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Like a Child [Priv. Megerah]

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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Vie Abr 15 2016, 22:00

La rubia recibió a la albina, con cierta sorpresa, entre sus brazos. Ese instinto apaciguador la instó a cerrar ese abrazo, con lentas caricias en la espalda de la temblorosa mujer-. Sssshhhh… -emitió sin perder delicadeza, dejando caer los párpados un momento, una vez habiendo apoyado su mejilla sobre la plateada melena de Lyvana. Pasó saliva sin detener el lento movimiento de sus manos sobre el cuerpo contrario. Volvió a abrir sus azules para encontrarse con la silueta de Thareon, acuclillada a una distancia prudencial, expectante, al mismo tiempo que la herborista exclamaba, afirmando que aquel hombre no era quien le estaban diciendo. La rubia sonrió al dragón, tildando su mirada con tremenda complicidad y comprensión-. Él... -Thareon. Leviathan. Ambos-. No os hará más daño. No dejaré que eso pase… -le aseguró. No necesitaba de promesas, pues Megerah conocía en qué punto estaba el dragón ahora. Pero, Lyvana no. Presionó su abrazo, llegando a ¿mimarla? Algo para nada propio de la rubia.

Ese atisbo de sonrisa en el rostro de Thareon le hizo enarcar una de sus doradas cejas. Erah se pensó qué hacer. Seguramente un par de caricias y tres frases susurradas no serían suficientes contra todos esos meses de soledad, en la que había nadado Lyvana, madurando sus propios monstruos que podían tener los mismos rostros que las personas que estaban ahora mismo con ella. Subió una de sus manos para posarla sobre la cabeza de la albina. << ¿Se te ocurre algo más que pueda añadir? Lyvana no deja de tener razón... >>, pronunció mentalmente, queriendo mantener a Lyvana ajena a esa conversación. Megerah tenía la intuición de que, si la asustada muchacha oía de nuevo la grave voz de Thareon, volvería a darle un ataque de histeria. << Y me acabo de quedar oficialmente sin ideas… >>, terminó por admitir, con cierta frustración por esa actitud -más que justificada- de Lyvana y la aparente incapacidad de la rubia por hacerla ver que no mentía. Que estaba a salvo. Que podía confiar en ella. Pero claro, Megerah ignoraba en qué punto tenía la balanza de su confianza a favor… o en contra.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Lun Abr 18 2016, 01:04

"Empieza por dejar de tratarla de vos. Cuanto más cercana te muestres con ella, mejor", apuntó Thareon, sin tener por el momento nada mejor que añadir a la petición de la rubia. Se sentía tanto o más frustrado que ella. Y sabiéndose el foco de aquel ataque de ansiedad por parte de Lyvana, más estrecho aún se volvía su abanico de opciones. Obviamente el no acercarse y el no mentar nada de la situación que estaba poniendo histérica a la albina, eran dos obviedades que por el momento estaba respetando... No, que más bien planeaba respetar hasta que ella misma fuera la que quisiera entablar tal contacto. "Durante el intento de Aengus para debilitar las barreras psicológicas de Leviathan, Lyvana tuvo que enfrentarse sola a las mentiras de Leviathan, y al terror que éste le provocaba. Y no logró que eso me trajera de vuelta. Diría que se siente demasiado culpable, por eso, y por considerarse la responsable de mi caída en esa espiral". Empero, seguía sin tener idea de cómo convencerla de lo contrario.

Para Thareon, Lyvana era ahora un animalillo que se pensaba acorralado, a punto de ser devorado por el peor de los depredadores. Sensación de la que no podía culparla: las últimas veces en las que la muchacha le había visto, justo eso era lo que él le había transmitido. Lo que le había jurado hacer: matarla y alimentarse de sus entrañas. De la misma manera en al que ella le había visto hacer de aquella pobre mujer, a la que se estaba comiendo mientras ella seguía aún viva.
El cómo podía sacarla de ese estado, dado que ella extrapolaba su experiencia con Leviathan también a su forma humana, iba a ser una cuestión difícil de resolver. Tampoco podían esperar eternamente a que lograra sentirse segura entre los brazos de Megerah, en algún momento la rubia iba a tener que romper el contacto. Podría resultar entretenida la idea de que ella tuviera a Lyvana las 24 horas pegada a ella, como un pollito siguiendo a su mamá. Seguramente se podría denominar tierno. De no ser porque ni Megerah ni Thareon estaban en aquel momento en una situación que permitiera una terapia de recuperación a largo plazo.
Necesitaban algo más inmediato.

Inspirando hondo, el dragón terminó por sentarse de piernas cruzadas sobre el suelo de la cabaña. Y cerró los ojos, pensativo en el silencio.






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Lun Abr 18 2016, 01:55

Esos brazos rodeándola de forma consoladora. Esa calidez que la envolvía… Lo había sentido una vez, hace mucho, mucho tiempo… ¡y no es que fuera tan vieja! Pero así era como se sentía. Las palmadas en la espalda era reconfortantes, y la voz de Megerah, junto a la suavidad de su pecho era casi arrulladora. Todo el cansancio, todas las emociones vertidas, se la vino encima con una extrema sensación de agotamiento. Cerró los ojos, aún húmedos de las lágrimas vertidas y se acurrucó contra la rubia. ―Madre… ― susurró, aferrándose con fuerza a Megerah. ―Te echaba de menos, madre… ―para Lyvana, que ya tenía la mente más dormida que despierta, esos brazos que la envolvían no podían ser otros que los de su fallecida madre, que acudía ahora a ella, en ese momento de terror absoluto para salvarla y tranquilizarla, para que pudiera conciliar un tranquilo y reparador sueño, en el que estaría a salvo de todo…

Pero faltaba alguien… alguien más tenía que abrazarla… soltó una mano del agarre del Megerah, mientras extendía débilmente una mano en el aire y el resto de su cuerpo se sumía en un sueño ansiado y casi desesperado.


― Padre… ―
llamó, con sus níveos dedos moviéndose a duras penas.

― ¿Dónde est-…? ― la cabeza de la albina cayó finalmente, quedándose profundamente dormida en esa postura, contra el cuerpo de Megerah y una mano que finalmente caía al suelo… apuntando a Thareon.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Miér Abr 20 2016, 19:19

Megerah asintió con levedad ante el pequeño apunte del dragón. Le costaba comenzar a tutear a los demás, a menos que tuviera confianza con ellos. De hecho, sólo lo hacía con dos personas. Pero el dragón no dejaba de tener razón. Escuchó esa explicación mental, llegando a entender ligeramente esa sensación que tenía la albina, pues Erah también se había enfrentado a Leviathan en varias ocasiones, latigándola psicológicamente, clamando a esa culpabilidad por haber consentido que Moloch hiciera tal atrocidad con el dragón azul. No obstante, Megerah quiso poner remedio. Cosa que Lyvana no había conseguido. El murmullo de ésta la sorprendió, abriendo más los ojos, sin dejar de mirar al dragón. Vale, a la albina se le había ido definitivamente la olla. << ¿En serio quieres que deje de tratarla de vos? ¿Cómo me llamara entonces? >>, replicó con demasiada diversión repentina brillando en sus azules, como para que Thareon se la tomara en serio. Sin contar con que, en ese estado tan alterado y confusión de realidades, Lyvana ya se culminó terminando de tergiversar los papeles, siendo Thareon el afortunado esta vez. Megerah no pudo reprimir una risa suave, por lo ridículo de la situación. ¿Ellos? ¿Padres de Lyvana? Es más, ¿padres? La sola idea se le podía antojar remota… aunque no le disgustara.

Pero no era momento de darle vueltas a aquello.

Con un quedo suspiro, Megerah se animó a romper el silencio, ahora que Lyvana parecía dormir, extenuada por la intensidad de la situación.Todo rastro de diversión desapareció de su mirada aunque tenía que reconocer que Lyvana, a la hora de resultar divertida para la rubia, se llevaba la palma-. Será mejor que la lleve a la cama para que descanse un poco. -murmuró justo antes de moverla con suavidad para poder alzarla en brazos y llevarle al lecho que compartía con Thareon cada noche. No llegó a pedir ayuda al dragón, pues Megerah ya había conseguido manejarse pese a la minusvalía que arrastraba en su brazo izquierdo. Con pericia y perseverancia dejó a la albina en la cama. Contrastaba demasiado la tranquilidad con la que ahora dormía, frente a la histeria de hacía unos momentos. La rubia dejó escapar el aire con parsimonia, antes de mirar de soslayo a Thareon y acercarse a él sin pensárselo mucho-. He conseguido atrapar un par de animales antes de encontrarme con ella. -murmuró, acuclillándose a su lado, dejando una suave caricia en su nuca mientras le sonreía-. Si me das un rato, puedo intentar mejorar esa sopa que estabas dispuesto a tomarte cuando llegamos. -habló despacio y con tranquilidad. No tardaría mucho, Thareon lo agradecería y luego podría volver con la albina y velar por su sueño hasta que despertara. Sus cejas se alzaron sutilmente, antes de que Erah hablara de nuevo:- ¿Estás bien? -preguntó a sabiendas que aquel rechazo de Lyvana le había afectado. Aunque la rubia no supiese cuánto.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Jue Abr 21 2016, 19:24

Aunque desde luego la situación no era como para tomársela a risa, Thareon no pudo evitar una sonrisa divertida ante el comentario mental de la rubia. De hecho, se llevó la mano a la cara, pasándose los dedos por la barba en un mal intento para disimularla. Y dirigiéndole la divertida mirada azul topacio a la mujer, le respondió mentalmente: "Creo que "madre" no te queda tan mal".

La reacción, infantil e ida, de Lyvana en aquel momento, no obstante, hizo que recuperase su atención sobre la muchacha. La observó con gesto preocupado mientras ella estiraba el brazo hacia él. Thareon alzó la mano por acto reflejo, pero no llegó a rozar la de la albina. Ésta cayó inconsciente antes de que él pudiera cogerla. Thareon suspiró con cierto abatimiento. No podía decir que encontrase el mismo chiste interno que Megerah ante el hecho de que le hubiera llamado "padre". Con su experiencia personal en el tema, el dragón azul bien podía jurar que la muchacha estaba sufriendo algún tipo de regresión psicológica.

Megerah propuso entonces acostarla, y Thareon asintió en conformidad. Se puso en pie con la intención clara de ayudarla a llevarla al lecho, pero ella misma demostró la clara intención de hacerlo por sí misma. El dragón no insistió, sabía que la ex-desafiada tenía fuerza de sobra para llevarla, y además, Lyvana no suponía precisamente un peso excesivo.

- Estaré bien. No esperaba verla de nuevo, y menos aquí. - Reconoció el dragón con una sonrisa que no llegó a iluminar sus ojos. - No todo el mundo tiene el valor que tú tienes para enfrentarse a lo que soy. - Posó sus ojos en Megerah, sintiendo la mano de la mujer sobre su nuca. Negó con la cabeza, intentando quitarle importancia al asunto, aunque era bastante evidente que no le gustaba el haberle provocado a Lyvana semejante reacción, si bien era verdad que tampoco podía evitarla. Por el momento, tener paciencia era el único plan que se le ocurría. Asintió de nuevo, cuando Megerah mencionó lo de enriquecer la sopa, y le sonrió tiernamente al decir: - Ve, si quieres. Yo velaré por ella mientras tanto. - El dragón se inclinó hacia delante justo para depositar un beso en la comisura de sus labios, y se dirigió hacia la cama ubicada al otro lado de la habitación. No sin antes echarse una manta gruesa sobre los hombros. Mal que le pesara, aquel era el lado más frío de la cabaña, y siendo un dragón, el contraste era para él bastante más fuerte.
Se sentó en una banqueta baja junto a la peliblanca, que había recuperado la beatífica expresión que él en ella recordaba. Y ahí sí, decidió tomar entre sus ásperas manos la de ella. Tan pequeña, fría y frágil. La mano de la voluntariosa y torpe herbolaria, a la que había salvado de tres acosadores aquel día, en las calles, armado tan sólo con un saco de patatas. ¡Qué lejana le parecía ahora aquella época! Como si hubiera pasado una eternidad...

Siendo honesto consigo mismo, Thareon no sabía bien qué hacer. Estaba casi seguro de que, si Lyvana había llamado a su madre y a su padre en su delirio, no era por casualidad. Por lo que podía recordar, ella le había contado en una ocasión que fue su abuela quien la crió. Así que, técnicamente, apenas había conocido a sus padres. Y nunca había tenido una figura paterna en la que apoyarse. Entonces, ¿y si él fuera esa figura? Si él fuera padre, y ella su hija... ¿qué podría hacer para ayudarla? Pocas cosas se le ocurrían. Salvo... quizá... solo quizá...

- Lay down your head... and I'll sing you a lullaby... Back to the years... of loo-li lai-lay... - Canturreó con su voz grave y reverberante, casi más susurrando que cantando. - And I'll sing you to sleep... and I'll sing you tomorrow... Bless you with love... for the road that you go...

May you sail fair to the far fields of fortune
With diamonds and pearls at your head and your feet
And may you need never to banish misfortune
May you find kindness in all that you meet

May there always be angels to watch over you
To guide you each step of the way
To guard you and keep you safe from all harm
Loo-li, loo-li, lai-lay

May you bring love and may you bring happiness
Be loved in return to the end of your days
Now fall off to sleep, I'm not meaning to keep you
I'll just sit for a while and sing loo-li, lai-lay

May there always be angels to watch over you
To guide you each step of the way
To guard you and keep you safe from all harm
Loo-li, loo-li, lai-lay

Loo-li, loo-li, lai-lay...






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Dom Abr 24 2016, 02:09


― ¿Mamá? ¿Adónde vamos? ― la preguntaba una y otra vez. Pero su madre estaba asustada. Su delicado y juvenil rostro miraba a su alrededor, temiendo cada sombra, cada ruido… Y Lyvana quería animarla, quería abrazarla y decirla que no pasaba nada, que papá pronto llegaría y las abrazaría con sus fuertes brazos, para hacer cosquillas con su barba a su hija, bajo la amorosa mirada de su esposa. Pero su madre no había esperado a su padre… ― ¿Dónde está papá? ― preguntó, aferrándose al vestido de su madre mientras ésta tiraba gentilmente, pero con urgencia, de ella.

Su madre bajó la mirada para observarla durante un momento. Sus ojos azules estaban enmarcados con las lágrimas y había tantas emociones brillando a través de ellos que la joven Lyvana, de tan solo 6 años, no podía ni siquiera descifrar. ¿Estaba triste? Entonces, ¿por qué sonreía? La mandó callar con suavidad, posando un dedo sobre sus labios, pero la calle estaba en silencio y no parecía haber nadie cerca. ¿Quién podía escucharlas? ¿A quién podían molestar? Lyvana no lo entendía, pero mientras siguiera con su madre, todo iría bien.

Llegaron tras muchas vueltas a una pequeña casa de dos plantas. Lyv ya la conocía: era inconfundible con sus macetas y el suave olor que desprendían algunas flores allí expuestas. Era la casa de Eve, la anciana herbolaria, amiga de sus padres, pero muy gruñona con ella. ¡No solía tener piedad con la niña, cuando se ponía enferma o se quemaba al sol por su blanca piel, y aplicaba sus apestosos remedios!

De repente, la escena osciló de forma rápida y confusa. Su madre la instó a quedarse con Eve hasta que ella y su padre volvieran a por ella. Escondida, en silencio… evitando las patrullas del castillo. Y Lyv esperó… y esperó… pero no volvían…

La negrura la rodeó…

Algo se movía entre las sombras… una figura no humana… sus ojos brillaban de un intenso azul, crueles y hambrientos…

La niña se encogió y se abrazó a sí misma. ¿Dónde estaba su madre? ¡La había abrazado antes…! Pero… se fue. ¡Se había ido! ¿Y su padre? ¿Dónde estaba? ¿¡Dónde?!

― Tengo miedo, mami… papi… ― gimoteó en la oscuridad, sola…

La criatura de ojos azules soltó un siseo muy cerca de su oído y la asustada niña se levantó, para salir corriendo despavorida, llamando a sus padres. ― ¡Tengo miedo, mami! ¡Papi! ¡No quiero estar sola! ¡No me dejéis sola! ¡Ya no lo aguanto! N-No soy tan fuerte… ― lloró la pequeña, sin entender muy bien lo que estaba diciendo… pero sentía todas y cada una de esas palabras. En su precipitada carrera cayó al suelo, pero…



… una cálida y gran mano sostenía la suya. Tan grande y tan cálida, que solo podía ser de…

― ¿Padre…? ― alzó la vista, pero una súbita luz la cegó. Había una figura humana delante de ella que se recortaba contra la luz, alejando esa oscuridad, ese miedo… y a la bestia de ojos azules. Era la que la tendía la mano… la que la sostenía y daba fuerzas a la niña… no, niña no. Una Lyv ya adulta se levantó… hacía esa luz… porque oía una voz, profunda y grave, que entonaba una suave canción.

Aferró con fuerza esa mano… si era su padre… no le dejaría irse, no, no de nuevo.

Lyv abrió lentamente los ojos, hinchados y enrojecidos por el llanto…

La canción seguía sonando, suave y arrulladora… como si aún continuara en el sueño. Como si no se hubiese despertado…

Y el dueño de dicha voz poseía esos ojos que tanto temía… pero que tanto había amado, la mayor parte del tiempo sin saberlo. Y se quedó quieta, recostada. Apenas se oía el sonido de su respiración, como si lo estuviera conteniendo a fin de que su sonido nervioso no interrumpiera tan bella y sentida melodía… una melodía que traspasaba todos sus miedos, todas sus dudas, y se clavaba directamente en su corazón…

Fue entonces cuando vio de repente a Thareon sentado a su lado, sosteniendo su mano. Ya no era Leviathan, no. Era Thareon. Leviathan no podía entonar tan bellas palabras, cargadas de amor y tristeza, no podía envolver con sus manos la nívea extremidad de la albina, como si fuera un delicado objeto de porcelana lo que sostenía… No… ese no era Leviathan.

Era Thareon… Thareon…

La última palabra marcó el fin de la melodía, Y Lyv sentía como nuevas lágrimas se iban formando en sus ojos… pero ya no de miedo, no…

Lentamente, dubitativa en un principio… alzó tímidamente su otra mano. Sus dedos se dirigieron al rostro de Thareon, y si bien su mano temblaba, alcanzó a rozar el rostro del dragón, recorriendo con la punta de sus dedos las marcas de su tatuaje…

― Thareon… ― lo llamó al fin, con un hilo de voz. ―L-Lo siento… tanto...― gimió, escondiendo su rostro contra la almohada.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Miér Abr 27 2016, 19:02

Megerah sintió inesperadamente un leve rubor en sus mejillas por aquel comentario que el dragón proyectó en su mente. Madre. No le desagradaba en absoluto, mas lo veía como algo demasiado remoto dadas las circunstancias. No dijo palabra, ni hizo gesto alguno. Simplemente, se quedó mirando a Thareon con devoción durante lo que quiso ser un segundo eterno.

Una vez dejó a Lyvana en la cama y se acercó al dragón, escuchando su respuesta-. Bueno, no todo el mundo te quiere como yo. -sentenció con una ceja enarcada y la mejor de sus sonrisas, en su afán por calmar esa inquietud que la inesperada visita de Lyvana y posterior reacción suya le habían provocado-. Está bien. -murmuró tras ese suave beso, ante la sugerencia del dragón. Lo dejó acercarse a la muchacha inconsciente mientras ella, por su lado, se iba hacia el caldero con ese pequeño zurrón que llevaba, donde había guardado los pequeños animales que había atrapado.

Se sentó en el taburete con tranquilidad, volviendo a acercar la olla al crepitante fuego que intentaba repartir calor por toda la estancia. Se dispuso a desollar lo cazado cuando escuchó la profunda voz de Thareon arrastrando una dulce nana. Sus labios se curvaron con un deje tierno ante esa melodía tan tranquila que entonaba el dragón. Sus manos se detuvieron por un momento y sus párpados cayeron, dejando toda la atención a sus oídos, fanáticos empedernidos de aquel sonido. Sin embargo, un pequeño cambio en la tonada, ligero, nimio, le devolvió la concentración en lo que estaba haciendo. Y hasta alcanzó a echar parte de la carne al insípido caldo, antes de que Thareon terminara la canción.

Oyó entonces la voz de la albina, compungida y temblorosa. Pero no se movió de su sitio. No quería. Sabía que Thareon y Lyvana se conocían de antes y tenía la respetuosa intención de dejarles ese pequeño momento de intimidad para que la albina se diera cuenta de que aquel dragón era Thareon y no Leviathan. Al menos, en aquel claro momento. Necesitaban un momento a solas que Erah estaba más que dispuesta a darles.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Vie Abr 29 2016, 23:28

La segunda mano, grande y áspera, pero no menos exenta de ternura; tomó suavemente el rostro que la albina se afanaba por esconder en la almohada. Y con delicadeza, la instó a sacar su mirada violácea de aquel escondite. - Shhh... Mírame, niña blanca. - Thareon sonrió, al recordar aquel nombre con el que le llamó el primer día que se conocieron. Cuando ni siquiera sabía quién era, o qué hacía en aquel lugar. Cuando ninguno de los dos sabía nada del otro. Ni lo que les quedaba por vivir.

Inspirando profundamente, Thareon le dirigió una profunda y sentida mirada azul topacio a la albina. No se arrepentía de lo que no podía arreglar. Pero sí estaba dispuesto a no dejar que la muchacha terminara así: consumida por el terror... y por la culpa. Así, con un movimiento rápido para impedir cualquier tipo de resistencia por su parte; Thareon la tomó por un hombro para incorporarla parcialmente en la cama y atraerla hacia sí. Acto seguido la envolvió entre sus musculosos y cálidos brazos, y la mana que llevaba puesta encima resbaló un poco a causa del repentino movimiento.
No la dejó hablar. No la dejó pensar. Su voz grave y reverberante era lo único que quería que percibiera en ese momento. - No fue culpa tuya. Nada de lo que ocurrió. Ni lo que viste. - La culpa de lo que le había ocurrido, había sido de Moloch. Y de él mismo, de su miseria, que le había arrastrado a convertirse en Leviathan. Moloch y Leviathan... las dos pesadillas de la muchacha de piel y pelo níveos. Dos pesadillas que, gracias a los dioses, habían terminado: - Ya no quedan monstruos que puedan hacerte daño, te lo prometo. - Le susurró, afianzando un poco más el abrazo, pero sin encerrarla. Si lo deseaba, podía apartarse de él. Podía cortar el contacto si quería, él no iba a negárselo ni a forcejear. Pero sentía que necesitaba otorgarle a la muchacha un lugar seguro en su corazón, y no se le ocurría una forma mejor de demostrárselo. Ni de decirle: - Perdóname... por todo el dolor que te haya podido causar... Lyv.






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Lun Mayo 09 2016, 23:44

Una mano acudió a buscar el rostro que Lyvana se afanaba en esconder en la mullida superficie de la almohada. Era una mano fuerte, cálida y áspera. Era un toque familiar que había sentido meses atrás, en lo más profundo de su memoria… entre sus recuerdos más preciados. Y como si Thareon estuviera leyendo sus pensamientos, la llamó por el nombre que la diera en ese día en el que el destino de ambos se cruzó de una forma que ninguno de ellos podía imaginar. Pero no fue su mano lo que la atrapó, ni los recuerdos, no. Lo que atrapó sus ojos llorosos y enrojecidos fue la mirada del dragón. ¿Cómo podría definirlos ahora? Era los del antiguo Thareon, pero a la vez… había una nueva luz brillando en ellos. Y eso no les restaba belleza, al contrario, les cargaba de un matiz único. Lyvana se sintió en parte apabullada por esa mirada, pues expresaba una fuerza y una madurez que la albina sentía que jamás tendría. “Realmente soy una niña, tal y como él me llama…” pensó fugazmente, antes de verse sobresaltaba por una acción no esperada. ¡Un abrazo! ¡La estaba abrazando!

La albina se quedó completamente congelada, tiesa. No estaba en pánico. Al menos, no la dio tiempo. Thareon así no lo quiso cuando su profunda voz penetró en la mente de Lyv, en la que estaban empezando a saltar todas las alarmas. ¿Y si el abrazo no era solo un abrazo, y era…? No, no. Las palabras de Thareon, como ya he mencionado, consiguieron traspasar el pánico inicial de la humana, antes de que se extendiera como un virus por su mente. “¿No ha sido… mi culpa?” repitió en su mente, como atontada. Tenía su vista fija en algún punto indeterminado de las prendas que cubrían el torso del dragón. Eran muchas, pero aun así la joven herborista podía jurar que sentía la calidez que desprendía… esa calidez que nunca creyó que volvería a sentir. Ni que se lo merecía… ni que podría… Leviathan no era un ser cálido, era frío… mortalmente frío. Pero… “¿Ya nadie me hará daño?” apretó los labios, hundiendo ahora su rostro contra el pecho de Thareon. “Pero... ¿y el daño que yo he hecho?” sus pequeños dedos níveos se aferraron a la ropa del dragón azul.

Finalmente, bamboleó la cabeza, aún apegada contra su pecho, para negar sus últimas palabras.

― Tú no… tú no… ¡tú no tienes la culpa! ― gritó la albina con cierto desespero contra su pecho. ― No eras tú… no eras Thareon… y yo… po-por… mucho que digas… y-yo… te abandoné… perdí la esperanza… y te abandoné, Thareon… abandoné a la persona que más quería en el mundo, y descubrí como mi miedo era más fuerte que todo lo demás… ― lentamente Lyvana se fue separando de Thareon a medida que hablaba. Sus dedos le fueron soltando, y su mirada era cabizbaja. ― Y que seas tan bueno conmigo… que seas capaz de perdonarme, e incluso asumir la culpa, como siempre haces… me hace sentirme aún más culpable y peor persona… porque nunca podré ser como tú… ― musitó quedándose sentada en la cama, y moviendo sus dedos con nerviosismo.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Mar Mayo 10 2016, 18:48

Con un pequeñísimo golpe de mano hacia las ascuas, la rubia consiguió avivar las llamas, lo suficiente para que el guisado comenzara a hervir al poco tiempo. Prefirió centrarse en ello con el pensamiento de que, cuando estuviera listo, hasta Lyvana querría un poco. Megerah casi que daba por sentado que querría alimentarse como es debido, pese a que el bosque podía ofrecer muy poco ese día. ¿Cómo podía Lyvana haber sobrevivido en unas circunstancias tan desalentadoras? La rubia bien podía jurar que ni la propia albina era conocedora de la fuerza de su espíritu, a pesar de reducirse en aquel momento a un comportamiento que rozaba lo infantil y asustadizo. Erah torció los labios, en esa comparativa silenciosa y mental, del cambio de la albina. No obstante, no le daba muchas vueltas a esas conclusiones propias a las que había llegado gracias al comportamiento de la herborista. Asustada, traumatizada y hasta con demonios imaginarios que la habrían estado castigando en todos esos meses que había estado en modo ermitaño.

Suspiró despacio por la nariz, reacia a romper con la mirada aquel momento íntimo entre Lyvana y Thareon. ¿Qué más podía hacer ella? Desaparecer le parecía lo más apropiado. Y, de hecho, cuando sus azules buscaron la puerta, la tentación de salir por ella fue demasiado grande.

Y aún así, nada hizo. No se levantó. Ni siquiera movió la cabeza más allá de llevar su clara mirada de vuelta a las llamas que lamían la parte inferior del caldero. Nadie le había dicho -ni le diría- que molestaba allí dentro. El dragón y la albina necesitaban encontrarse, decirse lo que tuvieran que decirse para que Lyvana dejara atrás ese pasado que la estaba consumiendo entre miedos y traumas. Para que todo volviera a la precaria normalidad en la que se encontraban ahora.

A la rubia ahora sólo le quedaba esperar pacientemente. Pues lo que pudiera pasar a continuación dependía de esas dos personas con las que compartía la estancia, no de ella.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Vie Mayo 13 2016, 13:29


Dejó que ella se separase, mientras hablaba y se expresaba. Tal y como pensaba, aquella regresión que la había vuelto igual que un pobre conejillo asustado, se debía en gran medida al sentimiento de culpa que la había embargado por lo que sucedió. Ella realmente pensaba que le abandonó aquel día, frente a Moloch, cuando lo que ocurrió es que la traicinó su buen corazón. Un juego sucio que la Muerte Negra creó en contra de ambos, y que supo aprovechar a la perfección.
No. Definitivamente no podía culpar a Lyvana de ser buena persona.

Thareon entonces cogió su albino rostro con ambas manos. Para que sus ojos violeta no pudieran escapar de sus azules. Y acto seguido, las pupilas de Thareon se estrecharon, revelando los ojos de Leviathan. En cuanto sintió la tensión en los músculos de Lyvana, le impidió que se apartara o que girase la cara para no mirarle. - No. No apartes la mirada. - No sonó a orden, ni siquiera imperativo. Más bien sonó como un ruego. Los ojos de Leviathan la observaban. Pero era la voz de Thareon la que hablaba. - No soy el hombre que crees que soy, Lyv. Nunca lo he sido. - Confesó él entonces, dejando ir el aire por la nariz con cierto gesto de derrota. Aquel Thareon tan humano, honorable, que ella había conocido sólo había sido la máscara que había utilizado para huir de su propia culpa. - Y sí... ese monstruo que has visto, que tanto miedo te da, es tan parte de mí como el hombre que conociste hace meses. - Negó levemente con la cabeza, frunciendo un poco el ceño, rebatiéndole lo que realmente pasaba. El motivo por el cual, él era responsable de lo que le había pasado, no solo a ella, sino a sí mismo: - Claro que tengo parte de culpa. Por haberte escondido lo que siempre he sido en realidad. - Pasó un pulgar por su mejilla suavemente, demostrándole así su afecto, su sentimiento al confesarle que en realidad no había sido sino un fraude toda su vida, al intentar ser humano, cuando en realidad nunca lo había sido. Una mentira que no hubiera podido mantener. - Lo que pasó tenía que pasar. Por eso sé que no fue culpa tuya lo que me ocurrió. Y lo que te ocurrió a ti, fue culpa de Moloch, y sólo de Moloch. Y él... ya está muerto. - Miró de reojo a Megerah de forma significativa, aunque sólo fue durante unos segundos. Le sonrió a la rubia, aunque ella no le mirase, ofreciéndole más apoyo simplemente con su presencia allí de lo que ella pudiera pensar. Por eso, no tartamudeó ni dudó cuando el dijo a Lyvana: - Eres libre de odiarme, Lyvana. Incluso de irte por esa puerta, si lo deseas, y no volver a saber nada de mi. Prefiero eso a seguir mostrándote algo que no soy. - No podía exigirle a la albina que aceptara aquello, como lo había hecho Megerah. No todo el mundo podía tener esa entereza, y comprendía que Lyvana le tuviera pánico después de todo lo vivido. No podía decir que no quisiera que lo perdonara: sí que quería. Pero aquella era una elección de sólo podía hacer ella. Asumir que ese monstruo seguía vivo en él de alguna manera, era un paso que sólo la joven podía dar. - Leviathan y yo somos un mismo ser, ahora más que nunca. Y por eso, no puedo prometerte que todo volverá a ser como antes. Sin embargo... sí que puedo prometerte que jamás volveré a hacerte daño. - Eso sí podía hacerlo, ya que ahora él controlaba a la bestia y no al revés. Algo que también le había costado su esfuerzo, la propia Megerah podía verificarlo. Pero entendería el caso de que para Lyvana, no fuera suficiente: - De verdad, si quieres aborrecerme, hazlo. Pero deja de pensar que tienes la culpa por ser débil. Porque no lo eres. - Aquello sí sonó un poco más, aunque tampoco demasiado, a reproche. No logró ser una acusación tampoco, porque una expresión extraña se había adueñado de su rostro. Sus ojos seguían siendo irisados, seguía teniendo la mirada de Leviathan. Y sin embargo, sonreía. Una sonrisa que no podía pertenecer a ningún monstruo. Que sólo podía ser de Thareon. - Porque te recuerdo ahí, tras los barrotes de aquella cueva, enfrentándote a tu pesadilla. Más fuerte que nunca. Tú misma me dijiste que gran parte de lo ocurrido estaba fuera de nuestro control. Que era inútil que me echara encima la culpa de todo, y me llamaste zopenco, ¿recuerdas? - Su sonrisa se ensanchó al parafrasear aquellas palabras. Demostrándole que aquella muestra de entereza que ella mostró en aquella cueva no había sido en vano. No, de hecho... seguramente, de no haber sido por ella y por Gus, ni siquiera el Anciano habría sido capaz de poner paz en su mente hecha pedazos. - No hagas lo mismo que yo, Lyv. No apagues tu luz tú tampoco. Porque la que tú desprendes, también es capaz de inspirar. Y créeme... es realmente hermosa. - Soltó entonces el rostro de la joven, a medida que sus pupilas se volvían a redondear. Le dedicó una última sonrisa, e hizo el ademán de levantarse de la cama.

Él había dicho ya cuando tenía que decir. Ahora, el paso tendría que darlo Lyv. Hacia él, o hacia la puerta. Fuera cual fuera su opción, él no iría detenerla.






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Lun Mayo 16 2016, 18:49


El gesto de Thareon inicialmente la sorprendió un poco. Se encontró encogiéndose durante un segundo hasta que las manos del dragón, con ese toque familiar que variaba entre su dura aspereza y la calidez que emitía, rodearon su rostro. Así, gentilmente pero con firmeza, fue obligada a alzar la vista hasta que sus orbes se vieron atrapados bajo la intensa mirada “zafiresca” (término que había inventado en honor al dragón que tenía en frente y al bello color de sus ojos) que siempre, siempre, siempre, habían conseguido hipnotizar de una forma extraña el ánimo de la albina. Lo que no se esperó en absoluto fue que esos mismo orbes que tanto adoraba y admiraba, se volvieran inhumanos, reptilianos, con la pupila rasgada. Y esa visión solo pertenecía a una criatura que llevaba meses torturando los recuerdos de la humana, y provocaban que cada noche que intentaba dormir en su refugio se despertara gritando y temblando de miedo. ¡Leviathan!

Se le cortó el aliento, casi se la heló la sangre, y su mente parecía haberse ido de viaje. Solo su corazón redobló histéricamente en sus esfuerzos, latiendo desbocadamente en su pecho. Intentó huir de forma instintiva, pero unas palabras –cinco palabras- consiguieron refrenar el “sálvese quien pueda”. Y no solo fue por el significado de esas palabras, sino el cómo fueron dichas. No tenían ese siseo de pesadilla, esa brutalidad hambrienta de sangre, ese desprecio y crueldad inmisericordes… no, no. Ese fue la voz de Thareon. La voz del dragón azul, el buen dragón que poblaba sus mejores recuerdos… pidiéndoselo. Que lo mirara. A los ojos. Esos ojos que no eran de él… pero a la vez, sí.

Y Lyv obedeció. Y no solo le estuvo mirando. También escuchando. Alguna vez estuvo tentada de interrumpirle, pero no lo hizo. Tal y como él había hecho con ella minutos antes, dejó que se desahogara, que se explicara. Sentía de una forma casi palpable que Thareon necesitaba explicárselo, darle a entender los nuevos términos de lo que era ahora. En qué se había convertido. O de lo que según Thareon, en teoría, siempre había sido…

Tampoco la pasó desapercibida la mirada y la sonrisa de complicidad que había entre el dragón azul y Megerah. Era algo bastante obvio que en esos meses que ella había pasado perdida del mundo, olvidándose de él y huyendo de sus recuerdos, algo había pasado entre ellos. Y una parte de ella indudablemente se alegró, sabedora de que Megerah había sacrificado mucho por ellos. ¿Quién más podía merecer la felicidad en el mundo que esos dos? Lyv no podía encontrar una pareja que lo mereciera más, pero… a su vez… una parte de ella, que ella misma desconocía, sintió un nudo en el estómago…

Aun así, apartó esos pensamientos y sensaciones de su mente, centrándose de nuevo en Thareon a medida que continuaba hablando. Y aunque el miedo de Lyv estaba ahí, impreso bajo la huella de esa mirada reptiliana… pudo entender.

De hecho, se encontró súbitamente apurada y avergonzada cuando, para su total sorpresa, ¡dijo que recordaba lo que había hecho en la cueva! Sí, sí, ¡le había llamado zopenco, y le había dicho muchas cosas…! ¡Pero también había huido! Y eso, dijera lo que dijera Thareon… jamás se lo perdonaría… pero bien podía aliviar la culpabilidad que sentía el dragón azul haciéndole creer que así lo hacía.

Y aunque con las últimas frases que la había dedicado, había logrado contener esa fuente inagotable de lágrimas que eran sus ojos, la última frase que la dedicó fue la piedra que derribó el dique de contención. “La luz…” repitió en su mente…

Los ojos de Thareon volvieron a la normalidad…

Su cálido toque en su rostro se perdió, con una áspera caricia…

… y se movió, como listo para levantarse… e irse.

Casi sin pensarlo, mientras las lágrimas se vertían nuevamente por su rostro. Lyvana se inclinó hacia delante, para cogerle del borde de la prenda superior que llevaba puesta (una de tantas, parecía una cebolla), perdiendo por poco el equilibrio que la habría llevado de forma indiscutible hacía el suelo llevándose un golpe morrocotudo.


―… parece que mi cuerpo lo tiene aún más claro que mi mente ― no pudo evitar decir inicialmente. Su voz sonaba algo trémula y ahogada. Se sorbió nerviosamente los mocos, mientras sus finos dedos se aferraban con desespero a la ropa de Thareon. ― N-No… te vayas… pues no puedo odiarte. ― confesó. ― Pienso que si bien dices que… ― tragó saliva antes de pronunciar el nombre. ― Le-Leviathan es parte de ti, también lo es el Thareon bueno y noble que conocí… no creo que ese Thareon fuera una mentira… ¡y aunque lo fuera, porque eres así de… de… zopenco! ¡Es una mentira que se volvió verdad! Lo volviste una parte de ti, una parte que encaja, una parte que… que… ― se quedó sin palabras, apretando frustrada la ropa, en un intento por expresar lo que sentía. ¡Y era todo tan difícil, tan complejo! ―… no espero que seas el mismo. Dudo que todos los que estamos en este cuarto seamos los mismos de hace un año ― miró de reojo a Megerah. Desde luego, ella sí que había cambiado. ―… pero si eres capaz de sonreír así como lo haces, de ser… feliz… yo… pues… ― soltó lentamente su ropa y bajo la mirada. ― Eso me basta, pues yo… aun la veo… ― no sabía hacía donde mirar, ¡la casa era tan pequeña! ¡Y Megerah y Thareon atraían su mirada como si fueran dos rayos luminosos! ― Tu luz… ―

Sí, esa luz que suplicó que no perdiera en manos de Moloch, y creyó extinguida para siempre con Leviathan… pero ahora, pese a lo que la había contado… podía verla, sentirla. Thareon brillaba de una forma más turbia y oscura, quizás, pero no menos cálida.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Dom Mayo 22 2016, 19:55

Las manos de la albina aferrándole, detuvieron su avance. Lograron que el dragón se girase de nuevo, y casi la tirase al suelo con el gesto. Por suerte fue rápido, y la sujetó para impedir que cayera, acuclillándose en el suelo, quedando a su altura. Justo para ver esos ojos violáceos cuajados de lágrimas, y escucharla mientras hablaba, mirándola aunque ella tratara a toda costa de evitarle. Y, finalmente, Thareon relajó la expresión, sus ojos azul topacio la observaron con una expresión tierna, vidriosa, casi al borde de las lágrimas, y sonrió. Sonrió.

- Ven aquí. - Volvió a abrazarla de nuevo, dándole consuelo, dejándola desahogarse, refugiándola contra su pecho. Acariciando aquella melena albina, depositando un tierno beso contra su cabeza, como haría un padre con su propia hija. Se mantuvo así, unos segundos, largos, pausados, sin prisa. Hasta que, finalmente, acercó sus labios a su oído para susurrarle: - Gracias Lyv. - Sonrió de nuevo, y se apartó despacio. La observó de nuevo, mirándola a los ojos. Limpió sus lágrimas de su rostro con los pulgares. Le dio un último beso en la frente, tras apartarle el flequillo de la cara, y le dijo: - Descansa, ¿de acuerdo? Ya tendremos tiempo para hablar. - Le aseguró. Una sonrisa que prometía de verdad: "No voy a marcharme más. Voy a estar aquí. Siempre que tu quieras." - Descansa... - Musitó con su voz grave, esperando, paciente, a que se acostara. A que cerrara los ojos. A que su respiración se acompasara. Y, finalmente, como una niña, se durmiera.

Cuando se aseguró que Lyvana ya dormía, Thareon se levantó. Se alejó de la cama, y se acercó a la Megerah silenciosa y ausente, que se había quedado absorta mirando el puchero. Y sin mediar palabra, la abrazó por detrás, rodeándola con sus brazos. La besó repetidamente en el cuello, y hundió en él su nariz. Suspiró, casi como si estuviera cansado. Y al mismo tiempo satisfecho... feliz. Sí, notaba como un enorme peso interior de repente parecía haber desaparecido. Un peso del que, de no haber tenido esa conversación, seguramente no habría logrado librarse. No le dijo nada a Megerah sobre lo que pensaba, no lo necesitaba. Su cuerpo lo decía, su propia mente. Como si acabara de salir de una ardua batalla que hubiera temido perder. Pero de la que, por el momento, parecía haber salido victorioso. - Gracias. - Fue lo único que le dijo, en un grave murmullo.






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Mar Jun 21 2016, 12:38

Su habitual encuentro con su viejo amigo, el suelo, fue evitado por los rápidos reflejos del dragón. Se giró presto, para atrapar con sus fuertes brazos el menudo cuerpo de Lyv. Y así, inclinado a su altura, ante ella, fue como la escuchó. Y así, fue como nuevamente se fundieron en un abrazo, buscando consuelo, fuerza y quizás esperanza de un mañana mejor en él. Donde los agradecimientos y los remordimientos se perdían tanto en lágrimas por parte de la albina, como en tiernas palabras murmuradas por Thareon.

Esas mismas lágrimas no tardaron en ser limpiadas por las ásperas manos del dragón, que instando con dulzura a Lyvana para que se durmiera y descansara de tan agitado día, ésta se vio arrullada de nuevo dentro de los acogedores pliegues que la ofrecía la rústica pero acogedora cama.

Y podía dormir tranquila, porque Leviathan ya no era un peligro… ya no acechaba en las sombras, esas sombras tan oscuras donde siempre había imaginado a la Muerte Negra vigilando cada paso que daba, cada tropiezo… recordándola con su habitual y fría crueldad como había abandonado a sus amigos, su promesa…

Pero sobretodo podría dormir, porque en el aire estaba un olor que se la antojaba casi familiar: el de una sopa siendo preparada de forma amorosa en el puchero, al fuego. La figura de Megerah recortada contra el fuego, no lejos de ellos, pero si apartada lo suficiente para ofrecer ese apoyo tan necesario con su presencia… y al lado de Lyv, con esa mirada que tanto atesoraba, y esas palabras que tanto había esperado escuchar, estaba Thareon…

Estaba Thareon, y su luz… de vuelta.

Y solo con pensarlo, una leve sonrisa se dibujó en los labios de Lyv, antes de caer dormida.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Mar Jun 21 2016, 19:42

Erah inspiró ligera pero bruscamente cuando notó los fuertes brazos de Thareon rodearla desde atrás. Se sobresaltó, pues, en su intención de darles intimidad, se había evadido hasta el punto de ser absorbida por el irregular baile de las llamas sobre el recipiente de metal que contenía la sopa. Hasta el punto de no haber nada más, hasta que aquel abrazo del todo inesperado rompió en pedazos la enajenación en la que se había visto sumida. Volvió su cristalina mirada al lecho, cerciorándose de la tranquilidad de la que disfrutaba Lyvana, ahora sumida en un sueño que la rubia ya tildaba de reparador. Más si después le esperaba algo de comida decente. Al menos más decente de lo que podría haber comido desde que se escapara de Talos.

Medio sonrió, cerrando los ojos conforme el dragón besaba su cuello. Un ineludible escalofrío erizó la piel de sus propios brazos ante la humedad y la calidez que dejaban los labios masculinos en ella. Paseó su finos dedos por los antebrazos masculinos, queriendo decir -como él- tanto en un simple gesto. Un suave suspiro sonó levemente según salía de su nariz, torciendo el semblante hacia la cabeza del dragón. Posó sus labios sobre la sien marcada por los tatuajes que contaban demasiados horrores de otra época, que se le antojaba demasiado lejana, como simple respuesta a su agradecimiento.

Desde luego, Erah no estaba al corriente de todo lo que había habido entre la herbolaria y el dragón azul pero se alegraba de que, finalmente, Lyvana hubiese dejado atrás lo que debía dejar atrás, superar ese trauma que sufrió y que le había estado castigando hasta ahora. Así como a Thareon, en lo que a la albina se refería. Y, sobre todo, de que ambos hubieran podido volver a encontrarse y perdonarse mutuamente.

Animó al dragón a comer un poco, en un susurro tan tierno como la situación podía serlo. Al igual que haría con Lyvana cuando despertara. Quizás entonces, alguno de los dos pudiera echar algo más de luz sobre lo que Megerah ignoraba, si les apetecía hablar de ello.





couldn't help myself <333333:


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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

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