.

La imagen de la escena era horrorosa, ahí yacía el cuerpo al parecer sin vida de Vasruk, rodeado por un charco de sangre. Pero el dragón se equivocaba, Vasruk estaba cegado, sus sentidos estaban al borde de cesar, pero un halito de vida aun quedaba en el. Por lo que con su máximo esfuerzo volvió a recuperar la consiencia.


Había recuperado la conciencia, pero estaba al borde de la muerte, desangrándose en el cuello, el mercenario solo atino a arrastrarse hasta donde se encontraba aquel demonio y con las fuerzas que le quedaban agarro la pierna de el dragón. Si no moría a los pies de el demonio, seguramente este lo mataría de todos modos, pero era solo un humano y había sido su última reacción o eso creía.







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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Invitado el Lun Jun 06 2016, 20:50

Y como una imagen horrorosa digna de las pesadillas inenarrables de los peores miedos que jamás nadie podía imaginar, la semejanza de hombre hecha carne, la imagen de la bestia trasfigurada más allá, en una leve figura con imagen humana, un demonio de nombre adoptado y destructor del mundo que hacía siglos perteneció a los frágiles, débiles y pequeños humanos mortales cuya vida no era más que el suspiro de un dragón tan longevo como el tiempo. Un dragón advenido de las entrañas de la oscuridad, traído al mundo, quizá como castigo, quizá como jugarreta cruel del destino, o tan solo, como parte del juego de algún ser superior cuya mente era aún más oscura, más terrible, y más cruel. No importaba en una situación tan precaria aquellas preguntas que cualquiera podía hacerse buscando tan solo un ¿Por qué? ¿Por qué una criatura como el demonio de ojos rojos existía? ¿Quién podía haber hecho enfadar de aquella manera a los dioses de los hombres para que le permitiesen vivir? ¿Qué cimiente de la humanidad había generado que la maldición de la existencia de Giovanni Di Francesco, extendida por más de tres milenios, siguiera aún? Nadie. Un bucle sin respuesta en el que, las garras del demonio podían capturarte. Ay, ay, ay de ti, hombre. Ay, ay, ay de ti, mujer.

Terrible cosa era pensar en que tan siquiera, tal criatura, pudiese provenir aún de alguien como aquella que regentaba el trono de talos, de la sangre misma de la Reina Madre, y era aún terrible saber, que tal cosa, era tan cierta como lo que estaba aconteciendo ahora en los aposentos del pálido dragón, aquel lugar donde una vez más, los gritos ahogados de las victimas que no saciaban el universo de una mente absorbente que resultaba ser el vació oscuro y siniestro que albergaba y deseaba aún más apagar aquel centenar de estrellas brillantes, toda y cada una tan distintas, todas y cada una humanos, fugases, destinados a extinguirse, como ahora lo hacía ante la oscuridad aquella en la que Giovanni se había fijado: un mercenario del bosque. Apagándose y dando un último suspiro ante una oscuridad que había decidido que el brillo de aquella luz, debía, como muchas, ni tan siquiera ser una pequeña enana blanca, sino, parte de la oscuridad eterna, para siempre y por siempre, dejando solo sangre, muerte. El final de la luz. La agonía de una estrella muriendo, hasta el último de sus momentos. Y cuando el demonio secaba los últimos rastros de una vida más, que sus fauces dragonicas habían llevado hasta el fin de la vida misma, dejándole sobre el suelo, muerto, inerte como una bella figura a la cual el demonio observaba aún con expectación y maravilla siendo que, solo un artista era semejante de tal arte, la luz de aquella estrella no se apagó, negándose aún a morir, y brillando, tenuemente. Un acto de vida que nadie, ni aún aquel humano en agonía, habría deseado.



–¡Aaaaahhh!– Soltó lleno de total emoción y señalando al humano. Aquella sonrisa volvía, una vez más, dibujándose de manera lenta y mostrando la cara del abismo, la viva imagen de la locura hecha carne, de una mente cavernosa en la que nadie podía escapar. –¡Interesante!– Gritó, lleno de emoción, viendo como aún en aquella situación el humano se aferraba a su vida, dando rasguños que carcomían sus uñas y gritaban un no a la agonía. Un acto sublime, en el que el interés del demonio se acrecentaba como una potencia al infinito, fijando toda y enteramente si atención aquel hombre arrastrándose mientras dibujaba de carmesí el suelo y destilando el olor de su sangre que excitaba aún más, con cada respiró y cada latido de su corazón los sentidos de Giovanni. El demonio observó su mano derecha y esta, una vez más, crujiendo ante la mutación que conllevaba el dolor que parecía causarle placer al sacar parte de su reptiliana forma humanoide, y los pasos de algo que nadie podía decir se acercaba. ¿Qué pensaba ahora? Una respuesta inrrespondible. Giovanni asesto de manera bestial su mano mutada en la espalda del humano y lo hizo rebotar contra el suelo con tal fuerza que giro y cayó boca arriba de golpe, y acto seguido, agachándose, la uña dragonica de su dedo índice, comenzó a rasgar el pecho del humano, mientras sonreía con deleite y dejaba a la vista la carne viva de aquel corazón palpitante, el cual engullía en su mano de menara lenta, y arrancaba de aquel cuerpo, sin importarle cuánto dolor causase, convirtiendo a aquel mortal, en su desafiado. –Vive, mortal...

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Re: The principle of hell [Giovanni Di Francesco]

Mensaje por Vasruk el Dom Jun 12 2016, 22:12

El mercenario no entendía que era lo que estaba pasando, el dolor había menguado, sentía que se iba a morir, trataba de aferrarse a la vida como fuera. Al parecer el dragón estaba sorprendido de que Vasruk haya conseguido vivir ya que escuchaba su voz a lo lejos, como un susurro, tampoco sentía su cuerpo. Todo era borroso y apenas lograba distinguir que era lo que estaba haciendo aquel demonio. En un instante el humano noto como algo traspasaba su pecho y arrancaba una parte esencial de el, pero no sabía que era ya que a penas podía sentir algo, pero en ese instante perdió todo el conocimiento que tenía sobre aquella situación, era el fin, había muerto.

Un gran suspiro le hizo saber que no era el fin. Estaba todo oscuro, no sabía con exactitud cuánto tiempo había pasado, sentía un gran dolor en su pecho, pero pudo incorporarse, era evidente que se encontraba en el mismo lugar, por lo que camino a obscuras hasta poder encontrar la salida. Todo ese tiempo había estado en un sótano, apenas podía contemplar las decoraciones estilo italianas de la mansión ya que la luz le molestaba. Salió de la mansión como si nada ya que se encontraba totalmente vacía.

Ese dolor en el pecho seguía por lo que se dejó caer fuera de la mansión para revisar que era lo que ese demonio le había hecho, pudo ver que en su pecho había una gran cicatriz y que no sentía el latido de su corazón. En ese momento Vasruk se dio cuenta lo que le había pasado, se dio cuenta que aquél demonio le había arrancado el corazón, lo había desafiado.

-FIN-







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