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You are breaking me in pieces– Blake. +18

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You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Jue Jul 09 2015, 00:05

Parpadeó varias veces, acostumbrándose a la oscura sala donde estaba. Le dolía mucho la cabeza. Frunció el entrecejo y la nariz, antes de darse cuenta de que no tenía máscara. Sus cabellos, teñidos en rubio oscuro, caían sueltos formando sedosas ondas que enmarcaban su hermoso rostro. Se dio cuenta de que estaba sentada en una silla… pero encadenada a ella, en mitad de aquel cuarto. ¿Dónde estaba?

Sus brazos tiraron de las cadenas en vano. Apretó los labios de mal humor. Hasta que los recuerdos fueron fluyendo mientras volvía a toser, de forma residual por la belladona. Aún le picaba la garganta. Ah, sí, aquella morena que la había ayudado. Su voz… sí… la de Moira. Recordaba que la había tirado por la ventana. Espera, no… la había hecho salir por ella. Había caído tosiendo y estornudando, mandando al diablo la máscara negra por ahí. Y, cuando escuchó unos pasos, pidió ayuda.

Si se hubiera quedado callada, hubiera sido mejor. A su mente acudieron partes de uniformes de guardias. De forma difusa por la droga y el envenenamiento. Mierda. No, no, no, no, no. Empezó a hiperventilar. No podía estar capturada. No, no, no, no. ¿Cómo había podido ser descuidada? Oh, joder, su rostro estaba en los carteles de Talos. Había recompensa, aunque no sabía cuál era. Y encima seguro que la acusaba de terrorismo por lo que pasó en las montañas. Y… era una híbrida, aunque eso sólo lo sabían Trystan, Pandora, Moira y Kariel. O eso creía. Daba igual, la iban a torturar y luego ejecutar.

“Lo siento, Trys, lo siento mucho”, pensó con ganas de llorar, desesperada. Se tragó sus lágrimas para inclinarse hacia delante. Los zapatos tocaron el suelo e hizo fuerza. Tomó impulso y se levantó con la silla en la espalda. Entonces, se dejó caer a lo bestia contra el suelo, partiendo el asiento y algunas patas de madera. Se deshizo de los restos, aún con las cadenas enrollándose alrededor de su cuerpo.

No importaba, lo utilizaría de arma. Frunció el entrecejo, dispuesta a salir de allí. Sin saber exactamente cómo. Entonces, la puerta empezó a abrirse. Su pulso se disparó y empezó de nuevo a hiperventilar. “Tranquila… según abra un poco más, te escurres por el hueco y corres. Muy rápido”, se intentó animar a sí misma. Muy fácil decirlo. Con suerte le tocaba algún inquisidor humano. Cruzaba los dedos para que fuera así y que lo tomase por sorpresa. O fuese despistado. O despistada.

“Volveré, Trys”, pensó.

¿De verdad podía estar segura?


Última edición por Nyssa el Jue Jul 30 2015, 10:16, editado 1 vez





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Jue Jul 09 2015, 17:43

Pffffff.

¿Papeles? Je, ni de coña. Qué bonitas quedaban las montañas de informes por hacer en aquella mesa que intentaba recopilar tanto estudio, investigación y mierdas varias. Era lo más tedioso de aquel trabajo. Las torturas eran mucho más divertidas. Pero con diferencia. ¿Qué nos acusaban de vagos? ¡No me jodas! ¿Cómo no iban a hacerlo si nos pasamos el día sentados escribiendo a quien se le había caído una uña o quien había estornudado más de la cuenta? Desde luego, lo mejor para cambiarle el humor a un inquisidor es mencionarle la palabra 'informe'. La catarsis.

Me llevé sendas manos a las caderas, resoplando sonoramente. A ver por dónde empezaba. Y justo cuando iba a dar el paso, para quemar todos esos papeles y alegar locura momentánea un compañero me interrumpió. ¿Más informes? Me giré a él con la ceja levantada, con cara de pocos amigos... hasta que la palabra 'tortura' me cambió la cara. ¿Veis? Somos manipulables. 'Informe' y 'tortura'. No necesitáis más para jugar con nuestro humor. Me pasó un folio, (SÓLO UNO) para que me pusiera al día del pobre prisionero que tendría el placer de mi compañía. ¡Oh! Prisionera. La cosa mejora por momentos. No dudé en poner rumbo a las mazmorras, mientras leía en diagonal. Mascarada. Invitada imprevista.... vaya, vaya, vaya, y coincide en la descripción con uno de los fichajes de los más buscados. Ferpecto.

Andaba por el corredor a las mazmorras ya cuando oí un golpe seco que me hizo detenerme por un momento, levantando la mirada de tantas letras. Diuú. Cuánto nos íbamos a divertir. A medida que me acercaba a la celda, escuché el tintineo... bueno, qué coño, tintineo no, que esas cadenas pesaban huevo de toro y medio.

Abrí la puerta, cauteloso, después de todo, asomando la cabeza por la puerta para ver el percal. ¡Anda! Una mujer de bolsillo. Qué mona-. Hola, ¿ke ase? -saludé con una expresión divertida y sádica.. Hm-m. La pitufa ésta había roto la silla. ¡La había roto! ¡Con lo caras que eran y lo poco que las compraba yo! Bien. Ya tenía una lección que enseñarle. Ejé.

Evitando cualquier intento de evasión, terminé de entrar a la celda, cerrando tras de mí. Apoyé la espalda en la puerta ya cerrada, sin cambiar de gesto-. Qué poca consideración con tus captores. ¿Sabes? No nos sobran sillas. -mentí. Me daba un poco igual el mobiliario. Ni siquiera entendía por qué la habían puesto en una silla. Pero, en fin, yo a lo mío-. Así que ese precioso trasero se te va a quedar plano y frío en el suelo. -sin previo aviso, mientras intentaba distraerla con mis comentarios, atrapé una de las cadenas, moviéndome con rapidez, para atar sus piernas y sus manos a la espalda-. Mira que bien. Un lindo y rubio saco de patatas. -sin miramientos me la eché al hombro-. Voy a tener que enseñarte lo importante que puede ser una silla como la que te acabas de cargar.

Salí, con decisión de allí, y me dirigí a una de las torres más altas, a paso rápido. No sé, me apetecía hacer ejercicio. Tanto informe me tenía entumecido entero. En uno de los últimos pasillos que recorrí, me hice con una silla totalmente aleatoria que encontré por el camino. Ya en el exterior, coloqué el asiento en el borde, en un hueco que no contaba con muro de contención. Pero en el borde, ¿eh? Nada de gilipolleces-. Vamos a ponerte un poco más cómoda. -de hecho, la senté. Y no contento con ello, puse la mano en su esternón, empezando a empujar, de tal forma que por el peso, la silla se fuese inclinando hacia el vacío-. Venga, ¿te atreves a romper ésta también?





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Vie Jul 10 2015, 18:24

Estaba preparada para salir pitando tras colarse por un resquicio… si es que dejaba alguno, al abrir la puerta. Pero no. Primero, asomó una cabeza masculina, de cabellos oscuros y ojos verdes. “Anda, mira, si han hecho un casting para traerme lo mejorcito de la inquisición… ¡quiero irme a casa!”, pensó la resistente. Y lo que más la escamaba era aquella expresión sádica ante el saludo que la detuvo de intentar escaparse por un par de segundos. Tiempo que él utilizó para ingresar en la celda y bloquearle la salida al cerrar la puerta, apoyando la espalda contra la superficie. “Mierda”.

-Supongo que tú eres el comité de bienvenida, para que me sienta cómoda. Hola a ti también. Ahhh, qué penaa… no me avisaron antes de la poca disponibilidad de asientos. Empiezo a sentirme culpable –mintió ella descaradamente-. Hey, ya que estamos. Me gustaría un sillón, una copa y un masaje –agregó-. ¿Precioso? Si ni siquiera lo has visto. Y no, no voy a sentar… ¡hey! –se interrumpió a media frase, forcejeando cuando le ató las piernas y las manos-. ¿Saco de patatas? Suéltame ahora mismo –y ni corta ni perezosa le mordió en la espalda con fuerza, a través de la ropa-. ¿Qué? Nononononono no quiero. Nup. Ya aprendí. Silla buena. No romper –dio botes impulsándose con el abdomen en el hombro del inquisidor para ver si zafaba y caía al suelo. Aunque tuviese que largarse rodando o dando tumbos.

Pero no contento con eso, salió de la celda. Oh. NO. Eso le daba mala espina. Quería volver a la celda. Como Rawnie. Sí, sí, por favor. Quería volver a su mazmorra, gracias. Ay, que subía escaleras. Y el muy cabrón no lo hacía suave, se estaba mareando. Giró la cabeza, intentando ver hacia dónde iban. Oh. Mierda. Agarraba una silla. Algo le dijo que aquello no iba a terminar bien. ¿Y qué hizo? Morderlo de nuevo, con saña. “O me suelta o lo cabreo más”, pensó la híbrido.

Para cuando quiso volver a revolverse, la sentó en la condenada silla en el borde de… Miró hacia atrás un poco. JOOOODER. Nunca había tenido vértigo ni miedo a las alturas. Pero, en aquel momento, deseó no estar allí. Su pulso se disparó, anticipándose a lo que venía. Su respiración fue a trompicones, casi hiperventilando. Jodido maníaco. Clavó sus irises verde selva en los de él.

-Tú eres un jodido cabrón –musitó.

“Ayayayayayayay”. Él empezó a empujarla desde el esternón y la silla fue inclinándose hacia atrás. La fémina hizo su esfuerzo de inclinarse hacia delante para tener cierto equilibro y no caer. Con esfuerzo. Y no sabía cuánto aguantaría. ¿Y si se transformaba? Si era humano, podría ser una ventaja para ella. Si era dragón, estaba jodida. Eso sin contar con que no sabía volar. Dejaría una buena marquita en el suelo.

-Mmm… nope… esta me gusta –le contestó, sintiendo el sudor frío perlando su frente. Ok. Era hora de las manipulaciones. Puso carita adorable, como si estuviese a punto de querer dar pena-. ¿Crees que soy bonita? –le preguntó, sin dejar de hacer esfuerzo por no caer hacia atrás. Con suerte, aquella pregunta lo sorprendía, dejaba de hacer presión y podía aprovechar para… no sabía… cualquier cosa. Menos estar a punto de caer al vacío. Que ella fuese la prisionera no implicaba que ella no pudiese interrogarlo también a él.





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Sáb Jul 11 2015, 18:06

Essssssstupendo. Pequeña, parlanchina y descarada.

Iba ganando puntos por momentos-. Una lástima que estés en el bando que no deberías. -murmuré, socarrón. Híbrida o humana. Terrorista. Una verdadera pérdida... nah, mentira. Condenada desde el minuto que decidió unirse a esos bastardos perroflautas que luchaban por un mundo mejor repartiendo margaritas, tirando bombas y matando gente sin filtro alguno. Sentí entonces la molestia de un mordisco suyo. ¿Dolor? Nada a lo que no estuviese acostumbrado ya-. Así que... Te gusta morder, ¿eh? Interesante. -di un pequeño salto para reacomodarla-. Veremos si cuando acabe contigo tienes ánimo o dientes para seguir haciéndolo. -mostré de nuevo esa sonrisa sádica, aunque ella distase mucho de poder llegar a verla.

Una vez arriba, dándose cuenta por fin de lo que quería hacer, su cara le cambió por completo-. Vaya, gracias por el halago. Pero en esta forma los cuernos no es algo que puedas observar de buenas a primeras. -la niña ésta. ¿A quién pretendía hacer reír? ¿o enfadar? Con el buen humor que tenía yo desde que me enteré que iba a verla. ¡Qué desagradecida! Entrecerré mi mirada, al tiempo de marcar más la sonrisa repleta de malicia. Llegó un punto en el que dejé de empujar con la mano... pero no la aparté. Pude notar cómo hacía fuerza contra ella, con esa desesperación evidente que yo empezaba a olfatear-. No tendrás miedo a volar, ¿verdad? -levanté una ceja, juguetón-. Porque... sabes, ¿no? -fingí duda de una manera hasta teatral. Apenas había empezado a divertirme con ella. Quería tantearla, que ella sola soltara prenda. No era difícil con individuos como ella.

Acerqué mi cabeza a la suya-. Oh, sí. ¿Ves ese atisbo de esperanza al verme cerca y pensar en darme un cabezazo para atontarme momentáneamente y así poder recuperar el equilibrio? Deséchala. -atajé antes de que intentara nada-. Porque antes de apartarme, mi mano te empujaría y por el miedo que desprendes, aún no has tenido ni una sola lección de vuelo... mucho menos de un aterrizaje forzoso. -solté una sola carcajada al escuchar su pregunta. Qué huevos tenía la señorita. Quedaba claro que no tenía ni la más remota idea de con quién estaba jugando-. ¿Vas a ponerme caritas ahora para engatusarme y que te suelte porque me lo ruegas?

De un movimiento brusco, agarré la solapa de sus ropas, bajándola todavía más. Ahora no tenía que hacer ella el esfuerzo, porque lo único que le impedía caer al vacío era mi agarre. No dije nada por unos segundos, tan solo la dejé ver ese gesto de indiferencia por mi parte. A ver si le entraba en la cabeza que para mí no significaba absolutamente nada... bueno, miento. Sí que significaba algo... pero no era nada bueno para ella-. He de reconocerte que valor no te falta para estar en tu situación e intentar usar tus malas artes para engañarme. No me conoces... -hice el amago de aflojar la fuerza, inclinándola todavía más-. ¿Algo más que añadir antes de volar una última vez?




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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Dom Jul 12 2015, 21:54

-Me ofrecieron ser inquisidora pero… es que no me apetecía ir matando gente inocente por fetiche. Será que no tengo una falla mental –replicó al inquisidor con sorna-. Prefiero utilizar un traje de cuero para otros menesteres –agregó-. Me encanta morder. Como te agarre la oreja, te la arranco de cuajo –gruñó de mal humor, antes de sentir que daba un bote sobre él. Pero lo que él añadió hizo que sintiese un escalofrío de terror y prefirió callarse, doliéndole la sola idea.

Frunció el entrecejo, mirando al hombre que la había sentado en aquella silla al borde de la torre. “No era ningún halago. Espera… ¿cuernos?”, enarcó una ceja y miró en la parte alta de la cabeza. Era un dragón… Eso o se estaba llamando a sí mismo cornudo, que lo dudaba. Por el ego masculino más que nada. Genial… a la mierda la buena suerte.

-Supongo que… de nada –replicó.

Sintió que aquella mano dejaba de empujar, pero ella continuó presionando y haciéndose hacia delante, con el fin de no caer. La posibilidad de tirarse hacia atrás y que fuese lo que fuese, había quedado tachada. No frente a un dragón. Uno que también podía transformarse y jugar con ella en el aire. No, gracias.

-¿Yo?-inquirió cuando él jugueteó verbalmente con ella, apartando la mirada del suelo momentáneamente-. ¿Miedo? Si hasta hago acrobacias. Vamos, claro que sé –soltó. “Sí, acrobacias de ir contra el suelo y aterrizajes forzosos. Seguro que se me dan de miedo”, pensó para sí, mirando de nuevo al suelo. “Quiero zafar de este borde YA”.

Miró el rostro del interrogador, tentada a morderle la nariz con saña… pero se acordó de la amenaza de dejarla sin dientes y tembló ligeramente. Entonces, frunció el entrecejo. Cabezazo, ¿eh? Ni la amenaza la hizo detenerse.

-Inténtalo –lo retó, antes de impulsar su cabeza hacia delante y darle con toda la frente… hasta que le dolió y se quejó-. Joder… ¿de qué demonios tienes hecha la cabeza? ¿Hierro? Maldita sea… -murmuró adolorida, deseando poder llevarse una mano a su rostro pero sin poder-. Rogarte… yo… ajá, claro… Ambos sabemos que, haga lo que haga y diga lo que diga, mi destino es el patíbulo. ¿Por qué iba a suplicarte si no existe ninguna esperanza de cambiar mi sino? –inquirió al dragón.

“Ayayayayayyyy… que me suelta…”, gritó en su mente, aterrada, en cuanto le agarró de las solapas de la chaqueta. Estuvo tentada a tirar hacia atrás, que se desgarrase la prenda y dejarse caer al vacío. Pero era un completo suicidio. Sus pies perdieron suelo y se agitaron un poco a unos centímetros de la superficie. Sólo aquel agarre impedía que cayese. Entonces, sus pupilas se clavaron en las de él.

-No te conozco… pero sé, que de querer tirarme, ya lo habrías hecho. Debes de ser un jugador pésimo en las cartas –le soltó con unos santos ovarios que le sorprendió hasta a ella-. Pero sí, tengo algo que decir, quiero ir a mi celda. Aquí hace un calor asfixiante –agregó, como si no le gustase la temperatura-. Tus métodos tienen pinta de ser poco ortodoxos. ¿Qué tal te llevas con tus compañeros? –intentó de nuevo sacarle información, cruzando mentalmente los dedos para que no la tirase por ello.





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Lun Jul 13 2015, 23:33

- Ajam, gente inocente... -esta chavala sufrió hipoxia de pequeña, me parece a mí-. Será eso... -desde luego, entrar en esa eterna discusión de bandos era una auténtica estupidez, sumado a que es una pérdida de tiempo no reconocida-. Interesante, déjame anotar que te gusta morder en mi lista personal de cosas que me importan una mierda. -enuncié con claro gesto de molestia e indiferencia mientras cubría los últimos escalones y salía para aspirar aire fresco y para nada viciado de las alturas. Sólo aquella nube negra en la línea del horizonte podía joderme los planes.

O el cabezazo de esta melona, pese a que le dije que no le vendría bien hacerlo. Au.

Mujeres. Siempre, sieeeeeempre llevando la contraria. Para su desgracia, ella estaba menos preparada que yo para aquel golpe. Qué idiota-. Muy bien. Te avisé. -subí mi mano hasta su cuello. Lógicamente, apreté, haciendo fuerza para levantarla de la silla y, ¡oh! tenerla colgando en el vacío. La rubia no tardó en aferrarse a mi brazo. Y así era como el asiento perdió apoyo y cayó. Bajé la mirada un segundo-. Hmm... ups. -fingí preocupación-. ¿Te parece bien si esperamos a escuchar cuánto tarda en caer? -pregunté al volver mis ojos a los suyos-. Pero mientras... -iba a acabar con la incógnita de su naturaleza de una vez por todas. Con la mano libre, aparté la solapa izquierda, llevándome una sorpresa al ver una cicatriz, demasiado esclarecedora-. Oh, híbrida, ¿eh? -un brillo sádicamente divertido centelleó en mis ojos-. Juguemos entonces. -sonreí antes de abrir mi mano y apartar el brazo, súbitamente, evitándome cualquier intento por su parte para agarrarse.

Bien, a ver si se convertía y me podía divertir un poco con una persecución. Peeeero, no podía tener esa suerte, no. Según la veía caer mis labios se fueron arrugando en claro signo de decepción. Pues no, no se convierte no. A ver, esperaré un poco más.

...

Joder, ¡¿en serio?! ¿Por qué a mí me tocaban los novatos? Puse los ojos en blanco antes de marcarme un salto con estilo, cual nadador tirándose a la piscina de cabeza. ¡Alehop! Y apenas en un crujir de huesos, un par de segundos y un estruendo como rugido, estaba en mi forma dracónica. En ese salto en picado no tardé en alcanzar al bichito no volador. Mientras extendía las alas para frenar la caída, la atajé con una de mis garras delanteras, con tal fuerza que, sin querer me topé con un muro contra el que se quedó. Atrapada entre la parte interior de mi garra y la piedra.


Ella estaba a una altura considerable, pero a mí me daba y bastaba para posar mis garras traseras en el patio de armas. Encogí las alas con cuidado al no necesitarlas, mientras que ese pecho que dejaba al descubierto, dejaba entrever entre las escamas un tono incandescente-. Essssssspero que no te alegresss en absoluto de haber ssssalido con vida de la caída. -encogí lo que tenía por labios, mostrando esas dos filas de afilados dientes, a apenas una envergadura humana de distancia de ella-. Esssssss una pena que vayassss con essssa actitud dessssde el primer momento. -no pude controlar el desdén desprendido en esa voz raspada, gutural, profunda, que tenía al convertirme en mi forma natural-. El hecho de no conocerme implica que no ssssabes un carajo de mí... ¿Vas a ssseguir dándotelas de lissssta mucho rato? Porque pretendo regodearme en tu miseria si es assssí. -expulsé un aire más que cálido por mis narinas mientras entrecerraba mis ojos, enfocados en aquella muchacha que no tenía ni la más remota idea de con quien había ido a jugar.




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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Mar Jul 14 2015, 17:06

De no ser su prisionera y ver su futuro muy negro, se hubiera reído. Y tampoco tuvo la suficiente valentía, o estupidez, de soltarle un “pues para importarte una mierda, bien que me amenazas”. Así que mantuvo la boca cerrada. Ignorando hasta las vistas de unas nalgas masculinas bien cubiertas por el traje de inquisidor. Sólo quería irse a la base. ¿Que Trystan había dicho que no estaba acostumbrado a dormir ya con ella? Pues en aquellos momentos, si pudiese volver, iría corriendo a acurrucarse contra él en la cama.

Sintió la mano rodeando su fino cuello femenino. Separó los carnosos labios, boqueando ante aquella fuerza que la apretaba, levantándola del asiento. Movió sus pequeños pies en el aire, perdiendo uno de los zapatos. Tenía las manos atadas a la espalda, así que, tomando impulso y con flexibilidad envidiable, se dobló sobre sí misma. Pareciendo un adorable armadillo. Capturó uno de los brazos del inquisidor entre sus rodillas, intentando conseguir algo de apoyo y no ahogarse.

Tembló de miedo al escuchar resbalar el asiento, precipitándose al vacío. Intentó negar con la cabeza, boqueando. “No, no, no, no, no. No quiero escuchar cómo cae ni calcular el tiempo que tarda en tocar el suelo. ¡Bájame! Qué… ¿qué haces? ¡Hey! Sin tocar”. Se quedó quieta y lívida cuando reconoció su raza. Sus irises se volvieron acuosos. La iban a ejecutar. Iban a matarla públicamente.

Un sudor frío perló su piel. Su pecho se agitó. Su rostro empalideció aún más. A su mente acudieron los recuerdos de su padre adoptivo siendo ejecutado en Talos. La cálida sangre salpicarla. Las saladas lágrimas rodaron por sus mejillas al mismo tiempo que ella cayó al vacío en cuanto él abrió la mano. Sintió su cuerpo avanzar más rápido hacia el patio de armas gracias a las pesadas cadenas. Dolió… en cuanto intentó transformarse sin éxito. Gritó en agonía, con sus irises clavados en el suelo que cada vez veía más cerca.

Nunca se había parado a pensar en cuál sería su último pensamiento. ¿Y ahora? Cerró los ojos, temblando y llorando, mientras se precipitaba hacia su probable final. Y en ese momento sólo pudo evocar en su mente un par de irises azul añil, de tanta intensidad como el mar. Rodeados por pestañas cobrizas. Con una ceja rojiza relajada y la otra suavemente arqueada. “Lo siento, Trys…  Sé que prometí quedarme contigo. Gracias por salvarme cuando a nadie más le importaba. Por favor… recuerda siempre tu gran corazón y no te culpes de esto”, pensó para sí.


***

Entonces, una garra atrapó su pequeño cuerpo con velocidad y fuerza. “¡¡¡ALARIC!!!”, enseguida pensó la exploradora. Igual que en aquel momento en las montañas quemadas. Había venido a rescatarla. Estaba a salvo. Podía volver a casa. Entonces su espalda chocó contra el muro y abrió los ojos, expulsando el aire. Se encontró con un dragón negro que nada tenía que ver con el broncíneo. La ilusión y la esperanza se tornaron en decepción y desesperación. Vio el pecho incandescente y tragó saliva, con las pálidas mejillas perladas con las lágrimas.

-No… nada… -mintió. Sí, algo se alegraba… podría mantener su promesa de momento… no sabía hasta cuándo. Arrugó su nariz al tiempo que fruncía el ceño, con carita de estar pasándolo mal. Dientes… afilados y grandes. Ni siquiera se le ocurrió decirle que si quería un caramelito de menta-. No… no… me portaré bien… -tartamudeó, apartando la mirada con aire de sumisión. “Por favor, no me quemes… “





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Miér Jul 15 2015, 22:35

Vaya, vaya con la rubita. Había prisioneros que no inspiraban nada el juego de la tortura, pero esta pitufa de melena dorada, para su desgracia y mi completo gozo, sí lo hacía. Elevé una de mis cejas a la estratosfera al ver aquel alarde de flexibilidad. Parecía tener complejo de boa constrictor cuando enroscó sus piernas en mi brazo, para que no acusara tanto la presión que yo ejercía sobre su cuello. Sus facciones desprendían auténtico terror, así como su cuerpo entero temblaba ligeramente ante la situación. De seguro, no había tenido muchas ocasiones para colgar en el vacío de aquella manera. De no haber sido inquisidor me habría enternec-Ok, no en realidad, no lo habría hecho.

Provoqué un pequeño temblor al aterrizar sobre el patio, sin apartar mi garra delantera de la pared. Ugh, habría que considerar la idea de ponerme más en forma. A ver, no me miréis así. Quizás en forma humana estuviese tocho y to'l pistacho, pero como dragón, me pesaba el pandero. Sep.

Finalmente, en vez de soltar la llamarada, reí en forma dragón, con un sonido gutural y estridente, cavernoso, disfrutando de aquella cara congestionada por el miedo, pálida, sudorosa-. ¿Qué passsa niña? ¿Vass a decirme ahora que nunca habíass vissto un dragón tan de cerca? -inquirí, saboreando las palabras. La separé de la piedra entonces, manteniéndola en mi garra, que procuré cerrar para aprisionar su cuerpo en ella. Me enderecé, flexionando mis patas traseras, sentándome en ellas-. Es curiosso, dada tu naturaleza. -ladeé curiosamente la cabeza, como lo haría un simple perro al que su dueño está intentando enseñarle algo. De haber podido enarcar una de mis cejas, lo habría hecho, pero los músculos de mi cabeza no eran exactamente los mismos en sendas formas-. ¿Vess? No ha sido tan difícil... -añadí justo antes de decidir volver a mi forma humana. De haber sido terca, habríamos tenido un par de vuelos chárter a Edén y vuelta, a ver si se le bajaban los humos.

Poco a poco, reduje mi tamaño y aquella rubia acabó posada en el suelo, aún maniatada. Obviando el detalle de estar desnudo, no le di tiempo a intentar nada por su parte, pues me la eché al hombro otra vez-. Ya me dirás tú qué necesidad tenías de obligarme a hacer esto. -rodé mis ojos, de camino a su celda. Y nada, otra vez a echar miraditas despectivas a todos esos humanos que se quedaban congelados cuando pasaba. Ni que nunca hubieran visto a un tío en bolas. Hubo un tiempo en el que me preguntaba el porqué de tanto pudor, ahora me era verdaderamente intramuscular. Me daba lo mismo. Humanos y sus reacciones. Bleh. La mujer parecía no salir del susto, y hubo un pensamiento que me hizo sonreír cuando crucé el umbral de la puerta de la celda-. Bueno, canija, después de este primer contacto, espero que tengas pensado quedarnos en tablas y enseñarme tu trasero ya que tú has tenido ocasión de ver el mío... -dije entrecortando mis palabras un momento al volver a sentarla en el suelo, del fingido esfuerzo- o, ¿también vas a querer morderlo? -enseñé mi dentadura en una sonrisa con murmullo incluido. Ya tendría unos huevos muy grandes si volvía a su actitud anterior ahora que se había mostrado más sumisa. Pero, mentiría si dijese que me conformaba con que lo fuera demasiado, perdiendo esa chispa de diversión-. Bueh, te daré opción a que te lo pienses. -murmuré, hasta simpático, mientras soltaba sus manos... ah, no. No, no. No os pensaríais que iba a acabar ahí, ¿verdad? Angelitos. Volví a atar sus manos, esta vez por delante, haciéndome con un gancho que colgaba del techo. Una vez las cadenas estuvieron sujetas entre sí, me aparté un poco y tiré del extremo de la cadena, de tal manera que la rubia pudiese rozar el suelo con la punta de los dedos de los pies. Bueno, de uno, porque aún tenía parte del calzado-. ¿Sabías que antiguamente usaban este método para hacer crecer a la gente con mayor rapidez? Es tu día de suerte...




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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Vie Jul 17 2015, 12:17

Le daban ganas de soltarle un “joder, sí que pesas”.  Pero no estaba en el mejor momento ni en posición para molestarlo. Cualquier duda al respecto se disipó con aquella risa draconiana y malévola que la hizo estremecerse de miedo de pies a cabeza. No le hacían falta malos presentimientos para saber que aquel dragón iba a hacer que lo pasase muy mal.

-¿Ni... ña? –le tembló la voz al repetir la palabra, por la sorpresa que le causó-. ¿Y tú cuántos años tienes, abuelete? –inquirió, saliéndole mal fingir que no tenía miedo, porque hasta su voz dudó-. Los he visto. Más guapos que tú –picando a su ego… para cabrearlo, sí. Tragó saliva al darse cuenta y le hubiera gustado tener algo que la hiciese volver atrás y no pronunciar palabra-. Ha quedado claro que no soy híbrida. Eso es un cuento, no existen. Mi cicatriz es de infancia –le mintió descaradamente, a ver si así la dejaba en paz.

Intentó sacar los brazos del agarre de la patita de dragón, pero no pudo. Encima, tenía las manos atadas a la espalda. Se retorció un poco, a ver si podía hacer efecto tapón descorchado de la botella… sin éxito. Sus intensos orbes verdes miraron al reptil, que estaba sentado sobre sus cuartos traseros, mirándola y ladeando la cabeza como un cachorro curioso. Genial. La iba a torturar ahora con adorabilidad.

-No me mires así… Eres un inquisidor, no puedo encontrarte achuchable –le habló, frunciendo la nariz. Irónicamente, la achuchada en la garra era ella.

“Es que yo prefiero suavizarme cuando me tratan bien, capullo”, pensó la resistente. “A ver qué harías tú de ser atrapado, con perspectivas de ser torturado y ejecutado. No creo que fueses sumiso. Seguro que estarías tocando las pelotas e intentando hacer ficha de los demás. Ca-bro-na-zo”. Poco a poco volvió a su forma humana, dejándola en el suelo. Momento de intentar escapar. Pero él fue más rápido. ¿Y qué hizo? Echársela de nuevo al hombro, como un saco de patatas. Tentada estuvo a decirle que dejase de tratarla como si fuese un cavernícola que se la lleva a su cueva. Pero, esta vez, se quedó quietecita, para volver cuanto antes a su celda… de confort.

Sus ojos verde selva miraron el borde de la torre según se alejaban. “Talue… no fue un placer conocerte, espero que nunca nos volvamos a ver. No soy yo, eres tú”, comentó en su mente desde el hombro del inquisidor. Después, sus irises se encontraron con la espalda, con las escamas negras descendentes, y el trasero desnudo del dragón. Al menos, antes de morir, tendría buenas vistas. Algo que se llevaba.

-¿Obligarte? Pff… -farfulló ella.

“Joputa, que encima te lo has pasado bien”, replicó en su mente, antes de ver las miraditas por los pasillos. “Todos vírgenes”, pensó sobre ellos. Eso sí, bien quieta, no fuese a darse media vuelta aquel dragón y volver a la torre. Pero… lo peor era pensar en qué se le ocurriría una vez estuviesen de regreso en las mazmorras. Las ideas que pasaron por su mente la hicieron temblar de puro miedo.

Por fin llegaron a la dichosa celda. Tenía unas enormes ganas de que la sentase por ahí y se largase. Bien, primer punto logrado. A ver si tenía la suerte de que la dejase sola un buen rato… Pues no. Suspiró, sentada en el suelo.

-No soy tan pequeña… -murmuró en protesta-. Estoy bien con ropa, gracias por la sugerencia –replicó, alzando la mirada hacia él.

¿Morder? Tembló al sentir un escalofrío. No. Nonononono. Ese era capaz de agarrar unas tenazas y sacarles los dientes uno a uno, a lo bestia. Volvió su mirada al suelo al tiempo que negaba con la cabeza. Pero él… nada, a insistir.

-He dicho que no. No quiero pensármelo –susurró.

En cuanto desató sus manos, fue a intentar darle un golpe. Pero de nuevo fue más rápido y volvió a atárselas… esta vez por delante. Mmm… Podía tener más libertad así. En cuanto se despistase un poco, lo podía intentar noquear y salir de allí pitando. De nuevo, la suerte no estuvo de su lado. La colgó de un gancho, como un cerdo. Sólo la puntera del zapato que aún tenía y la punta de los dedos del otro pie descalzo rozaron el suelo. Tembló como una hoja. No le gustaba aquello.

-Estoy a gusto con mi tamaño. Bájame –pidió asustada, en un hilo de voz. Tragó saliva, con los ojos inundándose de lágrimas ante la anticipación del dolor-. ¿Qué… qué tal si… hablamos de tus escamas? –intentó hablar, con un nudo en la garganta. Lo miró, con las pupilas dilatadas por el miedo-. ¿Son sensibles? Bonito detalle tenerlas en la espalda. No me importa si no te vistes, estoy cómoda… sí… -murmuró, tirando de las muñecas apresadas por las cadenas, intentando liberarse sin éxito. Todo cuanto consiguió fue un doloroso tirón.





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Sáb Jul 18 2015, 00:35

Vale, en algún momento le reconocería la chispa a esta mujer, pero obviamente ahora no. Quizás cuando ya no tuviera fuerzas o moral para seguir tocando los huevos, tentando su suerte de la peor manera. Bleh, Blake, no te hagas. Te gustan mejor así. Hms, ¿para qué negarlo? Las sumisas de buenas a primeras me aburrían. ¿Y las que suplicaban? I-ugh. Se me helaba la sangre para que luego me hirviera de solo pensar en ellas. Qué poca clase tenían.

Vaaale, soy incongruente. Más que nada porque me encantaba convertir a las del primer grupo en las de éste último. Sep, soy así. Retorcido. Egocéntrico. Dragón. Inquisidor... y un cabronazo hecho y derecho.

- Unos pocos más que tú, seguramente. -unos pocos... unos muchos pocos, sin duda-. Pero este abuelete te va dar caña, enana. Puedes estar segura de eso. -amenacé con diversión. Gruñí, haciendo un movimiento serpenteante con mi cuello, ladeando la cabeza un poco más-. Bueno, sobre gustos no hay nada escrito. Está claro que no tienes mucha idea en lo que a estos se refiere. -de haber tenido hombros en mi forma dracónica los habría encogido, aunque elevé mi labio superior, volviendo a mostrar esa amenazante fila de dientes-. He torturado demasiados híbridos como para que ahora pretendas engañarme... -mi intento de sonrisa, si es que lo conseguí, fue más sádica que otra cosa. La satisfacción centelleó en mis pupilas irisadas cuando la vi removerse, como si quisiera liberarse de mi agarre, sin éxito alguno.

- No pretendo serlo, rubita. -murmuré, mascando cierta molestia, con voz gutural acompañada de otro gruñido. ¿Achuchable? Achuchable, myballs. Eso lo dejo para los gatos y animales del estilo. Bffff. Esas muestras de afecto no eran mi especialidad. En Ab-so-lu-to.

Poca atención la presté, una vez humano de nuevo y de camino a su mierdizulo, con manchas de sangres aún húmeda adornando las paredes, rasgaduras de uñas en la piedra, cadenas y más cadenas. Sin olvidar los ruiditos y grititos de las ratas que deambulaban por ahí. Una decoración macabra, sep. Y eso que era minimalista.

Sí, sí, sí, rubita. Estás bien con ropa, no necesitas pensártelo... y, ¿qué más? ¿Un negro que te abanique? ¿O prefieres un beso de amor verdadero de tu querido príncipe azul? De verdad... mujeres. Ugh. Nunca se cansan de pedir entre líneas y luego somos los hombres los simples que no se enteran de nada. Y no había raza en la que la parte femenina replicase de ser incomprendida.

- Puuues, va a ser que no. -contesté, serio, cuando se atrevió a decirme que la bajara-. Esos no son modos, señorita. Aunque, bueno, tú de señorita tienes poco. -revisé las cadenas, dejándolas tensas, antes de volver a aquel cuerpecillo enclenque que colgaba delante de mí. ¿Mis escamas? Su comentario me dejó loco. ¿Qué demonios quieres tú saber de mis escamas? Vale, todas las posibilidades me parecieron tan ridículas que me acabé riendo a mandíbula batiente-. Menos sensibles que las tuyas, esos seguro. ¿Has probado alguna vez a arrancarte una? Es muy divertido. -alcé ambas cejas, divertido, y casi relamiéndome ante la idea. Me aparté de nuevo, un poco, mesándome la barba de tres o cuatro días que adornaba mi mentón-. Hm, ahora que hablas de vestirme... -me acerqué a ella, rasgándole la ropa que cubría su torso.Puse la tela que quedó intacta del tirón, delante mío-. Meh, esto seguro que no me vale. -suspiré, fingiendo desilusión, mientras tiraba la prenda destrozada por encima de mi hombro-. Voy a tener que dejarte sola un momento. -imité (o al menos lo intenté) una cara triste, exagerándola, sacando el labio inferior más para afuera-. No obstante, para que no me eches de menos, te dejo un regalito. -dije a tiempo de ir hasta la entrada y coger un artilugio que desenredé en mi breve camino de vuelta: un cinturón hecho con cadenas, y varias pesas, que no tardé en atar a su cintura, obviamente. Todo para evitar que hiciera acrobacias estúpidas que no le ayudarían en absoluto si quería seguir con la tortura.

Salí de ahí, yendo con presteza a un pequeño armario que había cerca, prácticamente en uno de los últimos pasillos de las mazmorras, antes de llegar a los de palacio, donde guardábamos enseres de emergencia: armas, utensilios de tortura y ropa. Me hice con un pantalón que hacía años había dejado ahí y... ¡Anda! Me queda más ancho que la última vez que me lo puse. Esa amplia sonrisa se me mantuvo mientras me hacía con un par de cosas más y regresaba a la casita de la pitufa. Sin mediar palabra, al entrar, vertí sobre ella, de un sólo gesto, el agua fría que traía el cubo que me había agenciado segundos antes-. ¡Sorpresa! ¡He vuelto! Un lástima que sepa que no me has echado de menos pero no podía quedarme fuera más tiempo.




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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Dom Jul 19 2015, 17:00

“Unos pocos… claro…”, replicó en su mente ella. Aunque claro, para un dragón, seguro que eran un suspiro. Le echaba unos trescientos, cuatrocientos años. Por esa forma desenfadada que tenía de ser. No podía ser taaan viejo. Pero a la vez, tenía la seguridad de quien no ha roto recientemente el cascarón.

-No quiero, gracias por la oferta. Se me pasó ya la época de asaltar geriátricos –replicó.

Aún cuando sabía que “caña” significaba un: te voy a torturar tan duramente que vas a desear estar muerta para no sufrir más. Por ello, le tembló la voz al hablar. No es que desconociese el dolor. Cada mes, tenía que soportarlo. Heridas, golpes… sin contar la transformación. Y eso sólo si contaba lo físico. Pero… estar en manos de un sádico, cabronazo cruel, que encima tenía licencia para infligirle daño… era una cosa muy distinta y que nunca antes había probado.

-Tú NO me gustas –declaró al dragón.

No porque no fuese atractivo, sino porque la estaba torturando y sólo había comenzado. Ella era más de mimos, de ronronear con las atenciones como un pequeño felino. “Dientes grandes que pueden arrancarte la cabeza como si fueses mantequilla”, pensó, mirando con terror las fauces del reptil.

Tragó saliva y su rostro empalideció nada más lo escuchó decir que había torturado a demasiados híbridos… Sus irises se volvieron más acuosos, aterrorizada ante la perspectiva de lo que se le venía encima. Encima aquella mueca sádica que puso por sonrisa… La resistente se retorció con más ahínco, intentando liberarse.

-Déjame en paz. ¿Para qué torturarme si me vas a ejecutar? ¿Para qué perder tu tiempo cuando vas a tener que hacer informes a destajo? Me dejas ir y trabajo que te ahorras –intentó negociar, con su voz grave y femenina tomada por el miedo-. Soy pelirroja. ¿Quieres una galletita por chucho adorable? –le replicó, viendo que no le gustaba lo que le había dicho-. No tengo en estos momentos. Pero, si me sueltas, voy a por una con sabor a venado para ti. Baja en harina y sin azúcares para ayudarte a mantener la línea –agregó. Si colaba, colaba.

Después de la caída libre, la celda le parecía de lo más acogedora. Las ratas no le desagradaban, estaba acostumbrada a ellas. Quizá… lo peor era la sangre. Y las marcas de las uñas en las paredes, con esa desesperación por salir de allí de quienes habían estado antes encerrados en aquella mazmorra. Pobres almas condenadas que, de seguro, habían encontrado en la muerte un respiro a todo su sufrimiento.

Suspiró resignada. Mientras el dragón estuviese allí con ella, no tenía oportunidad. Era más rápido, más fuerte… y parecía ir siempre un paso por delante. Al menos no la llamó señorita ni dama ni ninguna de esas tonterías. Un dragón que no estaba fumado y no le hablaba de que ella tenía distinción. Todo un respiro.

-Mmm… gracias –murmuró, sintiendo cómo las cadenas se tensaban y sus músculos quedaban estirados, hasta el punto de ser una molestia. ¿Cuánto aguantaría hasta que empezasen a doler?

Negó con la cabeza, aterrada. No, nunca había intentado arrancarse una escama. ¿Qué clase de loco haría algo así? Tampoco era como si hubiese tenido tiempo de automutilarse durante la transformación. Y no quería saber qué se sentía. “No, no, no, no intentes transformarte delante de él”, gritó en su mente, sin poder evitar sacudirse un poco como si quisiera escapar de las cadenas que la tenían presa.

-Aléjate de mí… -frunció el entrecejo, intentando apartarse sin éxito.

Escuchó el rasgar de la ropa y cerró los ojos. Sintió las lágrimas acudir a sus ojos, mojando sus pestañas rizadas y descendiendo por sus mejillas. Impotente, vulnerable, insegura por la falta de tela sobre su torso. Afortunadamente, le había dejado el pantalón. Cruzó los dedos mentalmente para que no se lo destrozase también. El colgante de jade se dejó ver, rozando la piel de su pecho.

-No vuelvasss –siseó en un murmullo, sorbiendo un poco por la nariz como si el mero gesto pudiese detener las lágrimas.

Abrió los ojos. ¿Regalo? No le gustaba cómo sonaba esa palabra. No en boca de él. Se sacudió, se retorció, como una serpiente flexible para ponerle difícil que le ajustase aquel cinturón. Pero él terminó lográndolo. Sintió todo el peso haciendo que sus músculos doliesen al ser estirados hacia abajo. Emitió un delicado quejido lastimero y cerró de nuevo los ojos, rendida al ser imposibilitada para doblarse sobre sí misma y poder intentar liberarse.

En cuanto él salió de la celda, abrió los labios. Dejó escapar el aire a trompicones entre ellos, en un sollozo de resignación. En la oscuridad, pensó en sobrevivir, en quedarse viva todo el tiempo que le fuese posible. Trystan iría a por ella. Quería y al mismo tiempo no deseaba que fuese así. Por si era lastimado, capturado o asesinado. No podía hablar de la resistencia. No podía condenarlos. ¿Pero cómo sería capaz de aguantar sin decir nada? No lo sabía. Y tenía miedo de no ser lo suficientemente fuerte.

Lloró en silencio, con aquella congoja en forma de peso sobre su pecho. Los músculos tirantes la recordaban dónde estaba y qué sería de ella cuando el inquisidor regresase. ¿Y el pelirrojo? ¿Qué sería de él si la perdía? Era la única que quedaba junto a él de su pasado. Y estaba mal. No podía romperlo más. Y sin embargo… ¿qué opción tenía?

Entonces escuchó que entraba de nuevo. ¿Tan pronto? Sintió el agua fría golpear su piel y gritó con todo el aire escapando de sus pulmones. Tiritó ante la desagradable sensación, mientras el gélido líquido resbalaba por su cuerpo.

-Siento romper tu corazón de piedra –replicó mientras le castañeaban los dientes por el frío. Necesitaba calor. Pero lo único que allí tendría, lo más parecido, sería una llamarada de fuego. Apretó las mandíbulas, esperando que al inquisidor no se le hubiese ocurrido la estupenda idea.





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Miér Jul 22 2015, 16:03

Ñeñeñeñe, gracias por la oferta. Incliné la testa a un lado y al otro, sin llegar a decir nada. De momento, por voluntad propia, dudaba mucho que fuera a confesar gran cosa. De haber podido frotarme las manos, lo habría hecho. No obstante, con mis garras, no era algo viable. Estuve tentado de volver a reírme cuando me reiteró que no era su tipo-. Qué lástima. Porque tú sí eres mi tipo... -prisionera terrorista e híbrida. Mi cuerpo de reptil se estremeció de gozo en anticipación, por todas esas cositas con las que tenía pensado jugar.

El bichejo de melena rubia se revolvió entre mis garras, con una metralleta de preguntas que me hicieron bufar-. ¿Para qué preguntas si vas a morir igual? -contesté con voz ronca-. A la única libertad a la que vas a aspirar es a repasar tu vida una y otra vez mientras me encargo de ti. -ignoré deliberadamente esa chulería que se gastaba. Demasiados farrucos habían llegado a mis manos para no saber cómo acabar suavizándolos.

De vuelta en la celda, antes de salir de ella, sin más detalles que merezcan no ser omitidos, suspiré en clara señal de molestia-. A ver, manojo de nervios. Estate quietecita. -enuncié al colocarla esas pesadas cadenas en su cintura. En cuanto conseguí que se quedaran sujetas, apreté los labios, levantando mi mano a la parte posterior de su cabeza, hundir mis dedos en su dorada melena, cerrar la mano y pegar un tirón-. Si me cabreas eres tú quien lo va a pasar peor. Es elección tuya... -fui a hablar, pero, fruncí el ceño antes de continuar-. Perdona, ¿cómo prefieres que te llame? -no había que ser del todo descortés, ¿no?

Vale, la señorita, avergonzada perdida, aquí presente, tenía un señor cuerpazo. Por ese torso que se descubrió delante de mí, con la cintura bien contorneada y esa... pechonalidad más que evidente e incitante, aún medio cubierta. No sé si era por la posición de sus brazos o la gravedad que nos tenía pegados al suelo pero, aquellas... ¡buah! Preciosas, sí, señor. Minipunto doble para ella. O no tan mini, en realidad...

Vaya, vaya, si ya tiene un regalo anterior al mío. Menos mal que era híbrida, porque, desde luego, el que le diera aquel colgante con aquel mineral verde que conocía mejor que bien, habría tenido el detalle del siglo regalándole eso. Su parte dragón le estaría agradecida de por vida... irónicamente hablando.

Ese melodioso sonido que emitió por ese baño imprevisto y fresco, fue música para mis oídos. Otro motivo más para no quitar la sonrisa de mi boca. Pero nada, oye, que seguía erre que erre con su petulancia.

- Hmmm... bueno, no exactamente. -murmuré, encogiéndome de hombros. Su grito, desde luego no me había roto el corazón. Vale, a ver. Quiero que conste que capté su ironía a kilómetros, pero era divertido fingirme imbécil por un rato, ¿vale? Sin embargo, cuando oí el castañear de sus dientes, una sonrisa, para nada de imbécil, se dibujo en mi cara-. Pobrecita, ¿demasiado frío? -inquirí retóricamente, con tono burlón. Cubrí distancia, y empecé a rodearla. Imanté mi mano a su vientre, ahora desnudo y mojado, apoyando la palma, dejando que el calor la reconfortara parcialmente. Fui moviendo la mano, acorde con mi paseo, lento, hasta quedar justo tras ella. La había tenido colgada el tiempo suficiente para que empezara a acusar el peso del cinturón y su cuerpo sobre sus brazos. Sonreí, maliciosamente al acercar mi boca a la base de su cuello, mordiéndola justo donde éste se unía al cuerpo-. Me imagino que querrás entrar en calor... -susurré con cierta amenaza en mi tono, mientras esa mano posada en su abdomen bajaba, presionándose contra su tembloroso cuerpo. Bueno, no os penséis que soy tan estúpido, ¿eh? No tiene sentido darle placer... pero yo pensaba disfrutar enormemente jugueteando con ella. Así, bajé mi mano, por fuera de su pantalón, colándola por el hueco entre sus piernas. Pero mientras, mis dientes siguieron regodeándose en su tersa piel-. Así que, pelirroja... ¿Sabes que tus gritos hacen que quiera olvidarme de todo y violarte como estoy seguro que no lo han hecho en tu vida? -demandé con voz más que ronca, peligrosa, animal, justo antes de dejar que mi mano apretara su carne, pellizcando fuertemente el interior de uno de sus muslos, muy cerca de su sexo. Reí de forma queda, subiendo mis labios a su oído-. Y no me sirve que vengas con que alguien pueda verme, me denuncie y toda esa mierda. Porque tú dejarás de hablar pronto. Y yo no tengo que dar explicaciones de lo que hago dentro de las celdas.




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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Jue Jul 23 2015, 19:54

Bonita frase… pero… no le gustaba ni un pelo que él la dijese. “Claro… tu tipo… ajá… de tortura, no te jode”, pensó para sí, al tiempo que la invadía un escalofrío de puro terror. La pregunta del dragón la hizo temblar. Él tenía razón, desde luego. Sólo tenía una pequeña chispa de esperanza dentro de sí, que le decía que cierto pelirrojo iba a ir a sacarla de allí. Aunque, por otra parte, esperaba que no lo hiciese. Y, de lograr información, podría proporcionársela a los terroristas.

-No es nada nuevo repasar mi vida. Así que… procede –retó el dragón con voz cansada.

Sí, estaba nerviosa. Y no, no se estaba quieta. Había sido capturada y estaba siendo torturada. Pero sus pensamientos fueron interrumpidos por el tirón en su cabello. Emitió un suave quejido y sus intensos irises miraron al techo de piedra. Iba a pasarlo igual de mal aunque no le replicase, ¿a quién pretendía engañar?

-Hay unos bonitos carteles con un nombre. ¿O es que no sabes leer? –le replicó, por el pseudónimo que llevaba su careto.

Ni de coña le contestaba cómo quería que la llamase. Empezaban haciéndose los lindos así y luego querían más información. O testeaban la verdad y así luego sabían cuándo mentías. No iba a caer en esa trampa. No si quería cerrar la boca en referencia a los terroristas. No si acababa por salir la maldita pregunta a colación de: ¿quién es el líder?. Para que luego dijeran que las rubias eran tontas.

¿Qué hizo él con su réplica irónica? Hacerse el idiota mundialmente. Antes de burlarse de que ella tuviese frío. “¿Qué tal si te tiro a ti agua fría a ver si te gusta?... Espera… qué… ¿qué haces?”, pensó, antes de sentir un estremecimiento, mezcla del reconfortante calor y del temor de que fuese él quien se lo proporcionarse. “No… no… déjame, aléjate… quita, bicho… no, no, no te pongas detrás… “, intentó sacudirse y alejar su cuerpo de él, pero no pudo. Sentía sus brazos hormigueando ya de dolor al estar estirados y con peso extra. Gritó al sentir la mordida en su cuello, más fuerte de las que tenía por costumbre.

-No… estoy… bien… con… el… frío… -mintió sólo para que no la tocase ni la mordiese, con la voz entrecortada por el color y el miedo.

Intentó cerrar las piernas, pero sus músculos no parecían querer responder por culpa del maldito cinturón y estar colgada en vertical. Estuvo a punto de replicarle respecto a su color de pelo, pero él amenazó con violarla si gritaba. No, nunca lo habían hecho. Las únicas relaciones que había tenido habían sido consentidas. La sola idea la hizo temblar como una hoja con completo pavor. Y, al sentir el fuerte pellizco y el dolor que desencadenó, se mordió el labio tan fuerte, para no gritar, que se hizo una herida. Sintió el escozor del corte y el sabor metálico que dejó en su boca.

-¿Estás seguro de que no tendrías que dar explicaciones sobre por qué te quieres tirar a una híbrida? –musitó con un hilo de voz, intentando replicarle-. Quiero mi espacio personal de vuelta… -murmuró temblando, deseando que la dejase en paz, que ni la rozase-. Si salgo viva, iré a por ti –siseó amenazante, apretando la mandíbula.





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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Blake el Lun Jul 27 2015, 22:11

- Puedes empezar cuando gustes... -le insté-. Tenemos todo el tiempo del mundo. -ni informes, ni ejecuciones, ni investigaciones, ni más mierdas varias-. Solos, tú y yo. -sonreía en mi forma dracónica de una manera malvada, animal. Predadora. ¿Verdad que era genial? De haber estado en mi forma humana, habría hecho palmitas.

A menos que me contara lo contrario, estaba seguro que se limitaría a no tener infancia, crecer huyendo de los guardias y con suerte conseguir que alguno la soportara el tiempo suficiente para que dijera que no se sentía sola. Qué idiota. Los de su calaña siempre estaban solos, abandonados y repudiados por sus padres, pues raro era el dragón o el humano que quería tal engendro en su vida.

Ya en la celda, reí a carcajada limpia. Eso, eso, tú sigue haciéndote la chula. Veremos quien ríe el último-. Diría que mucho mejor que tú... Verdant. -la llamé por su mote de los carteles. Arrugué el labio superior enseñando los dientes mientras apretaba la mandíbula-. No soy tan estúpido como quieres creer. -le advertí, acercándome mucho a ella-. Me importa una mierda el nombre que pone a juego con tu cara. Je. Era por si tenías preferencias ya que tú y yo vamos a tener ocasión de conocernos mejor... -enuncié con demasiada diversión. Ese jueguito suyo de 'adivínalo que eres tonto', no me molaba nada. Y a farruco no me ganaba ni la Reina. Eje-. pero como veo que no las tienes, que todo te da igual, puedo llamarte zorra de aquí en adelante... porque eso es lo que eres.

Se estaba resistiendo. Apestaba a miedo. Su colgante cuerpo temblaba de manera imperceptible con mi presencia a su espalda, teniendo total libertad para hacerle lo que se me antojara en el momento-. ¿Él también te llamaba así? Seguro que lo hacías disfrutar pero bien en la cama. -me marqué el farol, justo antes de repasar su cuello con mi áspera lengua, terminando en otro mordisco. Ignoraba por completo si aquella pelirroja venida a rubia tenía a ese alguien especial que te sacaba los colores a las mejillas y te hacía levantar el pie hacia atrás. Oh, qué imagen más tierna. Disculpadme un momento, voy a vomitar arcoiris-. Seguro que se perdía entre tus pechos, adorándolos tanto como a ti. Te hacía creer que eras su diosa, ¿eh? Seguro que hasta te dijo que no podía vivir sin ti... que no dejaría que te pasara nada... -pese a no saberlo, estaba a punto de averiguarlo. Tan sólo tenía que ver su reacción. Algo esclarecedor, sobre todo, con las mujeres-. Y bien.... ¿Tú lo ves por algún sitio, intentando rescatarte? -la pregunta del millón. Podía romperla con facilidad si era cierto que había alguien. Aunque llegase a negar la evidencia. Su rostro y su cuerpo, hablarían por ella-. Porque yo no. -me separé un palmo, deseando ver qué hacía. Podía revolverse, llorar, fanfarronear, pero aquellos ojos intensamente verdes, eran lo único que necesitaba mirar para saber la verdad.

- No quiero tirarme a una híbrida.-volví a pellizcarla en el mismo sitio, que ya tendría adolorido-. La quiero violar. -aclaré, agarrando fuertemente su caderas con ambas manos, y tirando de ellas hacia las mías-. Eres carne de cañón, ¿por qué dejar escapar la oportunidad de penetrarte y llenar mis oídos con tus gritos de dolor? -repasé mis manos, por su vientre, y hasta me atreví a subirlas a sus pechos. Hasta que sus últimas palabras me arrancaron una carcajada-. Uuuuh, qué miedo. -dije, separándome bruscamente, fingiendo que realmente me había impresionado su amenaza. Me dirigí a la puerta, emitiendo un silbido-. Voy a tener que bajarte esos humos. -pronto apareció un esclavo con un hierro al rojo vivo, que no tardó en tenderme, además de un cubo de agua-. ¿Bromeas? Anda pasa. -le ordené, quitándole el recipiente con el líquido-. Hoy vas a aprender a pintar. -el muchacho me miró con miedo, negando con la mirada. Muy bien, nene, has entendido a la primera. Miniestrella para ti... o una bendita hostia si no lo haces-. ¿A qué estás esperando? -de antemano sabía que no le clavaría con suficiente fuerza, y eso sí que le haría más daño. El chico miró a la rubia, y luego a mí, otra vez. Alcé las cejas. ¿Eres cortito o qué te pasa?

Y una sonrisa malvada se me dibujó en el rostro cuando escuché aquel sonido característico de la piel sucumbiendo al metal candente.

Volví a acercarme, volviendo a meter la mano en su claro cabello, y tirar de él. Sin miramientos, elevé el cubo y vertí el agua fría sobre su cara. Hasta que lo vacié-. ¿Qué tal se siente? -pregunté, más por educación que por ganas. Me daba igual, la verdad. Alcé la mano que sostenía el cubo, señalando al esclavo-. Otra vez. Da igual dónde.-ordené, a sabiendas que con la piel mojada dolería bastante más. Cuando se volvió a tensar, aguantándose los gritos de dolor, sonreí lateralmente-. ¿Más tranquila?




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Re: You are breaking me in pieces– Blake. +18

Mensaje por Nyssa el Jue Jul 30 2015, 23:59

-Lo siento, eso de felices para siempre no me lo trago. Siento decírtelo, pero yo moriré antes. Lo nuestro no puede ser por tanto tiempo –replicó la resistente.

Que quizá, pensando un poco, debería de estar callada para no ganarse unas cuantas hostias de más. O para que no le cortase la lengua. O para que no le arrancase los dientes. O para vivir un poquito más de tiempo. Pero no se le daba bien ser del todo sumisa. Un pequeño gran inconveniente para ella ahora mismo.

Ya en la celda, lo observó carcajearse y lo dejó reírse a gusto. Que por ahí, podía ganar tiempo. Un par de chistes más y quizá estaba demasiado ocupado divirtiéndose para torturarla. Era obvio que, siendo dragón, iba a leer mejor que ella. Bueno, en realidad, hasta la mayoría de la base leían y escribían mejor que ella. En ocasiones se sentía inútil en ese aspecto. Porque, de tener destruir un mensaje escrito a medio camino, no podría transmitirlo entre las bases.

-Cuánto ego, yo sé escribir –le soltó. No es que fuese una gran mentira… su nombre y poco más. Después, puso cara de “no te acerques, bicho, shu shu”-. Vale, pues yo te llamaré Gecko. Porque eso es lo que eres, todo escamoso y mono –replicó, sabiendo que al dragón le producía alergia que lo tildasen de adorable.

¿Adorable? Las pelotas. Ese era un hijo de puta con todas las letras. Ahora mismo, prefería estrellarse contra el suelo y ser papilla de híbrida antes de aguantarlo. Tenía un terrible miedo al dolor, a una violación, a una tortura, a estar a merced de un sádico sin opción a poder pelear.

Lo peor, fue cuando empezó a hablar de nuevo. ¿Él? El colgante se lo había dado cierto rubio. Pero con él no se había acostado. Él no la había adorado. Él la había dejado en la estacada en mitad de la fiesta. En quien pensó fue en un pelirrojo de radiante sonrisa. Uno que había sido y seguía siendo su amigo. Uno que nunca la fallaba. Que la adoraba sin condiciones. Que daría cualquier cosa por ella. Intentó no tener ninguna reacción… pero… por un instante… sus intensos irises verdes se posaron en la puerta. Sólo un milisegundo.

-No sé de qué hablas, nadie va a venir a rescatarme –contestó la híbrida, clavando su mirada en los irises del inquisidor. Esperaba que fuese cierto… que Trystan no se pusiese en peligro. Sabía que lo haría en cuanto lo supiese, como ella con él. Pero quiso cruzar los dedos para que algo se lo impidiese.

Otro doloroso pellizco la torturó en el muslo, sintiendo la desagradable sensación expandirse. Apretó los dientes, intentando no gritar. Sintió sus caderas chocar contra las del dragón e intentó apartarlas sin éxito. En otra ocasión, quizá hubiera suspirado y ronroneado ante aquellas manos que se deslizaban por su cuerpo. Pero no en aquella. Quiso romper el contacto. Tensó su cuerpo, como si con eso pudiese conseguir unos milímetros de espacio personal.

-Porque no me conoces y quizá me guste el sexo duro. Podría ser una decepción para ti –replicó en un gruñido. Suspiró aliviada cuando por fin se apartó, no obstante.

Lo escuchó emitir un silbido y miró hacia la puerta, asustada. Un esclavo apareció con… Sus ojos se abrieron de par en par e intentó tirar de las cadenas que la sujetaban, desesperada. No, no, no, no. Por favor, no. Negó con la cabeza cuando el chico la miró. “No lo hagas… por favor… No”, le quiso pedir. Pero él esgrimió el hierro candente… contra su muslo, por encima del pantalón. Igualmente, el calor le marcó, junto con el chasquido y el olor a piel quemada. Gimió de dolor, conteniendo un grito a duras penas. Las lágrimas se le saltaron por el dolor y su cabeza cayó hacia delante, como si fuese incapaz de sostenerla.

Fue cuando supo que no iba a poder aguantar mucho tiempo. No era tan fuerte. Sintió el tirón en su pelo, pero no fue ni la mitad de doloroso. El agua fría cayó sobre su rostro, haciendo que cerrase los ojos y escupiese el líquido sobrante. Tiritó por la sensación, mientras su cabello iba perdiendo parte de la tinción.

-¿Por qué… no lo pruebas… tú, Gecko? –masticó las palabras en respuesta.

Su rostro se transformó por el terror. No, otra vez no… El hierro la marcó de nuevo en la zona lumbar, como un latigazo que la hizo tensarse por ser un lugar tan sensible. El dolor se ramificó por toda la espalda. Apretó los dientes, intentando contener los gritos mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. El aire escapó de sus pulmones. Su cabeza cayó primero hacia delante. Luego hacia un lado, con los ojos en blanco y los labios entreabiertos. Los largos cabellos se pegaron a su mejilla, a sus hombros, cayendo parte por su pecho y su espalda.

La voz del inquisidor se escuchó lejana, mientras su visión se volvió borrosa. El dolor se extendió por su cuerpo, haciendo que su mente no pudiese soportarlo más y desconectase.

Dos días después

Sin dormir. Porque el dragón se las había ingeniado para despertarla cada vez que el sopor se adueñaba de ella. Un cubo de agua fría contra su cuerpo, a veces contra su rostro, golpeando gélidamente su piel. Y, al menos, podía hidratarse cuando tenía sed, abriendo un poco la boca… aunque terminase tosiendo. No hubo comida, sintiéndose desfallecer por la falta de alimento. Aquel inquisidor la mantenía en la misma posición vertical, con las puntas de los dedos de los pies rozando el suelo. Con los brazos doliéndole, entumecidos, pinchándole, queriendo despertar sin poder.





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