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Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

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Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Lun Mayo 25 2015, 00:24

La ciudad había quedado desolada tras el ataque. La aparición de la diosa del fuego seguía haciendo eco en los recuerdos de aquellos que lo presenciaron. Las labores de construcción habían empezado a restaurar lo que había sido algún día la capital, y pronto se habían hecho oir los rumores, las nuevas leyes aplicadas, la batalla en las montañas quemadas. Fueron muchos los compañeros muertos entre la pólvora, la lava y el fuego y Aldrik era incapaz de pensar en terroristas en aquel momento, no sin notar un nudo en el estómago, una extraña ira con la que sentirse impotente. Se suponía que deberían ser aquellos que liberaran a los humanos de la hegemonía dracónica, no aquellos que les infundieran el miedo. Creía no ir a volver a ver aquel infierno de nuevo, y tras verse rodeado por esa oleada de caos, no estaba seguro de querer que La Resistencia siguiera actuando con el descontrol que había estado haciendo gala. De momento, lidiaba con el escepticismo en su interior, de haber presenciado la aparición de la diosa, aquella que le dio ese “don” que no sabía si quería.

Se caló la capucha de la capa, percibiendo que tal vez comenzaría a chispear pronto, y agradeció haber dejado la bolsa en casa, a buen recaudo, lejos del terrible clima con el que contaban.  Eran cerca de las siete de la tarde, y las calles se encontraban más desiertas que de costumbre, con la excepción de algún que otro viejo o niño ahobillado, que como muchos otros trataban de pasar como pudieran aquella época de hambruna que se habían provocado ellos mismos. Como si lo hubiera invocado, el moreno notó la presión en las tripas. Su alimentación no había sido nunca tan buena como debiera, pero había aprendido a subsistir con ello.

-
EH. –La voz lo cogió desprevenido entonces, y apenas giró el rostro hacia atrás, a cubierto bajo la capucha de tela. Apenas distinguió la presencia de uno de aquellos hombres uniformados, uno de los tantos que habían estado patrullando las calles de manera incesante en los últimos tiempos. También aquellos que habían estado ejecutando a tantos sospechosos en la plaza. Un sudor frío recorrió al moreno entonces, recordando una de las muchas reglas que habían estado haciéndose oír por la ciudad desde hacía unas semanas, aquella prohibición total de las máscaras. Su aspecto bien podía parecer sospechoso, y como tal, recordó de repente aquel pequeño paquete que cargaba. Aquel con apenas un puñado de belladona con la que se había hecho en el mercado. Había aprendido la lección desde ese momento hacía mes y medio en el que casi pierde la pierna a manos del dragón que lo retó, todo por culpa de no haber tenido manera efectiva de contraatacar y salir de allí.

Supo que se estaba planteando el oficial, y fue por ello que se detuvo en seco. –
Tu, detente ahora mismo, en nombre de la Reina. –El moreno obedeció a la petición, deseando quitarse las sospechas de encima antes de que la cosa pudiera ponerse más fea, echando la capucha hacia atrás, todavía de espaldas.- Mis disculpas…-Murmuró apenas, aun sin querer disculparse ante un oficial y se giró, a tiempo de encontrarse con el filo de un puñal, apuntándole. –Deja las manos donde pueda verlas.

Y entonces es cuando tal vez hizo lo que no debió, agachándose en un golpe seco contra el estómago del guardia y sacó una de las dagas del cinto propio, hundiéndola en el hombro ajeno en un golpe certero. Oyó el alarido del guardia, negándose a malgastar la belladona en una situación así, y fue a marcharse todo lo rápido que pudieran permitirle las piernas. No era buen día para estar sin equipo de cuerdas también. Algo que le permitiera acceder rápidamente a los tejados.

El contrario no se detuvo a pesar de ello, moviéndose de golpe y el moreno se vio en el suelo, con el filo del soldado herido en el cuello. Era joven, rubio, cerca de los 25 años aparentes, con los ojos castaños y vetas grises.

Aldrik tomó aire, apretando los puños. Apenas alcanzó a ver un segundo soldado, corriendo hacia donde se encontraban, seguramente alertado por el otro, y lo supo mucho más mayor, rozando los 40 aparentes. Se encontró inmovilizado, manos en la espalda, antes de que el herido, rubio, maldijera abiertamente por el hombro malherido, y supo que lo tendría difícil para marcharse. -
¡Pedazo de hijo de puta! ¿Has visto eso, Rayne? ¿Lo has visto? –Descargó el puño del brazo sano contra el rostro del desafiado, y este se encogió, notando el sabor metálico en la boca, antes de que la quemazón de los golpes se extendiera al estómago y otra vez a la cara. El moreno apartó el rostro, tensando la mandíbula, a tiempo de ver el puño yendo hacia atrás de nuevo y forcejeó, aun con el agarre férreo del otro soldado más adulto. Se supo descubierto mucho antes de lo que habría esperado, y notó una presión en el pecho, aguda. Ya está. Estaba muerto.

El veterano detuvo al rubio, con cierto sarcasmo en la voz, encontrando la bolsa en el cinto del desafiado y se la lanzó a su compañero. –
Cálmate Torvar, ya le van a joder bien en juicio. Lleva belladona. Unos dos gramos. Qué animada está la cosa últimamente. Las ejecuciones cada vez se hacen más entretenidas. –Sonrió, tirando de este, y el desafiado se vio obligado a andar. Le costó hacerlo, aun captando la mirada de varios prestándoles atención desde las ventanas, y trató de ignorar el labio partido, aun con la tensión abordándole. Lo último que habría esperado aquella mañana era verse en el calabozo, y es por eso que cuando llegaron al cuartel y lo empujaron dentro de la celda, cerrándole las manos en los grilletes se encontró buscando fuentes de fuego con desesperación, aun sin verlas. Era él y solo él quien tenía dificultades para ver en la oscuridad, y con los tiempos que corrían se habían vuelto más precavidos. –Me vendieron eso, no sabía que fuera belladona. –Terminó por decir, tratando de excusarse, pero no se le escapó la risa del rubio, sentado en el escritorio del fondo.- Estoy hasta los huevos de oír eso de cada gusano que encierro aquí.

Torvar entró en la celda, enseñándole una navaja al preso, sereno, y se agachó a su lado, tirando del moreno repentinamente cuando hizo ademán de apartarse, por la camisa. Hacerle hablar podía ser muy sencillo, tenía experiencia en ello, y hacerles creer que saldrían con vida si colaboraban solía ayudar a que confesaran, además de agilizar papeleo. –Bien, esto es muy sencillo, tu hablas, y yo no te hago pasar mal trago, ¿te parece?

-¿Esperas que me crea eso? –Espetó, sin embargo, con las manos cerradas en puños, dentro de los grilletes, y tuvo que apartarse todo lo que le fue posible, contra la pared al final de la celda. –Moriré igual, como todos los que atrapáis siempre.

-Chico listo. –Sonrió, avanzando hasta donde se encontraba, dando un tirón brusco de la camisa, y lo alzó, a tiempo de alcanzar a ver un vendaje debajo de esta, al saltar uno de los botones.-¿Estás herido? –Preguntó, alzando una ceja, y terminó por tirar de la camisa ajena, rajando el vendaje con la navaja. Tuvo que soltarle de golpe, guardando el arma, y casi oyó la maldición de su compañero al fondo, incorporándose de súbito.-¿Quién te ha retado? Suéltalo crío, no tengo todo el puto día.

El moreno le creyó entonces, al oír el tono de voz empleado, y notó que se le revolvieron las tripas, en una mezcla de rechazo, odio y…satisfacción. Satisfacción porque creyó entender súbitamente, ver a ambos cogidos por los huevos. Se incorporó, apenas teniéndose contra la pared, y una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios, antes de hablar:- Letyko.

Leyenda (?)
Rayne:#666633
Torvar:#666666




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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Letyko el Lun Mayo 25 2015, 22:55

Las pesadillas habían vuelto a acosar al de ojos violeta en sus noches, estas ya no eran precisamente las mejores para este y muchas veces sus esclavos eran conscientes, bien por los paseos nocturnos que provocaba el malestar en su cuerpo o por las atenciones que reclamaba, ya fuese un masaje o algo de comer. Pero así era todo cada vez que esos ''Dioses'' hacían acto de presencia, alterando la paz de la ciudad con su injusticia, pues no podían engañar a nadie con sus actos, el equilibrio no estaba en el asesinato indiscriminado de dragones cuando eran los propios humanos quienes amenazaban vidas de ambas razas, todos eran conscientes de lo acaecido en las Montañas Quemadas, como los terroristas se quitaron la máscara y se apreció su verdadera naturaleza destructiva. La justicia que vendían esos seres era una falacia, nada bueno podía venir de ellos y por desgracia poco se podía hacer en su contra, los resultados podían ser catastróficos.

Con todo esto los dragones habían visto reforzada su autoridad frente al pueblo, ahora eran salvadores y no amos crueles que se despreocupaban de ellos, el golpe de efecto pegado por la inquisición les iba a costar a los terroristas demasiado, ellos mismo se habían ganado su mala fama, la de asesinos. Una de las cosas que más alegraban al dragón, sin duda, ya que ahora podía hacer sus movimientos sin incitar a las masas en contra de los suyos, ahora podía alegar que era por el bien de Talos y sus gentes al apresar a uno de ellos, de esa escoria, y ajusticiarlo públicamente. Pocos se atrevían ya a dudar de que la inquisición estaba a favor del pueblo, con nuevos miembros humanos incluso, reforzando el pensamiento de muchos de que las cosas estaban bien como estaban. Y aquello no era todo, los rumores se hacían eco por todo Talos y el nombre de ojos violeta empezaba a ser muy conocido tras su actuación en el conflicto que trajeron los terroristas, algo que le gustaba demasiado y que usaba a su favor.

Aquella tarde no era diferente a decir verdad, tenía claro que no pensaba dormirse hasta tarde, cuando el sueño le venciese de manera que no pudiera soñar, para evitar malos tragos, quedar absorto en su trabajo y en como organizarse bien a partir de ese momento. Había decidido caminar con varios miembros del ejército para mirar las estructuras dañadas por la rebelión que se sucedió en la ciudad mientras los elementales y los humanos masacraban a todo el que pisase las montañas, señalando los defectos y posibles defensas para la próxima vez que sucediese algo así. Aquello era aburrido, una exasperación para el de ojos violeta, pero cumplía lo prometido, mantenerlo ocupado.

Estaba por irse un rato a las mazmorras de palacio para más trabajo cuando un mensaje cruzó la red, pasando de todos los dragones para dirigirse a él. -Disculpad, mi nombre es Rayne y me temo que tenemos en nuestro poder a una persona que usted conoce...- aquello no reveló demasiado, notándose cierto temor en la voz, como si no desease hablar con el inquisidor ni decir mucho más, algo improbable siendo tan curioso como lo era el de ojos violeta. -Habla claro de una vez, no tengo tiempo para ir adivinando quien puede ser.- fue como lanzar un cuchillo, su voz carecía de cualquier amabilidad posible y era consciente, queriéndolo así. El inquisidor no solía tratar con de usted a nadie que no se ganase su respeto, pese que muchos dragones ahora le trataban con respeto por sus acciones, no era recíproco por parte del asesino, para él todo lo que valían eran los actos. -Es un humano... bueno, creíamos que era un humano normal y corriente pero tiene la cicatriz en el pecho y nos ha dado su nombre...- lo supo nada más decir el otro lo de la cicatriz, chasqueando la lengua y sabiendo que se metió en problemas, preguntándose entonces como había llegado al punto de pronunciar su nombre, cuando no le soportaba y eso quedó claro desde el inicio de su ''relación.'' -Voy para allá, no tardaré- fue todo, no habló más.

Se giró en ese momento, colocándose una capa con capucha por encima de la armadura negra de la inquisición, caminando a paso ligero entre las calles camino a los cuarteles de la ciudad, no esperaba que le sucediese eso... y sin embargo le parecía que era justo lo que necesitaba, una razón para no regresar a su casa y ya de paso saber que narices había pasado con Aldrik para acabar en unos calabozos. Infinidad de ideas sugirieron a su mente, quiso saber que estaría pasando en aquella celda en la que le retenían, los cargos por los que el acusaban y demás, porque conocía de primera mano los métodos que se usaban para hacer hablar a la gente, demasiado conocido todo ese mundo para el dragón que estaba al corriente de los nuevos métodos de interrogación.

El de ojos violeta se adelantó más hasta tener a la vista el edificio que era el cuartel, en toda su extensión y respirando hondo antes de decidirse a entrar. Lo hizo con paso firme y pasando entre las miradas de asombro de todos los que estaban allí, sin mirarles siquiera, centrada su mirada hacia adelante, buscando la escalera que bajaba a los calabozos. Se ajustó bien la capucha para que tapase sur ostro y descendió con tranquilidad, escuchándose el crujir de los escalones de madera con cada paso y alertando a los dragones que el esperaban abajo. Como si quisiera torturarles un poco, sabiendo del temor del otro en su voz, creando una atmósfera de tensión, incluso deteniéndose a mitad de la escalera como si hubiese ocurrido algo, cuando solo esperaba el momento adecuado para dejarse ver.

Al fin terminó de bajar y aparecer su figura, todo negro y sin apreciarse su rostro, apenas los labios y poco de la nariz. -Le estábamos esperando...- fue todo lo que dijo el dragón que aparentaba como unos cuarenta años, logrando que girase el de ojos violeta el rostro un poco para encararle, pasando enseguida al otro, al que vio enseguida herido y empezó a comprender por donde iban los tiros, dibujándose un sonrisa en su rostro, sin hablar aún. Caminó por la sala, entre ambos dragones para mirar a través de los barrotes al chico humano, con las manos encadenadas y sin poder moverse, herido recientemente lo que le enfadó, se habían atrevido a tocarle cuando lo prohibía la ley. Gruñó, sonoramente, para que enterasen de como iba la cosa. -¡Ha empezado él, nos pegó y me hizo esto!- espetó el que parecía más joven, logrando que suspirase el inquisidor por esa respuesta. Se giró nuevamente, dando la espalda al humano sin siquiera decirle un hola, echando hacia atrás la capucha para dejar ver su rostro y la frialdad con la que los miraba, posando la mano en el hombro herido del dragón y metiendo los dedos en el corte, provocando un quejido y que el otro se sobresaltase. -Nadie toca nada que me pertenece sin mi permiso... máxime cuando las leyes protegen a los desafiados de dragones como vosotros.- soltó, visiblemente enfadado.

-¡Tenía dos gramos de belladona en una bolsa!.- y aquello arrancó una risotada del dragón que dejó de castigar el hombro ajeno, empujando a este contra una pared. -Que miedo dan dos gramos de belladona... eso puede hacer que unas criaturas tan poderosas como nosotros nos veamos en serios apuros.- fingió comprensión y hasta usó un tono triste, justo antes de lanzar un puñetazo al mentó del dragón que dijo esa tontería, castigando a ambos por su insolencia y tomando las llaves para abrir la celda de Aldrik y pasar dentro, tomando su mentón para que le mirase. -Veo que al final has tenido que recurrir a mi para salvarte.- le dijo, arrimando los labios a su oído y riendo un poco más, sabiendo que no se podía mover, mordiendo el lóbulo de su oreja para provocar su ira justo antes de retirarse y soltar sus muñecas de las cadenas. -Nos largamos de aquí antes de que decida castigar más a estos insolentes.- y caminó rumbo a las escaleras, pateando al dragón de mayor edad y dejando pasar como a una dama a Aldrik, para que saliese pavonándose si lo deseaba.
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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Mar Mayo 26 2015, 23:12

La siguiente media hora sumió el calabozo del cuartel en silencio, con la excepción de los pasos acelerados de Rayne, de un lado al otro de la habitación. Se le veía nervioso, preocupado, y no mentiría en el hecho de que el desafiado disfrutó de ver aquella reacción. Había sido un convenido, al echar mano de su situación para salvarse el cuello, pero no veía porqué no podía hacerlo, más aun siendo consciente de que no le había traído más que problemas desde que se convirtió en lo que era, un humano con pocas probabilidades de salir con vida de aquí a cinco años. Siendo así, bien podía aprovechar el tiempo que quedara, y no se achantaría porque dos dragones con alardes de grandeza se le cruzaran por delante. Desconocía el funcionamiento de las leyes en cuanto a desafiados, pero repentinamente tenía la certeza de que algo bueno tendrían que tener. Bien, si ser de Letyko iba a ofrecerle inmunidad absoluta frente a la ley, bien podía explotarla. No le debía absolutamente nada, no después de que se tomara la libertad completa de arrancarle el corazón sin consideración alguna. El tendría la misma consideración a la hora de echar mano de aquel ticket constante a salvarse el cuello.

Permaneció en silencio, sentado en el suelo, con la espalda apoyada en la pared y oyó los pasos de las escaleras, sin inmutarse al ver la tensión de los otros dos. Era cómico, no mentiría, pero los comprendía hasta cierto punto. Intimidaba, lo había sufrido en carne propia, y para colmo, las voces hablaban mucho de él últimamente. Seguía detestándolo, lamentando la idea de repente y planteándose si quizás hubiera sido mejor aguantar algún puñetazo más o menos con tal de no tener que lidiar con el inquisidor. Este hizo su entrada triunfal al cabo de unos instantes, y Aldrik tuvo la certeza de que lo estaba disfrutando. La seguridad que derrochaba estaba consiguiendo que realmente lamentara haber entrado a trapo.

No se incorporó ni cuando entró, oyendo las maldiciones de los contrarios, y apenas alzando una ceja ante la poca atención que prestó el inquisidor a los supuestos dos gramos de belladona que cargaba. Lo que más lamentaba de toda la situación era ir a perderlos, verdaderamente. No era algo fácil de conseguir, y dudaba poder volver a hacerse con más hasta dentro de un tiempo. Una verdadera lástima.

-
No es un placer verte, te lo puedo asegurar. –Comentó, a pesar de ello, tensándose por el agarre en el mentón y se estremeció, a tiempo de verse libre de los grilletes. Le costó creer por un momento que fuera a dejarlo ir con aquella libertad, recordando aquella primera vez en la que también le dejó ir tras dejar maltrecha la puerta de su casa, y no pudo evitar sentirse confrontado consigo mismo. No entendía porqué estaba haciendo eso, pero apartó la cara sin hablar, cuando fue a tomarse más confianzas de las que creyó oportunas. Lo miró con inquietud, levantándose, y miró ambos a él y a la puerta, antes de salir fuera de esta, mirando a los otros. No dijo mucho más al respecto, ni siquiera tras la mirada furibunda del más joven y sonrió apenas de manera muy escueta subiendo las escaleras hacia las calles de la capital.

No volvió a subirse la capucha, a pesar de haber querido, y esperó, sin mirar hacia la puerta siquiera, sin ganas de estar oyendo al contrario, reprochándole por haberle sacado de la celda. Habría logrado salir tarde o temprano, o al menos, eso es lo que se repitió a si mismo. –
No me has hecho ningún favor. –Le dijo, nada más lo vio salir, y se abrazó el cuerpo, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.

La noche estaba echada, y una vez tuvo la certeza de que le había visto, echó a andar calle abajo, esperando que captara la indirecta. Bien podría marcharse ya.
-
Pensaba que trabajabas en el turno de día.-Comentó sin embargo, deteniéndose y miró al contrario desde unos metros más allá. Debería volver a casa pronto, y aun estaba tratando de asimilar que había salido indemne de la situación. O al menos, casi. Peores golpes había recibido en su vida.




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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Letyko el Miér Mayo 27 2015, 03:01

La tensión era palpable, podía jurar sin miedo a equivocarse que Aldrik le detestaba y no soportaba aquella situación, aquel rescate tan extraño que el inquisidor estaba realizando, a parte de marcar territorio con los de su propia raza, una advertencia de lo que pasaba cuando se metían con sus cosas. Esperó a que el humano pasase por el umbral de la puerta para mirar por última vez a aquellos dos dragones, advirtiendo la ira del joven en sus ojos y la manera de torcer la boca en aquel gesto. Respondió con una amplia sonrisa, sin contenerse lo más mínimo y mirando luego al mayor -Ya conocéis su cara, a no ser que mate a un dragón no se le puede tocar... porque si me entero que le vuelve a ocurrir algo desearéis estar exiliados.- y con toda la elegancia que era capaz de demostrar en sus movimientos, se perdió en las escaleras subiendo a buena velocidad para no perder de vista al joven humano, tenía que hablar con él largo y tendido para advertirle de que no podía estar relajándose cuando el reto estaba presente, agradeciendo por otro lado que esa noche dormiría poco.

Supo que muchos dragones se le quedaron mirando conforme avanzaba a la salida del cuartel, preguntándose que habría ocurrido allí abajo y porqué el chico salió impune de todo, pese a que la tenue luz violeta se pudiese apreciar en su pecho sin el vendaje, cubierto por la camisa. La verdad es que no habría dado explicaciones a nadie, no era necesario cuando aquel detalle lo evidenciaba todo, el de ojos violeta era parco en palabras si no estaba de humor como era el caso. Cruzó la puerta y lo encontró abrazado a sí mismo, limpiándose la sangre del labio con el brazo tras dejar claro que no iba a agradecer la intervención del dragón en el asunto. Al inquisidor le importó poco y se tomó la libertad de llevar sus dedos al labio del chico, tras acercarse, mirando la herida y luego a sus ojos, como si quisiera analizarle. -''Sus ojos con como los tuyos, Nafertari... ojalá pudieras verlos... ojalá yo pudiera ver el ámbar y no ese azul tan intenso...''- pensó el dragón, apartándose del chico al poco tras ver que solo era el labio partido y un golpe en la mejilla, algo que sanaría rápido.

El joven se encaminó bajo el manto nocturno, y tuvo la sensación de que quería que le siguiese, por caminar en vez de correr, accediendo y situándose a su lado en poco tiempo, escuchando lo que tenía que decir. -Tengo mucho trabajo últimamente, además de que si me avisan de un chico haciendo el idiota con belladona que resulta ser mi desafiado lo dejo para sacarle del calabozo.- espetó, casi sin opción a réplicas, sabiendo que su comentario las tendría viniendo de ese joven. -Se supone que debes mantenerte con vida para que sea yo quien tenga el placer de matarte cuando falles el reto, no dos dragones ambiciosos que ven el ascenso en una bolsa de dos gramos de belladona.- ¿qué odiaba que le tocasen sus cosas?, si, ¿qué esperaba disfrutar de sus ojos el máximo tiempo posible mientras le atormentaba?, también. Muchos humanos no se metían en problemas por muy desafiados que fuesen, era de estúpidos creerse superiores por la inmunidad que poseían estos, sin ser conscientes de lo sencillo que era revocarla por quebrantar una ley importante. A eso no estaba dispuesto el de ojos violeta, no cuando por fin encontraba un humano que le daba juego y no se consumía por la falta del órgano motor.

-Si crees que puedes usar mi nombre para librarte de todo lo llevas claro, aunque a juzgar por tu aspecto no es algo que acostumbres a hacer. ¿Me equivoco?- con solo pronunciar el nombre del dragón se habría ahorrado el ir a los calabozos, desde el primer minuto, logrando que se interesase más por él al no hacerlo. Era una caja de sorpresas el chico y eso era un privilegio para un ser que contaba con dos milenios de vida, casi dos milenios y un año si contaba que en apenas un mes se cumpliría un año más desde su nacimiento, de lo poco que recordaba de su infancia. Giró el rostro para mirarle, caminando a su lado como estaba haciendo y esperando la contestación, nunca sabía por donde podía salir Aldrik, esperando algún insulto eso si. -Por otro lado esta moche te toca aguantarme, es lo que pasa al reclamar mi atención y obligarme a dejar lo que estaba haciendo.- y ya de paso ayudarle a no ser acosado por las pesadillas, sin que admitiera jamás que su compañía aquella noche la necesitaba, la excusa perfecta.
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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Miér Mayo 27 2015, 12:13

Quiso marcharse entonces de inmediato, incómodo, porque Aldrik no soportaba deber nada a nadie, y ya era muy pesado aquello que le debía al dragón. Desde pequeño le hubieron dicho que los favores se otorgaban a cambio de algo que fuera de beneficio para la persona, pero en aquel caso, estaba seguro de que el negocio hecho, en contra de su voluntad, con el dragón, era algo que solo le beneficiaba a él doblemente. No sabía si estaba dispuesto a aumentar aquella deuda, no cuando ya la notaba en forma de soga alrededor del cuello, apretándose a cada ocasión un poco más. Terminaría ahogandose, estaba seguro, y tal vez era por ello que actuaba tan temerario en los ultimos tiempos, tenía tanta avidez por vivir, accedía a tomar riesgos que no habría aceptado antes. Era joven, tal vez demasiado, y ya había una fecha impuesta en la que todo se detendría, y ni siquiera se le permitiría vivir bien hasta entonces. Iría desgastándose, iría consumiéndose, iría volviéndose poco más que un corcho. Tenía miedo de ello. Le aterraba la sola idea, pero lo aceptaba, como no podía ser de otra manera.

Se mantuvo completamente inmóvil cuando el contrario se acercó, todavía algo a la defensiva por lo que pudieran traer sus actos. Sabía como era él, y sabía que aquello podría no haber sido más que un burdo teatro, una excusa para abordarle después, dejarle peor de lo que ya estaba. Es por ello que el primer reflejo fue dar un paso atrás, tratar de alejarse del inquisidor, por mucho que este pareciera inofensivo en un inicio.-
Yo no quise que me atraparan. No hice nada para ello.-Contestó, respondiendo, y es que no estaba dispuesto a que el contrario decidiera aumentar su deuda. Le había sacado del calabozo, si, pero no dejaría que se regocijara de ello. Había dormido en peores sitios, dormir alli aquella noche no le habría inmutado lo más mínimo.

Bajó la vista, a tiempo de notar la mano en el mentón, rozando los labios al momento y se estremeció, sin saber que demonios se proponía el otro, pero sin atreverse a marcharse tampoco. Aguantó la mirada del contrario, sin confesar que la encontró intimidante, aun si el otro no lo pretendió. Sintió un dejavú, provocado por aquella otra ocasión en la que se había cruzado con él por primera vez en el mercado, y se apartó después levemente, le soltara o no, girando el rostro a un lado. -
No es para tanto.- Murmuró, retomando el camino, incómodo, refiriendose a los moretones, ajeno al hecho de que había estado el otro más pendiente de los ojos. El propio Aldrik no era consciente de los ojos que tenía, y era por ello que no habría podido comprenderlo por mucho que tratara el contrario de explicárselo.

No se detuvo ya entonces, poniendo rumbo al lugar en el que había estado residiendo en el ultimo mes. Lo hizo de manera automática, sin pensarlo demasiado, y echó en falta entonces su bolsa. Habría apretado el asa en el hombro con una de las manosde haber podido hacerlo. –
Placer de matarme. ¿No se te ha ocurrido pensar que tal vez, si me quedan 5 años, quiera vivirlos tranquilamente antes que buscarte para suicidarme antes?–Alegó, sin confesar lo ilogica que se le hacía aquella afirmación por parte del inquisidor, y negó con la cabeza levemente, pasandose una de las manos por el cabello, apartándose el flequillo del rostro, mas este volvió a su posición, como siempre.

-
Si quieres tener el placer de matarme ¿porque no lo has hecho hasta ahora? Has tenido muchas oportunidades para hacerlo, y teniendo en cuenta que te he costado más de lo que estás recibiendo, me resulta gracioso que sigas insistiendo con todo esto. ¿Compraste una puerta nueva? –Preguntó, mirándole directamente, y esperó, buscando ambas ser franco y provocarle con aquello. Se veía incapaz de detener aquellas pullas eventuales, no cuando se habían convertido en su único mecanismo de contraataque y defensa. –No tengo intención de usarte para mi beneficio, partiendo de la base de que verte no es de mi devoción especialmente. –Corroboró la pregunta, volviendo a desviar la vista a la calle, casi pareciendo prestar más atención al pavimento y a cada grieta de los edificios antes que al dragón. –No necesito tu ayuda para salir de apuros, mucho menos para sobrevivir, si no pudiera hacerlo por mi mismo llevaría muerto más de 5 años.

Trató de hacer memoria entonces, a aquel primer día que pisó la capital, y el como rápidamente comprendió todo aquello que le había dicho su padre, las negativas de su madre a que se marchara. Una parte de si mismo desearía haberles hecho caso.

Se percató entonces de la dirección de sus pasos, cuando se detuvo justo frente a uno de los ultimos edificios del barrio bajo, y se frotó los ojos con pulgar e índice antes de alzar la vista hacia el otro. –
Es tarde, entiendo que te haga ilusión seguir con este “vamos a joder bien a Aldrik” pero podría decirse que me encuentro fuera de horario ahora mismo. Búscame mañana. –Esperó, queriendo que se fuera y al no encontrar respuesta terminó alzando la vista hacia el segundo piso del edificio, a oscuras y sin cristal. –Tienes cosas que hacer entonces, ¿cierto? –Preguntó, esperando, y al ver la insistencia suspiró.- Quiero ir a casa, ¿vale? Haz lo que quieras.

Se impulsó en uno de los salientes, alcanzando el marco de la ventana y entró en el interior de la estancia, agachándose y encendiendo el candil al lado del colchón. Componían los únicos muebles en la estancia, con la excepción de una silla pegada a la pared algo más allá, y dos cajas amontonadas una encima de la otra. Tomó una manzana de dentro de estas, dandole alguna vuelta en la mano y la mordió, alzando la vista hacia la ventana. En aquellos instantes, se sentía verdaderamente solo.




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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Letyko el Jue Mayo 28 2015, 03:15

Para un dragón no era para tanto aquel labio partido y unos cuantos moretones, se transformaban y todo sanaba a una velocidad pasmosa, pero los humanos no eran así de interesantes, sus cuerpos quedaban con las marcas y los cardenales durante bastante tiempo, a veces de forma permanente. No lo iba a comprender, no podía hacerlo, para un dragón era natural no querer ni una sola marca en su cuerpo a parte de sus vestigios dracónicos, pero a muchos humanos les gustaba y otros tantos se resignaban a ello. Esas marcas no disgustaban al dragón, acababa siendo uno de los primero que provocaba heridas a sus esclavos y luego gozaba de ellos y recorría la cicatriz con los labios, con la lengua, como una herida de batalla. Lo más parecido que poseía el inquisidor era una cicatriz en la línea escoma que casi pasa inadvertida por completo, causada por jade.

La tranquilidad no era una opción a contemplar por nadie con dos dedos de frente, si su visión del reto era consumirse estaba dejando que muchos muriesen en vano, aquellos que si lo intentaron con todas sus fuerzas, dispuestos a cambiar el destino independientemente de si lo lograban o no. -Que curioso... cualquiera en tu situación valoraría más la oportunidad de vencer al dragón que les ha robado tanto, no dejarían que sus vidas se consumiesen sin hacer nada. Sois una raza que busca sobrevivir usando los medios que sean necesarios, he retado a más antes que tu y todos han acabado viniendo a por mi.- observó el gesto del pelo de reojo, antes de volver a hablar. -Te contaré una cosa que desconoces en estos momentos... cuando han pasado ya unos tres años, la mente se turba, la falta de emociones es tan aguda que buscas por todos los medios recuperar aquello que te hace sentir vivo, notas como poco a poco entras en un pozo de desesperanza del que nadie puede sacarte. Es entonces cuando la ira te invade, ese impulso de supervivencia del que te hablo, haciendo que vayas a buscar el corazón y perezcas por la ansiedad, las prisas. Por esa razón te insto a intentarlo cuando tu mente aún te pertenezca, cuando seas capaz de dominarte y pensar con claridad.- si, debía hacerlo cuando sus ojos aún le perteneciesen, con vida en su mirada.

Demasiadas oportunidades, en eso le daba la razón, pero ninguna de ellas propicias, esperaba que le durase un tiempo, bastante a decir verdad. Si se plantease matar a todos aquellos a los que le robaba el corazón a los pocos días o meses de hacerlo, no tendría diversión, además de que ya lo había pensado muchas veces, esos ojos merecían perdurar hasta que el chico quisiese poner fin a todo. -Para mi es muy fácil aplastarte, pude hacerlo en la calle el día en que creíste que podías herirme y salir indemne, demostrándote que no, cuando deberías agradecer que conserves esa pierna sin secuelas gracias a mi magnanimidad.-   era obvio que estaba vivo por placer del dragón, mas no le iba a decir las razones que le impulsaban a aplazar lo inevitable y dejar la fecha en manos del humano, que lo intentase las veces que quisiese y fallase, para instarle a intentarlo de nuevo. Por otra parte lo de la puerta le hizo mucha gracia. -La puerta... si, tuve que cambiar el marco de la misma cuando le dejaste esa preciosa marca con el cuchillo, pero nada que no me pueda permitir... dudo que fueras capaz de pagarlo.- mintió, con soltura, como hacía siempre. No cambió el marco de la puerta, seguía rajado para recordarle la voluntad del humano, sus ganas de desafiar al de ojos violeta, pero jamás lo sabría.

-Te haces el duro pero no puedes negarme que te ha venido de perlas ser mi juguete, para evitar morir por la belladona, demostrando que tus dotes de supervivencia son nulas en este nuevo mundo que los herejes y terroristas están creando.- cinco años sobreviviendo no eran muchos, se podía antes de forma más sana, el caso es que en la actualidad todo se había vuelto más complicado, sus desaires y esa actitud chulesca no le ayudarían. -No voy a cuestionar tu forma de sobrevivir hasta ahora, pero lo haré de cara al futuro, hasta que no me demuestres que eres mejor de lo que has sido hoy, pocas esperanzas veo en ti, más sencillo será que recurras a mi nombre.- no le iba a disgustar que le llamasen más veces para ir a buscar al chico, otra cosa era que se metiese en verdaderos problemas en los que se le juzgase y matase por pasarse de listo. -Y no creas que lo de hoy te hace inmune a todo, si la cagas bien te aseguro que ni el hecho de ser mi desafiado te va a librar de una muerte que no sea por mi mano.- eso era una advertencia en toda regla, mientras caminaba por la calle sin prestar atención al chico.

Ante ellos pronto apareció un edificio en el final de los barrios más bajos de Talos, una ruina que parecía casi en estado de abandono, nada que ver con su flamante mansión en el mejor barrio residencial de la ciudad. Atento a cada frase del chico y asintiendo de forma casi imperceptible, no iba a dejarle marchar con facilidad, no aquella noche cuando necesitaba más que nunca sumirse en otras cosas, algo diferente al trabajo y la muerte. -Ya lo sabes... no me largaré.- sentenció, con una sonrisa burlona antes de relamerse, esperando a ver como escalaba por la fachada del edificio, más bien por la ventana, siguiendo al humano con presteza, como si lo hiciese todos los días, demostrando su asombrosa forma física. Se coló como una sombra dentro, cuando ya había prendido el candil y pudo apreciarse el interior, todo destartalado, con lo que parecían desconchones en la pared, sin asegurarlo al cien por cien, se podía equivocar, no sería extraño viviendo entre algodones como lo hacía el dragón.

-Es preciosa... si señor, dos cajas unas sillas mal colocadas, con el colchón mugriento ese sobre el que te sientas... la verdad es que no me da mucha confianza para sentarme por aquí.- aquello le disgustaba, mas le servía para conocer más al muchacho, saber a que estaba acostumbrado cuando terminaba su día, a esa casa, esa madriguera en la que comía una manzana con tranquilidad. Le resultó cómica la situación de tenerlo en su cama, pues comparada a aquello no había color, podía asegurar que su habitación era casi tan grande como ese cuchitril. El dragón dejó la capa en la silla, moviéndose hasta el humano y robando su manzana, mordiendo esta sin reparos y deleitándose con el sabor dulce, le encantaba esa fruta y no le hacía ascos ni mordida por otro. -Es curioso como vive la gente de tu calaña, he visto casas mejores que esta a la gente del populacho, claro que ellos trabajan honradamente y no iban por ahí robando a los demás.- no le importarían aquellas palabras, de eso estaba seguro, pero las dijo para meterse más con él, antes de apoyarse contra la pared y seguir masticando manzana, con la mirada clavada en el chico. -Supongo que no se le pueden pedir peras al olmo... me quedaré un rato para hacerte compañía, así me pones al día de tu vida desde nuestro encontronazo, cuando saliste de mi casa herido y le echaste huevos a la situación.- quiso saber, sacando un bote de su armadura para dejarlo sobre las dos cajas que había allí, contenía belladona, una cantidad bastante más elevada de la que traía ese humano al principio y que le confiscaron, pero si se lo ganaba se lo daría aquella noche, para hacerlo más interesante.
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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Jue Mayo 28 2015, 20:53

-No debo de ser entonces como el resto del mundo, ¿no? –Le había dicho antes, conforme andaban por las calles, en la penumbra, mientras buscaba su casa; salvo por el hecho de que esta no lo era realmente. Hacía mucho tiempo que no encontraba, que no sentía ningún sitio como su casa, habiéndose convertido, (si le preguntaban), en cualquier sitio en el que apoyara la cabeza para dormir por las noches. Estaba cansado, cualquiera lo diría, pero el hambre le había podido al sueño.

Apenas consiguió darle dos bocados a la manzana que sostenía, masticando despacio para tratar que durara lo máximo posible, cuando la vio arrebatada de sus manos. Encontró la vista del cielo en la ventana taponada, por una segunda figura que no consideraba bienvenida allí, pero no dijo nada al respecto, mirándolo atentamente conforme mordía la manzana. Apartó la vista, volviendo a llevar la mano al cabello, bajando la cabeza, y se encogió de hombros.

-
He visto muchas cosas consumirse sin hacer nada. –Confesó.- O bueno, sin poder hacer nada, más de las que me habría gustado. –Apenas esbozó una sonrisa leve en los labios, y quiso entretenerse con tal de no pensar en el hambre, quejándose en el estómago. Pasó de largo al contrario, apoyándose en un lado de la ventana, sin estar dispuesto a que siguiera taponándole la vista, y desvió la mirada hacia él unos instantes después. Sin saber exactamente como de duro fue el golpe emocional en aquellos instantes. Se sentía como un verdadero corcho. Un gran comienzo en su opinión para lo que le venía encima.–Vaya. Al final son 3 años. –Tamborileó con los dedos en la pared, sin confesar que notó una presión instalarse en su pecho, una presión que se obligó a controlar, aun si esta fue arrasando todo lentamente. 3 años. ¿Cómo se suponía que iba a vengarlos en ese tiempo?

Se apartó de la pared, yendo directamente hacia el contrario, encarándolo de frente, y quiso hablar, mas tampoco supo que decir. No comprendía exactamente que quería allí aquella noche, ni la fijación, ni porqué seguía tan dispuesto a seguir haciendole los días más difíciles, cada uno que pasaba, como si no hubiera hecho ya suficiente. Se sentía vacío hasta un punto inimaginable en el pecho, lamentando a cada segunda la ausencia de ese tamborileo debil contra el esternon. Tragó saliva, llevando un dedo directamente al pecho del contrario, y negó.–
Cállate. -Y sonrió de manera amarga, porque no pudo hacer otra cosa. Y se la jugó, tal vez, pero poco importaba eso.-No sabes lo cansado que estoy de todo esto, del maldito egocentrismo con el que os paseáis por la calle, como si fuerais esta especie de raza superior por el simple hecho de tener una segunda forma, sabes, no la necesito. Ningún humano la necesita. ¿Para qué? Hipócritas. Vanagloriándoos de vuestra raza, hablando como viejos de épocas pasadas, pero, a la hora de la verdad, os pasáis la vida en vuestra forma humana. -Tragó saliva.- ¿Qué mérito tenéis? Dímelo. Valerse de la fuerza que se tiene para masacrar al pequeño. Debéis de tener una existencia tristísima si encontráis tranquilidad en eso, pero, vaya, algunos pecan de victimistas. Nadie lo tiene fácil. Menos aún desde los disturbios, menos aun desde que un puñado de subnormales la cagó, creyendo que traían la bandera de la libertad y hicieron todo mucho más difícil de lo que ya estaba. -Y no tenía ni idea de cuanto le dolía confesar eso.

No se cortó a la hora de acusarlo, en cierto modo movido por las nuevas que acababa de darle, odiando el descaro con el que lo espetó, siendo que parecía creerse en el derecho de juzgar todo lo que tenía alrededor sin motivo aparente, y cuanto odiaba eso. Cuanto odiaba todo en los últimos tiempos, hasta el punto de no estar seguro siquiera de lo que creía antes firmemente. Los disturbios le habían abierto los ojos, habían estado acosándolo durante días, y no conseguía quitarse la culpa del pecho. No podía mirarse ni a si ni al resto de compañeros a la cara, aun tras varias semanas.

-
No, no habría podido pagar la maldita puerta, y aun sabiéndolo…-Se cortó, antes de darle la satisfacción de hablar más de la cuenta. Se calló de repente, porque él no tenía por qué saberlo, no tenía derecho a saber si tenía o no problemas para pagar nada, por mucho que fuera evidente.  Por mucho que siguiera matándole el hambre ahora mismo, por mucho que no hubiera probado bocado en dos días. –No voy a usar tu nombre. No es algo regular en lo que vaya a recaer, no me produce ningún tipo de satisfacción verte, te lo puedo garantizar.

Bajó la vista al bote de belladona, y por toda respuesta negó, mirándolo. ¿Lo quería? Si. Era condenadamente cara, pero el orgullo era más fuerte, y no dejaba de sorprenderle que fuera a caer tan bajo. -¿Ahora intentas comprarme? –Preguntó, ignorando el que se ensañara en aquella sala que hacía las veces de “casa” hasta que se fuera, porque siempre se iba. –Si no está a tu altura puedes irte. –Se frotó los ojos, y maldijo, siendo aquel sitio el último en el que habría esperado encontrarle en el día de hoy. –...No robo por amor al arte. –Le escocieron los ojos, dándole la espalda con brusquedad y no añadió más, alejándose, apoyando el pie en el marco de la ventana, saliendo y escalando la fachada al tejado.

No recordaba quien le había dicho en una ocasión, de pequeño, aquella perspectiva del cielo que no había contemplado nunca. En su infancia, había sido un firme creyente de que para haber oscuridad en la noche era necesario que hubiera luz, para destacarla, pero por otro lado, Christa, aquella vieja anciana de entonces, le había insinuado algo muy diferente. ¿Y si vivimos con los ojos vendados? ¿Y si las estrellas solo son aquellos pequeños resquicios de luz que se cuelan a través del paño?




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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Letyko el Jue Mayo 28 2015, 22:35

Que podía haber visto un humano con apenas cuantos, ¿veinte años?, era para reírse... el dragón si que había visto consumirse todo a su alrededor como quien prendía una mecha, imposible de detener y con la frustración que eso generaba. Era otro necio que pensaba que los dragones vivían pacíficamente en su estatus superior, sin conocer el pasado que el de ojos violeta ocultaba a todos, sin revelar el dolor y el pesar del letargo bajo tierra, cando la esperanza pareció perderse en la oscuridad. Se obligó a seguir los movimientos del humano, conforme este se acercaba a la ventana para quedar cerca del inquisidor, percatándose del instante en que ese humano le miró, sin darle mucha importancia ni reaccionar a aquello, asintiendo a lo de los tres años. -Cuando han pasado tres años todo empeora, pero también hay gente fuerte que no cae en lo anterior, que no van en plan suicida contra el dragón y solo buscan a este para aprender más, en parte por sentirse cerca de su corazón.- le dijo, haciendo alusión a sus propias palabras. -Cada humano es diferente en su forma de actuar frente al reto.- precisamente ahí estaba la gracia de tener un desafiado, que nunca se comportaban de la misma forma.

No esperó que Aldrik le encarase cuando se apartó de la pared, mas no le disgustó que sus miradas se cruzasen de nuevo y pudiese contemplar ambas esferas azules, viendo su propio reflejo en ellas, quedando evidente la diferencia de altura entre ambos al medir el dragón más de metro ochenta. Sintió el dedo golpear su pecho y se relamió, sin saber que se proponía, haciendo mutis por el foro cuando le dijo que se callase, no porque se lo pidiese sino más bien por si tenía más coas que decir al respecto. Y vaya que si dijo cosas, un discurso de lo más interesante, pero desde el punto de vista de un crío amargado que carecía del corazón, que no sabía nada de nada, intentando quedar por encima de un ser con vivencias de los más variadas. Llevó la mano al cuello del muchacho, sin apretar, solo cerrando esta en torno al mismo, sin apartar la vista, dispuesto a dejar las cosas claras. -Crees que somos lo peor que os ha pasado, que nuestra existencia es triste y que tenemos que esclavizaros para sentirnos completos... pero te equivocas. Tengo dos milenios de vida en los que he conocido a tu raza, desde el pasado hasta ahora y no hay nada vuestro que me haga pensar que sois iguales a nosotros, no tenéis nada bueno que ofrecer al mundo. Sois más egoístas que un dragón y no dudáis en pisar a los vuestros para conseguir algo, con los medios de que dispongáis, ya sean crueles o no. He visto humanos matando humanos por puro placer, por envidia, rabia o incluso por mujeres... y tu me vas a decir a mi que todo esto lo hacemos porque necesitamos sentirnos superiores... los vuestros demostrasteis lo que valéis en las montañas con esa masacre.- le miró visiblemente asqueado, cerrando la mano en su cuello apenas, para que notase una leve presión. -Somos superiores a vosotros porque valoramos a los nuestros, nos tratamos con respeto y no nos matamos, solo el exilio... en cambio vosotros necesitáis ser controlados por entidades con una mentalidad más centrada y que pueda perdurar a lo largo del tiempo... lo que sois, lo que os hacemos, no es más que aquello que provocasteis una vez. Este reto que te impuse era para demostrarme que podía ser igual a mi, a un dragón, pero dudo que puedas lograrlo ya que no entiendes la naturaleza de los tuyos ni ves que cada acto vuestro logra que se pierdan vidas inocentes, porque por mucho que te pese, nosotros matamos solo a los criminales y herejes que amenazan la vida del populacho de Talos.-   y le soltó, volviendo a reposar al espalda contra la fría pared.

Un humano no iba a darle lecciones a alguien cuya edad le daba una sabiduría que él no tendría jamás, la usase más o menos el de ojos violeta, porque no era nadie para reprochar nada a un dragón, porque sus mismas palabras revelaban el descontento con los actos cometido por los terroristas, porque tenía que callarse ante un hecho innegable como era que los humanos mataban a masas en sus reivindicaciones de libertad y los dragones solo a aquellos que consideraban enemigos del régimen, asesinos la mayoría, sin contar a los híbridos, un tema que iba a parte.

El dragón se vio en la necesidad de mirarle en cuanto que habló de la puerta, porque por un momento pensó en que iba a hablar de más, como si estuviese dispuesto a haberla pagado, o esa fue la impresión que le dio en un principio, sin darle importancia al silencio que siguió su frase. Tampoco tenía caso seguir abordando el tema de usar el nombre del inquisidor, había dejado bien claro que no pasaría, admirando en parte eso, porque algún desafiado suyo si que recurrió a esa ventaja con asiduidad, creyendo que abusar era correcto y no pasaba nada... el iluso se encontró con que un día el nombre de Letyko ya no le salvó, le condenó a morir bajo sus espadas por aburrimiento y cansancio.

El frasco de belladona cumplió su cometido, lo miraba deseoso de tenerlo, conocía bien la codicia en todas sus formas, el brillo en los ojos cuando alguien deseaba algo o le resultaba interesante. No lo iba a comprar, no necesitaba hacerlo, si el frasco se lo ganaba era suyo para demostrar que le daría buen uso, usar su inteligencia y que no se lo requisasen esta vez, porque la cantidad era mayor y se consideraba una amenaza en toda regla para los dragones. -No creas que necesito comprarte, puedo obtener de ti lo que me plazca, en cualquier momento y sin esfuerzo, esto es solo una manera de hacerlo más interesante, ya sabes, si salgo contento de la charla te ganas un premio que te ayude contra mi cuando decidas venir a por mi cabeza... las veces que quieras intentarlo si no mueres.- porque si el dragón no mataba a Aldrik, seguía teniendo oportunidades de recuperar lo suyo.

Tras aquello se fue a la ventana y lo vio apoyarse en el marco de la misma y escalar al tejado, dejando el frasco de belladona y la capa en la silla con tranquilidad, sabiendo que nadie se las iba a robar, siguiendo al chico, subiendo con agilidad y caminando por las tejas, observando al chico que miraba las estrellas. Tomó aire, mirando las estrellas también, sintiendo añoranza al rememorar viejos tiempos, cuando en la ciudad de arena se acostaba en esta para admirar las luces que adornaban el manto de la noche, que volvían el lienzo negro en una obra de arte como pocas. Se recostó al lado del humano, con los brazos en su nuca para estar más cómodo, sin hablar, mirando las constelaciones que no habían cambiado en siglos, inundado por una melancolía interna que nadie hubiera sido capaz de comprender. -Mirar las estrellas es una pérdida de tiempo, eso dicen la mayoría de dragones que conozco y muchos humanos. Pero no comprenden nada, no logran comprender el valor de algunas cosas que poseemos, de lo que está ahí desde antes de que cualquiera de nosotros pisase este mundo. Son gemas que ningún ladrón puede robar, guía para los perdidos en la noche y quizá algo más para otros... No tengo nada que hacer esta noche, pero respeto la soledad mejor que nadie y me doy por satisfecho con nuestro encuentro de hoy, aunque no vaya a largarme hasta que me obligues a hacerlo. Necesito comprender a mi enemigo para cuando me enfrente a este.- giró el rostro para clavar sus ojos en el chico, con la seriedad de siempre, con la frialdad que le caracterizaba, pero sin amenaza alguna en su tono, sin buscar pelea en aquel tejado.
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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Sáb Mayo 30 2015, 22:03

El gesto no le cogió desprevenido mucho antes de que marchara por la ventana. Era consciente, de que tal y como era el temperamento del dragón, lo dicho anteriormente iba a despertar una reacción violenta. Le aguantó la mirada a pesar de ello, sin moverse, aun con la mano ajena en el cuello, y le escuchó sin alegar nada, esperando a que terminara. Aquello, lo creyera de verdad el inquisidor o no, era el comentario más hipócrita que había oído en su vida. La presión no le hizo achantarse, esperando solamente, y una vez le soltó se llevó la mano al cuello, dando un paso atrás.

-De veras crees eso, ¿verdad? ¿Y qué me dices de los exiliados? ¿Enemigos del régimen? La mayoría no han pisado Talos en toda su vida, solo desean vivir de manera calmada, sin el miedo infundido por los ejércitos, por las leyes represivas. Un humano que ha establecido una conexión con los dioses elementales no ha elegido establecerla, y a pesar de ello los perseguís y masacráis como a las ratas. Lo he visto. –Hizo una pausa, consciente de las connotaciones tras lo que acababa de decir y lo corroboró, asintiendo.- Si creo en los dioses elementales, y tu también, tras los disturbios. Es imposible no hacerlo, hizo acto de presencia. No fui el único que oyó a Maaikaela. Creo en que exista pero no por ello la vanaglorio. ¿Eso me convierte en un traidor al régimen? ¿Por no creerme que la Reina sea una especie de entidad superior? ¿Por creer en ellos y no en ella? –Siguió sin apartar la vista de él, las manos cerradas en puños.- No se puede negar lo evidente. Los no-creyentes también son inocentes y también los condenáis. Si a eso le añadís que no ha habido desafiado aun que sobreviva… puedes tomarte esto también como un homicidio. Lento, pero muerte al fin y al cabo. No soy ningún santo, pero no sabías absolutamente nada de mí, nada que justificara lo que hiciste. Sigues sin saber nada de mi. Si pretendías hacer algún tipo de argumento ahí, estaré encantado de oír los motivos de peso que te llevaron a retarme.

Se apartó del todo, habiendo cortado la conversación entonces, habiéndose dirigido al tejado, y mantuvo la vista en el cielo cuando se tumbó, viniera el contrario o no. Supo que no pasaría mucho tiempo hasta que lo hiciera, y cuando lo notó acomodándose al lado no contestó de manera inmediata. Lo último que esperó es que comenzaran a hablar de astrología de aquella manera, como si le hubiera sido siquiera posible leerle la mente, pero tuvo que detenerlo, una parte de si todavía negándose a hacer un alto al fuego. Era como pelearse con sus propios demonios, dos fuerzas enfrentadas.

Giró el rostro hacia el contrario, mirándole, y apenas le distinguió en la penumbra que los rodeaba. Supo que él si lo haría, y se preguntó cómo debía de ser aquello, ver en la oscuridad. Se forzó un tanto a sí mismo, notando una leve migraña, pero lo intentó a pesar de ello, hablándole mentalmente, sin mover los labios. Supo que no lo esperaría. Nunca había intentado algo así hasta ahora, pero muchas cosas había oído en Talos el tiempo que llevaba viviendo.-
“ …¿Te ha dado por la filosofía?”-Preguntó, sonando apenas en un susurro en la cabeza ajena, e hizo un gesto hacia el cielo. Le hizo gracia, la pasión que pareció volcar repentinamente en aquel hecho y se lo hizo saber, consciente de que ese comentario era más propenso a provocar de lo que pretendía. Seguía molesto, pero realmente, ¿Cuándo no lo estaba con él? No podía evitarlo.– “No puedes hacer lo que te plazca. No puedes porque si lo hicieras, estarías probando de entrada que yo tenía razón, y que realmente lo que atribuyes a nosotros es algo que tenéis también vosotros. Egoísmo. Crueldad. Ira. Deseo. Júbilo. Todos las sentimos. El que hagas algo en mi contra sin tener justificación para ello tira por tierra tu intento de servir de víctima. Tu idea de que solo buscáis cuidar al inocente, vale menos que un papel mojado.”–Apenas sonrió, volviendo a desviar la vista al cielo.- “Mentiroso.”

Cerró los ojos unos instantes, y se supo realmente cansado entonces. Realmente, habría sido capaz de dormirse allí de haber estado solo, como en cualquier otra parte. Estaba hecho a la incomodidad, a subsistir como se pudiera, mas no lo haría, no caería en vulnerabilidad en la presencia del dragón. Aquel lugar a pesar de ello, seguía siendo uno de sus lugares favoritos de la ciudad. Cuanto amaba la quietud de los tejados, las vistas desde arriba, la calma, la falta de bullicio, la soledad que proporcionaban.

Abrió los ojos despacio, interrumpido por las palabras ajenas y no lo miró, consciente de lo que insinuó. Había querido que se fuera, pero a aquellas alturas no parecía importarle.-
Dime, Letyko, ¿de verdad crees que voy a probarte algo? –Preguntó, esta vez en voz alta, rompiendo la quietud alrededor de ambos, volviendo a refugiarse acto seguido en el silencio del dialogo mental, por cansado que fuera para él mantenerlo. No supo por qué lo preguntó, tal vez por encontrar una respuesta precisa y darse alguna esperanza. Por lo menos conocer si había una intención tras el reto, si realmente el contrario había creído aquello conseguible, más allá del capricho, del darle una muerte lenta, de simple y llano entretenimiento. Se frotó los ojos, negando con suavidad y se incorporó, sentado, abrazándose las piernas, apoyando el rostro en sus rodillas.- “Mejor no contestes.”




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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Letyko el Vie Jun 05 2015, 00:40

La filosofía no era algo por lo que abogara el de ojos violeta, la ética siempre fue algo muy delicado para al bando de los dragones pues su sociedad se estructuraba como en la antigüedad, en plena edad media o incluso épocas anteriores, dependiendo de la edad. Por no hablar de que la educación de los padres influía sobremanera en aquello, siendo estos más viejos y habiendo vivido épocas muchos más arcaicas si cabía. Ante aquello solo pudo reírse con total descaro, sabiendo que le importunaba la mayor parte de las veces, acostumbrado ya al desprecio de los humanos, pero totalmente impresionado por sus palabras, como si de verdad pudiesen cambiar la forma de ver el mundo de un ser milenario, a punto de cumplir un año más. Calló por completo, sopesando como responder tales afirmaciones, optando por la verdad, o una verdad a medias. -¿Acaso no somos los dragones parecidos a los humanos?, sentimos lo mismo que vosotros, aunque nuestra percepción del mundo sea completamente diferente, podemos ser crueles si, como los humanos, igual que podemos ser magnánimos. Además... mis razones tengo para lo que te hice, que las desconozcas no quiere decir que no existan... puede que algún día lo sepas.- no podía predecir la reacción del otro si le decía la verdad, las auténticas razones que le llevaron al reto, esos ojos no paraba de mirar cada vez que podía.

Miró al cielo entonces, cuando el otro cerró los ojos, sabía que tenía que dejarlo solo tarde o temprano y que aquel era el momento justo, pero su egoísmo le impedía tomar aquella decisión él, tenía que ser el humano, quería saber más cosas de su víctima, como el mismo en su discurso dentro de la casa mencionó. Nada había cambiado en cuanto a su determinación de conocer al enemigo, era el más interesante de todos los humanos, de sus juguetes, el único con opciones a presentar batalla, a ser un dolor de muelas y eso le encantaba, le animaba a buscarle en un futuro, pues era bien sabido que cuanto más presionara más acabaría viendo.

La siguiente pregunta formulada si que le pilló por sorpresa, el dragón esperaba fervientemente que le demostrase cualquier cosa, que hiciese el reto complicado y tal vez incluso llegase a ver la parte ''buena'' de los humanos. Siglos enteros sin sentir más que odio por su raza, por sus actos tan crueles no daban opción a que la parte que los admiraba, que ya de por sí era bastante pequeña, ganase.  Iba a responder con toda la sinceridad que podía, cuando le vio incorporarse en esa actitud algo infantil, sonriendo e incorporándose él mismo, con las piernas cruzadas, mirando al chico tras apoyar el codo de su brazo izquierdo en la rodilla y sostener el mentón con la palma de la mano. -Primero lanzas una pregunta y después pides que no la responda... menuda contradicción.- ahora debía hacerle caso y pasar o contestar, como si le importase que le pidiese algo, tomaba cuanto quería y actuaba como deseaba. -Podría hacerte caso... supongo que no contestaré la pregunta.- dijo en un principio. Apoyando ambos brazos en las tejas del tejado e impulsándose para levantarse, mirando al chico. -Si, croe que vas a probarme algo, estoy convencido o de lo contrario estarías muerto ya, por tus intentos fallidos de provocar tu muerte como en el callejón.- siendo sinceros no tenía por que callar, mandaba el dragón, no el chico de ojos azules, en su juego podía imponer las reglas que desease.

-Dime una cosa, atrévete a ser sincero ahora que nadie más mira, sin miedo a represalias por mi parte, a lo que pueda hacerte, como si fueras inmune incluso a mi mismo.- espetó, como si nada, tirando del brazo del humano para levantarle, para que le siguiese mientras caminaba por el tejado, contemplando las calles casi vacías por completo, exceptuando las ratas callejeras que estaban al acecho, listas para robar a un descuidado o asaltar una casa. -¿Tan poca confianza tienes en ti mismo que ya estás pensando que no vas a poder cumplir el reto?, me parece una bobada, que no vayas a intentar luchar por tu vida cuando no paro de incitarte a hacerlo, contestando a tu pregunta de forma sincera y a pesar de no querer escuchar la respuesta...- cogió al humano por el cuello de la camisa y se aseguró de tener bien agarrada la prenda antes de inclinar a este hacia fuera, como amenazando con dejarle caer al suelo desde aquella altura. -Si piensas que tu destino es la muerte, que de verdad no voy a cumplir mi promesa, te dejaré caer ahora y pondré fin a tu sufrimiento... pese a que tu corazón lata desbocado diciendo lo contrario.- estaba poniéndole otra vez en una situación límite, muy convencido de que escogería vivir, porque jamás hubiera hecho aquello sin tener la certidumbre de que no escogería la muerte.
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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Mar Jun 09 2015, 18:59

Se mantuvo inmóvil, sentado en el tejado de espaldas al otro, a sabiendas de que no podía confiar en él. No era muy descabellado hacerlo en vistas de que era culpa suya que se encontrara en una situación como aquella. Realmente, podía culparle de una larga lista de acontecimientos que vagamente podía ignorar cuando no se encontraban acechando su mente. Lo peor, era sentir aun con ello esa importante contradicción que lo empujaba a la duda. Desconocía hasta qué punto el dragón era fiel a sus principios, como para plantearse romperlos por un humano.

El propio Aldrik era conocedor (o eso creía), de los motivos que habían llevado al dragón a retarle, y sin embargo, por aburrido que estuviese y por mucho que deseara entretenerse, ¿sería permisivo con su propensa actitud de caer en la ilegalidad? El moreno era, sin duda e ironizcando, un perfecto ejemplo de actitud cívica, respetando a sus mayores, ayudando a sus pequeños y lejos de cuestionar a la autoridad. Por grande que fuera el sarcasmo detrás de esta afirmación, Aldrik se preguntaba hasta qué punto podía forzar la situación hasta que saltara. De momento, se encontraba fuera del calabozo, y su vida: intacta. O casi.

-
No es cuestión de que me vea o no capaz de cumplir el reto.- Confesó entonces, rompiendo el silencio después de que hablara el dragón. Apenas giró la cabeza hacia Letyko, mirándole desde encima del hombro. – Es cuestión de que tú, como dragón, tienes ya una manera de pensar asentada y una sociedad completa que se mueve según esos ideales. Le pides a un humano, a quien de entrada ya consideras inferior, que te haga cambiar de parecer contradiciendo todo pensamiento establecido por 2000 años que ha existido tu raza. Seguramente más. –Sonrió apenas, con un punto desesperado.- ¿Esperas que lo consiga? ¿En tres años? –Negó con la cabeza.- No. Olvídalo.

Se quedó en silencio, notando el tirón del contrario y se tensó, dejando a pesar de ello que le arrastrara. Supo hacia donde le movía incluso antes de llegar y cerró los ojos, abriéndolos y terminndo por cogerse al contrario, apenas mirando hacia atrás. Conocía la caída, había sufrido ya varios huesos rotos con anterioridad, aquel ruido seco que helaba el alma durante unos instantes. Esa vez, si realmente le soltaba, el golpe sería terminal.

Lo sopesó durante unos instantes mirándole después a los ojos, reprimiendo el torrente emocional.-
Quiero vivir. –Calló.- El que crea o no poder cumplir tu reto es un caso aparte, pero no quita que quiera vivir. ¿Quién no desea hacerlo? Todos lo hacen, hasta quien te asegure que no. Desean morir porque la vida no se ha planteado como quisieran. Es por eso, porque no consiguen lo que quieren de ella, (porque en caso contrario habrían deseado vivir como cualquier otro ser venido al mundo), que deciden morir. Es un atajo, una manera rápida y segura de paliar con el vacío del día a día... y algunos dicen de volver a empezar, pero yo no creo en eso. –Hizo una pausa.- Puedes…tirarme, pero en el caso de que lo hagas, todo esto habrá sido una pérdida de tiempo para ti, bien podrías haberme dejado en el calabozo. -"Bien podrías no haberme retado." pensó, pero eso no lo dijo.

Le aguantó la mirada, con las manos cerradas en sus brazos, sintiendo el miedo en sus entrañas aunque no lo diera a entender así. Se quedó en silencio, esperando, tal vez el hecho de que fuera magnánimo de devolverle la estabilidad del tejado. Desvió la vista hacia el suelo, o mejor dicho, la carencia de este, y siguió sin soltarle los brazos. Por encima de cualquier cosa, lamentó esa larga lista de cosas pendientes y evaluó las oportunidades que tenía de sobrevivir. Le hizo gracia el poder y la facilidad con la que se encontraba el contrario manejando vida y muerte. Si bien, debía sentirse poderoso en aquellos instantes. Tenía control sobre su existencia o cese de ella. –Crea o no que vaya a cumplir el reto, supongo que también soy humano y tendemos a hacernos ilusiones estúpidas. –Se encogió de hombros, observando los nudillos blancos de las manos en sus brazos.- Dicen que lo último que se pierde es la esperanza aunque personalmente no comparta la idea.

El hambre le ataco de nuevo, mirando toda la situación, dispuesto a aguantar como le fuera posible los consiguientes años, disfrutarlos en la medida de lo posible.-Te dí mi palabra de que te buscaría, dé mi esfuerzo fruto o no, pero como es obvio no puedo obligarte a tomar la decisión. Devuélveme al tejado y haré lo todo que pueda, tírame y me recogerán por la mañana.




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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Letyko el Sáb Jun 13 2015, 17:12

Ciertas eran cada una de las palabras del humano en lo referente a una manera de pensar y la sociedad dracónica, mas aquello no quitaba que el de ojos violeta pudiera hacer una excepción con uno de ellos si le demostraba que valía más que cualquiera de su raza. Las cosas por desgracia habían empeorado desde el teatro y eso conllevaba que sería todavía más difícil demostrar cualquier cosa. -Se trata de un reto, precisamente no es sencillo por la naturaleza del que te he impuesto.- miró a los ojos ajenos, centrando toda la atención en ambas esferas azules. -No vas a lograr demostrarme que eres igual a un dragón, porque eso es imposible, pero si puedes demostrarme que eres mejor que cualquier humano y que mereces algo de reconocimiento por mi parte, puedes lograrlo si te esfuerzas mucho.- aunque el inquisidor no las tenía todas consigo, no esperaba que lo cumpliese, eres el reto más complejo que había impuesto a nadie, una especie de trampa para asegurar su disfrute, porque odiaba a los humanos.

Cuando lo alzó de la camisa y dejó medio cuerpo suyo fuera del tejado le miró con aire de superioridad, sabiendo que el control que ejercía era total en esos momentos, que iba a lograr una respuesta sincera de su juguete. Respuesta que no tardó en tener, leyendo los labios del humano conforma decía que quería vivir, sin apartarle del vacío, aún manteniendo el agarre y escuchando sus palabras que confirmaban algo que ya sabía el dragón, que la gente deseaba vivir ante todo y que pocos eran los que decidían morir. -Muchos de vosotros intentáis aparentar que que os da igual si vivís o no, como si la opresión que creéis tener por parte de los dragones hiciese que vuestra vida no valiese nada. Pero al final, cualquier humano, por minúsculo que sea siempre querrá vivir y no encontrarse con la muerte hasta su vejez. Pero tranquilo, porque tengo planes para ti como ya has descubierto, sabes que no ansío matarte, que mis intereses son otros, por lo que esta noche vivirás... procuraré que puedas intentar demostrarme aquello de deseo, te mantendré con vida según las leyes establecidas para los desafiados.- espetó, tras inclinarse un poco y susurrar a su oído.

Era consciente del agarre del humano sobre sus muñecas, no solo sus palabras denotaban que quería vivir, su actitud corporal lo manifestaba de igual forma, en sus ojos se reflejaban las ganas de vivir. Se permitió liberar uno de sus brazos, sosteniendo al humano con el otro, provocando mayor inestabilidad, haciendo más divertido aquello, justo cuando el chico miró al suelo para evaluar la caída, que sería mortal. Agarró al humano por la base de la espalda con la mano que acababa de liberar, si devolverle al tejado aún. -Deberías no perder la esperanza, como bien puedes comprobar, sigues sujeto a mi y vivo, nunca ha habido intención de hacerte daño.- aclaró, inclinándose el propio inquisidor para dejar más cuerpo del humano al aire, en una estabilidad muy frágil y que cualquier brisa fuerte podría haber logrado destruir, provocando la caída de ambos al suelo. Mantuvo una sonrisa en todo momento, relamiéndose y apretando más la mano en la base de la espalda del humano, haciendo lo mismo en el cuello de la camisa con la otra mano, notado como la camisa no seguiría aguantando ese desgaste por mucho más tiempo.

-Evitemos que recojan tu cuerpo por la mañana, sería todo un desperdicio- Aclaró, irguiéndose y tirando del chico contra su propio cuerpo, aún sujeto este por la espalda. -Ha sido divertido- lo llevó hasta una zona segura del tejado y caminó, dando la espalda a este. -Te has ganado el bote de belladona... no has perdido la calma en ningún momento y has sido franco conmigo, así que te daré ese pequeño premio para asegurarme de que sobrevives.- se giró tras esas palabras, caminando de nuevo hasta quedar frente al chico, mirando desde arriba a este por la diferencia de altura. -El siguiente encuentro lo vas a marcar tu, decidirás cuando venir a buscarme, por los motivos que desees. Y no, no me has buscado tu hoy, no has tenido más opciones que llamarme y yo no estaba muy dispuesto a dejarte ir solo.- alargó la mano hasta su cuello, ascendiendo a la mejilla  y bajando al pecho de este, sin notar las vibraciones del corazón, por la carencia de este. -Si lo haces bien en nuestro siguiente encuentro... tendrás otro premio.- igual le ofendía, trantándole como si fuese un niño que hacía bien las cosas y le premiaba.
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Re: Hatred's too strong to listen to worthless words and tempting touches [Letyko]

Mensaje por Aldrik el Lun Jul 20 2015, 22:41

Llegó a dudar durante unos instantes, y el pulso se le habría disparado de haberlo tenido en el pecho. Lo peor es que supo que el otro lo notó, y casi podía sentirlo él también. Le costaba confesarlo, pero había algo en aquella cercanía, como si pudiera sentirse a si mismo de nuevo, como si por estar así con el dragón pudiera volver a estar "vivo". Era intenso, terriblemente, pero sabía que no era más que los efectos del corazón, y los efectos de la propia adrenalina. No le soltó, negándose a dejarse caer, y solamente esperó. Estaba tan cerca y tan lejos a la vez, que en aquella situación de vida o muerte, poder tener sus cinco años se le antojaba hasta un periodo de tiempo largo. Razonable. ¿Qué podría hacer de todas maneras? La media del humano promedio no dejaban de ser 50 años.

-
No me da igual morir, pero soy realista, y las probabilidades de que supere el reto son ínfimas, si recordamos la cantidad de historias que se oyen de humanos que han recuperado el corazón... ¿tu has oído alguna? Porque yo no. - Clavó los ojos en los del contrario, importándole poco la cercanía, casi sin darse cuenta, hasta que bajó la vista a los labios ajenos y se apartó, encontrándose de nuevo en el tejado. Dio varios pasos hacia atrás, aun consciente de la posición del otro al sostenerle, y dejó de pensar en ello, cerrando las manos en puños. No le creyó. No le creyó cuando le dijo que no lo heriría, o al menos, que no había planeado hacerlo. No le creyó porque era incapaz de creer a un dragón, no después de lo que les había visto hacer. Los temía, no mentiría. Los temía en su forma real, como si de veras perdieran el raciocinio al transformarse. No podía evitar verlos como bestias, bestias que arrasaron con su familia, y amigos, y conocidos sin darle oportunidad siquiera a contraatacar. Eran bestias temibles, pero también eran hermosas, y odiaba con su alma confesar eso.

-
No me mientas. Tirarme no te habría supuesto un dolor de cabeza. -Contestó solamente, como una afirmación, y lo miró desde unos metros más hacia allá, incómodo sin saber porqué, y diciéndose que quería volver a casa. ¿Tenía curiosidad por la forma real del Inquisidor? Si. ¿Quería verla? Si y no. Todavía andaba reponiéndose del dejavú que le causó la rebelión en Talos por el teatro de las Montañas Quemadas. No podía, ni quería verle.

Dejó que siguiera su camino, queriendo realmente que se marchara con el fin de volver a la tranquilidad de su agujero. Era un lugar terrible, realmente, como había insinuado antes el contrario, pero le gustaba, o al menos, no tenía más remedio que apreciarlo. Algo le decía de por si, que daría muchas vueltas antes de dormirse aquella noche. -
No he hecho nada, pero lo acepto. -Contestó, haciendo referencia al frasco, y cierto, lo quería. Después de haber perdido lo poco que tenía que le diera más sería seguramente lo único bueno que había pasado en todo el día. -Lo puedo usar contra ti, sé que eres consciente de ello, y aun así me lo dejas. Eres masoquista.

El moreno hizo una pausa, sin querer alegar más al respecto, y es que bien podría el dragón cambiar de opinión, y sabía que necesitaba aquella hierba. Asintió en silencio a las condiciones, sabiendo que lo decía enserio, y tuvo que asentir. -No estoy seguro de donde encontrarte, bueno, sí lo se, pero eso conlleva allanamiento de morada, espero que estés al tanto. -Lo miró, casi sonriendo de manera muy suave, y no supo porqué, pero surgió de esa manera. No. No era su amigo. Debía dejarlo marchar y alegrarse de que se fuera. -No te preocupes, no soy un niño a quien debas premiar. De momento, estudiaré que puedo hacer con el frasco que me has dado, quien sabe, tal vez seas tu el que agonice y no yo.

Supo que quería marcharse, y le dejó hacerlo, haciéndose a un lado cuando fue a ir alejándose. Siguió su figura con la mirada durante unos instantes, conforme fue a perderse en los tejados, y Aldrik se deslizó por un saliente, volviendo de un salto a la salita donde residía. Fue a echar la tela sobre la ventana, deteniéndose unos segundos, y al reconocer la figura terminando de desaparecer en la lejanía, hizo una pausa.- Buenas noches, Letyko.

Tema cerrado.




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