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Light 'em up-FB (Megerah)

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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Mayo 21 2015, 23:50

La pequeña rubia de siete años apretaba los labios cada vez que Moloch hacía alarde de una parsimonia desesperante para mover una maldita ficha de ajedrez. Llevaban horas ahí y Erah ya tenía la cabeza apoyada en el monte de su pulgar, aburrida. Era una partida ganada pero el dragón gustaba de regodearse-. Esto me aburre. -enunció con obviedad, antes de intentar bajarse de la silla, donde le colgaban los pies. Su tutor le puso el brazo para impedírselo, ganándose una mirada de odio por parte de esas cristalinas y redondas pupilas.
- No hemos acabado. Perderás si te vas, pequeña.
- ¿Que no he perdido ya? -ladeó una sonrisa de suficiencia al contestarle en un fenicio simplón, implicando demasiadas cosas más que aquella simple partida de ajedrez. No hacía ni dos años que había intentado atravesar el corazón de aquel hombre con un puñal mientras éste yacía dormido en su lecho. La muy inocente no sabía que nada podía hacer con un trozo de acero frente a la naturaleza dracónica de aquel ser. No obstante, había sido testigo del asesinato de su madre, llevado a cabo por el mismo que jugaba ahora al aburrido y estratégico juego del tablero a cuadros. Juego que Erah detestaba, pues ya estaba acostumbrada a perder por más movimientos y estrategias que montara. Y aquella rutina la hastiaba considerablemente. Además, al ser chiquilla inquieta, le quemaba estar tanto tiempo sentada. ¿Qué tenían los otros críos a diferencia de ella para poder corretear a gusto sin tener que pasar interminables mañanas en silencio con aquella tontería? Erah llevó los ojos drásticamente al cielo-. Pues sí que te gusta torturarme. -dijo con esa sinceridad tan infantil, apartando concienzudamente el brazo del dragón. Pero éste no lo apartó. Al contrario, correspondió un pequeño forcejeo para terminar posando la única mano que le quedaba en el fino cuello de la niña.
- Me tratarás con el respeto con el que un esclavo, por muy pupilo que sea, trata a su amo...
Megerah no sintió el más mínimo atisbo de miedo, devolviéndole la mirada a esos orbes negros que escondían más crueldad de la que enseñaban. Como un iceberg, mostrando sólo una pequeña porción de toda esa masa de hielo sumergida. Así era Moloch de retorcido-. ¿Por qué? -inquirió, tragando saliva justo antes de sentir la presión contundente de los dedos del dragón, apretando su cuello.
- ¿Hm?
Erah encogió la nariz, en un claro gesto de desprecio, mientras la fuerza seguía aumentando. Por obstinación u orgullo, la chica no mencionó palabra, hasta que las lágrimas afloraron a sus ojos, ya ligeramente enrojecidos por esa falta de aire. La pequeña entreabrió los labios y cerró los ojos, y fue cuando Moloch ladeó ligeramente la cabeza, expectante. Megerah asintió torpemente entonces-. Sí, mi señor... -alcanzó a articular, jadeando fuertemente cuando el dragón por fin la soltó. Se llevó la mano izquierda a cubrirse el cuello, como si con ello pudiera protegerse -de forma tardía, eso sí-, de él.
- Me he cansado de tu presencia. Lárgate de mi vista.
La rubia sabía que era su retorcida manera de dejarla hacer lo que a ella se le antojara. Porque sí, primero venían las amenazas y/o castigos y luego le concedía aquello que ella quería. Moloch funcionaba así. Y eso a la pequeña, le molestaba sobremanera. Mas agonizaba de frustración mientras se bajaba de la silla, ya libre de todo impedimento y se dirigía a la puerta. Cerró tras ella con algo más de fuerza de lo que pretendía, con la extraña sensación de rechazo presionando su pecho. Volvió a tragar saliva, antes de secarse parte de la humedad de sus ojos con la muñeca, pues el vestido de gasa que llevaba, tan solo alcanzaba hasta sus hombros, dejando sus pequeños brazos al descubierto.

Quizás los jardines le ofrecieran algo de aire fresco y un rato tranquilo para poder calmar ese cabreo mayúsculo que tenía.

Y con esa determinación, puso rumbo al lugar, a través de los pasillos. Tan solo un par de voces, interrumpieron su concentración. No había llegado a la intersección del pasillo por el que iba, cuando un chico, que miraba para atrás por el camino que había traído, giró por donde Erah venía. La pequeña alcanzó a apartarse por los pelos pero prefirió adelantarse a cualquier comentario seguramente hiriente-. Tenéis ojos en la cara y no en el trasero para ver por donde vais, no para ver lo que arrolláis, tarugo. -ya se había cruzado con él varias veces... y sólo en la primera se había burlado de ella. La iracunda miradita que la niña le echó fue suficiente para que el chaval negase con la cabeza y siguiese con su tormentoso paseo.

Habiéndose librado de aquella impresionante compañía, la rubia llegó a la intersección. Y frunció el ceño al ver a la víctima de aquel adolescente. Traía un aparatoso vendaje que la limitaba en movilidad y le era bastante complicado recoger lo que se le había caído con el choque, no así levantarse, al menos-. Las palabras aún no ganan batallas con los hombres. -espetó con una solemnidad que desprendía demasiada madurez para una pequeña de siete años. No obstante, se agachó a recoger un par de frutas que habían rodado en su dirección. Conforme se acercaba a la niña de pelo negro y lacio, recogió un par más, hasta que llegó con ella-. No hagáis mala sangre por un idiota como ese. -sugirió con tranquilidad, sin llegar a mirarla a los ojos. Volvió a agacharse a por la bolsa, para meter en ella lo que había recogido, y quedarse arrodillada para alcanzar varias cosas más. La naturalidad de sus movimientos era hasta fría para una niña de su edad, así como su tono al hablar. Volvió a incorporarse cuando hubo recogido todo lo que alcanzó desde su posición, sacudiéndose el vestido con un par de manotazos de la mano con la que no cogió la bolsa. No obstante, como humana pequeña que era, sentía curiosidad que sólo podía saciarse con preguntas. Y, a la vista estaba de que aquella morena no era Moloch, para reaccionar con la misma molestia que él-. ¿Qué os ha pasado? -inquirió finalmente, buscando la mirada de su imprevista compañía con sus azules. Y hasta se sorprendió por la claridad que encontró en ella.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Mar Mayo 26 2015, 12:16

La rubia arqueó una ceja, frunciendo los labios de manera imperceptible. No obstante, ese gesto le duró un segundo apenas, pues la morena le lanzó una pregunta que la pequeña no tardó en contestar-. Las mujeres que no somos. -contestó Erah encogiendo sus pequeños hombros con resolución, mientras recogía lo primero que alcanzó. No obstante, se quedó pensativa por un segundo. En realidad, ¿era así? Erah se paró a pensar en ese momento en el que tuviese edad para ser considerada mujer en ese mundo de esclavitud en el que vivía. ¿Tendría ese poder que había dicho sobre un hombre? ¿O sobre Moloch? ¿Conseguiría mangonearlo lo suficiente para poder clavarle una maldita daga en el corazón en venganza por el asesinato de su madre? La pequeña rubia apretó la mandíbula. Lo más probable es que necesitara algo más, pues no todas las mujeres tenían esa cualidad. Algo le faltaba ahí a Erah, pero no sabía decir el qué.

Pero bueh, tenía años para averiguarlo.

A tiempo, se irguió tras recoger las cosas y volver a llenar la bolsa que traía. No obstante, al alzar la mirada y ver esas cristalinas pupilas, como las suyas, rodeadas por aquel halo acuoso, ladeó ligeramente la cabeza. ¿Qué le pasaba? ¿Estaba... estaba llorando? ¿En serio? Pero si era el chaval quien la había hecho daño. Erah se sintió cohibida, pues hasta ahora, la única que había llorado en su presencia... había sido ella misma. De rabia, eso sí. Por esa madre asesinada. Por esa vendetta frustrada. Por todas esas limitaciones que la condicionaban. ¿Por qué lo haría aquella niña?

No podía evitar ponerlo y tal... PERO LEE LO ANTERIOR ANTES DE ABRIR:


Frunció muy levemente el ceño, mirándola con extrañeza y cierto recelo. Denominémoslo falta de costumbre-. Sois rara... -articuló la pequeña rubia sin filtrar, con esa sinceridad suya tan característica. Dejó que contara lo sucedido, cosa que acabó neutralizando el gesto de Megerah, hasta que le extrañó una palabra. Neand... ¿qué? No recordaba haberla leído ni escuchado por ningún lado. Pero para referirse al muchacho que tanto había fastidiado a ambas, le resultaba... hm, ¿demasiado culta?-. Curioso mote para un cavernícola como él. -añadió casi en un murmullo-. No se merecen. -enunció en respuesta a su agradecimiento. ¿Moira? Hms. Erah puso claro gesto de disgusto. La verdad es que no era de los nombres más bonitos que había podido escuchar. No obstante, no tuvo tiempo de hacer mención de ello, pues su pregunta la hizo abrir más los ojos, rota por la sorpresa. ¿Dragona? ¿Ella? Rió a carcajada limpia de lo ridícula que le resultó la posibilidad-. No. -por dios, no. Erah volvió al gesto serio entonces-. No lo soy. Soy una simple niña. Pero podéis llamarme Megerah. -sonrió, consecuencia de la carcajada que le había provocado.

Enarcó una ceja, taciturna, hasta que una sonrisa traviesa se ladeó en su infantil rostro-. Conozco la venganza perfecta. -sonrió maliciosa, pues es la que había hecho ella meses antes-. Ortigas en su cama. -había sido su sello. La pequeña le había parado los pies a ese farrucón que no paraba de meterse con ella. Por pequeña, por rubia y por huérfana. Era por esa urticaria molesta por la que aquel muchacho la había dejado en paz, pues Megerah se había encargado bien de hacerle saber que había sido ella, y que más le valía dejar de tocarle las narices. La rubia podía ser tremendamente retorcida y apuntó maneras desde el principio-. Puedo acompañaros a dejar esto, si... -queréis. La vio agacharse para coger algo de la bolsa... Oh, otra bolsa. La ceja de Erah no se relajó en ningún momento, porque la morena no pareció quedarse contenta. Nope, qué va. Ese tesoro que había atrapado con los dientes llegó a la mano libre de la rubia, que, por reflejo, levantó la palma, para sostenerlo, sin llegar a entender del todo-. ¿Jugáis a las adivinanzas? -¿qué estaba haciendo? ¿Imitar a un animal? ¿Tenía que adivinarlo?

Lo cierto era que aquella singular muchacha -manca temporalmente- había conseguido que Megerah se olvidase parcialmente de su cabreo mayúsculo.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Jun 04 2015, 18:59

Enarcó la ceja ante la obviedad de su comentario. ¿Mujeres? La rubia estaba convencida de que no cualquier mujer era capaz de ganar batallas-. No olvidéis que no todas lo consiguen. -al menos, no con meras palabras. Había visto muchas –tanto dragonas como humanas-, sucumbir a los designios de un hombre, a dejarse manejar, extorsionar, maltratar o incluso matar, por uno de ellos. Y Megerah no tenía ni la más mínima intención de ser una de esas mujeres, costase lo que le costase-. Apunte maneras o no… Sólo pretendo salir de aquí. –se encogió de hombros, sin atisbo alguno de arrepentimiento por sus palabras. Lo había intentado varias veces ya. Erah no recordaba cuantas, pero así había sido. Con tan sólo siete años, en los dos últimos, había sido su claro objetivo, ya que no había podido acabar con la vida de Moloch. En parte, iba perfeccionando técnica gracias a esas aburridas partidas de ajedrez, aunque no quisiera admitirlo. ¿Y una vez fuera? Le daba igual. Simplemente quería perder a aquel hombre vista.

Su gesto extrañado dejó paso a uno más neutro cuando aquella morena pareció sonreír por esa extrañeza implícita en el semblante de Megerah-. Es vuestra culpa… -replicó-. No lloréis entonces. No es algo que esté acostumbrada a ver. –una excusa pobre donde las hubiera, pero sí era cierto que la rubia no sabía cómo reaccionar ante muestras de afecto o humanidad como aquella. Sin su madre, que no es que fuera cariñosa precisamente, había perdido mucho contacto con su naturaleza humana, y se había rendido a la frialdad del reptil que ahora mandaba en su vida. Ignoró adrede el hecho de que la morena pensase que Megerah se estaba portando bien con ella. ¿Por el hecho de recogerle todo lo esparcido por el suelo? Quizas fuera porque, entre esclavos existía ese sano gesto de ayudarse los unos a los otros. Bueno, al menos en la corte del dragón negro-. Mientras no lo hagáis en su presencia no seréis débil a sus ojos. –enunció la pequeña volviendo a alzar sus hombros. Eso era lo que ella hacía, esconderse en el lugar más recóndito que conocía a dar rienda suelta a esa rabia que la castigaba, maldiciendo su situación, y su falta de oportunidades para acabar con aquel que le había quitado lo único que había tenido hasta entonces. Se negaba a mostrar debilidad ante aquel dragón que podía ser tan tranquilo como sádico. Con ella era más benevolente que con los demás, la pequeña rubia lo sabía. Poco a poco, estaba aprendiendo a fingir, a jugar con las palabras para salirse con la suya, aunque aún cojeaba bastante, pues Moloch seguía jactándose de que nunca sería tan inteligente como él para salirse completamente con la suya. La pequeña Megerah era consciente de que el dragón negro no admitía la derrota, por mucho que fuese evidente. ¿Quién quería reconocer que una niña humana era capaz de tumbar a un dragón al cual pertenecía? Moloch, desde luego, no.

Frunció el ceño cuando la otra esclava la alabó-. ¿Cómo podéis decir eso sin apenas conocerme? –Erah se consideraba simple en cuanto a raza se refería, pues tenía claro que los dragones no eran precisamente simples. Más de una vez había escuchado ese calificativo para referirse a los humanos. Claro que, a ella no llegaba a afectarle ya. Simples, débiles, mortales, frágiles, toda una ristra de adjetivos que los dragones adoraban pronunciar. Pero la niña tenía la fuerte convicción de que cada uno forjaba su destino, más allá de esos calificativos-. Si os place, podéis llamarme así. –sonrió de lado, enarcando una de sus claras cejas, ante ese gesto adorable de Moira.

Erah no hizo mención al suyo, porque aún seguía pensándose un nombre mejor con el que llamar a la morena.

La emoción de la esclava malparada marcó una sonrisa en el rostro de la rubia… hasta que las palabras de la morena se la borraron drásticamente-. Ni se os ocurra hacerlo. –mencionó, hablando del abrazo-. Menuda situación más violenta. –dijo en voz alta, con un deje hasta indignado. Las muestras de afecto y ella, no se llevaban nada bien-. No tengo miedo a vuestra dueña. Si me toca, seguramente tenga problemas con el mío. –como hablar de objetos. Así era el mundo de los esclavos. Fieles creyentes de que podían poseer a sus dueños, cuando la cruda realidad era bien diferente. Cayendo en ese pensamiento, Megerah rió con suavidad-. Me resulta gracioso tildarlos de nuestros cuando es justo al revés. –enunció con soltura.

La pequeña miró la bolsita que Moira había dejado en su mano, sin elevar la cabeza miró a su interlocutora y volvió a mirar la bolsita, conforme la otra esclava se explicaba-. No quiero que penséis en otra cosa. Bastante tendréis con el cabreo de la dragona si se entera que vais regalando su compra. –ahora sí, alzó su cara para mirar a la morena, enarcando ambas cejas por un momento-. Pero… si os regaña… que sea con razón. –añadió, metiendo la mano en el recipiente de tela y haciéndose con una galleta. Dejó la bolsa más grande en el suelo un momento, cuando sacó la galleta, partiéndola por la mitad. Tuvo el descaro de meterle una de las mitades a Moira en la boca, quedándose con la otra. Se agachó para recoger la bolsa, y con la otra mano se acercó el trozo de galleta para darle un pequeño mordisco-. Vamos, pues. Os sigo. –instó a la muchacha de cabello color azabache a encaminarse a dónde fuese a ir, mientras Erah cargaba con la bolsa.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Jun 14 2015, 21:47

La pequeña rubia alzó la ceja izquierda-. ¿Nosotras? Mucha fe tenéis, ¿no creéis? -inquirió. Estaban los optimistas... y luego, Moira. Hms, Moira. Erah arrugó la nariz, antes de torcer los labios a un lado, pensativa. Qué nombre más horrible. ¿En serio no había ninguno mejor? Bien, pues la rubia no tendría reparo en ponérselo. Mo... ¿Mo? ¿Momo? La pequeña se sonrió, satisfecha. Momo le gustaba mucho más que Moira.

A aquella ceja izquierda alzada se le unió la derecha cuando la morena empezó a planificarle su huida-. Vaya, estoy impresionada. -admitió con sinceridad. No se esperaba que aquella niña tuviese todo tan pensado. A menos que... - ¿Acaso es un plan fracasado vuestro? -inquirió, verdaderamente interesada. ¿Cómo tendría en cuenta tantas cosas si no?-. Está bien montado, y, de hecho, podría hasta funcionar... de no ser por el pequeño gran detalle de que mi dueño ya me prohibió la entrada a las cocinas por intentar envenenarle. -confesó, sin mayor importancia. Aquel intento de asesinato con el puñal en el lecho de Moloch, sólo fue el principio. En dos años, Megerah había intentado escapar o librarse del dragón varias veces. Y a la vista estaba que no había tenido mucho éxito en su objetivo-. Está receloso y me mantiene alejada de sus comidas desde entonces. -lo había hecho hace tan sólo dos meses, pero Moloch tenía demasiada obstinación y, a pesar de aquellas prohibiciones, consentía a la pequeña para mantener ese odio de la rubia atado en corto.

- Tampoco merece la pena que lloréis por un detalle. Vuestra dueña no es la única en el mundo. No todos son igual que ella. Deberíais saberlo. -se encogió de hombros. ¿Se iba a poner a llorar por cada vez que Erah la ayudase? Menudo panorama. Le extrañó lo último que dijo-. ¿En serio? ¿Tan masoca sois? -qué ganas de seguir sufriendo. Ella era la única que podía elegir sufrir más de lo justo o no. ¿Y su primera opción era sufrir por gusto? La rubia encogió el gesto, en claro desacuerdo.

- Os agradezco las palabras, pero sólo soy una niña humana, esclava de un dragón esclavista de la corte de la Reina. Puede que tengáis razón al decir que no soy simple, os lo concedo pero, mis maneras o movimientos no me llevarán a hacer grandes cosas, como también comentáis. -¿Una esclava haciendo grandes cosas? ¿A qué se refería con 'grandes cosas? Desde luego, a Erah empezaba a incomodarle estar haciéndose tantas preguntas por las palabras de la morena... hasta que la abrazó. La pequeña rubia abrió más los ojos y tardó lo suyo en elevar sus pequeños brazos, tapeándole el costado a la otra chica, pues su naturaleza no es que fuera demasiado cariñosa. Encogió sus labios a un lado-. Obligarme a que me acostumbre no es vuestra mejor opción, Momo, os lo advierto. -¿abrazos? ¿Contacto físico? Hms.

Volvió a sonreír, más aliviada cuando coincidió en que sus respectivos dueños no se harían con ellas si ninguna de las dos les dejaba. Como ella misma, aquella muchacha de melena oscura y lacia parecía tener buen carácter y no parecía rendirse con facilidad. Más por lo que decía que por lo que había podido ver de ella. Claro que, la valía de cada uno no se medía en palabras, precisamente. ¿Por qué dos niñas como ellas parecían tener una madurez fuera de lo común para su edad? Erah suspiró ante la pregunta. Más preguntas. Y yo que sólo quería ir a los jardines... repitió en su mente. Lógicamente, por mucha queja interna que tuviera, aquella compañía era una muy buena alternativa a la soledad que le proporcionaba aquel hueco entre arbustos al que solía ir.

Aunque aquel segundo abrazo le hizo reconsiderarse aquella idea por un momento.

La acompañó sin alegar gran cosa por el camino y, obediente, dejó la bolsa donde la morena le indicó. Erah volvió a abrir los ojos de par en par cuando Moira pareció anexarse al plan. ¿Largarnos? No cambió el gesto cuando se giró a mirarla-. ¿Os atreveríais a venir conmigo si sale bien? -no sabía si emocionarse o espantarse. Su poca experiencia le había llevado a tramar, destramar, elaborar y llevar a cabo sus planes de forma individual. Sola. Aquello era nuevo para ella.

Rió suavemente, antes de tomar su... espera, se lo pensó por un segundo antes de mover su mano ligeramente hacia arriba y cerrarla en torno a su antebrazo-. Venid, hay una zona donde crecen a cientos. -dijo, dispuesta a correr el riesgo de sufrir esa molesta urticaria por hacerle el favor.

Sólo esperaba que no la abrazara también por ello.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Jun 29 2015, 21:42

Días habían pasado desde que se cruzara con aquella niña de pelo lacio y negro por los pasillos. Aquella muchacha le había dado el entretenimiento que a Erah le había venido tan bien. De hecho, no recordaba haber estado tan evadida de su propia vida, armando y desarmando planes, puliendo estrategias y cuadrando horarios para salir de allí de una vez por todas. ¿Y Moloch? Que se quedara con su corte de los milagros y sus ganas de tener a Megerah de pupila. La pequeña rubia no tenía reparo alguno en abandonarlo a su suerte. Era dragón, le sacaba infinidad de vidas de ventaja. Sabría cuidarse solo. Ya era lo suficientemente mayorcito y Erah no se consideraba indispensable en aquel lugar.

Pero sí quería vivir fuera de allí.

Después de todo, seguía siendo una niña con sueños, con expectativas.... y ansiaba la libertad por encima de todo. Moira le había ofrecido un atajo para conseguirla, diferente al asesinato de su dueño para poder llegar a ella. Después de todo, si mataba a aquel dragón, no tardarían en hacer lo mismo con Megerah, como castigo. Ya lo había visto hacer antes. Con su madre.

La niña apretó la mandíbula, al tiempo de enjugarse una solitaria lágrima por aquella mujer que había muerto a manos de Moloch, por petición de otro dragón. Se mordió los labios, escondida en aquel rincón del jardín que un día encontró. Donde podía pasar las horas tranquila, dejándose embaucar por la tranquilidad que el cielo despejado -ya fuera de día o de noche-, la pudiese proporcionar.

Atardecía ese día, y Erah alzó el rostro así como la mirada a ese espectáculo de colores cálidos, que daban paso a los morados y azules que cubrirían la tierra con aquel manto oscuro plagado de estrellas. Lugares que Megerah -y nadie ya- podría llegara a alcanzar. Se perdió entre pensamientos, sueños, y aquella paz que la hacía sonreír con una satisfacción que no venía a cuento pues aún no había empezado el viaje que sería su vida.

Pero pronto el cielo perdió luz, las estrellas empezaron a dejarse ver, en una silenciosa melodía descompasada hasta que la rubia pudo ver tantas que tuvo el fuerte deseo de poder alcanzarlas todas. Sus ojos brillaban con aquel reflejo punteado de esos astros lejanos cuando escuchó un ruido entre los arbustos que la escondían. Se tensó hasta que reconoció a Moira. Una sonrisa suave fue la respuesta a la mirada de la morena-. Momo... -enunció, bajito. Le llamó la atención aquel vestido -aparatoso a su juicio- que llevaba su compañera, en comparación con el liviano azulado que ella llevaba. Erah no gustaba mucho de usar pantalones, aunque reconocía que para aquel caso, habría facilitado las cosas.

Megerah asintió, atenta a la explicación de Moira, aunque no evitó fruncir el ceño-. Dioses, ¿es que no vais a callar? -preguntó, medio en broma, medio en serio, al tiempo de sujetar su rostro con ambas manos-. Estáis dando por sentado que no tendremos problemas ni contratiempos y... estamos hablando de dragones. Que ven en la oscuridad y oyen mucho mejor que nosotras. -suspiró, con una efímera sensación de molestia que no llegó a verse en sus ojos-. Venga, vamos. Tenemos mucho que recorrer esta noche... sin contar con encontrar ese sitio del que habláis para estar a salvo del yugo dracónico. -bajó su mano para atrapar la de Moira, y disponerse a salir de aquel lugar, cuidando que los guardias que paseaban en ese momento por el jardín, no cayesen en la presencia de las niñas.





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Sáb Jul 04 2015, 14:00

Erah entrecerró cómicamente la mirada ante su negativa a la pregunta retórica-. No bromeéis con eso. -la rubia tenía cierto apuro a nombrar siquiera a la muerte con tanta facilidad como lo había hecho la morena. Después de todo, desde bien pequeña había aprendido el significado de que alguien muriera. Desaparecía de su vida. Y particularmente, Moira, en tan solo unas semanas, había supuesto un cambio en esa rutina de Megerah. Y egoístamente, era algo que no quería perder, por mucho que la otra muchacha tuviese ese afán por darle a la lengua y no parar de hablar.

Relajó el gesto, arqueando una ceja, curiosa, cuando Moira empezó a desvestirse, descubriendo un segundo atuendo tras ese aparatoso vestido que había traído de primeras-. Podíais haberos ahorrado el vestido desde el principio. -Erah pecada de ser demasiado práctica a esas alturas como para guardarse el comentario. ¿Para qué había venido con el vestido si ahora se lo quitaba y lo dejaba por ahí?

Arrugó la nariz al ver a la morena mancharse adrede, aunque volvió a neutralizar ese visible recelo al escuchar su utilidad. Imitó el movimiento de hacerse con las bayas, exprimir parte de su jugo y repasarse el cuello y los brazos con sus palmas manchadas. Poco podía importarle mancharse ya su atuendo si con ello conseguía escapar, salir de aquel lugar al que no conseguía adaptarse. Digamos que en sí la vida de esclava no le entusiasmara sobremanera, pese a que Moloch le daba ciertas libertades con las que otros sólo podían soñar. Era por esa diferencia, que a Megerah le costaba encajar con los otros esclavos, pues la envidia y los celos por ese favoritismo de la Muerte Negra. En parte, también era por eso que la niña había optado por una forma de ser austera, a la defensiva, para protegerse desde el principio de todos esos ataques ya fueran físicos o verbales.

Libertad, Erah.

La pequeña Megerah miró a Moira con una mueca extraña, a caballo entre la emoción contagiada por la morena y el temor a lo que pudiera esperarles a ambas después. La rubia no se atrevió a objetar, y casi que le cedió la voz cantante a la morena sin pensar. Eran muchas las ganas que ambas tenían de salir de allí, aunque Erah aún no se explicaba cómo habían ideado un plan entre las dos con tanta rapidez, después de haberlo intentado por separado varias veces. Quizás era ese sumatorio de enmiendas a todos esos fallos que habían tenido ambas, lo que les hacía aferrarse a la idea de que esta vez sería la definitiva.

Gruñó ante la fuerza del tirón de la morena-. Me hacéis daño, Momo. -susurró como simple queja. Vale que tuvieran cierta prisa para escapar, pero ¿no lo habían planeado especialmente aquella noche porque ninguno de sus dueños serían conscientes de su ausencia hasta pasadas unas horas? ¿Qué prisa había más allá de burlar a los guardias?

La adrenalina de ese apuro, de saberse escondida, intentando no llamar la atención de los soldados con los que se iban encontrando, hacía que el pulso de la esclava se acelerase, y ella misma intentase controlar su respiración. No parecía tan fácil como lo habían previsto. Siguió a Moira, algo más rezagada pero sin llegar a soltarle la mano. Con la otra, no tuvo reparo en sujetarse el vestido más de una vez para poder avanzar más rápida. No llegaba a incomodarle, mientras no se enganchase con nada. Parecía tener suerte con ese pequeño detalle aquella noche.

Sin embargo, era mucho pedir que tuvieran suerte en todo. Una vez esquivados los guardias para llegar a la segunda tira de tela y alcanzada ésta con movimientos lentos, más de un descanso y mucha precaución, la rubia vio un guardia que no parecía por la labor de ayudarlas. Estaba parado en mitad del camino. Un camino despejado por el que ellas tenían que pasar para llegar al siguiente trozo de tela. Y estaba solo. Eso dificultaba enormemente el que se distrajese para darles una oportunidad- Vamos a tener que esperar. -murmuró fastidiada.

¿Y si aquellas horas que tenían de margen se consumían en aquella espera?





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Re: Light 'em up-FB (Megerah)

Mensaje por Megerah el Vie Jul 10 2015, 14:01

La rubia enarcó ambas cejas, como si con ese gesto quisiera restarle importancia a esa dolor que el férreo agarre de la mano de Moira le provocaba en la muñeca. Erah no dijo más, pues sabía que eran los nervios, la emoción, la propia adrenalina del momento la que les hacía perder consciencia del tiempo y de la fuerza utilizada.

Pero eran niñas, después de todo.

No obstante, Megerah no la soltó. Se aferró a aquella mano -con cuidado, eso sí-, como si le fuese la vida en ello. En realidad, así era. No tanto la vida como la libertad, pero así era. Con aquel guardia iba ser un poco más complicado. No parecía querer moverse. La pequeña desvió la mirada hacia la morena cuando habló. Y lo primero que dijo no le gustó ni un pelo-. Ni se os ocurra moveros. -murmuró Erah como amenaza implícita. No tenía ni la más mínima intención de irse de allí sola-. Vos me habéis metido en este lío, así que no queráis desentenderos tan pronto. -añadió, con cierta sorna, con esa habilidad casi recién adquirida de darle la vuelta a las palabras para que ella estuviese exenta de toda culpa. Pareció conformarse con lo que la morena añadió, escondiéndose con ella en aquel hueco para dejar que aquel hombre pasara y, por fin, tuvieran el camino libre para salir de allí.

Y eso consiguieron.

En cuanto los guardias desaparecieron, las dos niñas corrieron como almas fustigadas por el diablo, hacia la primera puerta. La última del castillo. La rubia miró atrás por un momento, viendo sombras moverse, como si se cerniesen sobre ella. Y se asustó. estuvo a nada de gritar el nombre de su compañera, pero le bastó volver la vista al frente para cerciorarse de que seguía allí. Ambas no tardaron en ocultarse en un callejón estrecho, oscuro, poco pendientes de lo que pudiera esconderse ahí.

Fue Erah la que se asomó esta vez a la calle principal por la que habían bajado. Una ligera niebla cubría las calles de Talos, por lo que era difícil vislumbrar si alguien venía hasta que no lo tenían prácticamente encima. La pequeña pensó. Si pretendían pasar inadvertidas, no era muy inteligente venderse a esa visibilidad prácticamente nula. Las atraparían enseguida. Megerah exhaló contrariada. Necesitaban una solución ya-. Diría que esta niebla es una ventaja, pero no es el caso. Siguen siendo dragones y nosotras iremos dando palos de ciego... -ellos contaban con buena vista y ellas no sabían bien a dónde tenían que ir. Si se sumaban ambos factores, no lo tenían nada fácil.

Y entonces aquellos azules dieron con una opción entre sombras y luces.

Megerah golpeó suavemente el brazo de Moira un par de veces, llamando su atención. A apenas unos pasos, había una tapa para bajar a los túneles de las alcantarillas-. ¿Y si vamos por ahí? -no tenían mapa, y las posibilidades de perderse eran muy grandes, pero cualquier cosa con tal de que no las pillaran. Sin esperar respuesta, la rubia salió de su escondite, hacia aquella tapadera. La levantó con esfuerzo, intentando hacer el menor ruido posible. Le costó, la verdad... hasta que Moira le echó una mano. Una vez apartada, echó un vistazo dentro. Como si fueras a ver algo, Erah. Levantó sus azules, buscando los de la morena-. Es nuestra mejor opción. -enunció, decidida, antes de escuchar un ruido a su espalda que la hizo girar la cabeza bruscamente-. ¡Vamos! -espetó en un susurro, instando a la otra niña a que empezara a bajar. Megerah no tardó en seguirla... olvidándose a conciencia de mover la tapa una vez metidas allí. La pequeña sabía que por su nueva posición, le resultaría todavía más difícil.

Cuando sus pies bajaron de la escalera, el ambiente cargado de allí abajo golpeó sus fosas nasales malamente-. ¡Uf! ¡Qué horrible! -se quejó del olor, mientras echaba un vistazo alrededor. Sólo túneles, iluminados vagamente por las luces que se colaban de las calles de Talos. Húmedad. Y los ruidos de los roedores que vivían allí. Esto último fue lo que le provocó un escalofrío. Tuvo prisa entonces por moverse de allí-. ¿Alguna idea de hacia dónde ir, Momo?





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