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Mensaje por Dayron el Sáb Dic 26 2015, 00:49

Frío. Oculto en las sombras, con el rostro oculto bajo la capucha que me ha acompañado desde que me persiguen, observaba a lo lejos una procesión de esclavos caminar hacia un carro tirado por caballos que los llevaría a quién sabe dónde, fuera de Talos. Mucho frío Esclavos a quienes lo único que los salvaba de estar completamente desnudos eran finas telas sobre sus hombros, más por la “intimidad” que sus derechos aún resguardan que por su propia salud. Dolor. El dolor quedaba reflejado en sus rasgos faciales, un dolor que perforaba sus seres con cada aliento. Un dolor injusto e infame. Nadie recuerda la vida antes del despertar, pero no me hacen falta recuerdos para estar seguro de que aquello nunca debió de haber ocurrido.

El superior encargado de aquel reducido grupo de siervos alzó la mano, avisando al conductor para que arreara a los caballos, para que iniciara el inminente destino de aquellos desgraciados humanos. Y entonces, supe que mi plan había comenzado también. Porque no sabía cuánto duraría hasta que la Inquisición diera conmigo, pero sí sabía que, hasta que aquello ocurriera, no iba a quedarme de brazos cruzados, viendo como otra gente de mi misma condición seguía pagando por nada. Respiré profundo, inhalando aquel aire gélido que se había apoderado de Talos sin que nadie lo esperase, y me recoloqué el báculo a mi espalda. Crucé el umbral del callejón, saliendo a campo abierto, y caminé a través del lugar, en dirección a la oportuna taberna que presidía una de las esquinas de la plaza en la que me encontraba. El carro pasó junto a mí, yendo calle abajo, con rumbo a las puertas de la ciudad más cercanas. No podía salir corriendo tras él, sería un acto descarado y –muy probablemente- suicida, así que tuve que continuar caminando, siguiendo –ahora de lejos- dicho vehículo. Pero todo cambió cuando logré atravesar las murallas, con la ayuda de un comerciante, su carro abarrotado de cajas y mantas y, por supuesto, el buey que se encargaba de movilizarla. Ni siquiera le había pedido permiso porque de ser así a la hora del control por parte de los soldados a la salida, se habría puesto nervioso, y era algo que no podía arriesgar. Así que, en cuanto conseguí salir de allí, bajé de un salto del carro y me alejé del sendero, sumergiéndome en la floresta.

No era de noche, tampoco la madrugada, más bien el mediodía, pero unas oscuras nubes habían cubierto Talos aquella mañana, y eso podría beneficiarme en ciertos aspectos. Con el cielo encapotado había probabilidades de lluvia y era más difícil atrapar a alguien en el bosque mientras se precipitan sobre ti gruesas gotas de agua, que a cielo despejado. Corría, dejando un sutil rastro de vaho por donde pasaba, siguiendo el camino que había trazado mentalmente, bosque a través. Si correr era peligroso en la ciudad, en los caminos tampoco solía ser muy usual, y las patrullas que iban por los senderos podrían sospechar de mí, así que me veía obligado a tomar un camino alterno para atajar y, de ese modo, alcanzar el carruaje. Llevaba una semana planeando el golpe, siguiendo a los diferentes carros que abandonaban la ciudad para corregir agujeros negros en mi plan, y hoy era el día de ejecutarlo con precisión.

Después de varios minutos corriendo sin detenerme unos instantes a recuperar el aliento, por fin vi el sendero a lo lejos. Tenía cincuenta segundos hasta que la prisión móvil de los esclavos pasara por allí, así que escogí un árbol ni muy alto ni muy bajo y me subí a una de sus ramas procurando esconderme entre sus hojas. Tenía que asegurarme, y por eso mismo cerré los ojos con fuerza y concentré toda mi atención en los latidos de mi corazón. La adrenalina corría por mis venas, concediendo un ritmo acelerado a mi corazón, un ritmo que en menos de lo que el carruaje llegase, habría descendido drásticamente para brindarme una visión del cercano futuro. Me costó más de lo que había calculado, posiblemente por las bajas temperaturas y la paliza que me había metido para alcanzar mi posición, pero al final, al colocar mi mano sobre la corteza de la rama, abrí mis ojos de par en par y frente a mí se materializó una de muchas opciones.

El carruaje se posicionó allí mismo y su conductor abandonó su asiento para esperar de brazos cruzados a su relevo. Según lo que había estudiado, no era la misma persona la que los sacaba de la ciudad y la que los llevaba a ese otro misterioso lugar, por eso se efectuaba un cambio de conductores justo en ese mismo punto. Era mi momento antes de que llegara el otro, así que descolgué el Bõ y lo sostuve con ambas manos firmemente. Ayudándome de él y en completo silencio, descendí por el tronco del árbol hasta quedar en tierra firme. Me acerqué a las puertas traseras del carro e indiqué a sus ocupantes que guardasen silencio. Después, observé tras la esquina y lo vi. El guardia silbaba una canción, aguardando a la persona que nunca lo relevaría con aquel encargo. Me acerqué por sus espaldas y apreté con fuerza mis puños en torno al báculo. Lo alcé hasta posicionarlo a la misma altura que su nuca y lo golpeé, en un impacto sordo que lo tiró al suelo, inconsciente.

Parpadeé varias veces, sobre la misma rama, asimilando aquella visión. Pero no había contado con las consecuencias y mi vista se nubló durante unos segundos. Un dolor punzante se incrustó en mis sienes, y no pude evitar perder el equilibrio. Mi cuerpo se precipitó, aterrizando sobre unas piedras, con la suerte de quedar aun así oculto tras varios arbustos. Nunca había perdido el conocimiento tras una visión forzada, pero el golpe de mi nuca contra una de las piedras sí se aseguró de ello.

No sé cuánto tiempo pasó hasta que desperté de mi profundo sueño, pero no lo hice por mi propia cuenta. Algo tremendamente frío se posó sobre mi cara, y al desprenderme de aquella masa descubrí que era nieve. Pero no estaba nevando. Y en lugar de cielo, tenía sobre mí un rostro desconocido.
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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Dom Dic 27 2015, 15:38

Se despertó aquel día de buena mañana convencido de que las cosas podían ir a mejor. Sin duda, ese fue un pensamiento extraño teniendo en cuenta que las cosas seguían como siempre, pero no pasaba inadvertido el hecho de que la estatua de la Reina Madre nunca llegó a edificarse, y los dragones estaban ahora más inquietos que tranquilos. Se quedó mirando el techo de aquel agujero en el que vivía, siendo aquella la primera vez en mucho tiempo que durmió de un tirón, y se desperezó, frotándose los ojos antes de levantarse y buscar la ropa.

Talos se levantaba aquella mañana inusualmente calmada, con la excepción del mercado, bullente como siempre de actividad, pero por encima de todo, llamaba la atención el suave manto blanco que cubría las casas, las calles y el castillo algo más allá. Aldrik sonrió, bastante feliz respecto al tiempo, y es que si bien antes habían pocos dragones por las calles, ahora había aun menos.

Se abrazó el cuerpo levemente, buscando cobijo bajo la capa, y se abrigó antes de tomar un arco y subirse al alfeizar de la ventana. Saltó como siempre,  deslizandose por una cuerda hasta llegar a tierra firme, y la dejó ir, poco preocupado de que alguien fuera a entrar en su casa. Poco tenía que guardar.

Estaba trabajando todavía en esa habilidad que poseía, capaz de regular su propia temperatura corporal, y la varió acorde al tiempo, inusualmente agusto para el frío que hacía. Se había decidido a salir a cazar, entreteniendose antes un poco en el mercado, y puso rumbo al bosque, cruzando las murallas por el hueco de siempre. La vigilancia no era demasiado exhaustiva tal cual estaban y esa siempre era una buena noticia para los que eran como él.

Se permitió el lujo de sacar la ocarina, entonando una canción suave, y llegó a imitar a alguna que otra ave, con la esperanza de poder interceptarla. Tenía hambre, como siempre. Tenía ese nudo en el estómago, y por acostumbrado que estuviera, hacerlo desaparecer no estaría mal. -
Una perdiz estaría bien. O dos. -Murmuró para si, recordando brevemente aquellos platos que tomaba en el exilio, con su familia, y la sensación de dejavú fue importante, a la vez que algo dolora. Hacía mucho que no salía a cazar por esa misma razón. En ocasiones era preferible no meter los dedos en la herida.

Avanzó por el interior del bosque, apartando las ramas, y tomó una flecha del carcaj, dispuesto a estar listo si oía alguna cosa. Dio un par de pasos, alerta, tratando de ser lo más sigiloso posible, como le enseñó su padre hacía tiempo, pero tuvo que detenerse, helado, al reconocer una mano, pálida por el frío, sobresaliendo de un montículo de nieve.  Se le erizó el vello de la nuca, maldiciendo, y dejó el arco a un lado, arrodillándose y cavando en la nieve, apartándola a ambos lados, inseguro de que se encontraría. La sorpresa fue mayor, al darse de bruces con el rostro de un chico, cercano a su edad, y no supo que decir exactamente. La primera reacción traicionera de su cabeza fue pensar que era mono, pero apartó la idea de golpe, terminando de sacarlo de la nieve.-
Hey. Esto... -Llevó dos dedos a su cuello, percatándose de que aun tenía pulso, y se mordió el labio inferior, inseguro.

¿Y qué haces cuando te encuentras a alguien tirado en el suelo inconsciente? Sonrió brevemente, al recordar vagamente aquella historia sobre una muchacha durmiente a la que despierta otro chaval de manera poco decente y negó con la cabeza, llevando una mano a su hombro, buscando despertarle.-
No se cuento llevas aquí pero si no has muerto de hipotermia es un milagro. Hey. Despierta, porfa.

Maldijo, mirandolo tal cual, y suspiró, rozando la piel del cuello del otro con los dedos. Bueno, adiós a su preciosa y cálida temperatura corporal. Se concentró,deseando que funcione, tomando algo del frío del otro para calentarlo a través de la termoquinesis, y un escalofrío le recorrió el cuerpo, deteniendose después.- Oye, si no despiertas cargar contigo va a ser horrible. No soy un armario, ¿sabes?

El chico durmiente abrió los ojos de golpe entonces, sin darle tiempo a asimilarlo, y el moreno se cayó de bruces hacia atrás, inseguro de si eso había sido o no buena idea. -No tenía intención de molestarte y no decía que pesaras mucho pero es que yo tampoco es que lo haga y si tuviera que cargar contigo, ya sabes... no se cuanto tiempo llevas ahí, te encontré y dios, ¿a quien demonios se le ocurre echarse a dormir aquí con el frío que hace? ...-Se calló de improvisto, mirando al contrario, acomodandose sentado, enfrente y asintió al final.- Me llamo Aldrik.




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Lun Dic 28 2015, 17:33

No sé cuánto tiempo pasó hasta que desperté de mi profundo sueño, pero sí que recuerdo el mismo.  Dudaba que fuese una visión, porque era prácticamente inconcebible tener varias progresivas, así que todo apuntaba a un recuerdo lejano y escondido en lo más profundo de mi subconsciente. Iba de la mano de un hombre cuyo rostro se ocultaba bajo una capa, pero que no me hacía falta ver para reconocer. Caminábamos por el mercado, y mi infantil mirada viajaba de un cacharro en otro, relojes de arena antiguos, medallones, pequeñas esculturas con extrañas formas y alfombras decoradas con dibujos tribales. Desde siempre me habían interesado aquellos magníficos y misteriosos artefactos, obra (lo que pensaba por aquel entonces) de dioses desconocidos. Uno me llamó la atención más que otro, una bola de cristal adherida a un pedestal de piedra tintada, en cuyo interior se llevaba a cabo una ventisca. Algo sumamente extraño y atractivo. Pero ese sueño termina cuando atravieso el cristal con la mirada, sumergiéndome en la tormenta de nieve, abandonando mi desmayo para regresar a la realidad.

Lo tenía frente a mí, sentado después de haberse caído, o eso me parecía. No detectaba que supusiera ninguna amenaza, pero hay algo que he aprendido desde bien joven y es a no fiarse de las primeras impresiones. Me coloqué en pie lentamente y le cedí mi mano desde arriba para ayudarlo a levantarse, de no haber despertado de una visión recientemente, mi don me habría concedido alguna información sobre él. Sin embargo, tenía esa desventaja. Una voz en mi cabeza me dice: Tienes que dejar de ver a todo el mundo como tus enemigos. No estás sólo, y solo si dejas de mirar con esos ojos a los desconocidos, podrás darte cuenta. Es la voz de Laryos, que desde su muerte no ha dejado de atormentarme. Maldita conciencia.

Agito la cabeza, en un gesto sumamente extraño para quien no puede ver el interior de mi mente, y me doy cuenta de que parece que esté negando algo. —No estaba durmiendo, Aldrik —pongo especial énfasis en su nombre, más bien para recordarlo que para llamarle la atención. —Ese árbol me ha atacado. —Lo señalo, mientras busco con la mirada mi báculo, que probablemente haya quedado oculto tras otro arbusto. —Debe de haberme caído algún fruto de sus ramas y me ha golpeado la cabeza. —Nunca me he planteado lo bien o lo mal que puede dárseme mentir, pero sí es cierto que cuento aquella farsa con la mayor naturalidad posible. No lo conozco, y no voy a desvelarle ni mis planes, ni el don que poseo. Estaría poniendo en juego mi propia supervivencia.

¿No habrás visto por casualidad un palo largo? —pregunto sin más rodeos, y camino por aquella zona, apartando matorrales, sin perder de vista al chico. Me detengo en seco, frunciendo el ceño, confundido con mi comportamiento. —Lo siento… —doy media vuelta para quedar cara a cara con él y acercarme un poco, cediéndole la mano en un cordial saludo. —Yo soy Dayron. Puedes llamarme Day, supongo. —Curvo mis labios, en una educada sonrisa, mientras analizo cada facción de su rostro para asociarla con el nombre y, si en un futuro no muy lejano volvemos a encontrarnos, acordarme de él. — ¿Qué te trae a ti por éste, “mi lugar favorito para dormir”? —utilizo un tono curioso, tal vez algo sarcástico, pero simplemente trato de sacar conversación para que no piense que soy alguien que se merece un puñetazo por condenarse a sí mismo a ser un chico antisocial por el resto de sus días… ¿En qué estoy pensando? Es exactamente eso lo que soy.

Coloco mis manos a la altura de mi cadera y alzo la vista al cielo, que de vez en cuando ruge tímidamente confesando que pronto lloverá. Vuelvo a negar con la cabeza, decepcionado ante mis fallos estratégicos y lo estúpido que he sido al pasar inadvertido algo que día a día está ahí presente. Me ha podido la codicia, la sed de venganza, pero esto me ha servido como lección para futuros planes. Sólo quiero llamar la atención de la Resistencia, porque si yo no puedo encontrarlos a ellos, les daré motivos para que ellos me encuentren a mí.
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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Sáb Ene 02 2016, 20:16

Se quedó callado durante varios instantes, sin saber que esperarse a ciencia cierta del chico. Había actuado de manera algo impulsiva, lo suficiente como para darse cuenta de que no tenía porqué ser humano, sino un dragón o un híbrido, no lo sabía. Tenía que dejar de lanzarse a la aventura de aquella manera en situaciones como esta, acabaría muerto de lo contrario.

Aceptó la mano del otro cuando se la tendió, sonriéndole brevemente. La excusa hasta le hizo gracia, pero no comentó nada al respecto, asintiendo. A él también le habían caído cosas encima otras veces y podía entender su punto de vista. -
Me pregunto porqué las manzanas caen del árbol. -Mencionó, pensando en voz alta y sacudió la cabeza, diciéndose que aquello era una pregunta estúpida. ¿Quien en su sano juicio la haría? Las manzanas caen... porque caen. Y punto. Nadie dedicaría tiempo a estudiar semejante idiotez.

Hizo memoria cuando le preguntó, sin esperarlo.-
¿Te refieres a esa cosa de ahí? -Hizo un gesto a un palo largo, clavado en la nieve cual estandarte, y le sonrió, encontrando extraño el apego del joven por un palo de madera.

Aceptó la mano contraria, estrechándola después de una muy breve conversación, e hizo memoria, diciéndose que en efecto, era la primera vez que escuchaba el nombre. -
¿Eres de Talos, Day? -Le preguntó, solo para cerciorarse. Había estado conociendo últimamente a muchas personas de fuera, de Isaur y de Eneas, y no podía evitar preguntarse que les traería a Talos. La nieve quizás, aunque lo dudaba: si bien la nieve era algo extraño que pocos habían visto alguna vez, era fría, y nadie sin dinero tenía ganas de congelarse por las noches.

-
Bueno, no suelo venir mucho al bosque, al menos no tanto como antes. -Decidió no revelar demasiado acerca de su labor de exploración para la resistencia, o el hecho de que había sido exiliado en otro tiempo antes de alistarse.- Esperaba cazar algo hoy, aunque un... humano no estaba en mi lista. -Se la jugó tildándole de humano, sin estar seguro, y se encogió de hombros.- No he tenido mucha suerte aun, el mal temporal ha pillado por sorpresa a los animales y la mayoría o se han ido o se han muerto. - Sin percatarse antes, se dio cuenta por primera vez de la realidad, del hecho de que si ya escaseaba la comida por los altercados que ocurrieron hacía ya casi un año, ahora escasearía aun más. -Con suerte pillo alguna perdiz o algo. Lo cierto es que me encantaría que fuera así hace siglos que no como carne en condiciones.

Lo miró, abrazándose a la capa que llevaba inconscientemente. -¿Y tu? Venga, dudo que duermas aquí. -Le contestó, sabiendo que hasta los exiliados que vivían por los bosques sabían más acerca de hacer refugios. -No cuestionaré lo que encuentres o no cómodo pero  se que si tuviera que elegir me decantaría por el agujero en el que vivo antes de esto, sin dudarlo. Y eso ya es muy sorprendente.

Jugó con el arco que llevaba, inconscientemente, y se encontró a punto de hablar, si no fuera porque los dioses, o quien fuera (en estos tiempos las religiones mareaban mucho), decidieron ponerse amables y servir la cena en bandeja. Un ruido lo interrumpió, dándose cuenta del movimiento leve de algo, en un arbusto, y se tensó de golpe, empujando a Day repentinamente detrás del árbol. Asomó la cabeza, reconociendo la figura pequeña de un conejo y miró al otro, sacando una de las flechas del carcaj. Apuntó, esperando que el contrario no hiciera ruido y disparó de golpe, derribando al animal de un tiro limpio. -...Vaya.

Sonrió abiertamente, asimilándolo todavía, y asintió.- Me parece que por una vez la cena no se reduce a manzanas y sobras. -Se quedó callado, sopesándolo, y dirigió la vista al contrario, dudando de si aceptaría, pero creyendo cortés preguntar.- ¿Te interesa el conejo asado?




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Mar Ene 05 2016, 13:17

Sigo con la mirada la dirección de su dedo, y efectivamente, alcanzando el lugar en el que mi báculo ha decidido esconderse. Camino hasta allí, levantando los pies para no pincharme con unos zarzales que se cruzan en mi camino. Entonces atrapo el centro del bastón con mis manos y lo desincrusto de la superficie gélida, jugando con él durante unos momentos para comprobar que no ha sufrido ningún daño. Lo hago girar varias veces frente a mí, rotándolo en torno a mis manos que se cierran y se abren a un ritmo constante para que la “órbita” que ha adoptado el bõ no se anule y caiga a la nieve de nuevo. Una vez lo reconozco como mi compañero de viaje tal cual, me lo llevo a la espalda para colgarlo y dejar mis manos libres.

Me giro una vez ha finalizado mi “ritual” y lo observo. —De Talos profunda —bromeo, aunque es cierto que si no se conoce la historia, poca gracia tendrá, y no puedo culparle por ello. —He vivido encerrado en un sótano hasta hace poco, y lo poco que salía era para ayudar a mi… —Me detengo en la frase, reflexionando sobre lo que estaba a punto de decir inconscientemente. [u]Mi padre[/i]. Pero no lo era realmente, así que me corrijo. —Para ayudar al hombre que cuidó de mí, a hacer la compra y esas cosas. —Siento que la espina que sigue clavada en mi pecho, amenaza con más fuerza que antes. Hasta ahora, estaba tan cegado con el objetivo de mi propia liberación, que he olvidado quién soy y por qué lucho realmente.

Camino un poco para acortar la distancia que nos ha separado mientras buscaba mi báculo, para no tener que hablarnos a gritos, y vuelvo a observarlo cuando me responde. —Quién sabe, te diría que puedo ser un exquisito manjar, pero si eres un dragón dudo mucho que ese comentario me beneficiara en lo más mínimo. —Comento sarcástico, tratando de suavizar el ambiente. Está claro que no es un dragón, al menos sería lo menos lógico. Según los rumores, la nieve tiene graves consecuencias sobre esos monstruos, y a menos que les irremediable, prefieren quedarse a salvo en sus lujosas residencias. Su historia es perfectamente creíble, y no tengo motivos para pensar que es otra farsa como la mía. Entonces me pregunta, buscando de nuevo eso que tanto busco esconder. Algo de mí me dice que no es una amenaza, que tampoco va a ir a delatarme, pero no puedo fiarme de las apariencias y las primeras palabras que crucemos. Siempre esa impotencia que se apodera de mí, sobreprotegiéndome de todo. —Digamos que había quedado aquí con alguien, pero he acabado desmayándome antes de que apareciese. Y supongo que al haber estado enterrado todo este tiempo en la nieve, no me habrá visto cuando ha llegado y se habrá marchado de nuevo. —Frunzo el ceño conforme construyo otra nueva mentira, planteándome la credibilidad que puede llegar a tener.

Un extraño sonido a nuestra derecha nos sobresalta, y suspiro tranquilo porque esa distracción nos ha sacado de este “estanque” en la conversación del que, personalmente, no sabía cómo salir. Algunos tienen más suerte que otros, y hoy no es mi día, aunque parece que sí el suyo. Lo observo sorprendido cómo maneja su arco con habilidad y consigue su propósito: encontrar carne. Ladeo la cabeza, tratando de analizar la precisión con la que ha acertado al blanco, pero el leve dolor de cabeza que todavía continúa punzándome en las sienes no me permite concentrarme lo suficiente. Por suerte, el frío me alivia algo, aunque no del todo. Escucho atentamente su oferta, y no puedo negar que me parezca interesante. Oportunamente, noto cómo mis tripas se revuelven casi en silencio, dejando escapar un inaudible rugido. —No voy a rechazártelo, la verdad.

Me recoloco la capa para abrigarme mejor y me acerco al conejo derribado. Lo observo detenidamente durante unos segundos. — ¿Dónde has aprendido a disparar así? —Le pregunto, realmente interesado. Al parecer, ambos hemos tenido buenos maestros en nuestras vidas, y eso es imposible de ocultar. Llevo mi mano hasta el conejo, rozando su piel para notar la suavidad que su pelaje me concede bajo mis dedos. Es tremendamente reconfortante, y pobre destino le espera a su cadáver. Entonces, al parpadear, vuelvo a abrir los ojos de par en par, y mi pupila se difumina sobre mi iris durante una milésima de segundo. Una milésima que me basta para casi perder el equilibrio y tener que apoyarme sobre la nieve. Esta vez solo ha sido una imagen, y si ya es extraño una segunda visión poco tiempo después de otra, al menos no ha permanecido el tiempo suficiente como para volver a derrumbarme. Una imagen inquietante. Una hoguera ardiendo ferozmente y, sobre ella, el cuerpo en llamas de alguien a quien no reconozco. Pero me quedo en silencio, porque pueden ser secuelas de mi caída, y porque me estaría arriesgando demasiado al confesarle a Aldrik lo que poseo.






¡Muchas gracias! <3:

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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Lun Ene 11 2016, 20:03

Siento mucho el retraso, con las navidades acabadas me ha tocado la mudanza de vuelta a la universidad, y hasta que he vuelto a asentarme he tenido la cabeza en las nubes >.<

-¿El hombre que te crió? -Le preguntó, arrepintiéndose después, y es que si no dijo padres, estaba claro a que se debía. -Da igual, no respondas. Solo espero que tu tiempo en el sótano fuera voluntario y no algo forzado. Hay quien se piensa que puede hacer lo que quiere con los que somos jóvenes, pero se les olvida que la mitad llevamos años rondando solos por el mundo y sabemos valernos y defendernos de muchas cosas.

Miró el báculo, dudoso de la razón que llevaría a Dayron a llevarlo consigo. Se le pasaron por la cabeza innumerables motivos que rondaban alrededor de la magia elemental, pero no creyó oportuno preguntarlo, o delatarse como usuario de ésta tan temprano.

Más allá de ello, algo en la conversación le arrancó una sonrisa, y asintió con brevedad, diciéndose que el moreno le caía bien, o por lo menos, lo poco que había visto de él. No sabía aun si podía confiar en un desconocido, pero optó por hacerlo, de manera algo impulsiva.

-
Yo no soy de Talos. -Confesó, y lo miró, conforme se encargaba de sacar la flecha del conejo, y la devolvía al carcaj.

No supo como seguir entonces, planteandose que hacer, y tras mirarle de nuevo, se dijo que no podría ser dragón, y mucho menos un espía. Lo había encontrado bajo capas de nieve, ¡por los dioses!, y además de ello, se asemejaba en vestimenta más a si mismo que a un burgués de alta cuna. -
Me crié en el exilio. Llegué a Talos hace unos... 4 o 5 años. No se yo si fue bueno o malo el cambio, la verdad. -Mencionó, sin hacer mucho hincapié, antes de mirar al otro y encogerse de hombros.

Se paró unos instantes, incorporándose para meter al conejo en un pequeño saco, y siguió caminando, dudoso de que fueran a tener mucha más suerte. -
No tenías pinta de dragón. -Le dijo entonces, alegrándose en cierto modo de haber acertado en la suposición cuando lo corroboró Dayron. Aldrik estaba cansado de toparse con dragones, o de verse envuelto en problemas de dragones, asi que cruzarse con humanos para variar era de agradecerse, el tiempo frío tenía sus ventajas. -No les tengo simpatía. -Murmuró, casi sintiendo como si se le quitara un peso de encima y se mordió la cara interna de la mejilla, hablando para si.- Ala, ya lo he dicho. Confiemos en que no vayas a entregarme. La Reina Madre no lleva muy bien eso de perder fans.

Avanzó por el bosque, sosteniendo el arco en las manos, tensado, y asintió cuando aceptó la oferta, diciéndose que tendrían que buscar algún lugar más resguardado para que encender una hoguera pequeña no supusiera demasiado esfuerzo. Le gustaba eso de compartir una cena y hablar un rato con alguien para variar. Había estado siendo un lobo solitario durante demasiado tiempo. -Mi padre me enseñó cuando era un crío. Viví en el exilio así que nos valíamos por nuestros propios medios, no era como si pudieramos ir al mercado y comprar ya las piezas de carne.

Se lo pensó, tendiéndole el arco e hizo una pausa.- Puedo enseñarte si quieres, no tiene mucho misterio. Aunque si te vendría bien tener buena vista si vas a apuntar desde lejos. -Guardó silencio unos instantes, alzando la vista a las copas de los árboles, y esperó, hasta captar algún ave pequeña volar de un árbol a otro.- ¿Quieres probar? -Lo miró, y le colocó las manos sobre el arco y flecha, corrigiendo la postura de los dedos cuando no la creyó conveniente. - No te preocupes si no le das. -Mencionó, quitándole importancia, y le hizo un gesto al ave del árbol que vio antes. -Lo único que tienes que tener en cuenta es que la trayectoria de la flecha siempre será dos centimetros más baja de lo que esperas que sea. Apunta alto.




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Vie Ene 29 2016, 23:03



Digamos que ese sótano me sirvió de caparazón. Digamos que tenía que protegerme del exterior de alguna manera, no todos los de mi especie tienen la misma suerte. —Me percato de la bomba que acabo de lanzar y carraspeo con la gargant—. Quiero decir, mi tutor no quería que me esclavizaran, ya sabes…
Frunzo el ceño, totalmente convencido de que esta vez, mis dotes para la actuación me han dejado plantado allí mismo. Está claro que ha sido un comentario con el que pretendía suplantar el anterior, y no hace falta ser nadie especial para deducirlo.

Estoy a favor de que ni todo es tan malo, ni todo es tan bueno. Con eso de los cambios, me refiero. Lo más seguro es que el desorden del principio nos pueda hacer parecer un caos incorregible, pero es algo que va colocándose en su sitio con el tiempo. —Respondo a su confesión, preguntándome a mí mismo en qué momento he pasado a hablar como mi maestro. Es algo que no me desagrada, pero tampoco me ilusiona demasiado. El hecho de que fuera uno de los pilares fundamentales en mi vida y que muriera por eso mismo, por mi culpa, hunden con más fuerza esa estaca que parezco tener incrustada en ele stómago por la eternidad.

Si fuera un dragón… —Finjo una expresión emocionada, como si los ojos se me iluminaran al pensarlo. Pero en cuestión de segundos curvo mis labios, niego con la cabeza y escupo las palabras siguientes: —Me enterraría vivo.
Tal vez lo haya soltado más con amargura que con desprecio, tal vez me haya dejado llevar por mis pesadillas, y tal vez no todos los dragones sean iguales. Pero mientras quede uno de ellos con afán de liderazgo, nuestra raza estará esclavizada.
Ala, ya lo he dicho. Confiemos en que sepamos guardarnos el secreto mutuamente—comento con simpatía y confidencialidad.

Lo mío son más las distancias cortas, para ser sinceros. Pero nunca está mal tener al menos una base en todo tipo de combates. Nunca se sabe cuándo vas a perder tu bastón de madera entre la nieve. —Me burlo de mí mismo, en tono sarcástico, tratando de parecer más cercano.

Dejo que me coloque en la posición más adecuada, y cuando me suelta me mantengo en esa misma postura. Utilizo las técnicas que Laryos me habían enseñado para calmar mi respiración y con ello templar mi movimiento corporal. Me siento realmente enérgico, como si llevara toda mi vida disparando flechas. Cierro un ojo y entrecierro el otro para enmarcar ese pájaro que salta de rama en rama. Tenso más aún la cuerda y mi rostro produce una involuntaria sonrisa ladina. Disparo.

La flecha ha cobrado vida propia en el aire y está muy lejos de siquiera rozar la rama en la que se encuentra el objetivo. En su lugar se pierde tras las hojas de un árbol mucho más lejano. Y no se me ocurre otra cosa que mascullar: —Mierda. Si nos volvemos a ver otra vez y para entonces no te la he repuesto, recuérdame que te debo una flecha.






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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Sáb Ene 30 2016, 20:07

Lo oyó esbozando una sonrisa que fue agrandandose, y le gustó, le gustó poder confiar en el otro tras lo que había mencionado. Bueno, al menos ahora sabía que no había metido la pata al revelar su animadversión hacia los dragones, pero es que cualquiera que supiera de su vida le entendería perfectamente.

Irónico era saber las opiniones de un Aldrik más joven acerca de los dragones, un Aldrik que no tenía ni pajolera idea del mundo, y cuya mayor ilusión era volar sobre uno de estos. Lástima que las cosas se torcieran tanto.

Se quedó algo pensativo nada más oyó esa mención a su "especie" y se extrañó un tanto, sin saber como tomarselo, preguntandose si es que aquel chico era uno de aquellos seres, un hibrido mitad humano, mitad dragón. No tenía nada en contra de ellos, de hecho, Aldrik se sentía bastante identificado con ellos por encontrarse en medio de los problemas. No podían ser fieles a los dragones, pero tampoco podían ser fieles a los humanos. Estaban atrapados entre dos mundos. -
¿Eres hibrido? -Le preguntó con cautela, y antes de que pudiera tensarse, o preocuparse, negó.- No pasa nada si lo eres, el secreto está a salvo conmigo, no tengo nada en contra de ellos.

Esbozó una sonrisa leve, creyendo aun que había algo en las palabras de Dayron que se le había escapado, pero no insistió, dejando que apuntara tranquilamente con el arco, una parte de si mismo deseando que acertara en la perdiz, porque el hambre era evidente y la carne no abundaba.

No se lo echó en cara cuando no lo consiguió, dandole un codazo suave para quitarle importancia. -
Tenemos un conejo, y no te preocupes, la próxima vez le darás, ya te dije que puedo enseñarte, si quieres claro.

Se colgó el arco, agradeciendo la mención del otro a devolverle la flecha, pero si no lo hacía tampoco pasaba nada, solo era una flecha al fin y al cabo. Podría hacer otra o conseguirla cuando fuera. Giró sobre si mismo, buscando alguna zona más resguardada, desprovista de tanta nieve, y dejó la bolsa pegada a un árbol, recogiendo piedras para formar un circulo para el fuego. -Necesitamos ramitas pequeñas para iniciar el fuego, a ser posible secas, y algunas algo más grandes para que dure.

Sacó el conejo de la bolsa, dejandolo frente a si, y sacó la daga de la funda, dispuesto a ir pelándolo y preparándolo. No era una parte que le gustara especialmente, pero aprendes a hacer ese tipo de cosas si quieres sobrevivir. -Si te encargas de eso me iré encargando de dejar listo el conejo. Por más que quiera no se va a hacer solo. -Y no sabía todavía si podía confiar en Dayron suficiente como para dejarle solo con la comida a él. Capaz de que desapareciera cuando volviera de traer la leña, y Aldrik tenía hambre, mucha.

Sonrió a Dayron un tanto, dejando que se adelantara, y se centró en lo que estaba haciendo, quitándose la capa para poder tener mejor control de lo que hacía. Usó la termoquinesis, manteniendo el calor pese a las bajas temperaturas, y sacó una cantimplora de su bolsa, lavándose las manos. Casi olvidó por un momento que el contrario lo creería extraño, verlo en camisa rodeado de nieve, y se afanó en retirar la piel del conejo, cortando las patas del animal y la cabeza. Apartó todos los restos al lado, acostumbrado de por si a ese tipo de cosas, y abrió la cantimplora del agua, enjuagándose las manos antes de situar las piezas de carne en un palo fino que peló con la navaja.

Se quedó observando lo hecho, cerrando una de las manos en la camisa de manera inconsciente, a la altura del pecho y fue entonces cuando percibió apenas la luz violácea suave que sobresalía de donde quedaba la cicatriz del desafío, bajo la camisa. Alzó la vista de golpe, sin saber si el contrario se hallaba cerca, y tomó la capa, resguardándose en esta de nuevo, inseguro de que estuviera listo para ir pregonando a los cuatro vientos si condición de Heartless. Mejor no levantar preguntas en el chico nuevo.




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Sáb Feb 06 2016, 12:08

Respecto al comentario que había hecho Aldrik antes de ofrecerme su arco, mi respuesta era claramente un no, pero ahora que conocía su forma de pensar, o lo más superficial de ella, sabía que no tendría ningún problema al contarle mi condición. Aun así preferí esperar, dejándole como respuesta un silencio incómodo antes de disparar al aire, que no al pájaro.

El intento fue fallido, pero la próxima vez me aseguraría de ser yo quien le daba de comer a él. Pensándolo de ese modo parece que llevamos meses sin probar un poco de carne, pero a pesar de no conocerlo, su apariencia física no aparenta estar excesivamente desnutrido. Son tiempos difíciles, de eso no cabe duda, y cada uno los afronta con los recursos que posee; sin embargo, si no nos ayudamos entre nosotros, ¿dónde iremos a parar?

Acato su orden y me interno en el bosque, silbando una cancioncita que ni yo reconozco, ni recuerdo haber escuchado antes. Seguramente haya aparecido en alguna visión, y como siempre sólo permanece invisible en mi memoria, como si formara parte de mi instintivo subconsciente. Me tomo esos minutos de intimidad y paz interior para coger aire profundamente e inhalar los olores que el bosque puede ofrecerme, un manjar de sensaciones, a la que se suma la brisa gélida y el crujir de la nieve bajo mis pies.

Entonces veo a lo lejos un bulto oscuro, al pie de un árbol, grueso, son ramas. Como si mi ángel de la guarda lo hubiera zarandeado para mí, para que no tuviera que preocuparme por partirlas yo mismo. Lo más sospechoso, y lo que me alerta, es que junto a ellas hay un saco de tela vacío. Los sacos de tela no crecen en el bosque, y no caen de los árboles. Hay alguien cerca, porque esas ramas deben de llevar poco tiempo por aquí, teniendo en cuenta que de haber pasado ahí toda la noche, se habría formado alguna fina capa de escarcha sobre su corteza. Atrapo una entre mis manos y miro a mi alrededor, buscando indicios de vida, pero nada. Me asalta la idea de que tal vez pueda tomar prestado ese saco y alguna de las ramas, al fin y al cabo es cuestión de supervivencia, y nadie debería dejar abandonadas sus provisiones. Así que mi experiencia me recuerda que es: él o nosotros.

Al cabo de veinte minutos, regreso al claro donde se encuentra Aldrik despellejando al conejo. No vio el resplandor violeta que emanaba de su pecho porque estaba demasiado ocupado procurando pisar sobre terreno seguro, así que cuando llegó al círculo de piedras, dejó caer el saco junto a él y comenzó a sacar las ramas para colocarlas en lo que muy pronto sería una hoguera. —Puedo dármelas de chico trabajador y decirte que casi me abro la cabeza escalando un árbol para conseguir ramas, pero voy a serte sincero y decirte que  por poco no vienen a traérnosla. —Sonreí, pensando que tal vez no fuera tan buena idea el hecho de que no estuviéramos solos en el bosque. Después me senté frente a él y esperé pacientemente—. Supongo que tendrás alguna idea de cómo encender esto…

Dejé que él se las apañara como fuese, y no lo perdí de vista. Había algo en aquel chico que me llamaba la atención, era más un impulso que simple atracción. No tenía muy claro de qué se trataba, pero estaba seguro de descubrirlo pronto. Volví a pensar en las dudas que le habían surgido acerca de mí, y me vi obligado a responderle con total sinceridad, y tal vez algo de confidencialidad. —En cuanto a lo de antes…—hice una pausa para que se situara, para que no le pillara de improvisto—. No, no soy ningún híbrido. Y no sé si eso me habría hecho mi vida más fácil o, por el contrario, más complicada. Pero tampoco soy alguien corriente, o eso quiero pensar. —Clavé mi mirada en el suelo, como si me estuviera avergonzando de quien era. Recapacité, y elevé mi barbilla, demostrándole que no, que no tenía por qué esconder nada a nadie, a menos que mi vida dependiera de ello—. Puedo ver tu futuro y el del resto del mundo. —Otra pausa de unos segundos, esperando ver su reacción—. Puedo soñar con la muerte de alguien, o con siquiera tocarte puedo saber qué te deparará tu destino. Nunca es inevitable, pero hasta este momento siempre ha acabado cumpliéndose. No sé si soy yo el que tiene que tratar de cambiarlo, y que por eso poseo este… don. O tal vez… —Hablo despacio, dejándole que asimile cada palabra—. Conozco tanto y, a la vez, tan poco de lo que soy. Un vidente, o así lo llaman. Uno más en la lista de repudiados de la Reina y su maldita Inquisición.

Miro de reojo a la derecha, después a la izquierda, asegurándome de que esa misteriosa presencia en el bosque que aún no he visto, no esté paseando por aquí en este momento tan inoportuno.

Pero tú tampoco pareces serle de agrado a la Reina.






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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Lun Feb 15 2016, 19:33

Se entretuvo con las piezas del conejo sopesando el silencio que se había establecido antes. No sería Aldrik quien juzgara el silencio revelador de su compañero, ya que él mismo tenía cosas que ocultar, pero si dudó  y se encontró dándole vueltas a la posible y no asegurada identidad de Dayron. No le había visto nunca antes, por lo que no tenía de qué preocuparse en lo que respectaba a que fuera alguien de la Resistencia. Era bueno verse con gente de fuera, que no estuviera en ninguno de los dos mundos para variar. Últimamente el trabajo lo agobiaba, por mucho que no dejara de apoyar la meta inicial que habían tenido los terroristas y que empujó a Aldrik a alistarse en su momento.

Desde entonces, las cosas habían cambiado bastante, habían cambiado de líder, pero lejos de oponerse a ello, el moreno creía a Aranth una muy buena opción. Al menos, parecía ir a volver a los orígenes, no al atentado indiscriminado que habían estado llevando a cabo hasta entonces. Simples principios impedían a Aldrik luchar contra la Reina si se llevaban a ciudadanos del vulgo por delante, y agradecía que se comenzara a compartir esa misma opinión en la base.

Alzó la vista de golpe, nada más vio a Dayron volver, y se incorporó un tanto, en el caso de que necesitara ayuda con los troncos, pero a decir verdad, los había traído hasta aquí, así que la cosa debería ir bien. -
Solo dame un momento... -Se preocupó de sacar dos piedras de la mochila, friccionándolas antes de golpear, y la sola chispa que saltó fue suficiente para que Aldrik usara su don elemental y la hiciera crecer de golpe. Asintió satisfecho, mirando a Dayron de nuevo y se dio cuenta entonces de lo que acababa de hacer.- Esto... ah... -Se mordió la cara interna de la mejilla, apretándose las manos y negó con la cabeza.- Bueno. Eso. Manejo algo de fuego. -Confesó, y esperó que eso no le preocupara, era consciente de la opinión general del vulgo acerca de las habilidades elementales, y aunque las compartía, no podía negar que aquel pequeño... "don" era útil en ocasiones.

-
No lo uso mucho de todas maneras. -Aclaró, por si la duda residía, y colocó varios troncos de los que le trajo Dayron, asegurándose de que la llama durara. No esperó a pesar de ello la contestación que le dio el rubio, y giró el rostro de golpe.- ¿Lo robaste? -Preguntó, alertándose, y miró alrededor.- Bueno... esperemos que no sea alguien hostil. ¿Qué excusa vas a dar si nos pillan? -Le dio un codazo leve, amigable, al sentarse al lado suya, y colocó los trozos de conejo sobre el fuego, apoyado sobre varias ramas que lo mantenían lejos y a la vez suficientemente cerca.

Se entretuvo mirando las llamas durante unos instantes, terminando de trastear con las piedras que delimitaban la hoguera cuando le escuchó y le desorientó, recordando entonces el pasado tema de conversación. Fue entonces donde Aldrik no supo ni donde meterse, abriendo los ojos, y casi riendo la suerte que tenía a la hora de hacer nuevas amistades. Sonrió abiertamente, negando con la cabeza y se mordió el labio.-
Vidente, vaya... tengo una amiga cercana que ve el pasado. Si ahora tu ves el futuro, voy a tener que irme de la ciudad. -Bromeó.- ¡Ojalá yo pudiera hacer cosas como esas! -Comentó entonces, sopesando las pocas habilidades que había ido descubriendo que tenía desde el primer momento en el que Letyko lo desafió. Se quedó callado, dandose cuenta de que eso era lo último en lo que quería pensar ahora, y se pasó una mano por el pelo, sopesando que hacer.

Tal vez Dayron estuviera esperando algún tipo de apoyo emocional, alguna revelación que lo relajara un poco tras haber confesado algo tan importante para él. Aldrik tenía unas cuantas bombas que contar, sin duda, pero no sabía si quería hablar de ello. No... no sabía si estaba preparado para hacerlo.

Miró al humano de soslayo unos instantes, arrancando algunas briznas de hierba húmeda por la escarcha, y se lo pensó, se lo pensó bastante. Si tenía que revelar algo, no revelaría a la Resistencia. Aquello era una charla para otra ocasión. -
No tengo corazón. -Mencionó, y antes de que el otro pudiera malinterpretarlo, confirmó lo que quería decir:- Y no lo digo en plan emocional, lo digo de manera literal. -Dudó, sin saber si hacerlo o no, pero terminó, soltándose el primer botón de la camisa, enseñándole apenas el inicio de la cicatriz. - Si tu eres extraño, yo lo soy también.




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Dom Feb 21 2016, 23:53

Algo recorrió mi espalda, algo tan intenso que casi me hizo saltar del sitio cuando lo experimenté. No era miedo, tampoco sorpresa, pero al escuchar la confesión de Aldrik algo se revolvió en mi pecho. Mi corazón, recordándome que aún seguía ahí. Había escuchado rumores, pensé que solo eran leyendas, sobre personas a las que les era arrebatado su presente más preciado, y con ellos su libertad. Con palabras era sencillo de explicar y rápido, sobre todo eso, pero cuando tu mente trataba de planteárselo con seriedad durante más de dos segundos, entonces recobrabas el sentido que tenía no estar encadenado a otra persona de por vida. Apreté mis manos en dos fuertes puños a cada lado de mi cuerpo, encerrando en ellos la tela de mi capa para no rasgarme las palmas. Ese sentimiento que nunca me abandonaba empezaba a emerger, el revolucionario, que se negaba a permitir la esclavitud sobre ningún alma, fuese de la manera que fuese.
Y yo pensaba que lo mío era una maldición… —Fue lo único que pude responderle.

Sentí la nube de tensión que acababa de levantarse entre nosotros, mezclándose con el frío que quemaba por momentos la piel desnuda de nuestros rostros, haciéndose cada vez más latente. Pero pensándolo bien, aquel silencio no era necesario y mucho menos agradable. Ambos teníamos historias que contar, tanto él como yo pertenecíamos a mundos difíciles, cada uno con sus crueles realidades. Aquella ausencia de palabras solo demostraba que estábamos cediendo ante ellas, y aquello no podía ser así. Hacía apenas minutos que lo conocía, pero sólo por el hecho de poseer esa cicatriz ya podía confiar en su valentía. Pues aunque tampoco es que conociera más allá de lo que las malas lenguas decían, para enfrentarse a un dragón había que ser temerario.
No me hace falta tocarte e invocar una visión sobre ti para saber que cumplirás tu desafío. —Me introduje en sus ojos, manteniendo mi mirada perforante en ellos, y solo cuando me percaté del tiempo que me había tomado, mis mejillas comenzaron a tornarse de un color rojizo.

Deslicé mi mirada hacia la hoguera, quedando encandilado por las chispas sobre la leña. El fuego, tan bello e hipnótico como el paisaje más exótico de nuestro mundo. Un fuego que nos llevaba atormentando siglos y que por fin había conseguido ser aplacado por una implacable nevisca. Las cosas iban a cambiar, no sólo lo decían mis sueños premonitorios, tampoco las ancianas cuchicheando en los callejones más recónditos de la ciudad y la duplicación de la guardia en las plazas, lo decía el cielo, lo que nos brindaba y la fuerza e imparcialidad con la que lo hacía. Frío para suavizar los humos de los dragones, nieve para rejuvenecer la tierra calcinada por sus llamaradas, vientos gélidos para retener sus rigurosos avances y fuerza espiritual para alzar al pueblo desdichado.

Le hice un gesto con la cabeza, señalándole los pedazos de carne sobre la nieve y el fuego a punto. —No sé mucho sobre esto porque mi alimentación se basa en lo que consigo robar del mercado, pero yo las pincharía en una rama mínimamente resistente para soportar el peso y la encajaría entre las rocas de la hoguera, lo suficientemente cerca como para cocinarse bien, pero no para achicharrarse. —Me encogí de hombros. Lo más seguro era que aquello no fuera un descubrimiento para Aldrik, pero si podía aportar algo lo haría sin dudarlo. Me sentía patético dándole consejos de supervivencia a alguien que se pasaba el día subsistiendo.

Volví a observarlo, como si fuera tan distinto a mí. Pero no, no era así. Lo único que nos hacía diferentes era un corazón despojado y unas visiones asfixiantes. En cuanto a lo demás: éramos jóvenes luchando contra la sociedad de escoria alada y su maldita superioridad. Con sueños y aspiraciones en nuestras vidas, que ya eran desgraciadas de por sí por el simple factor de nacer humanos. Sólo queríamos vivir, y si a esto se le podía llamar así, ¿qué hacían esos dragones, entonces?






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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Lun Feb 29 2016, 19:03

Una pausa, y Aldrik sintió el silencio repentino tras la afirmación que hizo. Otra pausa, y no tardó en girar el rostro hacia Dayron, sonriendo de manera muy leve antes de negar.

Hacía mucho tiempo que el desafiado no tenía algo así como un amigo que pareciera preocuparse por él, que mostrara "empatía" y que de algún modo buscara interesarse por lo que fuera que le pasara. Había pasado tanto tiempo que ni recordaba como era, y fue por eso que se sintió extraño al notar esa calidez en el pecho, pese a ser más debil por la ausencia de corazón: se sintió bien, mejor de como lo había hecho en mucho tiempo; y se encontró secretamente agradeciendole eso a aquel desconocido, secretamente queriendo saber más de él o de ayudarle en lo que pudiera. Llevaba meses vagando sin rumbo aparente, acostumbrado ya a no tener terceras personas donde apoyarse. Ahora, que parecían estar volviendo a aparecer, no sabía como proceder, o si debía sincerarse o no hacerlo sobre cosas que antes no habría dicho por más que lo presionaran... y sin embargo ahí estaban.

"Hola soy Dayron y tengo visiones."
"Hola soy Aldrik y soy desafiado."


Casi sonrió de nuevo ante la realización, trasteando con el fuego de la hoguera, y disfrutó de ese silencio, cómodo, que le permitió reflexionar. Se apretó las manos, reconfortado por las palabras de Dayron, y negó con la cabeza seguidamente, poco dispuesto a que aquel chico menospreciara sus propios miedos.-
No digas eso, todos tenemos nuestros propios demonios internos, ni los míos son mejores ni los tuyos peores... No se que haría si pudiera ver el futuro de todo el mundo. Saber que alguien que quiero va a morir y no saber porqué o cuando, incapaz de hacer nada por impedirlo hasta que suceda. -Contestó, y dejó las piezas del conejo como le sugirió el otro chico, esperando a que se cocinaran y sintiendo ya como su estómago se quejaba ante la falta de comida. Giró las pequeñas ramas de tanto en tanto, vigilando que aquello no se quemara o se quedara demasiado crudo antes de que llegara el momento de retirarlo del calor.

-
Aun con ello, espero que tengas razón y lo consiga. De lo contrario... bueno. Tampoco soy muy optimista a decir verdad, no con mi reto. -Mencionó, hablando en voz alta y tomó otro palo fino, moviendo levemente los troncos de la hoguera, provocando que esta se avivara, acariciando tenuemente las ramas, engullendo las piezas de carne por momentos, sin llegar a hacerlas arder.

No sabía que hora era, sintiendo como iba disipandose poco a poco el sol fuerte del medio dia para hacer caer la tarde. Las sombras se recortaban, ya misteriosas contra los árboles de la foresta, y el viento se levantaba despacio, haciendo mella en el poco calor que podría haber irradiado el sol a lo largo del día. Lo que el desafiado no supo es que los observaban, algo más allá, entre los arbustos. Un par de ojos que si bien podrían no haber tenido malas intenciones, ahora las tenía. El robo, al parecer, no había sido algo que tomara especialmente bien. -
No te preguntaré el resultado real. -Mencionó al final Aldrik, sin embargo, retomando la conversación, y tomó una de las ramas pequeñas que sostenían las partes del conejo, para tendérsela a Dayron, y tomar su parte de la misma manera. Éstas se mostraban bien cocinadas, casi doradas en la superficie para envidia de cualquiera que los viera comiendo. La figura oscura se movió entre los árboles, confundiendose con el ruido del viento, y sacó un filo metálico que se perdió rápidamente entre la oscuridad.

-
Espero que no tengas muchas complicaciones respecto a tus visiones, Day. -Le dijo, sintiendolo de verdad al decirlo, y se dio la libertad de acortarle el nombre, volviendo a esta nueva versión de su nombre un nuevo apodo que si bien denotaba un nuevo grado de familiaridad, Aldrik decidió utilizarlo igual, diciendose que le pegaba bien; lejos de cualquier otra invención que podría haber tomado: Day, como el día.

Necesitaba más cosas positivas en su vida, por mucho que Dayron no supiera esto último, ni su relación con la Resistencia y otros muchos futuros planes. Secretamente, el desafiado se encontró deseando que esa no fuera la última vez que volviera a ver al otro chico, sino la primera de otras muchas.

-
Me gustaría... - Pero no terminó, cuando lo que parecía una daga salió disparada desde detrás de Dayron, y amenazó con herir al joven antes de que el moreno pudiera siquiera reaccionar. Actuó impulsivamente, abalanzándose sobre el contrario, y lo apartó a un lado de golpe, quedando sobre éste antes de alzar la vista hacia los arbustos y la daga hundida en la hierba algo más allá. Se dedicó un momento solo, recuperando el aliento, y se dio cuenta rápidamente de la posición, apartándose del otro con lo que era ahora un leve rubor que se fue tan rápido como vino. Ya no eran dos personas en el claro, sino tres, y a juzgar por el aspecto algo escuálido del tercero: aquello ya no era una pelea por leña, era una pelea por hambre.




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Miér Mar 02 2016, 16:54

Me arrastré lentamente hasta posicionarme más cerca del fuego. Podia proporcionarme e calor que en aquellos momentos necesitaba, pues a pesar de la gran ayuda que Aldrik me había prestado, todavía no sabía cómo, era imposible no continuar sintiendo el punzante frío en el pecho, en las manos, y allí donde fuese. Me enrollé más aún en mi capa, tratando de mantener el calor que la hoguera concedía, y observé hambriento cómo preparaba la comida. Podría habérseme caído la baba en aquellos momentos, pero decidí continuar aparentando ser normal, no quería espantar a la primera persona en toda mi vida que me mostraba un mínimo afecto.

Y es que, pensándolo fríamente, Aldrik era el primero. ¿Tan triste había sido mi vida hasta ahora? No, lo dudo. Simplemente, lo más probable fuera que no había necesitado a nadie más que a Laryos para sentirme bien. Sus entretenidas leyendas sobre los tiempos anteriores tiempos al Despertar, obligándome a prometerle que debía quedarse en secreto, a menos que quisiese que algo malo nos sucediese. Y aun habiéndolo cumplido, algo relacionado con ello acabó condenándolo a la muerte. Él había sido mi padre, mi mejor amigo… bueno, el único que había tenido. Ni siquiera me había hecho falta relacionarme con otros críos de mi edad, pues con él me bastaba. Por eso aquel lazo que había ido forjándose año tras año, al romperse, terminó por sumirme en un indescriptible vacío. Me había jurado no volver a confiar en nadie más y, sin embargo, allí estaba el desafiado.

Su tono de preocupación me sacó de mis pensamientos, y alcé la mirada de nuevo que, sin pretenderlo, había sumergido entre las brasas. —Algunas dan más guerras que otras, pero ya es una rutina —respondí tratando de suavizarlo todo un poco. Estábamos temas tan serios como era nuestra propia seguridad, como lo era la marca que nos señalaba como atentados contra el régimen de los dragones, en mitad del bosque, con indicios de que había alguien más rondando esta zona. Pero tampoco le di mucha importancia, no íbamos a tener tan mala suerte, al fin y al cabo, ¿no?

Me gustaría que…—Pero no terminó, cuando noté un zumbido a escasos centímetros de mi oído, sobresaltándome. Y no tuve tiempo a  reaccionar, pues vislumbré la silueta de Aldrik abalanzándose sobre mí, tumbándome firmemente sobre la nieve. Fue lo último que sentí, la gélida nieve en mi nuca. Lo último que sentí antes de que ocurriera

Mis manos se aferraron fuertemente a los brazos de Aldrik, rodeándolo por encima de sus codos, como si mi cuerpo se hubiera tensado. No duró más de dos segundos, no había sido voluntaria. Cuando recobré la vista, con el rostro del chico observando al otro lado del claro, después a mí y su rápido rubor en las mejillas, me percaté de que algo no iba bien. Agité la cabeza, tratando de apartar lo sucedido para centrarme en lo sucediendo. Después, empujé a Aldrik por los codos para rodar en el suelo e invertir las posiciones, quedando yo ahora sobre él. Me reincorporé, apartándome de encima suya, con la mirada entrecerrada clavada  en la floresta, acuclillado junto a la hoguera. Descolgué el báculo, probándolo en el aire, todavía agachado, para comprobar que no se había dañado tras mi fatal caída desde el árbol.

Descendí mi mirada, topándome con los ojos de Aldrik de nuevo, y susurré, en un tono muy bajo: —Creo que alguien más quiere sumarse a la cena. —Continúo buscándolo con la mirada hasta dar con él, acercándose con paso firme desde lo más alejado de los árboles. Tal vez Aldrik ya lo hubiera visto antes, pero justo después de despertar, mi orientación suele fallar un poco. Mi calmada actitud al verlo desarmado, se desvaneció cuando descubrí que de su espalda descolgaba dos hachas, y parecían afiladas. Tenía su larga melena enmarañada aferrada a su nuca por una coleta, pero lo más aterrador era su cuerpo: delgado, hasta el punto de marcársele bien las costillas, y tan solo cubierta por una camisa bastante rasgada, que dejaba a la luz prácticamente el torso entero.

Genial, ¿recordáis aquellos troncos que había robado minutos antes? ¿Aquella genial idea? Pues alguien parecía haberse cabreado con ello.






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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Aldrik el Mar Mar 08 2016, 03:16

Le cogió por sorpresa toda la situación, actuó impulsivamente, y agradeció en gran medida el haberlo hecho. Por unos instantes, notó una presión en el pecho, acrecentándose antes de desaparecer: el heartless tuvo oportunidad de reconocerla, reconocer ese sentimiento que había tratado de encerrar en lo más profundo de si mismo durante mucho tiempo: culpa, miedo... y un repentino y suave tinte de alivio que no supo como interpretar.

Se quedó completamente inmóvil, aguantando la mirada del rubio pese al rubor, y se cercioró de que estaba bien, y que por una vez había llegado a tiempo. Dudaba que alguien llegara a comprender la importancia que aquellas dos palabras habían adquirido para él. A tiempo. A tiempo. A tiempo. Errores del pasado todavía le mantenían en vela durante las noches, y no sabía si estaba preparado para perder a otra persona de nuevo, aunque acabara de conocerla hace apenas una o dos horas. El propio Aldrik no estaba seguro de que quisiera dejarle ir todavía, no cuando él mismo se sentía tan perdido que buscaba desesperadamente un hombro más en el que apoyarse.

Se calmó al ver respirar al contrario debajo de si, aun tras tensarse, sin comprender exactamente que había sucedido en ese breve momento en el que las manos ajenas se habían cerrado en sus brazos. Se lo habría preguntado de haber tenido ocasión, pero aquel no era momento para explicaciones, y mucho más para seguir con el ritmo de confidencias que llevaban hasta ahora.

El rubio invirtió posiciones, haciendo que notara el frío de la nieve en la nuca como instantes antes podría haberlo sentido él, y tras un segundo más de inseguridad en el que el rubor que traía Aldrik se agravó, se obligó a centrarse en lo que estaba pasando, buscando la daga en el cinto antes de girarse. Se encontraba demasiado lejos del arco, por diestro que fuera, y tendría que apañarse con lo primero que tuviera a mano, la daga esta vez.

Escuchó el comentario de su amigo, cuando éste se incorporó, e hizo lo mismo despacio, sopesando como resolver la situación. Prefería no tener que matar a nadie. Prefería no ver morir a nadie. Dio un paso al frente, inseguro, y alzó en el aire una de las manos.-
Creo que la madera que tomamos te pertenece, pensamos que sería de algún dragón burgués y creímos que les estaría bien empleado pasarse media hora más recogiendo troncos... lamento si esto te ha traído demasiados inconvenientes. -Dudó sobre como seguir. Su vista se desvió al cuerpo ajeno, enclenque, huesudo, y no le cupo duda de que debía de tener graves dificultades a la hora de cazar. No todo el mundo tenía la suerte de saber como hacerlo.- Andamos comiendo, es poco, pero siéntete libre de tomar lo que queda...

El moreno se quedó callado justo después, terminando de alzar la otra mano con la daga, en lo que se presentó como un vago intento de buscar algo de paz. Casi creyó que lo conseguiría, por un momento, si no fuera por el giro de acontecimientos, cuando dos figuras más se hicieron ver en el interior del claro. Se encontraban lejos de la ciudad, lejos de ese perímetro de seguridad que era muy a menudo patrullado por guardias de la Reina. Aquella zona en la que se encontraban, era plato de fugitivos, exiliados y otros tantos miserables. - ¿Madera? Oh. -El moreno se calló de improvisto, girándose ante la voz de un tercero, ronca, y se mordió la cara interna de la mejilla, su vista desviándose  al arco, sobre la nieve y al carcaj lleno de flechas. -La nieve ya hace bastante difícil que hayan animales, ni hablemos de que los cacéis vosotros... Nosotros no robamos, eso es de ratas... -Hubo una pausa, oyéndose apenas el crepitar de las brasas, y el moreno no alegó nada, siendo consciente en aquel instante hasta de su propia respiración. -...y nosotros nos comemos a las ratas.

No reaccionó, recordando vagamente las referencias escuchadas en el Poisonclaw. La hambruna había golpeado duramente la región, los precios habían subido, las diferencias sociales se habían hecho aún más graves, haciendo a los pobres más pobres y a los ricos más ricos. La nieve había terminado de arrasar con las esperanzas, los animales habían quedado descolocados ante el repentino frío, muchos habían comenzado a hibernar a destiempo y otros habían perecido a las semanas, haciendo de la caza algo muy muy difícil.

El moreno guardó silencio, analizando los gestos de los que se encontraban a su alrededor. Reconocía, reconocía esa hambre porque también la había sufrido, hasta el punto de plantearse cosas que no habría hecho nunca de no ser por ésta. Sus acciones nunca habían llegado a ser tan extremas como las que presentaba aquel grupo, pero tenía experiencia de sobra como para saber distinguir una broma del peligro, un peligro que los llevaría a encontrar muerte en el bosque. -
Dayron, coge el báculo. -Lo dijo en un murmullo, muy cerca del otro, asegurándose de que lo oyera, y bajó las manos, colocándose de manera defensiva, afianzando mucho más el agarre sobre el arma que estaba sosteniendo. -Voy a intentar llegar al arco, necesito que me cubras si puedes... y después saldremos de aquí. -Tragó saliva, de espaldas a Dayron girando la cabeza apenas un poco, y vio al rubio tras de si, sin saber que estaría pensando, dudando por que dijera. Habían tenido que ponerse en formación circular para poder enfrentar todos los ángulos, obligandoles a darse la espalda mutuamente para no perder de vista las diferentes figuras. - Prometo no abandonarte aquí. -Dejó ir las palabras al tiempo que apretó los puños, imaginándose ya lo que al otro debía de estar pasandosele por la cabeza. No lo culpó. -Vamos a salir de aquí, pero necesito que me ayudes, y tienes que dejarme ayudarte de la misma manera, por favor. -Tuvo que darle la razón al rubio sin necesidad de que contestara, inseguro de que él mismo fuera capaz de confiar su vida a un extraño que conocía de horas mientras este se alejaba para hacer algo que decía ir a hacer. Aldrik podría salir corriendo de allí y abandonarlo a su suerte. Dejarlo allí vendido a cambio de su vida, y aquellos tres muertos de hambre agradecerían el tributo de buen grado. Cualquiera de los dos podría aportar más de lo que lo haría un triste conejo. -¿Dayron?

Se notó nervioso, esperando una respuesta, y no supo si la recibiría, golpeandole la incertidumbre y el miedo, a medida que todo se fue yendo de las manos. La adrenalina le golpeó con violencia, sin moverse del sitio, y cerró los ojos muy brevemente, en una plegaria silenciosa, antes de volver a centrar la vista alrededor.

No se le escapó el gesto del primer salvaje, su mano hundiéndose sospechosamente entre los ropajes, a tiempo de sacar un filo de hierro y lanzarse violentamente hacia donde se encontraban. Los otros dos lo siguieron justo después, valiéndose de un pico y lo que entre las sombras distinguió Aldrik como un hacha pequeña, y supo que no tendrían manera de pararlo, al menos no ya. Tres contra dos. Tres contra dos...

Decidió confiar en que el rubio no lo hiciera, no huyera, le guardara la espalda como le había pedido instantes antes, y se lanzó, rodando por el suelo en busca del arco. La noche terminó de caer sobre la arboleda.




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Re: Do you want to build a snowman? |Priv.| ft. Aldrik

Mensaje por Dayron el Sáb Mar 12 2016, 00:00

Lentamente, fui poniéndome en pie, con el frío erizándome los vellos y sintiendo la presencia de Aldrik junto a mí, que me hacía sentirme de algún modo más seguro. No estaba solo en aquello. Una sensación extraña que no había experimentado desde hacía mucho tiempo, con Laryos, hacía más de tres años. Y volver a aquellos tiempos en los que podía apoyarme en otra persona para superar los obstáculos, era reconfortante. Durante aquellos momentos, sentí que debía dejar al margen mi carácter independiente y trabajar en equipo con mi nuevo compañero de desgracias. Nuestras vidas dependían de ello.

Escuché en silencio, analizando cada palabra de la conversación que ahora mantenía el desafiado con los desterrados, porque el hecho de la situación en la que parecían encontrarse no nos confesaba otra cosa que eso mismo: abandonados y excluidos por la sociedad. Algo que activaba mi empatía y me hacía sentirme identificado con ellos, contra el régimen de los dragones, que poco a pocos nos asfixiaba más. Pero ese lazo se resquebrajaba con la resolución del líder de la banda, que no se cortó un pelo en demostrar sus deseos en aquellos momentos. Mis sentidos se activaron, y sabía que aquello no iba a quedar en un debate.

La orden de Aldrik golpeó mis oídos, sacándome de la burbuja qu4e me había envuelto durante aquellos segundos, mientras la conversación tenía lugar en otro plano distinto al de mi atención. No, estaba ocupado buscando maneras de salir de allí impunes, y tratar de no herirlos lo suficiente como para que pudieran recuperarse. Yo nunca había acabado con ninguna vida humana, y esperaba no tener que hacerlo nunca. Tenía miedo a mancharme las manos de sangre, y esa norma incluía la de inocentes y culpables. Llevé mi mano hacia atrás en un movimiento fugaz, atrapando el báculo por el mango y descolgándolo con habilidad. Lo posicioné frente a mí, colocándolo en horizontal, separando las piernas ligeramente para adoptar una pose defensiva. —Aldrik. —Respondí a mi nombre, justo antes de que comenzara su carrera hacia el arma alejada. Y me quedé allí, esperando a mis atacantes, interponiéndome entre el desafiado y aquellos desterrados.

La noche terminó de caer sobre la arboleda. Estiré los dedos sobre la empuñadura de cuero del bō y entonces, lo activé. Sentí cómo mis músculos se tensaban, como mi mente atravesaba los límites de la realidad para sumergirme en una dimensión propia paralela, una técnica que mi maestro me inculcó desde la temprana edad, una técnica que me salvó de importantes consecuencias en el pasado. No tenía nombre, pero sí sabía cómo efectuarla.

El tiempo se detuvo en mi mente, todo estaba en blanco y la velocidad de los desterrados se ralentizó. Esto no se trataba de ningún don, no era una visión, tampoco nada mágico o relativo a la naturaleza, más que la de mi propia capacidad de imaginación y análisis. Comencé a trazar medidas mentales, la distancia desde el primer ataque hasta la posición de mi cuerpo. Vigilé mis flancos y, aunque sabía que yo sólo no podría detenerlos a todos, sí confiaba en mi habilidad para mantenerlos a raya hasta que Aldrik alcanzara su objetivo. Di un paso más en aquella técnica, y el tick-tack de uno de los extraños aparatos de Laryos, sacado de la civilización humana antes del Despertar, sumió mis sentidos en la siguiente fase. Una coordinación estimulada por el ritmo marcado por lo que aquel sabio hombre había traducido en sus antiguos libros rescatados de las ruinas como metrónomo, algo cuya función pasada desconocía, pero cuya función presente tenía más que clara.

Cerré los ojos unos segundos, dejé que el aire gélido del bosque inundara mis sentidos y los volví a abrir bruscamente, y mi mirada se había tornado a una más fría y táctica. Giré mi rostro velozmente hacia el desterrado más cercano y corrí hacia él, girando el báculo con fuerza alrededor de mi mano derecha. Me detuve a metro y medio de él, y no esperé a que actuara. Con uno de los extremos golpeé una de sus rodillas con fuerza, sonando un crack tras el impacto y haciendo emanar un gruñido de la boca del hombre, si es que aún mantenía su humanidad a salvo, tras aquella sed de sangre. Cayó hacia delante, clavando la rodilla sana en la nieve y tratando de levantarse con esfuerzo. Pero no se lo permití, el extremo opuesto del báculo se dirigía hacia su mandíbula, y con otro golpe seco logré desencajársela. Tumbándolo sobre la colcha nívea, aparentemente inconsciente.

Pero mis cálculos habían fallado, y cuando creía tener un segundo más a mi favor, el segundo se abalanzó sobre mis espaldas, haciéndome caer hacia delante, tropezando con el cuerpo de mi primera víctima y rodando por el suelo bajo el siguiente atacante, que luchaba por atrapar mi cuello entre sus torturadas y gruesas manos. Necesitaba que Aldrik hubiera alcanzado ya su arco. Lo necesitaba porque después de dos visiones y un desmayo, el efectuar la coordinación con tanta eficacia había sido casi un milagro, y aunque físicamente hubiera podido aparentar un estado aceptable, mi mente empezaba a consumirse por momentos, derrotada.






¡Muchas gracias! <3:

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