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You have to be kidding me [Taranis]

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You have to be kidding me [Taranis]

Mensaje por Invitado el Miér 23 Dic - 0:45

Tenía que ser una broma. Tenía que ser una jodida broma. No era remotamente posible que esto estuviera pasando. La única cosa que se tomaba enserio, era eso, su trabajo de curandera. No eran los libros, sus enseñanzas, las estúpidas prácticas de combate que tanto detestaba, nada ni nadie encabezaban su lista de prioridades. Era ese local que tanto trabajo le había costado obtener. ¿Y todo para qué? ¿Para que su madre se burlara en su rostro como si de una niña estúpida se tratara? ¿Cómo se atrevía a si quiera pensar que ser curandera era uno de sus caprichos? ¿Cómo? Masajeó su frente, resoplando, sintiendo que iba a perder el control en cualquier momento.

¿Qué había pasado? Todo estaba bien, era una hermosa no tan hermosa fría mañana en Talos. Los pajaritos cantaban, su padre no estaba, su madre regañaba a los sirvientes, e Imogen, se encontraba en su habitación, leyendo felizmente sobre algunas yerbas medicinales. Todo estaba bien, hasta que escuchó un grito. Imogen no dudo en levantarse para averiguar de qué se trataba, siguió los quejidos y llantos, hasta llegar a la cocina. Entonces vio a la sirvienta en el suelo, retorciéndose mientras temblaba. A su lado se encontraba su madre, con los brazos cruzados, mirando a la sirvienta como si de una alimaña se tratara. Imo se acercó con el ceño fruncido, totalmente confundida. —¿Qué ha pasado? —preguntó mirando a las otras que estaban arrinconadas en una parte de la cocina. Pero no respondieron, y ahí fue donde ella se dio cuenta que la culpable había sido Iris. —¿Se puede saber que hiciste, madre? —la mujer, con ese aire de inferioridad que la caracterizaba, le explico con simpleza la ineptitud de la sirvienta en no poder prepararle algo tal y como ella lo había ordenado. Y las ganas de pegarse fuertemente por la idiotez que acababa de escuchar no le sobraban. Primero vio la silla rota, y luego la pequeña navaja que tenía su madre en la mano. —Estoy rodeada de salvajes, es un hecho, ¡salvajes! —vociferó mientras se levantaba, y salía de la cocina.

Entró a su habitación y comenzó a buscar lo necesario para poder ayudar a la sirvienta. —¿Es que no sabe comunicarse? —murmuró con el ceño fruncido, buscando con desesperación sus cosas. Y cuando al fin las encontró, salió de la habitación rápidamente. Sin embargo, su madre la tomó por un brazo y la arrastró de nuevo hacia su habitación. Iris comenzó por pedirle disculpas, sonriéndole amable. Al principio, Imogen le creyó, dentro de ella se encendió una chispa de felicidad, pensando que al fin su madre iba a dejar de ser tan bruta. Pero luego, algo tarde, recordó que su madre no se disculpaba, no sonreía, y mucho menos dejaría de ser bruta con los demás. —¿A dónde vas? —le preguntó Iris, enarcando una ceja. —¿A dónde más crees que voy? A ayudar a la pobre víctima de tu salvajismo—Iris levantó su barbilla y la miro con desgane. —Cariño, ya he mandado a uno de los sirvientes para que traiga a un curandero de verdad. —Imogen parpadeó, sin poder creérselo. Sintió su corazón encogerse por la tristeza mientras veía a su madre abandonar de la habitación, ¿eso era lo que Iris pensaba de ella?

Luego de durar unos minutos sintiéndose terriblemente triste y desesperanzada, se levantó de su cama y se dirigió a la ventana. Entonces, mientras veía al tal curandero llegar, le dio paso a la rabia, a que el enojo la arropase por completo. Caminó hacia la cocina, echando humo por la nariz. No tan literal claro. —¿Dónde demonios esta? —gritó, haciéndose escuchar por toda la casa. Mientras caminaba por el pasillo, iba tumbando una que otra reliquia que su madre tenía. Y cuando entró a la cocina, tuvo que morderse el labio, intentando no quemar la maldita casa ahí mismo. El famoso curandero estaba revisando a la sirvienta, ¡a mi sirvienta que debo sanar yo, no él!¡Tú, pequeña sabandija! —agarró al hombre por el cuello y lo pegó a la pared. La sirvienta era de ella, nadie le iba a robar nada, le iba, le tenía  que demostrar a su madre que sanar personas era algo que que iba más allá que un simple capricho; para Imogen era lo correcto, algo que realmente disfrutaba hacer.
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Re: You have to be kidding me [Taranis]

Mensaje por Taranis Ysolt el Jue 24 Dic - 20:45

Parecía una burla, masoquismo, el colmo de los colmos. A pesar de todo lo que había ocurrido durante la ejecución y a pesar de que lo había pasado de forma horrible durante las últimas semanas, ahí estaba, metido en la mitad de la ciudad a cara descubierta. Por supuesto que no iba por el mundo avisando que iba con la resistencia, pero bien que alguien podría haberlo identificado aquel día en la plaza. Tampoco era buena idea intentar disfrazarse con algo, menos él que tenía la hermosa capacidad de pasar desapercibido entre el resto, no lo necesitaba. Ya lo había notado, había encontrado a muchos ciudadanos que vio en esa ocasión, recordaba bien sus auras, de alguna forma, todas eran distintas, incluso si poseían los mismos sentimientos.

Entró a la botica más grande que encontró. Por eso estaba ahí, necesitaba restablecer sus suministros de curaciones, ya que los últimos habían quedado algo...Mojados. Vendas y algunas pociones y cataplasmas era lo que requería por ahora, más que nada para ayudar a sus compañeros heridos y para tratar las heridas propias, que aun no terminaban por sanar por completo. Una venda en la cabeza y un par más en los brazos eran la prueba más notoria de ello.

Sabía que ya luego tendría que adentrarse en el bosque para encontrar hierbas curativas y fabricar un par de ungüentos. Pero por el momento, se sentía en completa tranquilidad. Es decir, claro, habían ocurrido cosas horribles en la plaza hace unas semanas, pero con tanta gente fluyendo nuevamente por las calles, era difícil que se metiera en problemas, más si iba a algo específico y con bajo perfil. O eso pensaba.

Mientras terminaba de pagar sus nuevos implementos, una mujer entro a la tienda con apuro -¡Un curandero!- Gritó -Necesito un curandero- Taranis la miró, por sus ropas sabía que era una sirvienta de alguna casa de dragones, era lo más obvio. A pesar de su espíritu de ayuda, prefería no irse a meter a la casa de una de esas criaturas, ya había tenido mucho de ellas por estos días. Sin embargo, al mirar al dueño de la tienda, este solo respondió con un "No!" secante y se fue a la parte trasera del local. Parece que nadie quería meterse en líos por estos días.

-Puedo ir- Le dijo entonces, sintiendo que no le quedaba más opción y sintiéndose mal si por su culpa alguien más moría. Cogió el cambio que había quedado sobre el mostrador y siguió a la nerviosa sirvienta que emprendió el camino de vuelta. Había algo en el aura de la mujer que lo hacía ponerse nervioso a él. Aunque por lo general el curandero era un manojo de nervios con cara de nada, esta vez, de verdad se sentía inquieto. Quizá sí se estaba metiendo en líos innecesarios de los que no podría salir tan fácil.

Cuando llegó, pudo ver a quién sería su paciente. Contusiones y cortes que notoriamente no eran un accidente era lo que llenaban las manos, torso e incluso cara de la pobre muchacha -Te ayudaré- Le dijo con una sonrisa, acercándose y extendiendo su mano para tocar las de ella y calmarla. Podía ver en su aura el miedo y terror que la invadía y eso solo le aseguraba más que sus heridas habían sido por parte de su ama y no por un accidente.

Empezó a examinarla, revisar la profundidad de los cortes y detener las hemorragias que aún sangraban, y entonces, sin siquiera notarlo, una aura arrasadora se acercó a él y con un grito lo tomó por el cuello para golpearlo contra la pared. La herida de su cabeza se resintió un poco y el agarre de la mujer era demasiado fuerte, mas por puro reflejo, su mano apretó la muñeca de la mujer. Fue entonces cuando notó, por su aura, que era una dragón quien lo sujetaba y le hizo sentido la fuerza que tenía. Sin embargo, no comprendía por qué reaccionaba de esa forma por ayudar a quien ella misma había herido.

La miró serio, el aire entraba de forma dificultosa por su tráquea. Pero fue en aquel momento que pudo ver en su aura, aquella pizca de miedo que se mezclaba y ocultaba tras la rabia. Entonces no había sido ella quién había maltratado a la sirvienta, aunque seguía sin entender su rabia. Buscó con su otra mano los nervios del codo de la mujer y los presionó de tal forma que el agarre soltara un poco -Las asustas- Dijo señalando con la cabeza a las sirvientas, que se habían arrinconado en la habitación -No la lastimaré- Quizá tenía miedo de eso? Esperaba que por último la dragón le dijera la causa y razón de su rabia, así al menos podría hacer algo al respecto, no?

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Re: You have to be kidding me [Taranis]

Mensaje por Invitado el Dom 27 Dic - 3:17

¿A caso Imogen estaba realmente enojada con el curandero? No, no lo estaba, pues él solo se encontraba ahí para ocuparse de la herida. No estaba haciendo nada malo. Sin embargo, el problema estaba en que aquel hombre había entrado en esa casa en el momento equivocado. Si no hubiese sido por el hecho de que la dragona estuviese sensible, aquello no estaría pasando. Entonces, fue ahí, cuando lo escuchó hablar, que logró reaccionar. Parpadeó, sintiendo como si estuviera saliendo de un extraño trance. Las facciones de su rostro se relajaron al igual que sus músculos. Miró a las sirvientas y luego a él con el ceño fruncido. No se estaba comportando mejor que su madre, estaba asustando a aquellas mujeres al igual que hacía su madre. Se comportaba como una cavernícola tal y como su madre siempre se comportaba, resolviendo las cosas con violencia. Notó que el hombre le hacía presión en su codo y ella rápidamente apartó la mano de su cuello.  —Disculpa por haber intentado asfixiarte—dijo con una mueca.

Sin decir nada, se hizo a un lado para que se encargara de las heridas de la sirvienta. Suspiró, sintiendo que se estaba comportando como la consideraba su madre, una niña caprichosa. Si bien quería demostrarle a Iris que era totalmente capaz de sanar a alguien, esa no era la manera. Tal vez estaba buscando la aceptación que ella siempre quiso de su madre, que no la mirara con desagrado por no hacer algo “útil”. Tal vez fue eso lo que hizo que se comportara de esa manera tan estúpida. Se acercó despacio a las sirvientas que estaban arrinconadas en un lado de la cocina, pidiéndoles disculpas. Reconocía cuando hacía algo incorrecto y no le pesaba decir las palabras que, para muchos, era una total tortura. Tomó una silla y la arrastró no muy cerca de la sirvienta y el curandero, mirándolo con fijeza. —Sé que no le harás daño—dijo jugando con un mechón de su cabello. —Pero, te pediré que me digas lo que harás paso por paso—sonrió—por si acaso.

No estaba subestimando sus conocimientos, solo quería molestarlo, intentando de una forma extraña, aligerar el ambiente. Desvió su mirada al cuello del hombre y arrastró la silla para estar un poco más cerca. — ¿Te duele mucho? —preguntó mientras señalaba su cuello. —A veces se nos va la garra, y ¡pfff! —hizo ademanes con las manos mientras se inclinaba en la silla. —Peeeeero—sonrió mostrando todos sus dientes—te prometo por mi garra que no lo haré de nuevo—Cerró los ojos, posó su mano derecha en su pecho y asintió seria. Abrió un ojo, esperando su respuesta y sin evitarlo, sonrió un poco.

off:
Perdón por el no testamento :dragonmono:
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Re: You have to be kidding me [Taranis]

Mensaje por Taranis Ysolt el Dom 27 Dic - 22:03

Tosió cuando la mano de la mujer lo soltó. Era increíble, tres de cuatro dragones que había conocido habían tratado de asesinarlo...Bueno, pensándolo bien, lo increíble era que haya habido un dragón que no tratara de matarlo. Más considerando que estaba con la resistencia y que acababa de ser elegido por los Dioses para llevar sus poderes, aunque eso no lo sabía ninguno de los dragones con los que se había visto. De hecho, ni siquiera se lo decía a los humanos que conocía, no era algo que se debía ir gritando por el mundo, después de todo.

Se había dado cuenta de que la mujer, de pronto, había cambiado su ánimo. Y es que no solo podía verlo en su aura, sus facciones habían cambiado mucho. -No te preocupes- Dijo tocando su garganta cuando la dragón se disculpó -No eres la primera- Murmuró recogiendo las sillas que se habían caído con el pequeño altercado y volviendo a su paciente. Comprobó que no hubieran daños nuevos producidos al momento de intentar alejarse del rollo que estaba montando el curandero con la dragón.

Observó como la dueña de casa pedía disculpas a la sirvientas, y como estas las aceptaban. Con eso lograba confirmar que no había sido ella quién había lastimado a la sirvienta y que, al contrario de ello, parecía preocuparse por ellas. Al final si resultaba que era hasta buena persona y todo. Era por eso que había dejado de juzgar a los dragones por los intentos de asesinato hacia su persona, sabía que a veces se ponían algo territoriales y que él tenía la mala costumbre de estar siempre en el momento y lugar menos adecuados.

¿Que le diga paso por paso lo que hace? Tenía dos problemas con eso. El primero era que no le gustaba hablar, si decía muchas palabras juntas, terminaban por amontonársele en la garganta y con un ataque de ansiedad horrible que sonaba como miles de ecos gritando dentro de su cabeza. El segundo era que la última persona que había pedido eso no había terminado por entender nada, por la razón anterior y porque él era muy técnico para explicar algunas cosas. -Si lo prefieres- Hizo una pausa para sacar los vendajes recién comprados y los ungüentos curativos -Puedes ayudar- Quizá era más fácil explicarle si le ayudaba, es decir, podía usar menos palabras y eso, no?

Se le acercó y el la miró de reojo mientras limpiaba la sangre ya seca de la piel se la sirvienta. No sabía si la pregunta que le hacía iba en serio o solo para hacer una broma, al menos su promesa parecía sincera -Está bien- Tocó su garganta y luego apuntó a la venta que traía en la cabeza -Aquí duele más- Le dedicó una sonrisa débil, de alguna forma no se refería solo a la herida física. Entonces volteó para empezar con la tarea de curar y vendar las heridas de la sirvienta.
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Re: You have to be kidding me [Taranis]

Mensaje por Invitado el Mar 29 Dic - 0:43

Lo primero que Imogen notó en el hombre era que no hablaba mucho, demasiado callado, a diferencia de la dragona, que se la pasaba parloteando la mayor parte del tiempo. Ella sonrió divertida, tal vez, hacerlo hablar más, iba a hacer su trabajo mientras él estuviera bajo su techo. Inquieta como siempre, se levantó de la silla y comenzó a caminar por la cocina, buscando algo que comer. En cuanto las sirvientas se dieron cuenta lo que ella hacía, rápidamente se ofrecieron a ayudarla, temerosas de que Iris las castigara tal y como había pasado con su compañera. Imogen las miró mal, haciendo que las sirvientas hicieran silencio. —No, no, no —hizo un ademan con sus manos, alejándolas. —Soy perfectamente capaz de buscar un racimo de uvas —miró a su alrededor, y cuando las encontró, las agarró con una sonrisa, mostrándoselas. —¿Ven? Perfectamente capaz. — se volvió a sentar en la silla, cogió una uva y la lanzó en el aire, para que al caer, esta terminara en la boca de la dragona.

Imogen casi saltó de la silla cuando lo escuchó, no pensó que el curandero la invitaría a ayudarle, no después de haber intentado asfixiarlo. —Ya que insistes… —dijo moviéndose perezosa hacia donde se encontraba él. Intentó que su tono de voz fuera “profesional”, incluso si ese salto la había delatado por completo. Volvió a meter una de las uvas en su boca, observándolo con ojos expectantes, curiosa por saber sus conocimientos. Los dragones que había conocido, obviamente no eran curanderos, sabía que no harían algo tan “bajo”, y aquello, en cierta forma, la entristecía. Sabía que en la ciudad habían ciertos curanderos, pero nunca vio a uno, ni interactuó con uno tampoco. Así que para la joven dragona, esta era la primera vez que hablaba con alguien que le gustaba las mismas cosas que a ella. —¿Quieres una? —preguntó ofreciéndole una uva, mientras que con la otra mano, se metía otra en la boca.  

Se alejó un poco, para poder verle el cuello mejor, y se alegró de que no le molestara. —Madre está loca…—susurró viendo a la inconsciente sirvienta yaciendo en el suelo. Sus orbes azules saltaron al curandero nuevamente, y miró la venda que tenía en la cabeza con curiosidad. — ¿Qué te pasó? —preguntó acercándose más, obviamente no le importaba eso de espacio personal, a veces sí, pero muchísimas veces no. —Madre una vez me lanzó uno de esos platos, y me dio justo ahí —señaló la cabeza del hombre en vez de la suya. — ¿Alguien le lanzó un plato? ¿O fue algo peor? —preguntó con genuina preocupación. Sus manos volvieron a viajar a la venda del mucho, y acarició con suma delicadeza a donde suponía que le dolía, pero ¿Qué iba ella a saber? Imo era de demostraciones afectivas pero alejó sus manos, pensando que tal vez eso le incomodaría. —No me has dicho tu nombre. —Arrancó una uva del racimo, observándole con fijeza mientras masticaba.
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Re: You have to be kidding me [Taranis]

Mensaje por Taranis Ysolt el Lun 4 Ene - 21:43

¿Habría una forma de decirle que se quedara quieta? Lo ponía algo nervioso el que se moviera tanto. Claro, Taranis siempre estaba nervioso por algo, pero la inquietud de la dragón incrementaba sus niveles básicos de ansiedad. Por supuesto que no se lo diría, ya había tenido a demasiados dragones tratando de comérselo, incluyendo a la mujer hacía solo un par de minutos. Prefería disminuir las posibilidades de tenerlo en su cuello de nuevo lo máximo posible.

Pudo notar una alteración en el aura de la dragón cuando la invitó a ayudarle ¿Estaba feliz? Eso era verdadera preocupación por sus sirvientas. Más también notó como trataba de no mostrarse feliz, al contrario, su lenguaje corporal y verbal daban a entender que era más bien una molestia. Al curandero le pareció hasta tierna la actitud de la dragón. Y se daba cuenta de cómo lo miraba con ojos expectantes mientras él explicaba lo que hacía. "Frío. Disminuye el dolor", "Calor. Para la hinchazón", "Presión. Cede la hemorragia"...Trataba de utilizar la menor cantidad de palabras posibles y ser lo más simple que podía. Aunque las heridas no llegaban a ser tan graves como para pasar de lo básico. Limpiaba las heridas dejando correr agua y dejaba el ungüento puesto por el borde de la herida en vez de sobre ella -Es mejor que el cuerpo sane solo- Dijo en una de las frases más largas que pronunció durante ese rato -El ungüento es solo para evitar la infección- Terminó vendando las heridas siempre desde la parte4 más externa a la más cercana al cuerpo.

Tenía las manos ocupadas cuando la dragón le ofreció la uva. No lo pensó ni dos instantes cuando la tomó de entre sus dedos con sus labios -Gracias- Le dijo, sin siquiera notar lo que hacía. Tenía la mala costumbre de perder la percepción de su en rededor al trabajar y de perder la capacidad de racionalizar las normas sociales.

Le parecía divertido que le preguntara algo y antes de dejarle responder le contara una historia para volver a repetir la pregunta. La miró y le sonrió, cuando los dragones no intentaban asesinarlo tenían unos ojos hermosos, siempre se preguntó por qué brillaban tanto incluso cuando no había tanta luz. -Larga historia- Dijo -Fueron rocas- Se encogió de hombros. No iba a contarle que había estado presente durante la ejecución y que le habían caído más que un par de rocas encima cuando los dragones comenzaron a pelear, aparte de darse un par de golpes contra el suelo cuando la inquisidora trató de noquearlo.

Volvió a mirarla, esta vez él estaba intrigado. No sentía la necesidad de dar a conocer su nombre, pero se lo preguntaba de todas formas y no iba a dejarla con la pregunta sin respuesta -Taranis- Le dijo, no le agradaba que conocieran su nombre, pero casi todos los dragones que había conocido se habían encargado de preguntárselo, como si fuera muy importante a la hora de querer matarlo. -¿El tuyo?- Preguntó entonces, le hubiera gustado también preguntar por el nombre de su paciente, pero esta estaba inconsciente y preguntárselo a la dragona antes que el nombre de ella misma era un poco descortés...O eso le habían dicho antes.
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Taranis Ysolt
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Re: You have to be kidding me [Taranis]

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