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No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

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No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Thorek el Lun Ene 04 2016, 11:57

El chillido de una rata despertó al hombre de pelo rojizo que estaba sentado en el suelo. La celda, oscura, húmeda y mugrienta le daba un leve cobijo de la poca luz que entraba por una pequeña rendija. El hombre podía oír los carros y las pisadas metálicas de los soldados que vigilaban el castillo. El rayo de luz que penetraba en la celda le tocaba los pies desnudos y magullados por el duro trabajo. Una leve sonrisa, casi inaudible se dibujo en los labios del pelirrojo. Alzó la mano para alcanzar la luz y jugó con ella mientras escuchaba como los soldados hablaban de burdeles y comida.

-...y a todo esto, qué ha hecho éste?

- Según un esclavo que trabaja con él, asesinar a su amo aunque hay varios sospechosos.

-Bueno, viendo lo enorme que es yo también sospecharía de este...

Las risas despreciables de los guardias irritan al pelirrojo mientras este vuelve a apoyarse en la fría pared de la celda. Un suspiro cansado sale de su boca mientras observa sin expresión alguna la rata que se alimenta de huesos. La próxima vez pediría un compañero de celda mas hablador aunque esperar en silencio no le molestaba.


Unos días antes.

Una mano débil y pequeña lo despertó de su escaso sueño. El pelirrojo gruñó y abrió los ojos viendo un rostro dulcemente familiar, lleno de polvo y heridas de látigo.

-Thorek maldita sea muévete! Ha pasado! Él esta muerto! - el muchacho, que no llegaba a sus veinte años miraba al pelirrojo con miedo. Su voz entrecortada lo ponía más nervioso aún. Thorek se incorporó y miro al chico a los ojos.

-Quién a sido?...-preguntó con su voz aterciopelada, casi en un susurro. El muchacho tragó saliva, temblando. A Thorek no le hizo falta mas, sabia quien había sido. Maldijo por dentro y se vistió con la poca ropa que le dejaban llevar, unos pantalones de cuero gastado, sus botas de minero y una camisa que había perdido todo el blanco. Antes de salir de su choza miró al muchacho y suspiró lentamente.-...vete al mercado, di que tienes que comprar vino para el amo, que no te vean aquí porqué si no te acusarán...- el chico abrió mucho los ojos y se abalanzó contra él, cogiéndolo de su fuerte brazo. Sus ojos empañados en lagrimas le suplicaban que no se fuera.

-Pero...te matarán! Somos esclavos Thorek! No tendrás un juicio justo...-los dedos del chico se apretaron en la carne. El pelirrojo miró al muchacho con ternura y lo abrazó con cariño. No le dijo nada más, simplemente se inclinó y le besó en los labios calidamente. El chico se quedó allí, temblando, mirando como salia de la choza mientras los pasos de los soldados inundaban todo el campamento de esclavos.
Thorek no tuvo que dar ni tres pasos cuando las lanzas y espadas amenazaron su cuello. Miró de reojo a los soldados y no opuso resistencia, no valía la pena. Saliendo del campamento, pudo ver el cadáver del amo, abierto en canal. La mirada de uno de su compañeros lo hizo gruñir por dentro. Unos ojos de desprecio y una sonrisa envenenada. Sabia quien lo había acusado. Pero no tomaría venganza. No aún.



Un golpe despertó a Thorek. Alzó la mirada y vio a un guardia mirándolo con asco. Por su armadura debía ser el oficial.

-Vamos carroña... tienes cita con la justicia...-dijo con un tono burlesco. Justicia? Para él? Thorek no pudo evitar sonreír por la ironía de la situación. Justicia era lo que menos había recibido desde que era niño.
Se levantó, más alto que el guardia y caminó detrás de el escoltado por tres más. Los presos que aún tenían ojos y cordura lo miraban con temor mientras dejaba atrás la celda y toda esperanza de mantener su cabeza pegada a los hombros. Antes de salir de los calabozos, pudo oír el graznido de un cuervo, apostado en una de las pocas ventanas altas de las mazmorras. El pelirrojo sonrió al animal y siguió su camino.


Última edición por Thorek el Vie Ene 08 2016, 18:26, editado 1 vez




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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Akhash el Mar Ene 05 2016, 02:54

Me parecía hasta denigrante el hecho se encontrarme aquí. Si bien me encontraba acompañado, pero si por mi fuera preferiría estar solo puesto que sus conversaciones eran banales como absurdas. Esto era trabajo y no creo que fuera el mejor momento para comentar anécdotas ridículas que ocurriesen o no en un tugurio de la ciudad.

Se supone que son soldados, honorables y serviciales soldados y a mi vista no pasaban el límite de gandules. Estaba apartado de ellos. Era más productivo perderme en mis pensamientos hasta la llegada del oficial a intentar fingir que me interesa lo que están contando. Me permití oírles durante unos segundos

-
¿Dónde están los demás sospechosos? - Intervine, interrumpiendo sus risas. - Los habréis capturado, ¿verdad? - Alcé la ceja observando la cara de aquellos dos. Ridículo - Ese dragón tenía más esclavos. Y por lo tanto, todos los que se encontraban en esa casa son sospechosos y dejarlos escapar se considera una negligencia. - Ya no me sorprendía que me hayan asignado aquí. Siendo que parecía ser el que tenía que cuidar a aquellos dos. Miró de reojo como uno de los oficiales se acercaba. Era el encargado de llevarlo. Me volví hacia los soldados - Alguien competente no se guiaría por el aspecto. - Negué con la cabeza, callándome cuando el otro abrió la celda para sacar al esclavo.

Esperó a ver al sujeto y desvió la mirada. Si, su aspecto podía hacerle parecer intimidante, pero no era más que un humano. Si consiguió matarle, no podría haberlo hecho solo o al menos no con algo de ayuda e información. Llevé las manos a la espalda, irguiendo ésta antes de adelantarme hasta posicionarme junto al oficial.

-
Hay más sujetos. - Hice una pausa, sabiendo que esto nos haría doblar o triplicar nuestro trabajo. Pero era necesario - Puede que ya estén de nuevo en comercio. Pero esta acción es lo suficientemente grave como para que sean ajusticiados todos los sujetos hallados o que trabajaran en la casa en el momento del asesinato. - Matar a uno de nosotros nos hacía caer en número. Y si se enteraban de que un insignificante esclavo había sido capaz de matar a su amo podría haber una vuelta de tuerca.





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Mensaje por C'Nedra el Miér Ene 06 2016, 20:16

El pedazo de cuerda que sujetaba mis muñecas se clavaba inmutable contra mi carne. Tenía pequeñas llagas alrededor producida por los vanos intentos de deshacerme de ellas. Mi sangre teñía el cordel, oscureciéndolo. Pero ya no forcejeaba, ya no luchaba. El cansancio, el hambre, el miedo y la impotencia habían logrado borrar cualquier vestigio de resistencia. Ahora, sólo dejaba que los dedos pesados y calientes del guardia, que sujetaban mi garganta, me guiaran.

Me habían encontrado merodeando por las cercanías del castillo. Estaba buscando comida, refugio, o tal vez, la oportunidad de vislumbrar alguna de esas maravillosas criaturas aladas de las que había oído hablar. Pero no importaba. Ya no. Porque en el momento en que el guardia se abalanzó contra mí, con su afilada mirada y sus preguntas, fui incapaz de pronunciar palabra alguna. Y fue precisamente eso, su incapacidad para arrancarme un grito o una explicación, lo que me llevó a verme arrastrada a la fuerzas por ese lugar oscuro y húmedo.

Mis pies desnudos se habían llenado de cortes mientras caminaba delante del guardia. Mis pupilas se deslizaban silenciosas sobre las celdas que desfilaban alrededor. Una tras otra. Un lamento, un grito. Uno tras otro. Me mordí el labio inferior, saboreando la sangre que brotaba de él, sintiendo como la compasión y el dolor se apoderaban de mí. El hombre a mis espaldas se detuvo y clavo sus rechonchos dedos sobre mí para hacérmelo saber.

Frente a nosotros se hallaban varios soldados escoltando a un hombre alto, con una notoria cicatriz atravesándole parte del rostro. Alcé el rostro, curiosa, para recorrer la figura de los hombres allí reunidos. Uno de ellos, un joven de ojos oscuros y rostro pecoso, hablaba con uno de los guardias pero era incapaz de concentrarme en sus palabras.

-Mmmm, tal vez un pequeño espectáculo, no te vendría nada mal, mi pequeña inmunda- susurró el hombre a mi oído. Su respiración rozando mi cuello.

De un empujón, mis rodillas chocaron contra el suelo. El brusco golpe me arrancó unas lágrimas que cayeron ardientes sobre mis mejillas, pero me mantuve en silencio. Volví a alzar el rostro, a enfocarme en los hombres frente a mí. A enfocarme en sus uniformes, en la mirada del prisionero, en las palabras del joven que había hablado anteriormente. En cualquier cosa, menos en mí. Nunca en mí.
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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Thorek el Vie Ene 08 2016, 10:12

Thorek no había dejado de mirar al frente durante el trayecto. Cuando escuchó la voz de aquel joven sus ojos se clavaron en él pero sin moverse ni un solo centímetro. Suspiró inaudiblemente ante la bronca que les estaba dando a los soldados que estaba claro que se habían ganado ese puesto por inútiles. El oficial se acercó al muchacho y se inclinó con respeto.

-Algunos de los esclavos tuvieron la…fantástica idea de huir en medio de la redada. Hemos ejecutado a unos trece…tenemos a uno en la sala de torturas, bastante joven, de rostro hermoso pero escuálido, repetía un nombre todo el rato pero dudo que fuera de alguno de los esclavos…por lo que se, mi señor, el difunto amo no les puso nombre a ninguno de ellos…-El oficial no escondió detalle al chico mientras los otros dos sujetaban a Thorek.
Los ojos del pelirrojo se abrieron y mantuvo la respiración durante unos segundos. Deseaba que no fuera él, que no lo hubieran cogido. Rezó a todo lo que sabía y de muchas maneras y pidió por favor que no fuera él. Cerró los ojos con fuerza sintiendo otra vez ese extraño ardor en la cicatriz. Cuadró la mandíbula intentando calmarse. La cuerda que lo sujetaba le quemaba en las muñecas, sabía que se estaba poniendo muy tenso y que los soldados lo notarían.

-Creo que era algo así como Thork…-intentó recordarlo, pensativo mientras se rascaba la barba mal cuidada.-… entre gritos y gemidos de dolor uno no puede oír a estos pedazos de carne…-dijo con una sonrisa llena de asco y desprecio, mirando de reojo al pelirrojo. La rabia empezó a inundar a Thorek, con los oídos pitándole, se tensaba de una manera notable. Empezó a respirar muy lenta y profundamente, perdiendo la poca paciencia que la situación le daba. Uno de los soldados, que lo tenía sujeto por el brazo, notó claramente como cada musculo se ponía duro y dio un paso hacia atrás con la mano en el pomo de la espada, tragando saliva. ¿Podía un simple esclavo dar miedo a un soldado al servició de la Reina Madre? Si, y ese pobre diablo lo estaba experimentando en primera fila.

Thorek podría haber cometido una locura y que su cabeza hubiera acabado en una pica si no fuera porque algo lo distrajo suficiente como para que sus ideas de matar al oficial con sus propias manos desaparecieran. El hombre miró hacia el suelo y se cruzó con la mirada asustada de una muchacha, en sus rodillas. Por su parte, él abrió mucho sus ojos y se relajó de golpe. El soldado se calmó de nuevo, dejando escapar un suspiro de alivio. Ignoró a la chica y siguió escuchando la conversación de los oficiales.
Dejaron un momento a los dos esclavos a un lado mientras el oficial le daba un informe completo al muchacho. El tuerto, apoyado en la pared fría de la instancia miro de reojo a la chica y movió sus muñecas, adormecidas por las ataduras y cerró los ojos intentando descansar un poco. La situación de hacia unos segundo le había agotado, no era un hombre que se pusiera de esa manera con frecuencia, prefería estar calmado. No pudo evitar dejar que la curiosidad masculina le hiciera abrir el ojo bueno y examinara a la muchacha. Su piel era como la arcilla que él usaba para sus trabajos de alfarería. Dedicó unos segundos a imaginar lo suave que seria y desvió esos pensamientos para seguir examinándola. La mirada de la mujer era triste, con una mezcla de miedo visible y seguramente pensamientos sobre su destino en aquellas mazmorras. Las muñecas las tenía igual de irritadas que él, sus heridas destacaban. Thorek se dio cuenta que nunca se había fijado en el pelo de una mujer lo suficiente como para parecerle fascinante. A pesar del estado de toda ella, su pelo desprendía algo especial. El tuerto giro levemente la cabeza y la miró fijamente. Tenía ganas de decirle algo, tranquilizarla quizás, unas simples palabras o quizás un gesto. Ella no parecía prestarle atención así que el pelirrojo miro al frente de nuevo y no dudó ni un segundo en clavar sus ojos en el chico. Y no precisamente en una mirada respetuosa.




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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Elia el Dom Ene 10 2016, 02:13

La noche había sido agotadora, y la mañana no había hecho que la situación mejorase especialmente. ¿De quién había sido la idea de ir a hablar con aquel mercader de metales con el ocaso tan próximo? ¿Por qué Feuerhaust había vuelto de su retiro en Puerto Krossan sólo para ser el desencadenante, o al menos testigo, de esos problemas de los que le había repetido a Elia hasta la saciedad que se mantuviese alejada? ¿A qué se debía tanta prisa por cerrar un trato con ese comerciante cuando todos los negocios parecían ir viento en popa? Y lo que quizá era más importante, ¿por qué había decidido llevarla con él aquel día en lugar de tomar como acompañante a cualquiera de los sirvientes que tan dispuestos estaban a dar su vida por sus escamas? No lo sabía. No era capaz de entenderlo, y aquello la ofuscaba. La mujer no sólo llevaba en su espalda las marcas que el dragón de ojos rojos se había encargado de infligirle cuando se había visto inmiscuida en alguna situación así, menos arriesgada se atrevía a decir, sino que desde la vuelta del reptil, que casi había desaparecido sin dedicarle más que una escueta explicación sobre el porqué de su marcha, desde que supo cuáles eran sus planes, le había aconsejado en sentido opuesto alentada por una intuición que iba mucho más allá de lo que cualquier mente racional era capaz de entender.

Y allí se encontraba. A lomos de su yegua tras horas intentando ayudar a la armada, a la inquisición, o a quien quiera que se hubiera encargado del altercado en las minas, para esclarecer lo ocurrido horas antes mientras aquel que se había atrevido a marcarla como si fuera ganado la esperaba cómodamente en casa sentado en su sillón. Era increíble. Él daba el aviso de que los esclavos acababan de dar muerte a quien había sido su señor y era ella quien tenía que encargarse de toda la burocracia. Como si alguien fuese a tomar en serio a una esclava por muy favorita suya que fuera. Como si un simple permiso de que podía hablar en su nombre y de que la palabra de ella valía por la de él, como si una simple carta sellada con el emblema de los von Bramm sobre la cera fuera suficiente para que ella pudiese hacer todo lo que le habían encomendado sin que nadie se cuestionase por qué era la humana y no el hombre al que servía la que se encargaba de los trámites. Bufó. Si todo ello no fuera suficiente, encima su amo se había encaprichado de uno de los siervos del fallecido, un hombre fuerte, alto, pelirrojo, imponente… el tipo de persona que atraía la atención del lagarto. No sabía su nombre, y tampoco le preocupaba… aunque sí recordaba que había sido de los pocos que no había murmurado ninguna soez cuando caminó por el campamento mientras el otro cerraba un contrato que ahora quedaba reducido a cenizas.

No había que malinterpretarla, no se había ofrecido a ir ella a recogerle: la habían enviado como emisaria, para variar. De nuevo con prisas. Él quería a su nuevo esclavo en la mejor de las condiciones, y cuanto más tardase en llevarle bajo su techo, menos podría asegurar el estado de su integridad física.

Llegó al castillo, y desmontó sin florituras, apenas deteniéndose lo justo para tomar en sus manos los documentos que tan celosamente le habían sido otorgados, para atar al animal en un poste y para lanzar a Munin al vuelo. Ignoró los comentarios de los soldados que la reconocieron de sus anteriores visitas y se internó por los empedrados pasillos de la fortaleza tras darle las indicaciones pertinentes a uno de los centinelas que se encontraba apostado a un lado de la puerta principal. Se conocía de sobra el camino a las mazmorras, pero no podía caminar por el lugar como si fuera su “casa” o terminaría encerrada también… y no guardaba lo que se dice buenos recuerdos de las veces que la fría humedad que se respiraba allí abajo habían sido la única manta que le había permitido evadirse del mordisco del acero en sus muñecas y tobillos.

Tomó aire con lentitud cuando la puerta crujió ante ella y el soldado que la había guiado abrió de nuevo la marcha, permitiéndole adentrarse en el lugar e indicándole que se quedase quieta en el sitio mientras él se acercaba hacia el que parecía tener mayor rango allí dentro; un hombre de su misma altura, de cabellos y ojos oscuros como los suspiros de la noche. No prestó atención a las conversaciones. No le interesaban. No iban a quitarle ni un mísero segundo de sus sueños intranquilos. No aquel día. Sabía de primera mano cómo se las gastaban allí dentro como para que algo le sorprendiese; por eso tampoco añadió ninguna palabra cuando, una vez le fue indicado que podía acercarse, simplemente tendió el sobre lacrado al joven con una sutil inclinación de cabeza a modo de saludo.
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Mensaje por C'Nedra el Dom Ene 10 2016, 04:28

No era por orgullo. Ni tampoco por valentía. Era costumbre. La única razón por la que, aunque me encontrara de rodillas, golpeada y llena de pavor, mantenía la espalda erguida y la mirada en alto. No podía esconder el miedo, el dolor, nunca había aprendido a hacerlo. Él no había querido que desaparecieran de mi mirada. Pero lo demás, estaba grabado en mí a sangre y lágrimas. Los recuerdos de ayer, la humillación y la desesperación, eran lo que hoy me mantenían en pie.

Las voces de los soldados se hicieron más audibles y volteé ligeramente el rostro para poder descifrar sus palabras. Pero fue el prisionero el captó mi curiosidad esta vez. Ya no se encontrada relajado, su rostro desencajado producto de la rabia que por unos minutos lo consumió. Un escalofrío recorrió mi columna, el pánico corriendo por mis venas ante el aspecto furioso del prisionero de cabellos rojizos. Fueron sólo unos instantes, luego, toda aquella agitación desapareció de su cuerpo. Ya no quedaba vestigio de esa amenaza que incluso había aturdido a los guardias.

Sólo entonces me percaté de que el hombre me había descubierto. Su perfil estaba vuelto en mi dirección, su mirada curiosa se deslizaba sobre mí. Intenté sostener aquella mirada, pero pronto el pasado hizo eco en mi memoria y escondí el rostro tras los cabellos oscuros que caían desordenados a mi alrededor. Pero el guardia que aun se hallaba a mi lado no iba a permitir que me perdiera la lección que estaban pronto por impartir al hombre encadenado. Sus dedos se hundieron entre mis cabellos y tomando un puñado de ellos tiraron hacia atrás, obligándome a arrojar el rostro hacia atrás, desvelando mi garganta. Su bota se plantó en la parte baja de mi espalda provocando que mi espalda se arqueara y mi respiración se acrecentara.

Quería gritar, llorar, pelear. Quería vivir. ¿Pero cómo podía, alguien como yo, esperar sobrevivir aquella noche, si ni siquiera un hombre como el prisionero, podía asegurar que viviría un día más? Si alguien tan corpulento y amenazante como él no tenía forma de evitar lo que fuera que tenían planeado para él, ¿qué quedaba para mí? El prisionero tenía que vivir, tenía que librarse de aquello. Tal vez, si él vivía, yo también podía hacerlo. O por lo menos, si es que mi destino ya estaba escrito, como último acto podía hacerle saber al  joven prisionero de que no estaba sólo.

Mis pupilas se dirigieron al joven de cabellos oscuros, el que parecía estar al mando allí y el más peligroso, y al vislumbrar que estaba ocupado con los demás guardias, aproveché el instante en que el hombre que me sostenía aflojó la presión de su agarre para escabullirme de entre sus dedos. Sabía que no iba a llegar muy lejos, pero sólo necesitaba acercarme lo suficiente para que me escuchara. Corrí hasta que mis pies tropezaron y volví a encontrarme de rodillas, esta vez, cerca del prisionero. Oí los gritos detrás de mí, pero yo sólo podía enfocarme en el hombre que estaba frente a mí. Varias manos me sujetaron de golpe, tiraron de mí, de los harapos que llevaba puestos, de mis cabellos. Pero no importaba, porque había alcanzado a dirigirme al prisionero. Mis manos alcanzaron a rozar su piel.

-No mueras- susurré con la voz quebrada por la desesperación- Por favor, no mueras.

Ni siquiera intenté poner resistencia alguna. ¿Qué más daba? Mi vida nunca me había pertenecido, ¿por qué ahora iba a ser diferente?  El pequeño revuelto se detuvo bruscamente cuando la figura de una mujer alta y cabellos claros, apareció y se dirigió en dirección al joven de mirada oscura.
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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Akhash el Lun Ene 11 2016, 00:16

Algo distraído volví a mirar hacia el frente, pudiendo distinguir dos figuras acercándose a nosotros que poco a poco iban tomando una forma más nítida. Un soldado arrastraba consigo a una joven de cabello oscuro y tez tostada. Solo me detuve un par de segundos en su figura arrodillada frente a nosotros. Desconocía su nombre o cuales habían sido las razones por las cuales se encontraba en esta situación. Tampoco iba a malgastar tiempo en averiguar cuales habían sido sus errores o si realmente era una acusación justificada. Sabiendo que si se encontraba aquí, tendría la misma pena que el resto de capturados. El oficial prosiguió a contestarme. Un nombre. El amo puede no haberles otorgado un nombre, pero ello no quiere decir que no se identifiquen con uno. Miré de reojo al esclavo, sin embargo el oficial continuó hablando y esbozó una sonrisa a la que yo simplemente correspondí con un rostro serio.

-
La idea es que se pueda sacar una información clara. - Hice una pausa, repasando el gesto del oficial. No sé si se reía por nerviosismo o porque realmente le pareciese gracioso este asunto. A mi es a quien acusan de jugar con los acusados, pero mi rostro solo cambia dentro de las celdas y sin alardear de cuántos gritos se ha provocado a una persona o cuánta sangre se ha derramado antes de que pereciera. - O al menos que viva lo suficiente como para conseguir los datos que necesitamos. - Cuando se termina...y sigue con vida. Quizás se hayan hecho heridas irreparables que le dejan inútil para cualquier servicio de esclavo, por lo que la opción siempre es dejar un cadáver. Después de todo, un humano solo le es útil a los dragones cuando poseen alguna habilidad o cuando aún son capaces de servirles.

El gesto del soldado que se encontraba frente a nosotros me hice girar mi rostro por completo. Observando la postura que había tomado la chica, casi esperando a oír como los crujidos de la espalda cedían a tal presión. Su mirada se encontró con la mía y la desvié hacia los demás soldados. Ignorando cualquier gesto que esta pudiese reflejar. Ya me había acostumbrado a sus expresiones. Siempre lamentándose por lo que habían hecho, intentando que la lástima pudiera hacer recapacitar a los soldados y que la empatía los ayudará a liberarse como un ser inocente. No era que fuese a funcionar, y si lo hacía, aquellos soldados a los que les afectaba no tenían el derecho a ser llamados como tal.

-
Su último amo ha sido este, pero habrán tenido anteriores y, de la misma manera, habrán tenido nombres. Y alguno seguirá llamándose de esa forma por la costumbre. - Antes de poder seguir hablando el volumen subió repentinamente y miré la figura femenina ahora a los pies del esclavo. Fruncí el ceño, intentando unir cabos. Los soldados se movieron rápidamente y agarraron a la morena. Su expresión, la desesperación en cada uno de sus actos. - Esperad - Declaré, avanzando hasta posicionarme frente a la chica, observando su rostro más de cerca. Poseía unos rasgos suaves. - ¿Es una de las esclavas? - Le pregunté al oficial sin apartar la mirada de la joven. - Enternecedor - Murmuré para la chica. - ¿Lo conoces? - Fui interrumpido nuevamente, aun atravesando la mirada de la chica con la mía. Entrecerré la mirada cuando el soldado comenzó a hablar. ¿Una esclava que estaba qué? Era preferible que estas cosas se hablaran sin intermediarios de por medio. - Está bien, que pase - Una chica rubia se acercó, su altura era una de las cosas que más me llamó la atención, siendo que podía mirarla de frente sin bajar el rostro. Extendió la mano y cogí el sobre. - ¿Por qué no ha venido personalmente? - Pregunté mientras abría la carta y la leía detenidamente. Esto podía parecer una mofa hacia nosotros. El esclavo estaba dispuesto a una ejecución sin efugio. - Hay varios esclavos puesto a la venta en Talos. Este, en concreto, no está en el mercado. - Le contesté, aún observando la carta - No es posible que vuelva a ejercer su puesto, sabiendo cuales son los cargos que tiene impuestos. - Concluí, levantando la mirada hacia la chica.





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Mensaje por Thorek el Miér Ene 13 2016, 15:45

Thorek observó la escena intentando asimilar todo lo sucedido. La muchacha de tez tostada se había escabullido de las manos del guardia y había conseguido alcanzar el brazo del pelirrojo para poder susurrarle dos palabras que lo dejaron desconcertado. El hombre observó, sin entender, como los guardias se tiraban sobre ella para inmovilizarla. El joven se acercó, con ese paso orgulloso y prepotente, típico de dragones, y miró a la chica a los ojos. Las preguntas que le hacía parecían humo en sus labios dado que la muchacha parecía estar en otro mundo. Thorek gruñó por lo bajo, deseando que todo aquello acabara de una vez pero, dentro de él, sintió que aquella muchacha solo quería ser libre y le recordó irremediablemente al muchacho que había compartido lecho con el pelirrojo muchas veces. La inocencia de cada gesto de la chica lo obligó a sentirse culpable por no rebelarse en aquel momento.

Los pensamientos melancólicos y algo violentos del hombre se vieron interrumpidos por la presencia de otra mujer. Atractiva, de cabellos dorados y porte altivo, desprendía una actitud orgullosa y un tanto desafiante pero sin dejar de mostrar respeto hacia el maldito dragón. Thorek suspiró levemente y miro a la mujer rubia mientras esta le daba una carta. Las cejas del pelirrojo se alzaron con sorpresa cuando el joven y la mujer parecían tener una conversación donde él era el tema principal.

Comprado de nuevo…Thorek volvía a tener amo o eso parecía. El pelirrojo miró a la chica que seguía cogida por sus captores. Quizás podría salvarla…Thorek jamás movería un dedo por alguien si no supiera ciertamente que ambos podrían estar a salvo, pero algo lo empujo a hablar. Se humedeció los labios, respiró hondo y pensó bien las palabras correctas.

-Si es verdad que tengo amo, ella se viene conmigo.- dijo de golpe, interrumpiendo la conversación de los guardias. Uno de ellos, porra de madera en mano, lo golpeó en el estómago. El arma tembló en las débiles manos del joven guardia, dejando apenas una marca roja en los abdominales del pelirrojo. Thorek ni siquiera pestañeó, el dolor era algo tan familiar y común en su día a día que ese “golpe” fue como una caricia de una mujer. Giró la cabeza lentamente hacia el guardia, este dio un paso hacia atrás asustado por la nula reacción al golpe y al dolor que debería haberle hecho. Los otros dos guardias flanquearon al hombre, visiblemente nerviosos -…cuando quieras derribar a un hombre, muchacho, aprende a andar como uno.- le susurró clavando sus ojos en los del joven armado. Aun sabiendo que incumplía un millar de normas y leyes, el pelirrojo se acercó al joven y a la mujer sin ningún tipo de temor y la miró a los ojos.-… si no puede ser, prefiero mi cabeza en una pica.

Sabiendo lo que podía pasar por sus palabras, miró por encima del hombro a la chica y le dedicó una leve y amigable sonrisa, pequeña, pero lo había hecho. Ahora todo dependía del destino, algo en lo que Thorek no creía demasiado.

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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por C'Nedra el Miér Ene 13 2016, 22:24

Las manos que me sostenían se convirtieron en garras de acero cuando el hombre de cabellos oscuros avanzó hasta detenerse justo frente mí. Mis pupilas se encontraron con aquella mirada abismal y no fui capaz de controlar el estremecimiento que se apoderó de cada centímetro de mi cuerpo. Cuando una de sus preguntas fue dirigida en mi dirección, intenté responder pero el ardor en mi garganta y el miedo que corría por mis venas, me lo impidieron. Sólo me limité a menear el rostro, negando conocer al prisionero.

Pero no era sólo pánico y desesperación lo que sentía en aquellos instantes, porque cuando esos ojos negros se clavaron en mí, algo más comenzó a carcomerme por dentro. Había algo en ese joven, algo diferente. La curiosidad me hizo olvidar por un momento en dónde me hallaba, en los dedos que se clavaban en mi carne sin pudor alguno, en el punzante dolor- provocado por uno de los guardias al detenerme- que recorría desde el estómago hasta el vientre.

Al mirar cómo se alejaba para hablar con la hermosa mujer que había interrumpido hacía unos instantes, recordé las historias que había oído contar a los miembros de la tripulación. ¿Acaso…? ¿Podía ser verdad? ¿Existirían de verdad esas criaturas aladas de las que tanto había oído hablar? Cerré mis manos, convirtiéndolas en puños, clavándome las uñas contra la palma de mis manos. Obligándome a permanecer quieta, a pesar del anhelo que sentía por tocar al joven y descubrir si las historias eran ciertas.

Fue la voz del prisionero la que me trajo de golpe a la realidad. Un grito abandonó mis sangrantes labios.

-¡No!-exclamé al comprender las palabras del imponente hombre. ¿Qué estaba haciendo? ¿Por qué me hacía esto? ¡Él tenía que vivir! ¿No se daba cuenta de que estaba arruinando su oportunidad? ¿Por mí? No tenía sentido. No valía la pena.

Ante la reacción del prisionero frente al golpe del soldado, el valor de los hombres que nos rodeaban pareció desvanecerse, pero mi desesperación sólo se acrecentó al verlo enfrenarse al hombre que aun mantenía la carta que significaba la salvación del pelirrojo, entre sus manos.

Al verlo voltearse ligeramente para ofrecerme una extraña sonrisa, la confusión nubló mi rostro. Entonces, me tiré hacia delante, obligando a los guardias a sostener todo mi peso. Esta vez, me dirigí al joven de mirada oscura.

-No lo escuche. Por favor, señor…-supliqué intentando alejar de mi mente los recuerdos que aquellos ruegos me traían- Permítale vivir, deje que se vaya con la mujer. Por favor…-una fina capa de sudor frío cubría mi piel y los dedos de los guardias volvían a perder la fuerza de su agarre- Se lo ruego…
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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Elia el Vie Ene 15 2016, 15:09

Había llevado las manos a su espalda, cuadrándose en el sitio tal como los soldados hacían ante sus superiores, cuando el moreno, inquisidor según su uniforme, extendió la mano para coger la carta que ella le había tendido y comenzó a leerla con el detenimiento y la pausa que se esperaría de uno de los suyos, concediéndole a la rubia unos preciosos segundos para poder observar con sutileza su alrededor sin necesidad de ofender o incomodar a ninguno de los presentes más de lo que ya podría estar haciéndolo. Ladeó ligeramente la cabeza a los lados, clavando su mirada primero en el hombre al que le habían mandado sacar de aquel infierno empedrado, luego a la mujer de tez morena, a los milicianos que la observaban con curiosidad, y finalmente girando la cabeza de nuevo a aquel que se convertiría en su interlocutor en los próximos minutos. No pudo evitar tensar la mandíbula cuando el dragón habló y le preguntó cuál era la causa de que fuera una vulgar esclava como ella y no el amo al que se suponía rendía pleitesía, quien se había personado en las mazmorras en busca de aquella alma a la que parecía tener prisa por marcar como suya. Elia se pasó la lengua por los labios y tomó aire.

Feuerhaust no estaba haciendo las cosas bien. Desde que, semanas atrás, había marchado a Puerto Krossan para atender los asuntos que quisieran relacionarle con su hermano y la había dejado a ella al cargo de cuanto acaeciese en Talos, todas y cada una de sus decisiones, todos y cada uno de sus actos, estaban guiados por el desatino y la falta de cortesía. ¿Acaso se le había olvidado de lo poco que un humano podía hacer frente a uno de los suyos? ¿La falta que podía suponerle a un cuerpo armado al servicio de la Reina Madre que fuera una mujer, humana y esclava, la que acudiese a ellos en representación de uno de ellos? ¿Ignoraba que se estaba poniendo a sí mismo en evidencia y que, con esos métodos, lo único que conseguiría sería llamar la atención de una forma que no le era conveniente? ¿O acaso es que la estaba poniendo de nuevo a prueba para ver hasta qué punto se esforzaba por realizar los tareas que le eran ordenadas? No lo sabía, y si bien era consciente de que mientras portase aquella marca sobre su clavícula y el de ojos rojos siguiera en activo en realidad nadie tenía por qué culparla de unas decisiones que no eran suyas, no podía evitar ponerse nerviosa. Aunque sólo fuera un poco. Aunque ni su voz ni su rostro lo reflejase.

- Mi señor ha realizado un largo viaje y no se encontraba con fuerzas. –pronunció con claridad, alzando la barbilla lo suficiente como para parecer segura sin caer en la soberbia. Si él estaba metiendo la pata, desde luego ella no era la responsable.-Os manda sus respetos y sus más sinceras disculpas por dejar que sea una humilde esclava la que trate este asunto con su persona. –inclinación de cabeza reglamentaria. ¿Acaso debería haber dicho que estaba demasiado ocupado organizando un nuevo viaje a la costa como para tratar un tema de semejante importancia con otro dragón? ¿O mejor que había estado más interesado en la adquisición de la mina de la que el pelirrojo venía que de cumplir con el protocolo? Si su lengua pronunciaba una sola de esas palabras bien podrían desmembrarla y enviar sus pedazos a casa en las alforjas de su montura. No, no era una buena idea- Lo sé, mi señor. –comentó cuando el varón le dijo que el encadenado no estaba a la venta, asintiendo con lentitud y bajando los párpados casi con benevolencia- Mi amo, –esa última palabra se le atragantó de tal manera que carraspeó para aliviar la sensación- fue testigo de los incidentes que originaron su arresto. –le señaló con un movimiento de mano- Incluso fue quien alertó de lo ocurrido. –o eso le había dicho a ella, quién sabe si era verdad o no.- Tras su innegable colaboración en pos de mantener el orden y castigar a los culpables, espera que se le permita tomar a algunos de los esclavos del fallecido como propios. -¿qué demonios había escrito el lagarto rojo en la carta para que fuera ella quien tuviera que soltar toda aquella perorata?

Iba a volver a hablar cuando el tuerto alzó la voz para exponer su voluntad de que la otra mujer del lugar marchara con él si se le permitía servir a un nuevo reptil. Toda Elia se tensó cuando recibió al verle recibir golpe en el estómago, al ver a la susodicha resistirse sobre los brazos de los guardias que la mantenían presa y al escuchar su voz quebrada suplicando porque le permitiesen al otro marchar a su lado. Suspiró bajando los párpados y relajando los hombros. Ella había estado en esa cara de la moneda también; sabía lo que era sentirse a merced de lo que quisiesen hacer con ella aquellos que se creían con el poder suficiente; sabía lo que era suplicar por la vida de otra persona… y porque lo sabía, se mostró indiferente. A ninguno de ellos le convenía lo más mínimo enfadar a sus carceleros, ni llamar la atención, ni hacer o decir nada que les comprometiese. El honor, el valor o el orgullo eran algo a lo que toda persona debía renunciar cuando no eran los labios de un amante, sino el frío de unas cadenas, las que mordían sus pieles hasta marcarlas… algo a lo que, irónicamente, la guerrera no había renunciado ni un solo segundo a lo largo de su vida.

Mantuvo expresión etérea cuando una sonrisa comenzó a hacerse hueco en su interior. Si podía, si tenía ocasión, también la sacaría de allí. Rodó los ojos hacia el inquisidor, aguardando su respuesta.





PD: ¿Qué orden estamos siguiendo? Estoy un poco perdida sobre a quién le toca postear ^^U
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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Thorek el Vie Ene 15 2016, 15:21

Para aclarar:

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y así no hay mas lios.

saludos!




-Un esclavo debe honrar sus cadenas-

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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Akhash el Mar Ene 19 2016, 00:09

Había repasado cada una de las palabras que habrían grabadas en ese trozo de papel. El hecho de que no fuese el propio sujeto el que se presentaba podía añadirle un tono de sospecha a todo el asunto, sin embargo, el resto parecía genuino. Levanté la mirada del papel, observando a la joven seguía hablando sobre la justificación de la ausencia de su amo.

-
¿Fue él quien dio la alarma? - El primer pensamiento que se me pasaba por la cabeza era como podía querer a un humano con tales sospechas en su propia casa. Y el porqué precisamente a este. ¿Un acto de salvación? Sería algo demasiado heróico como para ser realista. Podría comenzar a debatir muchas opciones, pero hacerlo con ella sería inútil. No por su condición, eso es lo que menos me importaba, sino porque no era más que una mensajera. Y no puedo discutir con una mensajera sabiendo que no tiene más palabras que decir que las que ya le han dicho antes. Repetiría lo mismo una y otra vez. No iríamos a ningún punto.

-
Sigo pensando que...- Otra voz se alzó por encima mía. Una voz grave y más profunda. seguida de una más baja y suave. No dije nada, siquiera bastó decirlo cuando uno de los soldados se habían aventurado a golpearle para hacerle callar. Observé la acción, quedándome al margen de lo que ocurría entre el soldado y el esclavo. Era resistente, ignorando cuan fuerza tuviera, aguantaba los golpes - Creo que ya tengo una idea de que es lo que espera tu amo. - Proseguí, aun mirando al hombre y alzando la ceja al ver como se acercaba sin pudor alguno.

¿Por qué tanto interés en aquellos dos sujetos? El hombre debería de estar ya siendo ejecutado, pero aún seguíamos a medio camino y este parecía más disperso dada las nuevas noticias. Aún estaba reacio a soltarlo por completo. No podía tener la responsabilidad de soltar al verdadero asesino como un inocente más. Y la chica...No tenía nada que ver con él y aún así parecía tratarla como si trataran de un conjunto. Pero no, la chica era un caso a parte. La morena se lanzó en dirección mía, quedando a poca distancia de su cuerpo sostenido por los guardias y el mío. Todo querían lo mismo, pero aún era incapaz de entender porqué era tan importante la vida de aquel sujeto. Era un anónimo en la ciudad de Talos, no tenían reconocimiento ni opciones a labrarse algún futuro. Y aún así, esperaban que viviera.

-
Sigue siendo un sospechoso. - Desvié mi mirada hacia la joven rubia -  Necesitamos un culpable. - El pelirrojo seguía a nuestro lado, junto a la figura de la morena que parecía ser la que más desesperada estaba por donde acabaría el esclavo. - No estoy diciendo que debo obligarlo a presentarse como tal - Hice una pausa - Pero si todos los puntos llevan a él, será ejecutado inmediatamente. Y en el caso contrario, si no se llega a ningún culpable...- Giré mi rostro hacia el esclavo - Se deberán tomar las medidas pertinentes. - Me guardé la carta en el bolsillo del uniforme - Lo entiendes, ¿Verdad? - Le pregunté al esclavo - Debe colaborar en cuanto se le pida - Le contesté a la rubia. Sabía que aquello me traería problemas de alguna forma. Cuanto tardarían en llegar ya era otra cuestión diferente. Le dediqué una suave sonrisa a la morena - La otra esclava se quedará aquí - Declaré. - Solo se ha especificado sobre un esclavo, pero no dice nada de una chica en la carta. - Una cosa era resignarse a cumplir, otras era hacer la vista gorda. - Si te sirve de consuelo - Me dirigí al pelirrojo. Los soldados se comportaban casi como si aquel hombre pudiera con todos ellos. ¿De donde habían sacado esa clase de pensamientos tan ridículos? - La mujer no será ejecutada - Al menos no por el momento. Desconocía aún que es lo que había hecho exactamente la chica y, al contrario que antes, ahora mi curiosidad había aumentado. - Si tu preocupación es tal por la situación de la mujer, bien puedes quedarte. Solo hay dos opciones. O te vas solo, o no se va nadie. - No me importaba cual decisión tomaba, pero una le podía hacer salir de aquí y volver a Talos...Mientras que la otra le llevaría directamente a la muerte. - Tengo un par de preguntas que hacerle a la chica, así que su estancia aquí se alargará un tiempo - No sé porque le estaba dando explicaciones a un esclavo, pero tampoco quería tener que estar escuchando replicas por algo en lo que no tienen ni voz ni voto.





***:

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Mensaje por Thorek el Miér Ene 20 2016, 11:04

Al contrario de lo que pensaba el pelirrojo, el joven actuó pacíficamente y con cierta clemencia. Había visto esos actos de buen samaritano antes pero siempre con un final oscuro. Sus antiguos amos le habían hecho muchas promesas de libertad pero siempre con el látigo en las manos. El tuerto dejó que su mente recordase el sonido de los chasquidos mientras los segundos pasaban, frunciendo el ceño como si el dolor aun estuviera allí. Trago saliva y respiró hondo. Debía decidir.
Debía quedarse y acompañar a su compañera en una lenta agonía o irse con su nuevo amo... El tuerto miró a la muchacha con cierta tristeza, algo dentro de él no quería abandonarla pero quizás con su nuevo amo conseguía liberarla. Cuadró la mandíbula y miró a la mujer rubia.

-Iré contigo. -dijo simplemente, poniéndose al lado de ella y alzando las manos para que sus ataduras fueran extraídas. Los soldados lo miraron con recelo y lo soltaron lentamente, murmurando cosas entre ellos. Thorek se acarició las muñecas sin dejar de mirar a la muchacha y a pesar de lo que pudiesen decirle se acercó a ella, tan cerca que pudo oler su perfume natural y se inclinó dejando un leve beso en la su mejilla, una promesa en forma física. Volvió al lado de la mujer rubia , sin mirarla y no dijo palabra alguna cuando abandonaron las mazmorras. Los llantos de los prisioneros y los gruñidos de agonía fueron la música que los acompañaron a cada paso, como una marcha lúgubre.


La luz del sol cegó unos segundos al tuerto mientra su piel volvía a sentir ese calor que tanto había añorado. Thorek alzó la mano para taparse los ojos y observó el lugar. Todo seguía igual, frenético, lleno de esclavos, dragones y soldados. Todo exactamente igual. Observó a la mujer y se quedo quieto, necesitaba respuestas.

-Por que?...por que me ha comprado?...-le preguntó con cierta violencia en su voz, irritado por la falta de información y sobretodo por todo lo ocurrido. No era justo pagarlo con ella pero no podía evitarlo, por eso no le gustaba hablar.




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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por C'Nedra el Jue Ene 21 2016, 20:54

El recuerdo de la soledad, la desesperación y la ilusa creencia de que podía dejar atrás los caprichos sádicos del hombre al que aun mi cuerpo y alma le pertenecían, fueron los que me llevaron a convertir a aquél prisionero en un símbolo de mi esperanza. No había razón, no había oscuras intenciones. Sólo un velo de retorcida ingenuidad.

Las palabras del joven se confundían a mi alrededor, intentaba concentrarme en sus declaraciones pero la temperatura había comenzado a decaer y el frío empezaba a serpentear sobre mi piel. Al alzar el rostro en su dirección, me percaté de la sonrisa que profetizaba mi destino. Mordí mi labio inferior, el sabor metálico inundando mi paladar acompañado de incertidumbre y resignación ante sus palabras. Mi destino dependía por completo de la voluntad de esa mirada oscura. Y eso era justamente, lo único que yo conocía. No sabía luchar contra ello y una parte de mí- aquella sepultada bajo años de costumbre y crueldad- no quería hacerlo.

Ya no debía preocuparme por el prisionero, su salvación había llegado de mano de la mujer de mirada esmeralda. Y al saberlo a él, alejado de los peligros que yacían entre esas insensibles y oscuras mazmorras, había recobrado la calma que me había rodeado instantes antes de posar mis ojos en él y convertirlo en la personificación de mi esperanza en esta nueva ciudad.

Cuando los grilletes abandonaron sus muñecas y sus pasos se volvieron en mi dirección, mi cuerpo se tensó al sentirlo tan próximo. Bajé los párpados, mis pestañas creando fantasmales sombras sobre mis pómulos, el miedo agarrotando mis músculos. Fue sólo un instante en que sus labios rozaron mis mejillas, casi un suspiro cargado de respeto, pero yo sólo podía sentir la violencia y degradación, fruto de experiencias pasadas a manos de aquél navegante de orbes verdes.

-Por favor… Cuidalo…-murmuré en dirección a la mujer, aún sabiendo que aquello era un pedido que rozaba la estupidez. Por cada paso que se alejaban, volvía a sentirme un poco más segura. Ahora sólo quedaba luchar por lo único a lo que nunca había podido apreciar: mi vida.

-Usted… Usted dijo que tenía preguntas para mí-mis pupilas, desprendida de toda rebeldía y llenas de curiosidad, volvieron a perderse en la figura del joven- Pero dijo que no me mataría- añadí mientras por mi mente no dejaban de pasar los fantásticos dibujos de las criaturas aladas que había descubierto en uno de los libros que el capitán mantenía en su camarote- Sólo, por favor, no me devuelva a Puerto Krosan. Le contestaré lo que quiera, sólo no-mientras más tiempo pasaba cerca de él, más me costaba contenerme y no alargar las manos para comprobar si su piel era fría como me imaginaba- ¿Qué es usted?-todos mis instintos gritaron que aquello era un error, aún podía recordar las consecuencias que habían llegado la última vez que había hecho una pregunta al pirata- No es como yo… es diferente- de pronto me encontré con su mirada, rodeada de pecas y oscuras ojeras, y mi voz murió, atascada en mi garganta.
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Re: No hay justicia para ellos. [Libre][3/~]

Mensaje por Elia el Lun Ene 25 2016, 01:43

Mantenía las manos a la espalda y jugaba con sus propios dedos, describiendo movimientos cíclicos con ellos, ante la perspectiva de no ser capaz de cumplir con la tarea que le había sido encomendada. No le tenía miedo a Feuerhaust, y sabía que si tenía que volver a “casa” con las manos vacías, no sería porque no lo había intentado; no sería porque no hubiera ido a realizar aquello que se le había ordenado con toda la diligencia que, en su estado y a pesar de las fatales decisiones que el dragón de ojos rojos estaba tomando, era capaz de tener. Para aquellos que en algún momento habían tenido un contacto con Elia más allá de los meros formalismos, no era ningún secreto que la joven esclava no procesaba ninguna clase de simpatía hacia quienes trataban de someterla y encadenarla y que, si bien siempre intentaba llevar a buen puerto sus tareas, tampoco se molestaba en ocultar su descontento o su opinión aun cuando nadie le preguntase al respecto, aun cuando ello pudiera granjearle más de aquellos latigazos que habían dejado cicatrices en su espalda… pero la humana no era idiota, y sabía que, de fracasar, la situación bajo aquel techo en el que se veía obligada a vivir ser volvería aún más tensa si cabía.

Estaba dispuesta a discutir con el inquisidor que tenía ante sí si los acontecimientos así lo ameritaban. Era posible que la quemadura de su clavícula y su función allí no simbolizasen más que la realidad: que estaba actuando de mensajera y que no debía decir más que lo que se le había dicho previamente, pero en el interior de la mujer, de la misma forma que en el interior de los dragones latía en forma de fuego una de las más puras y violentas manifestaciones de la magia, se revolvía sin contemplaciones un huracán que la llevaba constantemente a demostrar que era algo más. Que era algo más que una emisaria. Que era algo más que un alma al servicio de otra. Que era capaz de alzar sus armas, tanto las físicas como las intangibles, para conseguir aquello que deseaba. Que a pesar de sus escasas dotes sociales y del increíble problema que le suponía hablar con soltura fuera de un guion previamente establecido, podía hacer cambiar de parecer incluso al moreno al que tenía delante; ese que parecía mostrarse lógicamente reticente a dejar que un preso, acusado de asesinato, marchase de nuevo en esa fingida y odiosa libertad en manos de una mujer que parecía haber surgido de las sombras.

Tragó saliva cuando vio que separaba los labios para volver a hablar, pero lejos de interrumpirle, dejó que el momento fluyese con naturalidad… y quién sabe si fue la suerte, la misericordiosa mirada de Odín, o un suspiro de su ángel de la guarda, pero contra todo pronóstico, los soldados que mantenían presos al pelirrojo lo liberaron. La rubia contempló en silencio cómo le retiraban los grilletes, cómo besaba a la otra mujer en la mejilla y cómo se situaba a su lado dispuesto, finalmente, a marchar hacia la casa de su nuevo señor. Le miró de soslayo y resbaló los pies en el suelo, vigilando al mismo tiempo la puerta que había a su espalda. No le gustaban las mazmorras. Sus visitas al lugar nunca habían estado marcadas por una estancia agradable, y vigilar las salidas se había vuelto una manía que no pocos tenían. Aun con todo, trató de mantener la entereza cuando echó los hombros hacia atrás y se dispuso para hacer una suave reverencia al dragón que tenía ante sí… pero quién sabe si fue porque aquel que había entregado un ojo en pos del conocimiento había decidido dejar de marcar el destino de una de sus futuras guerreras, o si las moiras se habían pinchado en un dedo al hilar su destino, que una baldosa a distinta altura la hizo perder el equilibrio.

Fue un segundo sólo. Apenas lo que tarda alguien en recuperarse de un estúpido tropezón, pero le fue imposible no recortar las distancias lo suficiente con el que había sido su interlocutor como para que su cabeza chocara contra la contraria.

- Auch… –dejó escapar. ¿De quién había sido la idea de intentar fusionarla con el inquisidor? ¿Era realmente necesario que se llevara un chichón de recuerdo?- Lo lamento muchísimo. ¿Os encontráis bien? –Eso. Discúlpate. Y haz una reverencia en condiciones ya que estás. Así quizá no te encierren por darle un cabezazo a un soldado al servicio de la Reina. >>La que acabo de liar…<<

No se demoró en salir de las mazmorras tras aquello, acelerando a continuación el paso para que al otro no se le ocurriese la genial idea de encerrarla por agresión y tuvieran que hacer venir a su amo para sacarla de allí. Irónico, ¿no? Ir a liberar a un esclavo y que al final encierren al mensajero.

El corazón aún le repiqueteaba con fuerza cuando los rayos de sol volvieron a delinear sus facciones, pero perdió un solo momento dejando que su vista se acostumbrase a la nueva iluminación antes de acercarse a su montura y empezar a preparar un asiento tras la silla. Escuchó las palabras del hombre, pero no se giró para mirarle cuando respondió.

- Por tu aspecto físico. –contestó, haciendo caso omiso al tono de voz en el que le hablaba y sin hacer un intento por calmar tampoco el suyo- Porque es un sádico al que le gusta que nos peleemos los unos contra los otros mientras él asienta el culo en un sillón, y tú, amigo mío, tienes pinta de dar buenos golpes. –no era agradable. La verdad rara vez lo era. Suspiró y se giró hacia él. La frente le ardía. Se encogió de hombros y negó con la cabeza con aire abatido. Quejarse no le convenía- Lo siento, pero al menos vas a estar mejor que muerto.
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