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Mal menor, putada mayor (Trystan)

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Mal menor, putada mayor (Trystan)

Mensaje por Derek el Jue Sep 03 2015, 02:08

Fui andando con Trystan bajo un brazo, y Daval bajo el otro. Y digo andado en sentido completamente figurado, porque a cada dos por tres me tropezaba o me mareaba, síntoma natural postlinchamiento. Digo yo... En algún punto no muy concreto del camino, conseguí convencer a Daval para que me dejara sólo con Trystan y que me llevara él mismo a las celdas. ¿Qué iba a hacer? ¿Escapar? ¿En mi estado? Ni con una sobredosis de espinacas Popeyeras, shurmano. Además, siendo honestos, me iba haciendo falta un médico. A mis heridas aún a medio sanar del día en el volcán no les había sentado demasiado bien la ración de ostias marca paliza skin. Así que le encomendé la importante misión de buscarme algún matasanos que no se muriera del asco al tener que tratar las heridas de un traidor, mientras terminaba el trayecto junto a Trystan.

No abrí la bocaza, más que para quejarme del dolor esporádicamente, y no crucé deliberadamente ninguna mirada con él. No podía, sencillamente, mirarle a los ojos después de haber confesado mi traición. De todas formas, ¿qué iba a decir? ¿Que podía decir, después de todo? Desde luego no un "lo siento, no volverá a ocurrir". No iba a colar. Y tampoco arreglaba nada. Así que, lo dicho: mutis por el foro.
Al llegar a la zona de las celdas, cruzándonos con varios curiosos que se nos quedaron mirando intercambiando cuchicheos, y a los que no les dediqué demasiada atención; nos recibió un tipo... Seh, ¿adivináis quien?

- ¿Te acuerdas de mi, Derek? - Sí... el inepto gilipollas al que dejé encerrado el día que conocí a Brownie... Se me acercó con una sonrisilla malévola.
- Agh... no me jodas... - Dios, ¿por qué me odias tanto macho?
- Sí... te jodo, y te pienso joder de aquí en adelante. - me aseguró en voz baja cuando se aproximó a mi persona. Qué bien... compañía simpática en prisión, claro que sí, lo que me hacía falta. Dios, digo yo, si tanto te mola torturarme, ¿por qué no me tiras un puto rayo a la cabeza ya y rematas la faena, eh? - Avísame cuando termines, Trystan. No pienso quitarle los ojos de encima a este perro chatarrero. - le aseguró a Don Líder, dejándole las llaves, y demostrando toda la simpatía que yo no iba a tener oportunidad de ver.
- Gracias simpático... yo también me alegro de verte. - mascullé en cuanto el hijo de santa fruta se alejó por el pasillo de las celdas.  - Puto... gilipollas... ¡nhg! - Me mordí el labio cuando me recorrió el dolor que ahora martirizaba mis pobres costillas.

Observé con gesto amargo la oscuridad de la celda delante de mi. Hubiera suspirado, pero entonces me hubiera hecho mucho daño. Así que decidí que mejor pasar aquel momento de tensión cuanto antes. Me deshice de la sujección de Trystan de un modo no muy elegante, y avancé yo mismo usando una mano para apoyarme en la pared y en la pesada puerta de acero. Antes de dejar que me envolviera la oscuridad de la celda, me quedé estático, y miré por encima de hombro al hombre que se mantenía quieto y silencioso a mi espalda. El mismo que se había convertido en mi mejor amigo casi sin quererlo, como tantos otros en la base. Y al cual ahora mismo no sabía muy bien ni como dirigirme. Tragué saliva, y me supo a sangre. - ... ¿no vas a... mandarme ni siquiera a tomar por culo? - pregunté finalmente, con la voz más baja de lo que me hubiera gustado en realidad.




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Re: Mal menor, putada mayor (Trystan)

Mensaje por Trystan el Jue Sep 03 2015, 16:06

Mantenía el paso firme, pero dejaba que el notas de Derek fuese el que marcara mi ritmo de manera inconsciente. De buena gana -y del cabreo que tenía- me habría plantado en las malditas celdas de dos zancadas, sin tener en cuenta los dolores que sufría, fruto del apaleamiento que le habían propinado. Apreté la mandíbula ante esa sensación disgregada: sentirse traicionado y, al mismo tiempo, saber que había sido una de las personas en las que más confiabas. Divertido, ¿eh?

Mi enfado no se fundamentaba en su traición. En mayor parte, al menos. Por lo que, conforme nos alejamos del lugar del altercado y el hecho de no mantener conversación alguna con mis acompañantes, fueron motivos meritorios para que me tranquilizara. Pero no lo suficiente, al parecer. Esa decepción, esa amargura que llegaba a rumiar, haciendo que hasta la saliva que tragase me supiese agria, me hacía mirar de soslayo al chatarrero con los dientes apretados.

Daval nos acompañó hasta cierto punto, antes de que el chatarrero lo convenciera para buscar algún sanador. Chico inteligente. Aunque no supe si era para tener la privacidad suficiente para hablar conmigo, que lo basurease o, simplemente, porque debía de estar doliéndole horrores. Puede que un poco de las tres.

Nos quedamos solos en lo que quedaba de camino hasta las celdas. Cierto deje preocupado se atisbaba en mi mirada por cada queja de Derek. Aquel muchacho no era de los que tendían a exagerar en cuanto a heridas se refería, por lo que, al menos, esos gimoteos de dolor eran sinceros. Al llegar, nos encontramos con otro compañero que, al parecer, ya conocía al chatarrero. Enarqué levemente una ceja por su conversación, pero opté por no decir nada.

Estiré la mano, con la palma hacia arriba, en una orden silenciosa para que me diera las llaves. Pero, cómo no, también tenía que hacer su comentario-. No ocurrirá tal cosa. -sentencié con contundencia, antes de mirar al listillo de turno con una intensidad hasta amedrentadora en mis azules. Si replicaba me daba exactamente igual ya. No estaba de humor para más quejas en ese momento. De hecho, si había algo que me hiciese apretar los puños hasta dejarlos blancos eran todas esas acusaciones falsas a mi persona, sin fundamento. O, ¿quizás sí? Tantas ganas me daban a veces de mandar todo aquello a la mierda... yo me quitaría infinidad de quebraderos de cabeza y me evitaría movimientos tan viles y puñaladas traperas de aquellos a los que defendía y por los que luchaba. Y, sin embargo, ahí seguía, dejando que me traicionaran, que me criticaran y pidieran unas explicaciones que ellos mismos ya conocían, pues no movía un puñetero dedo sin consenso. Era ridículo... o yo muy estúpido-. Lárgate. -añadí en el mismo tono y con la misma fuerza, sin levantar la voz, al que supuestamente se encargaría de la supervisión del chatarrero en aquel lugar.

Frente a la celda, ya, lo vi titubear. Con un movimiento brusco, se deshizo de mi agarre para entrar en el habitáculo torpemente. Yo cedí. Ninguno de los dos lo estaba pasando precisamente bien. Agaché la mirada, sopesando cómo empezar a hablar, o encauzar mínimamente la conversación. Pero él me lo dejó en bandeja con esa pregunta hecha susurro-. ¿Serviría de algo? -contesté, con un vestigio de la contundencia que había usado con el otro terrorista. Pero no dejé que llegase a contestar-. No. Voy a hacer algo mejor... -acabé empujando con suavidad al muchacho. Casi me dolió aquel contacto de mi palma en su espalda, justo entre sus hombros, al indicarle que entrara en la celda un poco más, sutilmente. De esa manera yo también alcancé a entrar, cerrando la puerta tras mía. Me dispuse a controlar mi tono, que no fuera más que un murmullo, a pesar de esas ganas que impulsaban a plasmar mi voz en un tono para nada discreto-. Te voy a dar la maldita oportunidad de que me expliques por qué. -espiré sonoramente por la nariz antes de añadir:- Te dije que iría por ti... -musité, en recriminación que ni siquiera sonó como tal. Fue más como un murmullo de una idea tremendamente frustrada. Como un niño pequeño reprendiendo a su amigo por algo que había hecho mal o en contra suya, demasiado dolido para gritarle, pegarle o, siquiera reprocharle. Cerré los ojos, pinzándome el puente de la nariz con dos dedos, en un intento hercúleo por entender sus motivos. A mi mente vino aquellos aciagos días en los que fui prisionero y torturado, así que, podía sentirse comprendido en ese sentido. Relajé el gesto, mi mano cayó y mis ojos se fijaron en la figura que se encontraba delante de mí-. Joder, Derek... unas horas... ¡Unas horas y nos habríamos ahorrado todo esto! -él no tendría costillas rotas, y vete tú a saber qué más... y yo no tendría esa presión en el pecho... ya tan conocida amiga mía en los últimos meses.




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Re: Mal menor, putada mayor (Trystan)

Mensaje por Derek el Miér Sep 16 2015, 20:02

Hubiera preferido la bronca. Hubiera preferido los gritos. Joder, sí, hubiera servido para evitarme aquel mal trago... ¿¿por qué no se enfadaba conmigo, por qué no chillaba hasta quedarse afónico?? Tenía razones más que de sobra para ello, y ahí estaba, como siempre, tragándose el orgullo y el genio intentando ser comprensivo. ¡No, joderostiaputa! ¡¡NO!! ¡No me merecía su comprensión, ni siquiera tenía que pedirme explicaciones! Merecía que me diera de hostias, igual que los demás, que me insultara y me despreciara por traicionarle... por romper mi promesa, como bien mencionaba en ese momento.
Pero claro, Trystan y yo nos habíamos diferenciado mucho en cuanto a asertividad y diplomacia (Trystan=100, Derek=0). Y eso fue lo que hizo: mantener la calma, mostrarse herido, pero no enfadado. "No hagas eso, cabrón... mierda...", mascullé interiormente, porque así sólo me hacía sentir peor, y más culpable. Como si no me pesara la carga de conciencia que aquellas muertes en el volcán eran ya de por sí.

Aunque mantenía mi mano derecha sobre el costillar herido, la izquierda, vendada y mutilada, se cerró en un doloroso puño, haciendo crujir las vendas que aún la cubrían. Éstas se tensaron, como se tensaron los músculos de mi mandíbula a medida que apretaba los dientes. Definitivamente, yo no era como Trystan, no. Yo era una puta bomba emocional que se había mantenido reprimida demasiado tiempo, que había soportado muchas cosas en muy poco. Y ya no podía más. No podía mas.
Por eso la última frase de mi líder y amigo, o ex-amigo, o lo que fuera en ese momento, ahí encerrado conmigo en la celda como si nada malo fuera pasar; pulsó el puto detonador.
BOOM.

- ... ¿unas horas? ¿¿Unas horas?? - me giré, con el ceño fruncido y la mirada entre desquiciada y herida, dedicándole una expresión que seguramente no había visto, y con suerte no volvería a ver, nunca jamás en la vida. Al menos no en mi persona. - ¡Si me hubiera quedado ahí unas horas, tal vez no hubiera habido nada que rescatar Trystan! - Acorté la distancia que había puesto entre nosotros de una zancada, llevándome la mano izquierda a la boca para tirar de la venda con los dientes y desatar los nudos, mostrándole en primera plana, casi rozándole la cara, la visión de mis uñas arrancadas y destrozadas, de mis dedos pelados y marcados por las cicatrices, y de la dolorosa amputación que todavía no había logrado sanar por completo, mostrándose enrojecida e hinchada. - ¿¿Ves esto?? ¡¡Sería lo último que me hubiera importado perder, después de que esa loca me hubiera cortado los brazos y las piernas con tal de obligarme a hablar!! - Le aseguré, haciendo un aspaviento con dicha mano, ignorando el dolor de mi cuerpo, ya que en ese momento me percaté de que me dolía algo mucho más profundo que eso. Me dolía... ver los ojos de Trystan. Me dolía tener que justificarme. Me dolía tener que... soltar toda la mierda que había estado guardando durante semanas. - ¡Oh, sí, claaaaro! ¡Habría sido un puto héroe y todos estarían contentos de que no hubiera dicho nada, y me felicitarían a la cara mientras por la espalda se compadecen del pobre despojo con muñones que hubiera quedado de mi! ¿Y entonces, qué, Trystan? ¿QUÉ? - Sin pensarlo, le agarré con un gruñido rabioso por los hombros, zarandeándole con violencia, sintiendo que se me enrojecía el rostro y que me ardían los ojos por la rabia, la frustración y la impotencia. - ¿Me tocaría vivir el resto de mi vida postrado en una cama, incapaz de hacer nada por mi mismo? ¿Me convertiría en una carga para la Resistencia de la que no os podríais deshacer? - La mera idea se me atragantó en la garganta, y me hizo bajar la cara, dejando que las lágrimas brotaran de mis ojos grises hinchados, y que escocieran en las heridas y los cortes de mi rostro a medida que su paso las alcanzaba. Era tan patético... maldita sea, qué... qué asco... - ... ¿Y si en vez de aceptar eso, me hubiera negado, y esa rubia de bote esquizofrénica me hubiera hecho algo peor, Trystan...? ¿Y si... y si no hubiera sido capaz de soportarlo? ¿Si hubiera revelado el secreto de la pólvora... qué crees que habría pasado? - ... Probablemente que me hubieran secuestrado y hecho cosas terribles para revelarles la fórmula, o para obligarme a completarla del todo, y crear terribles armas para ellos. Armas que no sólo hubieran escupido fuego o gas, armas que podrían haber significado el segundo fin de la humanidad...¿me hubiera tocado vivir con es también? ¿Me hubieran dejado terminar con mi vida antes de eso? No, lo dudaba... ese par de sabandijas retorcidas no me hubieran permitido ni el lujo del suicidio, no... No quería ni pensar en lo que hubiera podido pasar. Sólo podía pensar en que, de todos los males posibles, había elegido el que había considerado menor. Había optado por una opción egoísta, por pura supervivencia, incapaz de afrontar las consecuencias de las demás alternativas... Había salvado mi propio pellejo, a costa de las vidas de mi propia familia. Y aquello me destrozaba más que cualquier paliza. - ... ¿Qué... otra opción tenía, Trystan? - Musité, con la voz congestionada, mis hombros convulsionándose patéticamente por el llanto mudo que me estaba derrumbando, y las manos aflojando la tensión sobre él. Casi pude sentir mi dedo fantasma arañando su ropa, como todos los demás, a pesar de saber que no estaba ahí.




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Re: Mal menor, putada mayor (Trystan)

Mensaje por Trystan el Sáb Sep 19 2015, 19:21

Y ahí estaba...

Casi pude adivinar que iba a reaccionar así. Casi. Porque lo que me transmitió el gesto que adornó su rostro al volverse hacia mí, fue, aparte de indescriptible, inesperado. Más que tentado estuve de contestarle. De remarcar ese tal vez al que yo me aferraba... cuando él no lo hizo. ¿Por miedo? Quizás. Sabía perfectamente por lo que había pasado. Joder que si lo sabía. Tres malditas cicatrices daban fe de que yo también había pasado por algo así... siendo caudillo de los rebeldes y torturado para dar una información por la que casi pierdo la vida. ¡La vida! ¿Qué coño era un jodido dedo frente a perderlo todo?-. Claro que sí, campeón... porque tus extremidades o dedos son mucho más importantes que la vida de los tuyos, ¿uh? -no le importó chivarse, porque si él no hubiera abierto la boca minutos antes en el comedor, los propios terroristas se me habrían echado al cuello. Él había sido el culpable de que varios de los nuestros murieran en las montañas, de que se empezaran a cuestionar mi capacidad para liderar, pero, francamente, esto último me daba exactamente igual. Porque, después de todo, el chatarrero también era el culpable de una traición que me pesaba demasiado a mí-. No creo que debiera recordártelo más de lo que tú lo tienes presente ya. -sufría. Lo estaba viendo. Sus ojos eran claros espejos de todo ese... ¿arrepentimiento? De esa incertidumbre o incluso, rabia, por no haber encontrado la mejor manera de actuar. ¿La mejor? A lo mejor, tan sólo quiso evitar un mal mayor. Pero, por mi parte, o por muy comprensivo que alcanzara a ser, esa puñalada trapera a mi confianza había sido demasiado. Una sonrisa burlona y para nada sentida apareció en mi cara cuando él me zarandeó-. Tendré que agradecerte que no dijeras nada de lo que tú mismo te encargaste de re-descubrir. -era ridículo, dadas las circunstancias, pero cierto. No obstante, mis palabras se vieron impregnadas de amargo sarcasmo-. ¿Más héroe que yo cuando sabía que iba a morir hablase o no? A mí no me dieron esa salvadora opción de traicionar a los míos. Pues si decía quien era estaba muerto. -no obstante aguanté durante días y tuve la suerte de que Rainreth y Lunae me salvaran. La misma suerte que aquel muchacho habría tenido de haber soportado dolor un poco más-. Pero claro, tú eres uno más. -después de todo, el líder era yo únicamente-. Supongo que no entiendas lo que es estar a cargo de tanta gente y que todo el mundo te eche la culpa de cualquier cosa que no vaya bien. No hay héroes en esta realidad, sólo cabezas de turco. -quise derivar el tema, haciéndole ver que no podía apoyarse en algo así para justificarse. Cosa que ya no importaba.

Entrecerré la mirada, llegando a negar ligeramente, un par de veces cuando tantos y si salieron de su boca. ¿En serio iba a debatirme, a explicarme sus razones, con situaciones hipotéticas?-. ¿De qué sirven tantas preguntas ahora? ¿Fueron esas justamente las que pensaste para abrir la boca? Porque francamente creo que lo enfocaste desde la peor perspectiva. -mis azules centellearon con ira contenida. Porque si esperaba que le cruzase la cara como lo habían hecho todos los demás... le iba a decepcionar tremendamente-. Lo que me lleva a pensar lo poco que me conoces si pensaste que yo me daría por vencido contigo con todo lo que significabas para mí. O que no me plantearía el ir a buscarte, cuando fue algo que en su día te aseguré. Sólo a ti. -añadí, llegando a apretar ligeramente los dientes al final de la frase-. ¡Perdóname por tener la convicción de que no me habría dado por vencido contigo por mucho que te hubiesen hecho, Derek! -acabé espetándole, tan dolido como lo podía estar él, pero sin dejar que mi tono rozase la histeria. ¿Quería que me perdonara? En realidad, no. Porque así era yo. Y no iba a pedir perdón por ello. Fue por lo mismo, por lo que aquella disculpa sonó irónica.

Su última pregunta apuñaló mi entereza, dejando que un halo acuoso bordeara mi visión. No obstante, no me moví, por mucho que quisiera hacerlo. Joder, ¿por qué? ¿Por qué tenía que ser todo tan complicado? Sentí resbalar su agarre, conforme el llanto castigaba más aquella figura que tenía delante mío-. Sólo tenías la jodida misión de aguantar cuanto pudieras... unas pocas horas. Dos... Tres como mucho. -mi voz sonó ahogada, llevándome a tragar saliva, pues lo que había empezado a decir no me gustaba lo más mínimo-. Fuiste tú el que decidió ceder antes... No te tenía por un héroe tampoco... -mentira. Esa despierta cabecita se había ganado mi admiración y mi total y sana envidia, por ser capaz de inventar, investigar y construir cosas con las que yo ni alcanzaba a soñar- pero ahora, por tu cobardía, yo tengo que actuar en consecuencia. -apreté la mandíbula, los labios, con el ceño fruncido, sin dejar de mirarlo. Me rompía por dentro todo aquello. Pues antes que líder, había sido su amigo. Le debía tanto como él a mí y aquella jodida despedida forzada me estaba costando demasiado mientras mantenía el rostro impertérrito, fingiendo una frialdad que nunca había tenido. Finalmente, exhalé fuertemente por la nariz, con una decisión obvia tomada. Me separé despacio, ahogando esos impulsos por ayudarle, por volver a ser su apoyo, su amigo... como si nada hubiera pasado. Pero no podía ser.

Me acerqué a la puerta, que abrí con lentitud. No porque fuese ésta la que pesara, precisamente, mantuve la mano en el canto y me giré ligeramente hacia él. Bajé la mirada, incapaz de mirarlo, pues la tentación de retractarme como líder y ser simplemente Trystan era aún demasiado grande. De hecho, ya lo era, en aquella parte que concernía a la traición que él había cometido-. No te quiero en la base, Derek. Tienes esas mismas horas para largarte de aquí en cuanto el curandero que te mande haya terminado contigo.




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Re: Mal menor, putada mayor (Trystan)

Mensaje por Derek el Jue Sep 24 2015, 22:14



Me hubiera gustado responder que no, joder, ¡claro que un puto dedo no era nada comparado a mis camaradas! Pero, pffff... ¿para qué? Estaba claro que Trystan no iba a darme la razón, vamos, ni siquiera yo buscaba que me la diera. Por muchas explicaciones que diera, no había nada de lo que convencerle. Había hecho lo que había hecho. Chimpún, no había más que decir. Sólo pude negar con la cabeza, cuando él mencionó que su situación cuando le cogieron había sido peor, y mucho más arriesgada. - Ojalá mis torturadores hubieran sido tan soberanamente chapuzas como para darme sólo la certeza de la muerte, Trystan. Te lo digo en serio... - Agregué. No había sido el miedo a la muerte lo que me había hecho hablar, ¿recordáis? Claro que sí, estábais allí riéndoos como hienas mientras yo sufría, cabrones... Lo que me había hecho hablar era la alternativa, el saber que había una forma de salir de aquello, a parte de la muerte. Eso fue lo que me hizo flaquear, el puto instinto de supervivencia, aferrándose al clavo más ardiente, con tal de ver el sol un día más. - No soy ningún héroe. Nunca lo he sido. Nunca lo seré. - Repetí por enegésima vez en mi vida. Soltando finalmente los hombros de Trystan y dando un paso atrás, y contagiándome de ese oscuro sarcasmo con el que él me había estado respondiendo. - Soy un capullo antisocial cobarde y egoísta; y me moriré siendo un capullo antisocial cobarde y egoísta. - Me hubiera gustado decir que sentí... algo... al pronunciar aquella frase. Algo, no sé... en el mal sentido, en plan de "soy un mierda y lo sé, no sirvo para nada, joder qué mal me siento", pero... no. No sentí absolutamente nada. - Por eso no sé lo que es ser el líder de nada, ni quiero saberlo. Porque tengo claro que no es lo mío, y por ende no lo elijo.

Hay gente que está hecha para mandar, y gente que no. Trystan sí estaba hecho de ese material capaz de soportarlo todo, pero yo no. Ni por asomo. Y no penséis que me sentía mal en ese sentido. Lo único que lamentaba era que tanta gente hubiera tenido que pagar por haber querido ser algo que no soy. Jugar a ser el héroe no había sido muy inteligente. Y ahora tenía que afrontar las consecuencias.
Alcé la mirada, gris y enrojecida por unas lágrimas que ya no podía seguir conteniendo, y que habían trazado su camino a través de la suciedad y la sangre que cubría mi rostro. Dolían como el demonio, y no porque me escocieran al pasar por las heridas. Sino porque... bueno, porque sencillamente no mola percibir ese desprecio y esa decepción vibrando en cada jodida palabra de tu único mejor amigo que has tenido en tu vida. No supe muy bien qué decirle al principio, mientras me restregaba por la cara que él había creído en mi, mientras yo me había rendido como un miserable. Estuve muy a punto de soltarle que, si de verdad había pensado eso, es que no me conocía de nada. Pero en vez de eso, tras sus últimas palabras, no pude evitar bajar la cabeza y llevarme una mano al entrecejo, riéndome. Si, riéndome. De esta risa que suena a "me río por no llorar ya", ¿sabéis cómo os digo, no? Pues así.


- Unas... ¿horas? - Negué con la cabeza, no sin cierto pesar, y borrando la estúpida sonrisa de mi rostro. - Tres días, Trystan... estuve allí TRES. PUTOS. DÍAS. Por SALVARTE A TI. Por salvar a Nyssa, a Kyrieth y a Alaric. ¿¿Te acuerdas de eso?? Ah, no, claro, es que soy un traidor de mierda, claro, eso ya no cuenta. Es verdad, perdona, se me había olvidado. - Soné dolido, lo sé. Con la voz congestionada, lo sé. Y sé... que a Trystan en ese momento, le importaba un carajo. Y hacía bien en que así fuera. Porque seguramente se sentía demasiado traicionado como para pensar en ello, y no le culpaba. No, no le culpaba por eso. No... sólo había una cosa de la cual pudiera culparle. - Durante tres días estuve intentando autoconvencerme de que vendrías a por mi, de que cumplirías tu jodida promesa, de que no me dejarías morir allí, ¿pero sabes qué? - Sólo podía culparle de una cosa: - Llegaste tarde. Deal with it.


No aparté la mirada de su expresión, como él tampoco lo hizo de la mía. Decía que se iba a responsabilizar. ¿De verdad? Y si era así, ¿por qué se apartaba de mi lado? ¿Por qué me abría la maldita puerta, invitándome a marcharme? Si realmente quisiera hacerse cargo como Dios manda, él mismo debería saber que lo más correcto, lo más lógico,  y eso no era dejar que me fuera tan campante. Y menos aún después de todo lo que acababa de soltar. Suspiré, dejando caer los hombros, y pasándome la mano por la cara llena de lagrimones. - ... Los demás exigen mi cabeza, y lo sabes. Puede que te arrepientas de dejarme marchar. Con las cosas que sé, es peligroso que me vuelvan a capturar, y ahora soy otra... ¿como has dicho? Ah, sí: "cabeza de turco". - Casi lo escupí, no literalmente claro. Creo que era bastante evidente que ahora mi cabeza también saldría en los carteles de "se busca", y que el riesgo de que me volvieran a atrapar era demasiado grande. Teniendo en cuenta cómo me había ido en el último interrogatorio, puessssss... sumad dos y dos. Si los demás se enteraban de que me había dejado marchar, le lincharían a él. Matarme, o dejar que me mataran los otros,
No obstante, en ese momento tuve la absoluta certeza de que, eso, Trystan ya lo sabía. Y aún así, me permitía marcharme. Es más, me estaba echando. Y supuse el por qué, aunque no lo entendiera. Y precisamente por ello, no desaproveché esa oportunidad.

"Soy un capullo cobarde y antisocial", me dije a mí mismo mientras empezaba a avanzar, lentamente, paso a paso hacia aquella salida. Y una vez más, viendo delante de mi la única opción de salir vivo y de una pieza de todo aquello, opté por la opción de la supervivencia. La lógica. La evidente. Aunque significara perderlo todo, y tener que marcharme sin mirar atrás. Aunque... significara un dolor que, en esos momentos todavía ni me imaginaba.
Pasé por el lado de Trystan sin cruzar una mirada con el pelirrojo. Sin siquiera dedicarle una palabra - No se preocupe, Señor-Don-Líder-de-la-Resistencia. Me largaré de aquí en lo que tarde en recoger mis cosas, se lamerme las heridas yo solo. - Y dicho esto, le di un empellón con el hombro al pasar, no sé si a propósito, o porque tampoco había tanto hueco para salir. Sé que me detuve un momento en medio del pasillo, para dedicarle una última mirada amarga, rabiosa y triste al mismo tiempo.





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Re: Mal menor, putada mayor (Trystan)

Mensaje por Trystan el Lun Sep 28 2015, 22:59



...

Jamás pensé que una situación así, entre aquel chatarrero y yo, pudiera llegar a darse. Es más, su amistad había sido una sorpresa inesperada, pura consecuencia de ser nombrado líder. Había aprendido bastantes cosas de -y con- él en aquel año escaso en el que habíamos compartido tiempo. Derek había aprendido de mí, tanto como yo de él, pese a nuestras diferentes psiques. Por mi parte, pese a su retraída e impulsiva personalidad, lo admiraba. Poseía tanta inteligencia como dificultad para encajar con los demás. No era fácil encontrar a una persona así. Mucho menos que pretendiera ayudarte... claro que, nunca concebí a aquel muchacho con una mentalidad tan voluble.

Después de todo, el ser egoísta, no era algo tan extraño.
No obstante, ¿podía decir que como líder, también me había ganado su traición?
Un pensamiento demasiado retorcido.

En un impulso nervioso, rozaba los laterales de mis dedos entre sí, conforme el muchacho, adolorido, dolido y abatido subía el tono, de crítica, recriminando en sus explicaciones. Sacudí la cabeza lentamente, sin sentirme realmente capaz de repeler o mismamente soportar ese ataque gratuito... todo por algo que no había llegado a conseguir-. Tú eres muchas cosas, pero no una cabeza de turco... No me refería  a ti. -había tantas cosas a las que replicarle, que no supe por cuál empezar. Es más, llegué a la rápida conclusión de que no tenía sentido. Ya no.

De repente, la celda se había cargado de tensión. Con un estallido inminente e ineludible, pese a esa conversación repleta de tirantez, salpicada de cierta sorna y reproche momentáneo.

Llegaba... quedaba poco.

Una bomba de relojería que explosionaría en aquel habitáculo repleto de humedad, de marcas y de desesperación inherente en esos lúgubres rincones que habían visto demasiado sufrimiento en tantos años.

Ya viene...

Sí, llegué tarde. O mejor dicho, no llegué. Que me quemaran por ello. ¿De qué me había servido todas esas horas de planificación, de broncas con Alaric para tranquilizarlo o indagaciones y especulaciones para sacar su pálido culo de aquel zulo de tortura? De nada. Porque había llegado tarde y aquello era buen motivo de reproche. Uno contundente. ¿No era genial? Me llevaban los demonios por momentos, pues seguramente otro, habría pasado de él. Pero claro, si no había llegado, mi puto esfuerzo y no haber hecho nada, eran la misma cosa.

Esto parecía el circo de las malas interpretaciones. Porque no podía estarse calladito y aceptar que por su traición no podía quedarse. No. Tenía que reprochar y replicarme todo cuanto dije. Dios. Soporté su empellón, cuando cualquier otro habría perdido la paciencia allí mismo, para cruzarle la cara en más de una ocasión, con pocos segundos de margen entre una hostia y otra. Pero yo era un estúpido blandengue que aún prefería su bienestar al mío...

O tal vez no.

Aquella mirada. Aquella puta mirada suya terminó por encender la chispa. La presión necesaria para poner en marcha el detonador. Y fue entonces cuando aquella bomba interior explotó. Mi cuerpo se encendió de súbito un par de grados, con la sangre hirviéndome como lava recién escupida de un volcán. Mis ojos, inyectados en esa sangre abrasadora, se volvieron amedrentadores con mis pupilas dilatadas por la rabia. Mis puños blancos de la presión no se aflojaron lo más mínimo, pero mis pies se acabaron disparando en dos zancadas para cubrir la distancia que nos separaba una última vez. Mi mano, se deslizó de forma brusca hasta la solapa de la ropa de Derek, para volverlo hacia mí, mientras que mi otro antebrazo se colocó en su cuello, empujándolo contra la pared que tenía a su espalda. Si a él no le había importado una puta mierda soltar tanto veneno contra mí, menos me iba a importar ahora hacerle daño-. ¿TÚ ERES IMBÉCIL O QUÉ COÑO TE PASA? ¡No te he dado permiso para salir de la celda mientras el puto sanador no te viera! -presioné, con la adrenalina a flor de piel, pero sin llegar a ahogarlo. Hasta ahora, me habían faltado las ganas de querer lastimar. Pero entonces, con los dientes queriendo partirse entre sí, dudé terriblemente de ello.

- Inconsciente genio. Si ahora te ven caminar por los pasillos como si nada, moriremos los dos. -pero, a ti eso te da igual, ¿no? Ya me has traicionado una jodida vez, ¿qué más te da lo que me pase después? ¿O a ti? Mis dientes se mantenían apretados así como mi labio superior se levantaba intermitentemente, conforme hablaba-. ¿Quieres saber mis motivos? ¿No? ¡Perfecto! Pienso dártelos igualmente. -quería hablar atropelladamente, pero adrede. Sin darle ocasión alguna a que siguiera hablando. ¿Porque yo debía de tener la última palabra? Puede. Aún como líder podía tomarme esa libertad-. Quiero que te largues. Sí, porque prefiero darte la puta oportunidad de salvar tu pellejo como yo no podré hacer con el mío, Derek. -ya me daba igual si lo veía desde la misma perspectiva que yo o no. ¿Prefería estar muerto? Bien, cosa suya. Porque en eso yo no pensaba ayudarle. ¿Prefería hablar todavía más? ¿Qué le iba a hacer? Supongo que ambos éramos más débiles de lo que creíamos.

Pero antes de que yo -sí, yo- me largara de allí, había algo en lo que quería detenerme, mencionando mi punto de vista. Uno que seguramente se perdería en la inmensidad de aquellos apestosos túneles, que cambiaban mi humor cada vez de forma más frecuente-. Si estuviste tres jodidos días, ¿qué coño te importaba esperar un par de horas más? Te dije... no... ¡TE PROMETÍ QUE IRÍA A POR TI! Sabes que odio hacer promesas porque nadie las cumple, joder. -mis ojos brillaban de rabia, y mi boca por más palabras que articulara, sólo escupía veneno. El mismo que sus palabras habían introducido en mi organismo con sus contundentes y fugaces mordiscos.

Para, Trys. ¿De qué demonios servía reprochar ya más? ¿Hm? Él tenía su versión a la que aferrarse. Y yo la mía. Y de mala hostia ninguno íbamos a ceder.

Lamentablemente, también era tarde para eso.

Así que,  de un empujón, sin llegar a importarme de primeras cómo cayera, lo empujé de vuelta a la celda, para poder cerrar la puerta con un tirón con un estruendo cuyo eco sonaría seguramente en las calles de Talos-. ... Tendrá orden de escoltarte hasta la salida. No tardará. -un murmullo controlado, lacónico, que me hacía respirar sonoramente, mientras me giraba parcialmente y me largaba de allí.

Porque, de quedarme, seguramente, llegaría a más que palabras con él. Y no quería. A él no.




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Trystan
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Re: Mal menor, putada mayor (Trystan)

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