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Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

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Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Jue Mar 03 2016, 23:26

Normalmente no solía llover en Talos, pero aquella noche las gotas caían con ferocidad sobre los tejados de la ciudad.


Las calles estaban inundadas, la luna era invisible a cualquiera que pretendiera buscarla, pues las oscuras nubes se encargaban de ocultarla como si se hubiera volatilizado, y el viento empujaba hacia atrás a aquel que se atreviese a poner un pie en el exterior.  Sin embargo, aquella tormenta no hacía más que representar lo que se cernía sobre la sociedad, pues con la reciente aparición de los dioses elementales y la creación de una nueva agrupación con el objetivo de endurecer la seguridad en la ciudad, todo había sido sumido en una tensión palpable incluso para los más indiferentes. La Inquisición, conformada por soldados experimentados, preparados para la ejecución y persecución de los que atentaban contra el Imperio del Fuego.

Corría como podía, presionándome el estómago con la palma de la mano izquierda, bajo la que brotaba sangre de una fatal puñalada, y apoyándome en las paredes de los callejones con la mano libre. La lluvia bañaba mi rostro, impidiéndome ver el camino con claridad y desorientándome por momentos. Ni siquiera tenía muy claro hasta dónde me conducían mis piernas, pues lo único que sabía con certeza era: debía sobrevivir, fuese como fuese. Tenía los ojos entrecerrados, y si se podía distinguir algo en mi expresión era una mueca de terrible dolor. De vez en cuando me recorría por completo una ola eléctrica, reforzando esa voluntad, lo único que me quedaba para continuar con vida. Con el báculo de Laryos impregnado en sangre colgado a la espalda y una bolsa con lo poco que había conseguido  llevarme del último lugar en el que vería a mi padre. Aquello no era más que una huida de mi propio final. Pues cuando la Inquisición irrumpía en tu casa para cumplir con su trabajo, no había ser con el que mostraran compasión. Ni siquiera un inocente chico de dieciséis años, que lo único de lo que había pecado había sido de nacer con un don.

Las lágrimas que se deslizaban por mis mejillas se mezclaban con las gotas de lluvia, y un rastro de sangre tras mis pasos podría haberles conducido hasta mí, de no ser por la bendita tormenta y el agua que circulaba calle abajo, borrando toda señal a su paso. Ya nada volvería a ser lo mismo, ya no volvería a confiar en nadie. Y en mi mirada quedaban reflejadas las sombras que desde aquella noche me acompañarían durante largos años.

Abandoné el callejón. Apenas me quedaban fuerzas para seguir caminando, las piernas comenzaban a fallarme y tuve que dejarme caer sobre unos escalones, en la entrada a la casa de uno de esos dragones que tan bien sabían vivir. En aquellos momentos el odio había dado paso a la envidia, al pensar que ellos no eran perseguidos por la ley por el simple hecho de existir. Una punzada de dolor en el pecho, entregándome un dolor ahora más emocional que físico. Alargué la mano, tirando de mi cuerpo en ascenso por los peldaños, buscando el portón de madera. Necesitaba ayuda, aunque no quisiera aceptarlo, y ellos, esos dragones a los que tanto aborrecía, eran en estos momentos los únicos que podían concedérmela. Estaba cada vez más cerca, y ya casi podía notar las vetas de la entrada bajo mis dedos, pero cuando todo parecía estar logrado, cuando lancé un puñetazo sobre la puerta, que fue camuflado por el tronar de la tormenta, mi cuerpo cayó inconsciente. Y me sumergí en las pesadillas.






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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Khloe Darigan el Vie Mar 04 2016, 22:51

Jamás había sentido miedo por las tormentas. Los relámpagos y los truenos no eran ni siquiera capaces de ponerme nerviosa, es más, me gustaba ver como llovía desde la ventana de mi habitación. Cuando las nubes conseguían bloquear los rayos del sol y se perdía la cuenta de en qué momento el día dejaba de serlo para dar paso a la noche, me rodeaba de velas y me dejaba seducir por el flujo del agua surcando los vidrios de mi balcón. Poco a poco, la fuerza de aquella tromba se intensificó y en breves minutos, no se trataba de una nube pasajera, sino de un torrente que estaba inundando las calles. De hecho, desde la ventana pude observar cómo el agua arrastraba escombros de las calles y el corazón se me encogió sólo de pensar en aquellas personas que sin hogar, vagaban por Talos rogando a esos nuevos dioses que les tendieran la mano que durante toda su existencia les habían escondido. Comencé a sentirme nerviosa y pensé rápidamente en Mikhael y en Armin, pues el hogar del dragón no era el refugio más seguro para cobijarse del azote del invierno. Sin embargo, Mikhael sabía cuidarse y confiaba en que no dejaría que nada malo le ocurriese al pequeño, pero por todos es sabido que los accidentes le pueden ocurrir hasta al más inteligente.

Verdaderamente estaba preocupada, pero Mikhael tenía razón en muchas cosas. Pese a todas las ideas que habían ido germinando en mí desde mi nacimiento, no había sido capaz de dar un paso al frente y reivindicar mi opinión. ¿Qué es alguien que ni siquiera puede ser lo que es con total derecho y libertad? Una locura, verdaderamente. Nacidos y educados con una mente cuadriculada en la que no cabe nada que se salga de los límites que otros nos han impuesto por el mero hecho de haber llegado antes que nosotros. Cerré los ojos y desconecté mi mente de la red de los dragones, pues no había estado en todo el día con Minerva. Podría tener un rato de intimidad sin correr peligro por ello. Apoyé mis manos en los cristales del ventanal para asomarme mejor al ver que una figura, aparentemente de una persona, aparecía por uno de los flancos de mi visión. A la vista estaba que algo no iba bien, pues su caminar era pesado y oprimía su vientre. Jadeé y fruncí el ceño, esperando a ver qué sería lo próximo que haría aquella figura, ya que con la lluvia no distinguía si se trataba de un hombre o una mujer. La escalinata de entrada de mis vecinos, se convirtió en un colchón improvisado y por lo que parecía, estaba pidiendo ayuda. Sabía que si los Kaashyk encontraban a un vagabundo en el umbral de su puerta, no dudarían en llamar a la inquisición, de modo que antes de que pudiera darme cuenta, ya había bajado las escaleras desde el primer piso. Corrí todo lo que pude y abrí la puerta de entrada de mi casa. Por fin pude ver que se trataba de un chico y sin importarme el destino de mi ropa, salí a la calle para recogerle. Sus manos estaban manchadas de la sangre que brotaba de su vientre y sentí como se me agrandaban los ojos por la sorpresa y el temor por su vida.

Me llevé un dedo a los labios para indicarle que no hablase, tras lo cual, miré a derecha e izquierda para comprobar que la calle estaba libre de ojos delatores. La lluvia consiguió empaparme de arriba abajo en tan solo unos segundos. El pelo se pegaba a mi cara sin darme ningún tipo de tregua, pero no había tiempo que perder: pasé una de mis manos bajo las rodillas de aquel muchacho y la otra fue a parar a su espalda, para que al tenerlo bien sujeto, pudiera llevarle hasta mi casa para ofrecerle la ayuda que necesitaba.

-Tranquilo... - susurré.- Te voy a ayudar, ¿está bien? Agarra el tirador.- Le pedí al muchacho, porque no me quedaban manos para cerrar la puerta.

Subí las escaleras con cuidado, porque pese a ser una dragona fuerte, aquel chico debía pesar algo más que yo. Además, tampoco era muy buena idea dar bandazos con alguien herido encima. Por suerte, nadie del servicio se cruzó en nuestro camino, dejándonos llegar a mi habitación sin preguntas ni objeciones. Mimi y Kassandra se habrían enfadado conmigo por exponerme así, pero no podía dejar a alguien herido en la calle y menos con semejante temporal. Le presté mi cama, dejándole sobre ella mientras rebuscaba en mi fardo todos los complementos de la botica que había cogido días antes para asistir a Armin.

-Enséñame esa herida y dime cómo te la has hecho.- Dije mientras impregnaba unas gasas en un líquido con propiedades desinfectantes. ¿Y si estaba ayudando a un criminal? - O quién, por el corte tan limpio. Sé que te duele, pero más te dolerá si no hago esto... Trata de aguantar, por favor, se pasará rápidamente.- Mis labios estaban preparados para soplar sobre la herida mientras que la tela limpiaba la herida, dejando a su paso una sensación de ardor en la piel del muchacho.




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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Sáb Mar 05 2016, 17:46



Todo se volvió negro durante unos segundos. Después volví a ver aquel portón a poca distancia de mí, aunque la suficiente como para no alcanzarlo. Volví a perder la vista, y sentía los pinchazos en el vientre, a causa de la herida abierta. En escenas intermitentes, durante no sabía cuánto tiempo, un tiempo que desde allí abajo parecía ser eterno. Entonces, un fogonazo de luz me iluminó desde el otro lado de la calle, como un foco apuntando directamente a aquellas escaleras, delatándome a cualquiera que pretendiera buscarme. Estaba acabado, pensé. Forcé la vista, pero no lograba diferencia el origen de aquella luminosidad, sin embargo, me topé con las manos de una mujer. Lo poco que pude destacar de ella sobre la lluvia fue su inconfundible cabellera rubia, y sus ojos esmeraldas. Sentí cómo rodeaba mi cuerpo entre sus brazos y me alzaba, dejando que la lluvia la envolviera también a ella. Y me llevó hasta la luz.

Había provenido de la puerta abierta de su casa, que ahora la cerraba tras nosotros. No había tenido tiempo a averiguar más de aquel lugar, porque rápidamente me había llevado hasta la habitación en la que, suponía, dormía aquella mujer. Me depositó cuidadosamente sobre el colchón, y una sensación que agradecí eternamente recorrió mi torturado cuerpo. Inclinaba la cabeza hacia atrás, mientras notaba con más intensidad ahora el dolor de la puñalada. La humedad de la lluvia conseguía camuflarla un poco, pero aquí… todo era más real. Sentía cómo mi vida iba consumiéndose lentamente, y ahora me encontraba en las manos de aquella desconocida.

Cuando habló, su voz alcanzó mis oídos como si perteneciera a un segundo plano, como si hubieran sido pronunciadas en una habitación completamente vacía, seguidas de un eco que me hacían estremecerme. Llevé mis manos temblorosas a los extremos de mi raída camisa y tiré de ella hacia arriba, mostrando la brecha a poca distancia del ombligo, entre el costado y la parte más central del abdomen. Estaba llena de sangre, rodeada de suciedad, y su aspecto no tenía muy buena pinta. Era evidente que se había infectado durante el camino. Y entonces, se armó con los instrumentos pertinentes y me ordenó que me preparase para más dolor.

Enterré mi cara en la parte interior de mi codo, cubriéndome los ojos con el antebrazo, ahogando ahí los gritos que podrían haber despertado a los vecinos. Creía que en cualquier momento volvería a perder el conocimiento, que aquí iba a terminar algo y que aquella noche, Laryos no sería el único que dejaría de respirar. Gemí sordamente, reprimiendo las ganas de aullar, y me encomendé a las manos de mi salvadora.

Esperaba que fuese buena con las agujas, o que al menos tuviese alguna con la que coserme la herida, porque sería lo más útil para cortar la hemorragia. No sabía cuánto duraría aquella espontánea intervención, pero quería acabar lo antes posible y dejarse caer en el sueño que fuese, o la pesadilla que pretendiese atormentarlo más de lo que ya estaba. Pero tuvo que permanecer consciente mientras quien fuera que lo había recogido de la calle, se encargaba de él, obligándose a sí mismo a endurecer más una fortaleza que nunca antes había conocido.






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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Khloe Darigan el Mar Mar 08 2016, 13:26

Temía que el muchacho se durmiera. Oh, no, no debía dejar que eso pasase de ninguna manera. Habría sido mejor para él, pues el dolor habría sido más llevadero, pero no sabía todo lo mal que podía estar. Si perdía la consciencia, verdaderamente temía no poder despertarle. La gasa absorbió sangre y bastante suciedad provenientes de la herida, pero al llevar líquido, también provocó que se derramara por su costado y manchase las sábanas de mi cama. Me dedicaba a coser, así que las sábanas eran un mal mucho menor que la vida de un ser. Me hice con más gasa y limpié el sobrante de aquel ungüento que le había arrancado un alarido estremecedor al adolescente. Al escucharle, sentí un escalofrío que recorrió mi espina dorsal y apreté mis mandíbulas para soportarlo. Me necesitaba, debía seguir sin ningún miedo, aunque me provocaba un horror tremendo causar dolor a alguien. Presioné la gasa limpia contra la puñalada, pues aunque no me lo hubiese dicho todavía, en mi vida había visto muchos cortes como para saber que por accidente uno no se hace esos estropicios cayendo sobre escombros. Abrí el cajón de mi mesilla y rebusqué en él para encontrar una aguja curva. En su defecto, encontré una pequeña caja de lata donde recordaba haber guardado varias de repuesto y elegí una de ellas al azar. Antes de enhebrarla, me acerqué a las velas que había encendido por la tarde junto a la ventana y expuse la aguja al calor del fuego para eliminar cualquier rastro nocivo para el humano. En el fondo no sabía si podía ser un híbrido, pero lo que había descartado hace rato era que fuese un dragón.

De nuevo llegué hasta él y llegué a sentirme dolorida por ver lo que estaba padeciendo. Me mordí el labio inferior al tiempo que fruncía mi ceño para enhebrar la aguja, que aún quemaba. El hilo era negro y fino, pero realmente resistente. Con ese mismo material cosí las brechas de Armin, de modo que si un pequeño niño pudo aguantarlo, ese chico lo superaría también.

-No me has contestado. ¿Cómo resultaste herido? - Volví a preguntar, tratando que la conversación le hiciera concentrarse en otra cosa aparte del dolor. Me dispuse a pinchar un borde de su piel y lo atravesé con la aguja.- Soy Khloe Darigan, ¿cuál es tu nombre? - Cerré el primer punto de sutura y continué con mi trabajo y con la charla.- Puedes estar tranquilo porque me dedico a esto. Bueno, no del todo, no soy médico, pero si modista. Soy la dragona con mejores manos a las agujas que conocerás nunca, así que podemos decir que has tenido algo de suerte.- Sonreí de lado, pero sin dejar de fruncir el ceño, pues estaba concentrada en lo que hacía.

Observé que mis manos estaban manchadas de la sangre del muchacho. Mi cuerpo comenzaba a dar ligeras sacudidas, pues el frío del agua que se había estancado en mi ropa, me estaba calando hasta los huesos. La tormenta no cesaba y las gotas de lluvia repiqueteaban en mi ventana. De vez en cuando la habitación se iluminaba por completo, tras lo cual se escuchaba el poderoso estruendo que causaban las nubes al crujir. Mi prioridad en ese instante era estabilizar al muchacho, pero necesitaba saber quién era, pues me estaba jugando demasiado al ofrecerle mi ayuda. Mientras fuera una buena persona y no un asesino o un ladrón, todo estaría bien por mi parte, independientemente de las consecuencias futuras, pero si me estaba jugando la piel por un un criminal, la cosa cambiaría drásticamente. En cualquier caso, la intención de mi corazón era pura y desinteresada, aunque bien poco le importaba eso al mundo a la hora de ponerse la toga de juez.




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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Dom Mar 13 2016, 16:21

Observé con los ojos entrecerrados mecánicamente cómo se apropiaba de los elementos necesarios para llevar a cabo su labor de sanación. Era curioso que un dragón guardara agujas en su propia habitación, pues aquellos instrumentos, hasta donde conocía, era propio de sus criadas, para arreglarle las vestimentas y todo eso. Tal vez fuera una dragona humilde que compartiera simpatía y trabajo con sus esclavos. Al menos eso me decía algo de ella: no trataba a los humanos como seres inferiores, no de forma brusca, al menos. Era inteligente, pues no a cualquiera se le hbría ocurrido esterilizar la aguja con la llama de la vela, y aquello podía marcar una diferencia importante entre las consecuencias de la herida, como el hecho de que la infección la empeorara o no.

Sus palabras, esta vez más cercanas y más sólidas, alcanzaron mis oídos de inmediato, pero no sabía si al intentar pronunciar alguna palabra mi voz se quebraría. Tragué saliva, y plasmé una mueca de molestia en mi rostro, cuando insertó la aguja por primera vez en mi piel. Respiré profundo para reprimir otro grito más y respondí con voz derrotada: —Mi nombre es… —dudé en un principio. Silver me había llamado Laryos, pero él estaba muerto ahora. Yo ya no podía ser aquel muchacho vulnerable al que cualquiera podía tumbar con su dedo meñique. No, aquello había terminado, porque de continuar con aquella actitud no dudaría durante mucho tiempo más. Así que clavé mi mirada en el techo, y dije convencido: —Dayron. Mi nombre es Dayron. —No sabía de dónde procedía aquella palabra, sabía que acababa de emerger de algún recuerdo bastante lejano, pero si mi subconsciente me la había traído de vuelta en aquel momento, debía de significar algo. Después traté de despejar mi mente y recordarlo todo tal y como había sido desde que alguien había golpeado la puerta de nuestro sótano con brutalidad, tumbándola al cuarto impacto y desplegando con ello un escuadrón de cinco inquisidores. No entendía nada sobre el porqué de aquella interrupción, de aquel ataque, pero ya no había vuelta atrás.

El dolor me ataba a la realidad, me impedía sumirme en mis pesadillas y dejarme consumir por la soledad desde la que ahora me vería sometido. El dolor me había transformado, y poco a poco dejé de sentir a aquella mujer cosiéndome la  herida del costado. Volví a nuestra conversación, si es que a aquello podía llamársele ciertamente así, y la retomé. —Alguien vino a mi casa y decidió que sería buena idea destruir mi vida. —Tal vez no había sido muy claro con aquello pero, al reflexionarlo, no sabía si era correcto contarle a un dragón que aquellos que la protegían habían acechado mi existencia. Podría pensar que yo estaba poniendo en peligro la suya, y aunque indirectamente fuese así, no sobreviviría mucho más de una hora allí fuera tan agotado. Así que, dejé de hacer esfuerzo en tratar de narrarle mi historia e incliné ligeramente la cabeza hacia atrás, respirando profundamente y volviendo a sentir las punzadas de la mujer sobre mi piel.






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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Khloe Darigan el Jue Mar 17 2016, 14:57

Su nombre resonó en mi mente y lo repetí varias veces mentalmente para conseguir recordarlo.

-Vaya, qué bonito. No conocía ese nombre. Suena a poeta romántico o a científico importante.- Sonreí sin dejar de fruncir el ceño, concentrada en las puntadas.

El chico parecía estar aguantando con todas sus fuerzas, pues aunque yo tratase de provocarle el menor daño posible, la realidad era la realidad y que te perforasen la propia carne no era plato de buen gusto. Pero supongo que en un momento dado, el dolor físico pasa a un segundo plano, es decir, cuando ya no te puede doler más el cuerpo, cuando sientes que por más que gruñas y por mucho que desees que el dolor cese y no lo hace, te acabas resignando y dejas que simplemente la tormenta pase. En cambio hay otros tipos de heridas que tan sólo las agujas del reloj son capaces de coser.

Me horroricé ante tal confesión. ¿Cómo iban a destruir su vida sin más? ¿Quién podía hacer algo así? Barajé dos opciones en el momento: el muchacho se había metido en problemas con alguien con quien no debía meterse, o bien, era un humano con cierto grado de conocimientos.

-¿Pero cómo puede ser eso? ¿Así, sin más? – Pregunté sin levantar la vista de mi trabajo. Ya contaba con seis puntos. Quedaba poco, al menos.- ¿No tienes ni siquiera un indicio de quién podría haber sido? – Aunque la peor cuestión no era esa… - ¿Crees… ya sabes… que pretendían quitarte del medio?

Desde el inicio de los tiempos, todos los seres que caminábamos bajo el mismo cielo y pisábamos sobre la misma tierra, habíamos convivido con la sombra de la muerte. La vida era lo más preciado y sagrado que se podía tener, y nadie era lo suficientemente poderoso como para poder ejercer su propio juicio y decidir cuándo poner fin a la vida de alguien. Ese robo era imperdonable y con él, el alma del asesino comenzaba a deteriorarse. Nunca alguien sería el mismo antes y después de cometer un asesinato. Se me erizó el vello de la espalda al tiempo que un nuevo escalofrío recorría mi espina dorsal. Moví bruscamente la aguja con la sacudida y me pinché accidentalmente, provocando un pequeño reguero de sangre en mi dedo índice.

-Vaya, hombre… Quizá no teníamos suficiente…

Me llevé el dedo a la boca y chupé la herida, aunque eso sólo provocó que la saliva licuara la sangre y ésta saliera más ágil todavía. Seguí cosiendo sujetando ambas partes de la herida de Dayron con mi pulgar y mi dedo corazón, ya que el índice bailaba en el aire para no contaminar la herida. Terminé con el décimo punto y corté el hilo tras anudarlo. Volví a impregnar una gasa con el líquido que había utilizado anteriormente y lo esparcí incluso por los puntos de hilo.

-¿Tienes algún otro sitio magullado? Debes decirme qué más sientes, por si hay algo más que tengamos que curar. Voy a por ropa para que te cambies, o las heridas serán el menor de tus problemas.- Lo cierto es que coger una pulmonía no jugaría a nuestro favor.

En la habitación de en frente tenía encargos de gente que nunca los había recogido y muchas otras prendas eran modelos para que la gente pudiera probárselos antes de hacer el pedido de forma oficial. Cogí un blusón de crepé azul y unos pantalones de pana marrón oscuro y puse rumbo hacia la habitación de nuevo.

-Aquí tienes.- Dije poniendo la ropa a los pies de la cama.- ¿Quieres que te ayude? ¿Tienes hambre?

<<Por todos los cielos, Khloe Darigan, deja que el chico respire…>>




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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Sáb Mar 19 2016, 21:54

Sabía que trataría de indagar más en aquel tema, pero ella me había ofrecido su hogar y yo no podía permanecer allí sin contarle toda la verdad. Se estaba arriesgando, aunque no lo supiera, a ser condenada, y no podía hacerle aquello a alguien que se había entregado a pesar de la desconfianza que pudiese dar un chico herido a media noche, bajo la tormenta. No se lo merecía, y yo no sería quien traicionara su caridad. —La Inquisición me busca. —Solté aquella bomba sin darle más rodeos. Se produjo entonces un silencio incómodo, tan solo interrumpido por las gruesas gotas de lluvia golpear el cristal y los ladridos de los perros callejeros en el exterior, quejándose ante las inundaciones. De vez en cuando caía un relámpago, seguido evidentemente de su respectivo trueno, que hacía erizar los vellos del más valiente. Traté de acomodarme, cambiando la postura ligeramente, sin llegar a interrumpir su labor.

Volví a hablar. —Nunca he atentado contra la vida de otros dragones. —Hice una pausa, tragando saliva al redescubrir la realidad—. Ni siquiera he atentado contra la vida de nadie. Simplemente me buscan porque nací siendo distinto al resto. —Cerré los ojos, dejando que mi vista se apagara, sumiéndome en la negrura de mi mente y en las sombras que la confundían. No era justo, nunca lo había sido; pero en el mundo en el que vivíamos, la injusticia era inminente.

Sentí parte del dolor que ahora atacaba su dedo tras el pinchazo, pero después de ser abordado por el apuñalamiento, nada podía asemejárseme a aquello. Estaba seguro que aquella sería la primera herida de otras muchas. Pues la búsqueda de la Inquisición hasta encontrarme sería incansable, y ahora que había perdido mi identidad, ni el vulgo podría acogerme. Preguntó de nuevo si aquel corte había sido el único y asentí con la cabeza en lugar de ofrecerle más palabras, evitando que mi voz se quebrara en el intento. Después, desapareció de la habitación, dejándome sólo en un lugar que me concedía una tensión constante. Con los brazos traté de alcanzar un almohadón que coloqué bajo mi cabeza para elevarla un poco más, después, analicé el dormitorio. Digno de una dragona como Khloe, parecía el aposento de una de esas princesas que protagonizaban los cuentos de Laryos, y eso volvía a hacer florecer unos recuerdos envenenados. Tenía que apartarlos si no quería consumirme en el pasado. Él ya no estaba, nunca volvería. Una lágrima emergió, deslizándose por mi mejilla hasta humedecer el almohadón, y mi mirada se volvió sombría, casi vacía.

La joven dragona, al menos en apariencia, regresó portando ropajes que acabó depositando a los pies de la cama. Clavé mi mirada en sus ojos, intimidándola inconscientemente, con la intención de grabarme su rostro a fuego en mi fragmentada mente, guardándola en mis recuerdos por si algún día tenía la oportunidad de devolverle todo esto que estaba haciendo. Después, abandoné mi trance y me percaté de que acababa de ignorar todas y cada una de las propuestas de la chica. Sin embargo, sí que las había oído. —Agradecería una mano para levantarme —respondí, haciendo una mueca, frunciendo el ceño y entrecerrando los ojos. El calor me abrasaba el costado, pero eso no se desvanecería hasta que la infección hubiese bajado.

Una vez estuve sentado, observé la ropa con incredulidad. Yo, un fugitivo, vistiéndome como uno de esos que podían poseer cuanto quisieran. Nunca más volvería a ocurrir, estaba claro. Una sonrisa se escapó entre mis labios, pero al instante regresó esa expresión seria. Volví a mirar fijamente a la chica, a mi lado. —No sé si eres consciente de lo que estás haciendo. No lo sé siquiera yo. —Deslicé la mirada hasta las tablas de madera sobre las que pisábamos—. Tendrías que haberme dejado allí fuera. Te habrías ahorrado más de un problema.






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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Khloe Darigan el Miér Mar 30 2016, 16:01

Fruncí los labios al escuchar de la boca de Dayron lo que ya me temía, pero le dejé seguir, pues necesitaba saber el por qué. No parecía un asesino ni tampoco un criminal, aunque a ojos de la Reina Madre, su sola existencia bien podía ser calificada como delito. Mis ojos se clavaron en la ventana sin que mudara palabra, pero debo reconocer que mi corazón latía nervioso. Por fin escuché lo que estaba esperando escuchar y cerré los ojos unos segundos, expulsando el aire que había secuestrado en mis pulmones. Verdaderamente sentí alivio, pues de alguna manera, quería ayudar a ese muchacho y de muy mala manera podría haberlo hecho si hubiese sido un malhechor. Siempre cabía la mentira en éstas cuestiones, pero fijándome en sus preciosos y resplandecientes irises azules, no atisbé la falta de verdad. Después de tantos siglos rodeada de humanos, una se daba cuenta de cuando estaba mirando a los ojos de un mentiroso.

-Así que… tienes esas habilidades prohibidas. ¿Quién te custodia, Dayron? – Si se hubiese tratado de mi hijo, me habría asegurado de que nunca lo encontraran, aunque también barajaba la opción de que no tuviera padres que le protegieran.

Sufría por él, verdaderamente. No se trataba de lástima o de una pena frívola como aquellos que daban limosna a los desamparados por mostrar un rostro limpio a ojos del mundo, sino que cada fibra de mi corazón estaba infecta con el dolor de la enfermedad que era la injusticia. Me sentía como un cofre, un enorme baúl que tenía la obligación natural de encerrar a todo aquel que sufriera en él. Ojalá fuera lo suficientemente fuerte como para cambiar el mundo en el que vivimos, ojalá pudiera proteger a toda alma viviente que se encontrase desvalida. Pero para desgracia mía, la impotencia también envenenaba mi cuerpo, haciendo que mis músculos se aletargaran y mi cerebro dejase escapar las ideas que pudieran frenar semejante sinrazón.

Acudí hasta su lado y le ayudé a erguirse y le sujeté las ropas de manera que el esfuerzo por su parte, fuese mínimo. Nunca había estado tan malherida como él, pero mi percepción del dolor tanto físico, como emocional, era muy aguda. Me fijé en los cabellos enredados de Dayron. Sus mechones rubios, aún empapados, estaban enmarañados y sería muy difícil desenredarlos una vez se secasen, de modo que llegué hasta mi tocador y me hice con un cepillo de plata con suaves cerdas que no le harían ningún daño. Llegué de nuevo a su lado y cuando por fin se acomodó, vestido con la ropa seca, subí a la cama y me arrodillé a la altura de la almohada sobre la que reposaba el chico. Cogí un mechón de su pelo y clavé el cepillo en él para librarle de esos nidos de estornino. Cuando uno está limpio y acicalado, se siente mejor.

-No voy a denunciarte, Dayron. Jamás haría tal cosa. Tampoco voy a abandonarte a tu suerte, pudiendo ser la diferencia entre tu vida o...- Me quedé en silencio y sólo se escuchaban las cerdas surcar el cabello de Dayron.- No soy una dragona muy tradicional, que digamos.- No entraría en juicios, pues acababa de conocer a ese muchacho en condiciones muy extrañas, por lo que mantener la boca cerrada, no estaría de más.- Cuando no te faltan los problemas, uno más no desequilibra las cuentas. No te preocupes por mí cuando eres tú el que lleva el costado cosido.




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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Sáb Abr 09 2016, 22:35

Su pregunta fue un disparo más certero de lo que ella habría podido imaginar. Sabía que no había tenido ninguna mala intención. Algo envolvió mi cuerpo en una terrible sensación, como su una mano de acero rodeara mi corazón y comenzara a encerrarlo en un puño, sin dejarle aire para respirar, sin dejarle espacio para latir. La ansiedad se apoderaba de mí sin que hubiera solución alguna, todo lo que había ocurrido en apenas horas ahora me pasaba factura, y era muy cara. Una cicatriz en el costado que me recordaría por siempre quién era yo, en quién tenía que convertirme, y un vacío abisal en mi pecho. Clavé una mirada igual de vacía en los ojos de aquella bondadosa mujer, y respondí: —Estoy solo. Está muerto. —Decirlo en voz alta hacía el mismo efecto que retorcer la flecha que había acertado Khloe. Dolía mucho, nada podría saciarlo, y saber que estaba solo no hacía más que avivar ese sentimiento.

Lo que había dicho realmente no había salido de mí, sino de mi descuartizada alma. Yo nunca habría desagradecido algo como lo que loa dragona estaba haciendo por mí. Mi subconsciente había absorbido la dichosa aura negra que la ejecución de Laryos había creado. Sentí otro golpe de frío cuando me respondió, con denotada sinceridad en su voz. —No sabré cómo devolverte este favor —susurrar era lo máximo que me permitía mi nublada mente. Si trataba de hablar más alto, las palabras acabarían perdiéndose en un ensordecedor silencio. —No sé… —una lágrima se derramó por mi mejilla, una lágrima amargar. —No sé qué he hecho para merecer esto… Para merecerte a ti.

Observé la ropa que llevaba puesta ahora y me levanté la camisa para observar la herida que Khloe había cosido tan hábilmente. Aquella marca sería mi nueva compañera de aventuras, si vivía el tiempo suficiente como para tenerlas. De momento, no sabía lo que me depararía mi futuro. Alcé una vez más la mirada hasta alcanzar los ojos de la mujer. —Tú ya sabes a quién estás ayudando… Más o menos… —Ladeé un poco la cabeza para limpiarme la mejilla con el hombro de la camisa—. Pero yo no sé quién me está prestando su propia libertad.

No pretendía hacerle un interrogatorio, pero toda información sería bien recibida. Siempre me había gustado tenerlo controlado, pero después de lo que había escuchado salir de ella y su forma de actuar ante la situación, podía confiar en ella. O eso quería –y esperaba con todas mis fuerzas– creer.







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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Khloe Darigan el Miér Abr 13 2016, 17:57

Se me heló la sangre cuando Dayron pronunció la palabra muerto. Me llevé las manos a la boca, ahogando un gemido de sorpresa y pena. Se había quedado solo en la vida, con la Inquisición echándosele a la espalda. La desgracia de aquel pobre chico me embargaba el alma. Cuánto dolor, cuánto sufrimiento. Pero de ninguna manera estaría solo, no al menos por mi parte. Quizá no pudiera darle cobijo bajo mi propio techo, pero me encargaría de que a ese muchacho no le faltase nunca nada. Aún podía estar mintiéndome, pero sus ojos no eran los de un mentiroso. No era eso lo que me decía el corazón.

-Oh, lo siento tanto, Dayron… - Llevé una de mis manos hasta la suya y la estreché con fuerza. Yo también sabía lo que era perder a los padres de forma abrupta y dolorosa, cuál era la falta y el enorme vacío que dejaban de un día para otro con su partida.- Shh, cielo, basta. No hago esto en pos de recibir nada a cambio. Si puedo ayudarte, es recompensa suficiente para mí, debes comprender eso.- Mi tono era de lo más dulce, con un matiz entre maternal y fraternal, en cualquier caso, de alguien que velaría por él. Cuando vi que sus ojos se encharcaban, se me puso un nudo en la garganta que no me dejaba respirar. Sentí como los míos también lo hacían, pero no rompían a llorar. Tenía que ser fuerte, porque no podría ayudar a Dayron si me dejaba comer por la empatía. Me acerqué a él y le abracé por el cuello, poniendo mi mejilla sobre su cabello, el cual acariciaba para tranquilizarle.- Eres un ser especial en una tierra mundana que no sabe comprenderte, que envidia y teme a partes iguales lo que tú puedes hacer. Los dioses te han bendecido con un don que desconozco, mientras que a nosotros se nos ha castigado con no poder traer más como nosotros al mundo.

Mi cabeza estaba planeando de qué manera proteger al rubio, mientras que la curiosidad me hacía preguntarme hasta qué punto llegarían sus poderes. Mientras él estuviera en mi casa, bajo mi protección, todo estaría bien, pero seguro que no desearía quedarse conmigo, aparte de que no podría garantizarle que saliera bien, ya que pasaban muchos dragones por mi hogar. Sin embargo, lo que sí se me ocurría era alquilar una casita a su nombre, para que pudiera vivir. La condición sería verle periódicamente, por supuesto.
Pero mi lado más concienzudo y reflexivo, me hizo parar el carro. No hacía dos horas que le había conocido y sólo me faltaba rajarme la mano para que hiciéramos un pacto de sangre…

-No te preocupes por mí, no me va a pasar nada. Más de dos mil años de vida, pero muy poco que contar, ciertamente. Mi familia se fue de mi vida de un día para otro, pues unos terroristas les dieron muerte. Llevo sola desde entonces, para que te hagas una idea, cerca de un milenio.- Mil años después de la pérdida, seguía doliendo.- No hay nadie a mi lado, más que el servicio de la casa, mi cocinera y mi ayudante, sobre todo. El mundo en sí es un lugar inhóspito para mí, pero sobrevivimos como podemos. El oro no da la felicidad.- Esbocé lo que parecía ser una sonrisa. De ese modo comprendería que conmigo estaba a salvo, pues mis relaciones más consistentes eran con humanas.- Estarás muerto de hambre, vengo en seguida.

En segundos llegué a las cocinas, donde asomé la cabeza por el marco de la puerta para ver si había alguien. Sin moros en la costa, me hice con una bandeja y abrí un arcón donde encontré un pastel de carne que habíamos comido al mediodía. Corté un cuarto de éste y lo puse sobre un plato. También encontré la olla con el guiso de pimientos verdes y huevos fritos, del menú de hoy. Suerte que había gente que no había estado durante la hora de la comida, de ahí que hubiera sobrado tanto. Cogí un cazo y llené un buen perolo de pimientos, escogiendo las partes del huevo con yema, que en mi opinión, era lo más rico. Salí al invernadero, en el que hacía un frío que para qué, y cogí algunas fresas que había en una cesta de mimbre, no sin antes partir casi media tableta de chocolate para Dayron. Llené una jarra de agua y cogí cubiertos para después colocarlo todo en la bandeja, subiendo de inmediato para no levantar más la liebre.

-Ya estoy aquí.- Dije cerrando la puerta de mi cuarto con el pie.- Te vas a chupar los dedos después de probar esto.- Sonreí y puse la bandeja sobre la cama. Saqué uno de mis pañuelos limpios de la cómoda, con una K y una D bordadas en hilo esmeralda en una esquina y se lo ofrecí al muchacho.- No te he subido servilleta, pero usa esto tranquilamente.




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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Miér Abr 27 2016, 19:53

Mientras su dulce voz inundaba mi mente, llevándosela consigo a un magnífico limbo en el que no caminaba solo, mis vellos se erizaban, recordándome que en la realidad no era así. Su mera compañía me abrazaba como una potente onda de calor, reconfortante y embriagadora. Podría quedarme en su habitación por siempre, sabía que sus palabras eran sinceras y que, al fin y al cabo, sí que existía alguien a quien le importaba lo más mínimo. Alguien a quien había conocido en apenas minutos, que me había encontrado moribundo en la playa y a quien no le importaba recibir una paliza por mí. Era desconcertante cómo el mismo mundo que ejecutaba tu pasado, te brindaba un ángel guardián en la misma noche.

Todo por su culpa…—murmuré, arrepintiéndome después. Aquella frase iba contra la Reina Madre, pero seguía sin saber si su ofensa frente a Khloe podría hacerla cómplice de la profanación de su culto. Ya la había puesto demasiado en peligro, no iba a continuar agravando su lista de delitos. La Reina tenía oídos por todas partes, pero siempre había algo que terminaba escapándosele: en este caso, yo había sido ese algo. Su misión no había sido completada con éxito, sin embargo, ahora me tocaría a mí sufrir el castigo del fugitivo. Me esperarían años hasta que mi nombre desapareciese de su lista, si es que algún día lo hacía. Hasta entonces, solo me quedaba la esperanza, y la bondad de las pocas almas compasivas.

Escuché su historia con atención, tratando de retener la información más esencial, creando un esquema mental sobre la muchacha que me hiciera no olvidarla nunca e identificarla con habilidosa velocidad. Pues si para algo era bueno, era para la memoria. Podía ser capaz de recordar textos enteros con oírlos un par de veces, o de grabar a fuego un rostro y por mucho tiempo que pasase no hacerlo pasar por desapercibido en el siguiente encuentro. —Entonces… tú tampoco tienes a tu padre… —La inocencia emanó de mis labios involuntariamente, sintiéndome vulnerable junto a ella.

Oh, no es necesario. Podría haber dicho cuando se ofreció a traerme algo de comer, pero mi subconsciente me impedía hacerlo. Tragarme mi orgullo y asimilar que de no ser por ella ahora mismo estaría muerto era lo único que podía hacer en aquellos momentos. Así que asentí y esperé en la habitación, observándolo todo meticulosamente una vez más. Cuando llegó, mis ojos se abrieron de par en par, y yo me hallé perplejo durante algunos segundos, sin saber qué decir.

En mi vida había visto tanta comida junta, que pintara tan deliciosa y que oliera tan bien. La vida con Laryos no había sido dura en el aspecto alimenticio, pero no era comparable los manjares de un miembro del vulgo, a los de una burguesa. — ¿Es… esto es para mí? —tartamudeé incrédulo, paseando mi mirada desde el pastel hasta las fresas. Era imposible que el peor día de mi vida fuese a mejor, aunque con ella eso nunca podría saberse. A cada momento que pasaba en aquella casa, más sorprendente se volvía. Y comenzaba a pensar que nunca había huido de la Inquisición, y que aquello era el cielo que esperaba tras la muerte.






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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Khloe Darigan el Mar Mayo 03 2016, 17:32

Me senté al lado de Dayron, esperando darle conversación mientras comía, aunque no sabía si le incomodaría que le viera comer. Yo era tímida en ese sentido, pues no me sentía muy cómoda teniendo a desconocidos viendo como me ponía las botas, porque esta dragona es de buen comer, y creo que quedaba claro al ofrecerle al humano semejante menú. Sólo con oler la comida, había conseguido que se me abriera el apetito. Era como si la comida no fuera a saciarme nunca, y si lo hacía, sería por unos instantes hasta que se me bajase un poco. Daba gracias a mi físico, pues por suerte, no se me quedaba en las caderas ni en la barriga.

-Por supuesto que es para ti. Yo ya he comido, realmente. Aunque tengo hambre todo el santo día. Mimi me dice que tengo mucha suerte, que si ella comiese como yo, no entraría por la puerta ni de lado.- Dije entre risas, tratando de sacar al pobre chico de sus memorias más terribles, aunque cuando la oscuridad toca a tu puerta, se instala como una invitada especial que habita en ti de forma indefinida.- No quiero que te dejes nada, que tienes que reponer fuerzas, ¿vale? ¡Por cierto! – Dije tapando la comida con mis manos.- ¿No serás por casualidad alérgico al curry, no? Mejor dicho, ¿eres alérgico a alguna especia? Mimi se pone con sus botecitos a mezclar como si fuera una alquimista y no hay quien la pare…

Dejé que el muchacho comiera. Tampoco era necesario darle conversación en todo momento, pues si cogía aire entre medias de la comida, se le acabaría indigestando. Pero estaba nerviosa, me estaba costando mucho estarme quieta, así que acabé saltando casi de la silla y llegué hasta la pared donde tenía mis libros favoritos y algunas bolas de cristal con brillos y nieve falsa. Una de ellas éramos mi padre, mi madre y yo. Mi padre la mandó a hacer, de modo que fueran pequeñas aproximaciones de nosotros. Los tres estábamos tomados de las manos y bailábamos en corro. Siempre que dábamos una fiesta, mis padres la inauguraban con un sobrio y sencillo baile inicial, al que yo me unía en seguida, justo como en la bola de cristal. Cómo les añoraba. Se me puso un nudo en la garganta y me fue muy difícil tragar saliva. Todo lo que allí guardaba eran recuerdos de mis padres. Casualmente, el libro favorito de mi madre se había convertido en el mío con su falta. Ahora entendía tantas cosas, que necesitaba contárselas. Tenía tantas dudas, que necesitaba que me las respondiera. Pero todo aquello había terminado de una forma abrupta, nunca volverían, pese a que siguiera deseándolo. Lo tenía asumido, aunque pedía por lo más sagrado que estuvieran donde estuviesen, me esperasen. Di un beso a la bolita y limpié con mi ropa el cristal, tras lo cual, cogí una cajita de música, también regalo de mis padres, y le di cuerda. Presioné el mecanismo que la accionaba y dejé que sonase esa dulce melodía, parecida a una nana.

-Puedes quedarte aquí todo el tiempo que necesites, Dayron. Es una casa grande, nadie te descubrirá si nos lo proponemos. Además, aunque Mimi y Kassandra me regañen, la señora de la casa soy yo y ellas jamás me delatarían. Tú eres humano como ellas, así que nos ayudarán.[/color]- Di un par de vueltas con los dedos de los pie en forma de punta, como una bailarina. Era bastante grácil para ser una dragona, pero nunca sería como una humana.- No te estoy metiendo prisa, por favor, no me malinterpretes. Sólo quiero darte… cierta seguridad. Aquí estarás bien. Pero, mejor no pensemos eso ahora, tú preocúpate por descansar y curarte. Cuando te recuperes, tendremos tiempo para hablar del tema.




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Re: Heavy rain rises pain | FB | Khloe Darigan

Mensaje por Dayron el Dom Jun 19 2016, 12:56

Solo el hecho de escuchar su voz me hacía sentirme bien, solo sintiendo su calidez con la que me arropaba sin obligación alguna, sentía que realmente sí podía existir una calma tras la tormenta. Todavía notaba la presión en mi pecho, la secuela de una pérdida t5an importante como la de Laryos, pero no pude reprimir una sonrisa al oír sus palabras. ¿Podía una persona morir y renacer en menos de un día? Con Khloe, aquello no solo era posible, sino real.

No lo sé… —respondí tímidamente. En realidad, nunca había probado eso a lo que había llamado “curry”. En realidad, si había probado alguna vez algún tipo de especia, no lo sabía—. Hasta ahora, mi maestro me alimentaba de los productos más básicos. Ya sabes, llevábamos una vida de lo más humilde. —Me encogí de hombros y volví a deslizar la mirada hacia la bandeja. Nunca en mi vida había tenido tanta hambre, nunca en mi vida me había costado tanto reprimir esas ganas de abalanzarme sobre la comida y ni siquiera pararme a masticarla. Con el estómago vacío, todo dolía mucho más.

Entonces dejé que levantara una última vez la tapa de la bandeja, y acerqué mis manos con cuidado al primer plato, sintiendo la textura de la porcelana sobre mis dedos, como si me hubiera tirado toda mi vida comiendo en madera, que en cierto modo había sido así. Eché un vistazo al objeto punzante que había sobre la bandeja, no era idiota, eso no se comía, era de metal… — ¿Para qué sirve eso…? —pregunté. Parecía otro tipo de cubierto, pero yo tan solo conocía la cuchara para los caldos y la navaja de Laryos para cortar en pedazos lo que fuera. Aquello parecía… ¿un tridente? Sí, podría ser la comparación más acertada. Un tridente diminuto.

Empecé a ponerme las botas, sin importarme lo que aquella muchacha pudiera pensar. No estaba en condiciones de preocuparme por mis formas, aunque sí que debía de cuidarlas de alguna manera, pues aquello podría incomodarla. Cualquiera hubiera pensado que llevaba días sin comer, pero después de tanta derrota mi cuerpo pedía algo con lo que reponer las fuerzas a gritos. —Dale un abrazo a Mimi cuando la veas de mi parte… —Si no me hubiera controlado, mis propios ojos hubieran rodado hacia atrás, y habría caído inconsciente sobre el colchón. No solo por el hecho de haberme tirado horas enteras saboreando la sangre en mis labios, aquel manjar estaba exquisito, y probablemente fuese la primera y la última vez que lo disfrutaría.

No sé cómo voy a pagarte esto… —observé la cesta de fresas y la atrapé entre mis manos. Acerqué el recipiente a la muchacha haciéndole un gesto con la cabeza para que se hiciera con una. — ¿Qué tal si me haces ayudante de cocina de Mimi? —Me mordí el labio inferior conteniendo una sonrisa—. No, entonces te debería mucho más todavía.






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