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Like a Child [Priv. Megerah]

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Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Lun Abr 04 2016, 02:05



El cazador acechaba a su presa. Contenía su aliento, en un esfuerzo por permanecer en silencio, mientras su piel se camuflaba con facilidad con el paisaje nevado que lo rodeaba. Las ramas de los árboles estaban inclinadas, vencidas por el peso de la nieve que aguantaban… algunas amenazaban con ceder, pero el cazador ignoraba esos detalles, pues sus ojos hambrientos, casi famélicos, estaban fijos en el pequeño roedor que confiadamente iba dando saltitos por la nieve. Era tan ligero que apenas se hundía en ella, al contrario que el cazador, cuyo volumen era mayor… la nieve no solo le dificultaba encontrar animales vivos, sino que además el desplazarse se había vuelto una actividad de lo más afanosa. Y ahora, cuando requería moverse de forma silenciosa, y presta en el momento oportuno, las posibilidades de éxito eran escasas… pero el cazador no cejaba en su empeño. Se arrebujó entre las pieles que lo envolvían, agradeciendo el calor que me brindaban en medio de esas temperaturas tan gélidas… y se dispuso a saltar.

― ¡Waaaaaa…! ― gritó Lyvana. Su grito de guerra, su grito de caza, su grito de todo. Valía para cualquier situación de “riesgo”. Y en este caso valió para… caer de cara en la nieve. Su torpeza inapta atacaba de nuevo: su pie se había enredado con una raíz, oculta bajo el manto nevado y ¡pof! ― …aaaargfh! ― Nieve en toda la boca. Su estómago protestó, pues no quería precisamente nieve… ― Mññññ… ― gimoteó, aún con la cara hundida en el frío elemento. Su presa ya debía haber huido. No había podido dar ni dos pasos para alcanzarla. Alzó un poco la cara, con expresión resignada… ― Condenada nieve… ― gimoteó, mirando el lugar donde había estado su presa, una ardilla… … pero… eh… ¡que seguía allí el bicho!

Lyvana se quedó inmóvil. Ni parpadeó. No daba crédito… ese roedor, con el que había fantaseado para que fuera su desayuno, se había quedado allí… bueno, se había alejado un par de pasos, ¡pero ahí estaba! ¡De pie! Agitando su naricita de forma tan curiosa como adorable en su dirección… “… ¡n-no! ¡Me da igual que seas adorable! ¡Tengo hambre! A-Así que… ¡tienes que entrar en mi puchero! Necesito comer algo de carne, por favor… ¡me va dar algo como siga comiendo raíces mustias!” le trasmitió telepáticamente… o eso pensaba la albina.

Lentamente se fue levantando, y con ella, la red que ella misma había tejido en tiempos menos helados y que usaba para lanzar sobre animales, como pájaros o roedores, para atraparlos y así ampliar su menú. Hasta antes de las nieves solía tener un índice bajo de éxito, ¡pero tenía algo! Ahora, con esas más que imprevistas nieves, la tarea de alimentarse se había vuelto una odisea.

Pero ahí estaba, por fin, ¡un ser vivo! No podía dejarlo escapar, no, no podía. ― Ven bonito, veeeen ― llamó en un tono aparentemente inocente. Dio un paso hacia delante, y la ardilla dio un saltito hacía atrás. ―… ― Lyvana dio otro paso adelante. Y la ardilla volvió a saltar hacía atrás. La albina entrecerró los ojos, a modo de desafío. ― ¿No estarás…? ― dio dos pasos hacia adelante, muy rápido. Y la ardilla, aún más rápida, se alejó de ella de dos saltos. ―… ¡no me hagas burla, condenada monosidad! ― protestó la albina, lanzándose a por el insolente roedor, mandando a la mierda toda sutileza o “táctica” de caza posible. ― ¡Ven acá que te pille! ¡N-no! ¡No te me subas a un árbol! ¡Baja, baja! ¡Aagh! ¡No saltes a otro árbol! ¡Noo! ¡Espera! ― la iba siguiendo, sin perderla de vista. ― ¡Las ardillas no deberían tener una personalidad tan retorcida! ¡Te cargas toda tu adorabilidad! ¡No me arrepentiré de meterte en la cazuela, lo juro! ¡Ah, ah! ¡Era broma! ¡No me tire-¡ ― ¡Pof! Una de las ramas de los árboles, al ser agitadas por los saltos inquietos del blanco roedor, se vencieron bajo el peso de la nieve… cayendo ésta justo encima de la albina.

Durante unos segundos, el gran montón de nieve caída se mantuvo inmóvil, hasta que una mano se alzaron y se agitaron, clamando venganza de forma indiscutible mientras agitaba su red en el aire. Tras mucho esfuerzo y nuevas caídas, logró salir del montón de nieve. Tenía las mejillas sonrojadas por el esfuerzo y la vergüenza. Y encima, para más inri, cuando alzó la vista, a escasos metros de ella, en el suelo… estaba la ardilla. Mirándola.

―… ― se miraron intensamente durante unos segundos. ¿O minutos? Lyv ya no lo sabía, pero… ―… te vas… ¡a enterar como te pille! ― Se levantó a trompicones para perseguir al roedor, esta vez por el suelo. Estuvieron dando muchas vueltas, y eso significaba que Lyv puede que no consiguiera volver a su refugio a la primera por alejarse tanto, pero… ¡iba a cazar a esa ardilla! ¡Hombre que sí!

Ah, pero llegados a este punto, algunos quizás os acordéis del miedo de Lyvana a la sangre, debido a ciertos acontecimientos pasados que empiezan por Levi y acaban en Atan, ¿verdad? Bueno, podemos decir que la muchacha aún lo tiene, pero su necesidad de comer es más fuerte, así que la desagradable tarea de matar un animal, despellejarlo y cocinarlo… se ha vuelto asumible para ella.

Tras esta pequeña aclaración, volvemos a nuestra persecución, al punto donde la albina está a punto de desfallecer del agotamiento. Por mucho que quiera, no está en tan buena forma como ella quisiera como para perseguir durante mucho tiempo al pequeño animal. Ya estaba a punto de darse por vencida cuando la ardilla dio un gran salto para subirse a…

A… a…  a lo que Lyvana pensó que sería un árbol pequeño, pero cuando centró con atención sus ojos amatistas en la figura… se dio cuenta que no era un tronco lo que estaba escalando, sino un cuerpo humano. Femenino, sin lugar a dudas, pese a las prendas que la cubrían. Rubia, de cautivadores ojos azules, que se clavaron en los de la albina.

Y esa expresión… esa cara…

La conocía…

― Meg-… ― empezó a pronunciar, a poner nombre a esa cara. Pero enmudeció, porque con ese nombre vinieron los recuerdos, y con esos recuerdos… las promesas no cumplidas y los miedos más profundos. Vamos, que no se quedó a saludar.

¡A la mierda la ardilla, y a la mierda todo! “Correcorrecorrecorrecorrecorre” decía su mente. ¿El cansancio de la persecución? ¡Cosa del pasado! “¡No puede seeeer! ¡Nononononono, no he visto nada! ¡No me ha visto! ¡C-Corro porque me apetece! ¡Claro que sí! ¡Es muy sano! ¡Así entro en calor!” se decía en pleno pánico.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Lun Abr 04 2016, 20:43

A los pocos días de la vuelta de Isaur de Thareon y Megerah...

Erah había salido con la sana intención de encontrar algo que poder llevarse a la boca, en un principio. Hacía tan solo unos días que Thareon y ella habían vuelto de Isaur. Uno menos, desde que estaban en la cabaña. Con este frío, la rubia lograba convencer al dragón de que se quedara dentro. Más desde que lo viera tan mal el mismo día que volvieron a Talos. Ella procuraba encargarse de las necesidades más básicas. Al menos, por el momento. Así que, con dicha situación, la rubia salió aquella mañana, dispuesta a no volver con las manos vacías.

Pero conforme avanzó la mañana y pese a su abrigados ropajes, el frío consiguió asediarla de tal modo que sus movimientos se habían vuelto más lentos aunque sus sentidos siguieran relativamente alerta. Aquellas bajas temperaturas atontaban, invitando a dormitar en aquel blanco manto que se extendía desde los pies hasta donde alcanzaba la vista. Un vasto manto de apariencia aterciopelada que en realidad era el más cruel depredador que gustaba de congelar a sus presas lentamente. A la rubia no le extrañó que pudiera encontrarse alguna desafortunada víctima por el camino. Puso alguna pequeña trampa, aquí y allí. Quizás en su camino de regreso tuviera suerte de haber atrapado a algún animal. Busco bayas también. No eran el súmmun de la alimentación, y Thareon seguramente torcería el morro, pero era mejor que nada.

Sin embargo, lo que no se esperaba en ningún aspecto, era un encuentro como el que tuvo lugar en aquel instante, en mitad de la nívea nada.

Erah sintió unas pequeñas y menudas garras en su hombro, girándose de forma lo suficientemente brusca como para que la ardilla, ya taquicárdica, decidiera que ese no era el mejor sitio para salvarse de...
La rubia se enderezó suavemente, volviendo sus cristalinas pupilas hacia el camino que había traído el animal, encontrándose con unas pupilas color amatista. Unas pupilas que no tardó en reconocer. ¡Cuántas veces la rubia se había preguntado dónde narices estaba aquella herborista tan inocentemente torpe!-. ¿Lyvana? -murmuró con el ceño fruncido, poco pendiente ya del roedor, que había bajado de su hombro, para seguir su camino. Como única reacción, la albina puso pies en polvorosa, con lo que parecía una red casera entre sus manos. Megerah soltó un suspiro, poniendo los ojos en blanco antes de salir tras ella-. ¡Lyvana! -¿es que nunca iba a dejar de perseguirla? ¿Qué tenía que temer de ella esta vez?

Pero, tal y como Erah supo muy en sus adentros, la albina, visiblemente más flacucha y desmejorada, no tardó en enredarse uno de los pies en la red y caer sobre la nieve que ya de por sí, dificultaba sus zancadas. La rubia no tardó en alcanzarla, con un atisbo de diversión inocente brillando en su mirada-. ¿Estáis bien? -soltó, de primeras. No había comentario sarcástico que saliese de sus labios, tan solo una preocupación sincera. Se acabó agachando para asir uno de los brazos de la antigua herbolaria-. ¿Os habéis hecho daño?

Porque Megerah, ahora que pasaba por la mejor etapa de su vida, con diferencia, había endulzado su carácter, aunque no quisiera admitirlo. Sin siquiera darse cuenta-. Vamos, déjadme que os mire... -la instó a que se medio incorporara, con suavidad, sin perder las formas... ni tampoco esa costumbre de vosear.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Mar Abr 05 2016, 12:39

A partir del minuto 2:52

“Ósea… es decir… ¿qué probabilidades hay de que sea… ella?” hasta su mente evitaba pronunciar su nombre. “¿Puede ser un espejismo? ¿La nieve provoca espejismos? ¿O ha sido lo que he desayunado esta mañana? ¿Alguna raíz en mal estado? Todas los están, pero… ¡esto parece más el efecto de una seta alucinógena!” gimió para sí. Pero las setas, incluso las venenosas, era un lujo que no se podía permitir en un clima tan frío y helado. “Igualmente, tengo una extraña sensación de déjà vu… como si esto ya lo hubiera vivido… y… ¿Qué había pasado en las otras ocasiones?” Lyvana no tuvo que pararse a pensar mucho. Como siempre la ocurría, en todos sus encontronazos con Megerah también se reunía con su viejo amigo/enemigo: el suelo. Aunque en este caso, estaba bien cubierto de nieve y amortiguó su caída. ¿La causa? Su propia red. Lyvana se acababa de cazar a sí misma.

Intentó soltarse el pie y levantarse, pero los pasos presurosos de su perseguidora la alcanzaron a los pocos segundos, delatándose por el crujido de la nieve al ceder bajo su peso. Con la mente atenazada por un súbito pánico, prácticamente se hizo una bola en la nieve, tapando su rostro con sus brazos. La nieve quemaba la piel de su rostro, en contacto directo con ella, pero ese era el menor de sus problemas, ¡apenas lo sentía! Solo notaba los latidos acelerados de su corazón, y esos pasos… esa voz.

“Es ella…” no había duda. No era un espejismo, o alucinación. De entre todas las improbables posibilidades que se podían haber dado para ese reencuentro, pues… la más inverosímil y extraña (¡cazando una ardilla!) había dado lugar a esa reunión. Y no sabía por parte de la rubia, pero la joven albina no deseaba en absoluto hallarse allí…

“M-Me… y-yo… n-no puedo mirarla… me despreciara…” pensó, recordando cuan afilada podía ser la lengua de esa mujer. “Y co-con razón… hui… me rendí… y no cumplí mi promesa… s-soy una cobarde…” gimió, apretando aún más los brazos contra su rostro. ¡No quería mirarla! ¡No se atrevía! ¡Que solo la dejara allí con su miseria…!

Sin embargo, si en la voz de Megerah había esperado el reproche y la burla, solo captó… ¿preocupación? Algo no cuadraba en la mente de la albina… “¿Realmente es… ella?” pero no había equivoco posible. Era su voz. Inolvidable. En sus pesadillas solía traspasar sibilinamente sus oídos para recordarla como había huido de esa cueva… como había dejado a Thareon a su suerte, rompiendo su promesa de cuidar de él… “Nunca cumples con tu palabra… nunca…” la recordaba la voz de Megerah en sus sueños, mientras sus dedos recorrían la marca de su pecado en su nívea piel. El tatuaje de Moloch…

Cuando lentamente sintió como era alzada con gentileza por Megerah, el histerismo se filtró en su voz:

― ¡N-No me toques! ― gritó, dando un tirón para soltarse. Fue tan brusco que perdió nuevamente el equilibrio y volvió a caer al suelo, pero esta vez de culo. Las pieles que llevaba encima y la nieve nuevamente consiguieron amortiguar su caída. Una vez más sus manos taparon en rostro de Lyvana. ― Y-Yo… lo siento, Megerah… ― gimió, pronunciando su nombre en voz alta por primera vez, sintiendo como el nivel del agua subía en sus ojos… ― L-Lo siento… ― repitió, con su cuerpo temblando, y no por el frío.

Si algo tampoco cambiaba, es que era una llorona…





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Mar Abr 05 2016, 22:34

El dulce tirón que la rubia utilizó fue aparentemente bien recibido, haciendo que la albina se incorporara parcialmente, se contrarrestó con un empujón brusco que hizo que Lyvana acabara en el suelo otra vez. Megerah no entendía por qué actuaba así. Pero le quedaba claro que la seguía considerando una amenaza para ella a sabiendas de lo que acabó haciendo por aquella mujer que ahora temblaba, sentada en la nieve, como si no le importara más que… ¿disculparse? Erah frunció aún más el ceño, totalmente descolocada. Más cuando repitió esa disculpa entre sollozos. De manera totalmente inconsciente, la rubia negó con la cabeza. Como si pudiera verla. Como si con ese gesto bastara para calmar esa estado tan alterado que la antigua herborista tenía en aquel momento. ¿Qué tenía que perdonarle? Era lo que Megerah no llegaba a vislumbrar.

Soltó aire con tranquilidad, de nuevo, dejando que sus latidos volvieran a normalizarse, cuando decidió acuclillarse frente a la muchacha temblorosa, extrañada e inquieta a partes iguales por esos gimoteos lastimeros que supusieron las pocas palabras que había dicho. Una parte de Megerah hasta se sorprendió por su propia suavidad con la albina. Pero no podía negar que le hacía inusitada ilusión verla viva y bien, pese que su relación en el castillo no fuera de las mejores. Con diferencia. Aunque ese terror de la albina al verla seguía sin saber a qué venía. Sí se había percatado también de que mirarla parecía lo último que quería hacer-. Lyvana… -repitió con suavidad. Tal vez, antes de lanzarle más preguntas, sería buena idea darle pie para que se tranquilizara. O darle tiempo al menos, para que lo hiciera-. No pasa nada... -musitó en simple respuesta, aún algo cohibida o reacia a tocarla.

Erah y cohibida, habían sido dos términos que no habían casado mucho a lo largo de su vida.

Finalmente, venció esa sensación que la hacía sentirse realmente estúpida, volviendo a deslizar sus dedos por lo que era el brazo de Lyvana. Un pequeño gesto para mostrarle más apoyo que reproche, el cual, no tenía para con ella-. Será mejor que os levantéis o caeréis enferma... -animó sin perder la suavidad, ni la sonrisa tranquila, que había recuperado adrede-. ¿Tenéis lugar dónde quedaros?





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Miér Abr 06 2016, 02:07


― Lyvana… ― llamó la voz de Megerah muy cerca de su cabeza. La albina se encogió, pues ya estaba esperando a continuación la retahíla de improperios, más que merecidos, que iba a recibir. Lo que ya no la cuadraba a Lyv era el tono empleado por la rubia. Había un tono suave, calmo, nada agresivo, ¡ni siquiera burlón! Y Megerah, con toda su experiencia para bien o para mal, siempre hallaba el modo de hacer sentir a Lyvana como una niña que no sabía nada. “Y en parte es verdad…” suspiró para sí.

Pero si ya la había descolocado el tono empleado por la que creía aún como Inquisidora, su siguiente frase ya tuvo el efecto de un mazazo de pura incomprensión. “¿Qué no pasa nada?” repitió en su mente, con los ojos bien abiertos. Sus lágrimas, que casi se iban congelando por el gélido ambiente mientras descendían por sus mejillas, cesaron de manar de sus ojos amatistas a causa de la sorpresa.

Finalmente alzó la mirada de la barrera que había formado tras sus manos, observando si realmente esa persona que tenía enfrente era Megerah. “¿Estaré alucinando realmente? ¿Esta es… Megerah? Parece una persona completamente diferente…” Lyvana se encontraba literalmente con la boca abierta por la sorpresa. “Espera, espera… ¿y se preocupa de que enferme…? ¿Un sitio donde quedarme…?” repetía las frases de Megerah en su mente, como si necesitara un traductor Megerah-Lyvana, pero no, para su incredulidad realmente la estaba diciendo eso… ¡y parecía sinceramente preocupada! “Oh, dioses… ¡si hasta… hasta… me está sonriendo! ¡Y…y… me ha vuelto a tocar!” bajó la mirada para comprobar que, efectivamente, los dedos de la rubia habían rozado gentilmente uno de los brazos de la albina.

―… ¿Cómo puedes sonreírme? ¿Cómo puedes incluso tocarme o hablarme? ¿Eres realmente Megerah…? ¿Acaso… acaso… olvidaste la promesa que te hice? ― balbuceó Lyv, mientras sentía una vez más como la impotencia y la frustración se filtraba en su voz. ― Esa promesa de cuidar a Thareon… esa promesa que rompí, ¡como muchas otras! ― gritó desesperada, mirando a Megerah con intensidad a través de sus parpados mojados por las lágrimas. ― ¡D-Deje que el miedo y la desesperanza me inundara! A pesar… de todo lo que dije y prometí… de lo que te prometí… ¡no tengo perdón, Megerah! Así que… ¿por qué me hablas? Déjame en paz… mi soledad es un castigo demasiado leve para lo que me merezco, porque aún hoy… sigo temiéndolo… como a ti… y como a la Bestia Negra… ― gimoteó, tapándose de nuevo el rostro, negándose en rotundo a levantarse de allí.  ― Por favor, vete… mi conciencia y mis pesadillas ya son tortura suficiente, créeme… ―




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Vie Abr 08 2016, 17:59

Parecía, con todas esas preguntas, que Lyvana se había encerrado en sí misma y lo que se conoce como socializar no era un ejercicio que hubiese practicado mucho en los últimos meses. ¿Mucho? ¡Nada! Megerah conocía ese tipo de reacciones tan drásticas y contraproducentes en gente a la que habían mantenido aislada y torturada por meses, justo al primer gesto amable. Pero, ¿qué tipo de tortura podía haber sufrido aquella mujer en la soledad del bosque? Los azules de la rubia se abrieron un poco más, entendiendo un poco más a aquella mujer que suponía el más entretenido -y exasperante- de los crípticos-. Porque… -Erah estuvo a punto de confesarle que… sí, más de una vez, había pensado en esa peculiar muchacha de piel nívea y se había sorprendido también deseando su bienestar. ¿Por qué no decirle que había llegado a preocuparle dónde y cómo estaba? Fácil: Lyvana siguió hablando, recordándole esa promesa que le hizo en la privacidad del cuarto de la rubia en el castillo. Una promesa que al parecer, la albina rompió. Megerah rió con una suavidad y tranquilidad que seguramente Lyvana no entendería. Negó con la cabeza mientras la herborista seguía hablando. La rubia había dejado todo aquello bien atrás. De hecho, tan sólo la evocación de aquella etapa de dolor, angustia y sufrimiento, se le antojaba demasiado lejana. No como para la mujer que tenía enfrente, que parecía haberse estancado en aquel momento-. No hay más castigo que el que vos os estáis auto imponiendo. -comenzó a decir, sin perder ese gesto afable, comprensivo y calmado-. Para mí… cumplisteis la promesa, Lyvana… Thareon está bien. -confesó. El dragón había vuelto finalmente a por ella en aquella mascarada que cambió su vida. Había cambiado, sí, pero estaba bien. Vivo. Algo que Megerah llegó a pensar por culpa de tanto maltrato psicológico-. Llevo demasiado tiempo agradecida con vos para que ahora pretendáis hacerme cambiar de opinión… -se encogió de hombros, resuelta, aunque su interlocutora no pudiera verla por haberse cubierto los ojos de nuevo. Lyvana bien podía acordarse de lo obstinada que era la rubia.

Terminó por suspirar, llegando a incorporarse, dejando, quizás, que esa parte de Megerah que se habría desesperado ya por su actitud de mártir, apareciera. La rubia pocas veces mostraba esa faceta suya ya, así que, podría decirse que Lyvana no había tenido tan mala suerte, encontrándose con Erah-. No tendréis que temerle, de nuevo. Tampoco al cadáver de Moloch… No obstante, me temo que no tengo manera de convenceros que no tenéis que tenerme miedo… tendríais que arriesgaros. -Erah distaba mucho de la inquisidora que Lyvana conoció-. Si queréis quedaros ahí llorando por lo que pasó, puede que perdáis la oportunidad de ver cuan diferentes son las cosas ahora… -culminó volviendo a tenderle la mano, aún paciente. Esta vez, su sonrisa parecía algo más cansada, pero, aún así, la mantenía.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Sáb Abr 09 2016, 17:33


Pese a todo lo que había dicho, pese a que la había recordado a Megerah los terribles errores que había cometido y las promesas sin cumplir que había realizado… ¡no se iba! ¿Por qué? ¿Por qué seguía ahí de pie, a su lado? La Megerah de sus pesadillas siempre la sonreía fría y burlona, recordándola lo cobarde que era, tan inútil, tan poco confiable:” ¿Y tú querías ayudar a la Resistencia, a Thareon? ¡No me hagas reír! ¡Ni siquiera puedes cuidar de ti misma! Siempre traes problemas a los que te rodean, ¡siempre!” Y Lyvana no podía hacer más que encogerse y encogerse, suplicando su perdón… pero decir cuanto lo lamentaba, era algo vacuo para esa Megerah, que la recodaba una y otra que sus palabras eran algo vacío y sin valor.

Fue entonces cuando Megerah continuó hablando. ¿No había más castigo… del que se imponía a ella misma? Parpadeó, completamente confundida. ¿Qué quería decir? ¿A qué se refería? Entre los huecos de sus dedos, miró de reojo el rostro de Megerah… era ella, sin dudarlo por un instante, pero… Lyvana nunca la había visto con una expresión así… calmada, amable y paciente. Y con esa expresión, en la que sus penetrantes ojos relucían con sinceridad, confesó ante la albina que para ella, la promesa había sido cumplida. Y que Thareon… estaba bien. “… ¿está bien? De verdad, ¿está bien? Es decir… Leviathan… ¿no? ¿Se ha ido, o…?” intentaba comprender la aturullada mente de la herbolaría. ¿Sus esperanzas más imposibles se habían cumplido…? Y Megerah… ¿estaba agradecida con ella? ¿Pero por qué? Si ella no había hecho nada…

Observó aún por el hueco que formaban sus dedos sobre su rostro, como Megerah se ponía de pie ante ella. Bajó las manos que tapaban sus ojos, observándola con expresión dubitativa… pero por primera vez esperanzada.


¿De verdad podía creerse eso…?

Y cómo si leyera su mente, la confirmó que ya no tenía que temer al monstruo azul… ni a la Bestia Negra. Lyvana abrió mucho los ojos. ¿Moloch… había muerto? ¿De verdad era posible que tantas cosas buenas hubieran ocurrido? Era… demasiado bonito para ser verdad, casi parecía uno de esos beatíficos sueños en los que todas sus locas esperanzas y fantasías se cumplían… y que hacía meses que no podía ni siquiera plantearse. Además, si Moloch estaba muerto… ¿qué había pasado con el Desafío de Megerah?

Tragó saliva cuando la rubia le abrió una oportunidad que hasta ahora creía imposible para ella: comprobar cuan ciertas eran sus palabras. ¿Pero cómo podía demostrárselo? Y es más… ¿se atrevería Lyvana a coger la mano que la tendía desde las alturas de su posición? Tenía miedo de esa mano… de los salvajes ojos azules que adornaban el rostro de la bestia… y la larga sombra de la Bestia Negra… ¿de verdad… todo eso se había ido?

Alargó una mano dudosa hacía esa mano, casi ansiando rozar la calidez de ese gesto, las historias que se escondían tras ella…

Pero retrocedió la mano, asustada. Con voz trémula, no pudo evitar decir:

―E-Estoy aterrada… ¿d-de verdad está bien… para mí, te-tener esperanzas? ― preguntó, mientras alargaba de nuevo su mano, para coger la de Megerah… ¿de verdad podía perdonarse? ¿De verdad podría vivir su vida sin miedo y sin vergüenza? ¿No sentir como la culpa la ahogaba cada vez que veía el florido tatuaje que adornaba su piel?





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Dom Abr 10 2016, 00:50

Erah esperó. Mas no desesperó esta vez. Gozaba de la cualidad de ser paciente con quien ella pensaba que lo merecía. Y por todo lo que Lyvana le ayudó en su momento, Megerah no podía obviar ese alarde de paciencia con la temblorosa albina. Claro que, a su mente no acudió aquel momento en el que la herborista esparció gran parte de la belladona en la cara de Leviathan, exaltando al que por aquel entonces era Thareon de una manera tal que la rubia vio decrecer drásticamente sus posibilidades. Pero lo consiguieron. Lo consiguió gracias a que Lyvana también calmó los ánimos de aquel dragón que amenazó el cuello de Megerah con su espada. Fue una sucesión de casualidades y golpes de suerte que llevaron a los dos esclavos fuera de Talos. Fuera del yugo de Moloch, dejando a Megerah como única responsable de aquel acto traidor. La rubia asumió la culpa y actuó en consecuencia. Pero por caprichos del destino, todo aquello había quedado atrás y ahora la rubia disfrutaba de lo que siempre soñó tener.

Vio el titubeo de la albina. Ese no me lo puedo creer en sus acuosos ojos, entre sus pálidos dedos. Era buena señal, después de todo. Implicaba que, pese a que quería que la dejase a su suerte, estaba escuchando sus palabras. Si Lyvana estaba por la labor, Megerah podía convencerla fácilmente de que ya no había nada que temer de esa vida que ambas habían dejado atrás, tras los muros de una ciudad de la que no les apetecía oír hablar.

Al final, la muchacha alzó la mano, en un ademán que no llegó a completar. Antes de que la rubia se planteara albergar la mano contraria en la suya, Lyvana retrocedió, miedosa, lanzando una pregunta que hizo sonreír a Megerah con sinceridad-. Claro que lo está, Lyvana... -murmuró, con un brillo de satisfacción cuando la albina, finalmente, tomó la mano que la mujer le tendía. Erah tiró con suavidad entonces, ayudándola a dejar el frío suelo como asiento-. Todos tenemos derecho a tenerlas... -añadió, como frase que la inquisidora y desafiada nunca habría dicho. En un gesto tan maternal, tan tierno, como extraño en ella, la rubia alzó la mano izquierda para secar el surco de lágrimas que la herborista tenía en su mejilla derecha. Fue un movimiento suave pero torpe, por la atrofia parcial con la que cargaba desde que aquella herida sanó-. ¿Nunca os dijeron que a veces es bueno caerse para poder alzarse de nuevo? Incluso para poder ver con más perspectiva... -enunció con suavidad, teniendo la sensación de que la vulnerabilidad de Lyvana había alcanzado niveles insospechados, hundida en la soledad del bosque durante tantos meses. Se le antojó como una niña asustada y frágil. Un comportamiento que despertó algo en ella que la instó a actuar con tanto temple, tranquilidad y delicadeza-. ¿Vendríais conmigo esta vez si os lo pidiera? -inquirió, sin perder el gesto, pensando que el llevarla a la cabaña sería una buena forma de que la albina le creyera, al comprobar que el dragón azul estaba bien.

Tampoco le daba la gana abandonar de nuevo a Lyvana en esas circunstancias.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Dom Abr 10 2016, 13:21


¿Estaba… bien? ¿Realmente estaba bien? ¿Realmente podía tener esperanzas? Incluso la esperanza de tener esperanzas se la antojaba como algo demasiado bonito para ella. Pero Megerah había dicho que sí, la había tendido la mano, la estaba ayudando a levantarse… ¿de verdad era Megerah? Era… una persona completamente distinta a sus recuerdos y a sus pesadillas. Era como si la luz pasara a través de ella, iluminando los ojos llorosos de Lyv. Vio como Megerah alzaba su otra mano, recordando súbitamente que meses atrás había curado ese mismo brazo… con mayor y menor peripecia. Pero al ver como esa mano se acercaba a su rostro, instintivamente se encogió y quiso soltarse del agarre de la rubia. Temía que pese a esas palabras y a esos gestos amables, todo fuera una treta, una hermosa treta que finalmente acabaría en un golpe en su rostro… cerró los ojos, asustada… hasta que sintió como Megerah acariciaba su mejilla, apartando casi maternalmente el camino que lágrimas que había dejado la pena y el miedo sobre la piel de la albina. “¿Casi? No…” Lyvana lentamente abrió los ojos. “Hace mucho, mucho tiempo… tanto que lo creía ya olvidado… mi madre me acariciaba así cuando me hacía daño y lloraba…” suspiró, casi girando el rostro hacía esa mano para sentir más esa cálida caricia. “Se siente bien…” gimió en su mente.

Pero esa caricia fue un breve gesto, algo torpe, quizás por la inexperiencia de Megerah prodigando esos gestos o por el daño irreparable que sufría ese brazo, como bien sabía la herbolaria.

Las nuevas palabras de Megerah casi provocaron una sonrisa en Lyv. Una sonrisa, sí, pero triste. ―… ya me he caído tantas veces, que me he acostumbrado a mirar todo desde el suelo ― no pudo evitar decir, con la voz compungida.

Pero ya fue esa última pregunta la que provocó que la respiración de la albina se alterara. ¿Acompañarla…? Al instante los recuerdos azotaron a la albina… como “acompañó” a Megerah cuando esta apareció por su casa, poniendo su vida patas arriba, como la acompañó cuando acordaron liberar a Leviathan y como la rubia se quedó atrás… habían sido dos experiencias que cambiaron por completo a la persona que hasta entonces había sido Lyv. Ahora, ¿habría una tercera? Estaba nerviosa, no se sentía preparada… pero…

Miró de nuevo los ojos azules de Megerah. Ya no había frialdad en ellos, ni desprecio… ahora sentía que realmente podía confiar en ellos. En la anteriormente había sido su encarceladora, la temida inquisidora sin corazón… ¿era eso? ¿Con la muerte de Moloch lo había recuperado? Pero parecía tan radiante, que solo por eso la parecía poco…

Sin embargo, finalmente aceptó la propuesta de Megerah, atraída por esa luz. Apretó la mano que aún sostenía, como un ancla para no caerse, y asintió.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Dom Abr 10 2016, 15:53

Megerah se sentía extraña con esa calidez interior que la fragilidad de Lyvana había despertado en ella. Pero no le desagradaba para nada. Desde que tomó la mano de Thareon en los jardines de la mansión Hell, la rubia comenzó un proceso de cambio, adaptándose a esa nueva vida que el dragón azul le brindó... y que la llenaba de dicha desde entonces. No contaba las veces que él pudo perder el control, refrenando la transformación en la bestia que Moloch liberó, ante el enfado, la frustración o cualquier sentimiento negativo que él tuviera. Él había conseguido controlar esos cambio al igual que ella había suavizado su carácter. No lo había perdido del todo. De hecho, Megerah seguía siendo fría y calculadora cuando la situación lo exigía, pero cierta luz de comprensión y paciencia habían hecho grandes estragos en la rubia. El contraste se veía claramente en aquellos que llevaban tiempo sin verla. Como Lyvana, por ejemplo.

Erah enterneció aún más la sonrisa cuando la albina buscó con su rostro ese contacto con su propia mano. Se sorprendió lo ciega que había estado bajo el yugo de la Muerte Negra. Lo inhumana que había sido. Y hasta perversa. No miró por la suerte de Lyvana en ningún momento... hasta que tomó la decisión de liberarla junto con el dragón azul. ¿Ya entonces quiso redimirse? O, ¿tal vez fue con la malicia de saber que la albina temía ya a lo que era Thareon por aquel entonces? Megerah tragó saliva, más que segura que el liberarla no fue con maldad alguna-. Entonces es tiempo de que empecéis a verlo todo de pie, de nuevo. -como la humana libre que en su día fue, de profesión herborista. Erah pudo estar segura que Lyvana podría ejercer de nuevo si llegaba a proponérselo. Y, de hecho, la idea de que colaborara en su causa se le pasó por la cabeza. No obstante, primero tenía que tantear el terreno, ver cómo reaccionaba al ver a Thareon. Ya habría tiempo de hablar con tranquilidad. Una tranquilidad que Lyvana no parecía tener en aquel momento por la pregunta de la rubia.

Megerah la vio pensárselo. La vio sopesar sus opciones... hasta que finalmente la mujer de piel nívea apretó su diestra, como mera respuesta. Sonrió un poco más antes de agacharse a recoger la red de la albina con el brazo que ella no sujetaba-. Vamos... Podrás calentarte un rato al fuego y comer como se debe. -prefirió omitir el reencuentro que se daría en cuanto cruzasen el umbral de la puerta, para no ponerla más nerviosa.

Caminaron sobre los pasos que la rubia había dado un rato antes, sin soltarse de la mano. Poco se atrevió a preguntar, adivinando lo mal que lo podía haber pasado la que fue su compañera en esclavitud por un tiempo. Por lo poco que Erah conocía a Lyvana, no le era difícil pensar en todas esas compañías imaginarias y martirizantes que habría tenido durante tantos días. Y de golpe, quiso prometerla que ya no sufriría más. ¿Era, quizás, algo demasiado precipitado? Lyvana podía reaccionar mal al ver al dragón de nuevo. Así que, la rubia optó por no decir más salvo:- Aquí es... Venid. -murmuró volviéndose a la asustadiza muchacha al ver la cabaña, bajo una capa de nieve que, por suerte, dificultaba su avistamiento si no estabas del todo atento. Megerah tomó aire, que se le antojó gélido antes de subir el par de escalones del porche, seguida de la herborista. Abrió la puerta dejando que Lyvana pasara primero para poder cerrarla cuanto antes, para no dejar pasar más frío-. ¿Thareon? -preguntó, aún con la fría y blanca mano de la muchacha entrelazada con la suya.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Miér Abr 13 2016, 01:19

Se encontraba el dragón azul ya esperando en la mesa, con la comida preparada, sumido en sus pensamientos. Hacía rato que había retirado la sopa aguada que iba a ser su alimento, del fuego crepitante. Sabía que Megerah no tardaría demasiado en volver. Estaban empezando a tener serios problemas con las provisiones, así que rogó por que la mujer pudiera volver con algo con lo que poder enriquecer la sopa un poco más.
El dragón no llevaba nada bien el hambre, y menos aún el frío. Se veía obligado a llevar el grueso abrigo y la desgastada bufanda, únicas prendas de abrigo de las que disponía, hasta para dormir. Se sentía amodorrado, espeso y del humor por culpa de aquel maldito invierno, que le obligaba a quedaese encerrado dentro de aquellas cuatro paredes, manteniendo el fuego vivo de forma casi constante

Toda aquella situación  le incomodaba a sobre manera. Física, pero sobre todo emocionalmente. El gravísimo problema que suponía aquel inesperado clima para sus planes era algo que aún no había podido solucionar. Y su reciente fracaso con Gihaial había hecho caer su moral notoriamente. Realmente había contado con el favor del Teniente Generál para su revolución. Casi lo había dado por hecho. Pero saberse de repente tan ciego, valga la ironía, al odio que su antaño hermano destilaba por él a aquellas alturas resultaba desalentador. Sin Gihaial una parte muy importante de su trama se desmoronaba y volvía su objetivo un imposible más que fehaciente.
Mas en el fondo no podía culpar su desdén. O su supuesta indiferencia, ¿pero qué más daba? Gihaial desde luego se caracterizaba por llegar a ser realmente testarudo para algunas cosas. Y no tenía ni idea de cómo convencerle, o de qué alternativa buscar.

No tenía idea de qué hacer, sintiéndose perdido. Su cabeza bullía atestada de demasiadas cosas. Giraba el caldo inconscientemente con la cuchara, perdiendo la mirada en él sin ver... "¿Dónde estás ahora que te necesito?", llamó al Anciano dragón blanco una vez más, conectándose a su silenciosa red, sin llegar a obtener respuesta. Al menos no de él.

La puerta de la cabaña de abrió de improviso. Y reconoció la voz de Megerah apresurándose en entrar. Thareon alzó el rostro tatuado, esforzándose en redirigir su atención a la recién llegada.
Y no pudo reprimir una mueca de profundo asombro, al reconocer de inmediato a la muchacha que la acompañaba.


Tras unos segundos largos y pesados, Thareon dejó la cuchara a un lado y se levantó despacio de la mesa, sin apartar los ojos de aquella muchacha albina que se escondía entre las pieles llenas de nieve, ni de aquellos tímidos ojos violáceos que nunca hubiera sido capaz de olvidar.
Tragó saliva, en un gesto inconsciente. Se paró apenas a un metro de ella. Y con un susurro ronco, musitó: - ... ¿Lyv? - Miró a Megerah, como esperando que ella le confirmara que aquel momento no era una ilusión o un sueño. Aún preso de su incredulidad, balbuceó. - Yo... Creí que tú, con Gus... habíais... - Huido. Corrido. Escondido. De Leviathan. De él. Presas del miedo y el horror que a ambos les había hecho presenciar. Especialmente a Lyvana, a la cual le había enseñado el verdadero significado del miedo.

El mismo miedo que transpiraba sin querer, y que Thareon percibió claramente.






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Miér Abr 13 2016, 19:38

Ahí estaban. Eran inconfundibles. Esos ojos azules… los veía todas las noches, en sus pesadillas… sin falta. Ya fueran así, en su forma humana… o rasgados, adornando el rostro de la bestia, de Leviathan. Y lo curioso era que, pese a veces mostrarse humanos, evocando aquellos que la joven albina amara tanto… la frialdad, el salvajismo y la indiferencia que brillaba a través de ellos, tornaba el amor en temor y la confianza en miedo.

Y ahora esos ojos la estaban mirando de nuevo, a la luz del día, estando ella despierta… era real. Realmente tenía a Thareon delante de ella. Desde que Megerah había pronunciado su nombre, los temores de Lyv se habían visto confirmados.

Durante unos largos segundos, en los que dos permanecieron mirándose, hundidos en su propia incredulidad y confusión, con Megerah hábilmente posicionada entre la herbolaria y la puerta, único sitio por donde ésta podía escapar, Lyvana podía sentir como las pulsaciones de su corazón, ya alterado por lo que acababa de experimentar con la rubia, se disparaba acelerado. Su mirada se volvió errática, pasando de esos ojos, amados y temidos, por el rostro del dragón azul… y sí, ahí estaban, los tatuajes que Moloch infligió… podía recordar vívidamente como los había elaborado, porque la albina había sido testigo, cómplice y culpable… ¿Cuántas veces la había recordado el dragón negro que ese era su castigo por su mal comportamiento? El dolor y el sufrimiento de su amigo…

… y en esa oscuridad, lo perdió.

Thareon se levantó de la mesa, y ya ese simple pero brusco gesto provocó el primer movimiento en Lyv: un salto involuntario, como un conejo sobresaltándose ante la proximidad del cazador. Lyvana casi no podía escuchar otra cosa que los latidos de su corazón, retumbando en sus oídos. Su mano, la que aún sostenía Megerah, se la antojaba fría y sudorosa… y si antes había agradecido ese contacto, ahora la parecía una trampa, un cepo…

“Se está acercando… se está acercando…” gimió en su mente. No estaba preparada… tenía que huir… escapar… esos ojos azules… la sangre… la sangre que inundaba todo… esa voz siseante… Jadeó alterada.


¡Era demasiado! ¡No podía!

Vio como los labios de Thareon se movían, pero no escuchó nada. Su corazón resonaba con la fuerza de una tormenta. ¡Corre, corre, corre! Gritaba su mente, tan histérica como ella. Sorpresivamente sus temblorosas piernas no se vinieron abajo y reaccionaron bien al pánico de su dueña cuando, como un cervatillo a la fuga, dio un inesperado quiebro hacía un lado, desequilibrando a la propia Megerah, para escapar por la puerta… que estaba cerrada. Un detalle que se le había pasado por alto, con la súbita aparición de Thareon. Un detalle que se volvía importante, sobre todo cuando te dabas de bruces contra la madera con la que estaba hecha la puerta. Buena madera, que se traducía en un golpe aún mayor. ¿Y qué paso? Pues que hasta rebotó, chocando con el cuerpo que había arrastrado hacia adelante, el de Megerah. ¿El resultado? Ambas al suelo, cayendo Lyv encima de la rubia.




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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Megerah el Jue Abr 14 2016, 19:37

Erah sintió como la mano que mantenía agarrada comenzó a temblar, recubriéndose de un sudor frío, puro fruto del más visceral terror. No le era desconocido todo lo que la mujer había pasado tras los cuatro muros del castillo. Y el hecho de haberse mantenido aislada desde que Megerah la liberó no era de gran ayuda. Ese temblor se extendió por todo el cuerpo, y llegó un momento en el que la rubia estuvo tentada de pedirle al dragón que no se acercara más, consciente como creía ser de lo que pudiera estar sintiendo Lyvana en aquel momento. Pero la herborista se le adelantó a cualquier reacción.

Megerah no sólo se desequilibró en un principio. Porque la albina, de haber podido, la habría arrollado sin contemplaciones, en pos de su ansiado encuentro con el exterior, para huir. Pero Erah, por un motivo que lejos tenía que ver con evitar la huida de Lyvana, había cerrado la puerta, con la que la albina chocó estrepitosamente. Un golpe seco sonó y lo siguiente de lo que Megerah fue consciente era que estaba en el suelo, con aquella mujer histérica encima. No tuvo la suerte de caer del todo bien, haciéndose daño en el brazo derecho, con el que quiso frenar la caída. Su espalda acabó posándose en la madera, haciéndole soltar aire por el peso de la otra mujer encima suyo. Con una fugaz y pequeña mueca a caballo entre dolor y molestia, apretó los labios, justo antes de revolverse para rodar lo justo para quitarse a la albina de encima. Será posible… No rodó hasta cambiar las tornas, pues supo enseguida que la herborista patalearía y haría cualquier cosa por liberarse. Y ya tenía suministro suficiente de golpes por esta vez.

<< Thareon, no te acerques. >>, le pidió mentalmente, cuando vio que la otra mujer se recogió sobre sí misma, quedando agazapada, encogida contra sus rodillas,en el primer rincón que pilló. No quería que el dragón se acercara, por más que él quisiera, mientras la herborista estaba tan alterada. Erah, volviéndose a armar de una paciencia casi oculta hasta ahora, se incorporó despacio, parcialmente, alzando ese brazo que le temblaba ligeramente por el golpe, con la palma hacia arriba-. Lyvana… -susurró con candor y tranquilidad-. Miradme… -señaló fugazmente a sus ojos cristalinos, llamando la atención de la otra mujer-. Nadie va a haceros daño aquí. -se acercó muy despacio, hasta posar su mano en la rodilla de la albina, con una suavidad exquisita-. Estáis a salvo, Lyvana… -repitió su nombre con voz apaciguadora y tranquila, pese a la incomodidad de verla tan vulnerable. Como cualquier animal asustadizo del bosque. Tuvo la esperanza de que la albina se dejase tranquilizar por la candidez y la calidez que le brindaba la mano de la rubia a través de sus ropas. Mas no estaba del todo dispuesta a darse por vencida con tanta facilidad.





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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Thareon el Jue Abr 14 2016, 20:18

Le hubiera gustado decir que le sorprendió semejante reacción. Pero lo cierto era que no. Lyvana era, con la excepción a Megerah, la persona que más de cerca había vivido el horror que había supuesto Leviathan. Había visto cómo Moloch le había hecho cambiar, la tortura que había sido cada segundo de su vida en aquel entonces. Y había visto su cara más oscura, su faceta más terrible... Sabía que había supuesto para ella un desengaño y una impresión demasiado fuertes. Una impresión que no logró superar cuando entre ella y Aengus trataron de ayudarlo en balde.

Desde luego, ¿qué otra reacción cabía esperar?

No hizo nada. No dijo nada. Porque sin necesidad de que Megerah hablara, supo que no tenía nada que hacer en aquel punto. Aunque eso no significara que no le doliera ver a la joven albina en semejante estado, o que tuviera tal reacción ante él, por comprensible que fuera.
Sencillamente se quedó en el sitio, y se acuclilló, apoyando los codos en las rodillas. Mirando intensamente a las dos mujeres a través de sus ojos azul topacio.






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Re: Like a Child [Priv. Megerah]

Mensaje por Lyvana el Vie Abr 15 2016, 02:09

Lyvana había caído sobre blando, pero había chocado contra algo duro, y su frente daba fe de ello… pero poco la dolía con el pánico que tenía encima. Si, había caído, pero al tiempo que Megerah conseguía quitársela de encima, a la albina la faltó tiempo para hacerse una bola en el rincón más cercano y alejado a su vez de esos ojos azules… lo cual era algo complicado, dadas las dimensiones de la casa. Lo único que tenía cerca para cubrirse un poco más era un caldero… pero no podía usar eso, ¿verdad? No, no podía. De hecho, en ese mismo instante la mente de Lyv era un completo caos, por el terror que la invadía. Apenas podía formular un pensamiento coherente por su histerismo… solo deseaba escapar de esos ojos azules, y de la sangre y la muerte que los acompañaban.

Fue entonces cuando otros ojos azules captaron su atención con un gesto. Que los mirara, decían. Si, la dueña de esos ojos… “Megerah…” reconoció a la rubia, tragando saliva. Estaba ante ella, y su figura tapaba a la de Thareon. Hablaba en un tono tan pausado y calmado, que contrastaba con los temblores de su brazo derecho, ¿por qué temblaba? ¿Era por Thareon…? Ah, entonces era normal, como ella misma estaba haciendo.

Se encogió un poco más cuando Megerah se acercó a ella. La albina casi parecía desear desaparecer en el suelo, o fundirse con la pared de la cabaña. Se sacudió con un pequeño brinco cuando sintió como la mano de Megerah se posaba en su rodilla. Se quedó unos instantes completamente quieta, como si… la fuera a golpear, agarrar o algo por el estilo. Pero… esa voz que era de Megerah, ¡pero que no parecía de ella! Era tan dulce y… ¿maternal?, que la instaba a mantener la calma. O al menos no salir corriendo de nuevo contra la puerta cerrada… total, si la golpeaba repetidas veces, ¿no acabaría por ceder?

Pero… nadie la iba a hacer daño. Eso decía Megerah…

Estaba a salvo… allí.

―… ¿-rdad? ― preguntó, con la voz tomada por la emoción. ― ¿De verdad? Pero… los ojos azules… la sangre… ― no quería moverse, no quería ver como detrás de Megerah, estaba la figura de Thareon. Lo intuía, seguía allí… con la respiración alterada, Lyvana se lanzó a refugiarse hacía quien la ofrecía seguridad en ese estado de pánico. Con los brazos hacía delante y de rodillas, hundió su rostro en el pecho de Megerah, abrazándose a ella con auténtico desespero… ― ¡N-No puede ser Thareon! ¡Es Leviathan! ¡Son sus ojos! ― gimió contra su pecho. Thareon se había perdido… lo había perdido… lo había abandonado… le había fallado…




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