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Light 'em up-FB (Megerah)

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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Moira el Miér Oct 28 2015, 15:03

El silencio de su amiga le preocupó más de lo que pudiese decir. Había algo que no le contaba y empezaba a pensar que era algo bastante grave. La sola idea de que Megerah estuviese sufriendo o hubiera pasado por una dura situación, más que estar apagándose lenta y agónicamente, le estrujaba el corazón.

Parpadeó sorprendida ante las nuevas palabras de la otra mujer. Y, por un momento, se olvidó del traje que ella llevaba. De cualquier penuria que hubieran pasado anteriormente. Su pecho ascendió y descendió marcadamente. En sus propios irises hubo un renovado brillo a medida que una sonrisa crecía dibujada en sus labios color cereza.

-Oh… ¡Erah! ¡Eres libre! Por fin, después de tantos años… ¡Estás viva y eres libre! Me alegro muchísimo por ti. Tenemos que celebrarlo. Esta noche nos vamos a la taberna, me escaquearé. Te buscaré un maromo. Tienes que disfrutar de tu libertad. Oh, Erah, no puedo expresar lo feliz que estoy –habló rápido y con entusiasmo en cada una de sus palabras, sin poder borrar la sonrisa… hasta que esta se esfumó lentamente al escucharla hablar de la inquisición. Frunció el entrecejo y ladeó la cabeza, como si le preguntase silenciosamente si le estaba tomando el pelo-. Ah… ah… no. Son una panda de descerebrados, tú eres mejor que eso, Erah. Van a ir por los inocentes. Los van a cazar y a masacrar… y vete a saber qué más. No que no viese la ventaja de tener una amiga inquisidora. Porque si yo tuviese magia o fuese un híbrido, sé que tú me protegerías, igual que yo haría contigo. Pero… van a implantar el terror y no quiero que seas parte de eso. ¿Por qué lo haces? ¿Por Moloch? ¿Por quedarte en el castillo por mí? Si es por mí, podemos irnos –tomó las manos de la rubia y repasó el dorso con los pulgares, esbozando una sonrisa-. Esta misma noche. Ahora que él no va a estar buscándote si nos escapamos. Tengo un plan detallado para hacerlo. O podemos aprovechar ese traje ajustado que llevas. Lo que tú quieras, ¿vale? Pero estaremos a salvo, lejos de aquí –parloteó antes de abrazarla de nuevo con fuerza-. Dime que… -“nos iremos”. Frase que quedó en el aire al reparar en algo en lo que antes no lo había hecho-. ¿Erah? –frunció el entrecejo con preocupación. Se separó lo suficiente como para poner una mano entre los dos cuerpos, justo sobre el pecho de la rubia. Alzó la mirada tras unos segundos, buscando las clarísimas pupilas de su amiga. Ascendió dos dedos al cuello ajeno, dejándolos a un lado de este-. ¿Por qué no noto tus pulsaciones?





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Miér Oct 28 2015, 22:20

Libre.
Erah no se consideraba libre en absoluto, pues seguía ligada a su antiguo dueño de una manera cruel. Seguía dependiendo de él. ¿Quién podía considerarse libre en esos términos?

Moira, como acostumbraba cuando la emoción podía con ella, empezó a parlotear. Quizás para la morena todo lo que dijo tenía sentido. Mas no para Megerah. ¿Celebrar? No había nada que celebrar. A menos que su amiga quisiera regodearse de su miseria y festejar que su situación ahora era peor que estar muerta. cosa que Erah dudaba seriamente. ¿Disfrutar? ¿De qué? Tenía un puñado de años por delante, como tiempo límite para cumplir con el enigma que el propio Moloch le había puesto... antes de dejar de ser dueña de sus sentimientos y capacidad para sentir, como humana que ya no era.

Pero Megerah, no supo cómo propinarle un guantazo de realidad, para que Moira bajara de la nube en la que ella sola se había montado. Por mucha confianza que tuviera con ella, tampoco era el mejor modo. No obstante, aquella simple explicación sobre la Inquisición parecía un buen punto de partida-. No, no lo soy. -murmuró con convicción. ¿Mejor? ¿Cómo podía serlo con tremenda maldición pesando sobre ella?-. Mejor ellos antes que yo... -añadió, casi sin pensar. De hecho, eso era algo que no la preocupaba en absoluto, pues la única ventaja que le otorgaba el desafío era inmunidad frente a todo dragón que no fuera la Muerte Negra. No obstante, Erah tenía un motivo bien distinto cuando decidió formar parte de la Inquisición. Y era más que probable que Moira no lo entendiera-. No, Momo. Lo hago por mí... -contestó con soltura y decisión-. No voy a marcharme... No voy a escapar... -no tenía sentido ahora que era libre y se había quedado por iniciativa propia. La explicación que intentaba montar en su cabeza no llegó a salir siquiera de sus labios con ese segundo abrazo entusiasmado de Moira.

Pero algo no fue bien.

La rubia tragó saliva por la pregunta de la que había sido su amiga desde bien pequeña. Le mantuvo la mirada clara durante unos segundos, antes de agachar sus pupilas aguamarina. Con un suspiro, se llevó ambas manos a la cremallera que cruzaba su torso por la mitad, desabrochándola hasta su pecho, lo justo para poder descubrir la parte superior del izquierdo, donde Moira había puesto la mano, para descubrirle la cicatriz de color negro que esclarecía su nueva naturaleza- ... Porque ya no tengo corazón, Momo... -murmuró bajo, con miedo en esos ojos que volvieron a la morena-. Estar viva, es un término demasiado relativo para mí... -añadió. Quizás así, Moira entendiera muchos de sus motivos, y echaba luz sobre explicaciones tácitas que a Megerah no le apetecía tener que argumentar.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Moira el Sáb Oct 31 2015, 14:55

Negó con la cabeza, en claro desacuerdo. Su amiga reunía cualidades que no había visto en ninguno de los demás inquisidores. Sólo Erah la había ayudado de forma desinteresada. Era trabajadora, astuta, inteligente y analítica. Con aquel gesto y una firme mirada, le confirmó su punto de vista, aquella disconformidad a que se estuviese subestimando.

-Me estás tomando el pelo… -murmuró, claramente sorprendida por aquella frase de “mejor ellos que yo”.

Aún no salía de su estupor cuando la rubia contestó a su pregunta. Ladeó la cabeza, frunciendo levemente el entrecejo y mirándola… como si intentase comprender la razón. Era libre, podía ir a cualquier parte… ¿por qué elegía quedarse? No tenía sentido… salvo si había algo más. Una importante pieza de aquel puzzle que no lograba resolver.

Pero no caminó a oscuras por mucho tiempo. Si negase que contuviese la respiración cuando Erah empezó a bajar la cremallera, mentiría. Porque ya con ese gesto, temió lo inevitable. La cicatriz que descubrió confirmó su miedo. La había desafiado. Con un destino mucho más cruel que agonizar por la tuberculosis. Y lo peor… nunca había oído que nadie pudiese cumplir el maldito desafío.

Un gran peso se apoderó de su propio pecho, antes de que sus brazos rodeasen de nuevo a aquella mujer que había estado a su lado desde que eran unas renacuajas. Siendo, probablemente, la primera vez que la abrazaba con tanta frecuencia en tan poco tiempo. Porque entendía la maldición a la que el dragón la había lanzado. Porque comprendía ahora sus motivos para quedarse. Porque sólo podía imaginarse una punta de todo lo que debía de estar sufriendo su amiga en aquel momento.

-Esto… no cambia nada entre nosotras. Quiero que lo sepas. Que no me voy a alejar de ti por ser desafiada –murmuró, repasando la espalda femenina con una de sus manos y los dorados cabellos con la otra-. Podemos investigar juntas. Entrenar. Y seguiré siendo tu cómplice, tu amiga, tu familia –susurró con decisión, antes de separarse lo suficiente como para mirar a los ojos a la otra fémina-. No te vas a librar de mí –intentó bromear, dibujando una suave sonrisa en sus labios. Antes de que estos se posasen en la frente de la más joven, con una pequeña presión en su piel que le decía que no la iba a tratar diferente por su nueva condición.

Si pudiera arrancarse su propio corazón del pecho para ocupar el vació y salvarla del desafío, lo haría sin dudarlo. No sabía exactamente las reglas de Moloch. ¿Y si no podía investigar con ella para no malograr el desafío? ¿Y si Erah tenía que hacerlo sola? Tragó saliva ante la sola posibilidad. Porque el sentimiento de soledad, de que nadie podía respaldarla, de desesperación… podía aparecer en cualquier momento, si es que no había hecho acto de presencia ya.

-No apruebo ni la creación, ni los métodos ni los objetivos de la Inquisición. No voy a mentirte. Entiendo que te hayas quedado y que era una opción. Pero no me gusta. Quizá puedas valorar otras alternativas. Como… no sé… tener un herbolario y pasarte por aquí con la excusa de tener clientes. O ponerme a mí de excusa, aunque yo vaya a visitarte también. O visitar a Moloch, aunque no me guste, pero quizá él esté sobre aviso –murmuró, antes de quitarse la cadena que tenía el pequeño recipiente de cristal con la nota que había llevado al cuello toda la semana. Se la puso a su amiga y le dedicó su mejor sonrisa-. Recuerda que te quiero.

Porque sí, la quería muchísimo, la adoraba. Había sabido lo que era creer que había muerto y lo que era saber que el maldito dragón ahora la había maldito de una forma atroz. Y sufría por lo que su amiga estaba pasando.

Bien era cierto que no había puesto el grito en el cielo como lo había hecho de adolescente. Quizá la edad o puede que también en parte verla de nuevo y su nueva condición hubieran tenido algo que ver. Pero tampoco había podido callarse. Había expresado su desaprobación por aquel nuevo grupo creado por la reina. Aquellos que atormentarían a personas que no habían elegido lo que ser. Y a gente que luchaba por algo mejor. Y la morena lo veía como algo injusto y despiadado. Buscando alternativas para intentar que ser parte de la inquisición no fuese lo único necesario para Megerah. Aún así, una parte de sí temía que no fuera suficiente.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Nov 02 2015, 21:00

Erah escudriñó cada contracción muscular del semblante de su amiga conforme se desarrollaba y avanzaba la conversación. Conforme le explicaba el porqué. Conforme le enseñaba aquella marca a la que ni se había acostumbrado, que decía mucho más que lo que pudiera articular Megerah con sus palabras. Desde luego, el que Moira se mostrara tan comprensiva con su nueva situación fue algo que la alivió sobremanera. No tanto sus muestras de cariño y ese optimismo que rallaba lo ridículo, que seguían hastiándole ligeramente después de tantos años.

Y Moira volvía a sorprenderla, con sus comentarios que la hacían sentir como si el camino que ella misma había elegido no era su mejor opción. Para colmo, le devolvió aquel frasquito que la rubia alcanzó a darle cuando la vio por última vez. Cuando más débil y delirante estaba y, aún así, lo suficientemente consciente para hacerle a la morena un regalo de lo más simple y significativo. Por toda esa vida juntas. ¿Por qué se lo devolvía ahora?-. Era un regalo... -murmuró, extremadamente bajito, entre extrañada e indignada.


Frunció el ceño mientras la morena hablaba. ¿Cómo podía estar diciendo tantas cosas que a la rubia se le antojaban in sentido?-. ¿Por qué te cuesta tanto entenderlo? -inquirió molesta. No con la morena en sí. Mas sí con su propia situación. No le gustaba en absoluto depender de esa nueva manera del dragón que había sido su dueño -y por quien se había desvivido por contentar- hasta hacía unos días. La rubia se apartó entonces-. No tengo más opciones, Momo. -se incorporó entonces, pese a la expresión tierna y agradable de la morena-. Estoy maldita. Me ha convertido en una paria... ¡por puro egoísmo! -masticaba esa frustración que la había acompañado en los últimos días, justo desde que había visto su corazón siendo extirpado de su propio pecho.

Una de sus cejas se elevó hasta el techo, sin ser capaz de creer lo que Moira mencionaba-. ¿Un herbolario? ¿Estás de broma? -siguió con la retahíla de preguntas con tono incrédulo, separándose un poco más-. Consumirme entre plantas secas con una fama para nada merecida que alejaría a cualquier persona que quisiera comprarme algo, sin siquiera luchar... ¿esa es tu mejor proposición? -no alcanzaba a creerse que la más soñadora de las dos le propusiera una opción tan... conformista. Tan cómoda. ¿Qué diablos estaba diciendo? Erah tragó saliva, sin perder ese gesto de incredulidad e incomprensión-. Como inquisidora tengo libertad y acceso a los mismos sitios que Moloch, como una igual, no como una esclava... -quizás para su amiga no tenía sentido todo aquello pero, ¿y qué? Ella seguía siendo cómodamente una humana esclava a la que nadie conocía y que podía optar a la libertad. Fuera como fuese. Sin embargo, Megerah era libre, sí. Pero en un sentido ilusorio, pues seguía atada a los designios de aquel dragón que por mantenerla a su lado la había condenado a una muerte lenta e insensible. A una maldición. A un proceso que acabaría con la humana en unos pocos años-. La Inquisición es mi única opción si quiero recuperar lo que es mío. Es un medio. Y si tengo que matar para poder sobrevivir, que así sea. No soy la única que tiene prioridades aquí. -y Megerah estaba dispuesta a llegar lo lejos que hiciera falta-. Todo tiene un precio y yo estoy más que dispuesta a pagar el mío. -no tenía nada que perder pero sí podía ganar esa ansiada libertad que tanto anheló desde que se lo propuso de pequeña. Y quizás, acabar con aquel dragón egoísta y caprichoso al que ahora veía de una forma bien distinta.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Moira el Miér Nov 04 2015, 21:16

-Un… regalo. Para… mí –murmuró en respuesta la morena. Su voz y su semblante denotaban la conmoción. Su mirada adquirió un brillo de emoción-. Lo siento. No sabía que era tal. Pensaba que querías que lo tuviese si ya no estabas más conmigo y que querrías que te lo devolviese –explicó, ladeando la cabeza sin alzar ni un poco la voz. Afectada por las palabras de su amiga-. En ese caso… -tomó la cadena, sacándola con cuidado por encima de la cabeza de la rubia y colgándosela una vez más de su propio cuello-… me lo quedo. Muchas gracias, Erah. Lo mantendré conmigo, lo cuidaré bien –terminó de decir, deslizando las yemas de sus dedos por la superficie de cristal, con aire ausente por conmoverla.

¿Cómo no había podido darse cuenta antes? Pero no se detuvo mucho tiempo en buscar razones. Lo que realmente importaba era que era posible que Megerah, aunque fuese por un momento, se hubiese sentido rechazada. Le preocupaba haberle hecho daño, aún de forma inconsciente. Esperaba paliarlo con su explicación… y que la otra mujer no llegase a molestarse por el malentendido. Aunque no las tenía todas consigo. Con el carácter que tenía su amiga.

-Entiendo la estrategia. Pero me cuesta verte como inquisidora… porque, de tener opción, yo estaría justamente al otro lado. Y no quiero luchar contra ti, Erah. No puedo –susurró en respuesta.

No se refería a ningún ejército, ni a la resistencia. Era probable que nunca formase parte de algo con tantas personas. Estaba pensando justamente en pequeños detalles y actos. Como ayudar a un sospechoso a evitar ser capturado. O intentar que alguien escapase. O alterar informes para obstruir una investigación. Y porque no tenía acceso a algo mejor, si no, si pensaba a lo grande, destaparía secretos de cada inquisidor con el fin de destruir el grupo. Uno a uno. Como un juego de venganza. Pero Megerah estaba fuera de los límites. No quería dañarla.

Se quedó de rodillas en el suelo mientras la otra mujer se levantaba. Fijó sus ojos, aún enrojecidos e hinchados, en el suelo. Antes de alzar la mirada hacia su amiga. En silencio, dejándola hablar. La única opción que le quedaba por decirle que se le había ocurrido era la guardia. Pero esos trabajaban más como un grupo enorme, con escalafones militares, siguiendo órdenes… y la inutilidad de muchos probablemente exasperaría a la rubia. De hecho, puede que ni siquiera estuviese cómoda con la poca libertad de hacer lo que quisiera siendo army.

Su silencio fue aún más revelador cuando la ahora inquisidora habló del egoísmo de Moloch. No había palabras de consuelo para ello, pues todas serían una sarta de mentiras. Tampoco palabras de confirmación, que sólo podrían conseguir hacer daño. Porque ambas sabían lo que ser desafiada implicaba. Megerah por su nueva condición y Moira por lo que había oído. ¿Cuántos dragones utilizaban el quitar el corazón como amenaza? Como si fuese lo peor que pudiesen hacer, peor que la esclavitud o la muerte. Y lo era. Una larga agonía, perdiendo la sensibilidad por los caprichos de un dragón, la muerte en vida… hasta que muchos no lo soportaban y decidían dejar de respirar para siempre.

Muchas personas eran las que intentaban alejarse lo más posible de un desafiado. Salvo, quizá, si era un familiar o un amigo. Al menos mientras no se volviese un ser frío. Pero la morena pensaba que, si aquello sucedía con su amiga, no separarse de ella. Sabía que no había historias sobre alguien cumpliendo el desafío. Pero, con su actitud soñadora, pensaba que siempre había una primera vez. Claro que de decírselo a su amiga, seguramente Megerah le diese una buena dosis de realidad. ¿Pero era malo desear que la otra mujer venciese a Moloch? ¿Cuando ni siquiera sabía de qué trataba el desafío? Conociendo al dragón, algo retorcido y mental. ¿Pero acaso su amiga no era astuta, inteligente y a la vez retorcida? Sin dudarlo.

¿El herbolario? Ok, no era una de sus más brillantes ideas. De hecho, distaba bastante. Probablemente por estar movida por la desesperación y estar ofuscada por el tema de la inquisición. Sabía de sobra que los buenos planes necesitan su tiempo y su calma para ser preparados. Y, aún así, había margen de error.

-No, no es la mejor. Ok, era pregunta retórica –murmuró y sacudió la cabeza con suavidad, tras un suspiro.

¿Igual? En ese momento reparó en que el nuevo rango de su amiga como inquisidora la hacía estar muy por encima de ella. Se quedó abrumada. En aquel mundo donde el marcado estatus reinaba con vital importancia. Pero… ¿no seguía siendo Erah de igual modo? No le gustaría tratarla con aquel distante y frío respeto con el que se suponía que debía tratar a los demás. Porque era su amiga. Porque la quería. Porque no se imaginaba a sí misma tratándola como si fuese alguien más dentro de aquel castillo. Porque, para ella, Megerah valía mucho más su atención que cualquiera dentro de aquellos muros.

Pero no se quedó en aquel pensamiento. Lo importante era que su amiga le estaba explicando su estrategia. Asintió, dándole a entender que comprendía su punto. Ya le había dejado claro lo que pensaba de aquella nueva institución, no era menester repetir su claro desagrado por la inquisición. Conocía el instinto de supervivencia y no era una ingenua para no ver que estaban en mitad de una guerra… en la que cualquier cosa valía para seguir adelante. Aunque Megerah siempre había sido la más pragmática de las dos.

-Lo entiendo. Y tú ya sabes lo que opino de ese grupo. Has tomado tu decisión y… -ladeó una sonrisa sacudiendo con suavidad la cabeza antes de continuar-… bien sé lo terca que eres –agregó, antes de volver a mirarla con seriedad-. Sólo espero que si tienes que matar a alguien, sea a ese maldito hijo de puta –dijo, elevando con desprecio por Moloch un lado del labio inferior al hablar, clavando sus pupilas en las de la otra fémina-. Mi oferta de entrenar e investigar sobre el desafío contigo sigue en pie. Dentro de mis límites humanos y lejos de tus nuevos hermanos. Oh, mis condolencias, mi ama entra dentro de tu nueva familia -añadió. Aunque, de pensarlo bien, quizá podría ser Corah la más perjudicada si osaba molestar a Megerah.

Pero la esclava tenía clara una cosa. Lo que le asustaba de la maldición era ver a Megerah consumirse en ella. La tuberculosis no la había frenado de ir al cuarto de Moloch para ayudarla, menos lo haría el desafío.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Nov 09 2015, 13:27

¿Que se lo devolviera? Erah no salía de su asombro. ¿En qué momento había pensado Moira que la rubia querría recuperar ese frasquito que le había dado? Para empezar fue un detalle que la más pequeña de las dos tuvo con la morena como ridícula compensación por haber sido su compañía y única amiga durante tantos años. Como compensación por dejarla sola a causa de una enfermedad que le había estado robando la vida poco a poco. Porque Erah ni pudo imaginarse que volvería a ponerse en pie cuando su mejor amiga, esa hermana que nunca tuvo, fue a visitarla a los aposentos de Moloch. Y de hecho ni se había planteado el pedírselo. Fue cuando Moira se lo colgó de nuevo al cuello que Erah supo que no lo quería de vuelta. Quizás porque así, ambas tendrían presente aquel momento que, seguramente no volvería a repetirse, pues en la contrarreloj de la ahora desafiada no entraba precisamente la sensibilidad. Y Megerah no era cariñosa de per sé.
Si había algo que no echaba en falta de la morena era su -según Erah- 'gasto inútil de saliva', acostumbrada como la tenía a hablar muchas veces con obviedades tan evidentes que resultaba redundante mencionarlas. Bueno, bien, a Moira le gustaba hacerlo... Pero Megerah medía mucho sus palabras, y no era algo que le gustara gastar a la primera. Bien sabía, aunque no lo admitiría, que el afán por hablar de su amiga llegaba a exasperarla en ocasiones. ¿Por qué ella no había aprendido después de llevarse la misma respuesta por parte de su dueña que la que tuvo Moloch con las impertinencias de la rubia hasta que ésta aprendió? Erah quiso achacarlo a la faceta soñadora que ella nunca tuvo. Porque no le veía más explicación.

El susurro de Moira la hizo exhalar con fuerza-. Razón de más para no meterte en más líos si no quieres verte contra mí... -sentenció la inquisidora. No quería verse en la tesitura de tener que ir tras ella de cometer alguna estupidez-. Hablo en serio, Momo. Está bien que tengas ideales y todas esas cosas de la gente con esperanzas... -tragó algo de saliva-. Pero te conozco perfectamente como para saber que algún hecho extraño pueda ser obra tuya... -palmeó su hombro, con una advertencia escondida-. No quiero verme en la necesidad de elegir... No quiero que me pongas ahí... Porque nos estarías poniendo en peligro a las dos. -a ella por hacer la tontería y a Erah por cubrirla. Porque por mucho aviso que le hiciera, la rubia no se pensaría ocultar cualquier pista que llevara directamente a su amiga. Y algo así, estando entre dragones, era difícil de ocultar. La primera que pagaría sería la inquisidora. Por traición.

¿Era egoísta pedirle que no se arriesgara tanto? ¿O era, simplemente precaución?

Se levantó, indignada, molesta, nerviosa. Se cruzó de brazos ante Moira, aún arrodillada, casi atravesándola con la mirada. No era ella el motivo por el que la rubia estaba así. Era su propia situación. Le quitaba el sueño, el hambre y las ganas. Hay momentos en los que hubiera deseado que Moloch se hubiera vengado a su manera de aquellos años en los que Megerah tonteó con Thareon, enfriando esa relación dueño esclava tan extraña. Que la hubiera dejado morir. Pero no, Moloch la quería junto a él, bajo cualquier circunstancia, al parecer.

Un intento de sonrisa afloró al semblante de la rubia, no obstante, cuando su amiga mencionó que acabara con su antiguo dueño-. No es tan fácil. -con razón no lo había conseguido hasta ahora y, aún así, Erah tenía serias dudas de conseguirlo alguna vez. Habiendo estado durante toda una vida planteándose miles de formas de acabar con él y no pudiendo llevar a cabo ninguna. Por unas cosas o por otras.

Erah acabó negando con la cabeza-. No puedo dejar que me ayudes en el desafío. Es asunto mío, Momo. No puedo dejar que te arriesgues así por ayudarme. -el desafío y lo que conllevaba era algo que tenía que averiguar por sí misma. No tenía sentido que la ayudaran. No contaría como resolución propia, por lo menos. Además, Moira no conocía a la Muerte Negra tan bien como ella, para saber dónde y el qué buscar.

- Dáselas a ella. -enunció cuando mencionó a Corah-. Por suerte para ella, su altivez no la dejará mezclarse conmigo... -acabó suspirando, mientras en su mente rumiaba unas palabras que terminó por enunciar, arrodillándose de nuevo frente a su amiga. Pellizcó la barbilla contraria, con suavidad, para que la mirara-. Aunque sean mi nueva familia... yo ya tengo una... -sonrió un pelín-. Y no voy a cambiarla, por mucho que mi situación sí lo haga...





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Moira el Jue Nov 12 2015, 19:47

Suspiró. Megerah la conocía tan bien como para convencerla de no hacer nada arriesgado. Porque su amiga sabía que podía lidiar con las propias consecuencias de realizarlo… pero que no podría soportar las que hubiese para la rubia. Consciente de que la faceta protectora de la morena para con ella continuaba presente. Porque una cosa era hacer travesuras las dos juntas… y otra, muy distinta, era una sentencia de muerte pesando sobre los hombros de la otra mujer.

-Está bien… -claudicó con una facilidad pasmosa. Un efecto que Megerah bien sabía lograr en ella.

Pudo ver perfectamente aquellas claras pupilas clavándose en su figura, en cuanto levantó la mirada hacia su amiga. Pero en sus propios ojos no había un aire retador. Tampoco tristeza o sumisión por temor al carácter de la otra fémina. Sólo había serenidad. Una que le transmitía la confianza de que no la iba a alejar por no estar del mejor humor. ¿Cómo iba a culparla o rechazarla por ello, con todo lo que estaba pasando? ¿Con todo lo que aún podía llegar a experimentar? Y no porque Megerah fuese su única amiga y como su hermana. Porque estaba segura que, de tener alguna persona más, aquella rubia con la que había confundido con una dragona continuaría siendo un ser sumamente importante para ella.

Sí, sabía que no era fácil matar a un dragón. Más rápidos, más fuertes, más resistentes. Pero también sabía que Megerah no se daba por vencida ante las dificultades. Todavía recordaba alguna vez que le había dicho, para picarla, que no podía conseguir algo. Y a su amiga tomándolo como un reto en el que tener éxito. Aunque eran cosas diferentes… no de vida o muerte como la que ahora se traía entre manos. Peligrosa, de destino insondable, de resolución tan incierta que temía por su amiga y hacía que su odio por Moloch aumentase. Por la crueldad de su puñetero egoísmo.

Asintió cuando la ahora inquisidora volvió a hablar.

-De acuerdo… pero sólo porque quizá, de ayudarte, se podría invalidar el desafío –apuntó, porque no le daba miedo ni se arrepentiría de arriesgarse por ella-. Casi mejor no le digo nada. No sea que lo tome como una invitación a molestarte –comentó por Corah.

La miró sorprendida cuando la vio arrodillarse de nuevo. Sus grandes ojos, en ese momento de color azul hielo, se quedaron abiertos y expectantes. Sus labios esbozaron una cálida sonrisa ante el pellizco en su barbilla que se le antojó cariñoso. Ladeó la cabeza, mirando a su amiga. Y cuando la escuchó, sintió que sus propios irises se humedecían ante la emoción. Con esa facilidad que tenía Megerah de enternecerla.

-Oh… Erah… -su voz sonó tomada por la emoción que habían despertado las palabras ajenas-. Yo tampoco voy a cambiarte –murmuró con ojos acuosos y un esbozo de sonrisa. Alzó los brazos, con intención de abrazarla. Pero decidió que había cubierto con creces el cupo de abrazos del día con Megerah. Así que, cuando se quedaron suspendidos en el aire, los bajó y tomó las manos ajenas, presionando un poco con las propias. En un gesto cariñoso en silencio.

Unos pocos meses después, en Navidad

Había escuchado que, aquel día liberarían a algunos afortunados esclavos. Pero no creía que ella fuese a ser una. Tampoco lo quería. Dejar aquella condición conllevaría la obligación de abandonar el castillo… y Megerah todavía estaba allí. Aunque no tenían muchas oportunidades de verse. A veces por el trabajo de inquisidora, en ocasiones por sus tareas como esclava y estaba el desafío. Pero cuando sabía que estaba en la biblioteca y tenía tiempo, le llevaba algo de comida recién hecha y le hacía una pequeña visita.

Acababa de volver del mercado después de comprar algunos alimentos, como cada mañana. Había conseguido unas galletas que pensaba dejar a su amiga. Pero la figura de Corah la sorprendió en mitad de la habitación. Lo que más le causó asombro fue una bolsa alargada de cuero que parecía preparada. ¿Otra vez pretendía que saliese de caza? ¿Esta vez con equipaje? Vaya, se estaba volviendo blanda y generosa la dragona.
Pero no. Le dio una noticia que no esperaba. Era libre. Oficial y legalmente. En otra situación hubiera dado saltos de alegría, pero en aquella fue como una jarra llena de agua fría. Su rostro palideció. ¿A dónde iría? ¿Sin Erah? Después de tantos planes de fuga, de tantas ideas de qué hacer junto con la rubia, de la utopía de poder vivir felices y pudiendo elegir… ahora todo se había venido abajo. ¿Qué hacer con la libertad cuando el sueño que tenías para ella se desvanece?

Intentó deshacer el nudo en su garganta tragando saliva, mientras la reptil prácticamente la echaba. Con la bolsa en una mano, una espada en el cinto y el arco colgando y cruzando su pecho, vagó por el castillo, en busca de Megerah. Pero no la encontró. Sus irises se volvieron acuosos. Por la rabia, la desesperación, la impotencia. Finalmente fue al cuarto de su amiga.
Dejó escapar el aire entre los labios, en casi un suspiro contenido, luchando por no llorar. Dejó al paquetito de galletas sobre la cama, junto con una nota de su puño y letra.

“Me ha liberado. La muy zorra. En el peor momento. Tengo que irme del castillo. Iré a despedirme de Kariel y luego iré al bosque. Nos volveremos a ver, te lo prometo. Te quiero mucho. Moira”

La letra era un poco más descuidada que de costumbre. Por haberlo hecho con prisas. Se notaba también por el modo telegrama en vez de frases más largas y no haberse extendido en todo cuanto tenía que decir. Quizá, en parte, era para no ponerse a llorar. Porque no quería dejarla allí. No era lo que había planeado. Salir de allí juntas. Se consoló, no obstante, pensando que podría volver al castillo para poder ver a Megerah. Y que había dejado algunas travesuras hechas que a la rubia no se le pasarían desapercibidas y sabría que eran obra suya. Quizá así aliviase momentáneamente su condena.

Esperó sentada en la cama. Resistiéndose a irse, con la esperanza de que su amiga cruzase la puerta en cualquier momento y poder correr hacia ella para darle uno de esos abrazos que incomodaban a la desafiada. No supo cuánto tiempo esperó, pero finalmente se obligó a levantarse. Para cuando cruzó el portón del castillo, se giró para mirar el edificio una vez más. En su rostro se asentó una expresión de tristeza, de dolor contenido, por lo que dejaba dentro. Esperaba que Megerah estuviese bien, dentro de lo que cabía. De las dos, la rubia era la más fuerte, de eso estaba segura. Pero no podía evitar preocuparse por ella.

Bajó la mirada al suelo, resignada a tener que marcharse. Ambas, ahora, eran libres. Pero no de la manera deseada. La ironía de la vida al cumplir lo que se desea. Cerró los ojos al sentir que estos volvían a humedecerse. Hizo acopio de todas sus fuerzas para abrirlos de nuevo y levantar el mentón. Enfrentando aquella situación, de camino a casa de Kariel.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Nov 12 2015, 23:21

Megerah casi pudo suspirar cuando Moira aceptó la condición de que no hiciera estupideces. Que comprendía la nueva situación lo suficiente para saber que con sus actos podría poner a la rubia en un verdadero apuro. Porque no era dilema. Erah tenía claras demasiadas cosas a estas alturas de su vida, como para ahora empezar a vacilar en cuanto la situación se complicara para ella-. 'Quizá' no... -la parafraseó, dejando claro que si recibía ayuda de alguien, superar el desafío no contaría como válido. Y entonces, ni Erah sabía lo que sería de ella. No quería arriesgarse, tampoco. Y no iba a dejar que Moira maltrechase sus planes de esa manera.

La rubia rodó los ojos cuando la morena hizo aquel comentario de su dueña-. No le tengo ningún miedo, pero no te lo dije para que lo hicieras. -se encogió de hombros, con cierto desinterés. La dragona no estaba en su top ten de preocupaciones. Si Moira quería decirle o no eso a Corah, no era asunto suyo. Tampoco le apetecía saberlo, la verdad. Su nueva compañera inquisidora y una piedra a un lado del camino le importaban lo mismo.

Erah ladeó una sonrisa suave por el exceso de emoción de la morena-. Mira que eres ñoña, Momo... -murmuró con cierta diversión cuando vio como contenía el impulso de volver a abrazarla -al que Megerah respondió apartándose fugaz y levemente, en señal de advertencia-, para terminar cogiendo sus manos y apretarlas.

Pronto, la rubia se incorporó, instando a su amiga a que también lo hiciera. Ambas tenían cosas que hacer y pronto volvieron a sus tareas, tras ese inciso.

La pasada Navidad...

Lo que Erah no se esperó era que la Inquisición fuera una institución tan caótica. Cada dragón barría para casa y salvo la excepción de matar híbridos, cada uno hacía su propuesta macabra, ilógica, para que al final, el mérito fuera individual más que grupal. Las reuniones que se organizaban resultaban concursos ridículos de ver quién tenía el hocico más grande y, más de una vez, a Megerah le había llovido críticas por sus investigaciones y ese supuesto desinterés en las ejecuciones.

En realidad, no era desinterés, pues Erah gustaba más de llevar a los prisioneros al límite, en vez de ver como otros se los cargaban. Y era justo ese día cuando Moloch accedió a dejarla, de forma extraoficial, naturalmente, a torturar bajo su supervisión. En ocasiones, la Muerte Negra tenía ese tipo de caprichos. Pero la desafiada no tenía la más mínima intención de agradecérselo como seguramente él querría. No, aquella relación se había enfriado como así lo haría Megerah con los años.
Satisfecha con aquella oportunidad, no dudó en desplegar sus minuciosas artes de persuasión y tortura, divirtiéndose por primera vez con su trabajo como inquisidora. No obstante, llegó un momento en el que el dragón también reclamó esa diversión, mandando a la antigua esclava a por más utensilios afilados y retorcidos, impidiendo que se quedara a ver el resto. Pero en esta ocasión, Erah no se quejó, porque tampoco quería tentar a su suerte. Decidió que aún podía aprovechar la tarde, si volvía rápidamente a su cuarto, se hacía un preparado aromático de hierbas con agua caliente y volvía a la biblioteca a seguir con sus investigaciones. Tanto de herejes como de su desafío. Con suerte, vería a Moira, en una de sus visitas sorpresa.


Como sorpresa fue el encontrarse una pequeña nota encima de su cama cuando llegó a su cuarto. Erah frunció el ceño, cuando la cogió y abrió. Reconoció enseguida la letra de la morena y terminó por sonreír... Pero la sonrisa se le cayó en cuanto leyó la primera frase. Moira era finalmente libre. Como ella. No, mucho mejor. Era realmente libre. De haber tenido corazón en aquel momento se le habría encogido y acelerado a partes iguales. Erah se alegraba enormemente por ella, sin embargo, según continuó leyendo sintió que perdía una parte de sí misma. Sus ojos repasaron las primeras frases, cortas y descuidadas mientras se sentaba en la cama. Flaqueó momentáneamente, encontrando difícil hasta el tragar saliva, sintiendo la boca repentinamente seca.

Tengo que irme del castillo.

Erah se interrumpió ahí, apretando ligeramente los labios. No se lo pensó dos veces antes de salir de su cuarto de forma precipitada, dispuesta a repasarse cada habitación por si tenía la bendita suerte de encontrársela. Toda investigación y hasta su desafío perdieron toda importancia. No obstante, aún sintió una desesperación creciente conforme recorría los pasillos y no veía rastro alguno de Moira.

Why do you have to leave so soon?
Why do you have to go?
Why do you have to leave me when I needed you the most?
Cause I don't really know how to tell ya without feeling much worse.
I know you're in a better place and it's always gonna hurt.
Carry on, give me all the strength I need.
To carry on.

Por primera vez, fue verdaderamente consciente de que mirara donde mirase y estuviera donde estuviese dentro de aquel maldito castillo, Momo estaría con ella. Demasiados años, demasiado tiempo e historias juntas como para no tenerla a su lado. Mas ya no podría encontrarse con esa mirada grisácea, ni corresponder la picardía en aquella sonrisa de la que tantas veces había sido cómplice y testigo. No la vería emocionarse más veces por sus palabras. O hastiarse por esa facilidad de su amiga por dar abrazos. O dárselos a ella en concreto. Erah no había visto a la morena abrazar a nadie más. Tuvo entonces la imperiosa necesidad de ser precisamente ella la que tuviera ese impulso en aquel momento. Pero tenía que encontrarla primero.

Vio el rostro de Moira en todas las mujeres morenas con las que se cruzó en aquel periplo personal y apresurado. Durante unas horas, la rubia buscó a su amiga, a la morena, a esa hermana que nunca tuvo por todos los rincones del castillo, sin encontrar la menor pista de ella. Tragó saliva entonces, volviendo a llevar sus  pupilas cristalinas al papel que le había dejado, continuando con la lectura. No tenía ni idea de cuando se había pasado por su cuarto para dejar aquella nota. Así que, Erah se limitó a apretar aún más los labios, sin llegar a creerse la estupidez que había cometido. De haber seguido leyendo, habría ido a la mansión de Kariel directamente a buscarla. Sus orbes aguamarina fueron hacia la primera ventana que encontraron, viendo los indicios del atardecer. Ya era tarde, incluso para intentar corregir su error e ir de una carrera a casa de aquel dragón. Moira ya estaría camino del bosque. Tuvo la genialidad de asomarse al balcón más cercano, desde donde pudo otear la ciudad y parte del camino, más allá de sus muros.

So let the light guide your way, hold every memory as you go.
And every road you take will always lead you home.

Megerah no paró de buscarla con la mirada, manteniendo y aguantando ese escozor en ella, por la frustración. Pero no vio siquiera a nadie que se le pareciera. Exhaló con cierta desesperación, reprendiéndose a sí misma. Quizás no volviera a verla. Quizás sí. Ninguna de las dos lo sabía. Pese a lo realista que Megerah siempre había sido, quería pensar que sí tendrían esa oportunidad.


Finalmente, se rindió. Alzó la mirada, parpadeando varias veces, conteniéndose. Parcialmente, apartó sus ojos, y su rostro, de las calles de Talos que alcanzaban a verse desde aquel pequeño balcón y, resignada, volvió al abrigo de la piedra de aquella fortificación inmensa, que se le acabaría antojando aún más fría ahora que su amiga se había ido. Por el momento, tan sólo le quedaba alegrarse inmensamente por ella y rogar de forma silenciosa por que Moira pudiera disfrutar de esa libertad plena por las dos. La morena se lo merecía. La inquisidora sonrió con suavidad, finalmente-. Buena suerte, Momo... -murmuró justo al entrar.

... Hasta que nos volvamos a ver.





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