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I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

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I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Sáb Mayo 16 2015, 00:25


Vestimenta:
Se despertó cuando aún era de noche. La adrenalina corría por sus venas, con la excitación previa de lo que iba a hacer. Oteó las duchas. Bien, no había nadie. El agua fría corrió sobre su cuerpo, estremeciéndolo. Tras aquel aseo, se sintió más despierta, lo suficiente como para cumplir con lo que había planeado.

Se vistió de negro: pantalones, botas altas y camisa. Se puso una capa gris oscura, aterciopelada, que acariciaba el suelo. Daba la impresión de ser dos hermosas alas de cuervo plegadas, abrazando y cobijando su cuerpo. Los enganches eran de plata, pareciendo que habían capturado el brillo de la luna llena. Recogió su cabello en una cola baja de caballo, haciendo que reposase sobre uno de sus hombros y cayese por delante, por su pecho.

Salió de la base rumbo al oscuro bosque en aquellas horas intempestivas. Con su arco y su carcaj lleno de flechas. Se movió con rapidez y sigilo, atenta al rastro. Esbozó una sonrisa cuando lo encontró y se dio prisa. No quería faltar a su palabra. Por un momento dudó. ¿Y si él no se presentaba? ¿Y si cambiaba de opinión? ¿Y si la veía como una acosadora? No lo era. Había encontrado agradable su compañía. Y no es que sociabilizase mucho en la base. Lo había pasado bien al regresar con él el día anterior. El juego de miradas, contarle parte de la historia hasta llegar a cuando habían regresado a Cornualles… ahí le había prometido continuar otro día.

Levantó la mirada al escuchar un rumor en la maleza. Agarró una de las flechas y la puso en el arco, tensando la cuerda, preparada para disparar. Se desplazó despacio y sin hacer ruido. Finalmente disparó. Unos sonidos de alerta la hicieron correr y preparar otra flecha. Una tras otra fue disparando. Cuando todo volvió a su quietud original, buscó las piezas. Cuatro codornices. Estaba segura de que alguna se le había escapado, pero no era mal número. Esbozó una sonrisa, recogiendo lo que había cazado junto con las flechas.

Corrió como alma que lleva el diablo. Saltó troncos caídos, dejando que su capa ondease en el aire. Tenía que llegar. Giró la cabeza, observando los primeros rayos de sol queriendo despuntar en el horizonte. Volvió la vista hacia delante y se apresuró más. Hasta que finalmente alcanzó la entrada a las alcantarillas. Se metió por ella, adelantándose por el pasillo un poco frente a la salida. Dejó que su propia espalda chocase contra la pared, con la respiración entrecortada. Su pecho subía y bajaba, acelerado por el esfuerzo. Algunos mechones caían rebeldes, liberados de la coleta, por la carrera.

Al alba. Había llegado a tiempo. Tomó aire como pudo, necesitando oxígeno para sus pulmones, mientras lo esperaba. Con su espalda contra la pared, su mirada puesta en el techo, sus labios entreabiertos y una mano sobre su pecho, sintiendo los acelerados latidos de su corazón.






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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Sáb Mayo 16 2015, 20:42

Como llevaba siendo costumbre desde hacía semanas, puede que tres meses o así, había tenido una noche tormentosa, repleta de pesadillas, miedos, respiraciones alteradas... y hasta alguna que otra lágrima. Diablo que se aparecían y me perseguían en sueños, extirpándome todo lo que yo pudiera querer en vida, y dejándome morir después desangrado. De muchas maneras posibles, para acabar haciéndome despertar entre resuellos y envuelto en sudor frío. Y todo por esas ganas de querer volver a ver aquellas pupilas doradas que interrumpieron su mirada con aquel error que cometí.

Aquella esperanza limitaba mi capacidad para superar aquella tremenda pérdida, manteniéndome atado a esa posibilidad remota de que volviera, quitándome horas de sueño, que transformaba en eras enteras perdido en pensamientos y recuerdos, hasta que despuntaba el alba y me animaba a salir de la cama.

Pero esa mañana, algo era distinto. Había conseguido aplacar esos demonios de forma momentánea y hasta podía haber dormido más horas del tirón de lo que acostumbraba. ¿Era aquello claro indicio de que todo iba e iría bien? ¿Que había llegado ya al día a partir del cual esa presión en el pecho menguaría paulatinamente y podría intentar tener una vida medianamente normal dada mi situación? Quería pensar que sí.

Me levanté, haciéndome con el arco y el carcaj oportuno. Aún legañoso, bajé a desayunar, para espabilarme. Llegué a considerar la idea de volver a ducharme, pero lo había hecho antes de acostarme la noche anterior... y podría despertarme paulatinamente sin necesidad de ningún cubo de agua fría. No obstante, al haber poca gente tan temprano, apenas tuve problemas para hacerme con algo de comida, un par de manzanas, una de las cuales metí concienzudamente en el zurrón, mientras me comía la otra. Tardé poco en enfilar hacia la salida. Tenía curiosidad por saber qué pensaba hacer la morena que había conocido el día de ayer. Y con la que había tenido una o dos situaciones peculiarmente extrañas ya. Bostecé descaradamente un par de veces mientras atravesaba la red de túneles que llevaban a la desembocadura en el río... hasta que la vi.

- Hey... -torcí mis labios a un lado al ver su respiración alterada-. ¿Estás bien? -fruncí el ceño al acercarme, atreviéndome a coger su brazo con suavidad-. ¿Otro ataque de ansiedad? Puedo ayudarte con eso, si quieres... -me interesé, con una ceja enarcada, así como una sonrisa. Me supuse que ambos teníamos bien presente lo que había ocurrido la última vez. Quizás mi broma fuese de lo más inoportuna, pero no tenía duda de que, al menos la haría sonreír por un segundo. O fulminarme con la mirada. Una de dos-. Oh, espera. -me volví al pequeño morral que traía conmigo al acordarme, atado a la cintura, para sacar la fruta con la que me había hecho en el desayuno-. Sé que no es un ciervo y dudo mucho que pueda suplantar la pieza... -se la tendí entonces. Sí, tenía que reconocer que me sentía un pelín culpable porque hubiese perdido el animal a mano de los guardias-, pero considéralo un pequeño anticipo por lo que podamos conseguir hoy.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Dom Mayo 17 2015, 16:38

Cuando ella estaba intentando normalizar su respiración, llegó hasta sus oídos aquella voz masculina de quien esperaba. Con ese peculiar acento tan distinguible entre la multitud. Ladeó la mirada, en ese momento verde esmeralda, hacia la figura del otro resistente… con camisa. Esbozó una sonrisa. Estaba allí. No pudo evitar sentirse aliviada y contenta porque hubiese acudido a aquella hora. Notó la mano tomando uno de sus brazos y asintió, aún jadeante. Negó con la cabeza con la segunda pregunta y… no se ruborizó porque ya lo estaba por la carrera. Se mordió el labio de costado, observando aquella sonrisa y la ceja levantada. Olvidándose temporalmente de contestar.

-Ah… sí… perdón… Es que… esa ceja levantada junto con la sonrisa… ufff… -cero elocuencia de su parte, pero… una no era de piedra-. No, estoy bien, no es un ataque de calor… digo, ansiedad… he estado corriendo… fuera… por el bosque… cazando. Temía llegar tarde, no quería hacerte esperar ni decepcionarte –terminó por explicar-. Aunque si quieres que finja tener un ataque de ansiedad para que tengas una excusa para besarme, sólo tienes que asentir con la cabeza -agregó, echándole una miradita invitante con aire divertido.

Esperó y ladeó la cabeza con curiosidad. Vio que sacaba algo del morral y parpadeó sorprendida. ¿Algo… para ella? Se olvidó de respirar en aquel momento. Hasta que él le tendió la manzana roja, su favorita, por cierto, y continuó hablando. Sus propios irises brillaron ante el adorable detalle que estaba teniendo con ella. Sus facciones femeninas se suavizaron, mirándolo con candor y emoción contenidos en sus ojos. Sus labios se estiraron en una tierna y agradecida sonrisa, antes de bajar la mirada a la manzana que tomó en una de sus manos.


Se había quedado sin habla. No lo había esperado. ¿Se podía ser más encantador? Se abrió un poco la capa para agarrar un cuchillo que llevaba al cinto, con la mano libre. Con el filo empezó a cortar cuidadosamente la fruta a la mitad y luego le ofreció, con cierta cohibición una de las partes a él.


-Gra…cias… Es un hermoso detalle… -susurró, con su voz temblándole un poco al haberse emocionado. Además, no había desayunado. Era como si él hubiese indagado entre sus pensamientos, para saber sus gustos y lo que necesitaba. No podía borrar la sonrisa de su rostro-. Oh… bueno… se me olvidaba… -agarró la cuerda con la que había atado las cuatro codornices y se la tendió-. Son para ti. Sé que no es suficiente agradecimiento por lo que hiciste por mí… pero considéralo una pequeña muestra de mi gratitud –susurró, dedicándole aquella sonrisa imborrable de nuevo-. Bonita camisa, espero que no te importe que nos mojemos de nuevo –añadió, en una pequeña broma que no quiso evitar hacer-. ¿Te apetece ir a pescar conmigo ahora? –invitó, elevando su mirada hacia sus ojos, clavando sus pupilas en las suyas-. ¿O prefieres cazar tras la cortina de agua? –le tiró, enarcando una ceja mientras lo miraba.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Mar Mayo 19 2015, 20:24

La sonrisa que dibujó en su semblante cuando alcanzó a verme, llegó a decirme que esas sospechas de que algo iba mal, eran infundadas... bueno, casi infundadas, pues su rápida y atropellada respiración daba qué pensar. Parecía hasta aliviada de verme, cosa que no ayudó a que dejara de preocuparme, aunque ella acabará gesticulando con la cabeza para asegurarme que no le pasaba nada.

Alcé la otra ceja para acompañar a la que ya tenía en mitad de la frente. Vaya, ese comentario tan... sincero, no me lo esperaba en absoluto. Y tan sincero era que me cohibió, haciéndome agachar la mirada, esquivando la suya. Reí con suavidad, negando ligeramente con la cabeza, antes de volver a mirarla y darme cuenta de algo peculiar en ella-. Te acabarás haciendo daño de tanto morderte el labio. -vale, un comentario que era obvio. Pero no era ningún secreto que yo era observador. Aparte de confiado. Si la gente no me daba motivos, yo no desconfiaba... y yo mismo sabía que era algo peligroso, pero era el primero que estaba harto de que la gente se dejase influenciar por rumores y opiniones ajenas. Sin embargo, examinaba gestos minuciosamente, pues muchas veces eran claro espejo de la personalidad del contrario. Y la morena, por ellos -y por esa sinceridad aplastante- no podía esconder segundas intenciones tan retorcidas-. ¿Cazando? -¿de noche? Algo arriesgado, cuanto menos-. Espera, espera, ¿decepcionarme? -ladeé la cabeza, interesado con un esbozo de sonrisa-. No es ninguna prueba todo esto, ¿hm? -la solté finalmente, con la misma suavidad, aunque acabé riendo por lo bajo ante sus últimas palabras-. No sé, no sé, igual la decepción te la llevas tú. -suspiré. No es que no quisiera. Las cosas claras. En el día de ayer me había dejado sorprendido... sobre todo, al salir del agua-. Ya sabes por si hoy beso peor, y eso...

Fruncí ligeramente el ceño, de nuevo-. Deberías hablar con tu superior para que no te cargue con tanto trabajo... -murmuré, casi de manera inconsciente, volviendo al comentario que había hecho antes. Lo cierto era que hacía tiempo que no sabía nada del portavoz del grupo de cazadores. Tal vez vendría bien que fuese yo mismo el que le diera un toque, porque se me antojaba un horario improcedente. Además, la muchacha parecía no tener compañeros que pudieran ayudarla. Por lo que vi el día anterior-. ¿Quieres que lo haga yo? -añadí justo antes de acordarme de la manzana.

Pareció sorprendida y hasta emocionada con ese gesto que tuve con ella. ¿Por qué? ¿Acaso nadie había tenido a bien hacerle un pequeño regalo como era una simple pieza de fruta? Recordé entonces su antigua condición. Y, aunque hubiera vivido en un lugar mejor, era más que probable que ella no hubiese tenido tanta facilidad -ni tranquilidad- para poder disfrutar de algo así.

- En realidad... -mis azules se desviaron sin querer a esa parte superior del atuendo que descubrió tras la capa al moverse. Más bien, la piel que se veía más allá de los límites de éste. Y la mandíbula se me calló ligeramente. Mi mente colapsó por unos instantes y fue incapaz de continuar. Sólo cuando me pasó la mitad de la fruta, ya cortada, pareció reaccionar- no es nada. -concluí para no ser demasiado obvio. La cogí, algo contrariado. Era un detalle para ella, aunque ya me decía mucho con esas ganas de compartirlo. Sacudí levemente la cabeza antes de verme en la misma situación que ella segundos antes, al observar que me ofrecía lo que había cazado. También me hice con esa cuerda que sujetaba las aves. Me tentó la idea de colgármelas en la cintura, pero a lo mejor resultaba otra tentación para cualquier cazador ajeno a nosotros. Y con cazador me refería a un animal. Un animal más grande. Así que, prefiriendo curarme en salud, y aprovechando que eran pequeñas, las metí en el zurrón, quedándome con la mitad de la manzana en la mano-. No tienes por qué agradecérmelo, lo sabes, ¿no? -fue mi respuesta inmediata. Instintiva. Digamos que no tenía por costumbre que me obsequiaran cosas, como ella. Nyssa lo hizo siempre que podía, pero desde que Rain apareció, la relación que teníamos se enfrió lo suficiente como para que la pelirroja dejase esa costumbre, para evitarse problemas con la dragona. Y, bueno, en estos últimos meses, digamos que yo mismo era el culpable de haberme aislado lo suficiente para verla demasiado poco. Tampoco es que yo quisiera que me viera mal, aunque había veces que no podía escaparme-. No me creo que ya hayas superado tu aversión al agua desde ayer. -puntualicé ante su coqueteo, exagerando adrede un gesto de incredulidad. No me molestaba, pero no estaba muy familiarizado con ello y no sabía cómo reaccionar. Y si había algo que me molestara de mi mismo era eso, precisamente. Volví a mirarla entonces-. Me apetece... aunque dependiendo cómo se dé la pesca... -enarbolé una sonrisa en concordancia con la suya- podemos plantearnos cazar a tu manera, si quieres. -arqueé ambas cejas por un segundo, en un gesto claramente descarado, pero divertido.

- Va, vamos. Ya improvisaremos sobre la marcha. -busqué su mano para tirar de ella y sacarla del túnel aquel, inspirando marcadamente el aire puro al salir al bosque.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Jue Mayo 21 2015, 13:52

Sus blancos dientes atraparon un pedacito de carne de su propio labio, de costado, encontrando adorable que se cohibiese. Claro que no esperaba la observación del pelirrojo, que la hizo ruborizarse un poco más y soltar el trocito de labio. Su mirada, en ese momento de color azul intenso, se fijó en un punto indefinido del suelo del túnel.

-Shhh… calla… -murmuró algo cohibida. Por decir algo, sin que su tono de voz ni sus intenciones fuesen de sonar malhumorada, todo lo contrario. Por fortuna, hubo cambio de tema y volvió a mirarlo-. Sí, cazando –confirmó, sin saber qué había de malo en hacerlo a aquella hora. Le gustaba y estaba acostumbrada-. Sí, te cité al alba. Hubiese sido un feo detalle de mi parte no aparecer a tiempo. No lo veo una prueba, pero sí me gusta tratar con educación y respeto a quien lo merecen, como es tu caso –contestó con esa sinceridad aplastante tan propia de ella-. ¿Decepcionarme? ¿Hm?... Supongo que eso tendremos que comprobarlo –enarcó una ceja invitante, ladeando al mismo tiempo una sonrisa sugerente.

Entonces, sus manos lo cogieron de la camisa y lo acercó a ella, adueñándose de sus labios con suavidad. Se tomó su tiempo, ascendiendo una mano hasta los cabellos rojizos e internando los dedos femeninos entre los rizos. Entonces atrapó estos y tiró de ellos con suavidad y de forma juguetona, a la par que deslizaba sus dientes en el labio inferior masculino de forma sugerente antes de soltarlo por completo de sus tres agarres.

-No estoy decepcionada –susurró con un esbozo de sonrisa, tras su descaro. Él retomó el tema de la caza y lo miró con una tranquila seriedad-. Me gusta cazar. Las codornices sólo se pueden cazar al amanecer y al atardecer. No me parecía interrumpir tu sueño por llegar entrada la noche. Prefería dejarte dormir y dártelas por la mañana –explicó-. Además… no lo conozco, no sé ni quién es. Aunque, por lo que he escuchado, es el mejor que hayamos tenido. Ha organizado la resistencia, lo cual nos da más ventaja a la hora de pelear. Y hay duchas, lo cual siempre es bueno para mantener a los miembros contentos. Eso quiere decir que es alguien inteligente y astuto. También alguien práctico. Cualidades que necesita la resistencia. Algunos hablan de él como si fuese… no sé… una deidad intocable. Otros dicen que es más cercano y que se preocupa por los demás. Así que no vayas a quejarte por algo que me gusta hacer y a lo cual él no me obliga –esbozó una sonrisa tranquilizadora-. En cualquier caso… debería de hablar con él un día de estos. No sé cómo acabé encargándome del grupo de cazadores. Alguna novatada o quizá es que los demás no querían. Ni siquiera sé cómo dirigirme a él… Nací y crecí esclava. Los estatus estaban muy delimitados. Siempre he estado por debajo del vulgo… aún no me acostumbro a ser libre –bajó la mirada con un poco de vergüenza al confesarlo.

No había sido más que un objeto, alguien cuya vida no le pertenecía. Aún esperaba a comer la última, aunque estuviese en la base. Se duchaba cuando nadie más estaba. Retazos de aquella vida que había llevado hasta hacía unos meses. No había sociabilizado mucho… salvo organizar un poco el grupo de cazadores. Con zonas delimitadas para cada pareja, porque no les dejaba ir en solitario. Les daba dos tandas de horario. Una por la mañana, cuando ya había amanecido, hasta casi la hora de comer. La otra por la tarde, hasta una hora antes de que oscureciese. Gracias a ello, las provisiones habían aumentado y llegaban a tiempo para los horarios de la comida.

Había hablado con Ymir, eso sí. La cual le parecía adorable. Y desde el otro día, se había sentido a gusto con aquella compañía tan agradable que representaba el pelirrojo. Algo que le apetecía repetir en varias ocasiones. Sin embargo, echaba de menos a Kariel y a Megerah. La rubia había sido liberada antes que ella, convirtiéndose en inquisidora. Lo cual no le hacía gracia. Pero esperaba que estuviese bien… o al menos disfrutando de su nueva condición.

Estaba demasiado concentrada en cortar a partes iguales la manzana, por lo que no se dio cuenta de dónde se posaba la mirada azul del otro resistente. Al menos no al principio, hasta que levantó la mirada para pasarle la mitad de la fruta y enarcó una ceja entre cohibida y divertida. No podía decir que no le gustaba causarle esa reacción al otro resistente.

-No es obligación agradecértelo, quiero hacerlo –contestó y buscó sus irises con los propios-. ¿Tan poco acostumbrado estás a que te regalen cosas? Porque te lo mereces. No sé, llámame loca, pero he visto que eres un hombre al que cualquiera le gustaría tener detalles contigo –agregó, empezando a preocuparse de que alguien tan noble como Trystan estuviese tan desatendido-. Desgraciadamente no la he superado, pero me gustó tu estilo de terapia –enarcó una ceja con aire divertido e invitante. Después se irguió de hombros de manera despreocupada-. Si no logramos pescar algo, está la opción de cazar… -y su última palabra quedó en el aire al escuchar el agregado de él.

Sus mejillas se sonrojaron a más no poder. Ladeó la mirada y subió una mano a su propio rostro, como intentando ocultarlo, sin saber dónde meterse. En sus labios bailaba la típica sonrisa estúpida y de cohibición. Ok, se la había devuelto a lo grande esta vez. Se estaba quemando por jugar con fuego… pero no veía los inconvenientes. Mentiría si dijese que se sentía incómoda y que no le gustaba.

Él tomó otra de sus manos y tiró de ella. Lo siguió hasta la salida, respirando el aire puro del bosque. Dejó caer los párpados y esbozó una sonrisa calmada antes de mirarlo. Le dedicó una sonrisa ladina y alzó una ceja sugerente.

-Hace una carrera hasta el río… ¿o no hay huevos? –lo retó con una expresión cautivadora e invitante.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Sáb Mayo 23 2015, 21:16

Ese rubor a mi comentario me enterneció más de lo que esperaba, sacándome una tierna sonrisa que no tardé en suavizar. Dejé que se explicara antes de hacer el intento de tranquilizarla con un pequeño matiz-. Hm... digamos que esperar no es algo a lo que no me tengan acostumbrado ya. -torcí la sonrisa con levedad, acordándome de demasiadas cosas. Mi padre me hizo esperar su regreso. Mi madre también... Incluso Rain. Y ahora la Resistencia me hacía esperar esa puñalada que llevaría mi nombre y que acabaría conmigo. Mi mirada se ensombreció ligeramente por ese pensamiento tan oscuro tan de mañana. Me di cuenta que había ido cayendo conforme navegaba entre esos mares etéreos que formaba mi mente, y volví a alzarla, al tiempo de recuperar la sonrisa-. Pero gracias... por la consideración.

Sólo tuve tiempo de entreabrir los labios para contestar cuando me vi besado, de repente. Tardé solamente un momento, pero acabé correspondiendo esos labios ajenos que se movían con insistencia y suavidad contra los míos, mientras tenía a bien enlazar sendas lenguas, una y otra vez. El leve tirón en mi cabello me arrancó un suave murmullo de placer. Uf. ¿Quién le decía que no a un beso? Bueno, no, rectifico: ¿Quién decía que no a un beso así?-. Vale, tengo que admitir que no me lo esperaba. -inspiré entonces, cuando se terminó de separar, aún con gesto meloso, en contestación a sus palabras. ¿No estaba decepcionada? Vaya, todo un alivio, entonces.

Interrumpir mi sueño, había dicho. Y los detalles de aquella mujer conmigo no paraban de sucederse. Una sonrisa se me truncó a medio camino, pues me fue inevitable acordarme de esos demonios que impedían que ese sueño por el que ella tanto se preocupaba fuese normal. Arqueé las cejas ligeramente, dejando que se explicara, hasta que acabé mirándola con cierta sorpresa. Así que no sabía quién era. Era más que posible que no supiera que el líder y yo fuésemos la misma persona. Principalmente, porque no era la primera que lo mencionaba. Había mucha gente que había entrado en la Resistencia, y como medida propia y preventiva, no iba diciendo quién era de primeras. No reprimí una risa suave por la divertida situación de que me estuviera diciendo a mí cosas del líder, no obstante, tenía la contundente excusa de que ignoraba ese pequeño pero importante detalle-. Y... tu opinión de mí... ¿a cuál de las dos opciones se acerca más? -busqué su clara mirada con la mía, enarbolando una sonrisa comprensiva y hasta dulce. Lógicamente, con una ceja enarcada-. Puedes tutearme si lo prefieres. Procuro que ese estatus tan marcado del que hablas, existente en la ciudad, se quede allí. No me considero ningún dios por pensar más por los míos que por mí mismo.... pero sí me gusta que gocen de ciertas necesidades que yo, en particular, considero básicas. -con ello, claramente, quería referirme a las duchas o un abanico de alimentos mayor que unas simples gachas que consistían nuestro menú antes de que yo fuese líder. Marqué la sonrisa un poco más-. Y eso, en gran parte y por lo que acabas de decirme, te lo debo a ti, por ser la culpable de que ahora casi no tengamos hueco en los túneles que usamos de despensa. -concluí. Era curioso, cómo había cambiado la sensación de preocupación por ese aparente exceso de trabajo a una gratitud enorme. No tenía ni la más remota idea de por qué había llegado ella a ocuparse del grupo de cazadores, pero quedaba claro que tenía carácter suficiente como para que funcionaran cada vez mejor-. Por lo pronto, me acabas de quitar el derecho a reproche por lo bien que lo estás haciendo... pero sigo pensando que tienes total libertad del mundo para relajar costumbres... aunque sea por unos días. -ella misma había dicho que no terminaba de habituarse a toda esa libertad sin dar explicaciones a nadie pero, si mal no recordaba, la habían liberado en Navidad, ¿no? Contaba algo más de tres ciclos lunares desde entonces. Y, sin embargo, comprendía perfectamente esa dificultad para acostumbrarse a algo nuevo.

No podía saber bien qué demonios me ocurría con aquella mujer que, en dos días, no había conseguido más que hacer mérito para que me fuera difícil sacarla de mi cabeza. Quizás fuera su carácter. Su descaro. Sus detalles. Su inocencia pese a la situación. Su sinceridad... o aquella mirada cristalina-. Bueno... supongo que soy de los que consideran un deber dar sin esperar nada a cambio. -me encogí de hombros, como si aquella explicación fuese totalmente válida-. No esperar nada de los demás, me ahorra decepciones... además, no hay tanta gente dispuesta a pensar como yo. -porque sí, más de una cosa me decía que aquella morena tenía una manera de pensar mortalmente parecida a la mía.

Sonreí de lado, satisfecho. No era una terapia en realidad, fue un pronto. Un atisbo impulsivo de aquel yo que empezaba a ser desde hacía relativamente poco-. Quiero añadir que fue un placer. -estiré la sonrisa, dándole un aire juguetón, viendo esa reacción suya a mi tentativa. Se me hizo adorable. Y si no salíamos de ahí pronto, era factible que no quisiera salir y se me ocurrieran otras alternativas. Mentira, ya las tenía pensadas, pero bueh.Y fue cuando la tomé de la mano y salimos del túnel.

Inmediatamente, el arrullo lejano del río, el canto de los pájaros o la brisa que mecía las copas fueron una estupenda banda sonora para continuar la mañana. Y si ya le sumábamos ese armonioso tono de la voz de la morena, más todavía. Me giré a mirarla ante su pregunta, llenando mi sonrisa de presunción y reto-. Las damas primero. -murmuré como simple respuesta.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Mar Mayo 26 2015, 00:23


Sus palabras, su sonrisa que se había torcido, su mirada de intenso azul que se había oscurecido… la apenaron en su conjunto. Un hombre tan noble y bondadoso como él había probado el dolor, la decepción, probablemente el rechazo y la soledad también. La expresión femenina se volvió triste, mirándolo como si quisiera abrazarlo y contenerlo contra sí. Una de sus manos se adelantó para tomar una de las masculinas, moviendo primero el dorso de los dedos y luego las yemas sobre la piel ajena con suavidad pero firmeza. A fin de darle apoyo, de espantar esa tormenta que se formaba en su mente.


-No tienes por qué dármelas. No merecías que te hiciese esperar y estoy aquí… -susurró, devolviéndole la sonrisa-. Pero me preocupa que otros lo hayan hecho y te hayan dañado con la espera –agregó, mirándolo de nuevo preocupada-. Y me gustaría abrazarte y calmar ese dolor, hacerte olvidar de tus horas más sombrías. Pero temo que mis brazos no tengan ese poder. Si lo portasen, te dejaría vivir rodeándote con ellos, a fin de que un hombre con tus cualidades no sufriese –añadió, condenadamente sincera y entristecida por ser consciente de que sólo había logrado ver un atisbo del infierno que hubiera podido pasar él.

En cuanto él correspondió el beso, volvió a esa burbuja que había probado en las cataratas. La caricia de la lengua contra la suya, sus labios imprimiendo calor en los suyos, su aliento mezclándose con el suyo como si pretendiesen fundirse en uno. Hasta que ella decidió romperlo de forma juguetona para volver a respirar. Y por cierto temor de llegar a un punto de no retorno donde pudiese chocar con su inexperiencia. Sus palabras la hicieron esbozar una sonrisa y morderse el labio de costado. Con miradita incluida.

Vio cómo sus expresiones cambiaban, sin acertar a saber los motivos. Al final, cuando él rió, enarcó una ceja oscura y lo miró inquisitiva. ¿Qué era tan divertido? Estaba a punto de preguntárselo, cuando él se adelantó. Con aquella cuestión, no vio la relación, así que se lanzó a responder con la misma sinceridad que solía portar.

-Tú a la segunda, por supuesto. Me has demostrado que eres muy cercano, te has preocupado por mí cuando era una desconocida, no me has dejado sola en el agua, has velado por mi seguridad y por mis temores. Y has tenido el hermoso detalle de darme una manzana cuando aún no había desayunado. Eres noble y posees una bondad que rara vez se encuentra en este mundo tan cruel –respondió, alternando entre los irises azules, con los suyos que parecían tan verdes como la frondosidad del bosque en aquellos momentos.

Aquella sonrisa con la ceja levantada le gustó. El expresivo hombre había logrado que se sintiese cómoda con sus gestos. Incluso algunos los buscaba y le agradaba verlos de nuevo. Pero entonces, él continuó hablando… y ahí tuvo que sumar dos y dos. No hacía falta preguntarle. Él era el líder. Trystan. Ostentaba el cargo. Palideció súbitamente. No, por favor… tenía que estar tomándole el pelo. Sacudió la cabeza, poniendo gesto a ese pensamiento. De entre todos los resistentes, ¿tenía que ser él? En aquellos dos días la había hecho sentir acompañada, como si hubiese encontrado un lugar allí, como si hubiese encontrado algo por lo cual afianzar su decisión de estar en la resistencia.

Porque aquellos tres meses habían sido duros. Sintiendo que no encajaba y que nunca lo haría. Intentando que no le hiciese daño que la ignorasen o que intentasen intimidarla por verla nueva, débil, diferente al haber sido esclava. Hasta pensaba que, después de la acusación de la desafiada, le iba a ser más difícil. Ymir había sido adorable, sin duda. Se la había ganado en cuanto había ido detrás de ella y se había portado encantadora. Trystan había sido la calma tras la tormenta… para que ahora hubiese esa diferencia de status que en la ciudad hubiera sido un acantilado insalvable.

Él le estaba dando permiso para tutearlo, para tratarlo como a… ¿un igual? Las manos le temblaron suavemente cuando ascendió una su propia boca, como si quisiera morderse las uñas sin llegar a hacerlo. La bajó de repente y lo miró nerviosa, pálida, titubeante.

-Pero… no sólo te he tuteado. ¡Te he besado! ¡Dos veces! Casi te disparo una flecha, te llamé acosador y ladrón. Bueno, no exactamente, fue… una posibilidad. Y me porté como una histérica… ok, ahora me estoy comportando igual. Quiero decir, no que me arrepienta… bueno, de mis miedos sí. Pero no de besarte ni de marcar al ciervo como propiedad. Ni de coquetearte… oh, te he coqueteado. ¡Y he halagado tus atributos! –y sin poder evitarlo, bajó la mirada a los pantalones masculinos antes de subir una mano a sus propios ojos y negar con la cabeza-. Genial, y te los he vuelto a mirar… -murmuró avergonzada.

Levantó la mirada hacia él con evidente sorpresa. ¿Qué? ¿A ella? ¿Qué le debía? … Oh… Sus mejillas empezaron a ruborizarse. Pronto su rostro se tiñó de un tono rojizo. Su voz había enmudecido, cohibida como estaba. Movió los labios intentando balbucear, pero no sabía qué palabras pronunciar exactamente. Demasiada información que procesar en aquel momento.

-Yo… no… yo… no debes… -tartamudeó sin conseguir armar una frase completa. Y encima él le estaba sonriendo. ¿Por qué esa sonrisa tenía efecto sobre ella?-. Sssí… -arrastró la consonante con suavidad, casi en un siseo murmurado, sobre no salir durante unos días de noche, con aspecto sumiso. Hasta que sacudió la cabeza y seguidamente volvió a hablar-. No –marcó, contradiciendo lo anterior. Abruptamente, renovando su fuerza en la voz. Lo miró con firmeza-. Me gusta, se necesita… y siempre estás invitado a salir conmigo si tanto te preocupa. O a intentar que me quede en la base. Y no me debes nada. Lo hago con gusto y al menos soy útil en algo –aclaró, antes de suavizar su expresión y ladear la cabeza-. ¿Cómo lo vamos a hacer? Me gusta tu compañía… pero… no sé cómo va esto… Quiero compartir mi tiempo con Trystan, el hombre que conocí en la cascada, que me ayudó, que me divirtió, que ha tenido detalles conmigo. Pero no sé si el líder se lo permitiría –le dijo con un suspiro-. ¿Qué quieres tú? –agregó, mirándolo a los ojos.

Sus labios esbozaron una cálida sonrisa cuando continuó escuchándolo, con esa nobleza que ya había descubierto de él el día anterior.

-Dar sin esperar nada a cambio lo convierte en un acto genuino. Es lo que lo hace tan valioso para mí. No es que te ahorre decepciones… es tu noble corazón. Y quiero que sepas que pienso como tú… no espero nada a cambio –le dedicó una sonrisa-. Para mí también fue un placer –le devolvió, alzando una mirada sugerente y juguetona.
Una vez fuera del túnel, soltó la mano masculina con suavidad y enarcó una ceja oscura.

-Atrápame si puedes –lo retó, ladeando una sonrisa y empezando a correr hacia el río, todo lo deprisa que podía, dándolo todo en aquella improvisada competición.





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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Jue Mayo 28 2015, 08:11

Sentí sus dedos colándose entre los míos y... lo consentí. De hecho, fui yo quien abrió la mano un poco más, dejando que ella terminase de colocar su palma contra la mía. No reprimí el ejercer una presión suave sobre ella cuando la tuve entre mis dedos. Una presión que llevaba demasiado escrito. Algo que no podía describir con meras palabras-. No tengo por qué, pero quiero hacerlo. Igual que tener el gesto de la manzana o lo que se me pueda ocurrir. -murmuré alzando levemente las cejas de nuevo. Reí en un suspiro, comprensivo, sorprendido y volviendo a agradecer sus palabras-. No sabías ni que existía... -comenté con una sonrisa agradecida, sin dejar de mirarla a esos bonitos ojos claros-. No le des vueltas a algo que ya no se puede cambiar... -era encantadora e inquietante a partes iguales, la forma que tenía de preocuparse por todo lo que me hubiese podido pasar hasta ahora.

Y el azul en mi mirada se intensificó cuando mencionó ese abrazo que curaría todos mis males. Una sinceridad tan contundente, a la hora de preocuparse por una persona que conocías de apenas un día... Me era tan extraño como a ella el hecho de que yo quisiera ayudarla. Era raro. Porque tenía la seguridad de que ella sí era capaz de aquello. De todo lo que había dicho. De que sus brazos podían hacerme olvidar. Y no entendía el porqué de aquella corazonada. Apenas la conocía como para poder asegurar nada pero... ahí estaba.

Mi sonrisa tomó un aire triste y el brillo de mis azules centelleó más rápido por un momento. Me sentí aliviado porque ella quisiera ayudarme de esa manera sin siquiera saber qué me había pasado. Me la acabé imaginando abrazada a mí... y la idea no me disgustó en absoluto. A ver, siempre era agradable que una mujer te rodease con sus brazos, pero con ella, era particularmente agradable. Y eso que sólo había tenido ocasión de comprobarlo en un momento en el que sus labios me tenían más... ocupado. Y lógicamente, ese abrazo era distinto al que yo suponía que Moira estaba describiendo.

Su mano se soltó repentinamente cuando me agarró las solapas de la camisa para  besarme. Un saludo peculiar de buenos días, que llevaba tiempo sin tener. Y que no me contuve en corresponder. Dejé que se apartara tras el beso. Con cierta reticencia, debía añadir. Aún me duraba el escalofrío que sus dedos provocaron al jugar con los cabellos de la parte posterior de mi cabeza.

Mi gesto pasó de relajado a ciertamente inquieto, cuando vi su expresión al comprender quién era. Alzó el brazo de la impresión, de los nervios. Pero luego lo bajó. Fruncí el ceño, antes de entender que, como antigua esclava, tendría demasiado marcado ese estatus que ya había dejado atrás. Y se arrugó algo más cuando las palabras le salieron de forma atropellada. Había perdido ese color que la carrera y mi descaro habían marcado en su rostro, cosa que me hizo suspirar de forma queda, en el impulso por pecar de comprensivo y entender su punto de vista. No obstante, mi cabeza negó con suavidad, como si con ese simple gesto quisiera hacerla entender que no pasaba nada. Que no consideraba que me hubiera faltado al respeto. ¿Se pensaba que iba a castigarla o algo del estilo? La idea se me antojó ridícula. No encajaba con mi manera de pensar en absoluto.

¿Qué quieres tú? Correspondí esos ojos con la cabeza ligeramente ladeada. Y entonces, hice un amago. Me acerqué a ella, pero hubo algo que me retuvo. Por un instante, dudé y aminoré hasta pararme prácticamente a mitad de camino. Pero sólo fue un segundo, pues mi cuerpo reaccionó sin pensar, terminó de cubrir la distancia que nos separaba y fue cuando mis labios volvieron a buscar los suyos, con avidez. ¿Terapia? ¿Hola? Esto empezaba a ser costumbre. Una costumbre que yo había empezado y que curiosamente estaba comenzando a gustarme demasiado rápido. Bebí de sus labios como lo hice aquella primera vez, con una intención escondida. Curiosamente, en ambos casos, quise hacerla ver que, de una manera u otra, todo saldría bien. Aún sin tener ni idea de que aquello fuera cierto o no. Interrumpí el beso cuando me faltó el aire, pero no me separé. Aún no-. Ahora las cuentas cuadran y tú y yo estamos en paz. -murmuré en una exhalación que intentaba ser lenta-. Soy yo el que hace al líder... no al contrario. -tragué saliva, con una calma fingida-. Sólo es un título... que me gustaría que olvidaras. Ser el líder sólo me da ventaja para que a mí quieran atraparme antes que a los demás. -murmuré con media sonrisa, en un intento por bromear en serio.

Seguí pegado a ella, enarbolando la sonrisa según la escuchaba, hasta que fueron mis azules quienes buscaron su cambiante mirada y acabé apartándome un paso-. Entiendes ahora que no me preocupe que los demás no tengan detalles contigo... y que me sorprenda cuando alguien rompe los esquemas y sí lo tiene. -no era una pregunta sino, más bien, una afirmación a lo que ambos pudiésemos sentir al respecto.

Ya fuera, ella comenzó a correr, y yo no tardé en seguirla, salvando ramas, troncos y plantas de baja altura con habilidad. Manteníamos buen ritmo, así como la sonrisa juguetona en la cara. Hasta que fui yo el que tuve la mala suerte de resbalar en un pequeño lodazal y en conjunto, con el saliente de una raíz, detuvieron mi carrera de golpe. Quise ocultar mi cara entre mis brazos y pude manipular a tiempo el aire, lo justo para evitar que mi propio cuerpo impactara de forma drástica con el suelo. Aún así, recorrí algún metro, por la inercia.

Cuando todo pareció acabar y todas esas imágenes en movimiento se detuvieron... me eché a reír-. Qué torpe...




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Dom Mayo 31 2015, 17:29

Ambas palmas encajaron a la perfección, como piezas de un puzzle. Era una sensación y un hecho extraños. A la vez reconfortantes. ¿Cómo era posible que alguien que conocía de dos días se ajustase a ella como partes separadas del mismo ser que vuelven a encontrarse? Primero sus labios… ahora sus manos. Diferentes ocasiones y distintas intenciones. Aquella suave presión que él ejerció fue todo cuanto necesitó. Como si se comunicasen a través del silencio. Sorprendentemente, para apenas conocerse, se decían más sin palabras cuando estas resultaban obsoletas.

¿Por qué se olvidaba de respirar y al rato su pulso se disparaba, entrando en un bucle? Quizá por los encantadores detalles que estaba teniendo con ella. Puede que por aquellas palabras que él formulaba, siendo consciente de que era más del tipo callado. Lo que se le pudiese ocurrir. La sola idea de que tuviese más gestos con ella la hizo esbozar una sonrisa y mirarlo como si fuese la cosa más adorable del mundo.

-Yo también quiero seguir teniendo detalles contigo… como las codornices… o lo que se me pueda ocurrir –le devolvió en un susurro, mirándolo a los ojos.

Tan azules, tan intensos como el profundo mar. Y en aquel momento, no le importó pensar en esa gran masa de agua. Porque en su interior sabía que con él estaba a salvo. De una extraña forma, confiaba en él. Una sensación rara de sentirse más fuerte a su lado. ¿Por qué? No lo sabía. Quizá por los méritos que él había hecho en la cascada, quedándose con ella, protegiéndola, velando por su seguridad, intentando calmarla.

Sus irises se volvieron tristes un momento. Sí, no lo conocía antes. Lamentablemente. De haberlo sabido, tenía la impresión de que hubiera arriesgado su vida desobedeciendo a Corah para evitarle los malos momentos. ¿Una locura? Tal vez. ¿Cómo era posible que pensase así, que tuviese esa certeza, de alguien que había conocido el día anterior? Porque ella no se comportaba así con todos… sólo con un selecto y pequeño grupo.

Trystan había entrado a su vida de pronto, sin avisar, haciéndose un hueco del cual ella no lo quería echar. Se le estaba antojando demasiado agradable tenerlo al lado. Y se había dado cuenta que, de alguna extraña  forma, necesitaba compartir más momentos con él. Siempre estaba bien tener con quien hablar, por supuesto. Pero tenía la corazonada que, de estar en mitad de una multitud, sólo no se sentiría sola si aquel pelirrojo de ojos color zafiro se encontraba allí. No sabía la razón, pero su presencia en especial empezaba a ser importante para ella… necesitándola como el aire que respiraba.

-No puedo cambiar lo que te haya pasado, lo cual puedes contarme… pero puedo cambiar cómo te sientas a partir de ahora… o al menos puedo intentarlo. Quiero hacerlo, de hecho-respondió, mirando esos increíbles irises que él poseía.

Lo notó preocupado después por su reacción. Sabía que él lo haría por cualquiera, tenía ese gran corazón. Pero se sintió mal. Por causarle esa inquietud y porque sintió que ella no lo merecía. Sabía que él no la golpearía ni la castigaría por ello. No. Él nunca haría eso. Era su propia mente presa aún con las cadenas de una sociedad que se tomaba muy en serio los títulos. Y sin embargo, su alma cautiva sólo necesitaba una palabra de él para liberarse.

Entonces se acercó a ella. Sus grandes, expresivos y claros orbes lo miraron inquisitivamente. Y a la vez con un pedido de no se alejase. El otro resistente continuó hasta apoderarse de sus labios, logrando que brotase de estos un delicado murmullo. Correspondió el beso con necesidad de perderse en los labios del pelirrojo. Una de sus manos se afianzó en su espalda, aún con la mitad de la manzana en ella. La otra subió hasta los cabellos rojizos de su nuca, acariciándolos mientras duraba el beso.

Se calmó, sí. Aquella terapia le gustaba cada vez más. No le gustaba fingir ni mentir, si no estaría haciéndose la nerviosa cada poco para tener una sesión tranquilizadora de aquellos labios. Aunque algo le decía que no necesitaba excusas. Igual que él tampoco las requería. Cuando él rompió el beso, ella apoyó con suavidad su frente en la masculina. Los labios rojos y algo hinchados, entreabiertos mientras tomaba aire entre ellos. Sus grandes ojos ascendieron para mirarlo, con un intento de conservar la calma.

-Tendré que desempatar entonces –susurró, con sus labios moviéndose más deprisa de lo que funcionaba su cerebro.

El cual, por cierto, estaba bastante ocupado reiniciándose tras ese beso. No debía coquetearlo… pero quería. Su pasado le decía que no debía besarlo… pero tenía muchas ganas de volver a hacerlo. Y por un instante, su mente dio gracias a Megerah, porque sin ella no sabría cómo. Él continuó hablando. Sus palabras fueron un bálsamo y a la vez despertaron inquietud en ella. De forma distinta al descubrimiento del título que ostentaba. Por ello, sin despegar su frente de la de él, ascendió una mano a una de las mejillas de Trystan, acariciando con el pulgar su barba incipiente.

-Si me sigues besando así, voy a olvidar hasta cómo me llamo –intentó bromear, antes de mirarlo con serenidad-. En ese caso, no te librarás tan fácilmente de mí. Ya me que das la oportunidad, intentaré ser digna compañía para ti. Pues no mereces menos –murmuró con suavidad, antes de fruncir el ceño para añadir algo más-. Querer y poder son dos cosas distintas. Para que consiguiesen atraparte, tendrían que pasar por encima de mi cadáver… -aseguró con resolución, antes de esbozar una sonrisa-… y no es tan fácil matarme… -añadió.

Sus irises fueron atrapados por los ajenos y suspiró cuando él se apartó un paso, bajando la mano que había dejado en la mejilla del pelirrojo. Asintió. Sí, lo entendía. Aunque a ella sí le preocupaba y le sorprendía que no tuviesen detalles con él. Era un encanto, un hombre adorable, un amor de persona. Si hasta ella, que tenía un carácter de mil demonios y no se comportaba así con cualquiera, estaba sacando su lado más sensible con él.

Cuando corrieron, estuvo pendiente de él. Era bueno corriendo, rápido y con resistencia. La carrera estaba bastante igualada, hasta que Trystan la adelantó. La cazadora frunció el entrecejo, dispuesta apretar el paso de forma competitiva, hasta que se fijó en el trasero masculino. Ralentizó sus pasos un instante de debilidad, pero sacudió la cabeza. No, de ninguna manera iba a ganar. Volvió a correr, esforzándose hasta que esta vez lo adelantó a él.

Sus labios esbozaron una sonrisa de satisfacción personal, aún cuando sentía que sus pulmones empezaban a arder. Se giró un poco, buscándolo con la mirada, y justo lo vio caer. Cambió enseguida de sentido, corriendo hacia él. De forma más veloz, olvidándose de la necesidad de oxígeno. Derrapó en el suelo justo para quedar arrodillada junto a él, dándole la vuelta para ponerlo boca arriba y poner una mano sobre el pecho masculino, mientras lo miraba preocupada.

-¿Estás bien? Trystan, ¿Te has hecho daño? –le preguntó, frunciendo el entrecejo por la preocupación. Suspiró aliviada cuando lo escuchó reír y entonces tuvo el impulso de abrazarlo, poniéndose encima de él. Sus brazos lo rodearon, estrechándolo contra sí-. Me has asustado y preocupado –susurró, antes de separarse lo suficiente como para mirarlo, sin llegar a soltarlo-. Te distrajiste cuando te adelanté, ¿hm? –intentó bromear-. Primera lección, mirar por dónde pisas y evitar las raíces salientes. Cuando me des tú la segunda lección, continuaré –esbozó una sonrisa. Entonces capturó los labios ajenos con suavidad y de forma lenta, hasta que necesitó aire. En ese beso imprimió la preocupación que había tenido en un primer momento por él y que aún no abandonaba su ser-. Ten cuidado… tienes que volver a hacer que las cuentas cuadren –murmuró antes de separarse. Se levantó y le ofreció una mano-. ¿Puedes levantarte? –le preguntó, dispuesta a ayudarlo si no era así.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Mar Jun 02 2015, 20:14

Había algo en esa sonrisa. Ese noséqué que se me contagiaba, haciéndome esbozar la mía, más tenue pero igual de sincera. ¿Y sus ojos? Grandes orbes de color cambiante en una inesperada gama de tonalidades cristalinas, que no podían definirse con una sola. Resultaban hipnóticos, capaces de encandilar hasta el más despistado. Tan expresivos como atrayentes. Juraba que aquella vez que la había visto, cuando tuvo aquel encontronazo con Leena no me llamaron tanto la atención. ¿Eran las mismas? Se hacía obvio que sí, pero a mí no me lo parecía.

Mi sonrisa se marcó más al escuchar ese susurro, acompañado de esa intensa mirada. Relajé ligeramente los párpados, dejándolos caer parcialmente antes de contestar:- Y seguiré agradeciéndotelo, pues no hay tal necesidad. -seguían siendo detalles. Y me había ido a cruzar con una mujer que no tenía reparo en hacer buenos gestos. Era algo que me llamaba la atención, pues la primera impresión que tuve al verla -o fijarme en ella-, por primera vez era bien distinta. De postura imponente, firme, al otro lado del ciervo, reclamándolo sin darme opción a replicar. Además, contando con esa primera vez que la había visto en las alcantarillas. Algo fugaz. Casi intimidante por las palabras que le dedicó a la sanadora. Costaba creer ese cambio, pues la morena que tenía delante de mí, no parecía la misma. Pero claro, ¿quién era yo para prejuzgar? Demasiado sorprendido me tenía como para querer hacerme una idea preconcebida de ella.

Mientras la escuchaba, mi propio cuerpo se inclinó, como si buscase el de ella, su calor o su misma esencia. Pero apenas se notó. Negué ligeramente con la cabeza. No era que no quisiera contarle lo que me había pasado. Es que... era demasiado. Y en parte, demasiado reciente como para que yo tuviera la entereza intacta, y la capacidad de descubrirle mi historia sin titubeo alguno o temblor en la voz. No lo había hecho con nadie. Bueno, hice un intento con Rennan. Pero me fue imposible. Y todos aquellos que me conocían más habían preferido mantener ese tema al margen cuando hablaban conmigo. Sólo Kyrieth sabía lo que realmente había pasado. Y yo no tuve que pronunciar palabra-. De seguro hay historias mucho más interesantes que la que compite a mi vida. -tragué saliva con suavidad, sin dejar de mirarla-. No hace falta mucho para darse cuenta que la vida de un rebelde nunca es fácil. -y con rebelde me refería a cualquiera que no acatase leyes o normas impuestas-. No quieras preocuparte de forma gratuita por lo que pudiera pasarme. Porque ya está. Pasó. -y no se podía cambiar. La desaparición de mis padres. La muerte de mis hijos. O el abandono de la mujer que lo había sido todo para mí en los últimos años. Nada ni nadie podía cambiar todo eso-. Y tu intención de ayudarme... me resultaría tremendamente encantadora de no ser porque no sólo se queda en intención. -lo estaba consiguiendo, en realidad. Ya fuese con esa sinceridad solemne. Esos comentarios ladinos. Su mirada. O esos benditos labios que por cada vez que probara no terminaban de saciarme.

Como el que acabé dándole como simple respuesta a su inquisitiva pregunta.

Uno que acabó haciéndome rodear su cintura, atrayéndola hacia mí, mientras devoraba sus labios en ese baile desenfrenado que ella correspondió. Otra vez. Y como las veces anteriores, me hacía querer más. No obstante, apenas alcancé a incrementar el ritmo, pues acabó faltándome el aire. Cedí, agachando parcialmente la cabeza, al ver cómo ella tenía la intención de juntar nuestras frentes. Su honestidad me hizo reír con suavidad, al tiempo de sentir ese cosquilleo que sus dedos dejaron sobre mi mejilla. Esa franqueza llegaba a encandilarme-. ¿Tanto temes perderlo? -susurré con la misma serenidad que ella-. Sólo es un nombre. No dejarías de resultarme igual de deseable... tuvieras el nombre que tuvieses. -era un secreto a voces después de tanto beso. A tiempo, llegué a desprenderme de otra exhalación marcada, para poder plantearle una réplica a sus palabras-. ¿Quién te ha dicho que yo quiera librarme de ti? -separé finalmente mi cabeza de la suya, aunque mantuviera el resto bien pegado a ella. ¿Digna compañía? Fruncí un tanto el ceño ante esa idea. ¿Qué era lo que había que tener para estar a la altura de ser una buena compañía? Desde luego, fuera lo que fuese, ella ya lo tenía... y lo superaba con creces-. Ya lo eres. -tan iguales y tan diferentes. Provenientes de dos mundos con unas ideologías tan distintas que amedrentaba a veces ese abismo que separaba nuestras maneras de pensar-. No dejaría que eso pasase. -joder. ¿Trys? ¿Hola? Tu pequeña dosis de realidad, over here. Cierto era que no tenía reparo alguno en ponerme en medio entre la muerte y cualquiera de mis compañeros, pero no llegaba a entender por qué quería evitar la suya a toda costa, habiéndonos conocido hacía nada.

Finalmente, puse distancia entre ambos, más al salir, con ese pique juguetón que supuso la carrera... hasta que casi me rompo los morros. Volvió a sorprenderme cuando no tardó en cambiar de dirección y venir a ayudarme-. Estoy bien, estoy bien. -dije entre risas mientras me giraba, con su ayuda y alcanzaba a incorporarme lo justo para sentir su... ¿abrazo? Ese gesto de cariño repentino me sacó una sonrisa, llegando a corresponderlo con un brazo-. Siento el susto. -dije con voz melosa, en mi intento por tranquilizarla. Acabé rodeando su cuerpo con el otro brazo, cuando me estabilicé en el suelo. Correspondí su mirada entonces, cuando se apartó ligeramente-. Llevo distraído desde que ayer te ayudé a matar al ciervo. -admití. ¿Se pensaba que era la única que podía ser terriblemente sincera? Hasta que volvió a besarme. Suave y dulcemente. Nada que ver con mis besos. Seguí su ritmo, casi encandilado. El hecho de que nos acabase faltando el aire empezaba a ser una constante entre nosotros. ¿Levantarme? Tomé su mano cuando me la tendió. Pero en lugar de hacer por levantarme, tiré de ella para hacer que fuese Moira la que acabase sentada otra vez a horcajadas sobre mí. Afiancé su cuerpo al mío con el otro brazo con el que no había tirado, mientras una sonrisa pícara brillaba en mi semblante.


- Segunda lección: si quieres repetir, déjate de tanta palabrería y actúa. -marqué la sonrisa un poco más antes de volver a igualar las cuentas.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Sáb Jun 06 2015, 12:31

Era la segunda vez que la dejaba sin palabras. ¿O era la tercera? No recordaba exactamente. ¿Tan rápido se le estaban olvidando las cosas? Y no era porque fuese atractivo, que lo era. No era por esos intensos ojos que él tenía, que parecían querer auscultar su alma, atraparla e hipnotizarla. Que no negaría que pudiese conseguirlo, sin duda. No era por esa sonrisa que la hacía querer ver más veces. No era por sus besos que le robaban el aliento y de los que no estaba saciada. Era por sus palabras. Que le llegaban tan hondo y mandaban su elocuencia al diablo.

Si su voz no hubiese enmudecido, le hubiera dicho que ella seguiría agradeciéndole también los nuevos detalles. Y así, en un bucle que no parecía tener fin. Porque tenía la sospecha de que no se iba a cansar de tener gestos con él. Ella que era detallista, sí, pero con un grupo reducido de personas en el que él había entrado como una exhalación. En cuestión de horas, porque ni siquiera habían pasado dos días completos, él había conseguido de ella lo que otros tenían al conocerla desde que era pequeña.

-No me importan esas otras supuestas historias. Me importa la tuya porque me importas tú –declaró con esa sinceridad aplastante tan propia de ella. Su propia mirada se volvió cálida, sin dejar de posarse en los ojos de Trystan-. Quizá te funcionen las evasivas con otros que pregunten. Pero no conmigo. Sé que es duro hablar de algo que haya pasado, un golpe rotundo, un daño que parece irreparable. Pero tienes dos opciones. O no hablar de ello y estallar. O compartirlo con alguien, sacártelo del interior. No digo que sea conmigo, no tengo derecho. Pero un día, quizá no hoy, quizá no mañana, necesitarás contárselo a alguien. Y yo estaré ahí dispuesta a ayudarte, a escucharte, a abrazarte y dejar que llores en mis brazos hasta que te desahogues –agregó en un tono suave pero contundente-. He vivido la rebeldía en mis propias carnes y no era fácil. Pero ninguno de los castigos minó mi voluntad. La vida tiene la manía de ser cruel, pero personas como tú y como yo podemos plantarle cara y levantarnos cada vez que nos haga caer –marcó, esbozando una sonrisa que haría que cualquiera recobrase el ánimo.

Porque sí, había visto ese dolor, esa tristeza en la mirada y en las sonrisas del otro resistente. Y todavía estaba ahí, aguantando. Luchando. Era fuerte. De una voluntad de hierro que estaba segura que se equiparaba a la suya. Era de esas personas que verías en la cuerda floja e inspiraban a ayudarlos para que no cayesen al abismo.

-Porque sí, tú eres fuerte. Sigues ahí por mucho que te haya pasado. Sólo que es probable que te subestimes a ti mismo, cuando no deberías. Que a veces necesitemos un soporte extra no significa que seamos débiles, sino recordarnos a nosotros mismos que poseemos esa fortaleza para volver a levantarnos. Y si tú me dejas, yo seré tu columna en la que apoyarte para que recobres esa confianza en ti mismo –susurró, mirándolo a los ojos-. Pero me preocupo –suspiró al decirlo.

No sabía por qué se preocupaba tanto por su bienestar, pero ahí estaba. Esa necesidad de verlo bien. Pero entonces él volvió a hablar, dejando ver con sus palabras que ya lo estaba ayudando. Le dedicó una sonrisa tan adorable que podría iluminar los túneles de las alcantarillas. Se emocionó al saberlo y luego bajó la mirada por ese mismo sentimiento y por algo de cohibición.

El beso le robó el aliento, sin duda alguna. Su susurro con aquella pregunta lo hizo mirarlo a los ojos. Sus irises portaron una calma como un remanso de paz, como las tranquilas aguas cuyas olas mecen. Sus labios se separaron, dispuesta a contestarle con la misma sinceridad.

-No. Temería antes no volver a perderme en tus besos –susurró, antes de ruborizarse por las palabras que él formulaba. Por lo que tardó un poco en responderle, con un hilo de voz presa de la timidez porque él hubiera admitido que le era deseable-. Y tú, aunque no tuvieses cargo alguno, seguirías siendo esa misma extraña y valiosa joya que encontré a la orilla de la cascada –murmuró.

Porque sí, había descubierto en el pelirrojo cualidades que no cualquiera agrupaba. A eso se refería con ser una joya. Una que vería como tal quien no estuviese ciego, aún cuando fuese deslumbrado con su brillo. ¿Y quién no? Se lo perdería, algo que no le preocupaba a la cazadora en lo más mínimo.

Sintió su cuerpo pegado al de ella cuando le hizo aquella pregunta retórica que la hizo enrojecer una vez más. ¿Podía desmayarse ya o le quedaba más munición? Pregunta que fue satisfecha cuando le dijo que ya era digna compañía. Sus mejillas se colorearon más. De nuevo la dejaba sin palabras. Sin embargo, se le ocurrió algo que tuvo que decir sí o sí.

-Me gustaría preguntarte por qué soy digna compañía, pero temo que sólo me sonrojarías más –comentó en un cohibido susurro.

Y… de nuevo se ruborizó, tiñendo sus mejillas de un vivo color rojo. Había conocido a personas que querían su bienestar pero se habían sentido limitadas. Aunque creía que Erah era lo suficientemente terca como para intentarlo, igual que Moira por ella. Sin embargo, Trystan la conocía desde el día anterior y parecía dispuesto a salvaguardarla costase lo que costase.

-Eso ha sido tan adorable de tu parte… Pero si alguna vez te interpones entre la muerte y yo, que no te atrape con sus oscuras garras. Te prefiero vivo –susurró, aunque tenía claro que no lo dejaría solo ante el peligro. Que, o salían de allí con vida los dos o se iban los dos al abismo.

Le alivió que estuviese bien ya en el bosque. De no estarlo, lo hubiera llevado cargando ella misma de vuelta a la base, aunque tuviese que fabricarse una camilla con ramas rápidamente. Suspiró al sentir el brazo correspondiendo su gesto, rodeándola. Si no hubiese tenido ese afán de adelantarlo, lo hubiera visto tropezar. Quizá hubiera podido atajarlo antes de que cayese.

-Lo importante es que estás bien –susurró y lo abrazó un poco más cuando quedaron sentados, ella encima de él. Los dos pares de irises chocaron y… otra vez se sonrojó-. Yo también he estado distraída… -admitió a su vez y luego enarcó una ceja oscura-. Ayudarme a matar al ciervo. Claro… Fue mi flecha quien lo mató –apuntó, unos segundos antes de esbozar una sonrisa-. Así que distraído, ¿mmm? ¿Has estado pensando mucho en mí? ¿En los besos? ¿En la ropa mojada? ¿En las marcas que seguro que te dejé? –le tiró preguntas con descaro, a la vez que ladeaba una sonrisa y le dedicaba una de sus sugerentes y juguetonas miradas.

Si le hubieran preguntado cuándo era mejor besando él, si en besos pasionales o dulces… no sabría qué contestar. Tuvo que levantarse, porque de lo contrario seguro que ninguno lo haría. Mentiría si dijese que la idea no era tentadora, pero tenía ese miedo que iba de la mano con la inexperiencia. Tampoco habían avanzado más allá de unos besos como para admitírselo, no había tal necesidad.

Entonces él tomó su mano y tiró hacia sí, haciéndola caer. Volvió a quedar sentada sobre él, con una pierna a cada lado de las masculinas. A la vez, le dio estabilidad con el otro brazo. Sus manos femeninas de finos dedos se asentaron en los varoniles hombros. Esbozó una sonrisa de diversión ante aquel sorpresivo movimiento del pelirrojo. Enarcó una ceja oscura al ver la picardía asomarse en los labios ajenos. Se mordió el propio inferior a un costado mientras clavaba sus pupilas en las de él.

¿Qué tenía aquel hombre que la hacía querer más de él? Quizá sus silencios donde observaba sus gestos, sus respuestas, su forma de actuar. O era su completa adorabilidad que la hacían querer tener detalles con él a cada rato. O que no la hubiese prejuzgado por los rumores y le diese una oportunidad, ante lo cual le daban ganas de abrazarlo emocionada. O esos levantamientos de ceja tan condenadamente sexy. O esas sonrisas que la contagiaban. O a esos besos a los que juraba que se estaba volviendo adicta. O esa fuerza interior que veía en él. O esos gestos juguetones que la sorprendían y le agradaban al mismo tiempo.

¿Segunda lección? Esa no se la esperaba. Lo miró con genuina sorpresa en sus intensos irises antes de reír quedamente. Sin embargo, le aguardaba otro hecho que no hubiera aguardado en sus pensamientos. Él volvió a capturar sus labios. La morena emitió un sonido, mezcla de suspiro y de asombro. Movió una mano a los ensortijados cabellos rojizos, atrapándolos con sus dedos y tirando de ellos con suavidad pero firmeza. Mientras correspondía al beso, imprimiendo poco a poco esa necesidad que había descubierto.

Frunció el entrecejo ante un arrollante cúmulo de sensaciones, mientras acariciaba la lengua ajena con la propia, en un ir y venir rítmico. Sólo cuando le faltó aire, rompió el beso para respirar. Sus labios se posaron en la quijada masculina, notando la barba, cerca de la barbilla. Sus párpados cayeran un momento.

-Me estoy volviendo adicta a tus besos… y empieza a gustarme estar arriba… -susurró, esbozando una sonrisa antes de mirarlo al rostro. Entonces, tiró de nuevo de sus cabellos y rozó con sus dientes la barbilla, antes de ascender y apoderarse de aquellos labios que la llamaban, primero de forma pasional y poco a poco reduciendo el ritmo, haciéndolo más lento y suave.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Lun Jun 08 2015, 08:37

Enarqué ambas cejas un tanto cuando me marcó que estaba siendo evasivo. Más que nada porque era la primera con la que, al parecer, no funcionaba el cambiar de tema, o simplemente dar largas. Aunque… ¿luego me decía que no había necesidad de que me desahogara con ella?-. No te quites derechos. Conmigo no te hace falta, pues tienes más de los que piensas. –llevé una de mis manos a su mejilla, acariciando la línea bajo sus ojos con el pulgar-. Ahora eres una mujer libre… aunque aún no te acostumbres. –alterné mis pupilas con las suyas, con una sonrisa a mitad de camino-. Nadie te robará los derechos de nuevo, mientras yo esté presente. –tragué saliva agachando parcialmente mis azules, pues, sin querer, me había ido ligeramente del tema que concernía mi historia-. Y… en lo que a mí concierne… -volví a alzarla, buscando esos ojos que contenían tantas sensaciones que no era capaz de leerlos-. No quiero aburrir con más tragedias a nadie. Y antes de que digas que no lo hago… echa un vistazo a la gente que hay en la base. No hay nadie que no haya sufrido de un modo u otro, ¿qué ganarías tú con escuchar mi historia? Después de todo, es lo que hemos dicho: va a seguir ahí. No se puede cambiar el pasado. –sencillamente, no tenía fuerzas para hablar de ello. Al menos, aún no.

Pero sus palabras acabaron atravesándome… No era su culpa pues ignoraba cuánto había perdido. Y aquello seguía afectando mi rutina. Todavía era demasiado pronto para que yo me animara a hablar de… ellos-. No voy a quitarte razón. Pero… -negué con la cabeza, separándome un poco, quitando la mano de su mejilla, algo más rápido de lo que había tardado en ponerla-. Tus palabras no me son nuevas. –por todos aquellos que, en realidad, no me conocían y vinieron a darme la típica palmadita en el hombro y decir que la vida seguía, que era probable que yo encontrara de nuevo el camino si me encontraba perdido-. Me las han repetido tantas veces… Y tantas veces me han dado ganas de carcajearme. –admití, apartando ligeramente la mirada de ella, derivándola al bosque que se adivinaba desde el túnel-. No les quito verdad… pero ahora mismo me cuesta verla.

No dije nada, no podía replicar pues yo era de los que también pensaban como ella. Lamentablemente, no estaba en situación de meterme en el grupo de los capaces, por lo que le había llegado a decir. Y para mis costumbres… era demasiado. No era por ella, era por mí. En realidad, no es que pensara que me costase abrirme y explicarle todo. A ella no. Había algo en ella que me hacía ver que era alguien de confianza. Que la comprensión marcaría sus reacciones y, aparte de que ya lo hubiera mencionado, se preocuparía por mí. Pero el problema radicaba en que yo estaba cansado de dar pena. De perder credibilidad como líder precisamente porque la muerte rodease mi figura y me golpease el estómago con contundencia y sin miramientos….

Abuff…

¿Qué pensaría ella si le dijese que no era fuerte, que vivía por inercia, centrándome en cualquier otra persona o asunto que nada tuviera que ver con mi vida? Porque… ¿qué había venido siendo mi vida en los últimos meses? Una miseria. Con ese pensamiento, agaché la cabeza y tragué saliva, dejando que ella siguiera hablando. Con sus últimas palabras, volví a mirarla, con un gesto que quise hacer neutro, aunque no sabía si lo había llegado a conseguir. Y fue entonces cuando la curiosidad pudo conmigo-. ¿Por qué te importo tanto? Y no me digas que es porque te he ayudado mucho porque tan solo nos conocemos desde hace unas horas. De seguro tienes gente que ha hecho mucho más que yo y no te preocupe tanto. –dejé entrever una sonrisa que no llegó a mis ojos, pero sí lo suficiente para hacerla ver que aún con todas esas dudas, sus palabras y esas horas que habíamos compartido, me estaban sirviendo indirectamente. ¿Otro tipo de terapia? Puede.

Respiré sonoramente tras juntar las frentes, después de otro de esos besos que veníamos compartiendo desde que nos conocimos. Acabé por sonreír ante su susurro. Satisfecho. Cohibido. ¿Por qué perdía la vergüenza con tanta rapidez con aquella morena? No podía dar la razón exacta porque la ignoraba. Igual que el rubor que sentía por cada vez que Moira me devolvía el descaro. ¿Joya? No se lo creía ni ella. O más bien, yo era el primero que no lo pensaba así. Humano. Líder. Había cientos como yo.

De buena gana, me quedaba pegado a ella más tiempo. En absoluto era esa falta de distancia incómoda, intimidante, que tensaba el cuerpo y avivaba la atención. No, para nada. Todo lo contrario, en realidad. La cercanía invitaba a acortarse, a compartir calor, a sentir el cuerpo contrario más allá de las ropas que nos cubrían a ambos-. Podría decir que por la misma razón que te hace preocuparte tanto por un desconocido que te besó tras una cascada para ayudarte. –murmuré ante esa pregunta indirecta, en esas aparentes ganas insaciables por saber de mí. Fruncí el ceño, no obstante, por lo que dijo a continuación. ¿Adorable?-. ¿Consideras adorable que yo también te prefiera viva? No sé cómo tomarme eso… -bromeé en el último momento, repasando su cintura con mis manos. Tenía mis dudas de que eso se pudiera calificar precisamente de adorable.

Poco duró la carrera, y menos tardé yo en olvidarme de ella cuando sentí su pelvis encima de la mía. La mejor manera de comprobar que alguien no se ha roto nada tras una caída es montarse encima. Sep. Sonreí de lado, controlando mis manos, exploradoras natas, ansiosas por tener la libertad de repasar esas curvas femíneas, ocultas tras la tela-. Distraída, sí… con toda la atención puesta en la terapia, diría yo… -ladino, clavé mis pupilas en las suyas, solemnes ahora como cazadora que era, reclamando la pieza-. Minucias… -murmuré antes de que soltara tal batería de preguntas que, de haber sido en otro momento, me habrían hecho agachar la cabeza y querer que la tierra me tragara, por esa desvergüenza palpable-. ¿Pensar en ti? –enarqué un tanto más la ceja-. ¿Para qué pensar en todo ello, pudiendo volver a tenerlo? –y más.

Atendí sus labios de nuevo. Una vez más. Otra vez más. Y ahí fue cuando supe que no dejaría de hacerlo, compartiese ella el pensamiento de seguir con aquella peculiar costumbre que había comenzado hacía unas horas y no habíamos dejado de tener desde entonces. El que se levantara después, no lo consideré más que una pequeña pausa, pues cada vez quería sentir más esos labios contra los míos… Aquello empezaba a ser enfermizo. ¿Cómo era posible en tan poco tiempo? Los besos se sucedían cada vez más rápido. Más intensos. Codiciosos ladrones de todo el aire que llegábamos a guardar en nuestros pulmones. No obstante, me permitía el lujo de interrumpirlos. Tan solo para perderme en esos grandes orbes cristalinos que parecían clavarse en lo más profundo de mi ser.

Así, ¿quién podía asegurar que llegaríamos lejos cazando esa mañana?

Alcancé a respirar al interrumpirnos otra vez. Sólo un momento. Suspiré por esa sugestión en sus palabras, por ese tirón en mi cabello, por esa brusca caricia de sus dientes en mi mentón y aquel beso que consumió mis labios, los que acabé moviendo insistentemente contra los de ella. Un gemido se apagó en mi garganta, al sentir la presión de sus dedos en mi cabeza. Aquello fue la bala que marcó la salida de mis manos, quienes incontrolables ya, repasaron de nuevo su cintura, bordeándola, impulsando mis brazos a rodear su cuerpo, acercándola a mí de nuevo. No contentas con ello, se marcaron por su espalda. Subieron lentamente, para poder bajar, entre su ropa y su capa, hasta la línea de sus nalgas. Terminé por ladear la cabeza, hundiendo mi rostro en su cuello, cuando aquel último beso derrochaba dulzura. La misma con la que marqué la presión que mis propios labios dejaron sobre su cuello, mientras mis manos, volvían a acercar nuestros cuerpos.

Estaba perdiendo el control con extrema facilidad.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Dom Jun 14 2015, 00:02

Los grandes y claros orbes de la cazadora miraron a los intensos azules que él poseía. Sus propios irises brillaron ante la emoción contenida, con un halo de melancolía y agradecimiento. Ella sabía que, por su antiguo status, tener derechos era algo vedado para su persona. Que por ser una desconocida, él debería otorgárselos a otros más allegados. Pero, por alguna extraña razón, los tenía. Sin saber por qué.

Dejó caer los párpados. Sus largas pestañas acariciaron el inicio de su mejilla, allí donde el pulgar empezó a acariciar su piel en un tierno gesto. Como si quisiera corresponderle de alguna forma, rozando la piel de aquel dedo con el extremo de las negras y tupidas pestañas. Entre ellas, hubo un pequeño exceso de humedad que brilló y humedeció la piel ajena. Ladeó la cabeza hacia aquella mano masculina, buscando su contacto.

-Conmigo también tienes derechos… -susurró en respuesta, antes de abrir los ojos y clavar sus pupilas en las suyas, dejándose atrapar por los profundos océanos que eran los irises del otro resistente. Se inclinó hacia delante, apoyando la frente en la de él. Exhaló el aire por la nariz con suavidad, en casi un suspiro-. Si mis derechos no van a ser robados en tu presencia, permíteme que yo robe las lágrimas que arrastren tu dolor. Déjame robar los demonios que atormentan tu interior y consiente que engañe a la muerte para continuar alejando el sufrimiento de ti por el resto de mis días –susurró cerca de sus labios. Se separó un poco para mirarlo a los ojos para contestar a lo que él continuaba diciendo-. Yo no ganaría nada. No es por mí por quien estoy dispuesta a escuchar tu historia. Es por ti. Porque cuanto más te lo guardes, más daño te causará. No puedo cambiar tu pasado, no puedo borrar tus más oscuros días. Pero puedo ser la luz que ilumine tu camino a partir de ahora. Puedo ser la luna que brilla en tu más lúgubre noche. Porque sé que me adentraría en la más profunda oscuridad para tomarte de la mano y sacarte de ella. No sé de tragedias. No tuve tiempo de conocer a mis padres como para echarlos de menos al ser asesinados. Así que a mí no vas a aburrirme. Ni con tu historia, ni con tu presencia, ni con tus respuestas juguetonas, ni con tus miradas, ni con tus sonrisas, ni con tus detalles, ni con tus besos… ni con nada relacionado contigo. Demándame por querer más de ti –le dijo mirándolo a los ojos.

Bajó la mirada, triste, siendo consciente de que le había hecho daño con sus palabras. Las cuales, en vez de reconfortarle, habían logrado el efecto contrario. Ganas de carcajearse con amargura por no creerlas. Escucharlo y saber cómo se sentía él le dolió. De una manera extraña, incomprensible, pero que estaba ahí. Pero también supo que él no estaba preparado para ser consciente de aquella fuerza que veía en él. Fue entonces cuando lo abrazó con firmeza y suavidad al mismo tiempo. Un gentil y fuerte pilar donde apoyarse, eso era lo que le ofrecía. Una de sus manos acarició la espalda masculina. La otra hizo lo mismo en los cabellos rojizos. Permaneció así, sin soltarlo, en silencio. Con su tacto cuidándolo y mimándolo, hasta que él decidiese separarse.

-No lo sé… -empezó a contestarle cuando le preguntó por qué le importaba tanto-. Sólo hay otras dos personas que me importen y las conozco desde que era pequeña. Y tú me importas más. No sé por qué, pero… así es. Es extraño. Sólo sé que no dudaría de ponerme en el medio si alguien osase amenazar tu vida. Sólo sé que quiero compartir tiempo contigo y tu tacto… y que no estoy saciada, como una adicción. Sólo sé que, cuando estoy contigo, no me siento sola. Sólo sé que, de seguir siendo esclava, hubiera escapado para volver a ti. Sólo sé que, aún viniendo de mundos tan diferentes, siento que… no parece existir esa diferencia cuando estamos juntos. Y parece una locura. Pero se siente bien… demasiado bien. Y entonces es cuando me parece un disparate resistirme a ello –respondió con aquella sinceridad tan propia de ella. Ladeó la cabeza un momento y se mordió el labio inferior, antes de volver a mirarlo con resolución-. Mucha gente no me soporta por decir la verdad. Supongo que no es cierto que no ofende –esbozó una sonrisa ladeada con un deje de ironía antes de continuar, mirándolo con seriedad-. Pero tú no eres como ese montón. Me has preguntado, esperando la verdad de mis labios. Sé que no te va a incomodar, ni enfadar ni ofender. Así que me vas a tener que aguantar a tu lado, porque yo no voy dejar de buscar tu compañía y no voy a arrepentirme de ello –agregó, mostrándole un esbozo de sonrisa con un poco de ternura que suavizaba sus facciones femeninas.

Suspiró cuando sus frentes entraron en contacto, moviendo su cabeza apenas para propiciar un roce entre ellas. Mentiría si dijese que no le gustaban aquellas descaradas respuestas que él le daba para devolverle las suyas. Aquel murmullo le hizo saber que, por la misma extraña y desconocida razón, él deseaba su compañía. No sólo en cuanto a besos se refería, a esos tan adictivos que necesitaba probar el siguiente. No. Era su cercanía, su presencia, su conversación.

-Esa extraña razón, sí –asintió al decirlo-. Muy adorable. Tómalo como que me gusta y disfrútalo sin protestar –le devolvió en tono de broma, antes de morderse el labio de costado y echarle una de esas miraditas, al sentir aquellas manos delineando el contorno de su cintura, como un escultor que moldea la arcilla con suavidad.

Una vez estuvo sentada encima de él, sus mejillas tomaron un rubor intenso gracias al comentario de su distracción. Porque sí, él había acertado de lleno. Había estado inmersa, y bastante encantada de estar dentro de su burbuja personal, en la terapia del beso. Sí, así lo iba a llamar. La terapia del increíble y perfecto beso de Trystan. Sólo y exclusivamente para ella. Ok, no. Bueno… él podía hacer lo que quisiera. Aunque la idea de compartir no le gustase. Porque extrañamente quería ser egoísta y posesiva.

-Mi terapeuta es muy bueno, no puedo prestar atención a otra cosa –le devolvió sonrojada. Y… ¡otro sonrojo! Regalo del pelirrojo. Ya había perdido la cuenta de cuántos llevaba-. Otra evasiva. Eso significa que sí pensaste en mí, como yo lo hice en ti. Puedes volver a tenerlo, pero la expectativa y el deseo de volver a probarlo es lo que hace que tu cerebro se detenga en pensar en mi persona –apuntó en un cohibido murmullo.

Cuando volvió a caer sobre él, el beso correspondido por los labios del pelirrojo le hizo olvidar su previa preocupación por la caída. Sintió de repente sus manos, acariciando su cintura, pegándola al cuerpo masculino. Murmuró sin romper el beso. Su piel se estremeció bajo la ropa, ante las caricias en su espalda. ¿Empezaba a hacer calor allí? ¿O eran imaginaciones suyas? Entonces jadeó con suavidad cuando sintió los labios en su cuello. Se mordió su labio inferior hinchado e internó sus largos y finos dedos en los rizos, insistiendo en ese contacto de la boca del otro resistente contra su piel. Con sus caderas oscilando muy sutilmente sobre las masculinas. Hasta que tuvo un momento de cordura.

-Es… espera… -susurró con la respiración tomada por las sensaciones que el pelirrojo le estaba haciendo experimentar-… Trystan… nunca he estado con nadie…





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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Trystan el Mar Jun 16 2015, 21:09

El que buscara el contacto de mi mano, cuando acunaba su mejilla, me llegó a emocionar levemente. De una forma inesperada. En realidad, con ella, todo había sido inesperado. Sus besos, esa necesidad de ella sacada de esas pocas horas que habíamos compartido desde que nos conociéramos el día anterior.

Mis labios se abrieron para dejar escapar un suspiro de alivio, inesperadamente provocado por sus palabras. Conseguí cerrar mis azules, escondiéndolos de esa clara y atrayente intensidad presente en sus pupilas, intentando controlar esa avalancha que mantenía a raya durante más de un par de meses ya. De forma imprevista, deseaba que ella cumpliera su palabra. Que me librara de esos demonios que me robaban las ganas de vivir, el sueño y la vida. Consentí, en aquel silencio al que dí paso, sin saber o atreverme a decir nada. Aún sin conocerla, la veía tremendamente convencida y capaz de hacerlo... pero, ¿por qué? ¿Por qué estaba tan decidida a hacer algo así, algo tan... tedioso por mí? Sí, dije tedioso. Principalmente, porque yo ya de por sí era introvertido y el hecho de explicar mínimamente por todo lo que pudiera estar pasando... No. No podía. Lo mejor para todo el mundo es que yo mantuviera todo ese dolor bajo llave, pues ni quería dar lástima, ni quería preocupar a nadie más. No había persona que ganara si yo contaba mi historia.

No obstante, abrí de nuevo mis azules, buscando los suyos. Acabé sonriendo con aparente tranquilidad, pese a esa hoguera que abrasaba mi pecho e incendiaba cada palabra que conllevara un dolor tácito. Tragué saliva, como si con ella pudiera menguar aquella sofocante sensación-. Jamás había conocido una persona como tú. -tan sincera, tan entregada, tan cariñosa. Parecía mentira que alguien así pudiera existir tras aquella imponente figura femenina que me miró con amenaza velada la primera vez. Moira se había convertido en una particular caja de sorpresas. Claro que, no era de extrañar, sabiendo que la había conocido el día anterior.

Demándame por querer más de ti. Aquella frase enmarcó más mi sonrisa-. ¿Más de mí? ¿No tienes suficiente? -bromeé con voz queda. Seguramente me contestaría con una negativa. Y lo entendía perfectamente, pues me pasaba lo mismo-. No podría... ni aunque quisiera. -elevé una de mis cejas por un segundo-. Principalmente, porque no sabría a quien acudir para algo así. -expliqué en un murmullo, que dejaba entrever algo de diversión, de nuevo.  Era obvio, que esa no era la primera razón, pero era la única que sabía justificar.

Y entonces, me abrazó. De sorpresa. De improvisto. Mis brazos tardaron en reaccionar, pero acabaron alzándose para corresponder los suyos, con la misma presión ejercida, juntando nuestros cuerpos. Cerré los ojos, y la sostuve contra mí, llenando mis pulmones de esa esencia suya que se adivinaba más allá de la peculiar miasma de las alcantarillas. Agradecí sus caricias con un murmullo suave, tranquilo. Sus palabras no hicieron más que aliviarme esta vez, pues eran fiel reflejo de aquella increíble y extraña sensación de que la conocía desde hacía más tiempo, que no era ninguna desconocida para mí. Ni que me fuera indiferente. No sabía cómo definir aquello, pero sin lugar a dudas, Moira se había acercado mucho y muy bien. Acabé susurrando un gracias sobre la parte de su piel sobre la que se apoyaban mis labios, antes de separarme para establecer esa conexión visual que ya consideraba una necesidad.

Sentí los movimientos de su cabeza cuando teníamos ambas frentes juntas. Esa negación dulce, en un gesto tierno por buscar más el contacto conmigo, así como la afirmación posterior, como apoyo  mis propias palabras, hasta que su broma me hizo emitir un gruñido teatral y exagerado en señal de disconformidad. Vino seguido de una risa que se me escapó por la nariz, mientras delineaba las curvas de su cintura con delicadeza.

Casi como pude hacerlo cuando la tuve encima de mí, una vez habiendo salido de las alcantarillas y habiéndome caído en pleno bosque. ¿Evasiva? Vas a ver...-. Eso significa que no he podido sacarte de mi cabeza, sí. Porque sólo tú puedes concederme que pueda repetir. -contesté, con un tono ligeramente más ronco mientras seguía con esas caricias delicadas. Bueno no, no era delicadeza precisamente. Mis dedos presionaban su ropa, ansiosos por acariciar esa piel que escondía. Piel que mis labios ya estaban saboreando, al hundir mi rostro en su cuello, estremeciéndome ligeramente al escuchar la alteración en su respiración y sentir sus dedos contra la parte posterior de mi cabeza, rogando que no me apartara.... hasta que escuché su susurro. ¿Con nadie? Sin que pudiera ver mi gesto, solté aire, tranquilizando mis ansias. Definitivamente, no era el momento para algo así. Me había dejado llevar por demasiados factores. Acabé suavizando mis caricias de nuevo, y me separé un tanto para perderme en sus cristalinas y cambiantes pupilas-. No haremos nada que tú no quieras... -murmuré, más calmado, con una sonrisa a medio camino.




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Re: I would not wish any companion in the world but you (Trystan)

Mensaje por Moira el Jue Jun 18 2015, 00:17

Lo vio cerrar los ojos y contempló su rostro, preocupada por él. No se le ocurrió otra cosa que inclinarse y rozar con sus cálidos y suaves labios los párpados del otro resistente. En una gentil y tierna caricia, como si quisiera calmar su alma a través de aquellas ventanas que eran los intensos irises azules. Finalmente los abrió y buscó los de ella, que permanecían abiertos para él. A la espera de sus necesidades. Levantó una mano para acariciar con la yema de sus dedos la línea de la quijada masculina, como si quisiera decirle que sabía que estaba malo, que no tenía que fingir sonrisas con ella.

Sin embargo, la sorprendió y la hizo ruborizarse aquella frase. Bajó la mirada, falta de palabras que contestarle y de voz, por la cohibición. Se mordió el labio inferior y alzó un poco los ojos para posarlos en el rostro ajeno. Muda, sin duda. Optando por aquel silencio que le había causado el halago de él.

-No tengo suficiente. Y creo que nunca me veré saciada ni harta de ti. Por tus palabras, te gusta. ¿Por qué gastar el tiempo en buscar a alguien para efectuar una demanda cuando podemos utilizarlo de forma más provechosa para los dos? –le echó una de sus miraditas sugerentes, ladeando una sonrisa juguetona. Ok, algo de descaro. Pero no la iba a demandar por ello, ¿verdad?

Decir que se sintió bien cuando el abrazo fue correspondido… sería quedarse corto. Fue como un cobijo, como si los dos pares de brazos encajasen a la perfección, sabiendo cómo juntar sus cuerpos como entes que han sido separados y forman uno solo al reencontrarse. Su murmullo le dijo que agradecía aquel contacto… hasta que un susurro se lo confirmó. Estremeciéndose la piel femenina ante el aliento masculino deslizándose por ella al hablar. Ambos pares de irises se miraron de nuevo, como si se perteneciesen el uno al otro.

Uff… gru-ñi-do. Con tono grave. Como la voz del pelirrojo. ¿Qué demonios le pasaba con ese hombre? ¿Qué? Agua… ¿dónde había agua? Fría. Fresca. Algo. Las duchas de la… ¡NO! Nonononono… No pienses en él sin… NO. Ufff… qué mal lo estaba pasando… o qué bien… Y… sonrojo gratuito. ¿Podían salir ya de las alcantarillas? ¿Por favor? Aire… aire fresco. Sonrió al escucharlo reír y la punta de su nariz le dio un toquecito en la ajena, de forma cariñosa, sabiendo que estaba un poco mejor.

Ya en el bosque, volvió a sonrojarse con las sinceras palabras de Trystan. Con ese tono tan ronco en su voz, con las suaves caricias que le propiciaba.

-Te lo concedo –susurró en respuesta. Las manos ajenas parecían querer comunicar que la ropa sobraba. Los labios en su cuello la marcaban con dulzura en el contacto… hasta que se calmó con sus nuevas palabras y la miró a los ojos. Tan adorable con ella, tan comprensivo. Se emocionó al instante-. Yo quiero. Contigo. A la vez me da miedo porque nunca lo he hecho. A lo desconocido, a esas nuevas sensaciones… Esa dragona nunca quiso que nadie me tocase. Es la primera vez que puedo besar a alguien sin que me castiguen por ello –susurró antes de apoyar su frente en la de él-. ¿Sigues queriendo después de saber que soy virgen?




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