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Of men and devils [Armand Missirian]

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Of men and devils [Armand Missirian]

Mensaje por Invitado el Sáb Feb 27 2016, 17:25

La gran reja metálica se abrió, y de las escaleras de la puerta de madera caoba que daba a los aposentos de la mansión, emergió, acompañado de sus fieles sirvientes, aquellos dos humanos, que habían sido envueltos en los tentáculos del abismo. Imberbe, elegante y con la clase que le correspondía, vestido con aquella vestimenta hecha en honor a la inquisición pero con un toque aún mas macabro, de negro y rojo, tejido por los mejores sastres de Talos, humanos que no volvieron a ver la luz del sol, por cometer el grave de error, de someterse a la voluntad del azote del demonio. Paso los jardines y salió traspaso mas allá de la reja, donde yacía un carruaje de gran esplendor, estruendoso como ninguno en aquella ciudad, mandado a construir con el mas mínimo detalle con planos ligeramente detallados por el mismísimo Lord Giovanni, quien esta vez, parecía inspirar todo cuanto rodeada aquella mansión de un macabro y sombrío toque gótico y victoriano, una casa que guardaba oscuros y sangrientos secretos en su interior, llena de gritos que se perdían entre sus muros, ahogados en las más terribles torturas que satisfacían la curiosidad abismal del cavernoso y laberíntico sitio llamado mente. Una mente longeva, e insaciable.    

Los rojos ojos del demonio observaron a los lados, mientras llevaba aquella capucha negra donde su largo y liso cabello de su forma humana se ocultaba, con una sonrisa tan carismática como consternante que se dibujaba sin ser exagerada en sus labios en su pálido rostro. Cuando la puerta del carruaje ya se hubo abierto, el demonio subió en él, partiendo hacia los aposentos de alguien que había solicitado una reunión personal con Lord Giovanni, pero todos podían preguntarse lo mismo, quien en su sano juicio era capaz de invocar, quien con un mínimo de cordura podría tan siquiera ameritar la mente del demonio, y la respuesta se hallaba aún más allá perturbadora  a medida que el carruaje iba por las oscuras calles solo alumbradas por las antorchas a los lados de cada en la ciudad que durante varios días se había sumido en el frió, una respuesta que pocos o nadie querían conocer. Poco y más y más se hacía visible el lugar a donde la mente de pálido dragón se dirigía entre las grandes y ostentosas casas de la zona alta de Talos: Lord Armand Missiriam, Comandante de la Marina.

El carruaje se detuvo y la nieve vio poner sobre ella el pie del pálido dragón, quien alzó la mirada ante la majestuosa arquitectura que se hallaba frente a él, una muestra más del grande y majestuoso poderío humano que hoy era pasado, y que hoy pertenecía a los dragones. Que pertenecía a él. Una mansión de piedra gris inmaculada, un modelo conocido para el de ojos rojos quien devoraba todo conocimiento cual esponja insaciable. “My lord” fueron las palabras que llamaron su atención, la atención de él y de sus dos soldados personales. “Lord Armand le espera”. El demonio la miró a los ojos y la mujer fue incapaz de resistir la mirada de los carmesís ojos del pálido dragón. –Acércate…dulce niña. No temas.– La mujer miró a los dos soldados de Giovanni quienes reían entre sí con una risa igual de lúgubre y poco ocultada, la mujer se acercó a paso lento y el inquisidor toco su mentón, haciéndole subir la mirada con suma delicadeza. –¿Cómo te llamas? – “Viola” fue su respuesta. –Un nombre hermoso.– Dijo, con aquel ton refinado, cortes, carismático, la confianza inspiradora de un cruel monstruo. “Creo que debería hacer esperar al señor Armand.” Respondió la joven frente al pálido dragón. –Fidelity, hermoso.– Pronuncio en perfecto italiano dejando de tocar a la mujer que no entendía aquel extraño comportamiento. –Sería un gran descuido tal cosa, llévame con él.– Dijo, y el camino hacia los aposentos del Comandante de la Marina se abrió paso, dando lugar a un capitulo inesperado.
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Re: Of men and devils [Armand Missirian]

Mensaje por Armand el Dom Mar 06 2016, 17:32

Aquel día el frío permanecía tan inclemente como de costumbre, cubriendo de blanco todo lo visible  ante mí, mis sirvientes y toda la ciudad. Talos mantenía un aire lóbrego y solitario, digno de la crueldad que el invierno suele traer consigo,  aun cuando todos hacían su mayor esfuerzo por mantener los jardines y el resto de esta casa libre de aquel manto blanco y engañosamente mortal, poco duraba el resultado, más temprano que tarde todo acababa cubierto de nieve, hasta el punto en el que resigne a los sirvientes a que se limitaran a despejar los caminos y los lugares estrictamente necesarios para no entorpecer su trabajo.

Pero hoy la mayor de mis preocupaciones no era la nieve, ni la dificultad de los sirvientes por evitar acabar ahogados en ella, hoy mi atención se centraba en una visita que ciertamente no escatimaba en ejercer puntualidad, a través de la ventana observaba un carruaje, de aspecto majestuoso y minuciosamente detallado entrando por mis rejas, el transporte adecuado para alguien que a primera vista ya demostraba la oscuridad, la maldad y la desesperación que moran dentro de su ser, las puertas del transporte se abrieron y de ella emergieron tres hombres, dos soldados que dieron paso a un tercero, nuestro invitado, Lord Giovanni Di Francesco, ostentando su característico uniforme personal de la inquisición, siendo recibido en las puertas de la mansión por Viola, la pobre chica no aguantaría demasiado delante de la presencia de ese hombre, y despues de una corta pausa comenzó a guiarlo al interior de la mansión, bien hecho Viola. Mientras la joven escoltaba a nuestro huesped al salón principal, yo también hice lo mismo y llegué lo antes posible a el, un fuego sustancioso ardía en una chimenea  construida en arcilla cocida y detallada en mármol, cerca de ella una mesa que disponía de algunas botellas de vino y unas hermosas copas listas para ser usadas, a su cercanía un par de sillas construidas bajo mi propio designio, aquel del que tanto disfrutaba en los siglos anteriores, mientras terminaba de acercarme a la puerta, esta se abrió de par en par, dando paso a Viola, a Lord Giovanni y a sus escoltas personales, la chica se detuvo delante de mi e hizo una inclinación leve de su cabeza. –Lord Giovanni ha llegado milord-. Pude notar el esfuerzo que hacía Viola por no sucumbir ante la locura de aquel sujeto que tuve la experiencia de presenciar antes que nadie en este lugar, y aun con mis advertencias, un fue suficiente para que mis sirvientes lograran prepararse del todo para su llegada, Viola por fin decidió retirarse, dejándonos solo en el salón para discutir los asuntos de nuestra reunión.

-Lord Giovanni-. Un asentimiento y un tono cortés fueron el inicio de un saludo y un recibimiento. –Es un gusto contar con su visita hoy, por favor venga, tome asiento-. El dragón me siguió hasta la chimenea y mientras lo hacía, uno de los sirvientes más jovenes entró con rapidéz y sirvió el vino mientras disponíamos de nuestros asientos, retirandose con la misma rapidéz con la que llegó y sin hacer ningún contacto visual con nuestro invitado, tengo que admitir que en su posición yo habría hecho lo mismo. –Creo que es más que obvio para ambos que cada uno tiene razones e intereses para esta reunión-. Y era cierto, estaba seguro de que lo que se dijera hoy sería importante para mí, para el, y posiblemente para muchos más.




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Re: Of men and devils [Armand Missirian]

Mensaje por Invitado el Vie Mar 18 2016, 18:32


Sangre destilante.
Gritos incesantes.
Ahogados, ahogados.
Carmesí de lujuria,
Alimentos del abismo.

Como un capitulo horrorifico, que se abría, dando paso a la oscuridad, a una invocación poco apetecible para cualquiera con el más mínimo de vida, el demonio siguió a la humana, siendo su presencia no menos que imponente, porque todos sabían y habían escuchado quién era, en particular, el pálido dragón y la repulsiva y también admirable fama que se le acudía, solo por temer, de unos, o quizá ¿de todos? Era algo que nadie más que cada uno debía responderse. Llegando al salón de aquella gran casa cuya estructura magnifico los ojos del demonio. Con todo refinamiento y educación digna de un caballero, el dragón de ojos rojos se encontró cara a cara con aquel que le había citado: Amand Missiriam, un dragón de fama temible, pero ¿qué era realmente una fama de mortal para mortales? Nadie lo sabía, más que él mismo, y sin duda, nadie podía decir que significaba para Giovanni, porque entre sus congéneres, nadie despertaba interés, no eran ellos quienes debían temer de un ser longevo como resultaba aquel que se encontraba frente aquel otro dragón enfrentando sus ojos, y con las piernas cruzadas de manera casi fémina, una sonrisa ligera en sus labios y las manos juntadas, esperando a que las palabras diesen paso a un nuevo capítulo.  

Aquel humano había entrado, y los había dejado solos, pero por un instante Giovanni no estaba prestando atención a su más anhelado concepto, a los universos que quería explotar y quebrar, ¿qué era realmente lo que motivaba?, nadie quería saberlo. La atención estaba puesta sobre su congénere esta vez, y prestando atención a sus palabras Giovanni bebió un poco de aquel vino, sin quitar ni por un instante la mirada de Armand.  –Richebourg Grand Cru, Borgoña, 1985.– Dijo, degustando aquel liquido tan parecido a aquel del cual, se decía, y nadie, por lo menos vivo, tenía razón para afirmar el mito. –Squisito.– Concluyó, en perfecto italiano, en referencia al vino que se le había brindado, dando nuevamente, una muestra de todo lo que mente, a través del tiempo, cual esponja insaciable, absorbía, una curiosidad por los humanos, insaciable, e inagotable, de una fuente que más y más, tenía que ofrecer, sin importar el tiempo en el que estuviesen. –Lord Armand… Una mente perspicaz.– Esta vez, las palabras que salían de su boca, eran enfocadas en su anfitrión, ¿era un interés real? Lo averiguaría.

–¿Quién osaría dejar esperando a Lord Vlad Draculea? Rey de Valaquia, terror de otomanos, empalador de inconversos…– Guardo silencio y aquella sonrisa se acentuó un poco más, como si todo aquel conocimiento histórico de quien ahora tenía al frente, fuese en ese momento su más gran interés. Absurda mentira, porque no era el dragón particularmente lo interesante para una mente como la del demonio, sino, su legado, un legado que había hecho de los humanos, sin duda, un concepto el cual hubiese deseado usar para amalgamar sus mentes ante el terror del nombre de quien seguía mirándole a los ojos: Vlad Tepes. –Una descortesía para usted, Armand Missiriam, Lord Comandante de la Marina, un cargo interesante, debajo del general…– Su falta de integridad por esas palabras se reflejo. Volvía, como una sonrisa cínica ¿pero cuál era el interés de aquel comentario? Aún seguía tan incierto como el demonio mismo. Parecía que incluso, los inconformismos de los suyos eran incapaces de escapar a su mirada, cuando era centrada en quienes, por suerte, no eran los que le generaban interés y eran el alimento de su curiosidad. –Ah, pero sin duda, es un acto que podremos desarrollar hoy. ¡Ah, que descortés! ¿le gusta el teatro, Lord Armand?– Se sobresalto con esto último, de manera fémina, e hizo una señal a alguien que se encontraba en la puerta pero cuya presencia parecía haber pasado inadvertida: uno de sus esclavos, quien paso, miró a Armand, y en cuya mirada se reflejaba quizá una locura a la de su amo, disfrazada en aquella sonrisa amable, respetuosa y cortes, que le dirigió al Comandante cuando estiro su mano y dejo un libro sobre la mesa y se retiro, dejándolos solos de nuevo. –La tragedia di Otello, Shakespeare. Un pequeño acto de agradecimiento.– Absurda mentira. –Pasemos pues, al segundo acto.– Y el demonio volvió sonreír, mirando al dragón frente a él y colocado sobre la silla, con especial interés.

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Re: Of men and devils [Armand Missirian]

Mensaje por Armand el Vie Mayo 27 2016, 04:40

Que mente tan siniestra, tanta elocuencia ocultando un vacio cruel y desinteresado, una mascara de cortesía y elegancia tan densa, tan ingente que casi podía ver un segundo rostro sobre aquel hombre, la cortesía de Giovanni era la de un psicópata civilizado andando entre dragones y humanos, además de las nuevas creaturas que se paseaban por el mundo en el cual buscaban un supuesto hogar, tanto conocimiento, al parecer mi invitado sabe tanto de mi como yo mismo conozco el recuerdo de mis victimas gritando sobre los bosques de cadáveres, ahhh aquellos gritos desesperados que se reflejan en la locura infinita de sus ojos. –Veo que conoce mi selección tanto como yo, cu siguranță, splendid.- Le di un sorbo a aquel magnífico vino mientras escuchaba un breve resumen de mis logros, nefastos, temerarios y excesivamente crueles en la historia de los humanos que ahora despreciamos nuevamente. –Y el asesino de mi propia familia, cabe destacar, algo que no lamento nisiquiera hoy.-

Sus palabras seguían denotando aquel interés fingido con una sonrisa aparente, un gesto obviamente claro de elogio, algo que conocí muchas veces delante de mis oponentes, un mugroso gesto de debilidad que me provocaba a empalarlos como los malditos cobardes que eran al postrarse ante mí, un odio tan intenso hacia la deshonestidad que rayaba en mi propia locura, pero aun así lograba ver la verdad en este hombre, o mas bien, la verdad que no había detrás de su esencia. –Ciertamente, un título que no había acostumbrado antes, aunque tampoco me satisface demasiado escuchar la voz de nuestro… General…- Ahogué mi creciente desprecio en otro sorbo de vino mientras seguía despachando las palabras de mi invitado, una requisición respecto a mis gustos por el teatro, una obra no muy promovida durante mis reinados, y ciertamente algo que aun ganaba fuelle en mis últimos días de luz antes del despertar, aquel libro denotaba un título interesante, y ciertamente tenía un aprecio particular por un obsequio de tal carácter, en mi época los libros eran escasos y privados a pocos hombres capaces de interpretarlos, como yo. Incluso si era un gesto vacío y banal para aludir a mi efusividad, no podía evitar apreciar el gusto de aquel hombre al que incluso sus propios compañeros tildaban de loco según lo que escuchaba, interesante.

-Tiene razón, y nuestro segundo acto comienza con algo muy peculiar Lord Di Francesco.- Antes de continuar pasé la punta de mi dedo índice sobre la portada cuidadosamente mantenida de aquel libro, sería algo que vendría para horas futuras, de eso estaba seguro. –Dejeme comenzar con una criatura minúscula pero peculiar, la serpiente… Ahh, Et pestis et Eva, la condenación que el Dios de los humanos llevó de primera mano.- Observé al ser de ojos rojos antes de continuar, no tardaríamos en dejar ver nuestras propias cartas, la pregunta era, ¿Cuánto tiempo quedaba? –Por medio del engaño, la tentación y debo mencionar, el miedo, llevo a Eva a donde la humanidad esta ahora. Pero el interés no está en una simple mortal como ella, el interés está en la serpiente.- Dejé que la copa emitiera un leve silbido con mi dedo antes de tomar un tercer sorbo, cada dosis llevaba más al descubrimiento de cada quien. -¿Qué motivaba a la serpiente a tentar a Eva? ¿Fue acaso un simple deseo por satisfacer su curiosidad? ¿No era la serpiente el heraldo de la perdición con simples fines experimentales? ¿No presiente usted, alguna analogía quizás?- Aquel hombre delante de mi era la serpiente, una mente vacía para el ojo ingenuo, llena de perversidad, locura y morbo por deseos incomprensibles para las mentes simples, aquel demonio en realidad dejaba ver más que solo el miedo que transmitía a los demás, algo que no me resultaba difícil ver, ahora solo debía ver más profundo.




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Re: Of men and devils [Armand Missirian]

Mensaje por Invitado el Miér Jun 08 2016, 22:53

La sonrisa del demonio se dibujaba, mientras el carmesí de los ojos de su mente reflejaba como una careta digna de terror cubierta ante la educación y el refinamiento más sublime de la alta alcurnia humana de los tiempos en donde la nobleza tenía algún sentido de importancia, aquellos de los que Giovanni se había hecho dueño. Comportamientos que hacían adoptar el disfraz perfecto tal como parte de una curiosidad monstruosa que degustaba por ver todo lo que los curiosos y exquisitos humanos habían creado. Una mezcla de lo que ahora era esta sociedad, adoptada por los milenios de vida a aquella personalidad desde la antigua Grecia hasta el hoy, más allá después del despertar y el dominio de los dragones. –Un evento trágico, sin duda, del que no es cuestión recordar, porque... ¿Qué importancia tendría para Vlad, el empalador, un concepto tan efímero como el de la familia en un tiempo donde fue traicionado por su padre, vendido a los humanos, tratado como esclavo, y convertido en el monstruo al que temían, Comandante?– Giovanni sonrío, sabiendo que aquello jugaba aún más con el dragón que tenía frente, pero ¿Por qué? Nunca jamás el pálido dragón mostraba interés por los suyos, pero en aquella conversación, los humanos eran el punto de partida de ambas famas, ¿Podría ser eso, quizá? Nadie podía saberlo. Solo algo estaba intrínseco ante alguien que no tenía escrúpulos en cuyo objetivo esta vez no iba más allá que el de la simple diversión de sus palabras, escondida a través de aquel fingido interés histórico de la fama de Armand que dejaba la intención real tras aquella sonrisa cortes y extraña aún oculta en su cavernosa mente. –Ninguno, sin duda, hasta hoy, que somos fieles a una sola cabeza, ¿no es así?– Preguntó, volviendo a sonreír y bebiendo, de nuevo de la copa.

Las palabras de Armand cobraban sentido en la mente del demonio, ante aquella analogía, digna y en si misma de una manera hermosa daban un sentido a lo que era el demonio. Una descripción que había quedado sublime, tal como Satanás. –Una mente asertiva, Comandante. Interesante.– Respondía, sabiendo exactamente a lo se refería aquel dragón. –Fue eso, quizá. Una creación, imagen y semejanza del superior y sublime Dios, todo el universo volcado en el polvo hecho hombre. Puesto al filo de la serpiente, con un solo fin: conocer. El universo se había volcado en la creación del creador, y ni aún cayendo en desgracia, se puso de vista simple la finites, dando aún hoy, a la serpiente, una curiosidad que se multiplicó y fructificó, como lo hizo el hombre. Tal cual, sus asertivas palabras, tienen el más puro sentido. Todo descendiente de Eva es un universo único en sí mismo, ¿una parte de Dios quizá? no importa, pero, pues la serpiente ahora tiene a su disposición conocer a Dios, hasta el fin de sus días.– Aquellas palabras salían de manera incluso casi excitante, sabiendo que se refería él mismo como aquella serpiente, que se deleitaba incluso ahora, con cada fragmento de la semejanza de ese creador adámico. Palabras de una mente que no sentía ni aún el más poco remordimiento de la vida segadas solo con el fin de satisfacer su propia curiosidad.

Giovanni cruzó las piernas, volviendo a dar un sorbo mientras que tono había dejado ver lo cultivado de su mente, pero al mismo tiempo, lo horrible que resultaba. Palabras atroces. Volviendo a sonreír, miró una vez más con diligencia al Comandante y sonrío. –Y sé que sin duda podríamos pasar horas conociendo las intenciones de la serpiente, diligente Comandante.– Volvió a pausar. –Admirables y dignas de estudiar aún, sin duda. Pero, sabemos que, no esa la intención que puede reunirnos aquí.– Guardo silencio, volviendo a sonreír de manera nada exagerada y juntando sus manos con delicadeza y feminidad. –Sería decepcionante que así fuera, mi querido Vlad.– Dijo, con la misma sonrisa, pero lleno de un tono susurrante y amenazante, ante alguien que se atrevía a invocar personalmente al demonio y poseer parte de su tiempo en una conversación de iguales. Giovanni terminó aquel vino, después de aquella conversación en la que cualquier simple mente podía perderse, y que sin duda nadie, por su sana cordura, quería entender. Y sonriendo una vez más, miró a su contraparte, dirigiendo más palabras. –Qué debo esperar de tan inédita reunión.

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Re: Of men and devils [Armand Missirian]

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