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Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

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Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Corah el Mar Sep 22 2015, 19:27

Se había pasado todo el día anterior interrogando al grupo que había arrestado junto al comandante de la marina. Algunos de ellos, dragones. Para más inri, habían pertenecido a la armada cuando los habían capturado, matando a un hombre con una cicatriz en el pecho que podía haberles dado más información. Y no era heartless cuando ella buscó su corazón. Ahí estaba el órgano. Al menos en parte. No tenía mucha idea de híbridos, sólo sabía que tenían aquella cicatriz. Así que no estaba segura de si era uno o si alguien le había partido el corazón… literalmente. Lástima que el difunto no pudiese aclararle la duda.

Y los malditos informes se habían multiplicado. El hacer arresto múltiple no estaba pagado. ¿Por qué no podían premiarla con más torturas? No, tenían que ser pilas y pilas de papeles. Los cuales, por cierto, tenía que cumplimentar únicamente ella. No podía pasarles el marrón a compañeros que disfrutaban el papeleo, por desgracia.

No había podido ponerse en contacto con Paarthurnax para hacer el resto de investigaciones. Aunque dudaba mucho que el dragón aceptase después de ponerle freno por comportarse como un inquisidor en vez de un guardia. Así que esta vez decidió decírselo a otro inquisidor. Lamentablemente, Megerah ya no era compañera suya. Con lo que se hubiera podido divertir… Y Blake tenía la agenda ocupada con una tortura importante. Le pareció que Hietszan era una buena opción a tener en cuenta. No parecía tener problemas con nadie, así que seguro que era una compañía liviana.

Y ahora, caminaban los dos por las calles de Talos. Dispuestos a llegar al fondo de la investigación y cazarlos a todos. Ella, enfundada en su traje de cuero negro de inquisidora. Cubriendo la prenda desde el cuello hasta los tobillos y las muñecas, ajustándose a su cuerpo como una segunda piel. Llevaba unas botas altas del mismo material y color, con bastante tacón, haciéndola parecer más alta e imponente de lo que ya era. Llegando a la altura de un varón alto. Además, sus manos estaban cubiertas por unos guantes de cuero rojo oscuro. Su cabello se hallaba recogido en una larga trenza dorada que nacía de la parte trasera del parietal.

Sus pasos eran felinos y majestuosos, con una sensual cadencia de caderas. Su espalda lucía recta y su mentón ligeramente elevado. Dándole un aire de seguridad difícil de ignorar. Se detuvo entonces frente a la casa del pescadero. Después de todo, el pescado desaparecía misteriosamente en las cargas del puerto al mercado cuando las transportaba el difunto. Sus irises verde jade miraron a su compañero y ladeó una sonrisa maliciosa.

-¿Prefieres llamar o tirar la puerta abajo? –le preguntó con aire divertido, mientras tuvo que entrecerrar un poco los ojos por la luz del sol de mediodía.






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Re: Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Hietszan el Jue Sep 24 2015, 00:41

Allá por donde paseara la mirada, lo único que veía era miedo. Parecía como si aquellas débiles y despreciables criaturas con las que se veían obligados a convivir no fueran capaces de sentir otra cosa cuando tenían ante sus ojos la siempre hermosa figura de un dragón; cuando veían aparecer a uno de ellos con el uniforme negro propio de la santa Inquisición o, simplemente, cuando sus pasos marcaban el ritmo y el camino de su siguiente objetivo. En sus pobres, breves e insulsas vidas, no había hueco para sentir nada más, y Hietszan lo sabía. Sólo tenía que ser lo suficientemente sagaz para ver cómo se escondían tras los callejones cuando veían aparecer a aquellos ángeles de la muerte como lo eran ellos; cómo aguantaban la respiración y se pegaban temblorosos a las paredes, agachando la cabeza en una muda súplica de perdón por haber cometido el pecado de nacer, por encontrarse en aquel lugar y en aquel momento precisos y rezando en silencio a la Gloriosa Reina Madre para agradecerle que sus mensajeros les permitiesen seguir revolcándose en la mierda un día más.

El moreno sonrió de medio lado. Ladino y sádico. Algo en su interior chillaba de puro placer cuando una de aquellas ratas, cuya boca apestaba a la más pura miseria y cuyo cuerpo maltrecho no dejaba sino escapar suspiros de agonía entremezclados con el hastío de una vida prestada, se retorcía de dolor ante sus ojos. No podía evitarlo. Sus ojos brillaban cuando les veía tirados en el suelo, arrodillados y suplicando por algo que nunca fue suyo, y la sensación de satisfacción que le invadía no podía sino asemejarse con la que podría sentir un niño al que sus padres le conceden un capricho tras una buena hazaña. Era superior a él, y tratar de retener aquello que sentía era como decirle al viento que soplase hasta que una montaña se inclinase ante la figura de un hombre solitario; como pedir a las falsas deidades que el mar se abriese para permitirles paso a un grupo de herejes; como tratar de dirigir el curso de un río de lava que se deja caer como sólo una lágrima es capaz de hacerlo sobre la ladera del volcán que le ha visto nacer; como tratar de impedir que, cuando ambos inquisidores terminasen de hacer su trabajo, él no le sacara los ojos a ninguno de los bastardos que habían osado mirar a su compañera y recorrer su silueta con la lascivia tan propia de aquellas deplorables criaturas. Era, sencillamente, imposible.

Le dirigió una fugaz mirada a la rubia a cuyo lado caminaba al doblar en una esquina, pero lejos de perderse en los juegos de luces que la trenza parecía dedicarle cada vez que las hebras se enredaban las unas en las otras formando bucles, clavó sus ojos castaños en una sombra que se movía por un callejón secundario y cuyas risas, murmullos y pasos torpes no hicieron que él se sintiera especialmente cómodo. No había que malinterpretarle, no es que aquella dragona le hiciera sentir nada más allá del necesario respeto que debía existir entre compañeros de profesión, pero que aquellos seres inferiores se tomaran tantas libertades era algo que simplemente le desquiciaba. Disimuló un suspiro de una resignación que sólo se permitía sentir porque sabía que había algo especial más adelante, y se permitió el lujo de pasear ambas manos, enfundadas en sendos guantes de cuero negro, por el cabello para peinarlo distraído hacia atrás, paseando la mano por su barbilla antes de volver a dejarla caer cuan larga era.

Al contrario que con su compañera, y a pesar de que él también vestía de negro, tal como era menester, sus pasos eran sordos, silenciosos. Apenas se oía de su caminar rítmico y bien medido el inevitable roce de la tela al son del balanceo de los miembros, y aunque su cabeza se alzaba por encima del hedor que le rodeaba con la arrogancia propia de los dragones que se saben superiores, lo cierto era que se mostraba algo más distraído que ella. Puede que por su posición más relajada, porque la anchura proporcional de sus ropas, en comparación con las de ella, le hacía sentirse más relajado o quizá porque sus movimientos no estaban tan marcados por unos gestos que sin duda delataban una agilidad felina. Era irónico pensar que, a simple vista, él parecía el calmado de los dos.

Se detuvo ante la puerta cuando la rubia lo hizo, pero mantuvo las manos en la espalda hasta que ella habló, permitiéndose devolverle con la misma sinceridad que ella le había brindado, la sonrisa con la que sus mejillas parecían haber sido acuchilladas. Por toda respuesta, se colocó delante de la portezuela y descargó una patada en la zona de la cerradura. La madera cedió para dejarles paso como cede la carne tras cortarla con un cuchillo.

- Las damas primero. –pronunció, divertido y burlesco al tiempo que llevaba una mano a la espalda y la invitaba, con un suave y bien calculado gesto con la mano libre, a que se adentraran en aquel lugar.
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Re: Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Corah el Dom Sep 27 2015, 14:56

Pronunció más la sonrisa ladeada al ver la de su compañero. Oh, aquello prometía. Con un par de pasos suaves y felinos, se alejó de la puerta para dejarle espacio. Aún cuando muchos pensaban que era impulsiva, se quedó esperando pacientemente. Puso escuchar perfectamente el impacto del pie del otro dragón contra la cerradura de la puerta. Seguido de un chasquido y el crujir de la madera rompiéndose. El quejido lastimero de las bisagras precedió a la caída de aquella entrada, hacia el interior de la casa.

¿Quién le iba a decir que el aparente calmado macho iba a escoger derribar la puerta de una patada? Interesante decisión. Ella hubiera elegido lo mismo, sin duda alguna. ¿Dama? Enarcó una ceja dorada, mirándolo con sus orbes color verde jade. Pero en vez replicarle que ella no era tal, ladeó una sonrisa maliciosa.

-Entonces lamento tomarte la delantera –soltó, entre divertida y socarrona. En modo de decirle que la dama era él. Jugando, por supuesto. Aunque la dragona creía firmemente que los machos eran más sensibles que las hembras.

Pisó bajo sus botas la puerta, adentrándose en la casa. Escuchó pasos apresurados y entrecerró la mirada, con aire depredador. Giró la cabeza hacia la dirección desde la que provenía el sonido y se movió rápido, sin abandonar sus movimientos felinos. Cortó el paso a un hombre y a una mujer que pretendían salir por la puerta trasera.

-Siento interrumpir –ronroneó amenazante con una sonrisa maquiavélica. Con un movimiento fluido y medido, sacó ambas porras de su cinto, una en cada mano. Avanzó unos pasos hacia ellos, haciéndolos retroceder. Vio que el hombre desviaba su mirada grisácea hacia una ventana abierta y chasqueó la lengua negativamente-. Chico travieso… -descargó un golpe con una de sus armas de cuero sobre el rostro masculino-. Inténtalo de nuevo –susurró en agradable voz grave y femenina, emitiendo un suave siseo con el que dio la sensación de ser una serpiente avisando de que iba a atacar-. Tengo una idea mejor. Vamos a conversar un rato… -empujó con un pie una silla de madera hacia un lado de la mujer, logrando un chirrido de las patas contra el suelo al arrastrarla-. Siéntate. Y tú, átala. Hablaremos de negociosss… -ordenó al pescadero. Ladeó la mirada un instante para ver qué hacía su compañero. Por si había más gente en la casa o quería jugar también. Después de todo, podía compartir la diversión de aquellos miserables gusanos.






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Re: Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Hietszan el Vie Nov 06 2015, 22:00

Bajó los párpados con suavidad y acentuó su sonrisa con apenas un sutil alzamiento de mejillas que no duró más de lo que alguien tarda en parpadear. El comentario de su compañera le había resultado cuanto menos curioso, y a pesar de que no era alguien a quien le gustase especialmente las bromas o que se despreciase de aquella forma tan… peculiar, su figura como inquisidor y como el orgulloso dragón de escamas esmeraldas que era, incluso él podía llegar a comprender que aquello lo había hecho para poder disfrutar más de la situación que tenían ante ellos y crear un clima de más compañerismo que el que el silencio que habían compartido durante toda la caminata les había proporcionado. Como fuera, apenas respondió a aquella sutil provocación mas que con la ya mencionada sonrisa y un movimiento de cabeza, que fueron el único preludio a un barrido de sus dedos sobre la palma de la mano que se encontraba extendida.

Se hizo a un lado para dejar algo de espacio cuando la rubia se internó en la estancia, y tiró de su extremidad hasta colocarla en su espalda, junto a la otra, de tal forma que los dedos de una formasen un lazo en torno a la muñeca de la otra. Alzó el mentón y avanzó. Lento, con calma; como correspondía a alguien que sabe que tiene el mundo literalmente a sus pies; como le correspondía a alguien que sabía que la sola mención de su sombra era causa de pesadilla entre el populacho… y como Corah tenía la situación de sobra controlada, o eso le pareció cuando vio cómo sacaba las porras para descargarle un golpe en la cara al pescadero, decidió atravesar la habitación y dirigirse a la parte posterior de la casa a fin de cerciorarse de que no había más inquilinos allí.

Girando la cabeza a un lado y otro y haciendo un esfuerzo por mantener la compostura a pesar de la saturación a la que su olfato estaba siendo sometido tan rápidamente, entró en una habitación donde unos ruidillos ininteligibles le previnieron de que algo pasaba en el interior. Las bisagras crujieron cuando el batiente de la puerta dejó paso a la imponente figura del inquisidor, y la madera sobre la que sus botas repiqueteaban crujía bajo su peso como lo hacía un látigo bien esgrimido antes de besar la piel del castigado. Melodioso. Fantástico. Un niño le miraba desde una esquina de la habitación agazapado tras un mueble carcomido por la humedad y abrazado a sus propias rodillas. Tenía los ojos desencajados por el miedo, y la ropa sucia y raída. Iba descalzo, para variar. Le ponía enfermo lo poco que cuidaban los humanos de su prole cuando otras razas, como la suya, tan poderosa y magnífica, estaba pasando por un período un poco complicado a ese respecto. Negó con suavidad de la cabeza. A él le daba igual, un parásito menos consumiendo de los recursos que la Gloriosa Reina Madre tan benevolentemente les proporcionaba, pero hasta los animales tenían más cuidado con su progenie.

Decidió no obstante ignorar momentáneamente al infante, y centrar su atención en el contenido de una cuna de la que apenas le separaban unos pasos. No pareció sorprenderse demasiado cuando encontró otra criatura en su interior, envuelta en una manta, pero no pudo evitar que su sonrisa se ampliase.

>> He encontrado algo interesante, preciosa. –susurró por la red mientras echaba los brazos por la barandilla y cogía a aquella criatura con las manos, echándosela a un lado del pecho con tanto cuidado que casi parecía que fuese algo suyo.  Se volvió hacia el otro, más mayor, y se acercó hasta él para cogerlo por el cuello de la camisola, obligarlo a ponerse en pie y arrastrarlo hacia la puerta a pesar de los continuos tirones de aquella criaturita que buscaba soltarse. Un empujón contra una pared y un bofetón fueron suficiente para bajarle los humos antes de volver al lugar por el que habían entrado. No pudo evitar que se le escapase una inquietante risotada cuando vio al hombre atar a su mujer a una silla, probablemente obedeciendo las órdenes de su compañera de profesión.

- Me encantan las reuniones familiares. –dijo tras un suspiro de falso encanto, agarrando al niño que caminaba por el cabello y arrastrándolo hasta la mesa sobre la que decidió sentarse a contemplar la escena, dejándole de pie a su lado y obligándole a contemplar la escena mientras el otro dormitaba sobre su clavícula y una de sus pequeñas y regordetas manos se aferraba a uno de los pliegues de tela de su uniforme. No le agradaba especialmente, pero sólo había que verles la cara a aquellos dos bastardos para que el suplicio que suponía tener a ese bicho cerca estuviera más que compensado. Miró a la de ojos acerados y le hizo un gesto con la cabeza. Si ella había tomado la iniciativa con los adultos, lo mejor era que también continuase.




FDR: Perdón perdón perdón perdón >.<. Te he hecho esperar un huevo
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Re: Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Corah el Lun Nov 16 2015, 19:48

Tenía que decir que era un gusto trabajar con el otro inquisidor, al menos hasta el momento. No le daba órdenes como otros machos, no criticaba negativamente sus métodos y se complementaban bastante bien. Ella era independiente, si no, no le hubiera importado tenerlo como compañero de trabajo indefinidamente. Pensó que así tendrían que ser las reuniones de la inquisición, sin esa necesidad de aplastarse unos a otros. Cuánto se ahorrarían y cuánta productividad lograrían de serlo.

El mensaje por la red del otro dragón llamó su atención… y despertó su curiosidad. Además con halago incluido. Estaba a punto de decirle a Hietzsan que debería de dar clases a otros machos de cómo comportarse con una hembra. Ladeó una sonrisa, pues aquello interesante seguro que iba a ser divertido.

“¿Me lo enseñas?”, le respondió por la red.

Mientras él dirigía sus pasos hacia su localización, posó su mirada verde jade sobre el pescadero. Repasó aquellos temblorosos y grandes dedos que manejaban una cuerda para atar a su esposa. La dragona rodó los ojos al ver que dejaba los nudos flojos. Con una de sus manos enguantadas, con el dorso, le pegó en la nuca al hombre. Un aviso con desprecio incluido y que casi sonó como un latigazo, sólo para que apretase más aquellas ataduras. El humano debió de captar aquella directa, por fin, porque se afanó en hacerlo.

Los pasos del otro inquisidor llamaron su atención, junto a algo más apagado, como si casi fuesen pies arrastrándose. Enarcó una ceja y miró con curiosidad. Iugh. Un bebé y otro niño. Llorones, cagones, meones, parásitos insoportables e inútiles. El recuerdo de Moira de pequeña casi le hace sentir arcadas. Ok, la maternidad no era para ella. No obstante, podía ver el beneficio de tener a aquellos pequeños engendros allí.

Se giró para comprobar los rostros de expresión desencajada de los padres. Pupilas dilatadas por el miedo. Ojos bien abiertos. Labios separados. Las caras congestionadas. Parecían a punto de soltar alguna lagrimilla y pedir que no les hiciesen daño a los pequeños. Oh, sí, le gustaba aquella reacción.

-Parece que se alegran de verlos –soltó sarcástica, sólo por hacer daño a los adultos. El gesto del otro dragón hizo que ella deslizase la yema de su pulgar enguantado por encima de su propio labio inferior, haciéndose la pensativa-. Y ahora que estamos todos reunidos… ¿qué tal si nos haces un favor a todos y empiezas a contar lo que sabes? –inquirió al pescadero.

“Si no habla, se me está ocurriendo una idea. ¿Qué te parece dejar que el hijo mayor se encargue de aplicar el castigo?”, le preguntó por la red al otro dragón. Pues no había nada más jugoso que quebrar el alma de quien más ellos querían. Ahora bien, le dejaba a él decidir qué hacer con su presa y cómo manipularla.

Rol Off: no pasa nada, cuando puedas^^






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Re: Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Hietszan el Dom Nov 29 2015, 20:31

No es que los niños no fuesen lo suyo. Había tenido la ocasión de ver crecer a sus hermanos pequeños, y aunque alguno había salido rana sabía que, llegado el momento, podría desempeñar la tarea sin demasiados problemas, haciéndolo mejor incluso que sus propios padres y sin que le supusiera un problema llevar a cabo todas esas tareas tan desagradables que eran menester realizar cuando una criatura de ese tamaño, vida y formas estuviese en sus manos… pero es que no soportaba a los humanos. Se notaba en la tensión que se acumulaba en su mandíbula, remarcando los límites hasta darle un aspecto agresivo; en la forma en la que miraba hacia abajo cuando aquel bicho se revolvía un poco para acomodarse sobre su uniforme de inquisidor o en la mano cerrada en puño contra aquellas diminutas piernecillas. Su única vía de desahogo era ver la expresión de miedo en los adultos o la dócil sumisión que el hijo mayor de la pareja mostraba ante el contacto que mantenía con el dragón; además, por supuesto, de ver a una mujer como Corah imponiéndose y haciendo que los anfitriones que tan amablemente les habían recibido en su humilde morada, se echasen a temblar.

Forzó una pequeña sonrisa, moviendo un poco el brazo izquierdo, el que aquella rata en miniatura le tenía inmovilizado, mientras chascaba la lengua en el cielo de la boca en tono consolador. Sabía por experiencia propia que si algo temía el populacho de la fuerza del orden que ellos representaban y que contaba con el total beneplácito de la Reina Madre, era la capacidad de usar algo ajenos a los propios acusados para hacerles daño y conseguir que hablasen. Por eso era que su acompañante se encargaba de los golpes mientras que él hacía su mejor esfuerzo por no dar rienda suelta a su odio y a su visceral amor por el dolor y mantenía a raya sus ganas de arrancar uno a uno los dedos de aquellos que se encontraban a su cargo. Miró a la humana, y luego al humano. Sonrió. Sabía qué estaban pensando. Sabía qué sentían. Sabía que culturalmente eran las hembras las que se encargaban de sacar a la progenie adelante y que por eso, para aquella pareja, ver que de los dos era él quien se encargaba de los pequeños, hacía que las pocas esperanzas que pudieran guardar ante la efímera posibilidad de que el instinto maternal les hiciera controlar su brutalidad, se extinguiesen.

>> Les pone nerviosos que yo tenga a los críos. Creo que preferirían que los cogiera una mujer.<< –Comentó con cierta sorna por la red, esbozando al tiempo una inquietante media sonrisa. Aquellas reacciones le parecían tan divertidas, tan especiales, que consideró conveniente que la rubia supiese, si es que no se había dado cuenta ya, que tenían esa ventaja inicial y que sería una buena baza a su favor aprovecharla. Soltó una carcajada cuando el comentario de ella resonó en su mente- >> Me encantan esas ideas tuyas, preciosa.<<

- ¿Quién no se alegraría de que la familia esté tan unida? –volvió a hablar en el plano físico, pasándose la lengua por los labios y moviendo la mano derecha para acariciar la cabeza del hijo mayor, mesando sus cabellos oscuros antes de deslizar la mano por su cara, acariciando su mejilla con el pulgar. Se agachó un poco para ponerse a su altura, acuclillándose frente a sus ojos- Eres un muchacho fuerte, ¿verdad? –comenzó a hablarle, obligándole a mirarle y ladeando un poco el rostro, alzando las cejas como si exigiese una respuesta. Asintió con rapidez- ¿Y a que quieres mucho a tu hermano? -La humana empezó a balbucear cosas dirigiendo miradas de pánico al hombre, que parecía simplemente petrificado ante aquella visión. Su diminuto interlocutor volvió a asentir, sorbiendo por la nariz y agachando la mirada para ocultar sus lágrimas- Vamos, vamos. No llores. Nosotros no somos los malos. Estamos aquí para protegerte. –hizo una pausa- Protegeros –se corrigió- A ti y a tu hermano.
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Re: Trabajo y diversión van de la mano (Hietszan)

Mensaje por Corah el Miér Dic 02 2015, 23:08

El comentario jocoso del otro inquisidor por la red le produjo sensaciones contradictorias. Por un lado, la diversión de la tortura psicológica a la que estaban exponiendo a los adultos. Por el otro, la idea de coger a los niños le causó… repugnancia. No era que el otro dragón le dijese que se hiciese cargo de los pequeños gusanos. Era la sola imaginación. También el recuerdo de Moira teniendo apenas un par de meses de vida. Tan débil, tan dependiente, tan inútil. Hasta el peculiar olor que desprendían los renacuajos humanos le asqueaba.

“Continúa con ellos entonces… mientras disfrutamos de su reacción”, ronroneó peligrosa en la red como respuesta, esbozando una sutil y malévola sonrisa. El agregado del dragón hizo que su ego aumentase más, si eso era posible. “Un placer dártelas”, devolvió por la red respecto a las ideas.

Le daba la impresión de que su compañero era más del estilo de tortura psicológica. El aquel caso, iba dirigida a los padres, utilizando a los niños. Sobre todo al mayor. Como si quisiera conectar con él. Se preguntó si el otro reptil era de los que se conseguían esclavos desde pequeños, amoldándolos, haciendo que estuviesen agradecidos, manipulándolos. Ella sí. Siempre había un margen de error, no obstante. Pero moldear a un niño solía dar buenos resultados.

“Los niños son capaces de detectar la mentira”, le apuntó en un suave ronroneo al otro inquisidor, como si quisiera avisarle si causaba un efecto contradictorio en el niño. Por el momento, sólo estaba actuando por terror a los dragones.

-Protegeros de las actividades de vuestro padre. Es un traidor. ¿Sabes lo que les pasa a los traidores? Una muerte muy lenta y dolorosa –siseó amenazante, mirando al hombre, la mujer y al niño mayor respectivamente. Una gran verdad. Volvió sus irises verde jade al pescadero, clavando su mirada implacablemente en él-. ¿Por qué el carro llega medio vacío desde el puerto hasta el mercado?

-Yo… no lo sé… De verdad. Tenéis que creerme. No les hagáis daño, esto es conmigo. Por favor –la dragona chasqueó la lengua de fastidio por el ruego del humano. Le soltó un puñetazo a la altura del estómago.

-Respuesta incorrecta –le marcó ella. Vio un cuchillo en la mesa y lo agarró. Rodeó el cuerpo de la mujer maniatada a la silla y puso la hoja sobre una de las mejillas-. Empieza a hablar –le avisó.

-Yo sólo vendo lo que… ¡no!

La dragona le hizo un corte en la cara a la humana, ladeando una sonrisa malévola. El frío metal se tiñó con la viscosa y cálida sangre.

-¿Sabes lo que creo? Que puedo acusarte de terrorismo. Y no sólo a ti. A tu querida mujer. Y decir que hay que exterminar la semilla del terrorismo en tus hijos. Ejecutaros a todos –se marcó un farol la inquisidora.

-¡No! No les hagas daño. Hice un trato. Nada ofensivo. Sólo era para ganar un poco más de dinero. Con los problemas que está habiendo, lo necesitaba para mi familia –empezó a decir él en cuanto la inquisidora comenzó a jugar con la punta del cuchillo dándole vueltas contra la piel de su mujer.






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