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Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

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Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Mar Oct 27, 2015 8:06 pm

La vieja taberna conocida como ''El tugurio'' era uno de los lugares más concurrido para los humanos, se reunían de todas clases y por eso precisamente se encontraba allí, porque siempre había algún listo que se atrevía a montar jaleo y tenía que actuar el dragón de ojos violeta. Era como un deporte ya, escoger a alguno de esos desgraciados y esperar a que hiciese de las suyas, por regla general tenía buen ojo para las ratas y no le costaba acertar, solo con ver las pintas, la ropa, era suficiente. Además siempre solía sentarse en la misma mesa, en aquella de daba a la esquina del local y quedaba resguardada del resto, pero en el ángulo perfecto para poder ver las demás. Ataviado con esa capa que le cubría la mayor parte del rostro, ayudado por la oscuridad que le ofrecían las vigas del techo y la escasez de velas, cualquiera diría que en esa mesa no había nadie, que era un rincón vacío en el que sentarse si te atrevías a caminar hacia allí.

Habían pasado varios días, puede que semanas o incluso un mes desde que decidiera asistir a la fiesta de Kariel, donde se encontró con nada más y nada menos que Aldrik, forzando a este a su límite con el comportamiento tan errático del inquisidor. Le arrancó un beso nada más y nada menos, y por un momento pensó que incluso le gustó aquello... luego le clavó el puñal y le doy a entender dos cosas, o que le odiaba por jugar con él así o que el beso le había desconcertado tanto que le quería clavar la daga para asesinarle. El miedo por el contrario fue algo decisivo en ese humano, le frenó y no hubo más que echar un vistazo a sus ojos azules, un espejo de las emociones humanas. Se divirtió mucho aquella noche, le dejó marchar sin más castigo del que ya le dio... y no fue severo, apenas le hizo nada para variar y con su historial era todo un logro.

Duró en esa taberna como más de dos horas y ya pasaban tres peleas en las que no interfería, fastidiando su juego, todo porque al rato de entrar allí el destino quiso que su desafiado entrase también, pasando a observarle desde la penumbra, con su jarra de vino, rellenada varias veces ante la contrariedad del tabernero, que no solía despachar demasiado vino allí. Cualquiera se oponía a un dragón, y más a uno que solía frecuentar la taberna y que contribuía al orden si se miraba con perspectiva, evitaba al dueño peleas y se llevaba a los incitadores para castigarles y ponerlos en su sitio, todo beneficioso... y además gratis pues el tabernero no tenía agallas de cobrarle, si al de ojos violeta le apetecía soltaba algunas monedas y siempre más de lo que tomaba, asegurando que ese seboso no abriese la boca o replicase, sus bolsillos le importaban más que sus parroquianos.

El caso es que tenía toda la noche si así lo deseaba, para mirarle, para sonreír y relamerse esperando ver como actuaba. Se llevaba la mano de forma inconsciente al lugar donde le apuñaló, aunque ya no quedasen rastros del corte, ni una leve marca, recordando, casi anhelando que volviese a sorprenderle. Por lo poco que conocía al humano no creía que fuese de la clase de imbéciles que iniciaban un trifurca o se metían en medio de una pelea para pararla, al menos no en ninguna de las tres que hubo mientras ambos estaban en esa sala. Lo que esperaba era el momento que se marchase para seguirlo, observar y que contase como seguimiento, ya que en todo ese tiempo sus caminos no se cruzaron, como si le evitase o algo parecido, sin ser extraño por todo lo ocurrido entre ambos en esa habitación cerrada.

El inquisidor hizo bailar una moneda, que girase sobre el canto y luego golpeando levemente encima para pararla y que cayese a uno de los dos lados, intentando adivinar si saldría cara o cruz, mirando de reojo a los otros bebedores para predecir cuando iniciarían la siguiente pelea. El tabernero estaba incluso demasiado inquieto con el de ojos violeta, sabía que intentaba preguntarle por qué dejaba que se peleasen, que fuese distinta aquella noche, pero le temblaba tanto la mano que dedujo que antes de preguntarle necesitaría estar borracho, si no le miraba menos iba a abrir la boca para dirigirse a él.  Por eso en la última copa de vino que le rellenó giró el rostro con demasiada parsimonia para hablarle. -Trae una botella... hoy las peleas no son demasiado buenas y las presas poco interesantes- quizá con ello dejaría de rondarle de vez en cuando, de prestarle más atención de la debida y podía centrar sus ojos violáceos en Aldrik, en sus movimientos, en lo que hacía para divertirse sin su corazón.


Última edición por Letyko el Vie Nov 13, 2015 10:35 pm, editado 1 vez
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Vie Nov 06, 2015 3:07 am

Jadeó, apretando el paso a través de las estrechas callejuelas y altas cuestas de la capital. Llegó un momento en el que no pudo más, echándose la capucha por encima aun estando eso en contra de la ley vigente; pero mejor era eso que perder el anonimato por completo. Tropezó, oyendo las voces a su espalda, pisando los charcos y toda la mugre de los barrios más bajos de la ciudad. La pesadilla lo perseguía. La repetición de esa día, el fuego, la muerte, el terror, la culpa, tal y como había pasado hace un año; la muerte le pisaba los talones. Detrás de él, un grupo de hombres corría, estallando en gritos, a los que se unirían muchos más una vez se supo el porqué de la caza, porque realmente lo era: una caza. Y al final de aquella carrera, aquella caza del ciervo, sería su sangre la que bañara las calles, ninguna más: Sangre terrorista.

Por primera vez en mucho tiempo, el moreno sabía que debía correr si quería salvar la vida, y es que apenas había escapado por los pelos del primer enfrentamiento en el mercado mayor. No escapaba de los dragones, o de los dioses, o de los brujos, escapaba del odio del vulgo, y en sus circunstancias, no había nada que pudiera hacer para justificarse. ¿Lo peor? Les daba la razón.

Notó el sabor metálico en los labios, tras lo que hubo sido un puñetazo mal dado, y saltó sobre unas cajas, golpeando a un mercader que levantaba una cesta de arroz, provocando otro nuevo estallido de maldiciones. Dobló la esquina, con el pulso acelerado, buscando algún atajo que lo devolviera a terreno seguro, pero no lo encontró, y la desesperación no tardó en hacerle mella. Se obligó a pensar con claridad, buscar una solución medianamente aceptable para aquello, alguna que le permitiera salir con vida, aunque fuera a trozos, pero no la halló, y menos sin su equipo de cuerdas.

¡Cuanto lamentaba haberlo dejado ahora en casa de Kyrieth! ¡Cuanto lamentaba haber querido salir a tomar el aire! ¡Cuanto lamentaba haber entrado en el mercado! ¡Cuanto lamentaba haber ido solo, él y su puto orgullo de mierd...!

El empujón lo metió dentro de uno de los bares, andando despacio, de espaldas, tratando de poner distancia entre él y la horda, pero de poco sirvió,  perdió la capucha que cayó hacia atrás, antes de alzar las manos hacia ellos, negando.-
¡Juro que no fui yo quien molestó a los dioses, maldita sea! -Y era verdad, a medias.- Matarme no os va a traer nada, vais a seguir con hambre, y sed, y sin cultivos, y no va a importar nada, pero os negáis a ver quien tiene la verdadera culp...

No le dio tiempo a hablar, notando una mano en el cuello, pegándolo contra la pared, comenzando a hacer fuerza y hundiendo los dedos, buscando ahogarle.- Claro que lo sé crío, ¡de los putos terroristas!, así que habértelo pensado dos jodidas veces antes de alistarte, traernos a los malditos dioses elementales y reventarnos el culo a todos. ¿Que coño eran esas luces? No, ¡el humo! ¡los estallidos! ¿Qué cojones?

Aldrik maldijo, se le humedecieron los ojos buscando el aire y trató de soltar las manos ajenas, removiéndose. Apenas prestó atención al bar, habiendo hecho un corrillo alrededor de donde se encontraban, demasiado interesados o horrorizados como para mover un solo dedo a su favor. El contrario lo soltó, golpeándole con la rodilla en el estómago y el siguiente golpe fue a la cabeza sin tardar en estamparla contra el suelo. Oyó un pitido estridente en los oídos, emborronandole la visión, y supo que no podría salir de allí, no había escapatoria. Tembló, dejando las manos sobre las piedras del piso, temiendo moverse, y trató de respirar despacio, acompasando el pulso, notando un líquido pegajoso en el cabello que bajaba en dirección al mentón, manchandole el rostro. Casi se quedó en trance, al ver la primera gota caer al suelo y revelar su naturaleza: sangre. -Nos quitan la comida, destrozan nuestros hogares, matan a nuestras familias... ¡y nosotros temíamos a los dragones! -Los vitoreos subieron de volumen en el interior de El Tugurio, el odio, y el moreno no contestó, peleando contra la ansiedad. - Yo digo que lo matemos, ¿y acaso no estoy siendo bueno con el?

Los más cercanos al hombre armado estallaron en risas, pero el joven de ojos azules no se movió, mirando al suelo todavía, la sangre, y por algún motivo casi irónico, se acordó de aquel dragón. De aquel inquisidor. Aquel que había creído que le mataría de aquí a 5 años. Recordó la ausencia del corazón, el silencio helado que poseía en el pecho, y llevó una mano allí, cerrándola en la tela de la camisa.-No soy un terrorista. -Murmuró, casi para si, en un susurro, notando los ojos húmedos por la frustración. Y no, no lo era. Él no había deseado el daño a aquellos que hirió, el no quiso las muertes, el no quiso aquel infierno en vida que fue el día del teatro. -¡He dicho que no lo soy! -Espetó, asegurándose de que lo oyeran, pero supo que eso solo era una media verdad, de nuevo, una media verdad desesperada.

El silencio golpeó a la taberna durante unos segundos, antes de que el grupo estallara en risas por segunda vez, y el hombre armado se acercó de nuevo al caído, con una navaja. El desafiado solo alzó la vista, perdido en los pitidos de su cabeza, vagando la vista por el local, viéndola, una figura, al fondo del bar, cerca. El miedo y el alivio le atacó a partes iguales, instalándole una presión en el pecho, una que no supo identificar. Reconoció los ojos violetas aun bajo la capucha, el porte elegante que tenía, y que nunca había querido confesar.  Sin desearlo, recordó el beso, ese del que había estado huyendo todos esos días. Recordó aquel canal, aquel hilo que los unía mentalmente, que todavía no comprendía, pero que manejaba lo suficiente como para dejar ir un susurro.

-
¿L-Let...?


Última edición por Aldrik el Vie Dic 25, 2015 4:29 pm, editado 1 vez




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Vie Nov 06, 2015 9:41 pm

El inquisidor recibió la botella de vino de manos del tabernero, que estaba mucho más tenso que antes, en una actitud que le extrañaba, su cuerpo parecía querer irse de allí pero no se movía. El de ojos violeta le dio un par de monedas para pagar aquello pero ni las tocó, resoplando de forma molesta y dispuesto a mandarle a la barra con una orden cuando este se atrevió a hablar, carraspeando primero para que le saliesen las palabras. -Mi señor... hay una pelea allí...- dijo, señalando en la dirección a Aldrik y un corrillo de gente, callando el inquisidor de golpe al humano, para escuchar en su cabeza la voz de su desafiado y comprender que estaba pasando algo malo. Olió el cobrizo de la sangre y pudo verle en un estado deplorable, al parecer la última pelea inmiscuía a su desafiado y sintió la necesidad de ir a por el, pues no toleraba que nadie le tocase, pero por alguna extraña razón esperó.

Quería observar más los acontecimientos, las voces resonaban por la taberna, los clientes enmudecieron y solo se escuchaba al corrillo que tenía a Aldrik atrapado, diciendo que ese joven era un terrorista y que iba a pagar por todo lo acontecido. Quizá fueron esas palabras las que le hicieron mirar al tabernero para indicarle que el se encargaba, pues si aquellas palabras eran ciertas suponía un gran cambio en todo esto, no podía tener a ese chico desafiado con sus crímenes. Una ira que no sentía desde hacía mucho se apoderó del dragón, sin saber de donde salía e intentando reprimir las ganas de ir él mismo a por el chico para sacarle esa respuesta, pese a los gritos de este que lo negaban todo.

La gente se arremolinaba más en torno al chico, no parecían querer dejarle ir y mucho menos creerle, las risas solo eran el preludio de lo que iba a pasar, porque el hombre armado estaba disfrutando con aquello, con la supuesta venganza que estaba llevando a cabo. El inquisidor ya estaba atento a ellos, levantando de la silla incluso desde la sombra de su sitio, tamborileando en la mesa con sus dedos y sin moverse, notando cierto rencor por parte de Aldrik, ya que no acudía a su llamada, pensando lo irónico que era ese odio por parte del humano hacia el dragón cuando le imploraba ayuda de esa forma. Por desgracia el de ojos violeta no alcanzó a ver la navaja del otro, siendo demasiado tarde, clavando el arma en su costado y escuchando el gruñido de dolor del muchacho, saliendo del escondite poco a poco, manteniendo la apreciaren externa aunque en su interior clamase muerte.

Acortó distancia en poco tiempo y apartó a dos de los humanos para encontrar al desafiado sangrando y con lágrimas en los ojos, entendiendo aquella mirada a la perfección, mezcla de frustración y ganas de vivir. Intercambió mirada con Al una última vez antes de interponerse entre este y el resto de humanos, quitándose la capa para revelar la armadura negra de la inquisición, reluciente, provocando la gente se alarmase y poco después empezase a recular, siendo el de la navaja el único con los huevos de acercarse a hablarle. -¡Es uno de ellos, un terrorista de los que buscan, lo he atrapado para la inquisición!- alegó, mientras sus amigos se unían a él con total descaro, bajando la cabeza el dragón y sonriendo sin que lo percibiesen, antes de alzar el rostro y lanzarle una mirada capaz de helar la sangre de cualquiera. -Este joven clama que es inocente de los cargos con que lo acusáis... y además es mi desafiado, lo que convierte su vida en mi asunto.- espetó, haciendo retroceder a todos.

-Si fuese un terrorista jamás habría sido desafiado... y lo peor de todo... vosotros habéis tocado lo que me pertenece.- rugió y sacó una de sus dagas escondidas para hundirla en el cuello del humano que apuñaló a Al, acabando con su vida y tirando el cuerpo al suelo de una patada, iniciando un baile de cuchilladas que arrebató la vida de tres más de ellos. Los gritos comenzaron en el instante en que cayó al suelo el primer cadáver, saliendo a trompicones por la puerta y revolviéndose algunos de ellos para atacar al dragón en un intento desesperado por salir con vida. Letyko sintió varios golpes, alguna puñalada en la espalda y otra en su costado que se encontró de bruces con las escamas y no surtió efecto. El de ojos violeta se giró para poner fin a sus vidas y poco a poco la taberna se fue vaciando, quedando el dragón con la respiración acelerada y tomando el cuerpo del muchacho, con la mirada perdida y las mejillas húmedas, pero sin sentido, comprendiendo que estaba mal.

Presionó la herida y soltó una bolsa generosa de monedas para que el tabernero, que ya estaba maldiciendo y con su cara roja a punto a explotar, no siguiese, aferrando bien al humano y cargando con este camino a su casa, tenía muchas preguntas que hacerle, porque a ellos les había dicho una cosa, pero en verdad no lo tenía claro. Por eso no saldría de la guarida del dragón hasta cerciorarse que lo que clamaba en la taberna era verdad, que no tenía nada que ver con ellos, caminando a paso ligero y no tardando en pasar por la puerta y gritar órdenes a sus esclavos, pidiendo un médico y acoplando al chico en el despacho, cerrando la puerta corredera que daba a los documentos con llave. Lo dejó en el sofá ancho, aquel tan caro de Edén que le regalaran hacía ya unos cincuenta años, tomando una manta y una daga para rasgar la camisa del chico y dejar expuesto su pecho, iniciando unos primeros auxilios para que la herida no siguiera sangrando, pudiendo ver que no era grave, no dañó ningún órgano vital. Tras tomarse su tiempo se sentó a esperar y supo que tardaría en despertar, sin intención absoluta de alejarse de ese lugar, dando vueltas a muchas cosas, intentando averiguar porqué últimamente estaba tan empeñado en divertirse con este chico.
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Sáb Nov 07, 2015 5:12 am

Se creyó muerto. Por unos instantes, la realidad se sumió en un coágulo de colores que vagamente pudo reconocer. Miró al contrario por última vez a pesar de ello, con rabia, con frustración, con dolor; ya que si bien su cabeza le decía que debería haberlo esperado, aquel vacío en su pecho no quería creerlo. Al borde de la muerte, recibiendo la puñalada de quien lo acechaba, Aldrik sintió el sabor del abandono de aquel dragón que no dejaba de inquietarle, y a quien no sabía cómo tomarse todavía. Creyó que haría algo por él, que tal vez, tanto esfuerzo, tanta molestia por convertirle en desafiado y hacerle la vida imposible día a día depararía en una meta más jugosa, pero no lo hizo, o eso creyó, dispuesto a verle morir en el suelo de uno de los peores antros de la capital.

Se preguntó qué sería de su cuerpo entonces, donde acabaría, y tras poca reflexión, no quiso ni saberlo. Si hubo una cosa que temió, una vez hundido en la semiinconsciencia, fue el silencio definitivo, la oscuridad repentina que ya había sentido otras muchas veces y que odiaba. Había sufrido heridas similares antes, era un verdadero genio a la hora de ganárselas, cada una peor a la otra, cada situación más complicada, pero ninguna terminal. Había logrado salir vivo de ellas.

Una punzada de dolor, suave, lo sacó de donde se encontraba, perdido en sí mismo, hundido entre mil cuerdas que lo obligaban a permanecer inconsciente antes de repetirse de nuevo: otra, y otra, y otra vez. Identificó el lugar vagamente, en el costado, a medida que el inquisidor le cosió (o eso creyó que hacía en su sueño), pero lo dejó ir, cansado por la pérdida de sangre. El pulso era un tamborileo lento. ¿Estaba vivo entonces? ¿Estaba muerto? Quiso saberlo, removiéndose aun inconsciente sobre el sofá sin percatarse de ello, y encogió el rostro, cubriéndose este con los brazos. Se aovilló, ajeno a la manta que le dio el contrario y se le secaron las lágrimas en las mejillas contra la tela suave del tresillo. Ese era, sin lugar a dudas, de los mejores sitios en los que había dormido en mucho tiempo, lejos de aquel colchón viejo y fino que usaba de cama, allá en el agujero donde vivía.

Perdió la noción del tiempo, y durmió cerca de dos días, abriendo los ojos con suavidad, y tardando en situarse. Se encontraba extrañamente calmado, analizando la estancia sin moverse, los lujosos sofás, las altas columnas, la mesa-escritorio al fondo, repleta de caras botellas. No pudo leer las etiquetas, creyéndolas de licor demasiado caro como para permitírselo alguna vez en su vida. Su vista se paseó por las alfombras del suelo, los intrincados patrones, antes de volver a sí mismo, y se percató entonces de la manta, recordando todo y sabiéndose en casa de Letyko.

Estaba vivo.

La realización de ese solo hecho lo atragantó, y trató de hacer memoria sin encontrar nada. Supuso que el inquisidor tuvo que salvarle al final, pese a que creyó que no lo haría. Se supo en deuda de nuevo, aun sin querer admitirlo: ya iban dos veces. Se removió, en el sofá, sintiendo ahora la piel, tirante en el costado, y se llevó una mano a este, solo para encontrar la herida, cerrada y cosida con cuidado. Los puntos eran casi simétricos unos a otros, si de veras era así, aquel enfrentamiento no le dejaría cicatriz.

Se quedó sentado en el sofá, con el cabello revuelto, ojeroso, acariciando la manta con las yemas de los dedos, y reconoció su propia ropa puesta, con la ausencia de la camisa. No le importó a aquellas alturas, incorporándose, sin saber qué hacer en la estancia. La última vez que se había encontrado en lugar tan lujoso, había sido en la casa de aquel aristócrata que organizó el baile. Aquella ocasión, por lo menos había llevado ropas que lo camuflaban a su alrededor, más allá de delatarlo como un vulgar crío de baja cuna que trataba de contenerse para no acabar con la mesa de canapés. El hambre se hizo presente, tras dos días, pero no dijo nada a ello, deslizó los dedos por los sofás, admiró los cuadros y se detuvo frente a la mesa. Se quedó un tiempo rondando las botellas, terminando por coger una de estas, de contenido rojizo antes de mirar la etiqueta y girarla en las manos. No se atrevió a abrirla. –
Parece caro. – Terminó por mencionar, mentalmente, sin saber si el contrario le oiría, estuviera donde estuviera, dándose cuenta entonces de que por supuesto, no sabría de qué estaba hablando. –El vino, quiero decir. –Oyó unos pasos, desviando la vista hacia la puerta abierta, y no se movió al ver al inquisidor, fuera de aquella armadura en la que le había visto siempre.

Le encontró atractivo en aquel traje, aun sin decir nada, y devolvió la botella a la mesa con cuidado, incómodo de súbito por lo fuera de lugar que se encontraba. Sintió vergüenza, pero más allá de eso, se sintió desnudo de cintura para arriba. La luz se filtraba por los ventanales, besándole la piel tímidamente, acentuando el cuerpo fuerte, a pesar de la delgadez. Había cierta belleza, en aquel halo de fragilidad tormentosa, debajo de todas aquellas capas y capas de palabras que diría el joven para protegerse, para establecer esa línea divisoria que lo apartara de los demás.

Sus ojos, claros, no se apartaron de los del inquisidor durante unos instantes que bien se asemejaron a una eternidad, y cuando finalmente quiso hablar, encontró la voz tomada. –
Gracias. –Mencionó, sin saber que debiera hacer al respecto, si decir solo eso, o confesar que estaba dolido, que estaba molesto, que de nuevo la violencia estaba cerca de aparecer, de controlarle. –Creí que me dejarías morir. –Se giró entonces, dando varios pasos hacia el contrario, hacia el monstruo, como muchos en Talos lo habrían creído, y lo enfrentó, pensándose lo siguiente.- Tanto esfuerzo hecho, tantas molestias… -Su mano rozó la herida cerrada, inconscientemente, antes de continuar, sin dejar de mirarle, preguntándose como tantas otras veces, que ocultaría detrás de aquel aparente desinterés que mostraban los ojos violetas.- No podía darte igual.




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Sáb Nov 07, 2015 9:17 pm

La impaciencia del dragón se hizo notar en esa casa durante el tiempo en que el médico llegaba, pidió al mejor, para asegurarse de que todo salía como correspondía, intentando el mismo limpiar el cuerpo del muchacho para cuando llegase, con esa idea en la cabeza de que podía ser uno de sus enemigos. Cuando el doctor llegó el dragón no tuvo ni que hablar, se puso a trabajar de inmediato mientras se se apoyaba en una de las paredes del despacho y se cruzaba de brazos, ladeando la cabeza para ver las puntadas que daba en la puñalada y como la dejaba bien cosida. La verdad es que sus esclavos estaban algo perplejos, no les dijo nada sobre quien era pero tampoco se podía ocultar su naturaleza, carecía de escamas en su cuerpo y lo normal era que los rasgos estuviesen de cintura para arriba, por lo que ellos ni cayeron en la posibilidad de que hubiese dichos rasgos de cintura para abajo. El caso es que no oculto que era humano, advirtiendo que ninguno de ellos debía asomarse por el despacho nada más que para cambiar el vendaje.

El inquisidor pagó al doctor con lo propio, ese oro que tanto codiciaban, y lo despidió como solía hacer, pues ya lo conocía lo suficiente por todas las veces que lo llamaba, por sus esclavos más bien. Le colocó bien la manta y allí le abandonó, estando alerta para cuando despertase, lo que llevaría dos días y que su paciencia casi se colmase, pues esas noches no podía evitar darle vueltas a todo lo sucedido como si de verdad le preocupase la confirmación de que era terrorista. Pocos conocían en profundidad en Talos al dragón, lo veían como un monstruo que trataba con poca gente, como si no le gustase el contacto a parte del sexo, siendo eso falso, en realidad era reservado con sus cosas y le costaba tener amigos por lo peculiar de su carácter.

Aquella mañana, la que despertó, el se encontraba escribiendo algunas cartas con órdenes muy específicas sobre prisioneros o protocolos de exploración, para la caza que le gustaba realizar de herejes. Estaba por supuesto en su cuarto por la ocupación ajena del herido de su despacho, prefirió no abrir la zona de documentos por si se despertaba mientras no estaba, a saber el daño que le haría a su reputación que unos documentos personales suyos apareciesen en manos enemigas. Estaba centrado en ello hasta que percibió en su mente unas palabras, las del humano, sabiendo que estaba despierto y saliendo raudo de allí para ir al despacho, sin detenerse y abotonando los últimos botones de su traje, los del cuello, para estar presentable y con ese porte digno que le caracterizaba, pese a que le gustase llevarlos desabotonados para mayor comodidad.

Se presentó delante del chico, cruzando el umbral de la puerta con ese traje de color verde y  bordados en negro, con la forma de de dragones enroscados en las mangas y en las piernas y una cabeza de dragón con cornamenta en el pecho, algo extravagante pero para andar por casa. Pudo apreciar la desnudez del chico de cintura para arriba, su cuerpo algo ejercitado pero con esos rastros de violencia propios de la calle, notando cierta palidez en contraste con la luz de sol que bañaba su pecho. La herida estaba ahí, con los puntos perfectamente simétricos y cerrando esta de forma que quedase incluso sexy, pues al dragón desde siempre le habían gustado esos rastros de violencia en el cuerpo, algo que no encontraba en la mayoría de dragones por la sanación que poseían estos, un punto más a favor de los humanos que pasaban por su cama.

Letyko quería acosarle ya a preguntas, obtener respuestas de una vez para calmar esa ira que le azotaba hacía días, sin hacerlo al quedar su mirada fija en los ojos azules del chico, esos orbes capaz de hipnotizarle y que quedase petrificado, era una sensación extraña, como un bálsamo por el recuerdo que despertaban. No lo admitiría nunca, pero le descolocaba demasiado ese humano, se había visto raro esos días de espera, no comprendía como le enfada tanto toda esa situación y porqué se sentía tan preocupado en caso de matarlo, porque no quería, necesitaba esos ojos en su vida. La voz del chico no era como siempre, sus palabras le hacían parecer un animalillo herido... la forma en que se abrazaba el cuerpo y la herida le daban un aire más frágil al que acostumbraba a ver el de ojos violeta... diferente pero no desagradable.

El inquisidor sintió un escalofrío recorrer su espalda, crujiendo sus hombros y caminando lentamente, dejando que el sonido de sus botas resonase al pisar la madera tratada del suelo, acercándose peligrosamente al contrario y posando la mano en su cuerpo, para hacerle retroceder hasta toparse con la mesa de los licores. La diferencia de altura le permitía mirarle desde arriba, obligando al chico a alzar el rostro para que sus miradas se cruzasen, inclinando la cabeza y moviendo los labios para hablar, dejando esas palabras en la intimidad de ambos -Dos veces ya que te salvo la vida... y créeme eso de que no podía darme igual...- cortó la frase a mitad para sonreír y estirar el brazo, pasando este justo al lado del humano, cerca, casi rozándole, para tomar una botella de licor. -Depende de lo que tengas que decir en cuanto a las acusaciones de que eres terrorista.- terminó de decir, retrocediendo un par de pasos y tomando un baso de una mesilla auxiliar de caoba para llenar el culo del vaso con el licor y beberlo de un trago, dejando la botella en la mesa auxiliar y llevando los dedos a sus propios labios para limpiar restos del licor y luego lamerlos, sin desperdiciar nada.

-Dime... o mejor dicho, convénceme de que no eres uno de esos terroristas... porque esa puñalada en tu costado no es nada comparada a lo que yo te haré si es cierto.- dijo elevando algo más el tono de voz, deslizando los dedos por la herida del contrario, con suma delicadeza, buscando sentir los puntos en la piel. No lo comprendía, deseaba una respuesta afirmativa, que desmintiese esas acusaciones y que siguiese siendo Aldrik, el chico de las calles al que torturaba y cuyos ojos removían lo más hondo del inquisidor, le devolvían la felicidad más absoluta y por un momento se sentía completo, no tan vacío como lo estaba. Dejó de acariciar la herida y se cruzó de brazos, arañando estos levemente por la ansiedad de la espera.
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Lun Nov 09, 2015 4:10 am

Quedó descolocado. No lo esperó, tal vez creyendo que el inquisidor rompería en cólera, o reaccionaría de manera muy diferente a como había hecho. No comprendía que estaría pensando, pero no rompería la quietud de la sala volviendo a hablar, pese a estar convencido de que estaba en lo cierto: Le había salvado la vida, y eso, sin que Letyko lo dijera, denotaba muchas cosas. Demasiadas. El moreno se preguntó hasta qué punto eran ciertas todas ellas y hasta qué punto no lo eran. Estaba confundido, pero más allá de eso, no sabía que sentir: Su mente seguía clamando odio, venganza por aquella masacre que sufrieron los suyos; pero su raciocinio, la objetividad, le decía que Letyko no había sido el asesino de su familia y algo bueno debía de haber en aquel dragón, si había estado dispuesto a jugársela por un humano. Un simple humano, como los cientos que morían cada año…

Tuvo que cortar el hilo de sus pensamientos, al momento que el dragón dio el primer paso hacia donde se encontraba, sin hablar, y provocando que el terrorista diera un paso atrás, cauteloso. La sala se encontraba en silencio, hasta un punto agobiante, pero no trató de romperlo, aguantando la mirada del inquisidor. Lo que no esperó es que se adelantara a tocarlo, empujándolo hasta que dio con la mesa del licor, recordando entonces de súbito, como un dejavu la casa de aquel aristócrata, el baile, y todo aquello que pasó allí y que no deseaba recordar. No sabía por qué lo había hecho, porqué lo besó, o tal vez si lo sabía, pero no quería confesárselo a sí mismo. El inquisidor, era un verdadero misterio a la hora de actuar también, eso era innegable, y eso solo provocaba de más al moreno, haciéndole dudar en demasía. Le había salvado la vida, y estaba seguro de que si le preguntaba, alegaría cualquier excusa poco convincente.

En otras circunstancias, estaba seguro de que aquel dragón no se la habría jugado. ¿Para qué correr el riesgo pudiendo desafiar a cualquier persona del basto mundo en el que vivían? ¿Para qué, si no tenía manera de saber si era o no terrorista, si había o no matado, si era o no responsable de los atentados? La parte más oscura de Aldrik, aquella masoquista, dispuesta a darle las ideas más alarmantes, lo invitaba a hablar claro, a delatarse, a hacerle saber no solo eso, si no su posición como hereje y su manejo de la magia elemental. Aquella bruja, aquel ser, aquella diosa detestable le había dado el don del fuego, y podía manejarlo bastante bien a aquellas alturas. Había muchas cosas de sí mismo, muchas habilidades que aún debía explorar… pero no pensaba revelarle eso a Letyko. No podía.

-
No te da igual si muero, no te da igual porque de por sí, es un esfuerzo, un desafío a la autoridad lo que has tenido que hacer en dos ocasiones para salvarme el cuello, y estoy seguro, Letyko, de que no te gusta lo más mínimo. –Lo cortó, aun tras el roce del otro, casi íntimo, para tomar la botella de alcohol de la mesa.- ¿Acaso fue practico para ti dejarme ileso frente a aquellos dos soldados el día que me arrestaron, aun llevando Belladona? Siendo un inquisidor de tu posición, estoy seguro de que arrancó muchas preguntas acerca de tu lealtad. –No apartó la vista de él, apoyándose en la mesa, observándole conforme llenó la copa y se la llevó a los labios.

¿Cuán caro sería aquel vino? ¿Cuánto poseería él como para poder permitirse esos caprichos? Aldrik se apartó de la mesa, acercándose dejando que el contrario paseara los dedos por los puntos en la cicatriz del costado, cuando fue a hacerlo, y pese a cohibirse de manera imperceptible, prosiguió, hablandole.-
¿Y qué me dices de ayer? Un puñado de personas, 20, 30, 7 de ellas asesinadas por ti. –Apoyó el dedo índice en su pecho.- Afirmando haber capturado un terrorista que TÚ te has llevado ileso y sin juicio aparente. Todo un desafío a la autoridad, Letyko, pero, claro, tú eres la autoridad…

Dejó que las palabras murieran en sus labios, callándose, dándose cuenta del atrevimiento que estaba teniendo, pero a no le importaba, no pudo importarle lo más mínimo. Las palabras de Letyko habían sido cortantes, pidiéndole explicaciones, y pese a que la voz objetiva de su cabeza le recomendaba que fuera con cautela, era incapaz de hacerlo. Había una extraña adrenalina en todo aquello, una a la que Aldrik se estaba volviendo adicto lentamente. Estaba confuso. Frustrado tras haber dormido tanto. Atrapado entre dos verdades y luchando contra ambas partes. Hacía días que se cuestionaba su posición en el mundo.

A un lado, aquello que conocía: La Resistencia, sus compañeros, su familia y aldea, y la promesa que se hizo a sí mismo; la promesa de que los vengaría, de que haría el mundo arder, de que acabaría con cada dragón, con cada humano que le diera la espalda a su especie en pos de seres tan abominables…

…y al otro lado Letyko, y el vago sueño que vivió en la mansión del aristócrata, el sueño de una realidad falsa, sin hambre, donde las puertas cerradas ocultaban la miseria del mundo entre canapés, largas galas y botellas de vino.

Aldrik todavía se preguntaba cuales habían sido las verdaderas intenciones de aquellos seres, los dragones, para haber tomado control y haber masacrado la población humana en cientos de miles durante años y años. Había algo, en los gestos de Letyko, que lo llevaban a dudar. ¿Habían bandos buenos y malos en aquella guerra? ¿O le habían hecho creerlo? Esa manera de mirarle a los ojos que tenía el inquisidor, como si viera a través de él, buscando algo que no comprendía, había inquietado al moreno desde el día que lo desafió.

-
No soy terrorista. –Y le mintió, descaradamente.- Nunca lo he sido. –Le aguantó la mirada tras decir las palabras, de nuevo, sabiéndose un mentiroso, un traidor, como había estado siendo desde hacía días. Cada vez tenía más claro que había quedado nómada, huérfano en la sociedad, abandonado entre ambos bandos de su existencia. Le había dado la espalda a su causa, pero también a la Reina. –Pero siempre tendrás la duda. No tienes manera de probarlo, solo mi palabra. ¿Qué arduo, verdad?




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Lun Nov 09, 2015 12:22 pm

La verdad es que no tenía la mañana para sus jueguecitos verbales, no era consciente de lo que estaba pasando por su mente y lo que estaba sintiendo, le había permitido toda esa verborrea sobre que estaba haciendo las cosas mal ante los suyos porque quería escucharle decir que no lo era, que se trataba de un chico normal y corriente que se moría de hambre en las calles. Pero incluso cuando lo negó pudo sentir una irrefrenables ganas de pegarle un puñetazo, era como si le traicionasen, tras haberse preocupado por ese chico y procurar que por su condición de desafiado nadie le tocase. El dragón estaba, sin saberlo, demasiado interesado en ese muchacho y en sus ojos, notando el puño cerrarse en varias ocasiones, las uñas amenazando con traspasar su piel... aflojando levemente y contando mentalmente hasta diez.

Acabó acortando distancias y encarando a ese humano con algo de violencia en sus ojos, sabiendo que si perdía la calma podía matarlo allí mismo y poner fin a todo, terminar con el desafío, mandar a la mierda esa idea de que fuese parte de los más buscados de Talos. En cambio habló, llevando la mano a la herida del chico para presionar esta un poco, sabiendo que le iba a doler, buscando ese punto de cabreo en el chico... porque no deseaba matarlo. -¡Te crees que es una broma!- rugió con fuerza, apartando la mano de la herida del chico para no deshacer los puntos, porque ahora el tono de voz denotaba un enfado peligroso. -No te las des de inteligente, no eres más que un despojo de Talos al que yo le he dado un mínimo de poder en su patética existencia.- si, el tono de voz era elevado, la actitud corporal del dragón le delataban cabreado. -Esos dos soldados nunca tuvieron potestad para hacer lo que hicieron... nadie puede reprocharme que me encargase de MI desafiado, aunque llevase belladona para MI.- no se percató de como remarcaba el posesivo, de que en realidad estaba perdido en esos ojos mientras hablaba, nublado por una densa bruma que le impedía pensar con claridad.

-Y no te equivoques, tengo derecho a llevarme a cualquier humano acusado de terrorista para interrogarlo, sin que nadie me pueda decir nada, más aún si resultar ser mi desafiado y esa escoria humana ha intentado arrebatármelo.- la obsesión por esos ojos le llevaba a decir que cosas que podían malinterpretarse, pero no podía evitar expresarlo de ese modo, dándole la espalda para tomar su copa de la mesita auxiliar y rellenarla, vaciando esta de un trago y frustrado. Acabó mirando el vaso, frunciendo los labios y tirando este contra la pared, justo al lado de Aldrik, sabiendo que le haría sobresaltarse, aunque no tuviese en mente herirle ni mucho menos. -¡Esto no es un juego, te estoy exigiendo la verdad y no que comiences con tu cachondeo!- le gritó, perdiendo los papeles otra vez, tomando la mesita auxiliar con la mano para volcarla, llevando sus manos a la nuca y revolviendo su propio pelo.

Tenía demasiadas cosas en mente en esos momentos, quería pegarle, torturarle para que parase... arrancarle esos ojos de una maldita vez para no tener que estar en su presencia al contemplarlos... quería creerle por otro lado, acercarse a él y dejarlo todo zanjado, asaltándole la imagen de cuando le besó en casa de Kariel, esos labios tan suaves, sus ojos tan azules mirando los propios violetas... Se acabó girando de golpe caminando hacia el chico como si fuera a pegarle, pero se detuvo nada más tenerlo delante, estirando la mano para llevarla a su cuello, sin apretar, deslizando esta a su nuca y respirando de forma más acelerada. El inquisidor no podía parar de mirar sus ojos, el azul del propio mar, siendo Aldrik la luna en su zenit, creando una marejada en el interior del inquisidor, pues deseaba hacerlo suyo allí mismo.

El dragón apartó la mano, dejando caer esta por el hombro y el brazo del humano, tomando su cadera para acercarle un poco, pegando su cara al oído del chico. -Voy a creerte... voy a fiarme de la parte de mi que dice que eres un humano corriente que ha sido acusado como tantos otros... voy a fiarme de lo que he visto al mirarte a los ojos... porque se como está el mundo últimamente y porque jamás ha habido pruebas en tu contra o que señalasen a alguien como tu.- apartó la mano de la cadera del chico, se apartó el para dejarle un poco de espacio, sin poder evitar una especie de caricia de su pecho el vientre, retrocediendo más y colocándose bien el pelo tras haber perdido los papeles, pasando a quedarse al lado del humano, apoyado en la mesa e intentando recuperar la compostura, calmarse, discutiendo consigo mismo por lo que acababa de confesarse... no era extraño que tuviese a humanos en su cama, no era nada nuevo para el incluso que un desafiado suyo pudiera acabar entre sus sábanas... pero aquellos ojos... era la primera vez que sentía un impulso tan fuerte por yacer con alguien, por tener esos ojos en todo su esplendor, en el acto más íntimo que se podía tener... Acabó girando el rostro para mirarle a los ojos, serio, con las manos agarradas al borde de la mesa con inusitada fuerza.
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Lun Nov 09, 2015 3:59 pm

-No soy tuyo. –Las palabras escaparon de sus labios, cortantes, nada más notó la presión de los dedos del inquisidor en la herida. Su cuerpo se quejó, mas el terrorista no lo demostró, y prosiguió infranqueable mientras se iniciaba la tormenta. Nunca lo había visto en aquel estado, tan fuera de sí, desatado tras haber perdido la compostura, pero había algo, algo auténtico en todo aquello, que hacía que quisiera que fuera así, que el dragón arrasara con todo.

Estaba loco, una verdadera locura provocar al dragón de esa manera, pero Aldrik no podía hacer nada al respecto. No comprendía nada, y mucho menos se comprendía a sí mismo. Estaba frustrado, peleando contra sentimientos encontrados, terminando por estallar, y canalizarlo todo de esa manera. Tenía ganas de gritar, replantearse causas perdidas y maldecir mil veces, y tal vez por eso era inquietante verle tan callado, un huracán en reposo, aletargado. Quizás fue ese el motivo por el que presionó al contrario hasta que se aseguró de que saltaría, de que montaría en cólera como él no había hecho, y bebió de esa sensación, del temor que lo azotó súbitamente, de la única adrenalina que lo mantenía vivo en los últimos tiempos.

Estaba tentando su suerte, y lo supo, lo supo cuando la voz subió de tono, cuando el vaso se estrelló a su lado, cuando el otro volcó la mesa. Se le erizó el vello de la nuca al saberse en peligro, pero no se movió del sitio, y su mente gritaba, vaya si lo hacía. Casi parecía que deseara que Letyko acabara con ambos. Y mientras, repetía la frase mentalmente como un mantra: No soy tuyo. No soy tuyo. No soy tuyo. Y se enfadaba, y la rabia llegaba hasta puntos irracionales con cada nuevo artículo posesivo que el inquisidor empleaba. MI desafiado. MI belladona. Mío, Mío, Mío. Casi parecía un esfuerzo heroicamente idiota, ese estúpido ramalazo de rebeldía que tardíamente trataba de retomar el control sobre su cuerpo, porque Aldrik era libre, un pájaro, y había algo en toda aquella fórmula que le impedía acceder a los deseos de un pobre capricho.

Aldrik no era del inquisidor porque no era de nadie.

Nunca lo había sido, y por eso no importaba cuanto empeño pusiera el dragón en atarle a la tierra, en encadenarle, en someterle bajo amenazas, el moreno no accedería. Al final, su cuerpo podía encontrarse en aquella sala, pero su mente se encontraba lejos, muy lejos, y había sido de esa manera hasta ahora. Eso había creído antes. ¿Y qué te dices a ti mismo llegado a ese punto de desesperación? ¿Ese punto de no retorno…?

El desafiado siempre volaba de vuelta, como las polillas a la luz, pero la luz no era cálida, la luz quemaba, y el moreno tenía la certeza de que si se quedaba mucho más tiempo, moriría también. Un pájaro domesticado. Un pájaro que volvía. ¿Qué pájaro era ese?
El inquisidor le había arrancado el corazón, le había humillado en numerosas ocasiones, y Aldrik había tratado de odiarle. Lo había conseguido durante meses, y había llegado a apuñalarle, lo había herido, y pese a haber jurado matarlo (habiendo tenido la oportunidad), no lo había hecho. ¿Y por qué? Esa era la pregunta. La pregunta que le robaba el sueño por las noches.

No despegó los labios durante todo ese tiempo, ni siquiera cuando le abordó, aguantándole la mirada, aparentemente impasible, aun sabiendo que el contrario lo vería, la tormenta tras sus ojos. Sintió la mano cerrándose en su cuello, y analizó las diferentes variables, el inquisidor partiéndole el cuello siendo la más conveniente en aquella ocasión, y la variable que quiso que eligiera sin decirselo. Le retó a hacerlo sin apartar la mirada de él, haciéndole partícipe de esa furia silenciosa, y por una vez en su vida accedió, se rindió sin que el inquisidor lo supiera. Esa fue la razón por la que cuando el dragón apartó la mano, se sintió perdido, como un niño, habiendo estado perfectamente sumiso a la idea de morir sin resistencia. Una parte de él quería hacerlo, librarse de la pesada carga que arrastraba y que había dejado de comprender, y por eso no soportó que Letyko no lo hiciera.

Partirle el cuello a Aldrik en aquel momento habría sido tan fácil como partir una cerilla, y tal vez el dragón ya no fuera a saberlo nunca, cuan cerca estuvo de hacerlo, sin complicaciones.

Se dejó mover, acercándose al cuerpo del contrario cuando le tomó de la cintura, y siguió retándole con los ojos, apartando la vista solo para escuchar cuando le habló en el oído. Se preguntó hasta que punto el inquisidor estaba deseando que aquello que decía fuera cierto, y llegó a sonreír sin que le viera, consciente de la gran mentira de la que estaba siendo partícipe.

Se apartó de él, se liberó, y la tensión fue corroyendo en él despacio, devorándole. Se apoyó en la mesa, se quedó inmóvil y observó al contrario copiarle de la misma manera. Clavó la vista en los ventanales, conforme la luz se filtraba por la ventana, y se mantuvo así, silencioso, castigándole, hasta que se giró. Tomó una botella cuya etiqueta no pudo leer, y la descorchó sin pedirle permiso. Bebió a morro y deleitándose con el alcohol, siendo aquello quizás lo más caro que hubiera tocado en su pobre vida. Ignoró el fino hilo de alcohol que se deslizó por su cuello hasta el pecho. Paró una vez tuvo bastante, y se quedó mirando la botella con los nudillos blancos de aferrarla y su coraza, rota.-
No soy tuyo, Letyko. –Repitió la frase, y alzó la botella, vaciándose el contenido sobre si, apartándose el cabello del rostro y dejándola caer de un golpe seco contra el suelo. - ¡Así que para de repetirlo! –Le espetó, tratando de reprimirse, pero no pudo, estallando tirando de este para robarle un beso, violento, casi frustrado dentro de la desesperación que sentía.- Me haces querer serlo.




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Lun Nov 09, 2015 9:55 pm

Para el dragón, el silencio de Aldrik era demasiado desconcertante, mientras luchaba contra sus ganas de forzarle allí mismo, el se había mantenido en su sitio, alegando que no era de Letyko, algo que al inquisidor le parecía obvio pues desde que robara su corazón sus destinos estaban entrelazados. Le vio moverse al final, tomar una de esas botellas tan caras y descorcharla para dar un trago, sin detenerle, él mismo había tomado dos copas para poder calmarse, además de que no le importaban una mierda esas botellas cuando en esa casa no sabía que podía suceder, por primera vez al borde de ser un animal salvaje. El corazón del inquisidor latía con fuerza, mirando la garganta del contrario al tragar, los labios tocar el cristal, esos ojos que eran su punto débil...  no lo admitiría jamás pero esos ojos eran más importantes de lo que nadie pudiera pensar, significaban mucho para un ser que llevaba tanto tiempo recordándolos en soledad.

Se quedó mirando el hilo de vino que caía de sus labios, hasta su pecho, pasando por el cuello que momentos atrás tuvo en su mano, relamiéndose esta vez a conciencia, pues deseaba lamer aquello, era ya innegable que le provocaba un punto de excitación que pocos humanos y dragones habían logrado. Pronto el humano acabó repitiendo que no era suyo, vaciando el contenido de esa botella por encima, sin saber la cantidad de dinero que llevaba en el cuerpo y lo mucho que aquello había excitado al dragón, queriendo ahora si lamer cada parte de su cuerpo. Tenía ganas de decirle que si lo era, acabando con esa fantasía de su mente, pero al sentir el tirón se dejó, soltando la mesa y encontrando sus labios, ese beso, furtivo y que apenas comprendía, seguido de esas palabras que no hubiera esperado nunca.

Enmudeció, retrocediendo, para mirar las botellas y no pudo hacer más que alargar el brazo para tomar otra y darle un buen sorbo, un vino más dulce y con una graduación muy baja, más como un licor que como vino, dejando este en la mesa para limpiarse con el dorso de la manga, mirando al chico, a esos ojos, que le taladraban como antaño hicieran sus homónimos... se acercó entonces, encarando a este, tomando su cuello con ambas manos y apretando la mandíbula, queriendo apretar y apretar hasta acabar con su vida, pues en realidad esas ganas de hacerlo suyo solo confirmaban sus sospechas, que le trataba de forma diferente a los demás, que lograba un efecto distinto en el dragón. -Me da igual que quieras serlo... ya lo eres... desde el día que arranqué tu corazón del pecho para tenerlo yo.- aclaró, por si no quedaba claro.

Le arrinconó contra la mesa de bebidas, apoyando las manos en la mesa a cada lado de este, sabiendo que su altura superior le confería ese aire intimidante. -A la mierda...- susurró, apretando los dedos contra la madera y sintiendo sus nudillos quedar blancos, como le pasaba al humano cuando agarraba algo con mucha fuerza. -¡A la mierda todo!- rugió, llevando una de las manos a su cadera y la otra a su cuello, le besó, de forma pasional y procurando profundizar en ello, quería sentir su lengua, notar el cuerpo algo pegajoso por el alcohol. Fue algo violento, haciendo tambalear la mesa, acabando por morder su labio inferior, recogiendo el alcohol de ellos para relamerse otra vez.

Se separó, sin querer despegarse de la mesa, jadeando, bastante confuso en esos momentos pues al final tenía lo que quería, esos ojos en todo su esplendor, en la forma más íntima que se podían tener... como tenía los de su Nafer... Gritó, con furia, de frustración... haciendo un barrido en la mesa para tirar todas las botellas al suelo, como Aldrik hizo con la que bebió, llevando el suelo de cristales y licor del caro, pero con la mesa limpia de objetos. Tomó al humano de los muslos para subirlo a la mesa, sin darle tiempo a reaccionar, a pensar, empujando a este al interior de la mesa, robusta y de tamaño bastante aceptable. Le devoró con la mirada y le mordió el cuello, lamiendo el alcohol después, mientras sus manos recorrían sus costados, ávidos de sentir esa piel, al igual que su lengua deseaba saborearla. Se quitó la camisa que portaba el inquisidor, dejando al aire su pecho bien formado, su piel bronceada y las líneas de escamas que salían de sus costados y se internaban en el pubis, donde se apreciaba apenas el vello, la V que formaba su cuerpo tonificado.

Tiró la prenda al suelo, mirando a este entre suspiros, bajó entonces el rostro a su pecho, lamiendo con avaricia y pasando a su costado, lamiendo al herida y besando esta, sabiendo que era obra suya. Se dejó llevar por el descontrol, por la lujuria, subiendo al cuello para morderlo y succionar, dejando su marca en el humano, remarcando su posesividad aunque se lo reprochara siempre. Acabó mirándole a los ojos, de forma mucho más intensa que nunca, como si pudiera ver en su alma, tomando su nuca y besándolo con furia, subiendo a la mesa para acabar con la otra mano en su cadera, pegando su cuerpo al del contrario, bajando de sus labios al pecho nuevamente, empujando más al chico contra la ventana, al borde de la mesa, pudiendo acceder ahora a su vientre, lamiendo este y encontrando los pantalones, que estorbaban, rompiendo el cinto y rasgando algo la tela, dejando ver la prenda interior un poco. Se detuvo entonces, mirándole de nuevo, como una presa a su víctima, relamíendose antes de tomar sus pantalones y pensarse si bajarlos o no, teniendo ese poder... dejando que el silencio y el cruce de miradas durase bastante.
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Jue Nov 12, 2015 4:11 am

Enmudeció con el beso, y si alguna vez tuvo control sobre sí mismo, lo perdió. La culpa lo embargó durante unos breves instantes, los que necesitó para aparcarla, y la cerró con llave, la enterró en lo más fondo de su ser. Por una vez, por una vez sintió aquello que llamaban egoísmo, deseó ser egoísta, y eso, para alguien como Aldrik, supuso una gran revelación sobre como la ciudad, el dolor y el hambre lo estaban cambiando. Nunca antes se había parado a pensarlo, y a aquellas alturas le hacía gracia, el cómo pasaba la vida lamentando unas cosas y otras, muchas de ellas fuera de su control, y las que no lo estaban, acechándole. Las muertes de sus compañeros hacían peso sobre sus hombros, así como la venganza que prometió llevar a cabo, su propia realidad sin corazón y la certeza de que moriría joven, muy joven... Y le hacían gracia, le daban ganas de maldecir en voz alta, cuestionar cuando su vida había dejado de ser suya para pasar a ser un peón de todo aquello que había perdido.

Enterró las manos en el cabello del dragón, besándolo con una pasión desesperada, y se dejó hacer, subiéndose a la mesa, aguantándole la mirada con los labios enrojecidos cuando lo aferró del cuello. Estaba muy perdido, perdido en la duda del cómo reaccionar, lo correcto y lo incorrecto, y el cómo pese a desear lanzar todo por la ventana, la ansiedad seguía corroyéndole. Estaba besando a un dragón, un inquisidor, un asesino tal y como le habían metido en la cabeza desde que era un niño. Aldrik lo había negado, no había querido creerlo durante su infancia, pero entonces llegó a Talos, y sufrió a los de su especie, sufrió la escasez y la desesperación de muchos por sobrevivir. Supo el terror que infundían y los vio hacer y deshacer a su antojo, aprendiendo a temerlos y aprendiendo a evitarlos también.

Letyko no era diferente, solo era una realidad más cercana que el terrorista no había deseado, pero que se había aparecido sin dejarle opción, persiguiéndolo, añadiendo más preocupaciones a su día a día. Le había obligado a vivir cuando había perdido los motivos para hacerlo, y sin saberlo, alimentó la rabia, la frustración, la ira que habían ido apagándose suavemente con el peso de los años. La encendió de golpe, brusca, y lo salvó también, indirectamente, por mucho que no deseara confesarlo. El dragón contaba dos, dos veces, pero fueron tres, ¡tres! Y lo odiaba. Odiaba lo dependiente que se había vuelto de su existencia, de rehuirle, de odiarle, de esa adrenalina que él le daba y que necesitaba para seguir viviendo todos los días, esa causa frustrada por recuperar lo que alguna vez fue suyo, por tapar ese agujero que se había asentado en su pecho y que iría pudriéndole.

No apartó los ojos del contrario tras besarle, al borde de romperse, y quiso gritarle, decirle que lo hiciera de una vez, porque sabía que se arrepentiría, que se odiaría más tarde, pero no le importaba. Quiso besarle, recorrer su piel con los dedos, abandonarse, y lo hizo, se estremeció cuando el contrario reaccionó, soltando el agarre en su cuello y hundiéndose bajo el mentón para trazar dibujos inconexos con los labios. Letyko le estaba perdonando la vida, otra vez, y no podía entenderlo, no lo comprendía a aquellas alturas, una parte de si se frustraba por ello, la que se odiaba, la que deseaba morir por la traición; y la contraria seguía luchando, luchando por la vida, por dejarse llevar finalmente y desconectar ese hilo de conciencia, romperlo.

Traidor, traidor, traidor… ¿y por qué le deseaba tanto?
Por ser aquella única persona luchando por que viera un día más cuando todos habían dejado de hacerlo, cuando el propio Aldrik se había rendido. Pese haber sido para el propio divertimento del dragón, le había traido de vuelta.

Jadeó, echándose hacia atrás en la mesa cuando lo empujó, y recorrió al contrario con los ojos, memorizándole cuando se deshizo de la camisa, y pudo apreciar aquella línea de escamas, aquella que desconocía la primera vez que intentó apuñalarle. No se mostró sorprendido al verlas, violetas, e inconscientemente se preguntó cómo sería, aquella otra forma, el dragón que se escondía en ese cuerpo humano. Buscó sus labios de nuevo, ávido, y acarició la lengua ajena, encontrándola cálida, rodeando el cuello ajeno con los brazos.

Se dejó desnudar, todavía con la vista puesta en el otro, y se ignoró a sí mismo, lejos de poseer un cuerpo escultural como el suyo, sino más delgado, más frágil, más humano. –
Hazlo. –Murmuró entonces, cerrando los ojos cuando el inquisidor se paseó por su pecho, descendiendo hacia la pelvis. –Hazlo. –Lo desafió, observando las manos en la tela, sabiendo que una vez hecho eso no habría vuelta atrás. –Antes de que me arrepienta de esto. –Confesó, y se deshizo el mismo de los pantalones, dejándolos caer al suelo junto a los trozos de cristal, y el alcohol derramado. Había visto a aquel dragón de muchas maneras, pero nunca tan fuera de sí. –Me marcharé si no lo haces, y no volverás a verme. –Y era una amenaza, real, suicida, decidido a hacer todo lo posible por alejarse aun si eso significaba que el contrario arrasara con medio Talos.




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Vie Nov 13, 2015 10:35 pm

El bombeo de la sangre más acelerado, la respiración descontrolada y la sensación de su mente al nublarse por todo lo que estaba aconteciendo, era demasiado raro, no recordaba haber sentido la necesidad de estar con su desafiado... le parecía atractivo, siempre se lo pareció... pero en aquel momento, en esa mesa, él no era el inquisidor que era. El grito de frustración anterior solo evidenciaba lo mucho que necesitaba desconectar en ese  momento, pensar en todo lo que estaba haciendo y los motivos por los que se quería acostar con el chico podían enloquecer al dragón, hasta un punto peligroso para todos los que se encontraban en esa casa e incluso para si mismo.

Las caricias en el cuello del abrazo contrario fueron demasiado placenteras, ansiando ver los ojos en todo momento, embriagándose del aroma del muchacho, rozar su piel a la par que las lenguas lo hacían. Las palabras del desafiado resonaron en su cabeza de forma contundente, ''hazlo'' un y otra vez, como en un bucle que le incitaba a mover sus manos para desgarrar las prendas como había empezado, pero no esperando las siguientes palabras del chico, junto al acto de quitarse los pantalones él mismo, dejando ver casi la totalidad de su cuerpo, apreciando mejor su estado y sin desear que fuese de otra forma, le gustaba lo que estaba viendo, cuando sus ojos se separaban de los del contrario.

Los dedos del de ojos violeta jugaron con el borde de su prenda interior, burda y anudada típica de una época como aquella, sonriendo ante la amenaza del chico, pues incluso cuando se le abalanzó para besarle salía con cosas como aquellas, pudiendo acabar con todo aquello en un instante si no fuera porque ya era tarde, Letyko quería acostarse con Aldrik. -¿Irte?- masculló, deslizando la mano de la prenda que le restaba por el vientre hasta el pecho, arañando levemente y acabando en uno de sus pezones, tomando este entre su índice y el corazón, acariciando mientras la otra arrancaba esa prenda para tener la vista completa, liberando aquello de la prisión de tela, gustándole y acercándose para rozar sus labios con los propios.

Habló contra estos, amenazando él en esta ocasión... o al menos dejando claro lo que iba a pasar. -Hazlo... vete ahora si puedes... si tu excitación te lo permite...- lamió sus labios y sonrió con superioridad, presionando el pezón a conciencia y deslizando la mano en su entrepierna por el escroto, atrapando este para luego ascender a la base de su miembro, subiendo más por la longitud hasta tocar su glande, dando suaves golpecitos con el índice en este, dejando claro que pensaba retenerlo allí, estando la intimidad del desafiado de acuerdo con el dragón. Dicho aquello dejó de jugar con su cuerpo, liberándose el inquisidor de su ropa por completo, mostrándole su cuerpo por completo, donde se unían las líneas de escamas en el pubis, cubierto por el vello, las piernas fornidas y su miembro ya endurecido por la situación.

Le tomó de la nuca y obligó al chico a mirarle,  directamente a los ojos, ejerciendo algo de fuerza para que supiese que no iba a evitar aquello, pues lo deseaba con tal intensidad que hasta le desgarraba por dentro el calor. No quiso jugar con el cuerpo del chico con la mano libre, solo acercarse más, notar la respiración del humano, sentirla... ver su pecho hincharse al tomar el aire y regresar a su estado natural cuando lo soltaba, la temperatura menos cálida del chico y que subía por la cercanía, la transmisión del calor al estar los dos de forma tan íntima. Por fin llevó esa mano a sus caderas y allí la cerró, besándolo tras sentirse saciado de sus orbes azules, profundizando, buscando enrojecer sus labios por la intensidad y el tiempo que hizo durar ese beso, empujando al chico contra la pared, dejando la espalda de este pegada a ella, con toda la mesa para jugar, pegajosa por algo de alcohol que quedaba.

Fue a por él como un animal, mordiendo su cuello otra vez, agarrando a este por las caderas y bajando por sus muslos, internándose en su intimidad. Bajó los labios a su pecho, a su pezón, el cual atrapó con avaricia para lamerlo e incluso moderlo, separando sus piernas para que ambos miembros se tocasen, erizando la piel del dragón, como siempre pasaba en aquel acto. Le echó hacia el lado ahora, espalda del chico contra la mesa, el cuerpo del dragón arriba, succionando ese pezón y pasando a masturbar ambos miembros con la mano, a un ritmo lento al principio, cambiando a uno más acelerado para variar, para no dejarle confiado, quería que suspirara, que gimiera y le mirase con deseo, solo eso, deseo de sentirle dentro.
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Miér Nov 25, 2015 11:21 pm

Se le hizo irónico hasta a él mismo, la manera en la que se adelantó, frenándole, sugiriendo aquella realidad en la que se atrevía a levantarse, salía por la puerta y ponía fin a todo sin mirar atrás. Esa realidad en la que le daba igual lo que hiciera el dragón, hasta si esto significaba matar, o directamente destrozar su corazón al aplastarlo en la mano. Una salida así, en la situación en la que se encontraban, merecía una respuesta como la que le dio el inquisidor, y fue por eso, que hasta sonrió de manera imperceptible.

No supo que decir exactamente, por una vez, quedándose sin respuestas ingeniosas, y tampoco las quiso, erizándosele el vello de la nuca con el solo contacto. Los dedos del dragón jugaron por su piel, deteniéndose en la pelvis, sobre la tela, y el desafiado solo le aguantó la mirada, medio retándole, y sabiendo que aquello se le iría de las manos, o mejor dicho, ya lo había hecho.

Rozó los labios ajenos, de manera casi etérea en comparación con el beso que le había dado con anterioridad, y se apartó, encontrándolos cálidos, excitándose por el roce repentino, aprisionado contra el escritorio.

-
Juegas con ventaja. –Murmuró, con algo de frustración escondida en las palabras, aquella parte de sí que no quería confesarle que se le pasaba por la cabeza, que quería acostarse con él, sin importar las consecuencias, sin pensar. Por lo menos en ese aspecto, estaba seguro de que Letyko estaría planteándose lo mismo.

El terrorista se lo preguntó, si es que andarían de esta manera si el dragón supiera la verdad, de su conexión con La Resistencia, y supo que no, deleitándose con la amenaza no pronunciada, del peligro acechante. Seguramente estaría muerto a aquellas alturas, o como mínimo, manchándole la moqueta con sangre.

Lo miró directamente, inmóvil en la mesa cuando se alejó, sin esperar que se desnudara, y se dedicó a disfrutar de las vistas, sonriendo apenas de manera muy suave. Podría haberse controlado, haber fingido que no le interesaba tanto como lo hacía, pero lo cierto es que no le importó, deslizando la vista por el pecho desnudo del contrario, sin reparos, por las escamas, bajando por los costados hasta la baja pelvis, el miembro y las piernas. –
No está mal. -Murmuró provocándole, en aquel canal que solo ellos dos oían y esperó, divertido con la sola idea de sacarle de quicio.  Gustándole que ni tuviera que mover los labios para ello.

Aldrik estaba delgado en comparación con el contrario, era poca cosa a sus ojos, consciente del hambre de las calles y de los días duros que le habían obligado a hacerse a la ciudad. Y sin embargo no le rehuyó, abrumado por la manera en la que el inquisidor lo taladró con la mirada, reclamándolo. Se fundió en el beso, enredando los dedos en el cabello ajeno, con la mano que no se apoyaba en la mesa, y se pegó algo más al inquisidor, dejando ir un jadeo una vez lo mordió en el cuello,  jugando con uno de los pezones y aprisionándole del todo en el escritorio.

Supo que el dragón lo sentiría, el pulso acelerado en el pecho, allá donde debiera estar su corazón, y se dejó mover, abriendo las piernas, cerrando los ojos y arqueando la espalda con suavidad cuando tomó ambas erecciones, masajeandolas, masturbándole conforme acrecentaba la fricción. No quiso ceder aun con ello, reacio a darle lo que quería tan pronto, y si en algún momento quiso gemir no lo hizo, ahogando un jadeo en contrapartida. -




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Mar Dic 01, 2015 12:46 am

Odiaba hablar durante el acto, para el de ojos violeta siempre fue un problema pues pensaba que los gemidos eran suficiente y que las charlas quedaban para otros momentos del día, por eso agradeció el ingenio del humano cuando le habló a su mente, consciente de que tenían esa ventaja por si tenía que exponer algo. Los labios separarse para dejar escapar los gemidos eran una visión muy excitante, disfrutaría ese día, con él, porque en ese momento no había otra cosa que ansiase hacer, sabiendo exactamente que había provocado esa oleada de sensaciones olvidadas... esa mirada que le echó cuando se abalanzó contra el humano, ese deseo capaz de traspasar los mejores modales. Lo reconoció, porque siempre lo hacía, por eso intensificó el movimiento de la mano sobre ambas erecciones, buscando una fricción más estimulante.

La lengua del dragón presionó aquel montículo rosado, varias veces hasta que se cansó, subiendo a su cuello y mordiendo de nuevo, tirando de la piel apenas justo cuando bajaba la mano a la base de las erecciones, en un movimiento casi ensayado. Sintió otra vez esa necesidad de mirar sus ojos, sabiéndose adicto a ellos, cansino quizá por no poder evitarlo, pero no le importó... merecía la pena recordar algo de lo olvidado si era ese placer, ese capaz de hacer que se excitase como hacía años que no lograba. -Gime para mi- espetó en su mente, al ver que su boca se abría pero no salía sonido alguno, ayudando al humano a ello.

Abandonó los miembros y el cuello, los ojos y cada rincón de su cuerpo quedó ahora libre del dragón, esperando, analizando... hasta que las manos de este regresaron más rápidas que antes, más violentas contra sus costados, pegando las nalgas del humano contra la erección delo dragón, pasando esta entre sus nalgas y rozando el escroto con su glande, dejando que sintiese la humedad que brotaba por el placer, el líquido preseminal. Repitió el movimiento una y otra vez, aferrándose a sus costados, moviéndolo sin que le costara por la diferencia de fuerza, hasta que se detuvo, agarrando su cuello con delicadeza y bajando en una caricia por el cuerpo, recorriendo este para explorarlo correctamente. Pasó por sus pectorales, evitando los pezones pero rozando en el límite de lo sonrosado, pasando al vientre, en el cual hizo círculos unos segundo. Luego quiso bajar más, agarrando el vello del pubis del humano con sus dedos, como si lo hiciera con la hierba.

Le miró de nuevo, antes de apartarse para separar más sus piernas  y poder acceder a la ingle del muchacho, lamiendo esta, con la mano aún jugando con el vello, con la otra arañando su costado derecho. La lengua se movió ávida, por la cara interna del muslo, mordiendo allí una vez humedecido, queriendo dejar una marca indolora, succionando, antes de respirar contra el miembro del contrario, dejando que esa calidez se sintiese por toda la erección. Evitó lamer en su intimidad, a propósito, bajando un poco más y lamiendo el perineo del muchacho, antes de rozar su entrada con la punta de la lengua, sabiendo que si eso no le hacía gemir nada lo haría... y el de ojos violeta sabía como excitar, como hacer gemir de placer.
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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Aldrik el Vie Dic 25, 2015 3:41 pm

Tal vez fuera el atractivo de lo prohibido lo que mantuvo al humano sobre la mesa,  no dispuesto a apartarse.  No entendía el porqué de todo, pero el tiempo le había enseñado que era mejor no cuestionar. No sabía por que el inquisidor antepondría su vida (la de un vulgar humano) a la de muchos otros en el bar en el que habían estado, pero nada había tenido sentido últimamente.

La pequeña masacre del bar había sido notoria, y en todo momento, Aldrik no había sabido cómo reaccionar, creyendo con certeza que moriría. ¿Y qué hacía aquel maldito dragón en el Poisonclaw? ¿Cómo hacía siempre para cruzárselo cuando menos lo deseaba? O ya puestos, ¿cómo hacía para aparecer cuando más le hacía falta? Su deuda aumentaba por momentos, y estaba seguro de que eso alegraba el dragón respecto al reto que ya le debía el humano. La cicatriz lo delataba como el juego que se traían entre manos, su disputa inacabable, pero por suerte, eso a Letyko parecía no importarle a la hora del sexo.

Cerró los ojos, tensándose por el camino que recorrió la lengua ajena, e hizo una pausa, llevando la mano a su cabello, acariciándolo dudoso. Desconocía si el dragón permitiría ese tipo de gesto, pero tampoco hizo ademán de retractarse, quedándose ahí. Sus dedos recorrieron el cabello del inquisidor, bajando hasta su nuca, y el humano se estremeció, esperando la continuación de sus acciones, expectante.

No recordaba la última vez que se había acostado con alguien, pero no era ningún novato en el campo. Había visto bastante para estar rozando los 20 años, y dudaba que el inquisidor se lo esperara siquiera. Lamentablemente, cuando eras un chaval recién llegado a la capital, la subsistencia era difícil; y los tiempos complicados requerían de medidas complicadas. (Entiéndase esto último como se desee).

El moreno se tensó cuando bajó hasta su entrepierna, siendo su primer impulso rehuirle por ser quien era, pero se aguantó ahí escuchando las palabras del otro en su cabeza. Se estremeció, y dejó de respirar unos instantes, antes de suspirar por el contacto de la lengua húmeda, cerrando las manos en los bordes del escritorio. Saboreaba aun el licor que había derramado antes, de algún modo convencido de que dudaba volver a probar algo así en su vida, y se apartó el cabello mojado del rostro, ahogando un jadeo. -
No juegues. -Murmuró, a través de aquel canal que compartían, y rodeó su cuerpo con una de las piernas, tirando de él un momento para rozar los labios ajenos, con una suavidad casi irónica teniendo en cuenta los humos que solían tener cuando se encontraban cerca.




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Re: Die by the dragon's claws [Aldrik][+18]

Mensaje por Letyko el Dom Ene 03, 2016 8:50 pm

El de ojos violeta no se inmutó cuando sintió la mano contraria en el pelo, recorriendo este con cierta temeridad, como si pudiese alterar su estado en esos momentos de excitación, cuando todo lo que deseaba era poseerle sobre esa mesa, seguir con la exploración de su cuerpo, saboreando lo que sin duda se había ganado tras tantas desaires del humano, tras las heridas que le ocasionó en pasados encuentros. Y le gustaba, que la gente participase de aquello, no había nada peor que la disposición plena sin intención de participación, esas clase de personas que esperaban que quedándose quietas lo hacían más llevadero o fácil, provocando la verdadera ira de un dragón.

Las palabras en su mente le hicieron sonreír, pasando la lengua por su escroto antes de alejarse apenas, notando la pierna de Aldrik y como tiraba para que los labios se encontrasen, con suavidad, como si no fuesen desafiado y desafiador. Peor el inquisidor no perdió la oportunidad de besarle con cierta lujuria, apoderándose de esos labios con cierta pasión, sin pretender apartarse hasta ver saciada su ansía de besarle. Ni los labios enrojecidos de ambos, ni la respiración entrecortada le valían, arremetió contra esos labios una vez más cuando hubo tomado una bocanada de aire, buscando la lengua del contrario y llevando la mano del costado por este hasta su pelvis, bajando más a su escroto y atrapando este para masajearlo. Cuando se apartó otra vez de sus labios pudo apreciar un hilo de saliva cortarse, echando una mirada más a sus ojos antes de lo que iba a hacer.

Tomó los restos de una botella que había sobrevivido a la barrida de Letyko, con algo de licor en el fondo, bebiendo este y aguantándolo en la boca, acercándose al humano para besarle y derramarlo en su garganta. Y le dio la vuelta, casi con brusquedad, llevando los labios a su nuca para morder con cierta fuerza, bajando por la espalda mientras repartía besos hasta que se encontró con sus nalgas, redondas y tentadoras. Le alzó las caderas y hundió el rostro para lamer en aquella zona, procurando humedecer correctamente, mordiendo cada tanto una de las nalgas, azotando estas inclusive para ver su resistencia. No estaba jugando, nada de preliminares tal como el otro quería, tampoco se encontraba en situación de jugar más con el desafiado, necesitaba hacerlo ya, entrar en él.

Tras una última lamida en su entrada le empujó contra el fondo de la mesa, algo más suave, aún boca abajo, encajando el miembro entre sus nalgas y presionando para que el glande entrase, apoyándose en uno de sus hombros y en la cadera del chico con la otra mano. Una vez sintió menos resistencia se abrió camino a su interior, llenándolo por completo con la erección, sintiendo el choque contra su piel, iniciando el bombeo lento mientras los únicos sonidos en la sala eran las respiraciones acompasándose a cada embestida, la fuerza que parecía adquirir el dragón a cada minuto que pasaba, buscando dar en el blanco cada vez que se internaba en este.
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