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Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

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Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Dom Jul 12 2015, 20:40

Con el día despuntando su final, se acababa el fingir ser fuerte. Se acabó pretender estar entero. Podía quitarme la coraza para que los demás pensaran que todo iba bien y yo estaba superando más rápido de lo esperado aquella brutal pérdida que caía sobre mí cada noche. Porque me seguía costando, a pesar de todo. Ya en mi cuarto, solo, me senté en el camastro, con los pies en el borde del colchón y mi espalda apoyada en la pared del  otro lateral. Crucé mis brazos sobre mis rodillas, apoyé mi cabeza en ellos, y escondí mi rostro.




- No te preocupes por mí.
- Me pides un imposible.
- Es verdad que hay cosas que me preocupan pero no se pueden arreglar.
- Sólo pretendo ayudar...
- Sé que quieres ayudarme... pero si lo haces todas las probabilidades indicarán que terminarás muerto...
- No tiene por qué ser así.
- ¿Y si lo es?


No, definitivamente no había sido así. Yo seguía vivo... pero sin ti. Mi cuerpo entero seguía implorando por ese calor que llegó a quemarme en su momento. Un calor que ya no volvería a sentir. ¿Qué esperanza podía guardar? Ya no estás y ni siquiera tengo indicio alguno de que tengas intención de regresar.

Soñaba aquella niebla una vez más, por doquier, rodeándome. No había nada que yo alcanzara a ver más allá de aquel blanco tan denso, por más pasos o voces que diera.
It's so quiet here and I feel so cold
This house no longer feels like home.
- Rain, ¿seguirías apuntándote si me fuese a vivir al bosque?
- Trys...¿has pensado en lo que perderías si tomaras esa decisión?
- Dime, ¿influyó mucho lo que perderías cuando decidiste cambiar tu vida por completo?
- Pero yo tengo una eternidad para organizar mi vida, tú en cambio sólo tienes un par de décadas.
- Si tan poco tiempo tengo, Rain... prefiero pasarlo contigo.
- En ese caso trataré que ese tiempo sea el mejor que vivas.


Te creí, con todo mi corazón. Te lo entregué, aunque no fuera consciente de ello hasta hace poco. Fuiste capaz de hacerte un hueco en mi vida, y de hacerme olvidarme de esa gran diferencia que existía entre los dos, porque lo que sentía por ti era mucho más fuerte. ¿Acaso tú no sentías lo mismo? ¿Tan idiota fui?

- ¿Seguro que no tendremos problemas en irnos?
- Que yo sepa no debería de haber ningún problema. En todo caso, podrían ponerme más pegas a mí que a ti.
- La decisión es tuya, así que sabes que sí no es lo que quieres puedes decírmelo... No quiero que te sientas obligado a nada.
- Es lo que quiero. Porque quiero estar contigo, Rain.


Para mi desgracia, nunca llegué a saber cuánto quería estar contigo, en realidad. Porque era mucho más de lo que pensaba. Y es precisamente ese deseo, tornado en dolor ahora, lo que me hace ansiar ver la bendición de tu presencia en esas pupilas áureas que tardaré en olvidar demasiado tiempo como para poder darle duración. Si es que consigo llegar a hacerlo... ¿Dónde estás?

- Será mejor que me vaya...
- ¿Te vas? ¿Así, sin más? ¿Eso es todo?  ¿Así lo vas a enfrentar todo a partir de ahora, marchándote?
- No, todo no. He venido a hablar contigo y lo único que he conseguido hasta ahora es que me hagas daño. Y ya he escuchado suficiente...
- Trystan, por favor... No te vayas. Si te vas, si te pierdo... He sido una estúpida, lo sé. No quería decir eso. Sólo quería que estuvieras a salvo, y ahora te has convertido en el principal objetivo de mi raza. Y no quiero ni matarte, ni alejarme de ti...
- Escúchame, por mucho que las cosas cambien, por mucho peligro que corra, por mucho que deba esconderme a partir de ahora... sólo sé que te necesito a ti conmigo.
- Y estaré. Para cualquier cosa que necesites.


¿Cualquier cosa? Ahora puedo dudarlo, ¿no, Rain? ¿Qué te llevó a decirme todo eso? Lo sentías en realidad, ¿verdad? Dime que no mentías. Por favor... Necesito saberlo. Esta incertidumbre está acabando conmigo y tú eres la única que puedes acabar con ella.

Pero no lo harás, ¿verdad?


- Estos días han sido como una pesadilla, creía que te perdía y desde el primer momento en el que Lunae me dijo que te habían atrapado empecé a romperme en pedazos. Nunca me ha importado nadie hasta el punto en el que estuviera dispuesta a darlo todo, incluso mi vida... Excepto por ti, Trystan. Nunca había querido tanto a una persona y me asusta, porque no sé cómo manejar estos sentimientos pero necesito que lo tengas claro.  
- Tampoco había sentido esto antes por nadie más... No sé qué pasará con nosotros, pero quiero estar contigo. Dioses, sólo contigo.
- Te quiero, Trystan.


Y yo a ti. ¡Maldición! Te quería y aún te quiero demasiado como para querer superar esto. Pero me estoy hundiendo en la miseria, Rainreth. ¿Tan contundente es tu decisión? Por favor, vuelve. ¿Qué tengo que hacer para que cambies de opinión y me perdones? ¿Podrás perdonarme en algún momento? Te juro por mi vida que nunca quise que esto pasara. ¿Cómo iba a querer deshacerme de lo que había deseado durante toda mi vida? Tú me concediste la oportunidad de ser padre de una manera surrealista, dada nuestras diferencias raciales. Había sido un milagro que por un error mío, se tornó en una tragedia que convirtió en cenizas demasiadas esperanzas... y sentimientos.
You caused my heart to bleed and you still owe me a reason
'Cause I can't figure out why...
- ¿Cómo... cómo voy a guiar a todos los que viven aquí si ni siquiera soy capaz de saber qué puedo hacer conmigo mismo?
- Puedes hacerlo... Lo has hecho hasta ahora...
- No sé qué haría sin ti.
- Ni yo.


Yo sigo sin saber qué hacer. ¿Lo sabes tú? Puedo suponer que te fuiste para averiguarlo. O no. No sé. ¡Ya no lo sé! Y lo que me consume es que, para los años que me queden, no lo sabré. Porque ya no estás conmigo. Porque he perdido metas. He perdido el camino. Ese camino que se me dibujaba tan nítido contigo. Mi mundo ahora se consume entre sombras y yo soy incapaz de vislumbrar la luz que me ayude a salir de este infierno. ¿Es esto lo que me espera?  

- Lo siento...
- ¿Por qué has vuelto?
- Porque te quiero...
- No quiero que te vuelvas a ir.
- No me iré a ningún sitio...  


¿Qué sentías? ¿Acaso sabías cómo acabaría esto y te disculpabas de antemano? ¿Me querías para esto? No pensaba que volvieras a irte. ¿El quererme no era suficiente? ¿Yo no era suficiente?Mentirosa. Una maldita mentirosa. Y, a pesar de todo, aquí sigues. Mi fantasma personal. Una voz etérea, tan melodiosa como venenosa, en mi cabeza a la que puedo escuchar cada noche.

Era justo ahora cuando conseguía entender tantas cosas. En sueños, destrozado anímicamente. Cuando mis demonios quedaban sueltos en la perpetua noche, jugando con mis dudas, tergiversando hechos, palabras y gestos. Pero yo no era consciente de ello. Tan solo quería dormir, refugiándome como cada noche en perturbables sueños que fácilmente se tornaban en pesadillas. Imaginaciones que me robaban el color, que me provocaban un sudor frío, que devoraban mi tranquilidad y desgarraban mi entereza, reduciéndola a cenizas. Mi alma se consumía entre aquellas llamas, para volar en mil pedazos arrastrados por el frío aire que la ausencia de aquella dragona provocaba, abrazándome cada vez que yo perdía el control y caía dormido en aquel camastro que tanto habíamos compartido.



Si tan solo hubiese tenido la oportunidad de despedirme...
I will keep quiet, You won’t even know I’m here
You won’t suspect a thing, You won’t see me in the mirror
- Estúpido… he de decir que estoy impresionada, eres rápido e inteligente para ser humano... Pero no lo suficiente. Entrégate y tu muerte será menos lenta.
- Si piensas que me voy a entregar a esa pantomima que la Reina tiene montada para engañaros, estás muy equivocada.
- Fascinante, un humano que piensa. Pero la próxima vez cuéntame algo que no sepa aunque... No creo que tengas una próxima vez.
- ¿Por qué lo haces?
- ¿Por qué no iba a hacerlo?
- ... Porque lo que la reina no os dice es cuánto nos necesitáis.
- Yo no te necesito.


Debí creer esa sinceridad tan tajante, desde el principio. En la oscuridad que me rodeaba aquella voz atravesó mis oídos e hizo un doloroso eco en mi mente. Una y otra vez. Hablaba conmigo y yo me sentía incapaz de articular en contra, o siquiera rogarle para que parara. Me quise llevar las manos a la sien, con los puños apretados, en mi intento por dejar de escucharla.
Pero no pude.
No me sentía corpóreo como para poder sentir mi propio cuerpo o tener control alguno sobre él.
Won’t see me closing in, I’m gonna make you suffer
This hell you put me in, I’m underneath your skin
Estaba atrapado en esa jaula oscura en la que mi consciencia dormía en aparente tranquilidad, mientras mi subconsciente acababa irrumpiendo en su descanso, turbándola con aquella voz femenina y esas pupilas áureas que aún tenía demasiado presentes.

- ¿Quién te va a salvar el culo, humano?
- Me pregunto cuándo empezarás a cobrarme intereses por ser mi guardaespaldas personal.
-¿Tienes algo que pueda interesarme?


Pensé que lo tenía. Sí, fui un iluso al creer que podía tener algo que pudiera interesarte por aquel entonces. Demasiadas vueltas le di. ¿Habría sido mejor no hacerlo, Rainreth? Porque aún a estas alturas sigo con esa presión en el pecho que me impide respirar. ¿Por qué lo hiciste? ¡Contéstame!
I’m the poison in your bones, my love is your disease
I won't let it set you free, Til I break you
Me retorcía, en algún lugar de aquella celda con paredes enmohecidas. Agonizaba por incertidumbre al no recibir respuesta. En aquel lugar onírico, tortura de mi alma, era incapaz de comprender nada. Tan sólo sabía que mi mente jugaba con palabras, y gestos que obviaba de todo lo que había podido vivir con ella. Lo sabía, o lo sabría... cuando despertara-. Por favor, no... -alcancé a murmurar en sueños, perdido entre tanto dolor, sudor frío y lágrimas que convulsionaban mi cuerpo en la inconsciencia, que impedían que alcanzara a abrir los ojos, viéndolo como la meta más inalcanzable.

- ¿Sabes qué? Olvídalo, porque todo te da igual, ¿no? No estás hecho para ser líder.
- Si todo me diese igual, si tú me dieses igual, ni me habría planteado el seguirte para saber qué demonios piensas.
- ¿Y qué crees que pienso, Trystan? Que todo esto es una mierda, que hagamos lo que hagamos tú seguirás siendo un humano con tus responsabilidades y yo seguiré siendo una dragona.
- Lo que somos no iba a cambiar por mucho que nos alejásemos de todo esto.
- Igual que ha sido un error confiar en tu promesa e igual que ha sido un error nombrarte a ti líder de una organización que no tiene ningún futuro. Y la lista de errores acumulados es grande todavía.


Quizás, y sólo quizás, el destino te vio venir y ahora me torture, y me eche la mierda encima para poder sobrevivir a lo que me sobrevenga... sin ti. Porque así elegiste odiarme, ¿no?
I tried to be the lover to your nightmare, look what you made of me
Now I’m a heavy burden that you can’t bear, look what you made of me

¿Era justo pensar así? Ella había hecho su elección, y las consecuencias me habían explotado en la cara, quitándome las ganas de seguir en tantos aspectos de mi vida que era incapaz de ver solución alguna. Era yo el imbécil que se había quedado con las ruinas de aquella rutina que ella había dejado atrás. ¿Por miedo? ¿Por comodidad? No sé por qué me quedé. Por qué no cometí una estupidez.
Puede que hubiese demasiada gente que me importaba, después de todo.

- No puedo entender esa actitud tan egoísta.
- ¿Egoísta? ¿La egoísta soy yo? ¿Tengo que aceptar tener un hijo que no quiero sólo porque a ti te de la gana y yo soy la egoísta? 
- Sí. ¡Lo eres! ¡Por no dejarme opinar! Siempre tenemos que hacer lo que a ti se te antoje, ¿verdad? ¿Es así como va a funcionar esto siempre, Rain? ¡Me duele que seas tan categórica sin ni siquiera pensar en lo que yo pueda querer! Por eso eres egoísta. Por no contar conmigo.
- ¿Lo que a mí se me antoje? ¡¿Es que no has visto todo lo que he hecho por ti?! Traicioné a mi raza y a mi familia por ti. Lo dejé todo por ti, ¡y no me importó! Si hubiera sido egoísta te hubiera obligado a que dejaras el puesto de líder para ir al bosque tal cual lo habíamos planeado y no me hubiera quedado en un sitio que aborrezco por ti... ¿¡Y yo soy la egoísta!?
- No sabía que tuviera que pagar por todo lo que hayas hecho tú por mí. Yo no te obligué a ello. Lo hiciste porque a ti te dio la gana.
- ... Ahora mismo me da igual lo que tú quieras. Así que dado que soy tan egoísta, despídete de tener este niño.


Meses después, lo tuviste. ¿Para qué sirvió esa discusión? ¿Para distanciarte? Pudiste fingir demasiado bien. ¿Y después? Pasó. Esas dos muertes marcaron ese punto de inflexión que te llevó a olvidar todo lo que sentías por mí.

Te fuiste. Sin una maldita palabra. ¡Sin una sola! Maldita embustera. ¿Ese era tu jodido juego? ¿Tenerme completamente enamorado, feliz, para abandonarme después? ¿Por qué?

¿POR QUÉ?

The devil within...
Una sacudida abrió mis ojos de golpe. ¿Qué era aquello? Tardé unos segundos en ubicarme. No era el mundo quien se me venía encima, era yo que había vuelto a la conciencia de una manera brusca, directa. Me llevé las manos a la cara, notando humedecidas las mejillas. Otra vez, mi subconsciente había liberado parte de aquel dolor, que me robaba hasta la respiración. Con ella alterada, me moví para sentarme en el borde. Sentía la ropa empapada y hasta juraba que la cabeza me daba vueltas de pura angustia. Me quité la camisa entonces, para limpiarme la cara. No tenía ni idea de qué hora era, pero igual podía aprovechar y darme una vuelta hasta las duchas para quitarme todo ese mal rollo con agua fría.




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Lun Jul 13 2015, 12:04

Había dejado a Pandora en su habitáculo, para que descansara después de todo el alcohol que había tomado. No avisó a los sanadores. Que sufriese la resaca, quizá así aprendía a beber con moderación. Además, estaba ocupada valorando lo que pudiese haberle sucedido a la amiga de Trystan. No quería preocuparlo sin saber a ciencia cierta lo que había pasado. Si se había ido por su cuenta, iba a alarmarlo para nada. Podía preguntar por las tabernas, allí siempre se enteraban de varias cosas. O intentar sonsacar a algún guardia… si se ponía en el peor de los casos.

Su cerebro no dejaba de pensar y maquinar diferentes situaciones probables. Incluso trazando planes en el caso de necesitarlos. Porque de ninguna manera dejaría al pelirrojo en la estacada. Aún si no hubiese sido bajo su tutela… Que aquella desaparición se había dado lugar cuando estaba cuidando de ella. Si hubiese sido más rápida, si hubiese intentado cruzar el salón con ella… Haber valorado que el camino más rápido podía dificultarse… Pero en aquel momento le había podido la desesperación por sacarla de allí… segundos antes de perderla.

Cruzaba los dedos para que al día siguiente apareciese por la base. Porque si no lo hacía y le había pasado algo, sabía que Trystan lo pasaría mal. No quería eso para él. La sola idea la desesperaba. No pensaba en la posibilidad de que él no quisiese saber nada de ella si aquello llegaba a ocurrir. Porque, aún cuando ese pensamiento de perderlo, de que la única persona que hacía que no se sintiese tan sola allí cortase todo lazo con ella, le podía hacer daño psicológico… valoraba más el bienestar del pelirrojo.

Se hallaba pensando en él, caminando por los túneles, cuando se encontró justo frente a la cortina que daba a la habitación que él tenía adjudicada. Sus irises, en ese momento tan grises como el cielo nublado, se abrieron un poco más. Dudó, por si estaba durmiendo. No quería molestarlo. Además, una cosa era sociabilizar con él en los túneles y en el bosque, y de qué manera, y otra muy distinta era entrar en su habitación.
Pero su cuerpo se adelantó unos pasos. Una mano ascendió hasta aquella cortina, deslizando sus dedos por la superficie de tela. Frunció el entrecejo. Tuvo la corazonada de que él la necesitaba. ¿Podía ser cierto? Podía echar un vistazo para comprobarlo. Si lo veía plácidamente dormido, esperaría hasta la mañana siguiente. Descorrió un poco la cortina para mirar dentro. Allí estaba, despierto y sentado en el borde de la cama. Con la camisa sobre la cara. Se mordió el labio inferior y entró, dejando la cortina bien pegada al muro para evitar miradas indiscretas.

Se sentó a su lado y acarició la espalda desnuda con la yema de sus dedos, de manera tierna, al tiempo que se inclinaba para besarle el hombro en apenas un roce. Pudo sentir la transpiración perlando la piel ajena. Entonces lo abrazó, ascendiendo la misma mano a acariciar los rizos de su nuca. Dejándole sentir su calor humano, su presencia, su apoyo. Rozó la punta de la nariz por el cuello masculino, en un acto cariñoso e íntimo.

-He pensado en tu torso en la fiesta. Gracias por recibirme sin camisa –susurró y apretó el abrazo un poco, estrechándolo contra sí-. Ok, no se me ocurría nada más descarado para distraerte –se sinceró. Sin apartarse, buscó con una mano en la bolsa que llevaba, hasta sacar los dos cristales pulidos de color azul y dárselos-. Me recordaron tus intensos ojos… -murmuró, esperando que apartarse la camisa para besarle los párpados, la frente, las mejillas y la barbilla, de forma suave-. Mmm… y te traje comida de la fiesta –agregó sin dejar de abrazarlo ni de acariciar su cabello, dejándole sentir su fragancia natural de exóticas flores y la frondosidad del bosque-. Atacaron la mascarada, pero deberías ver cómo dejé a uno –comentó, en un intento de divertirle-. ¿Te molesto si me quedo contigo? No me apetece irme. Prometo mimarte a cambio –susurró sin abandonar las caricias-. A quién pretendo engañar, te mimaría de igual modo –añadió, regalándole una encantadora sonrisa.





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Lun Jul 13 2015, 23:24

Mantuve mi rostro oculto por un momento, mientras normalizaba pulso y respiración. Odiaba esa amarga sensación que te dejaba un mal sueño. Y, lamentablemente, en los últimos meses no hacía más que despertarme con ella. Qué asco. ¿Se terminaría en algún momento? Quería pensar que sí.

Cuando el camastro se movió ligeramente, tensé parte de mi cuerpo. No había oído entrar a nadie, y menos... esperaba tener visita. La única que solía tener tal confianza era Nyssa, pero la pelirroja estaba en una fiesta, así como Moira, Pandora y varios terroristas más. En esos pensamientos andaba cuando una fresca mano bajó por mi espalda. El contraste de temperatura me erizó la piel, en un escalofrío que se intensificó en cuanto aquella mano subió hasta mi cabello. Cerré los ojos, aunque los mantuviera ocultos tras la tela de la camisa. Fuera quien fuese, no me apetecía que viera ese halo rojizo adornándolos... aunque tarde o temprano, tendría que descubrir mi semblante. Fue entonces cuando escuché una voz conocida, y toda tensión se evaporó, intercambiándose por una bien distinta. Pese a ello, ese descaro me hizo sonreír-. Hola, Moira. -murmuré al descubrir mi rostro, girándome para mirarla. Igual tenía suerte y no llegaba a darse cuenta por la falta de luz-. Vaya, has estado ocupada... -sonreí un poco más, recogiendo ese detalle que me había traído. A modo de agradecimiento, besé su frente, aprovechando que me abrazaba. Cuando mencionó la comida, me quedé sorprendido. Y abrumado. Pero tampoco tenía sentido que le recordase que no tenía necesidad de tener tanto detalle conmigo, porque ya me había dejado claro que no se sentía obligada en ningún caso. Y era una mujer de carácter-. Me bastaba con tenerte de vuelta, aunque no me hubieras traído nada. -alcancé a sonreír antes de escuchar que habían atacado la fiesta. Fruncí el ceño entonces-. Pero, no paso nada, ¿no? ¿Estás bien? ¿Se sabe quién lo hizo? -no sé por qué pero me daba la impresión de que sería otro de los ataques que achacarían a la Resistencia. Todo una vil mentira, por supuesto. Con esa costumbre en mente, mi prioridad se encaminaba más a velar por esos pocos que me importaban. Y salvo por el susto y para mi alivio, Moira parecía estar del todo bien.

Negué tiernamente, mientras llenaba mis pulmones de esa esencia fresca que acompañaba a la morena-. Distas mucho de llegar a molestarme. -casi que hasta le agradecía que hubiese tenido el atrevimiento de traspasar la cortina para hacerme compañía. Su comentario me hizo hasta reír, en una suave risa que reverberó en mi pecho, haciéndolo temblar levemente-. ¿Tan necesitado me ves de ellos? -inquirí, separando ligeramente la cabeza para poder ver esa sonrisa que me dedicó. Una sonrisa que acabó escondiendo la mía, neutralizando mi gesto, queriendo acercar mi cara a la suya... haciéndolo, de hecho. Hasta que no reprimí el impulso de besarla, como venía siendo costumbre entre nosotros en las veces que nos habíamos visto.





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Miér Jul 15 2015, 12:59

-Hola, Trystan –susurró en saludo, dedicándole una sonrisa. La mejor y más adorable que tenía, sólo para él.

Para fortuna del pelirrojo, no pudo notar el enrojecimiento de sus ojos por la escasa luz. Sin embargo, sí se inclinó para posar sus suaves labios sobre los párpados masculinos, después acarició con ellos las mejillas ajenas y la punta de la nariz. Antes de raspar la barbilla y apoyar sus labios en un beso tanto cariñoso como sugerente.

-Si tú supieras lo ocupada que he estado… ayudé a un dragón a colarse en la fiesta para que se reencontrarse con mi mejor amiga. Al parecer es importante el uno para el otro, pero no sé en qué grado. Y estaba un poco desesperado… lo amenacé por si le hacía daño y… todavía me dura el susto. Por suerte, nadie me sacó a bailar. Eso sí que hubiera sido un suplicio… para los pies de la otra persona –sonrió un poco al contar lo de Erah y Thareon, pasando por una expresión de temor al hablar sobre el susto que le metió el dragón y luego bromear con lo del baile.

Dejó caer los párpados ante el tierno beso en la frente. Suspiró y rozó la punta de la nariz contra la de él, moviendo la cabeza para propiciar más caricias suaves entre ambos extremos. Cuando estaba con él, era como si el pelirrojo sacase lo mejor de ella. Las otras dos personas con las que se portaba cariñosa eran Megerah y Kariel. Pero con Trystan… nunca tenía suficiente. Quería mimarlo, abrazarlo, besarlo… ¿Costumbre? Adicción.

¿Y las palabras de él? Certeras. Lograban que se sonrojase y optase por el silencio como nadie antes había hecho. Porque sí, una vez más lo consiguió. Sus mejillas se ruborizaron al escucharlo decir que le bastaba con tenerla de vuelta. Sus labios se estiraron en una sonrisa que no quiso ocultar. ¿Por qué le afectaba tanto lo que él dijese? Apoyó sus labios en la mejilla, sintiendo la barba contra su piel, en agradecimiento.

-Al único lugar donde quiero volver es donde tú estés –susurró sin pensar, sólo sintiendo que era lo que realmente quería. Tomó una de las manos de Trystan con una propia, sujetándolo y acariciándole el dorso con la yema del pulgar-. Estoy bien, tranquilo. Hubo heridos. Sólo vi muertos entre los atacantes. No la resistencia, eso lo sé. Tú sabías que iba a ir a la fiesta. Cuando los vi, sabía que no habías sido tú quien lo había ordenado, porque tú nunca me perjudicarías –susurró, con fe ciega en él.

Las yemas de sus dedos se movieron por la desnuda espalda masculina, como si quisieran dibujar un mapa de su piel. Contagiándose de su calor ante el contacto. Suave e íntimo. No se arrepentía de haber entrado. Había tenido esa corazonada de que la necesitaba, de una forma extraña. Como si pudiese sentirlo, sólo a él, dando la impresión de un sexto sentido que nacía en su interior.

-No. Quiero dártelos y tengo la impresión de que nunca me cansaré de mimarte –susurró, esbozando una sonrisa en sus labios cerca de él.

Poco a poco, su rostro fue acercándose al masculino… al tiempo que él hacía lo mismo. Lo miró a los ojos antes de descender sus irises para posarlos en los labios ajenos. Sintió su pulso marcarse con más fuerza ante la distancia acortada. Su nariz acarició la mejilla izquierda mientras ladeaba la cabeza en espera de ese beso que llegó cuando él decidió dar el primer paso. Bebió de sus labios, dejando caer los párpados, con suavidad y casi dulzura. Antes de empezar a intensificarlo poco a poco, ascendiendo una mano a la mejilla derecha y posarla sobre la barba. En esa costumbre, terapia y  adicción que él había empezado tras la cascada y que ninguno de los dos quería detener.


Hizo amago de pasar una de sus piernas por encima de las masculinas, pero la bolsa que llevaba se lo impidió. Rompió el beso por falta de aire y esbozó una sonrisa, antes de juntar de nuevo sus labios con los de él. De forma fugaz y suave. Movió la otra mano ociosa hasta los cabellos rojizos, atrapándolos y tirando de ellos antes de separarse y raspar con sus dientes la barbilla del resistente. Juguetona y sugerente.

-Espera… voy a dejar la bolsa apartada –le susurró, posando sus labios en el mentón ajeno y suspirando delicadamente antes de apartarse.

Se levantó, alejándose de la cama, dejando que la liviana tela del vestido danzase contra su piel, haciendo amago de dibujar el contorno de sus caderas y de sus torneadas piernas. Fue a dejar la bolsa sobre una de las sillas que había en la habitación, antes de mirar un retrato del pelirrojo.

-Vaya… buen retrat… -se detuvo antes de terminar la frase, posando sus irises sobre un muñeco hecho con ramitas flexibles. Con una tira de tela grisácea a modo de supuesta bufanda. Algo tan familiar…

Tragó saliva, quedándose en el lugar. Se olvidó de respirar por un momento. Su rostro empalideció. Sintió que había perdido el control de su propio cuerpo estático por la sorpresa, la emoción. Sólo sus labios lograron moverse, murmurando una pregunta con un hilo de voz.

-Trystan… ¿de… dónde has sacado… el muñeco?





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Jue Jul 16 2015, 21:59

Su sonrisa incitó a la mía a aparecer, desterrando parcialmente aquel temblor y malestar por lo soñado. Me dejé mimar, algo abrumado por ese cambio de actitud de la morena. Me extrañaba que una mujer con tanto carácter pudiera ser tan sumamente atenta y tierna conmigo. Claro que, con ella no podía dejar de sorprenderme. La conocía desde hace demasiado poco como para saber cómo se comportaba en cada situación, o con cada persona. Por muy... intensa que hubiese empezado aquella relación tan peculiar entre la morena y yo, no podía decir que estuviera incómodo, en absoluto, con esa actitud mimosa, en contraste. Había algo en ella que me incitaba a ser impulsivo, descarado, cosa que no había llegado a ser antes. Pero también despertaba ese lado tierno que sí tenía.

Mantuve la comisura de mis labios alzada mientras me contaba cómo se lo había pasado y qué había estado haciendo. Y mi gesto derivó en uno más tierno-. ¿No sabes bailar? -pregunté con el ceño fruncido aun sin dejar de sonreír-. Que lo diga yo, todavía pero tú, que te has estado moviendo años por las más altas esferas draconianas... Me extraña que algún imprudente no te enseñara. -hice alusión a esa torpeza de forma indirecta, suave y divertida.

Estaba sorprendentemente mimosa.

Y aquella actitud, se me contagiaba con extrema facilidad. ¿Por qué era tan influenciable por ella? ¿Qué tenía para sentirme tan terriblemente atraído por esa morena? Tan indefenso y vulnerable como seguro y decidido. ¿Qué era esa sensación tan agradable? Necesitaba tiempo para saberlo, pues con Moira había sido todo demasiado rápido como para poder asimilarlo-. Aún sigo preguntándome de qué cielo has podido caerte para ser así de increíble conmigo. -murmuré despacio, con un ligero ronroneo, vetando a mi mente ser dueña y señora de mis palabras, dejando que estas fluyeran sin filtro alguno, sinceras, llanas. Sin segundas intenciones ni planes entre líneas.

Dejé una exhalación sonara algo más de lo normal al escuchar su susurro. Tomó mi mano entonces y, he de reconocer que aquel contacto, aquella caricia me hizo un bien inesperado. Inspiré más tranquilamente cuando me aseguró que estaba bien aunque volví a sonreír tímidamente antes de contestar:- Claro que no. Sabía que la fiesta era importante para ti. -y aún así no había planeado nada, pues era una mascarada privada. Aunque fuera de dragones, no era mi plan ir atacando y boicoteando cualquier evento que se hiciera.

Me enderecé ligeramente al sentir ese paseo por mi espalda. Un roce que entrecortó mi respiración levemente-. Prefiero que no te canses. -enarqué ambas cejas, con un deje juguetón, justo antes de alzar la mano, repasando con el dorso del dedo índice la línea de su mandíbula, hasta llegar a su mentón. El cual acabé pellizcando con una suavidad envidiable justo antes de que nuestros labios se juntaran. Antes de que me dejara llevar por ese ritmo que ella acabó acelerando. Así fue como mi mano abandonó su mentón para posarse en su mejilla, dejando que mis dedos cruzaran sus pómulos, hasta alcanzar su oído y su melena, ahora recogida en un trabajado tocado por la simple preferencia de no llevarlo suelto a la fiesta. Las yemas siguieron su curso espontáneo, perdiéndose entre los finos mechones Y devoré sus labios entonces, contagiado por su deseo hasta que se separó. Un pequeño gruñido salió sin control de mi garganta, incomodado por esa interrupción que a la larga, ambos necesitábamos para recuperar el aire.

Asentí ligeramente, aunque antes de que se terminara de levantar, tiré de ella, en dulce venganza por ese jugueteo que se traía su mano en mis cabellos, buscando sus labios de nuevo, con la misma avidez pero con la clara intención de interrumpir ese beso antes de lo que ella pudiera pensarse. Capitulando casi tan rápido, atrapé su labio inferior entre mis dientes, tirando de él con suavidad, sin intención alguna de hacerla daño.

A estas alturas, no iba a negar que la tenía muchas ganas.

La observé moverse por el habitáculo, mientras ella hacía lo mismo con lo poco que yo tenía por ahí. La inmensa mayoría de las cosas, aparte de ropa, algún que otro mapa o algún libro, eran dibujos de Nyssa colgando de la pared, entre los que estaba el retrato que me hizo aquella primera vez que... bueno, nuestra primera vez.

- ¿Eso? -inquirí, justo antes de levantarme y acercarme a ella-. Fue un detalle que tuvieron conmigo... El primero, de hecho. -sonreí por el recuerdo-. Apenas tenía diez años cuando conocí a dos chicas, de mi edad más o menos, que iban de paso y se quedaron un par de días en la base. -cogí el muñeco, sosteniéndolo en mi mano una vez más. Hacía tiempo que, con todo lo que había ocurrido en los últimos meses, no me paraba a recordar aquellos dos días-. Fue el regalo de despedida de una de ellas... Con la que primero... conecté. Su amiga tenía un carácter demasiado peculiar. -añadí con una sonrisa, acordándome de aquellas dos muchachas tan dispares y particularmente unidas-. No sé qué fue de ellas, la verdad... Me contaron que se habían escapado pero, ni siquiera sé si lo consiguieron.




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Vie Jul 17 2015, 22:42

Aquella sonrisa tierna de él se le contagió. Sus propios labios marcaron una, con efecto inmediato, de manera genuina. Suavizaba sus facciones y logró un ligero rubor en sus mejillas.

-Bailar sola no tengo problema… pero en pareja es horrible –confesó, antes de ladear la cabeza un poco más seria-. Bueno… la dragona a la que pertenecía prefería enseñarme otras cosas… que fuesen útiles para ella –le contó, con un aire ausente, antes de volver a sonreírle al mirarlo-. Dos personas lo intentaron. Mi amiga, quien acabó harta de tantos pisotones y de que yo intentase llevarla en el baile. Y el dragón que me crió durante mis primeros años de vida, que me agarró en Navidad, me hizo girar y terminé mareada y en el suelo. Así que no tuvieron mucho éxito –comentó con aire divertido, antes de morderse el labio y aproximar su rostro al suyo, sin llegar a rozarlo-. No importa que no sepas bailar. Los besos y la terapia te salen perfectos –le susurró en casi un ronroneo juguetón y seductor, al tiempo que lo miraba a los ojos.


Estaba sorprendentemente a gusto mimándolo y conversando con él. En poco tiempo, la compañía del pelirrojo se había vuelto inestimable para ella. Lograba sacar facetas de ella que, o bien no sabía que estaban ahí o estaban un poco más atenuadas. Entonces lo escuchó de nuevo. Sus palabras la sonrojaron y la enmudecieron. No se le ocurrió ninguna frase para decir… porque estaba demasiado cohibida como para ni siquiera pensar en alguna.

¿Cómo tenía tanta facilidad para callarla? Ah, Erah que siempre se quejaba de que hablaba demasiado… pensaría que la cambiaron por otra si la viese en aquellos momentos. ¿Y el suave ronroneo? La hizo sentir un pequeño estremecimiento. A lo único que atinó fue a juntar con delicadeza sus frentes y cerrar los ojos. Sintiendo una calidez en su pecho que para nada la incomodaba.

-Eres un encanto-susurró, regalándole una hermosa sonrisa al hablar sobre no haber hecho planes para irrumpir en la fiesta. Su pulgar continuó moviéndose en una caricia sobre el dorso de la mano masculina, de manera tierna.

Enarcó una ceja oscura, ladeando una sonrisa con aire divertido. ¿Se refería a los mimos suaves o a besarse como lo habían hecho en el bosque? Su piel reaccionó ante ese dedo que acarició su mandíbula. Dejó caer los párpados con el suave pellizco antes de que sus labios se unieran. Hasta que poco a poco aquella mano se afianzó entre sus propios cabellos, cuando el beso ganó en intensidad. El gruñido hizo que se estremeciese y lo mirase con intensidad.

-Ese gruñido me dan ganas de volver a besarte –susurró.

Entonces, antes de que pudiese levantarse del todo, sintió que tiraba de ella y se quedó sentada a horcajadas sobre él. Una de sus manos quedó sobre uno de los hombros masculinos, ascendiendo luego hacia el cuello y con sus dedos volviendo a internarse en los rizos pelirrojos. Bebió de sus labios con intensidad, con la otra mano describiendo figuras sobre los pectorales desnudos con las yemas de los dedos. En lo que parecía ser una competición de dulces y condenadamente invitantes venganzas.

Pero él tampoco se quedó atrás. Interrumpió el beso para capturar su labio inferior entre sus dientes. Separó los labios. ¿La temperatura había aumentado o era ella? Se mordió justo en el lugar que él terminaba de soltarle. Sus irises lo miraron entre divertida y cautivadora. Ladeó la cabeza y besó el cuello masculino a un lado, imprimiendo un poco de pasión e intensidad en la piel ajena, antes de separarse.

-Empiezo a tener calor… -susurró, subiendo a capturar el lóbulo de la oreja de Trystan con los dientes y tirar con suavidad de él, sin hacerle daño, hasta soltarlo y levantarse antes de que él pudiese hacer algo. No estaba mal ir aprendiendo.


Se giró lentamente hacia él cuando se acercó, con una expresión de ansiedad y aflicción. Sus ojos estaban acuosos. Su tez, más pálida de lo normal. Sus labios un poco separados. Cuando él empezó a hablar, ella soltó un sonido entre sollozo y suspiro de angustia y alivio al mismo tiempo, soltando el aire de forma rápida por la boca. Sus cejas se marcaron en un reflejo de incredulidad y consuelo.

Su cuerpo quedó privado de todo control, en shock. Al final, las lágrimas saltaron rebeldes a sus níveas mejillas. Su mentón tembló. Trystan era… era… El primer detalle. Quiso hablarle, quiso moverse. Hablarle, decirle que estaba ahí. Pero estaba paralizada. Le costaba respirar. Sus rodillas aflojaron. Notó que le fallaban al sostenerla.

-Eres… -murmuró con sus pálidos labios en ese momento. “…Tú”. No pudo terminar la frase, antes de que el peso de su cuerpo cediese hasta el suelo, volviéndose todo negro.






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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Dom Jul 19 2015, 12:42

- Y lo que te enseñó, lo hizo bien. -atajé, dándole mi opinión. Pese a su carácter, que supuse también que se parecería al de su antigua dueña, por la fuerza que desprendía, aunque ya mostrara un atisbo claro de ello en sus orbes cristalinos y cambiantes; de las habilidades que había podido ver de la morena, se desprendía entrega, perfeccionismo y una satisfacción tácita en su mirada por el éxito-. Vaya, eres obstinada para aprender, entonces. -bromeé enarcando una de mis cejas, antes de, como venía siendo costumbre en ella desde que la había conocido, tuvo que decir la última palabra.


Fui sonriendo, hasta que aparté mis azules de ella, girando la cabeza y agachándola, golpeado suavemente por el rubor que me provocaron sus palabras-. Exagerada... -como la primera vez que la besé y ella halagó mi forma de besar, murmuré desacreditándola dulcemente. No podía creerla si ella misma había dicho que no había besado a muchos hombres. Pero sí me dejaba clara es preferencia inherente hacia mí.

- Y tú tienes una sonrisa increíble. -contesté, verdaderamente encandilado por esa encantadora curva en su semblante-. ¿Algún comentario más a ver quién sonroja más a quién? -la piqué, juguetón. Justo antes de acortar distancias y sellar nuestros labios, con un anhelo creciente hasta que el aliento clamó por su ausencia. Suspiré al escuchar su susurro sugestivo, y no pude reprimir querer beber de su boca otra vez. Un murmullo cruzó mi garganta cuando la sentí encima de mí... dejándome abrasar por ese fuego que con sus caricias y esa avidez en sus labios se avivaba de forma tan sorprendente y rápida. Mis manos se posicionaron de manera instintiva en su cintura, y subieron por su espalda, juntando nuestros torsos, conforme yo me alimentaba de su calor y ansiedad, frunciendo el ceño y con suaves murmullos por aquellas caricias marcadas entre mi cabello. Una exhalación marcada salió sin control cuando se decantó por mi cuello. Aquel mordisco en mi oreja y sus palabras, suaves, en tono tan sugestivo, me erizaron la piel, arrancándome un suspiro. La habría devorado en aquel instante, de no haberse levantado.

Cuando rompió el contacto, fui consciente de mi acelerado pulso y mi respiración agitada. Intenté tranquilizar ésta en una única exhalación marcada, llevándome las manos a repasar mi rostro, justo antes de inclinarme un poco sobre mí mismo, para apoyar los codos en mis rodillas. ¿Qué me estaba pasando con aquella mujer? No quería darle vueltas, pero la rapidez de esa fijación por tenerla... tan cerca -y sólo para mí- era algo hasta nuevo, atrayente y... adictivo. Su voz volvió a sacarme de mis pensamientos, y fue entonces cuando me incorporé y volví a acercarme, sonriendo al ver aquel muñeco de nuevo.

La miré sin entender, frunciendo el gesto por su expresión pálida, estupefacta-. ¿Estás b-...? -ni tiempo me dio a terminar la pregunta cuando sus piernas cedieron. Por un segundo eterno la vi perder altura, y por otro segundo que se me antojó efímero, reaccioné, pasando mi brazo por alrededor de ella, acercando nuestros cuerpos para que pudiera apoyarla contra el mío-. ¿M- Moira? -inquirí justo al sentir el peso de su cuerpo-. ¡Eh! -no me lo pensé mucho antes de alzarla en volandas y llevarla a la cama que tenía. No tardé en tumbarla, quitando lo que tenía de almohada para colocarla bajo sus pies, sentándome en el borde a la altura de su cintura-. Eh, vamos... -murmuré, mientras reiteraba unos golpecitos suaves en su mejilla. Miré alrededor contemplando las posibilidades de usar cómo y qué cosa. Caí en una pequeña botella de cristal que solía procurarme cada noche, con el agua fresca de las duchas. Mis ojos un par de segundos después cayeron en mi camisa y volví a actuar por instinto, al no ser la primera vez de verme en tal situación. Mojé la prenda con agua, para humedecerla. Acto seguido, volví mis azules hacia aquel pálido rostro, acercando la tela a su sien. El frescor y la posición harían que volviera en sí pronto... o empezaría a preocuparme y buscar más opciones.




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Dom Jul 19 2015, 23:08

-No voy a negar que sea útil lo que aprendí. Pero lo utilizo para otros fines. En vez de rastrear personas, lo hago con las presas para alimentar. Lo que sé sobre el dolor, lo aplico para hacer que los animales que cazo sufran menos. Ese tipo de fines. Tengo una bestia interior, Trystan.  Una oscura y fría. Pero nunca quise perder mi corazón. Y… tú me haces querer ser mejor. Tienes una facilidad para calmar esa bestia en mí –confesó en un susurro confidencial, rozando la zona externa del meñique de su mano derecha con la mano izquierda de él. Rió quedamente con su broma-. En las artes sí –admitió con aire divertido.

Se mordió el labio al verlo ruborizarse. Le pareció sumamente adorable. Le dieron ganas de perderse en sus labios. Pero en vez de ello, enarcó una ceja y curvó juguetona la comisura de sus labios.

-Nu. Y lo adorable que eres ruborizándote… -le susurró, embobada con esa timidez que él poseía y que la invitaba a juguetear en público.

Al escuchar el halago para ella, sus mejillas se ruborizaron suavemente. Sus irises, en ese momento del mismo color que el cielo despejado un día de verano, miraron brillantes al varón. Le dedicó una genuina sonrisa sumamente adorable que dulcificó sus facciones, capaz de iluminar aquella habitación.


La cambió por una sonrisa divertida y juguetona ante el comentario. “Ya verás, ya”. Estaba a punto de hablar y lanzarle una de sus frases para sonrojarlo, pero sus labios fueron capturados en un beso que le hizo olvidar lo que había estado por decir. Los sonidos que escapaban del pelirrojo la hacían desear provocárselos con mayor frecuencia. Suspiró al sentir sus manos ascender por su espalda. La tela de su vestido acarició el torso desnudo, mientras su propio pecho subía y bajaba de manera marcada.

Cada vez que jugaba con él, se tentaba también a sí misma. Sentía una atracción innegable hacia él. Se comportaba posesiva con él, algo que era un rasgo propio en ella. Pero también lo había celado. Porque no le gustaba la idea de que estuviese con otra mujer y tenía miedo de que otra le gustase más, en detrimento propio. Una locura. No conseguía entender qué le pasaba con él. Sólo sabía que, con él, no se sentía sola. Que de estar rodeada de una multitud, la sensación de frialdad la invadiría hasta ver los intensos y profundos ojos del pelirrojo.


En la cama, lo primero que sintió fue la humedad adueñándose de su piel. Poco a poco, fue siendo atraída hacia la consciencia. Frunció suavemente el entrecejo y dejó escapar un murmullo, antes de inspirar por sus fosas nasales. Al final, parpadeó con pesadez antes de animarse a abrir los ojos. Tardó en enfocar el rostro del otro resistente, en cuyas pupilas alternó las propias. Entonces, sin previo aviso y sin pensar el mareo consecuente, se incorporó para quedarse sentada y abrazarlo con fuerza.


-Richard… -murmuró con la voz estrangulada. Se sintió mal, mareada, pero aún así lo continuó estrechando con necesidad, mientras sentía sus ojos acuosos-. Pensé que no volvería a verte nunca –susurró en casi un sollozo-. No… no vi a tus padres… pensé que… que te habías ido… o… que estabas muerto –reconoció, con su voz trabándose por la emoción contenida.


Subió una mano para internar sus finos dedos en los rizos que él poseía, acariciándolos con suavidad. Se separó un poco para unir sus labios, en un fugaz e intenso beso que interrumpió tras fruncir el entrecejo.

-Mejor… me vuelvo a echar… -murmuró, sintiendo que el mareo no menguaba. Reposó su espalda en la cama y tomó una de las manos masculinas con una propia, antes de mirarlo entre sorprendida y aliviada-. Hace tantos años… y ahora estás aquí… -acarició con el pulgar el dorso de la mano-. Me alegro de que seas tú… De niño me gustabas… y ahora me vuelves loca –confesó con un tenue rubor que dio un poco de color a sus pálidas mejillas-. Alguna vez me pregunté si pensabas en mí… y has guardado el muñeco todos estos años. Ah, Erah… bueno, Natalie… decía que era estúpido escribirte las cartas. Tengo que decírselo –se pasó la lengua por los labios resecos, ascendiendo la mano para acariciar uno de los antebrazos masculinos. Antes de bajar la mirada con tristeza-. No lo conseguimos. Estábamos a punto de subir a una caravana. Un minuto más, quizá dos, y lo habríamos logrado. Nos agarró el dueño de mi amiga. Debimos de quedarnos en las alcantarillas. Aquí estábamos seguras –su voz fue bajando a medida que hablaba. Tragó saliva y volvió a mirarlo. Sonrió emocionada y movió el pulgar sobre el antebrazo ajeno-. Aún no salgo de la estupefacción. Estás aquí. Estás vivo.





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Lun Jul 20 2015, 19:22

Reí con suavidad ante sus palabras-. Todos tenemos una, Moira. Tú... yo... Aunque algunos sepan controlarla mejor que otros. -por suerte o por desgracia la mía sólo se liberaba en soledad y por las noches. Neutralicé el gesto cuando ella me reconoció que yo influía mucho sobre la suya. ¿Podía ser verdad? No es que pensara que era una mentirosa, pero se me hacía tan extraño tener... tanto poder sobre alguien, a menos de esa manera. Claro que, pensándolo bien, la facilidad con la que me dejaba llevar con Moira también era impresionante-. ¿Puedes ser mejor? Yo te diría que no. -sonreí lo justo para que mi dentadura se dejara ver entre mis labios, acompañando ese halago.

Ese jugueteo de alabanzas al contrario, ruborizándonos por cada respuesta, me parecía curioso y, consecuentemente, algo incómodo, cuando me quedaba sin saber qué decir en réplica. Pero sí podía decir que encontraba cierto gusto, y hasta ternura, en la manera que tenía de sonrojarse. Quizás por eso, me fuera tan complicado parar de hacerlo.

Pero casi que la palidez que ella mostró justo antes de desmayarse se me contagió mientras la llevaba totalmente inconsciente a la cama. Me preocupé, para qué negarlo. En un principio, no le dí muchas vueltas, pero luego empecé a preguntarme qué le habría pasado para ponerse así.

Sonreí ligeramente cuando la vi volver en sí, despacio, antes de ese impulso para abrazarme que me sorprendió. Aunque no lo hiciera tanto como sus palabras. ¿Richard? Sólo había dos personas que me conocían con ese nombre, por un inocente juego de niños. Hagamos una cosa, ya que nosotras vamos a cambiar nuestros nombres, tú te llamarás Richard mientras estemos aquí, fue lo que dijo una de ellas. La misma que me dio el muñeco dos días después, antes de desaparecer para siempre. ¿Para siempre? ¿O hasta hoy? Mis brazos se cerraron algo más a su alrededor. Moira era Katie. Mis párpados bajaron en ese reencuentro tan singular, llevando tanto tiempo juntos y sin darnos cuenta-. Ellos desaparecieron hace más de cinco años. -la saqué de dudas sin apartarme, con la voz apagada por murmurar contra la tela de su vestido.

Cerré mis ojos, concordando en pensamiento. Después de aquellos dos días me pareció que no volvería a ver a ninguna de las dos, pues siempre me las imaginé juntas, sin saber por qué. Podría decir que su beso posterior me pilló por sorpresa. Podía decir que se lo correspondí con la misma intensidad por dejarme llevar. Podría decir que aquella aclaración de su persona me era indiferente. Pero en todo, estaría mintiendo. Bebí de sus labios con una necesidad que había quedado en algún recóndito lugar de mi ser. Por años. Un anhelo renovado por todas esas veces que la había besado sin saber realmente quien había sido para mi. No obstante, tantas emociones acabaron por pasar factura a la morena más que a mí, interrumpiendo el beso, al sentirse mareada-. Espera... -dije justo antes de girarme para recuperar la almohada y ponerla bajo su cabeza antes de que se tumbara-. Mejor así... -volví a sonreír, tentado de ayudarla a tumbarse. Pero no me dejó. Sostuve su mano con fuerza cuando buscó la mía-. Yo siempre estuve aquí... Eres tú la que has vuelto... -corregí al tiempo de alzar la otra mano a su mejilla. Marqué más la sonrisa cuando me admitió que ya de pequeña, le había llamado la atención, pero menos que ahora. Porque entendía y compartía esa sensación, aunque no llegara a decírselo-. ¿Que si pensaba en ti? -acerqué mi rostro al suyo, controlando un brillo anhelante en mis azules-. Me tuviste obsesionado con tu regreso un año entero... -confesé en un susurro ronco, cerca de su oído. Pero por sus siguientes palabras me separé ligeramente, encarándola-. ¿Cartas? ¿Me escribías cartas? -ladeé la cabeza, curioso-. Pues... No me llegó ninguna... -fruncí el ceño, extrañado. Bueno, en realidad, ni tanto. Pues no había forma de que el correo funcionara propiamente dicho.

Agaché la mirada al hablar-. Aquí habríais estado más seguras, sí. -murmuré despacio, al tiempo de repasar su mejilla con el dorso de mis dedos, reconociéndome internamente que también podía agradecer el hecho de que fuera ella y no otra chica de melena negra la que me marcó desde tan joven-. Quise ofreceros esa opción pero la rubia era una chica de carácter... cualquiera le decía nada. -enarqué ambas cejas antes de volver a quedarme prendado de su mirada, recordando a su amiga, con gesto serio la inmensa mayoría del tiempo que permanecieron bajo tierra. Y eso que aquella rubia tenía buen porte y era guapa, pero su naturaleza hosca, y esa penetrante mirada cristalina que parecía matarte de mil maneras distintas, no daba mucho pie a conversar. Sonreí al notar ese cosquilleo que su dedo dejaba en mi brazo, y aquellas palabras de pura dicha tácita en ellas. Algo que me impulsó a bajar mi semblante hasta el suyo, implorando un beso de sus labios. Bebí con más tranquilidad, sin intención alguna de provocarle más mareos si le daba un beso ávido y necesitado. Uno que duró más al ser tranquilo, que me hizo moverme por instinto, apartando mi mano de su mejilla para apoyarla al lado de su cabeza. Cuando terminé, aunque no pudiera decir que estuviera del todo saciado, abrí los ojos, observándola, mientras me mordía mis labios, con cierto interés que tardé en expresar con palabras, un par de segundos después- ... estás mejor, ¿verdad? -pregunté, con un deje preocupado, aunque considerablemente más tranquilo.




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Mar Jul 21 2015, 23:49

Aunque algunos sepan controlarla mejor que otros. Esas palabras hicieron que la morena ladease la cabeza y lo mirase. Elevó una mano para acariciar la mejilla ajena con las yemas de sus dedos.

-El secreto de controlarla no es guardarla con ahínco. Es parte de quienes somos, podemos utilizarla en nuestro beneficio. Es la que nos da fuerzas para luchar contra las más adversas situaciones. Es la que nos da fiereza para pelear por alguien que es importante para nosotros. También puede consumir si se aprisiona demasiado o si ella controla. Si quieres, puede enseñarte cómo hacerlo –susurró.

No supo qué le hizo sonrojar y mirarlo hipnotizada. Si su halago, aquella impresionante sonrisa o ambas cosas. Atinó a morderse el labio, con carita de que la habían tocado profundamente aquellas palabras viniendo de él. Otra vez que él lograba callarla y ruborizarla. Había perdido la cuenta de las ocasiones en las que había ocurrido, pero sabía que no quería que el pelirrojo dejase de hacerlo.

Suspiró aliviada cuando sintió los brazos de él en torno a ella, correspondiendo el abrazo. Pero luego lo estrechó un poco más contra sí al escuchar su murmullo amortiguado. De haber sido menos tiempo, le hubiera ofrecido rastrear a sus padres. Pero más de cinco años… las pistas podrían haber sido borradas.

-Lo siento mucho –susurró, sosteniéndolo contra ella.

Tras un increíble beso que le hubiera gustado seguir hasta sentirse falta de aire, tuvo que volver a tumbarse. No sin antes hacerle caso y poder descansar su cabeza en aquella almohada que él le proporcionó.

-Gracias –murmuró, dedicándole una hermosa sonrisa a aquel encanto de hombre.

La firmeza de la mano masculina le hizo más bien del que hubiera previsto. Esbozó una sonrisa ante la corrección, porque no se le ocurrió nada bueno que responderle. Sólo ladeó la cabeza lo suficiente como para rozar con sus labios la mano que posó en su mejilla, durante un momento, antes de volver a mirarlo a los ojos. Los cuales, de repente estaban cerca de los suyos.

Sintió cómo sus irises eran rápidamente atrapados por los ajenos, zambulléndose en aquellos dos orbes que reflejaban el más intenso y profundo océano. Uno al que no temía. Siendo consciente de que, si le diesen a elegir, quisiera sumergirse en ellos una y otra vez. Sus propios labios se separaron apenas un milímetro, esperando la respuesta. Y, cuando la obtuvo, se ruborizó y se estremeció. No esperaba tal declaración y menos con aquel susurro ronco cerca del oído, tan sugerente.

-Menos mal que estoy echada… -murmuró, evidenciando lo mucho que le habían causado aquellas palabras-. Siento haberte hecho esperar tanto… -susurró, acariciando con la comisura de sus labios la mejilla adornada con la corta barba.

Su mirada fue capturada de nuevo por los irises del pelirrojo, tan cerca de su rostro. La pregunta hizo que ella volviese a ruborizarse. No había podido callarse, en plena emoción. Aunque, quizá, de ser en otro momento también le hubiera mencionado al respecto de las misivas. Ladeó la mirada, con cohibición, antes de emitir alguna palabra.

-Sí… una vez al año… Nunca las mandé. No sabía si sabías leer o cómo hacértelas llegar. Estuve tentada en dejar caer una a las alcantarillas por si la encontrabas… pero no quise que alguien lo descubriese y supiese que estabais aquí. También te busqué en el bosque unos seis años después. Por si habías ido a vivir allí. De todas maneras… quizá debí de correr el riesgo de separarme de alguna de las cartas a favor de que tú las tuvieras con un poco de suerte. La dragona que me compró, las encontró. Las echó a la chimenea encendida. Pude rescatar algunas… fui lo suficientemente terca como para elegir entre conservar las que no fueron convertidas en cenizas y un castigo ejemplar –movió su pulgar sobre la mano de Trystan que aún sostenía-. La idea de perder mis manos no me resultó tan aterradora como perder todas las cartas que te escribí.

La confesión no la hizo con miedo, ni dolor, ni arrepentimiento. Levantó el mentón, orgullosa de su decisión. ¿Qué más daba un castigo o una tortura más? Al menos que lo hiciera por algo que mereciese la pena. Dejó caer los párpados, con sus rizadas pestañas acariciando el inicio de sus mejillas, mientras se sentía reconfortada con las caricias del otro resistente. Hasta que abrió los ojos para mirarlo con diversión y reír quedamente.

-Es adorable, pero estaba celosa. Yo le ofrecí a tu madre llevarte con nosotras… pero no le gustó nada la idea –le contó, acariciando con el dorso del índice el antebrazo masculino. Intensificó su mirada y frunció los labios, con aire de gravedad, antes de hablar de nuevo-. Me alegro de que no te llevásemos con nosotras. No hubiera soportado que te atrapasen a ti también. Prefiero que seas libre a tenerte a un metro de mí en las mazmorras o esclavizado. Nunca quise eso para ti –su voz se trabó ante la mera idea, con sus grandes ojos volviéndose acuosos de nuevo-. Además, las opciones de dueño no me gustaban. Si te hubiera tenido en el castillo, no hubiera querido que nadie más te tocase. De ninguna forma –declaró posesiva.

Sus labios se entreabrieron, respondiendo a su petición. Un beso suave, encajando sus bocas a la perfección, con su lengua acariciando la ajena en una danza tranquila y acompasada. Emitió un sonido de protesta, casi un murmullo, cuando él se separó. Abrió los ojos, impactando sus pupilas con las contrarias. Observó la forma adorable de morderse los labios, pensativo. Unos de los cuales no estaba saciada. Al final él habló un poco preocupado. La morena asintió.

-Estoy mejor… gracias a tus cuidados. Pero… -atrapó los cabellos rojizos con la mano libre y tiró hacia abajo con firmeza antes de adueñarse de la boca de Trystan. El beso empezó lento y pausado, antes de romperlo-… aún no es suficiente para mí –agregó en un susurro algo grave pero femenino, antes de tirar de nuevo de sus rizos pelirrojos y volver a besarlo. Esta vez con voracidad, con necesidad implacable. Hasta que finalmente se quedó sin aire y se apartó para respirar un poco. Entonces, se inclinó hacia el oído ajeno, rozando el borde de la oreja con sus labios-. ¿Es suficiente para ti? –le susurró con un ronroneo seductor, antes de tirar por tercera vez de sus cabellos y rozar con sus dientes la mandíbula inferior masculina, cerca del lóbulo de la oreja.





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Jue Jul 23 2015, 15:42

Medio sonreí por su oferta, pero no supe contestarla. Seguía con la idea de no hacer partícipes a los demás de aquella bestia interna que devoraba mis miedos cuando emergía de lo más profundo de mi ser, convirtiéndome en alguien irreflexivo, envuelto en ira, con pupilas enrojecidas y constante rechinar de dientes. Un humano salvaje, ávido de sangre ajena y sarcasmo envenenado. Todo lo que yo no quería ser, como no quería que nadie me viese. No podía ser un líder de confianza siendo así.

Me olvidé de todo cuando perdió el conocimiento, y me fue difícil calmarme hasta que no volvió en sí. Ni siquiera recuerdo dónde dejé la camisa mojada, pues su abrazo y palabras, me hicieron tragar saliva, colmando mi mente instantáneamente de recuerdos. Unos que cerraron mi abrazo en torno a ella. Asentí a sus palabras, como si quisiera hacerle entender que no pasaba nada. Ya no. Al principio, fue realmente duro, pero después de tanto tiempo, me había acostumbrado a su ausencia. Como esperaba poder decir de la de Rainreth en algún momento.

Su sonrisa llamó a la mía una vez más. Era increíble esa capacidad que tenía esta mujer para hacerme sonreír, como si todos mis problemas, miedos y dudas pudiesen resolverse con ese simple gesto. No tenía que agradecerme nada, por contra. Eran detalles que tenía de manera desinteresada e inconsciente. Igual en una rutina de rudeza, malas miradas y gritos, el hecho de buscar una simple almohada de tela para apoyar la cabeza podía llamar la atención.

Su sinceridad volvió golpearme, con un toque que me hizo reír esta vez, mientras nadaba en el claro mar visible en su mirada. Pero mis palabras eran tan ciertas como contundentes. Era verdad, sí. Desde que ella se fue hasta que Nyssa llegó a mi vida, había convertido en rutina mirar hacia la entrada por la que aquellas dos niñas aparecieron hacía tantos años, llevándome más de una pequeña regañina por parte de mi madre. Su murmullo clamó por mi atención, y fue entonces cuando subí mi mano a la que acariciaba mi mejilla-. No quiero que te disculpes por eso... -giré la cabeza para dejar un beso sobre su palma, sin dejar de mirarla-. Ahora estás aquí, ¿no? -sonreí un poco más. Qué bien decían que lo bueno se hacía esperar.

Solté suavemente un suspiro por la nariz, con su confesión. Me pareció terriblemente tierno que me escribiera, aunque luego no se animara nunca a mandarlo. Pero mi gesto definitivamente se frunció cuando su dueña entró en la conversación. La mano que aún mantenía lejos, se cerró en un puño, llegando a blanquear los nudillos. Desde luego, ese último apunte del castigo no me gustó lo más mínimo. Volví a posar mi mano en su rostro, repasando con el pulgar en una suave caricia el hueso de su mejilla, como si quisiera reconfortarla de algún modo-. No sé si sentirme culpable porque te castigaran al escribirme esas cartas... -intenté bromear, esbozando una sonrisa que no llegó a mis ojos.

Sonreí un poco más, sin embargo, con el recuerdo posterior-. Me acuerdo. -murmuré en respuesta-. Bueno, pretendías convencer a la obstinada de mi madre para separarla de su hijo. -enarqué ambas cejas, con un deje divertido, que acabó desapareciendo según ella siguió hablando. En su lugar, por aquel comentario tan posesivo que encendió mi anhelo, fue un completo aliciente para terminar de inclinarme sobre ella y volver a besarla. Ni seguía ya la cuenta de las veces que nuestros labios se habían entrelazado en tan poco tiempo... ni me importaba, porque sólo quería seguir aumentando dicha cuenta.

Exhalé sonoramente antes de que sus labios chocasen con los míos de forma ávida, llegando a entrechocar nuestros dientes ligeramente, mientras nos perdíamos en la boca del otro, como si beber de ella fuera a salvarnos la vida de algún modo. Sin separarme de sus labios, levanté mi trasero de la cama, para poder acomodarme mejor. Giré mi torso hacia ella, apoyando la rodilla que tenía más cerca justo en el sitio donde me había sentado momentos antes. Así estaba mejor. A medida que el anhelo de aquel beso crecía, mi pulso se aceleraba. Pude apoyar el otro brazo al otro lado de su cabeza, para dejar de apoyarme en el que ya reposaba en la cama. Y fue justo ese, quien volvió a su mejilla, a tiempo para que yo consiguiera con esfuerzo apartarme de ella, interrumpiendo el beso. No contenta con aquello, la pregunta hecha murmullo de Moira me arrancó un escalofrío-. He podido estar esperando sin saberlo, veinte años para tenerte así... ¿Crees que con dos besos voy a saciarme? -contesté con la voz tomada, acompañada con una ronquera sugerente, que terminó mi pregunta en un ronroneo que no había escuchado antes. Acto seguido, bajé para continuar con ese baile sugestivo, así como comenzar el lento y sentido paseo de mi mano, bajándola por su cuello, bordeando la clavícula, delineando el borde de su vestido. Gruñí con fingida molestia cuando mis dedos, en su viaje particular por su cuerpo, dejaron de sentir su nívea y sedosa piel. No obstante, aquel vestido tampoco es que fuera desagradable al tacto, pero no era ella. Mi palma recorrió la curva de su pecho, mientras el hecho de ser precisamente su busto me hizo querer expulsar el poco aire que me quedaba en mis pulmones. Pero no podía quedarme ahí. No. Mi ambición empujó mis dedos aún más abajo, por el costado, presionando la tela como si con ello consiguiera alcanzar la piel que se escondía debajo. Interrumpí el beso, separándome apenas un par de milímetros, para que ambos pudiéramos recuperar el aliento. Sus dedos, hundidos en mis rizos, no paraban de provocarme escalofríos con sus caricias, instigando a mi mano, exploradora implacable a seguir en su aventura propia, recorriendo su cuerpo. Ladeé mi rostro, bajando por su mejilla, delineando su mandíbula inferior, hasta el hueco entre ésta y su oído. Dejé un cálido beso justo ahí, antes de empezar a cubrir su cuello con ese paseo inventado por mis labios. Mi mano cruzó entonces, en caricias lentas, por su vientre, hasta la pierna suya que tenía más próxima a mí. Pero seguí bajando hasta su rodilla. Engarfié mis dedos sobre su vestido y tiré de él hacia arriba, lo justo para poder colar mis ansiosos dedos por debajo, y así, volver a tocar su codiciada piel. Bufé cuando eso pasó, estrellando mi aliento contra su cuello. Y no pude más. Elevé de nuevo mi semblante, buscando esos labios de perdición, bebiendo de ellos en un arrebato de desesperación, mientras mi mano, ahora totalmente apoyada en su pierna, comenzaba su camino ascendente, de regreso.




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Vie Jul 24 2015, 23:17

Si negase que la sonrisa y la risa masculina le gustaban, mentiría. Le hacía querer ver aquella curvatura en sus labios más a menudo. Le hacía desear escuchar aquel sonido grave y oscilante escapando de su garganta. El beso tan tierno en la palma de su mano la hizo mirarlo con carita de que aquel gesto le había dado duro. Sus irises brillaron, evidenciando lo mucho que le había causado. Sus labios esbozaron una sonrisa suave pero muy adorable.

-Sí, vas a tener que aguantarme, no lo siento –le bromeó un poco.

Suspiró al sentir aquella caricia sobre la parte superior de su mejilla. Dejó caer los párpados un instante para disfrutar de la sensación antes de mirarlo. Se encontró con aquellos orbes azules que no acompañaban la sonrisa. Frunció un poco los labios antes de acariciar la barbilla de él con el dorso de sus dedos.

-No te sientas culpable. Llevaba de los cinco años torturándome gratuitamente. Volvería a escribir esas cartas. Era una de las pocas cosas que me ayudaron a sobrevivir. Tú me ayudaste a seguir adelante –susurró mirándolo a los ojos con profundidad-. Pero me debes respuesta a ellas. Puedes cazarme un ciervo en compensación –le bromeó un poco al final.

Sonrió, asintiendo. Sí, desde luego su madre no dio el brazo a torcer. ¿Pero podía culparla? No. De estar en su lugar, tampoco hubiera dejado irse a Trystan. Con el paso de los años, podía descifrar aquella desesperación, la agonía de no saber qué había sido de su hijo de haber permitido que aquellas dos niñas se lo llevasen. Algo que, evidentemente, la mujer había sabido antes que la pequeña.

Sus labios sellaron los propios una vez más tras el comentario posesivo. Se perdió en ellos, poco antes de que ella capturase los ajenos con avidez. Lo sintió moverse sin romper el beso, en aquella necesidad compartida. La falta de aire y el esfuerzo por no perder el control fueron los que separaron sus bocas. De una forma que ya era costumbre entre los dos.

El agarre posesivo y dominante que ella ejercía sobre los rizos pelirrojos tuvo su efecto. Una respuesta por parte del otro resistente que la hizo estremecerse. Por sus palabras y por los sonidos que las acompañaban. Tuvo ganas de girarse, tumbarlo en la cama y ponerse encima de él. Pero el nuevo beso la hizo posponer ese deseo de dominarlo. Bebió de sus labios, acallando en ellos un suspiro al sentir al recorrido de sus dedos sobre su piel, la cual reaccionaba al sugestivo tacto.

Sus propios y finos dedos se internaron entre los cabellos masculinos, acariciándolos rítmicamente. Su otra mano se posó sobre uno de los hombros del pelirrojo, acariciándolo con suavidad. Su pecho se alzó un poco, con su respiración acelerándose y pulso tornándose más fuerte, golpeando insistentemente donde su corazón se encontraba.

En cuanto escuchó su gruñido, tornó el beso más ávido. La mano que acariciaba el hombro varonil se deslizó para empezar a repasar la espalda. Lentamente, mientras las yemas de sus dedos dibujaban el contorno de cada músculo y le transmitía su calor. Acalló un murmullo contra sus labios, al sentir la presión en su costado. Quería sentirlo contra su piel, en una necesidad implacable y en aumento.

Sus labios, enrojecidos e hinchados por el beso, quedaron liberados de repente. Tomó aire, con sus pupilas impactando contra las ajenas de manera pasional e intensa. Se mordió el labio cuando él bajó a besar su mejilla y su mandíbula inferior. Soltó aire, acariciando los cabellos ajenos, con el sensual beso que depositó en aquel sensible hueco. Cuando llegó a su cuello, cerró los ojos, con los labios abiertos y olvidándose de respirar. Jadeó quedamente, cerrando su mano en torno a sus rizos.

Una de sus torneadas piernas se alzó, flexionándose poco a poco al tiempo que se deslizaba contra una de las piernas masculinas, la que tenía más cerca. En una sugerente caricia. La mano masculina bajó lentamente a su vientre y su cuerpo no pareció saber qué hacer. Si rehuir ese contacto extraño para ella o dejarse llevar. Pero aquellos labios, marcando suavemente su piel, la hicieron olvidar momentáneamente de los nervios que empezaban a acumularse.

Sus dedos se crisparon contra la espalda masculina y su cuerpo dio un pequeño respingo al sentir aquella mano colándose por debajo de su vestido. De sus labios brotó un gemido femenino. El aliento ajeno golpeó contra la sensible piel de su cuello, estremeciéndose contra él, logrando que su blanca y cálida carne presionase suavemente contra aquella mano que la exploraba y dibujaba su contorno.

-OHDIOSTRYSTAN –emitió un gemido sin control, mezclado con un ronroneo, antes de recibir los tentadores labios del pelirrojo.

Tiró de sus cabellos, pero no para apartarlo, sino para devorar su boca. Su otra mano fue lentamente bajando por su espalda, repasándola bajo la yema de sus dedos, hasta la curvatura de la lumbar. Presionó para acercar sus caderas con suavidad pero firmeza, mientras bebía de aquellos labios que separó para deslizar su lengua entre ellos. Acarició la ajena mientras su mano volvía a ascender por la espalda masculina.

Hizo un suave movimiento circular, sugerente, en su hombro, antes de empezar a bajar por sus pectorales lentamente. Sus dedos acariciaron el pecho masculino volvieron el beso tan increíblemente intenso como lento. Pero no se conformó con ello. Bajó más la mano, delineando los abdominales trabajados en aquel cuerpo fibroso. Rompió el beso, sólo para apoyar sus besos sobre su cuello, presionando contra su piel y tomando un pedacito de sensible carne en su boca, marcándolo sin dientes. Justo en el momento de avanzar hasta que la punta de sus dedos estuvieron bajo los calzoncillos, internándose entre los rizos, antes de volver a ascender. En un intento de distracción para que no la detuviese. Lamió la zona del cuello que había capturado, con la punta de la lengua, suave, con delicadeza. Con una lentitud sugerente y desesperante.

-¿Me ayudas con el vestido? –murmuró en un sutil gruñido invitante en su oído, antes de mordisquear con delicadeza el borde de la oreja de manera enviciante. Después, se dio la vuelta y se tumbó de costado, dándole la espalda y mirándolo con sus grandes y cristalinos ojos, con una profundidad cautivadora en ellos por encima de su hombro derecho.





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Lun Jul 27 2015, 17:15

Me sorprendió con sinceridad esa manera de pensar con la que Moira consiguió salir del paso a tantos años de esclavitud, que no se me antojaron fáciles, precisamente. Era alabable esa ideología, viniendo de alguien que había sufrido tanto. O, quizás, ¿era precisamente tanto sufrimiento la que le había incitado a pensar así? ¿Cómo podía decir que yo la había ayudado si sólo habían sido dos míseros días en comparación? Era hasta abrumador. Así como esa caricia sobre mi mentón, suave, tierna. Exhalé por la nariz, lenta y profundamente., hasta que la sonrisa se volvió a dibujar en mi semblante-. Es lo menos que voy a hacer... -aseguré. Podía enumerar prácticamente todos los detalles que se me pasaban por la cabeza, que pudiera tener con ella. No obstante, seguía llamando mi atención esa terrible atracción que tuve hacia la morena desde el primer momento. Algo que no me había pasado con Rain... incluso con Nyssa. Con ambas me tomé mi tiempo en sentir algo por ellas. Con Moira, ese tiempo se había reducido a unos días.

Y era precisamente esa atracción la que mayoritariamente impulsaba mis dedos a deslizarse por su cuerpo, provocándole una respiración marcada, que se colaba en mis oídos, haciéndome presionar más mi mano contra ella. Un cautivante bucle que secaba mis labios, instándome a seguir bebiendo de los suyos y aceleraba el latir de mi corazón. Aunque me perdiera en el hueco de su cuello, hundiendo ahí mi rostro, para cubrir aquella piel con besos y hasta mordiscos, su gemido por las caricias de mis dedos en su pierna me incitó a volver a sus carnosos y atractivos labios, que no me cansaba de repasar, de delinear, de besar. Sus manos, en un intento por imitar la mía, empezaron a recorrer mi torso desnudo, provocándome escalofríos cuando sus dedos se clavaban suavemente en mi piel. Y aquella costumbre de tirar de mis rizos me estaba volviendo verdaderamente loco.

Cogí aire con su pregunta y ese mordisqueo en mi oído, clavando mis orbes azules en las claras profundidades de los suyos, cuando ella volvió a reposar su cabeza en la almohada. Tragué saliva cuando ella se ladeó hacia el otro lado, dejando el cierre de su vestido a mi total disposición. Fue entonces cuando me acomodé aún más, tumbándome a su lado, de cara a su espalda. Pero no llevé la mano aún a la prenda, dejando que mis dedos se regodeasen en la parte alta de su muslo, mientras mis labios besaron la base posterior de su cuello. Una vez. Dos. Otra más. Me aproveché concienzudamente de que su larga melena estaba recogida, para aproximar aún más mi semblante a su nuca y cuello, queriendo desgastar mis labios en besos sobre su piel. Llegué a la parte de atrás de su oreja, donde solté una exhalación lentamente. ¿Adrede? Sí. Me atrevía a jurar que algo así, excitaría a cualquiera, pero yo no lo hice con esa evidente intención. Quería saber qué es lo que más la exaltaba y aquella era la manera más sutil que se me ocurría de averiguarlo. Y la más agradable.

Al tiempo, mis dedos, en esa presionada caricia, alcanzaron la línea de su ropa interior, por la ingle. Pese a ser algo que me estimuló a mí, hice un esfuerzo por no acelerar ese paseo de mi mano, queriendo disfrutar de ese estremecimiento que golpeaba a la morena, erizando la piel de su espalda, antes de que yo me percatara de ello y calmara esa sensación fría con el calor de mis labios. Sabía que en cuanto deshiciese los nudos que sujetaban su ropa, Moira cambiaría de postura, y era algo que no quería. Aún, al menos. Quería seguir indagando, aprovechando que ella misma había consentido, dejando su espalda y todo su cuerpo, en realidad, a mi total disposición. A mi merced. Y no tenía intención alguna de dejar pasar la oportunidad.

Finalmente, llevé mis dedos  a la parte baja de su vientre, colándolos desde ahí en aquella ligera y suave tela que resguardaba su zona más íntima. La tensión que se manifestó en su cuerpo entonces, sumada a ese cambio en su respiración, dibujó una sonrisa satisfecha en mi rostro, volviendo a dejar escapar el aire de mis pulmones entre mis labios. Su reacción me exaltó , haciéndome apretar los dientes para no perder el control, al sentir su humedad entre mis dedos. Allí los detuve, por un momento, antes de volver a moverlos, de manera circular y suave. Cerré los ojos, sintiendo el completo estremecimiento de su cuerpo, aún pegado al mío, separado solamente por la tela de aquel vestido que empezaba a molestar. Tenía la sensación de que Moira me rogaría en breves porque se lo quitase, con los sentimientos encontrados por dejar de sentir mis dedos acariciando su entrepierna. En un impulso posesivo, que se podría confundir con atento, subí mis labios a su oído de nuevo-. ¿Te gusta? -inquirí retóricamente, atrapando parte de su borde entre mis labios después de dejar escapar un murmullo ronco, contundente, tensando la mandíbula, como si soltase las palabras con rabia, cuando no era así-. Porque también es lo menos que te voy a hacer...




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Moira el Mar Jul 28 2015, 16:09

Quiso decirle que estaba bromeando, que no hacía falta que le diese nada a cambio. Pero, también sabía que, él, como ella, quería tener esos detalles sin esperar ninguna respuesta del otro. Lo miró con los ojos brillantes, llenos de emoción. Solía influenciarle que tuviesen bonitos gestos con ella. Pero que lo hiciese él, aquella sensación aumentaba exponencialmente. Y ya no sólo porque sus irises se volviesen acuosos. Sino porque se estaba volviendo adicta a que la tratase bien. Porque se metía en su burbuja personal, olvidándose de respirar momentáneamente, sólo para permitir que el aire volviese a inundar sus pulmones con el fin de continuar viva y seguir experimentando aquellos instantes con él. Porque quería tener más detalles que habían comenzado con un simple muñeco de paja que él había guardado por años. Porque viviría mil vidas a su lado de tenerlas.

Si sus besos corroboraron aquella innegable atracción que existía entre ellos, los mordiscos la llevaron al abismo donde se difuminan la cordura y la locura. Las nuevas sensaciones la cautivaban, perdiéndose en ellas, deseando continuar deslizando sus dedos por la piel ajena. Y, cuando se echó, con la esperanza de liberarse de la ropa, aún en parte, para acariciar con su cuerpo el masculino, ese momento no llegó.

Suspiró al sentirlo echarse a su lado, tentada a volverse y descansar su cabeza en el varonil pecho. O quizá a sentarse encima de sus caderas. Practicando aquella lección aprendida. Al sentir la mano en su muslo y, de repente, los besos en la base de su cuello, supo que la iba a hacer experimentar una dulce tortura. Supiró… hasta que el aire fue expulsado de forma más marcada, convirtiéndolos en suaves jadeos.

Un estremecimiento recorrió su columna vertebral al escuchar la exhalación dejada desde detrás de su oreja, sintiendo el aliento acariciar su piel. Estaba tan inmersa en las sensaciones que no se dio cuenta de la escalada de aquella mano hasta que los dedos del pelirrojo bordearon su ropa interior, en la sensible zona de la ingle. Se quedó quieta un momento, golpeada por los nervios de la inexperiencia. Un estremecimiento le siguió, acariciando la parte posterior de su cuerpo contra el ajeno detrás de ella. La calidez de sus labios hizo que su cabeza se inclinase hacia delante y que sus nalgas oscilaran durante un instante contra las caderas masculinas. Sin pretensiones, sólo como consecuencia de un latigazo de placer que experimentó.

Se olvidó de respirar cuando aquellos dedos llegaron a la parte baja de su vientre, el cual se encogió. Tiró su cuerpo hacia atrás, pegándose aún más contra el de Trystan. Se tensó, presa de los nervios y la anticipación. Los dedos continuaron su camino hasta detenerse. Soltó al aire de forma entrecortada. Empezó a acariciarla, logrando desatar más nuevas sensaciones. Todo su cuerpo se estremeció contra el masculino. De sus labios brotaron gemidos contenidos. Sintió más calor, hasta que su piel se volvió extrañamente cálida.

No supo dónde poner sus manos. La más alejada a su cama, se deslizó para ponerse encima de aquella que la acariciaba. Un momento después, rompió el contacto que podía confundirse como íntimo. Pero era posesivo con un toque dominante. Aquella misma mano se hizo hacia atrás para posarse sobre el muslo masculino, en busca de apoyo y de poder tocarlo. En una necesidad acuciante.

La ropa empezaba a estorbarle. El aire se le hacía pesado y cálido. Su mente, embotada de placer, fue incapaz de pensar en otra cosa que no fuese él, deslizando sus dedos de forma circular sobre su intimidad. En su cuerpo detrás del suyo. Sintió el cálido aliento en su oreja de nuevo y suspiró entre los sonidos de placer que emitía.

Otro fogonazo de calor la alcanzó. El murmullo ronco la hizo presionar la mano sobre el muslo del otro resistente. Sus piernas se tensaron al tiempo que sus caderas se adelantaban, buscando mayor contacto con la mano masculina. Los labios atrapando el borde de su oreja, logrando que su pecho subiese y bajase atrapado en el corset.

-Ufff… -soltó con las últimas palabras del pelirrojo-. Más… -pidió, sin poder coordinar y armar una frase completa-. Vestido… mmm… -murmuró en placer, queriendo que se lo quitase-. Trystan… pagarás… -jadeó, intentando decirle que se iba a vengar en cuanto pudiese. Porque en aquellos momentos se sentía limitada para volverlo todo lo loco que deseaba. Su voz denotaba la falta de aire, un poco más grave de lo usual por estar tomada por el placer y la excitación.





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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

Mensaje por Trystan el Sáb Ago 08 2015, 18:37

Podría quedarme noches enteras en su compañía. Podría perderme en sus ojos incontables horas, ya fueran diurnas o no. No me daría cuenta, en realidad. Aquel mar caribeño, a caballo entre lo azul, lo gris y lo verde, me arrastraría hasta el fondo, me envolvería  en su agua y allí me robaría el aliento, el calor y la vida. Sus labios, por contra, serían los únicos que podrían mantenerme con vida, sumergido en esas profundas aguas, dándome ese aire que sus ojos me quitasen. Sus brazos rodeándome, me proporcionarían calidez suficiente para que mi cuerpo no quedase frío e inerte. Ella tenía esa habilidad de devolverme la vida tan rápido como me la robaba. Era una sensación extraña, cuanto menos. Única... desgarradoramente adictiva.

Era por eso, en parte, que no podía evitar beber de sus labios, de recorrer su cuerpo con mis manos, deseosas de más. Conocerla a otro nivel, aunque irónicamente, por tiempo, parecíamos dos auténticos desconocidos, incapaces de dejar de besar al contrario.

Spoiler:
Por eso, cuando la tuve de espaldas a mí, no pude sino acercarme, pegarme a su cuerpo, deseoso de despertar en ella sensaciones que, como ella misma me había reconocido ya, no había llegado a experimentar.

Aún con las limitaciones de su propia ropa, mis dedos se pasearon por su piel, bajo tanta tela, excitándome al perderlos en la humedad de su entrepierna. Moira reaccionó, pegándose más a mí, moviendo sutilmente sus caderas, pese a la tensión visible que mantenía su cuerpo. El silencio se vio interrumpido por esos gemidos controlados a medias que su garganta emitió. Acabé sonriendo antes de suspirar, viendo normal esa tensión que su propio cuerpo mantenía por mis caricias, y que, pese a su falta de experiencia, fuese ella quien siguiese buscando el roce conmigo. Como si quisiera hacerme también más participe de lo que ya era de todas esas sensaciones que ya despertaba en ella.

Sentí su mano en mi muslo, ansiosa por recorrerlo o, al menos, hacer el intento de. Pero mis dedos eran más rápidos, abstrayendo su mente y hasta sus deseos lo suficiente para que le fuera hasta complicado pensar con claridad. Así me lo demostró entre titubeos. Entre suspiros. Su cuerpo ahora estaba a mi completo disfrute. Y no había cosa que me hiciera disfrutar más que hacerla partícipe a Moira

- ... Te haré mía... -murmuré posesivo, sobre su piel, justo antes de morder la parte posterior de su cuello, su nuca, exhalando de forma marcada. Pude repetir más veces, besando posteriormente la piel mordida. Bajé así por su columna, recreándome en sus escalofríos, en su respiración, sin detener el movimiento de mis dedos. De hecho, moví mi pierna, esa misma donde ella apretaba con sus dedos, para colarla entre las suyas. En cuanto pude, la levanté, separándola del colchón, abriendo sus piernas, al tiempo de bajar ligeramente un poco más esas caricias circulares de mis dedos, y presionar sus nalgas contra mis caderas.

Estaba disfrutando. Oh, sí.

Tanto que presioné su piel con mis dientes, ligeramente más fuerte, dándome cuenta algo tarde. Para compensar, volví a subir con mis labios, recorriendo su omóplato, hasta llegar al límite del hombro, donde su piel se ocultaba tras el vestido. Con la mano, con la que aún no había empezado, busqué ese cordón que ataba el corpiño de ese vestido que, por muy bonito que fuera, se había vuelto terriblemente molesto. Comencé así, a intentar deshacer los nudos con mis dedos, torpe pero decidido. Sin aumentar el ritmo, sin perderme en la ansiedad. Mientras, mis labios se inventaron un camino de regreso a su cuello, hacia ese hueco que no me cansaría de besar, detrás de la mandíbula, bajo su oreja-. ... y rogarás por más. -añadí justo antes de dejar ahí otro beso.




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Re: Soulkiller eyes over my nightmares || Moira

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