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Once lost, now found (Priv. Elia)

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Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Thareon el Vie Ago 07 2015, 18:54

El interior de la tienda de Lyvana estaba hecho pedazos. La luz de la noche colándose por las ventanas, además, no ayudaba precisamente a que aquel lugar tuviera precisamente un aspecto hogareño. Sin duda, los de la Inquisición se habían afanado por requisar cualquier cosa de valor que encontraran. Poco quedaba, después de más de seis meses, en el interior de las paredes entre las cuales solía vivir la joven herbolaria albina. Las plantas marchitas estaban resecas, el olor a hierbas había sido sustituido por el del polvo y el aire cerrado; los muebles estaban destrozados, volcados. Los tarros de cristal rotos, su contenido esparcido por los suelos sin orden ni consenso, así como la gran mayoría de los enseres de la casa.
En cuanto la puerta chirrió, y Thareon visualizó el interior como lo recordaba, no pudo evitar recordar la ocasión en la que había ido hasta allí, desangrándose, y en la que la pobre humana le había salvado la vida.
Una sensación agria se apoderó de él, pues no pudo evitar pensar que la pobre muchacha ya había sufrido suficiente, y había sacado el suficiente coraje como para llegar hasta donde lo que había llegado. Ahora, era libre. Y tenía la oportunidad de una vida tranquila, plena y alejada de todo el sufrimiento y el dolor que él había traído a su vida. Y pretendía que siguiera siendo así tanto como le fuera posible.

El dragón azul se quitó la capa oscura que envolvía su figura, lejos de las miradas indeseadas y del reconocimiento, completamente aislado de la red dracónica. Un desconocido más en aquel mar en el que tan inmerso había estado en el pasado, y que ahora se le antojaba realmente extraño. La ciudad, la gente, los suyos, los recuerdos, todo...
Empezó a rebuscar por la casa, entre los restos, por los cajones, los armarios... claramente por algo bastante concreto. Algo que había traído consigo aquella vez en la que Lyvana había logrado curarle, previamente a una de las situaciones más absurdas y surrealistas de su vida, cuando la muchacha equivocó "accidentalmente" un afrodisíaco con un calmante. No pudo evitar sonreír al acordarse. Lyvana había sido su mejor amiga en años, y aquello era algo que no quería perder.

Finalmente encontró lo que buscaba debajo de un viejo colchón que alguien se había tomado la molestia de bajar desde las habitaciones, para dormir en la cocina, al calor de la lumbre. Posiblemente algún indigente, o eso pensó Thareon. Se preguntó cómo alguien había podido dejar pasar algo así: una espada corta, una de las gemelas de Flauros, que le arrebató el mismo día que se enfrentaron en plena calle. La sacó de debajo de unos trozos de madera, libros y restos de plumas y sábanas rajadas. Sostuvo la hoja polvorienta sobre las palmas de las manos, soplando para revelar el acero de alta calidad, el cual necesitaba urgentemente una piedra de afilar y aceite para recuperar su antiguo brillo y esplendor. El dragón la hizo girar en su muñeca, sosteniendo su bien equilibrado peso, volviendo a sentir la fuerza de su empuñadura bajo la presión de sus dedos. "Lástima que ya no estés aquí, viejo amigo, para recordarme lo sangriento y cruel que es el mundo", pensó. Le hubiera gustado tener a Flauros a su lado en aquellos momentos, a pesar de los roces entre ambos carácteres y de pensar mantener su promesa de matarle él mismo hasta el final. Seguramente le hubiera gustado volver a tener la posibilidad de sembrar el caos una vez más. Pero no iba a poder ser...

En ese momento, algo se cayó y se rompió en la entrada de la casa. Reconocía que se había dejado la puerta abierta, mas no pensaba que nadie se fuera a atrever a indagar en una casa harto tiempo abandonada. Frunció el ceño, olfateó: carbe humana. Dentro estaba oscuro, lo cual le daba bastante ventaja. Afianzó el agarre de la espada, y se aproximó hasta la pared colindante a la entrada de la cocina, pegando la espalda a ella, aguantando entre las sombras, a que quien quisiera que fuera se aproximase más. No pudo reprimir el fugaz pensamiento de atacar primero y darse un festín que hacía demasiado que no degustaba. Pero un asesinato levantaría demasiadas sospechas, y por el momento, era mejor que el resto del mundo lo considerase muerto.
Reconoció a su mujer, por la respiración y por las pisadas que obviamente resonaban como truenos en el suelo lleno de trocitos de cristal y otros restos.
Cuando la figura se aproximó lo suficiente a la entrada de la cocina, Thareon esperó a que se girase, y le diera la espalda. Fue justo entonces cuando emergió como un depredador desde las sombras. Su brazo izquierdo ejecutó una presa férrea alrededor del cuello de su víctima, y el derecho apoyó el filo mellado del arma contra su garganta. - Si gritas, te cortaré el cuello y dejaré que te ahogues en tu propia sangre. - susurró, o más bien gruñó, con voz grave.







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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Elia el Mar Ago 11 2015, 13:42

Recorría las empedradas calles de Talos desde el mercado hasta la zona residencial, con las manos en los bolsillos y la mirada perdida en algún punto situado entre el paisaje que se recortaba contra sus pupilas a pesar de la escasa luz y el horizonte que sus recuerdos pintaban sobre esa realidad de la que tanto le gustaba evadirse.

Se detuvo un segundo bajo una antorcha, permitiendo que el calor le golpease el rostro, que encendiese sus pálidas mejillas, alumbrase sus pétreas facciones y que la envolviese de la misma manera en que una máscara lo hacía. Frente a ella, una llama que vestía orgullosa sus galas carmesíes y doradas, bailaba en la inescrutable oscuridad de esa callejuela al son de una melodía muda, sin más compañía que la de una imperceptible brisa que le permitía marcar sus propios ritmo a la vez que la hacía extenderse hacia los lados para alumbrarle el camino a todos aquellos que así lo necesitasen. Frunció los labios antes de volver la vista al frente y continuar con su mano, disimulando un suspiro cuando torció a la izquierda en el siguiente recodo.

Hubo un tiempo en el que se habría quedado mirando el fuego y se hubiese permitido el lujo de soñar despierta al son de su danza; hubo un tiempo, en el que su corazón latía con la misma efímera intensidad con la que esa llama consumía la brea que la alimentaba y le permitía seguir realizando su función; hubo un tiempo en el que bajo su piel corrían ríos de fuego líquido que hacían que todo su interior ardiese en deseos de ponerse a prueba, de llevar su cuerpo al límite de sus posibilidades, de demostrarse a sí misma qué era lo que podía hacer y de demostrarle al mundo que sólo era necesario querer hacer algo para poder llevarlo a cabo. Hubo un tiempo en el que realmente creyó en la bondad de las personas; en que sólo necesitaría un momento de charla para hacerse entender. Hubo un tiempo en el que realmente creyó que sólo por sentir que la causa por la que luchaba era la más fuerte y honorable de cuantas había tenido la ocasión de conocer, sería fácil llevarla a lo más alto… pero todo eso, por supuesto, fue antes de que los perros de la Reina la tomaran como esclava y la separasen de sus padres y su hermano pequeño.

¿Cuántos años podría tener ya? ¿Cuánto tiempo llevaba sin ver ese rostro infantil cubierto con decenas de pecas y esa sonrisa que podía haber despejado la noche más oscura? ¿Cuánto llevaba obsesionada con el arrollo de las luces que le había costado su familia y su libertad? ¿Cuánto hacía que se había resignado a no volver a ver a ninguno de ellos? La respuesta a la mayoría de ellas era “demasiados”. Había pasado tantos años de su vida intentando, sin éxito, levantar una revolución desde los bajos fondos para derrocar al régimen opresor que la había privado de las únicas personas a las que había amado, que casi se había olvidado de buscarlas, de preguntar, de interesarse por saber cuál había sido el destino que les había deparado o si las tejedoras de existencia habían cortado sus hilos. No sabía qué había sido de ellos, si los habían tomado como esclavos o habían hecho honor a sus creencias y habían blandido sus armas hasta la muerte; si habían conseguido escapar, o liberarse en el caso de que los hubieran capturado. Por no saber, no tenía ni idea de si se acordarían de ella, de si la estarían buscando, o de si se los habría cruzado en alguno de sus múltiples paseos por la ciudad. Quizá el tiempo y las cadenas habían terminado por hacer que aceptasen sus destinos y que toda opción al valor hubiera sido relegada al recuerdo y al deseo.

Precisamente fue el recuerdo, surgido de la nada y empujado por el aroma del jazmín aderezado con unas sutiles pinceladas de madera de cedro, las que detuvieron su avance y la hicieron voltearse hasta quedar mirando a su derecha. Frente a ella, una tienda, o lo que hubiera sido una tienda en el pasado, alzaba lo que quedaba de sus muros y de su fachada hasta formar una silueta tenebrosa y escalofriante que, no obstante, parecía llamarla con extraña familiaridad. Frunció el ceño y extendió la mano hasta deslizar los dedos sobre la superficie del marco de la puerta. Parecía una botica, o un herbolario, o algo así. Lo cierto era que a pesar de tener conocimientos en ese tema jamás había entrado en un lugar con esas características. Eso era lo que la inquietaba.

No pudo evitar que los fragmentos de cristal del piso chillaran bajo sus botas, ni tampoco que una tabla mal colocada a la que dio un accidentalmente puntapié se deslizase por una estantería y tirase el único bote que aún parecía estar en condiciones. Puso los ojos en blanco, abrumada por su torpeza, y barrió el lugar con la mirada antes de que un ruido de fondo al que le siguió una bofetada del perfume, la hiciera olvidarse de que quizá se estaba metiendo en la boca del lobo. Se trataba de un hombre… ¿un esclavo quizá? Se había cruzado con muchos en los últimos años, al igual que con varios dragones, ¿pero quién de ellos habría sido capaz de ganarse un hueco en la memoria de la mujer?

Aumentó el sigilo cuando atravesó el umbral de lo que parecía ser una vieja cocina, aunque eso ya no serviría de mucho. Antes de poder darse cuenta, un hombre, surgido de las sombras, se había abalanzado sobre ella, la había agarrado del cuello con el brazo y había acariciado la fina piel de su garganta con la hoja de un arma. Sus ojos viajaron automáticamente al acero y su corazón empezó a bombear con dolorosa intensidad. Si su mente no hubiera estado ocupada en pensar una manera de salir airosa de ahí, habría reconocido su voz sin problemas.

- Las calles están desiertas. Nadie me escucharía aunque gritase. –pronunció en voz baja pero con tono neutro, alzando las manos con lentitud a ambos lados del cuerpo para que viera que no tenía ni la más mínima intención de pelear.

La has hecho buena, moza.
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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Thareon el Jue Sep 17 2015, 13:42

FDR: Siento la tardanzaaaaa perdónperdónperdónperdónperdónperdónperdónperdón T_T

La mujer no se revolvió, ni hizo ningún amago de intentar escaparse. Desde su posición, Thareon puedo oler su miedo, escuchar los latidos de su corazón acelerado, y percibir la leve notar de alarma camuflada entre una aparente neutralidad en su voz cuando habló. Ella alzó las manos, mostrándose desarmada. Lo cual no significaba que no llevara armas escondidas en alguna parte. Mas de haber sido así, Thareon sabía que las habría utilizado ya para librarse de su agresor, y no había sido el caso.
Ya estando seguro de que su víctima no suponía más peligro de lo que podía suponer un chillido, o una voz de alarma, el dragón azul se percató de algo que le hizo enarcar las cejas y torcer el gesto con cierta sorpresa.

- ... - Thareon podía jurar que esa voz le resultaba conocida, motivo por el cual (casi más por eso que por el argumento de la mujer), separó lentamente la espada de su amenazadora posición, y la hizo girarse para mirarle a la cara. La escrutó en la oscuridad con sus ojos azul topacio, y finalmente su memoria se puso en marcha. - ... yo te conozco. - Murmuró, con voz grave, soltando definitivamente a la humana. - Te llamas Elia, eres la esclava del peletero, ¿cierto? - O al menos, antes lo era. No podía decir exactamente que la conociera, pero sí sabía quién era. Se había topado con ella antes, en el castillo, y en alguna parte del mercado, cuando le enviaban allí a recoger los encargos, o cuando trabajaba en la armería y en las cuadras, descargando los carros.
No recordaba haber tenido nunca una conversación realmente larga con ella, tan sólo algunas palabras de aliento y ánimo entre dos esclavos que vivían una situación bastante desagradable, cada uno en su estilo. Pero sí recordaba una escena en la que algunos niños esclavos habían empezado a tirarle piedras al dragón hacía unos años, sin que ninguno de los sirvientes del castillo hiciera nada por evitarlo. Tal era el odio que le profesaban al dragón. Sólo una voz y una mano se interpusieron entre él y los críos, y fue la de la chica que tenía delante en esos momentos.

Tal vez en aquel entonces ella no supiera que él era un dragón, tal vez sencillamente lo hizo de manera desinteresada, o tal vez nada de eso tuviera importancia. Thareon recordaba perfectamente a la mujer, aunque no la conociera mucho, como una de las pocas personas esclavas que no le habían tratad con prejuicio o desprecio.
Ladeó la cabeza, bajando la espada definitivamente, y dejando ir el aire por la nariz, relajando su expresión corporal y sus facciones. Apretó los labios un momentos, mientras permitía que ella también se recuperase de la impresión, y enfundándose la espada en el cinturón, añadió: - Perdona mi brusquedad, ¿te he hecho daño?







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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Elia el Sáb Sep 19 2015, 18:55

Los siguientes momentos, Elia los vivió con mucha tensión. Se había preocupado de que su voz no dejase entrever más que lo que era imposible de disimular, había reunido toda la templanza que había podido para alzar las manos sin que los dedos le temblasen y trataba incluso, en la medida de lo posible, calmar los acelerados latidos con los que su corazón parecía querer romperla desde dentro… pero ella era una guerrera, y decir que se subyugaría a lo que la suerte le deparase sin oponer más resistencia que una burda excusa de por qué no iba a gritar, era como decir que el cielo caería sobre la tierra si los dragones desaparecían. Nada más lejos de la realidad, y aunque los primeros pensamientos de Elia sí habían ido a tratar de que su atacante no perdiera los nervios, los siguientes habían sido dirigidos a otro punto distinto: a la necesidad de presentar resistencia y trazar un plan para, si bien no escapar, sí tener la oportunidad de conocer la identidad del otro antes de que sus pulmones se anegasen con su propia sangre.

Tomó aire con lentitud, hinchando los pulmones a su máxima expresión, y aprovechando el momento para fingir que colocaba bien los pies pero aprovechando la tesitura para palpar, aun por encima de las botas, la posición exacta de los homólogos de él. Luego expulsó el aire con la misma parsimonia, y se permitió el lujo de ceder un poco ante la fuerza de la mano que la agarraba y dejar que su espalda entrase en contacto con el pecho del otro. Podía parecer un gesto casual y lógico dada la situación, pero las intenciones de la mujer no eran otras que las de recoger, usando su propio cuerpo, la información que pudiese sobre el verdadero tamaño de quien sostenía el acero sobre su garganta. Puede la oscuridad le impidiese observar su alrededor con la suficiente nitidez como para reconocer su alrededor y tratar de echar una ojeada al otro, pero lo cierto era que si no usaba movimientos bruscos y dejaba los brazos y el cuerpo balancear con naturalidad, él no se daría cuenta de que estaba intentando suplir su escasa visión con el sentido del tacto. Tragó saliva y movió su rodilla zurda de forma circular en in intento de acomodar sus armas sobre sus muslos y ponerlas en el ángulo adecuado por si tenía que recurrir a una maniobra desesperada para salir de allí.

Cerró los ojos y esperó. Todo estaba dispuesto. En cuanto el filo de la espada se despegase un poco de su carne, en cuanto le sintiese dudar de qué hacer, aferraría la mano que sostenía el arma con una de las suyas mientras la otra se abalanzaba sobre el mango del hacha. No buscaría acertar en ningún lugar en concreto. Primero golpearía en la pierna para hacerle cojear. Luego se deslizaría entre sus brazos para liberarse de la prisión de sus manos, y finalmente le enfrentaría en un cara a cara. Tenía muy claro que, si tenía que morir, lo haría peleando… pero algo quiso que aquello no sucediese. Quien quiera que fuese que estuviera jugando a los dados con su destino, parecía haberle guardado un regalo especial, pues tan pronto empezó a bajar las manos, siempre con cautela, el otro la tomó por los hombros y la hizo girar en torno a sí misma hasta quedar finalmente frente a él. Detuvo el avance de sus dedos cuando estaban a la altura de su propia cintura, y plantándose estaba si lanzarse a la desesperada a por su única opción de defensa o dejar que la situación fluyese de la forma más normal posible, cuando sus sientes palabras la convencieron de quedarse quieta.

Retrocedió un paso cuando aquellos férreos dedos soltaron finalmente su cuerpo, y se llevó de manera automática una mano al cuello, allá donde el frío de la hoja de la espada le había arañado la piel. Sí que era cierto. Se conocían, y al oír su voz de una manera más distendida supo que no se equivocaba. Fue sin embargo tras percibir y analizar correctamente su aroma, que localizó en qué momento exacto de su vida se habían cruzado.

- Lo era, lo era. –se apresuró en contestar, palpándose aún la garganta- Ahora estoy con un comerciante. –levantó la mirada y lo observó con detenimiento, siéndole imposible no esbozar una media sonrisa, mitad por nerviosismo, mitad por haberse encontrado con alguien de su pasado.

Se habían conocido años atrás, cuando ella aún trabajaba en la tenería. De vez en cuando, ayudaba a su señor a transportar las pieles, y fue precisamente en una de sus visitas al castillo que vio a unos niños apedreando a un hombre, a un esclavo. Podría haberlo dejado estar pero… ¿cómo habría podido volver a alzar el rostro y desafiar a los dragones que creían poseerla si no tenía el coraje de marcar la diferencia? Por aquel entonces no sabía que era un dragón, y tampoco tenía la menor idea de cómo se llamaba o cual era su historia, pero tampoco era que aquello le importase. Humano, híbrido o dragón, ¿qué más daba? No eran las cualidades raciales las que marcaban la valía de alguien, sino sus acciones, y aunque luego su señor se encargó de darle una buena tunda por intervenir en tan macabro espectáculo y aunque tuvo que soportar que la tachasen de amante de dragones, como si eso fuese algo malo, no se arrepentía lo más mínimo de ello.

- No, tranquilo. Sólo… ha sido el susto. –alcanzó a chocar entonces sus ojos verdes con los azules de él, y bajó la mano que tenía sobre su propio cuello realizando al tiempo un gesto despreocupado. Se apartó el pelo de la cara- ¿Qué haces aquí? –en una tienda abandonada, entre los restos calcinados de un herbolario y tan preocupado porque nadie le descubriese.


FDR: Tranquilo Thareon, lo bueno se hace esperar ^^
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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Thareon el Mar Sep 22 2015, 16:18

- Ya veo. - Asintió el dragón ante su aclaración de pertenecerle a otro dueño. Por un lado le alivió saber que ya no estaba en manos de aquel desalmado, pero al mismo tiempo no pudo evitar apenarse de pensar que la chica seguía siendo una esclava, humana, sometida por los dragones.

La esencia del miedo en ella dio paso, poco a poco, a la punzante sensación del nerviosismo residual propio a medida que la chica ponía distancia entre los dos, recuperando su espacio personal. El dragón sonrió a medias, enarcando una ceja con cierta sorpresa al haber descubierto la inusitada templanza y sangre fría que había demostrado la chica ante la situación. Especialmente tras reconocer a alguien a quien casi todo el mundo daba por muerto, y que antes de eso había sido la pesadilla más temida de todo Talos gracias a Moloch. Había sido, también, parcialmente consciente de sus movimientos bajo su presa, y en parte se alegraba de que no hubiera intentado hacer lo que fuera que planeaba en su cabeza, porque entonces no se hubiera hecho responsable de lo que podría haber pasado. La casa de Lyvana se habría manchado de sangre una vez más, pero esta vez, no sólo de la suya...

Sacudió brevemente la cabeza, sacando esos pensamientos de su mente y prestando atención a sus palabras. Dejó ir un resoplido por la nariz, imitando a una especie de carcajada seca, ante su pregunta: - Eso mismo iba a preguntarte yo... - Alegó, relajando la expresión corporal, y apoyando con actitud despreocupada el filo de la espada en su hombro. - Este lugar perteneció a una amiga mía, antes de que la Inquisición lo destrozara. - Miró alrededor con cierta añoranza, dejando que ante sus ojos el oscuro y deprimente paisaje adoptara la luminosa y hogareña apariencia que se mantenía en sus recuerdos. No pudo evitar echar de menos a la joven herbolaria peliblanca. Mas no se dejó arrastrar por el triste mar de los recuerdos, respondiendo por fin a la pregunta de Elia. - He vuelto a buscar algo que me había dejado olvidado. - El filo de la espada emitió un tenue destello en la oscuridad cuando Thareon ladeó la cabeza, sin dejar de observar a la muchacha. - ... ¿Has venido hasta aquí tú sola? - Inquirió, no de forma suspicaz, sino más bien preguntándose cómo una esclava andaba de noche por las calles de la ciudad, sin nadie más, y muy posiblemente, sin el permiso de su señor.
Y bueno, para qué negarlo, tampoco estaba de más saber si Elia había traído a alguien más que pudiera suponer una amenaza para su secreto. Como ya había decidido justo antes, prefería que el mundo siguiera dándole por muerto.







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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Elia el Mar Oct 06 2015, 01:25

El tiempo que había pasado en la tenería no era algo que le gustase recordar. A pesar de que ya habían pasado varios meses desde que la subida del mar dio un nuevo giro a su vida, lo cierto es que había cosas que, aunque nunca las admitiese en voz alta, aún seguían muy vivas en su interior. En ocasiones aún se sorprendía de que las telas que acariciaba con las manos no tuvieran el tacto gelatinoso y fibroso de la carne en descomposición; de que cuando cogía un pliego de cuero con los dedos, los restos de los químicos con los que las curtían, no resbalasen por sus dedos abrasándole la piel e infectando sus heridas. A veces aún se asombraba de ver cómo sus uñas iban dejando el color azul que se había enraizado en ellas y volvían a tomar un tono más natural; aún sonreía como una idiota cuando podía contemplarse y ver que las manchas que habían marcado su piel por las precarias condiciones de vida ya no volvían a aparecer; aún disfrutaba, como si fuese la primera vez, de que su pelo y sus ropas tuvieran un aroma agradable y de que esa esencia a muerte y corrupción no la persiguiera allá por donde fuera, marcándola y haciendo que los demás supieran sin necesidad de mirarla lo poco que valía su existencia y lo miserable que ésta era.

Tamborileó en su muslo con cierto nerviosismo. Desde el incidente en el castillo con los esclavos y las piedras, más aún, desde el forcejeo en el que aquel repugnante reptil le desgarró la pierna derecha con las garras, la verdad es que no había tenido noticias de lo que había sucedido en Talos. Las noticias le llegaban con cuentagotas, y era más lo que debía suponer de lo que escuchaba hablar a los demás que en sí lo que le contaban. Querían mantenerla aislada para que no se le ocurriese participar en ninguna revuelta, para que no volviera a intentar escaparse, para mantenerla ajena a los hechos verdaderamente importantes. No le contaban quién había pasado a ser un proscrito, quién había encontrado el final de sus días bajo el acero del verdugo, o quién había pasado a convertirse en uno de los rostros más buscados de Talos ni tampoco quién había sido nombrado con qué título. No eran cosas relevantes para un obrero que encontraría la muerte con el beso del ántrax en cuestión de meses; por eso, cuando el que por aquel entonces era su amo acudió a decirle que se daba por muerto a aquel esclavo al que había defendido, simplemente no le creyó.

No es que sintiera una conexión especial con el de ojos azules, ni tampoco es que le apenase de alguna forma especialmente trascendental que hubiera podido perecer. Sólo creía que no podía ser tan fácil como todos lo habían pintado acabar con la vida de un dragón. Se volvió a pasar la lengua por los labios, humedeciéndolos mientras escuchaba su voz y se percataba de cómo sus expresiones se volvían más relajadas. Tomó aire con lentitud al tiempo que seguía, con un suave movimiento de cabeza, el recorrido que el otro, presa de la nostalgia, había realizado en derredor con la vista. Se llevó una mano a las cervicales y las crujió con suavidad.

- Entiendo… –a pesar de considerarse a sí misma alguien bastante empática, las palabras no eran lo suyo, y consolar a alguien de quien apenas si conocía el nombre y el aspecto no era lo que se dice uno de sus puntos fuertes. Se apresuró a responder cuando notó el tono de preocupación con el que imprimía sus palabras, secundadas por el filo de un arma que aún no descansaba en su vaina correspondiente- Sí, yo sola. –se permitió el lujo de gesticular un poco con los brazos para hacer su explicación más amena- Estaba en el mercado cerrando uno de los negocios de Feuerhaust. Me dirigía a su casa. –palpó en sus propias piernas antes de introducir ambas manos en los bolsillos de su pantalón. Cambió el gesto cuando sacó de uno de ellos el medallón dorado con el rubí que la marcaba como elegida. Lo alzó para que lo viera.- Me han ascendido… –pronunció sin apenas mover los labios- Si es que a esta mierda se la puede llamar ascenso. –podía apreciarse la amargura en cada una de sus palabras, pero también la rabia y las ganas que tenía porque las cosas cambiasen un poco, porque la vida humana tuviera tan sólo un poco más de valor del que por desgracia tenía. Volvió a guardar el colgante cuando consideró que él había tenido tiempo para verlo y para entender qué era a lo que se refería. Se encogió de hombros y sonrió. Negó con suavidad a medida que habló- Nadie va a saber que has estado aquí, si es eso lo que te preocupa.
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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Thareon el Dom Oct 18 2015, 23:52

- Bien. - asintió a su respuesta, escuetamente, pero finalmente relajando del todo su expresión. Se alegró de que, efectivamente, nadie más supiera de su presencia allí. Aunque aún no tenía una certeza absoluta de poder confiar en Elia. Después de todo, ni la conocía mucho, ni mucho menos había confianza entre ellos. Tal vez en el pasado eso a Thareon no le hubiera importado mucho, pero su actual naturaleza le impulsaba a ser precabido con la gente. Sobre todo con los que podía considerar un manjar potencial...
No iba a pedirle más explicaciones a la chica, consideraba que no tenía ninguna razón para mentirle. Su encuentro había sido puramente fortuito. Empero, ella se las dio de todas formas, sacando un medallón de un bolsillo. Había que admitir que el dragón tuvo que reprimir el impulso de volver a echar mano de la espada al verla mover la mano al pantalón, temiendo que ella se sacara un arma inesperada del bolsillo. Se alegró, visto lo visto, de haber mantenido dicho impulso a raya.

Alargó el brazo lo justo para que sus dedos rozaran la preciosa gema, intentando identificar algún símbolo o blasón en el medallón que le diera una pista sobre su actual dueño. Pero no tuvo suerte, tampoco con el nombre. Lo cierto era que de per sé, cuando era un militar reconocido, no conocía a demasiados dragones burgueses ni nobles, más allá de los más reconocidos o relacionados con el ejército. Así que no se sorprendió de que el nombre de Feuerhaust no le sonara mucho.
El comentario posterior de la humana sobre su "ascenso", hizo que el dragón negara con la cabeza y rechistara en una especie de risilla sarcástica:- Tsk... al final uno no deja de ser esclavo, ¿no? La libertad es lo único que te va a sacar de esa mierda, como bien dices. - Terció, enarcando una sus oscuras y pobladas cejas. A fin de cuentas, un esclavo era un esclavo independientemente de lo bien que le trataran, bien había podido comprobarlo con el tiempo que había pasado en el castillo como tal. Incluso cuando Astarte le ofreció comodidades y lujos, él las rechazó, consciente de que eso no iba a cambiar nada en realidad. Y él no quería facilidades, quería ser libre, aunque no estuviera seguro entonces de merecerlo. Por suerte había terminado siéndolo... de una manera oscura y retorcida. Y desde luego, su manera de "liberarse" no se la recomendaría ni a su peor enemigo (entre otras cosas porque ya estaba muerto). - Gracias... Aunque tampoco quiero causarte problemas si tu... amo, te espera Elia. - Alegó cuando ella le aseguró que no iba a revelarle a nadie su presencia allí. De paso, aprovechó para envainar la espada desnuda directamente al cinturón, ocultándola parcialmente con la capa, ya que no tenía vaina para ella.







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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Elia el Lun Oct 19 2015, 04:19

Elia no era estúpida, y no se le pasó por alto la tensión y el nerviosismo que había cruzado por el rostro del dragón de ojos azules cuando ella introdujo las manos en los bolsillos para sacar de uno de ellos el medallón. Quizá en su rostro no se hubiera reflejado, fruto del esfuerzo y de la costumbre que le suponía ocultar lo que verdaderamente sentía o pensaba frente a los distintos hechos acaecidos en su día a día, pero saber que tendría que tener más cuidado para que sus movimientos fueran más suaves y pronunciados y que no pudieran ser malinterpretados de ninguna de las maneras, era algo que, de alguna manera, la entristeció.

Apenas hacía unas semanas que un soldado de la armada le había atravesado el brazo con una flecha, y si bien esa herida había curado ya y la movilidad en su extremidad estaba volviendo a ser la que era a una velocidad cuanto menos definible como curiosa, recordar lo que vino después de ese golpe, la sensación de sentirse sucumbir bajo las patas de un reptil en su forma real… eso era algo que tardaría en olvidar. El susodicho en sí, aquel que había hecho que la mujer de ojos cetrinos se mostrase más esquiva de lo normal al contacto con el resto de las personas que las rodeaban, no le importaba tanto como el recuerdo de la vulnerabilidad o el del temblor que sacudió su cuerpo. No había tenido la fortuna o la desventura de ver a Thareon en su forma real, pero tampoco tenía la menor intención de que cambiase de forma ante sus ojos. Tras esa experiencia, sabía que si aún se le permitía vivir y nadie le había cortado la garganta, tal como él había amenazado con hacer hacía unos segundos, era por compasión, curiosidad o, simplemente, por la necesidad de usarla para algún otro fin.

Agachó un poco la mirada hacia el medallón cuando él posó sus dedos sobre la piedra, y lo mantuvo en aquella posición hasta que retiró la mano y ella entendió que tenía oportunidad de guardarlo. Le escuchó chistar, también hablar, y correspondió a su sarcástica carcajada con una sonrisa que no estaba exento de aquel cinismo que tan familiar empezaba a antojársele. Se echó un poco hacia atrás, lo suficiente como para apoyarse en el marco de la puerta y cruzar los brazos bajo el pecho. Contrajo la mejilla izquierda y giró la cabeza hacia la calle, contemplando la tímida luz que entraba por lo que en algún momento en el pasado debió ser el escaparate de la tienda. Negó con suavidad con la cabeza.

- Libertad. –había repetido sus palabras, pero casi parecía que las escupiese ahora, como si todas la valentía y las ganas de hacer cambiar el mundo se hubieran transformado en una tóxica rabia. Arrugó la nariz- La única libertad a la que podemos aspirar es la de estar muertos, viejo amigo. –no eran amigos, vale, pero no le cabía duda de que entendería la expresión sin creer que la humana se estaba tomando unas confianzas excesivas.- A ninguna de las personas que tengan su culo asentado en un sillón le importa una soberana mierda lo que nos pase a los de abajo. –soltó el aire que le quedaba dentro, y se permitió el lujo de esbozar una ligera sonrisa- Joder… Te juro que le prendía fuego a la ciudad. –guardó silencio, mordiéndose el labio inferior aun sin levantar la cabeza, sumida en sus propios pensamientos, pero asintió con tranquilidad cuando él susurró las últimas palabras, entendiéndolas como una sutil despedida que Elia no quiso demorar.- Está con los cuernos cruzados porque el otro día la lie en el mercado. –la sola visualización de la imagen se le antojó tan graciosa que no pudo evitar que sus hombros se convulsionasen en una queda carcajada. Se irguió y estiró un poco la espalda.- Pero sí… quizá debería volver. –tomó aire hasta llenar sus pulmones, y alzó la mirada hasta toparse con la que él le dedicaba. Le puso una mano en el hombro antes de disponerse a salir de la cocina.-Si en algún momento necesitas algo… ya sabes.




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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Thareon el Sáb Dic 12 2015, 16:42

Algo en la forma de hablar de Elia le dio la sensación de que, más allá de la resignación que pudieran transmitir sus palabras, había algo más. Un deseo, una intención, feroz y reprimida, de no quedarse allí donde estaba. De lograr esa utopía que era la libertad, y no precisamente entregándose a la muerte. Si algo había aprendido a entreveer Thareon con los años era a un espíritu fuerte detrás de la frágil carcasa, humana o dragón, daba igual. Y si su recién afilado instinto no fallaba, aquella esclava podía llegar a prometer mucho...

No pudo evitar sonreír, divertido, ante su comentario. Ciertamente, él había tenido que "morir" a su manera para lograr ser libre. Morir y renacer, cual ave fénix. Mas quería pensar que había métodos más sencillos para lograr la ansiada libertad. - A nadie le importas más que a ti misma. - Determinó con voz grave y calma ante su comentario. Negó lentamente con la cabeza, para después añadir: - El mundo ya ha visto un Imperio del Fuego. No creo que sea necesario calcinarlo más. En todo caso... habría que intentar algo diferente. -
Tras decir aquello, y con las últimas palabras de la mujer, el dragón percibió, tal y como sospechaba, que efectivamente la chica tenía prisa por irse. No la culpaba, sabía de sobra en qué situación se encontraba, y qué podría pasarle si se demoraba. Motivo por el cual, sencillamente asintió sin, en un principio, decir nada. No obstante, cayó en la cuenta de algo cuando la vio dirigirse a la salida: - ¿Cómo te encontraré? - le preguntó antes de que cruzara el umbral.







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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Elia el Jue Dic 31 2015, 01:52

No miró atrás cuando rompió el contacto, soltando el hombro que había sostenido con suavidad antes de formular lo que buenamente podía ser entendido como una despedida. Le había alegrado saber que estaba vivo después de los rumores que habían circulado sobre su muerte, y también saber, por encima de eso, que, aunque viviese entre las sombras, ahora era un hombre libre. Le alegró saber que ahora su vida no dependía de nadie más que de él mismo y de sus decisiones. Le alegró ver que el tiempo en las sombras no le había vuelto confiado, ni arrogante, y lo más importante de todo, que aun con todo lo que hubiera tenido que vivir para llegar hasta donde estaba, seguía concediéndose un segundo para pensar en los momentos de tensión. Le alegró tener el cuello intacto a pesar de haber notado el frío beso del metal presionándole la yugular. Le alegró que hubiera tenido un mínimo de consideración con alguien que, en realidad, podría representar un peligro para él… porque los labios de la mujer podían susurrar palabras de consuelo, de fuerza o de ánimo, pero quizá Thareon nunca supiera si lo que le había dicho, eso de que nadie sabría de ella que aún vivía y dónde encontrarle, era o no verdad.

En realidad, no tenía motivos para dudar de ella. Se veía a leguas que la mujer odiaba tanto aquel sistema como él podía hacerlo, pero a medida que sus botas hacían crujir la madera que pisaban, a medida que los cristales empezaban a hacer acto de presencia y chirriaban bajo su peso, toda esa alegría se transformó en envidia. Sí. Ella deseaba eso. Deseaba estar muerta para el mundo. Deseaba vivir donde nadie la reconociese. Deseaba estar con su hermano. Deseaba formar una familia. Deseaba, a pesar de lo que él le había dicho, a pesar de que sabía que tenía una experiencia con la que ella no podría sino soñar gracias a su condición de mortal, reducir a cenizas toda Talos. Quemar hasta la última de las piedras que formaban los cimientos de la ciudad. Sepultar bajo los escombros de una revolución a todos aquellos que habían sido partícipes de la ruptura de tantas vidas, de la muerte de tantas almas, que el castillo donde la Reina Madre se ocultaba como una rata en las alcantarillas podía haberse erigido usando los huesos de gente como ellos.

Suspiró y agitó suavemente la cabeza, obligándose a no seguir por aquel destructivo derrotero y echando la mano al picaporte para tirar del batiente de la puerta y salir por él… pero no llegó a hacerlo, porque, de nuevo, la voz de él la detuvo. Se giró de medio lado, y se rascó la cabeza mientras se pasaba la lengua por los labios. ¿Encontrarla? Bueno, por suerte no era muy complicado… al menos, mientras las cosas no cambiasen.

- Pues… si no estoy en la casa de Feuerhaust, suelo andar por el mercado. La tienda se llama “Pieles de fuego”. –explicó. No le dijo cuál era su habitación, porque dudaba mucho que una persona que quería mantener su vida en secreto se arriesgase a visitar a una vieja compañera de “profesión” en un lugar donde hasta las paredes tenían oídos. Frunció los labios, pensando algo más. La tienda también podía convertirse en una ratonera llegado el momento. Sonrió-¿Sabes silbar? –sacó la cabeza fuera para cerciorarse de que no había nadie en la calle, y una vez lo hizo, introdujo los dedos índice y pulgar de la mano derecha en su boca, emitiendo un silbido dulce y constante. No demasiado alto. No quería ponerle nervioso. No pasó mucho tiempo hasta que un cuervo blanco se posó en su brazo con un elegante movimiento.- Puedes llamarle si necesitas algo. –dijo, acariciándole el pecho con cuidado- No es muy sociable, así que nadie que no sea yo se quedará con el mensaje.




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Re: Once lost, now found (Priv. Elia)

Mensaje por Thareon el Jue Dic 31 2015, 13:17

Sí, obviamente Thareon ya había pensando en la casa de su dueño, pero a fin de cuentas él estaba muerto para el mundo, y si se descubría lo contrario, estaría metido en un serio problema. Así que no era buena idea que se paseara por Talos como si nada. De hecho, era un riesgo que no pensaba correr.
Sus ceja se alzaron con cierta incredulidad cuando ella le pregunto que "si sabía silbar". ¿Silbar, había dicho? Por un momento Thareon se preguntó si la humana hablaba en serio. Pero al verla llevarse los labios a la boca y silbar, asumió que sí, iba en serio. Se la quedó mirando en silencio, sin saber muy bien qué decir ante eso. Pero entonces el cuervo albino hizo acto se presencia. Thareon dio un respingo y sujetó su instinto de reaccionar de forma agresiva, aunque no pudo evitar que se le tensaran un poco los músculos y que se le contrajeran las pupilas durante un segundo. No obstante, al ver que el animal se posaba dócilmente en el brazo de la humana, el rostro del dragón cambió instantáneamente de la alerta al asombro, y finalmente a la comprensión.

- Impresionante. Y buena idea, Elia. - Thareon le acercó la mano al ave, y ésta la observó y luego le picoteó suavemente los dedos, sin hacerle daño. Después de acarició suavemente las plumas entre las alas. Le pareció una muy buena alternativa a la incursión urbana. Le dedicó una sonrisa sincera a la esclava, y acto seguido le hizo un gesto de despedida con la cabeza. - Vete, no quiero demorarte más. Te contactaré dentro de un tiempo, cuando logre asentarme un poco más y cierre ciertos asuntos. Hasta entonces, cuídate. - Se despidió definitivamente. Esperaría a que ella saliera primero, y luego el se marcharía en sentido contrario.







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