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Courage and honor - [Ariakas]

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Courage and honor - [Ariakas]

Mensaje por Elia el Mar Mar 22 2016, 03:58

Era pleno día cuando Elia, que se encontraba paseando tranquilamente por las transitadas calles del mercado de Talos, se encontró con su hermano… aunque más que encontrarse, habría sido más correcto decir que se chocó con él. Estaba ella parada frente a un puesto en el que vendían plantas y objetos varios para el cultivo, y apenas se había despedido con una suave inclinación de cabeza del amable mercader que acababa de a tender y había dado un paso hacia atrás, la cabeza de dorados y destartalados cabellos de su hermano había chocado contra la suya. Puede que hubiera sido por la enorme cantidad de gente que había a su alrededor haciendo compras a pesar del frío, por el desconcierto que le produjo no sabe de dónde había venido el golpe o porque, simplemente, no esperaba encontrarse con él en aquellas circunstancias… pero lo cierto era que, si debía ser sincera, no le había reconocido. No en primera instancia al menos. Una década sin verse había sido suficiente como para que el niño al que dejó subido a las ramas de un árbol, apenas armado con un hacha que por aquel entonces no sabía utilizar creciera hasta convertirse en el hombre que era ahora, y aunque días atrás había tenido la ocasión de contemplar cómo sus rasgos se habían endurecido con el paso del tiempo, la sorpresa de ese momento había sido demasiada.

La mujer se había mesado la frente con suavidad, y tras ayudarle a levantarse del suelo, había agarrado la cabeza de él para asegurarse de que también se encontraba como debiera. Había sonreído. Le gustaba poder hacer de hermana mayor después de tantos años. Le gustaba la idea de tenerle delante y poder preocuparse por él y cuidarle. Le gustaba saber que su experiencia, que sus consejos, que su sola presencia, podrían ser de alguna utilidad para aquel con el que compartía sangre aun cuando el recelo por “no haberle buscado” siguiera profundamente enraizado en alguna parte del alma del muchacho. Habría suspirado de haber tenido un segundo para hacerlo, de haberse concedido el capricho de entornar los ojos para mirarle con cariño y dejar que su corazón se sumergiese en un mar de dicha efímera y frágil… pero simple y llanamente, no pudo. Era cierto que no le conocía. Era cierto que no le había visto crecer desde que los soldados los separaron. Era cierto que no había vuelto a saber de él desde que la tomaran como esclava y marcaran su piel con un hierro al rojo sólo para luego obligarla a hacer algo que, en realidad, nunca fue lo suyo… pero aquel joven que en aquel momento sostenía en sus brazos compartía con ella un vínculo tan fuerte que, en realidad, le bastó ve la expresión descompuesta de su rostro para saber que algo no iba bien.

Quiso echar a correr, pero ella le retuvo. Le sostuvo por el brazo, con fuerza, y frunció el ceño a modo de una pregunta que no sería formulada. Por las venas de ambos cabalgaba el ímpetu y la explosividad propias de unos guerreros fuera de su tiempo. Su gente siempre había sido impulsiva, valiente, astuta, incluso temeraria, y no dudaba de que aquellos valores estaban tan firmemente unidos al carácter de ambos que en ocasiones podían granjearles más de un problema… pero él siempre había sido más calmado que ella. Más reflexivo. Más templado. Más cauto en definitiva, y por eso le costaba imaginar una situación en la que pudiera estar en un lío que no fuera capaz de resolver. Entonces, él empezó a hablar atropelladamente, haciendo gestos amplios y energéticos y lanzando miradas de pánico a un lado y a otro. Su nerviosismo era tal que Elia no fue capaz de entender qué demonios era lo que le pasaba. Sólo pilló palabras sueltas. Palabras como “perseguir”, “soldados” y “armada”… y la mujer no necesitó saber nada más para hacerse una idea de lo que acababa de ocurrir.

Se puso de puntillas para mirar por encima de las cabezas de los transeúntes, echó el brazo a su hermano por los hombros y le arrastró, obligándole a acelerar el paso, hasta un callejón. No pensó qué hacer después, simplemente actuó por instinto. Era su hermano pequeño, era la sangre de su sangre, y le protegería de lo que fuese aunque para ello tuviera que ponerse en riesgo a sí misma. Le empujó contra la pared para asegurarse de que nadie se daba cuenta de su presencia, y mientras se desabrochaba la capa, le ordenó que hiciera lo mismo. Por lo poco que había conseguido captar de él, no le habían visto la cara, y eso era bueno, porque así podría despistarles, porque así, ella podría ocupar el lugar de él y dejarle a salvo… porque así, podrían volver a jugar al escondite una vez más, como cuando eran niños. Como cuando les separaron. Le arrebató el abrigo de sus temblorosas manos y le obligó a vestirse con el que ella había llevado, dejándole como única despedida un beso en la frente y la silueta de un lazo dibujada sobre su pecho antes de salir de nuevo a la calle principal, embozada con aquellas ropas que no le pertenecían y dejando que los soldados la vieran antes de echar a correr calle abajo.

El corazón le latía con tanta fuerza y tan rápido que casi marcaba el ritmo que tenían que seguir sus pies para evitar tropezar. Tenía miedo, por supuesto… pero aun cuando la cogieran, la encerraran y machacaran sus huesos hasta hacerlos polvo por algo que no había hecho, estaría bien si eso servía para mantenerle a salvo a él.
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Re: Courage and honor - [Ariakas]

Mensaje por Ariakas Verminaard el Jue Abr 14 2016, 18:59

Un corredor, desde hacia mucho tiempo que no me había tocado perseguir literalmente a nadie, eso...como se decía entre la inquisición, era trabajo de soldados, bueno, pues ahora era un soldado y junto con varios guardias perseguíamos a ese fugitivo, le veníamos pisando los talones desde la zona residencial, había intentado callejear, ocultarse, y se había metido en el mercado para mezclarse entre el gentío para perderse de vista.

Si la persecución hubiese ocurrido 300 años antes, la gente que los veía pasar hubiera asociado la persecución con una escena digna de una película de kung fu, donde el joven intentaba por todos los medios interponer obstáculos o puertas entre el y sus captores, donde el persecutor principal franqueaba cada obstáculo a saltos y giros solo comparables con los movimientos de un experto en parkour o un practicante de años de artes marciales, algo no muy lejano a la realidad.

Me detuve buscándole con la mirada respirando levemente agitado, correr era una cosa...pero correr con armadura era una muy distinta...me quite el casco para limpiarme con un pañuelo el sudor que comenzaba a correrme sobre las cejas antes de volver a colocarme el protector metálico en la cabeza, olfatee el aire tratando de obtener su rastro de nuevo, pero el mismo se mezclaba con in millar de aromas en el mercado, odiaba hacer rastreos en ese lugar, era infructuoso, con una seña ordene a los dos guardias mas que me acompañaban separarse y buscar.

Avance algunos pasos mas y alli salio, disparado como flecha para comenzar a correr de nuevo, corrí detrás de la pequeña sabandija evitando chocar con la gente que se atravesaba -Alto allí!!! Ladronzuelo!!!-




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Re: Courage and honor - [Ariakas]

Mensaje por Elia el Vie Abr 22 2016, 16:27

La sangre corría frenética por sus venas conforme su embozada figura se deslizaba calle abajo como alma que lleva el diablo. Incansable. Infatigable. Imperturbable. Imposible de agotar. Imposible hacer que se rindiera. Daba igual sus pies se hundían en el barro, si se torcía un tobillo o si un mal paso hacía flaquear sus rodillas. Daba igual si su garganta se desgarraba por el gélido aire que entraba a violentas bocanadas por entre sus labios o si arrollaba a alguien en su camino a ninguna parte. Sólo pensaba en alejarlos de allí, en intentar mantenerse en esa línea en el que la persecución y la victoria estaban tan cerca que se volviese difuso saber, en realidad, cómo acabaría aquello. Quería darles la esperanza de que podrían alcanzarla para que ignorasen al resto de almas que vagaban por el lugar y que su querido hermano pudiera escapar de allí sin levantar sospechas… pero hacerlo requería caminar en una cuerda floja, en ese hilo en el que un paso en falso la haría caer en las garras de aquellas criaturas.

Elia echó la vista atrás y sus rubios cabellos ondearon en el viento. Les tenía lejos. Lo bastante lejos al menos. Sonrió de medio lado y echó la mirada al frente. Si todo seguía como hasta ahora, a la noche podría ir a verle y hacer que le explicase exactamente en qué clase de lío se había metido y cómo era que había dejado que lo pillaran. Por la gloria de Odín, ella no era el mejor ejemplo de la cordura o de la lucidez, y de hecho, ya había hecho un par de locuras que la habían dejado en una situación comprometida en más de una ocasión… pero su hermano nunca había sido así. Él había sido siempre un muchacho más reflexivo, más calmado, más consecuente para con sus acciones. Era algo torpe, era cierto, pero nunca hacía nada sin detenerse a pensar en qué podría pasar si lo sucedido se le torcía de alguna manera. En ese aspecto, Elia y Björn habían sido muy distintos desde niños… pero ahora… ¿qué demonios le había pasado durante esta década en la que no había podido verle crecer como para que empezase a meterse en esa clase de líos? ¿Tendría algún problema? ¿Por qué no había acudido a ella a pedirle ayuda en lugar de hacer alguna estupidez? Le habría ayudado, lo había dado todo. Habría…

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el choque con un transeúnte, que la hizo caer al suelo y rodar unos metros sobre la arena y la nieve. El hombre gruñó, gritó y empezó a hacer aspavientos, quejándose por el fortuito encuentro entre ambos… y fue precisamente esto lo que hizo que la gente comenzase a abrir un círculo en torno a ambos, previniéndose así de librarse de un golpe si los protagonistas de aquella escena decidían pasar a los puños. Elia sin embargo no oía las voces a su alrededor; no sentía la humedad adhiriéndose a sus ropas, ni tampoco el dolor que empezaba a extenderse por su cuerpo a causa de la carrera y de la caída. Lo único que llenaba sus sentidos era su propia respiración, el repiqueteo de su corazón y la dorada cortina que su pelo, junto con la capucha, formaban impidiéndole ver.

Llevó sendas manos a su rostro, despejándolo y echando la vista atrás. Su respiración se cortó cuando vio que el soldado que la perseguía acababa de quitarse el casco, y más que la sensación de verle tan cerca, fue la incertidumbre de saber quién era… porque aunque no hubiera conocido su nombre, ninguna de las ánimas que la rodeaban en aquel momento olvidaba que ese hombre, de ojos rojos como la sangre que martilleaba en sus sienes, había asesinado a varias personas con sus propias manos y a la vista de todo el populacho. Más de uno aún tenía pesadillas por la brutalidad de sus acciones, y, de hecho, a la humana no le cabía ninguna duda de que más de uno de los presentes, temblaba sólo con ver su sombra… pero ella no tenía tiempo que perder. Tragó saliva y apoyó sendas manos en el suelo, impulsándose con ellas hacia el frente para coger impulso y levantarse a la carrera, ignorando las miradas que se habían clavado en ella ante la orden del otro. No tuvo que avanzar demasiado hasta que no tuvo que saltar una carretilla para evitar tropezar de nuevo, volcando a su paso un puesto de frutas para dificultar el avance de su perseguidor.




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Re: Courage and honor - [Ariakas]

Mensaje por Ariakas Verminaard el Mar Abr 26 2016, 22:29

Corri tras ella de nuevo al momento que se impulsaba para huir nuevamente, ya muchos se apartaban de mi camino a mi paso, nadie queria acercarse a mi mas de lo estrictamente necesarios, preferian abrir paso que convertirse en mi nuevo objetivo, la carreta se atraveso y yo usando el mismo impulso de mi carrera apoye las manos para direccionar mi salto a la vez que me impulsaba con la carrera y mi fuerza saltando por encima de la carreta facilmente, tiro un puesto de frutas y yo trace una ruta para dar un ligero rodeo.

Pase por detras del puesto impulsándome en unas cajas y luego rebotando en la pared para saltar por encima de otros dos puestos y caer en la via principal de la carrera donde usando la misma inercia de la caida resortee las piernas para continuar corriendo detras del crio que perseguía, la gente se continuaba apartando ante mi paso, en primera por que entre menos estorbara menos golpes les tocaba con mi paso, en segunda por que no deseaban que los usara de escalones o trampolines.




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Re: Courage and honor - [Ariakas]

Mensaje por Elia el Mar Mayo 03 2016, 01:15

Elia no se volvió a conceder un solo instante para echar la vista atrás y ver el hermoso espectáculo que el puesto había creado al caerse. Las frutas dibujaban figuras aleatorias sobre el suelo que pisaban, y ahí, entre la nieve que tan agotado tenía al pueblo y empujados por la hambruna que acompañaba a tan hostil tiempo, los transeúntes que más cerca se encontraban del lugar empezaron a empujarse los unos a los otros, insultándose, peleándose entre sí y creando un auténtica barricada en plena calle. Era horrible ser consciente de que le gente se moría. Era horrible ver que nadie hacía nada por evitar que sus congéneres llegasen a la situación de entregarse a una vida de servidumbre con tal de no morir congelado en la calle. Era horrible oír, ver, sentir, cómo aquel centenar de manos se lanzaban ávidas y desesperadas a por un bocado que más tarde otro le arrebataría sin consentimientos… era horrible. Desesperanzador. Desgarrador. Casi tanto como el ritmo que el corazón de Elia tomaba en aquellos momentos.

La aglomeración de gente, que corría en dirección contraria a la que ella llevaba, le daba la oportunidad de perderse entre un mar de cabezas y cuerpos agitados. Le daba la ocasión de ser perdida de vista aun cuando fuese la única que nadaba contra corriente. Le daba, irónicamente, una vía de escape a la que estaba dispuesta a aferrarse con todas sus fuerzas. Echó una mirada por encima de su propio hombro a tiempo como para ver cómo su perseguidor saltaba por encima de unas cajas, usando las paredes como resorte e intentando, de esta manera, burlar a toda esa gente que le impediría el avance… y sus labios volvieron a tensarse, presas del nerviosismo. Giró sobre sus talones, oteando a su alrededor, y no se demoró más que unas milésimas de segundo en cambiar de nuevo el rumbo y adentrarse en una callejuela estrecha, oscura y embarrada que comunicaba con la calle contigua. Tuvo que ponerse de perfil para que su silueta se deslizase sin problemas entre el pequeño hueco que ambos muros dejaban, y aunque era cierto que en aquello perdió más tiempo del que hubiera invertido si simplemente hubiera seguido corriendo, la cercanía entre ambas paredes era tal que un hombre alto y fornido como lo era aquel soldado, más aún si iba embutido en la usual capa de piel y con la coraza en torno al cuerpo, tendría verdaderos problemas para atravesar la callejuela.

La mujer dejó el pasaje a su espalda, y volvió a perderse entre la gente del lugar, intentando pasar desapercibida en la medida de lo posible mientras buscaba un lugar en el que esconderse. O en el que deja la capa. O en el que él nunca la buscase. O en el que no la encontraría aunque lo hiciera.

Bajó a toda prisa unas escaleras, saltando los peldaños de dos en dos, y dirigiéndose a una taberna de mala muerte. Nunca había estado en aquel lugar, pero no importaba. Había pasado por delante de aquel tugurio el suficiente número de veces como para saber que en la puerta trasera del lugar había un poste donde los clientes dejaban atados sus caballos, sus paikeikis o cualquiera que fuese su montura mientras ellos calmaban su sed, su hambre o cualquiera de sus otras necesidades. Sacó su hacha, acercándose a los animales con paso decidido, y aún se tomó el tiempo necesario, sin darse cuenta de que no era el acero sino el aire quien lo hacía, como para cortar las riendas de todos menos uno y alentarlos a huir antes de subirse a lomos de un semental castaño de crines negras y espolearlo como si no hubiera mañana para que rompiera al galope.




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