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"Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

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"Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Thareon el Jue 14 Abr - 20:03

Este rol tiene contenido terrorífico y de clasificación gore. Leed bajo vuestra propia responsabilidad.

"Me debes ese favor, Kairsh. Y lo sabes."
"Me pides demasiado, Thareon." En el profundo eco que siempre reverberaba en la red del Anciano, la negativa y las dudas de Lord Kairsh respecto al plan de Thareon resonaron como el tañido de una campana en el silencio. "Si te descubren...."
"No lo harán. Y si lo hacen, y tienen la suerte de sobrevivir, te aseguro que no te pondré a ti, ni a Linnea, en peligro." Thareon necesitaba explorar las murallas del castillo. Repasar lo que creía tener en su cabeza, observar si durante los últimos eventos habían sufrido algún daño, o si se había abierto algún resquicio en su sólida cobertura. Pero no podía hacerlo sólo, debido al cien mil veces maldito frío. Necesitaba un lugar al que poder regresar para no morir congelado, y que estuviera relativamente cerca de las murallas. Y el único lugar que se le había ocurrido, eran las recién adquiridas bodegas de Kairsh.
"¿Por qué te arriesgas tanto?", preguntó entonces el noble.
Thareon no pudo evitar una risa irónica: "Jeh... ¿Y tú me lo preguntas?". Después de todo, el propio Kairsh había dejado su cómoda y renombrada vida de noble por irse a vivir cuasihumildemente al campo. La gran mayoría no se había explicado demasiado bien el por qué. Thareon si lo sabía. La respuesta estaba en Linnea, la esclava por la cual Kairsh había empezado a sentir una secreta debilidad. He ahí el motivo principal por el que el nombre le debía un favor al Ironscale.
"Ahora eres libre. Estás a salvo. la gente te da por muerto", insistió el noble.
"Y ahora me preguntarás por qué no aprovecho eso para vivir mi vida en paz, lejos de todo esto, ¿me equivoco?"
"No te equivocas, no."
"Porque eso no es ser libre. No soy precisamente un desconocido, Kairsh. En cuanto la verdad se sepa, que se sabrá, mi libertad terminará. Y eso no es lo que yo quiero." Thareon suspiró mentalmente. "Quiero poder ser libre, sin tener que dar explicaciones. A decir verdad, desearía que eso fuera así, para todo el mundo."No podía negar que no le sorprendía que Kairsh fuera a ponerle trabas. Se lo esperaba, en realidad. Y no tenía demasiado claro si simplemente con honestidad lograría convencerle de que le ayudara.
"Vas a empezar una guerra que no vas a poder ganar."
La súbita afirmación no pilló desprevenido a Thareon. "¿Tú crees?". Preguntó con cierta sorna, antes de añadir: "Y de todas formas, ¿qué importancia tiene eso para ti? Ya te he dicho que no voy a inmiscuirte. Sólo necesito que me devuelvas un favor." No esperaba el dragón noble le entendiera. Sólo que pagara su deuda para con él.
"...No es el favor lo que me preocupa." Thareon guardó silencio, teniendo que admitir que aquella objeción sí que le sorprendió. "Has vivido una guerra. Sabes como son. Como funcionan." De no conocer al dragón rojo, el ex-capitán hubiera jurado que estaba percibiendo dudas muy serias en su voz mental. De hecho, gracias al silencio que reinaba en aquella red casi vacía, podía notar que su preocupación era bastante sincera. "La gente muere. Gente inocente." Aquello sí era sorprendente, especialmente viniendo de Kairsh.
Thareon guardó unos segundos de silencio mental. Las palabras del otro no dejaban de ser tristemente ciertas. Y el azul contaba con ello, desde que decidió emprender esa campaña. Probablemente en el pasado ni siquiera se hubiera planteado la opción por eso mismo. Pero ahora no era el mismo. Y ahora, tenía las cosas demasiado claras como para que la compasión le echara atrás. "Kairsh... ¿de verdad crees que hay una solución alternativa que no implique una guerra? Sinceramente..." Demasiadas veces había rogado por una solución así. Demasiadas veces el silencio había sido su respuesta.
Dejó que Kairsh tuviera su momento de introspección, antes de que le respondiera con un rotundo: "No." De nuevo silencio. Thareon esperó. "Solo espero que sepas lo que haces."
No dijo nada el Ironscale en ese momento. Sólo sonrió internamente, y transmitió su sentimiento de gratitud. Kairsh no se hizo esperar: "Te cederé lo que necesites de mis bodegas para que estés a salvo", y acto seguido añadió: "Te lo debo, como bien has dicho." Thareon no pudo evitar pensar que, después de todo, Linnea sí había logrado tocar más el corazón de Kairsh de lo que en un inicio había predicho. Hubiera deseado tener a la mujer delante para agradecérselo también. De hecho, pensó que probablemente lo hiciera cuando fuera allí para verla.
"Bien. Te lo agradezco. Estaré allí cuando remitan un poco más las nevadas."

* * *

Y allí estaba. El frío seguía siendo un obstáculo de lo más incómodo, que limitaba las expediciones de Thareon sólo durante el día, cuando el gélido sol se reflejaba sobre la nieve y le ayudaba a mantener mínimamente el calor. Y cada noche regresaba, deseando poder arrebujarse bajo las mantas junto a la chimenea del lord.
Llevaba ya al menos cuatro días pululando por los campos de cultivo helados, llevando un caballo y un carro, haciéndose pasar por un comerciante de vino, en el nombre de las bodegas de Kairsh. Gracias a los dioses, nadie sospechaba de su aspecto. Iba tan, tan abrigado, que nadie reparaba nunca en las marcas de su rostro, ni reconocía sus facciones. Además así podía pararse, hablar con la gente, percibir su descontento, ver su necesidad, y la miseria que se estaba aprovechando de todos aquellos a los cuales las nevadas les habían dejado sin absolutamente nada.
Probablemente el viejo Thareon se hubiera ofrecido a acogerlos y a darles refugio. Pero por desgracia, sabía que en aquellos momentos no estaba en posición de hacer tal cosa.

Además, estaba tardando más de lo que esperaba. Los caminos helados hacían su avance más lento y pesado de lo que esperaba. Y, a parte, la seguridad estaba bastante más reforzada de lo que esperaba. Incluso un par de veces tuvo que pasar deliberadamente desapercibido cuando los agentes de la Inquisición aparecieron por las granjas, exigiendo el pago de los impuestos a la Reina, arrebatándole a la gente la poca comida que tenían.
Aquella situación realmente hacía hervir su sangre en las venas. Pero nunca saltó, nunca defendió a nadie. No podía hacerlo, aunque quisiera. No podía permitírselo.

La noche en la que había ido a ver la parte más alejada de la muralla, llegó especialmente tarde a la casa de Kairsh. Regresó tiritando, helado hasta los huesos. Incluso Linnea tuvo que ayudarle a entrar en la casa, mientras el dragón mascullaba una y otra vez lo mucho que detestaba aquel condenado frío. Pero había merecido la pena. Había descubierto que la zona más dañada de la ciudad había sido el castillo, y que una parte de la muralla que lo rodeaba estaba en reformas después del incidente. Los trabajos de reconstrucción estaban yendo lentos debido al invierno, y aunque no era una fisura excesivamente grande, era un punto débil muy importante a la hora de aprovecharlo y tenerlo en cuenta.

Ya en el interior, Thareon se había sentado sobre una gruesa alfombra, a pocos pasos de la gran chimenea, amando al fuego casi con tanta fuerza como a Megerah. No pudo evitar sonreír ante la expresión que hubiera puesto la rubia de adivinar sus pensamientos en aquel momento. Linnea había cuidado bien de él, arropándole con una de las mantas y colocándole en las temblorosas manos un cuenco de sopa humeante. Agradecido, Thareon se encontraba entonces sentado a su lado, compartiendo conversación y algunas historias con la mujer. No solía cruzarse demasiado con Kairsh. El dragón prefería encerrarse en su estudio cuando el azul estaba por la casa. Y de todas formas, Thareon aprovechaba las noches para dormir todo el tiempo posible.
Pero esa noche no iba a poder descansar tan alegremente como pensaba.


Última edición por Thareon el Lun 23 Mayo - 0:09, editado 1 vez






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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Ezra el Miér 20 Abr - 14:24

Como todas las noches desde lo acaecido en las expediciones a las montañas quemadas, la humedad y el frío se habían adueñado de Talos, y las tierras circundantes a la capital. Porque, si bien por el día seguía resultando un ambiente un tanto hostil para los dragones, al menos poseía al astro rey de su parte, calentándolos con sus tibios rayos de sol. Sin embargo, una vez caída la noche, era la luna quienes los vigilaba con su gélida mirada. Sea como fuere, los hijos del fuego habían ido adaptándose con el tiempo y, para entonces, habían tejido ya grandes abrigos para suplir la falta de calor que sus cuerpos demandaban. La nieve los había debilitado, de ello no cabía duda, pero no permitirían que aquella maldita arma desarrollada por los infames terroristas ganase la batalla. Sobrevivirían, y seguirían gobernando el mundo como hasta ahora. Así lo había prometido la madre de todos, su majestad, la Reina Madre.

Así pues, con las palabras grabadas a fuego, Ezra había salido junto a otros tres inquisidores para llevar la justicia de la soberana a todo imperio. En aquella ocasión, el grupo estaba formado por dos dragones, entre los que se incluía él mismo, y dos humanos. Uno de ellos, un brujo que había puesto sus dotes al servicio de los inquisidores de su majestad, y el segundo de ellos, un desafiado. Una nada desdeñable fuerza que había partido del castillo tras recibir sus órdenes hacía unas pocas horas. Porque así como el crimen no descansaba, tampoco lo hacían los nobles inquisidores de su majestad, el firme puño que aplastaba con férrea voluntad a los insurgentes, y a los traidores. Sin embargo, en aquella ocasión, el asunto que los atañía, no era el de ejecutar a ningún rebelde; sino el de investigar un posible caso de corrupción, y apropiación indebida de la propiedad.

Porque aquella misma tarde, un conocido aristócrata había irrumpido en palacio junto a su hijo. Lord Strykos, propietario de una de las más prestigiosas bodegas, había denunciado ante su majestad a Lord Kairsh, antiguo maestro esclavista. Al parecer, el susodicho dragón, se las había ingeniado junto a una esclava de su propiedad, para engañarlo y apropiarse de sus dominios; a los que se había mudado hacía ya unos cuantos meses. Y como no podía ser de otro modo, ante acusaciones tan serias como aquellas, la Reina Madre había optado por enviar una delegación de los inquisidores a investigar tales hechos. Y así, era cómo Ezra había terminado asumiendo el mando de la pequeña comitiva que, en aquellos mismos instantes, se aproximaba a galope tendido a la propiedad de Lord Strykos. ¿Su misión? Investigar lo ocurrido, e interrogar a Lord Kairsh, llevándolo consigo si llegase a ser necesario.

Claro que, probablemente, se tratase todo de un sencillo malentendido… y el susodicho, accediese pacíficamente a devolver lo que era suyo por derecho a Lord Strykos. Pero, por si acaso, no solo había reunido a unos cuantos inquisidores para que lo acompañasen, sino que portaba consigo la palabra de su majestad la Reina Madre. Un documento que los autorizaba a investigar la propiedad de cabo a rabo, y a pasearse por ella como si fuese su propia casa. Por ello, nada más entrar en las tierras robadas, la pequeña fuerza inquisidora procedió con total seguridad. Ataron a los caballos en el lugar destinado para ello, y avanzaron a pie, abriéndose paso entre la nieve, hasta la entrada de la casa principal. Mas antes de llamar a la puerta, el oficial al mando decidió tomar precauciones.

Thomas… cubre la puerta trasera… —ordenó el más fornido y alto de los presentes. Un dragón de ambarina mirada cuyos rasgos apenas podían distinguir entre la capucha de piel que lo cubría. Después de todo, la gente tendía a actuar de extraña manera cuando la inquisición se plantaba en su puerta, y no sería la primera vez que trataban de salir por patas aun tratándose de gente inocente. El aludido, que no era otro que el segundo de los dragones, asintió con presteza, y se perdió en la oscuridad circundante mientras rodeaba la estructura. Así, Ezra, el brujo, y el heartless, terminaron por asomarse al umbral de la edificación, donde se sacudieron la nieve de sus ropajes—. Está bien muchachos, recordad que esto es una investigación… y nada más. Nuestras órdenes son interrogar a Lord Kairsh, y buscar evidencias sobre lo que se le acusa. —aclaró el oficial, mientras extraía de entre los pliegues de sus ropajes la carta de la reina.

Después de todo, y teniendo en cuenta lo tenso que estaba el ambiente últimamente, no estaba de más aclarar cuál era su objetivo. Y una vez hecho, aporreó la puerta con fuerza para a continuación gritar: ¡Lord Kairsh, por orden de los inquisidores de su majestad la Reina Madre… abra la puerta!




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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Thareon el Vie 22 Abr - 1:23

Thareon conversaba animadamente con Linnea cuao, de repente, su gesto se torció, volviéndose súbotamente serio. Alzó la cabeza en dirección a la puerta principal, y arrugó la nariz en un gesto inatintivamente animal. Olió algo... No, más bien a alguien, arrastrado el aroma por la gélida y aséptica brisa invernal, filtrada a travé s de los resquicios de las viejas contraventanas.
Se puso en pie, con gesto tenso, acercándose a una de ellas para poder ver el piso inferior. Y justo entonces la llamada del inquisidor, al cual no pudo distinguir debido a la escarcha de la ventana, hizo eco a través incluso de las paredes. Thareon notó que sus nervios y sus músculos se crispaban en nerviosa anticipación.

- ¿Inquisidores? No puede ser. - Estaba al 100% seguro de que nadie le había reconocido, ni mucho menos seguido hasta allí durante sus expediciones. ¿qué podría llevar aquella noche a la Inquisición hasta allí?
Se escuchó la puerta del estudio abrirse, y Kairsh hizo acto de presencia casi deninmediato en el salón. Sus ojos rojos mostraban una expresión recelosa y furibunda, a medida que se acercaba también a la ventana. - ¿Puedes explicarme a qué se debe esto? - le exigió saber el noble.
Thareom frunció el ceño y le observó largamente. - Yo iba a preguntarte lo mismo. Porque te aseguro que no están aquí por mi. - Volvió a mirar de soslayo por el cristal, y distinguió tres hombres en la puerta. Apretó los labios, dudando sobre si habrían más rodeando la casa. Lo veía bastante probable. - ¿Tienes idea de qué andan buscando?
- No, pero me hago una acertada idea de lo que encontrarán si les dejo entrar... - El dragón rojo le miró significativamente. Thareon puso los ojos en blanco, percibiendo aquel velado "te lo dije en su mirada". No era momento de ponerse a discutir. Era momento de actuar y averiguar qué querían los inquisidores que estaban empezando a impacientarse en la puerta.
- Vosotros id, recibidles, mostraos extrañados. Dadles coba, así me daréis tiempo para encargarme de ellos. - Apuntó Thareon, alejándose de la ventana. Eso seguro que al noble se le daba bien. No obstante Kairsh seguía sin parecer demasiado convencido. - ¿Qué planeas hacer, Thareon?
- Quitarte el muerto de encima. - Literalmente. Pensaba matarlos uno a uno. No sólo porqueble había prometido a Kairsh que no iba a dejar que les pasara nada. Sino porque desde que habían vuelto de Isaur, no había tenido oportunidad de cazar en forma de Leviathan. Pensar en la satisfacción que iba a obtener con la sangre de esos pobres desgraciados le hizo sonreir perversamente y notar que sus pupilas se estrechaban.

Se escodió en un cuarto oscuro, se desnudó por entero, y lenta y dolorosamente, empezó a transformarse al tiempo que escuchaba los pasos de Kairsh y Linnea bajando hacia la entrada.
La veda acababa de abrirse para Leviathan.






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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Ezra el Sáb 23 Abr - 17:22

Thomas, híbrido que llevaba haciéndose pasar por dragón durante los últimos noventa años, asintió a las órdenes de Ezra. Se atusó los ropajes, y se apresuró a rodear la casa de campo. Claro que, desconocedor de los peligros que la noche podía albergar, desenfundó la espada como medida de precaución. A decir verdad, como híbrido leal a la resistencia que era, tal vez debiese haber mantenido la hoja enfundada, y optado por dialogar con quien fuere que se le apareciese; si es que se daba el caso. Porque con el uniforme de la inquisición, y el arma desenfundada, no solamente engañaba a los oficiales de su majestad. Sea como fuere, su mente no pareció reparar en ello y, siguiendo las instrucciones del oficial al mando, terminó por rodear el lugar hasta llegar a la puerta trasera.

El perímetro parecía despejado, y ninguna luz asomaba por las ventanas de la casa de campo, así como tampoco ningún ruido anormal se detectaba en el interior de la edificación. Todo parecía indicar que se trataría de una revisión más, como otra cualquiera. Claro que, Thomas, no era consciente del inmenso peligro que lo esperaba en la oscuridad. Tal vez fuera por ello que, al llegar a la puerta trasera, se aventurase al interior de la casa. Se la había encontrado misteriosamente abierta, como si alguien hubiera dejado así a propósito… o si hubiera salido por ella recientemente. Sin embargo, la capa de nieve en el exterior de la casa permanecía virgen; sin una sola pisada. Pero Thomas no reparó en aquél detalle, y sospechando que algo podía ocurrir, se internó en la oscuridad.

Si Lord Kairsh ocultaba algo o a alguien valioso para la resistencia, tal vez le diese tiempo a ponerle sobre aviso. Mas a medida que avanzaba por los pasillos de la bodega, no encontraba sino oscuridad y vacío. Hasta que algo crujió en una de las salas cercanas, y decidió aventurarse en su interior.

Entretanto, en la parte delantera de la casa se desarrollaba una escena totalmente diferente. Los tres inquisidores restantes habían golpeado la puerta un par de veces más ante la ausencia de respuesta por parte del inquilino y, cuando se hallaban dispuestos a derribar la puerta por la fuerza, ésta se abrió de par en par dejando ver al otro lado del umbral al susodicho Lord. Kairsh, ataviado con una pesada y caliente bata de piel de oso fue quien los recibió. A su lado, una mujer de raza humana entrada en años los observaba con una fingida, pero lograda, expresión de sorpresa. Parecían un tanto desconcertados por la presencia de la inquisición en su puerta, y algo adormilados; algo totalmente comprensible a aquellas horas de la noche. Sin embargo, el grupo enviado por su majestad, no tuvo compasión, y nada más asomaron sus rostros, los atropellaron con preguntas y peticiones.

Buenas noches, Lord Kairsh, lamentamos la intromisión a estas horas de la noche. Venimos en nombre de su majestad la Reina Madre, a realizar una inspección rutinaria, e interrogarlo en relación a un caso en el que estamos trabajando. —informó el que parecía ser el cabecilla del grupo mientras le tendía al Lord la orden que la soberana había firmado y escrito de su propio puño y letra—. ¿Sería tan amable de invitarnos a pasar? —pidió. Aunque para entonces ya había dado un paso al frente, colocando su bota contra la puerta de la casa; por si el aristócrata tenía la genial idea de intentar cerrársela en el hocico—. No nos llevará demasiado tiempo, milord.




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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Thareon el Mar 3 Mayo - 20:03




La puerta de la bodega se cerró de golpe detrás del Inquisidor, cuando éste ya había avanzado algunos pasos hacia el interior. Éste se giró, sobresaltado, pero no tardó en atribuirle aquello al viento. Algo goteaba en la oscuridad casi total, en la que el dragón a duras penas lograba discernir bien su propia espada, por mucho que lograra ver en la oscuridad. Sentía su respiración acelerada presa del miedo que por momentos se iba volviendo cada vez más irregular y superficial. Casi pudo notar cómo se le erizaba el vello de la nuca cuando una última gota margó el inicio de un silencio tan sepulcral como aplastante. El olor era... delicioso. Tentador. Irresistible...

Algo gateó en la oscuridad, y el Inquisidor se giró, con la espada por delante, notablemente nervioso. Se sorprendía, y a la vez arrepentía, de que no hubiera ni una sóla luz o antorcha accesible en aquel lugar.  - ¿Quién... quién anda ahí?
... ahí?

... ahí?

... ahí?

... ahí?

El eco murió, ahogado en la profunda oscuridad de las bodegas, las cuales se extendían bajo tierra metros y metros, mucho más de lo que aparentaba la casa, aprovechando una vieja galería natural. El frío húmedo y helador se filtraba bajo la armadura del dragón Inquisidor, haciendo temblar involuntariamente sus miembros, notándose torpe y lento. De nuevo ese sonido, de algo moviéndose en la oscuridad, arañando el suelo con sus... ¿garras? Debía de ser algo grande, por el eco de sus pisadas, por el leve gruñido que vibraba cada vez que las sombras se agitaban. De repente algo empezó a chirriar en la oscuridad, produciendo sonidos metálicos que hacían un estruendoso eco, terrorífico...

Había algo ahí abajo. O alguien.

¡Algo brilló en la oscuridad! Apenas un flash intermitente, deslizándose como una gigantesca serpiente entre las cubas apiladas en filas y columnas. Cerca, muy cerca. No había podido distinguir qué era. Sólo un levísimo destello cobalto en la oscuridad, y lo que hubiera jurado que eran... ¿¿dientes??



- ¡¡E-EH!! ¡¡T-.T-T-T-TÚ!! ¡Seas lo que seas da la cara! - Una risa, cruel, oscura, visceral. Empezó a temblar violentamente, y no precisamente por el frío. - ¡¡P-por orden de Su Majestad la Reina Madre!! ¡¡Te ordeno q-q-que te entregues... a-ahora mismo!! - Chilló, al borde de la histeria. Más estruendos, más arañados en la piedra, más sonidos, más movimiento. Se enroscaba a su alrededor cual boa constrictor alrededor su presa. Se vio atrapado, asustado. El soldado corrió de nuevo hacia la levísima línea de luz que delataba el lugar donde estaba la puerta. Pero cuando intentó abrirla: sorpesa.

Estaba atascada. Tiró y tiró del pomo. Y aquella risa cruel y oscura volvió a resonar, más cerca, más fuerte, más... peligrosa.
El soldado zarandeó más histéricamente su espada en el aire, reculando, reculando, más y más, no sabía hacia dónde. Le daba igual. Sólo quería escapar. Tenía que escapar. - ¡¡¡No te acerques, no te acerques!!! ¡¡TE MATARÉ!!- Gritó. Alzó su arma, golpeó muros, barricas que estallaron derramando el vino, buscando a su perseguidor, hasta que se quedó exhausto en el silencio, jadeando con el vaho saliendo de su boca y su nariz.

De nuevo silencio, roto por un goteo.

Una última gota en la oscuridad.

Y al final: - Boo...

Un grito ahogado en la oscuridad por una escamosa zarpa hundiéndose en su garganta, fue todo lo que se escuchó allí abajo.

* * *

Mientras tanto, Kairsh había accedido con su intachable cortesía a dejar pasar a la comitiva. - Si vuestra merced lo ve conveniente, quisiera saber de qué se me acusa, Inquisidor... - Hizo el noble un ademán con la cabeza, enarcando sutilmente una ceja, instándole a que se presentara. Ya que era un dragón, tenía sus derechos, y entre ellos estaban tanto saber cuál era el delito del que se le imputaba y el nombre de aquel que irrumpía a deshora en su casa. Interiormente, esperaba poder contactar con Thareon por la red del Anciano, pero no le percibió en ella. Se había desconectado, y en esos momentos, no podía saber qué era lo que estaba haciendo. Como fuera, él tenía que cumplir su papel en la - Prepara algo de té para nuestros invitados.
- No será necesar-
- Insisto, Inquisidor. - Kairsh le dedicó una encantadora e intransigente sonrisa, a pesar de la mala cara que le dedicara el otro. Para más inri, el humano elementalista apuntó: - Oh, sí. Mataría por algo caliente ahora mismo. - Y con una ancha sonrisa que no compartió con su superior, se dirigió hacia la cocina con la esclava.

Justo mientras Linnea ponía el agua de la tetera a calentar, un sonido amortiguado, como de un estruendo líquido; hizo eco a través del suelo, especialmente en la cocina. Provocando que el soldado que la acompañaba se tensara y se pusiera de pie de un brinco. - ¿Qué ha sido eso? - Preguntó, visiblemente sorprendido. Linnea ocultó entonces una sonrisa bajo sus largos y oscuros cabellos, y apreció la oportunidad.
- Oh, ignoradlo, mi señor. No es más que el... fantasma de la mansión. - Alegó, mientras buscaba las tazas y la bandeja entre los cajones. Miró al soldado de reojo. - ¿Queréis conocer la historia?


- ¡Psh! No creo en cuentos de viejas, esclava. - Le cortó el otro, volviendo a apoyarse sobre una vieja mesa, intentando no parecer preocupado.
- Sin embargo creeréis esta. - insistió Linnea. El soldado hizo una mueca indiferente. Ya que iban a tener que esperar a que el agua se calentara, Linnea no quería desaprovechar la ocasión. Adoptando esa voz impersonal, ese gesto ido, mientras miraba el fuego, empezó a hablar en voz baja, susurrando: - Dicen que hace siglos, dos hermanos de la familia que antes poseían estas bodegas, antes de Lord Strykos; pelaban entre sí por conseguir la herencia de las bodegas. La leyenda cuenta que el hermano menor asesinó al mayor mientras dormía, y echó su cuerpo en la tina más grande, para que se deshiciera en el vino que allí se fermentaba. Su sangre aderezó el vino con el sabor único que le dio a estas bodegas su gran nombre... Pero su espíritu quedó sediento de venganza. Y mora por la bodega cada noche, buscando recuperar la sangre que su cruel hermano le arrebató a traición. - La tetera empezó a silbar, tapando parcialmente el eco del grito que provino de la bodega. Y Linnea esbozó una de sus poco naturales sonrisas, mirando al hombre: - Oh, mi señor, no os asustéis. Porque sólo son... cuentos de viejas. ¿Verdad?






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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Ezra el Mar 3 Mayo - 23:20

Aceptando la “invitación” del lord, los tres inquisidores restantes que quedaban en el hall principal, accedieron a la casa, siguiendo a su anfitrión a lo que parecía ser una salita de estar. A decir verdad, parecía ser que el dragón no parecía estar especialmente contento con su presencia en el lugar, pero tampoco lo manifestaba de manera abierta. Sin embargo, el hecho de que tuviera que ser el mismo Ezra quien pidiese entrar a su domicilio, hablaba por sí solo. ¿Qué era lo que ocultaba allí dentro el aristócrata? El oficial al mando de la misión frunció el ceño, y enfocó al dragón rojo con sus ambarinos orbes—. Gracias por ofrecernos cobijo del frío, Lord Kairsh. —le agradeció brevemente mientras le dedicaba una protocolaria reverencia, y escuchaba lo que él tenía que decir.

Claro que… lo que le pareció escuchar, lo puso alerta en todos los sentidos—. ¿Acusaros? En ningún momento dije que se os creyese presuntamente culpable de ningún delito, Lord Kairsh… —respondió. Había resbalado con aquellas palabras, porque si para entonces sospechaba ya que algo ocultaba, aquello había terminado por confirmárselo. En la mayoría de casos, quienes se ponían a la defensiva tan pronto, resultaban ser culpables. ¿Sería tal el caso del esclavista? Lo miró con perspicacia, y sonrió de medio lado con cierta satisfacción—. ¿Hay algo que quiera confesar, milord? —preguntó—. La Reina Madre será indulgente si muestra arrepentimiento… —agregó. Aunque en su interior sabía que no sería así.

No obstante, todo fue cortado por una maniobra “cortina de humo” elucubrada por el aristócrata, que pidió a su esclava preparase algo los invitados. No obstante, no entraba en sus planes dejarse distraer por algo así—. No será necesar- —mas no le quedó mayor remedio que el de tragarse sus palabras ante la insistencia de su anfitrión, y uno de sus compañeros, que recibió una mirada de reproche por parte de Ezra. Sea como fuere, aguardó en silencio, y observó cómo el brujo acompañaba a la enigmática sirvienta del dragón rojo, quedando tan solo él mismo y el heartless con el señor de aquellas tierras—. Como le estaba diciendo, si coopera con nosotros, será tenido en consideración a la hora de emitir el veredicto. —prosiguió diciendo en un intento de retomar el tema de conversación.

Así que está en sus manos, milord… —y de repente, un extraño ruido hizo eco en el caserón, captando no solo la atención de Ezra, sino también de su compañero—. ¿Oculta alguna clase de bestia en las mazmorras, lord Kairsh? —porque tal vez fuese por ello que se encontrase tan nervioso; al saberse culpable de adquisición indebida de criaturas exóticas. Así pues, se viró hacia su compañero restante, y le indicó con un gesto que fuese a investigar lo que fuese que escondía el dragón—. Por favor, no me dé motivos para arrestarle, y manténgase al margen… —pidió a su anfitrión en tanto que interponía un brazo entre ambos para evitar, en la medida de lo posible, cualquier intervención por su parte—. Sea inteligente, señor.

***

Entretanto, en la cocina se sucedía una escena completamente diferente ante la que el brujo que acompañaba a la inquisición parecía algo cohibido—. Pamplinas, mujer, eso es lo que son… ¡Pamplinas! —rebatió el brujo mientras se levantaba de su sitio, y se acercaba al fuego con la intención de prepararse el té él mismo. No obstante, se giró hacia Linnea al alcanzar la tetera, y sonrió con suficiencia—. Y si tal espíritu existiese, lo consumiría con el poder de las llamas… —y dicho esto, empezó a realizar diferentes florituras con las manos, provocando que el fuego sobre el que pendía la tetera bailase a sus órdenes—. Esto sí que es real, mujerzuela… muy real… ¿Queréis comprobarlo? Ju, ju, ju. —rio como un maniático, y envió a las llamas a presentarse frente a la morena en forma de lengua; peligrosamente cerca de su rostro—. No os asustéis, esclava.




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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Thareon el Jue 5 Mayo - 22:59

- ¿Acusaros? En ningún momento dije que se os creyese presuntamente culpable de ningún delito, Lord Kairsh…
- Si se tratara de algo banal, una carta sería más que suficiente. El único motivo que se me ocurre para tener aquí a un escuadrón de la Inquisición, es que se haya presentado algún tipo de acusación contra mi persona.
-  ¿Hay algo que quiera confesar, milord?
- Confieso que tengo frío y sueño, y que me gustaría arreglar este entuerto lo antes posible para volver a mis aposentos.
- La Reina Madre será indulgente si muestra arrepentimiento…
- ¿Y de qué supone que debería arrepentirme?

La conversación se sucedía en el piso principal, tirante, distante, danzando de un lado a otro sin llegar a nada concreto. Tal y como el propio Kairsh pretendía. No quería librarse, sino hacerle perder el tiempo al Inquisidor, y por el momento parecía conseguirlo. Incluso con la interrupción de Linnea y el Inquisidor que la siguió para vigilarla. Desconocía el rojo qué estaba tramando el dragón azul. Pero esperaba sinceramente que no se demorase demasiado en sus intenciones.
El Inquisidor acaparó de nuevo la conversación, ya en ausencia de los dos humanos: -  Como le estaba diciendo, si coopera con nosotros, será tenido en consideración a la hora de emitir el veredicto.
- Cooperaré encantado, Inquisidor, cuando tenga a bien decirme su nombre, como si mal no recuerdo le obliga el protocolo al hablarle a un dragón de mi estatus, y me informe del motivo de su presencia aquí, como dicta la ley.

* * *

La puerta de la bodega volvió a abrirse tan sólo para dejar pasar el frío helador, y la trémula luz de la noche derramándose sobre el rastro de sangre sobre el suelo, único vestigio de lo ocurrido allí aquella noche. Para cuando Leviathan abandonó el sótano, el cuerpo del Inquisidor fermentaba silenciosamente en una de las gigantescas tinajas.
Apremiado por el frío, trepó por la pared de ladrillo hasta alcanzar una de las ventanas del piso superior, la cual abrió sin demasiada dificultad al estar sin asegurar. Ya en el interior, la criatura siseó y empezó a arrastrarse lentamente sobre el suelo envuelto en las sombras arrojadas por los pocos candelabros que había encendidos. Alzó sus alas en la penumbra, y las batió allá donde las velas arrojaban luz. Dejando el piso superior sumido en las sombras más intensas, y el viento ululando siniestramente con el frío invernal entrando por la ventana abierta.

El monstruo sonrió, cobijado en la oscuridad. Debía admitir que Kairsh no había perdido su toque irritantemente remilgado a la hora de tratar con los indeseados. Fingir, actuar y pretender habían sido su pan del día durante demasiados años. Interiormente, Thareon se preguntaba vagamente cuál era el motivo que había llevado a la Inquisición hasta Kairsh. Más superficialmente, como Leviathan, le era completamente indiferente. En aquel momento no veía conflictos ni enemigos. Sólo presas. Sus estrategias se orientaban a la caza, casi única y exclusivamente.
Entre dos tablas sueltas logró distinguir vagamente al Lord y al Inquisidor, hablando:

—. ¿Oculta alguna clase de bestia en las mazmorras, lord Kairsh?
- Bodegas. - Le corrigió el noble. - Y no, no moran bestias ni animales desde que el anterior propietario abandonó la casa. Aunque gracias a vos me he percatado de que tendré que reforzar las vallas de mi propiedad, para evitar las que vengan de fuera.
—. Por favor, no me dé motivos para arrestarle, y manténgase al margen… - El tercer soldado había empezado a hacer guardia y a merodear husmeando en el pasillo. - Sea inteligente, señor.
- Eso no será difícil. - Kairsh esbozó una tensa sonrisa.

Había algo... familiar, en aquel hombre. El dragón que hablaba con Kairsh olía de una forma que le traía recuerdos muy difusos y vagos. Gruñó sutilmente, ligeramente molesto por ese olor, pero al mismo tiempo excitado. Sí, le gustaba más ese olor que el de la inquietud del heartless rondador; o que la inquina maquiavélica del hombre que, en aquel preciso instante, atemorizaba a la pobre esclava humana: —. Esto sí que es real, mujerzuela… muy real… ¿Queréis comprobarlo? Ju, ju, ju. — Le escuchó decir. Y supo entonces Leviathan cuál sería su próximo objetivo. — No os asustéis, esclava...

¡ZAS!

Algo de repente había golpeado, con un soberbio latigazo la mano del piromante. Precisamente la mano que sostenía la tetera, la cual soltó tras ser golpeado. La tetera cayó, se rompió y salpicó su hirviente contenido sobre el Inquisidor. — ¡Aaaagh! - Gritó, sorprendido y dolorido por el quemazón sobre su cara y su mano. El agua apagó las llamas y las brasas de la chimenea, única fuente de luz en la cocina, dejando a los dos humanos a oscuras. - ¡Maldita mujer! ¿Cómo osas quemarme? ¡Estoy sangrando! - Alzó el hombre la mano, dispuesto a golpear a la mujer.
- ¿Qué está pasando aquí? - Preguntó el heartless, parpadeando sin distinguir mucho en la oscuridad. Se había visto atraído por el estruendo y el alboroto producido por el incidente.
- ¡Esta vieja loc-! - No acabó la frase. No llegó a asestar el bofetón a la esclava. Porque de repente toda la casa vibró con el sonido de las vigas de madera crujiendo como las entrañas del mismísimo infierno. Los dos hombres se quedaron parados, atónitos, alzando la mirada hacia la oscuridad del techo, como si eso
- Es él... - musitó Linnea, mostrando un temor que no le costó demasiado fingir. - Es... ¡el fantasma!
- ¿¿Fantasma?? - Repitió el heartless, con voz aguda y alterada. Claramente más supersticioso y sugestionable que su compañero.
- ¡No la hagas caso, imbécil! No es más que una histo- Un gruñido reverberó en la oscuridad, mezclándose con los crujidos y los chasquidos. Algo se movía ahí arriba, de un lado a otro, por toda la primera planta. Algo que hizo que el guardia se tragara sus palabras, chiquititas y ahogadas por el pánico creciente: -ria...

* * *

En la entrada de la casa, Kairsh luchó severamente consigo mismo para no dejarse llevar por la impresión. Convencéndose de que el Ironscale estaba abusando bastante de su puesta en escena surrealista. ¿A qué estaba jugando ese inconsciente? ¿Acaso quería que lo encerraran?  Trató de mostrar pasividad al comentar bajo los ruidos: - Las casas viejas pueden ser muy molestas, ¿no creéis?






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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Ezra el Mar 10 Mayo - 14:09

La conversación con el lord no parecía ir a parar a ningún lugar, más por las trabas que el dragón rojo le interponía, que por falta del inquisidor. En cierto modo, parecía como si intentase ganar algo de tiempo, aunque… ¿para qué? Allí tan solo estaban la esclava y él mismo. Nadie podría salvarlos en caso de encontrarlos culpables de los delitos que presuntamente habían cometido. Sea como fuere, tampoco estaban allí para apresarlos, sino únicamente para hacer unas cuantas preguntas al aristócrata, y llevar a cabo una investigación rutinaria. Y si en algo se equivocaba el dragón rojo, era la forma en que ahora se procedía para las investigaciones. Tal vez antaño se emitiese una carta para la correspondiente citación, pero con los tiempos que corrían ahora, ante el riesgo de fuga y demás tejemanejes, la Reina Madre había terminado por decidir enviar a inquisidores con la misiva, en vez de a cuervos aprovechando así también para investigar.

Claro que no se molestó siquiera en hacérselo saber al aristócrata. Llevaba tanto tiempo en aquella bodega, que parecía encontrarse totalmente desconectado de la corte y el mundo real. En lo que sí que tenía razón, era en que debía informarle del motivo de su presencia; aunque aquello ya lo había hecho al inicio. De hecho, todo venía detallado en la orden que le había entregado al comienzo de su conversación. ¿A qué estaba jugando? Poner a prueba su paciencia no es que fuese lo más inteligente precisamente. Sea como fuere siguió el juego del aristócrata hasta que los misteriosos ruidos provenientes de la bodega lo hicieron sospechar. Tal vez fuese el dragón que había enviado a echar un vistazo por la parte trasera del lugar, o quizá algo que escondía Kairsh. Cualquier cosa era probable, aunque se le antojaba extraño no obtener reporte alguno de su compañero; y aquello lo hacía recelar del dragón rojo—. Sí… tal vez debería reforzar la cerca… —le concedió mientras agudizaba el oído.

Dígame lord Kairsh, ¿se ha colado recientemente alguna bestia? —preguntó con cierta suspicacia sin saber lo acertadas que resultaban sus palabras. Llevó una mano a la espada en su cinto, y se paseó por la sala mientras observaba y escuchaba con atención a cualquier posible movimiento y sonido extraño—. Como le dije al inicio de nuestra conversación, el motivo de nuestra visita es el de realizar una inspección rutinaria, e interrogarlo en relación a un caso en el que estamos trabajando. —señaló verbalmente, intentando mantener el motivo de su conversación—. Todo viene detallado en ese documento, el cual ha sido escrito por la mismísima Reina Madre, y también nos autoriza a echar un vistazo por “sus” tierras. —añadió. Claro que aquello ya lo estaban haciendo—. Y, respondiendo a su segunda pregunta, mi nombre es Ezra Longshadow, oficial al mando de esta patrulla y miembro de la inquisición de su majestad. —concluyó diciendo volviéndose de nuevo hacia Kairsh.

Y cuando iba a retomar la palabra, el heartless irrumpió en la escena cuasi abalanzándose sobre un confundido Ezra—. ¡Señor! ¡Un fantasma, señor! ¡La casa está embrujada! —exclamó mientras lo tomaba por ambos brazos y lo zarandeaba totalmente exaltado. Por su parte, el dragón se limitó a poner distancia entre ambos y deshacerse del agarre—. ¿Pero qué…? ¿Qué haces, soldado? —le preguntó—. Cálmate y habla. ¿Qué es lo que ocurre? —instó. Pero el hombre parecía todavía un tanto sugestionado por la historia que medio había escuchado de camino a la cocina, y siquiera parecía dispuesto a moverse del sitio. Entonces, llegaron las palabras del lord a sus oídos, y aquello ya fue la gota que colmó el vaso—. ¡Basta! —ordenó refiriéndose al soldado—. Los fantasmas no existen, y si lo hicieran, no tendrían nada que hacer contra ti. La Reina Madre en persona nos bendijo a nosotros y nuestra misión. —añadió.

Ahora, haz acopio de todo tu coraje, e inspecciona el piso de arriba. Sea lo que sea que se oculta ahí… tráelo, ya sea vivo o muerto. —le dio un par de palmaditas en el hombro para inspirarle valor, y acto seguido desenfundó la espada volviéndose hacia el dragón rojo—. No sé lo que trama, lord Kairsh, pero sea lo que sea termina aquí y ahora. —alzó el arma en dirección al aristócrata y entrecerró los ojos de manera amenazante—. Última oportunidad. ¿Hay algo que quiera confesar?




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Re: "Los fantasmas no existen" (Ezra) [+18]

Mensaje por Thareon el Lun 23 Mayo - 0:07

Dígame lord Kairsh, ¿se ha colado recientemente alguna bestia? — había preguntado el Inquisidor. Kairsh se había encogido de hombros mostrando una indiferencia que no sentía. - Algunos perros salvajes, empujados por el frío y la necesidad de refugio. Pero no creo que eso venga al caso que nos ocupa... - Alegó, tratando de volver al asunto de interés, y de desviar la atención de lo que fuera que estuviera haciendo Thareon. El no saberlo le incomodaba, pero el sospecharlo, estaba empezando a preocuparle de verdad. Hasta el punto de empezar a sentir temor por lo que iba a pasar. Si bien, lo ocultó con una maestría encomiable.
- Como le dije al inicio de nuestra conversación, el motivo de nuestra visita es el de realizar una inspección rutinaria, e interrogarlo en relación a un caso en el que estamos trabajando. — Kairsh cogió el documentó, y paseó sus irses rojos sobre las letras, vagamente, lo justo para entender el motivo de su visita. Y al entenderlo, tuvo que controlarse para no palidecer. Contrariamente a lo que pensaba, no iban a por Thareon. Aquella estúpida y extraña situación tenía que ver con Strykos y Marykos, que le habían denunciado por la supuestamente ilegal partida de cartas que le habían costado sus tierras. — Todo viene detallado en ese documento, el cual ha sido escrito por la mismísima Reina Madre, y también nos autoriza a echar un vistazo por “sus” tierras. — El oficial hablaba, pero Kairsh no le escuchaba. Acababa de darse cuenta de que habían cometido un error, y de que la pantomima de Thareon estaba yendo demasiado lejos sin motivo. — Y, respondiendo a su segunda pregunta, mi nombre es Ezra Longshadow, oficial al mando de esta patrulla y miembro de la inquisición de su majestad.
Justo en ese momento, el otro inquisidor entró corriendo con cara de espanto en la sala. - ¡Señor! ¡Un fantasma, señor! ¡La casa está embrujada!

Tanto Kairsh como Ezra le dedicaron la misma mirada de desconcierto al soldado. Probablemente la del oficial superase a la del noble, cuando el soldado casi se le abrazó, motivado por el miedo. Pero aún así Kairsh no pudo evitar repetir mentalmente lleno de sorpresa: "¿¿Fantasma??". - ¿Pero qué…? ¿Qué haces, soldado? — El hombre desafiado estaba de los nervios. Seguramente no llevaba demasiado tiempo sin corazón, por su reacción. Lo cual hacía que si miedo seguramente se viera identificado. ¿Eso era lo que pretendía Ironscale, sólo asustarlos? No. Quería pensar que sí, pero... su instinto le decía que no iba a detenerse ahí. "Thareon, ¿a qué demonios estás jugando?", masculló mentalmente. Le hubiera gustado conectarse a la red del Anciano y pedirle de inmediato que se detuviera. Pero se reconoció a sí mismo que, desgraciadamente, ya era tarde para dar marcha atrás. Y desconectarse de la red de Su Majestad hubiera dejado en evidencia sus intenciones. Habían empezado algo que ya no podían parar. —. Cálmate y habla. ¿Qué es lo que ocurre?
- La mujer... La historia del fantasma. - ¿Linnea había tenido algo que ver? Kairsh se llevó una mano a la sien, notando que empezaba a dolerle la cabeza. - ¡El hermano mayor viene a por nuestra sangre! ¡Va a...!
—. ¡Basta! — La orden del Inquisidor pareció cortar tajantemente cualquier duda e histerismo. Kairsh casi se lo agradeció interiormente. —Los fantasmas no existen, y si lo hicieran, no tendrían nada que hacer contra ti. La Reina Madre en persona nos bendijo a nosotros y nuestra misión. — El noble reprimió una carcajada irónica. —Ahora, haz acopio de todo tu coraje, e inspecciona el piso de arriba. Sea lo que sea que se oculta ahí… tráelo, ya sea vivo o muerto. — Y el hombre asintió, nerviosamente, se aferró a su arma como si le fuera la vida en ello, y empezó a ascender los escalones a oscuras. Temblaba tanto que el noble pudo oír el tintineo de su armadura. Tuvo la certeza casi inmediata de que aquel pobre diablo iba a morir, en cuanto le perdió de vista en el piso de arriba.

No obstante, al verse apuntado súbitamente por la espada de Ezra, Kairsh pensó que tenía asuntos más importantes de los que preocuaprse. Como su propio cuello. No sé lo que trama, lord Kairsh, pero sea lo que sea termina aquí y ahora. — El noble no dijo nada. Sencillamente sostuvo su mirada con aquellos irises color sangre —. Última oportunidad. ¿Hay algo que quiera confesar?


¡ZUF! Un sonido de algo grande agitando el aire sobre sus cabezas. Una brisa violenta, y acto seguido, oscuridad. Lo único que los dragones podrían vislumbrar en la oscuridad, sería un destello azulado saltando de la viga superior del techo, a la balconada de la escalera que ascendía al piso superior. Kairsh retrocedió inconscientemente un paso. No le cupo duda de que ese había sido Thareon, pues aquel azul para él era inconfundible. Pero... no parecía Thareon. Parecía... otra cosa. Otro... ser.
Kairsh no había visto nunca a Thareon como Leviathan. De hecho, cuando su rumor se extendió por el pasillo, ni él ni la esclava se encontraban ya en él para confirmarlo. De modo que, en aquel momento, el rostro del dragón rojo reflejaba perfectamente y sin ningún tipo de interpretación; la misma incertidumbre y nerviosismo que mostraba el propio Ezra. Su expresión reflejaba claramente que aquella situación se había escapado totalmente de su control. Sin embargo, y por desgracia, entendió en ese mismísimo momento cómo iba a terminar aquello. Y con una mirada lánguida, casi lastimera, observó al Inquisidor, que aún sostenía su espada, a través de la negra oscuridad. Y con voz ronca, dijo:

- Confieso que no esperaba que esto fuera a terminar así, Inquisidor.

* * *

La repentina oscuridad acababa de ponerle los pelos de punta al soldado. Todas las paredes de la casa seguían crujiendo y rechinando como almas atormentadas en el mismísimo Infierno. Y el mismísimo diablo parecía estar respirando de fondo. El heartless había invocado una llama en su mano, tratando de arrojar luz sobre las sombras que ahora le envolvían. Pero sólo logró proyectar aún más sombras, danzantes bajo la llama titilante. Tragó saliva, tenso como un palo, sintiendo que se le secaba la garganta y que el sudor, gélido, se deslizaba por su nuca. - L-l-los... los fantasmas... n-no existen... Los... Los fantasmas no... existen... - Se repetía, susurrando, tratando de mantener las palabras de su superior en su mente a toda cosa. De infundirse así valor a sí mismo, a medida que avanzaba, despacio y semiencogido. - E-estoy... bendecido por... su Majestad... Los fantasmas no... - ¡BLAM! La ventana del final del pasillo se abrió de golpe, arrancándole un grito ahogado y un salto al Inquisidor. Seguramente, de haber tenido corazón, lo habría perdido de un infarto en ese momento. Pero se reprimió a sí mismo al escuchar el ulular del viento sumándose a la lista de sonidos siniestros que se habían ido apoderando de casa minuto a minuto. Su interior deseaba poder irse de allí, salir corriendo, retirarse a toda costa. Pero tenía una orden. Tenía que cumplir esa orden. ¿¿Algo se había movido a su derecha?? No, sólo había sido una sombra. ¿¿¿Y ESO??? Ah, no, otra sombra. La cortina se mecía con el viento. Otra sombra escabulléndose detrás de él. Un reflejo azul bajo la llama. - Los fantasmas... no existen... Los fantasmas no existen... ¡Los fantasmas no existen!
- ... Pero lossss monstruos sssssí...

* * *


Un grito desesperado dejó helados a los presentes en el recibidor, y atrajo al otro inquisidor arrastrando a Linnea consigo, la cual portaba una sartén como si eso la fuera a proteger de los Dioses-sabían-qué. - ¿¿Qué demonios está pasand-?? - ¡PRRFG! Algo cayó por encima de la barandilla superior, y se estrelló contra el suelo. Algo que salpicó, en mayor o menor medida, un líquido oscuro, pegajoso y cálido sobre los presentes. El olor inconfundible de la sangre impregnó el aire. Y el humano soltó a la esclava, la cual corrió a esconderse detrás de Kairsh; para invocar con su mano sana una llama e iluminar un cuerpo partido en dos, violentamente rasgado por la mitad. Contemplaba el torso superior de su compañero, mutilado, con esa cara de terror, desfigurando sus facciones de forma perenne. El elementalista dio un paso atrás, resbaló debido al charco de sangre densa que se había formado bajo los restos de su compañero, y cayó al suelo de culo. - ¡Oh...! ¡MIERDA! - La llama de su mano se apagó, pero con todo no pudo dejar de recular hacia atrás, buscando a su superior con la mirada. De forma que no avistó la cola espinosa y reptante que descendió por su derecha, y se acercó silenciosamente a su cuello. - ¡... Por la Reina Madre! ¡¡Señ-!! ¡¡UAAAAAAH! - Ezra probablemente si lo vio... demasiado tarde.

De hecho, los tres únicos supervivientes pudieron observar a la criatura, en plena oscuridad, apenas visible con las alas semiplegadas. Aferrada a la viga principal del techo, mientras su cola se cerraba en torno al cuello desprotegido del Inquisidor, con la fuerza de una boa constrictora, rompiéndole las vértebras con un desgradable chasquido. El elementalista se agitó, incapaz de invocar a los elementos para protegerse, perdiendo la vida por los ojos, tornándose súbitamente vacíos. La cola dio un latigazo, y estrelló el cuerpo sangrientamente contra una pared. Los ojos azules refulgieron en la oscuridad, una hilera de dientes acompañó un siseante gruñido, las alas se abrieron amenazadoramente. El monstruo dejaba ver su silueta, con sus ojos deseosos de sangre, clavados en el último que quedaba. Kairsh estaba asustado, no mediaba palabra, y observaba a aquella criatura como si estuviera en una pesadilla de la que deseara desesperadamente despertar. Preguntándose cómo el dragón que él había conocido había podido convertirse en semejante... cosa.

El ser se agazapó, dispuesto a saltar letalmente sobre su última presa. Dando así punto y final a su cacería, asegurándose de que su secreto moría con el último Inquisidor. Se deleitaría con su sangre, con su carne... Sí. Lo destrozaría, no dejaría de él ni los rastros. Ni de sus compañeros.
Mas en medio de aquel turbulento y dantesco momento, un sonido metálico rompió el silencio, cuando la sartén de Linnea se estrelló contra la cabeza del oficial. Poniendo un inesperado punto y final a la cacería de Leviathan.






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