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Mensaje por Nyssa el Vie Mayo 15 2015, 17:35

Ante su mudo ruego, el pelirrojo intentó colmar sus ansias, su desesperación, su necesidad de aquel placer. Pero todo cuando él consiguió fue que ella quisiera más. Sus dientes hundiéndose en su piel, sus manos presionando cada centímetro de su cuerpo, sus labios apoderándose de su ser, su lengua dejando una fina y húmeda película. Cada célula vibró, logrando que se estremeciese con aquella placentera tortura.

Juraría que su sangre era fuego líquido en aquel momento. En aquella fría noche, la temperatura de aquella habitación había aumentado. El ambiente se había tornado excitantemente pesado. Su pecho subía y bajaba en una respiración jadeante, en ocasiones deteniéndose cuando se olvidaba de tomar aire. Emitió un sonido, mezcla entre gemido y gruñido grave, cuando volvió a morderla. Juraría que él nunca había estado con nadie. Pero ambos se estaban dejando llevar por el deseo, la pasión, aquellas sensaciones desbordantes que los hacía actuar por instinto.

Había olvidado las pesadillas. Tampoco recordaba el mal rato de entrenamiento al que había estado expuesto su amigo. Su mente, embotada de placer, sólo estaba activa para pensar cómo complacerlo y cómo la estaba haciendo arder a ella. Gimió sin poder contenerse, al sentir sus labios torturar uno de sus pechos. Las uñas de una de sus manos rasguñaron uno de los hombros masculinos. Dejándole saber que le gustaba, que quería que siguiera, que la tenía al borde del abismo de placer que quería hundirse por completo en aquella sensación.

Gruñó de nuevo, cuando los dientes se hundieron de nuevo en su cuello. Regalándole aquel sonido que parecía que él también buscaba escuchar, esperando que volviese a morderla, a marcarla, a dejarle señales posesivas en su piel. Tan condenadamente sensual. Su propio cuerpo se estremeció por completo. Sus pliegues bailaron contra su virilidad con mayor confianza, acariciándolo con firmeza, masajeándolo, deslizándolo en un rítmico baile que no quería terminar. Su respuesta a aquella exhalación vertida cerca de su oreja.

Sus irises, de pupilas dilatadas por el deseo, brillaron al mirarlo. Coló una de sus manos entre los dos cuerpos, sin perder el contacto visual. Sus finos dedos acariciaron el glande con suavidad, queriendo notar su tacto, su calor, con sus yemas. Su labio inferior se vio atrapado entre aquellos dientes que tiraron de él. La otra mano ascendió a los cabellos pelirrojos del otro resistente, atrapándolos, tirando suavemente de ellos.

Cuando sus ojos volvieron a encontrarse, lo miró con ese ruego en la mirada que había estado implícito en su nombre. Y supo, en ese mismo momento, que él lo haría. Se mordió el labio inferior, dejando que él pusiese las manos entrelazadas por encima de su cabeza. Dominante. Sacó la mano de entre los dos cuerpos y la puso sobre uno de los costados masculinos, acariciando su piel en figuras abstractas.

Entonces sintió las caricias de Trystan en su sexo. Tiró la cabeza hacia atrás, con un suave jadeo. La zona más baja de su vientre empezó a tensarse. Sus labios se separaron, gimiendo. Notó la punta del miembro viril surcando entre sus pliegues. El calor y la necesidad fueron en aumento… hasta que sintió algo duro atravesándola. No pudo reprimir un quejido de dolor. Mordió uno de los hombros masculinos, rasguñó su espalda con cinco uñas, al tiempo que crispaba sus dedos entrelazados. Su cuerpo en completa tensión.

Sus párpados cayeron, cerrándose sus ojos que acumulaban lágrimas por la lacerante sensación. Sentía cómo la había abierto pétalo a pétalo, con algo… grande… demasiado grande. Aquel aguijón se ramificaba en su bajo vientre, como una agónica tortura que quería que terminase. Había sentido como si algo se rasgase en su interior. Poco a poco empezó a relajarse, abrazándose a él, buscando su cobijo.

Elevó una de sus manos a la mejilla con barba de Trystan. Buscó sus labios con los propios, besándolo como si quisiera borrar aquel daño que había sentido. Rozó la punta de su nariz con la de él al separarse y alzó su mirada acuosa hacia la de él.

-Si te mueves… hazlo despacio… por favor… -le pidió, acariciando su mentón con la barba incipiente con el dorso del dedo índice.






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Mensaje por Trystan el Sáb Mayo 16 2015, 13:01

Poco control tenía de mí mismo con tanto deseo desprendido, casi animal, colándose por todos los poros de mi piel, embriagándome con tanto calor que desprendían nuestros cuerpos en continuo roce y contacto con el otro. El cuerpo de la pelirroja me abrasaba, arrastrándome a una avidez ineludible de la que era incapaz de escapar. Pero tampoco era capaz de saciar. Mis músculos se tensaban ante todos esos sonidos que emitía, fueran gruñidos o gemidos. Ruidos lentos y suaves que aún en la intimidad de aquella ola de calor, atravesaban mis oídos, incitándome a seguir acariciándola, mordiéndola o besándola para poder escuchar más sonidos suyos. Eran realmente adictivos.

Sus manos, en su fijación por masajear mi cabeza, arrastraron mi cabello, provocándome un escalofrío que atravesó mi abdomen, encogiéndolo, mientras el aire se me escapaba de golpe. Ya no sentía necesidad -ni ganas- de acallarlo, pues en mi ignorancia de primerizo pensé que aquello la incomodaría. Iluso. Como yo, Nyssa parecía ansiar escucharme, así que, era ridículo reprimirse. Sus caderas bailaron contra las mías mientras sus uñas recorrían mi piel. Aquello me paralizó, haciéndome creer llegar al límite. Hasta me faltó el aire, cuando ella tomó esa dulce venganza a mi dominio, colando una de sus manos hasta acariciar mi erección, ya demasiado evidente. Mi cuerpo tembló entonces, y no me quedó más remedio que buscar sus labios, para devorarlos una vez más. Otra cosa que me estaba resultando demasiado adictiva esa noche.

¿Algo más? Dudaba que la lista se acabara ahí. Sobre todo, cuando me perdí en aquel verde, claro provocador insidioso a la tentación de poseerla de una vez por todas. Y no pude resistirme más. Aferré su mano por encima de su cabeza, mientras que con la otra me perdí en caricias por su entrepierna, tanteando, deleitándome con sus gemidos, hasta que entré en ella.  Las paredes de su sexo presionaban -y aprisionaban- el mío, en un abrazo tan húmedo como ardiente que amplificaba el bombeo de la sangre, golpeándome suavemente en la base de mi cabeza. Sin embargo, algo no fue bien. Su quejido -para nada parecido a todos los anteriores- y su contundente mordisco en mi hombro llamaron mi atención. Y fue entonces cuando mi conciencia pareció despertar y abrirse paso entre aquel mar de placer. Alcancé a separar mi rostro a duras penas, dejando que la preocupación nadase en el azul de mi mirada, mientras buscaba la suya-. ¿Estás bien? -conseguí articular, suave, entre jadeos y, pese a todo, intranquilo. De oídas, por conversaciones ajenas o incluso chaladuras de mi madre, preventiva ante la aparente soltura de Nyssa con los muchachos -que no era tal, pero no había forma de dejar que exagerase-, había escuchado algunos comentarios en los que caí de golpe en ese momento-. ¿Te hago mucho daño?

Mi respiración, alterada por sentir a Nyssa de aquella forma tan novedosa, se calmó un tanto ante aquella interrupción tan imprevista. Perdí parcialmente esa avidez por rozarme con ella, en un vaivén desesperante. Todo lo contrario ahora. Me quedé quieto, mirando ese brillo que se adivinaba en sus pestañas con el ceño ligeramente fruncido. Tal vez, me pudo la pasión y fui demasiado brusco. Andaba dándole vueltas, dentro del embotamiento que sentía cuando su mano se deslizó por mi mejilla y la pelirroja elevó ligeramente su cabeza para besarme. Un beso tierno, desprendido de la lujuria de instantes antes. Lo correspondí con suavidad, dejando que fuera ella la que llevara el ritmo, hasta que lo terminó.

Asentí, despacio a esa petición, con una sonrisa tranquila y leve por esa caricia en mi barbilla. Con ello, me sentí cohibido por un instante, pero aún así, quise complacerla. Y no se me ocurrió forma más inmediata que otro beso tranquilo, para volver a encauzarnos a los dos tras ese inciso. Quería seguir. Yo, al menos... pero me preocupaba ella. La pregunta de si quería que parara revoloteó en mi mente, pero no llegué a pronunciarla. Mis labios bebieron de los suyos con cuidado renovado...

Hasta que me moví, sin perder esa delicadeza, alejando sendas caderas por un momento, antes de volverlas a juntar, con parsimonia, sin esa prisa que nos había devorado con anterioridad, totalmente pendiente de las reacciones de Nyssa.




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Mensaje por Nyssa el Lun Mayo 18 2015, 14:01

Correspondió el beso, con fogosidad, anotando mentalmente una pequeña victoria. Aquellos labios de Trystan, que se movían contra los suyos como si quisieran marcarlos con su calor, la presión en su piel… Ok… quizá estaba ganando él. ¿Dónde había aprendido el pelirrojo a besar… así? No quería que parase, como una droga de la cual necesitaba más dosis. Tentándose entre los dos, dibujando un mapa de sus cuerpos, fundiéndose y reconociéndose como nunca antes lo habían hecho.

Sin embargo, su deseo disminuyó ante el dolor. A duras penas recordó la típica conversación sobre aquello de la mano de la madre de Trystan. No le había prestado mucha atención, porque no había estado interesada en acostarse con nadie. Sus hormonas habían estado bastante tranquilas hasta esa noche. Pero… algo le sonaba que era normal que doliese. No había reparado en eso antes. Del “demasiada información”, podía pasar perfectamente a un “gracias por los detalles”.

Sintió la mirada azulada posada en ella y abrió los ojos verdes, acuosos por las lágrimas causadas por el dolor. Estaba preocupado por ella. No quería inquietarlo más, pero tampoco podía mentirle. En su cabeza le dio vueltas a las palabras que debía susurrarle en ese momento. Decidió que lo mejor era no responder a la primera pregunta. Porque no, no estaba exactamente bien. Antes sí. Se suponía que eso era común y que luego… ¿menguaba? Sabía que Trystan era capaz de sentirse culpable, no podía permitir que eso pasase. Esperaba que no fuese demasiado tarde para que no lo hiciese.

-Un poco… Creo… creo que es normal, que luego se pasa –susurró para tranquilizarlo.

“Todo ha sido culpa mía y… ¿ahora él se va a poner mal? No, de ninguna manera. Trys, no pienses en eso, por favor”, pensó mientras lo besaba de forma tierna, frunciendo el ceño preocupada por él. Correspondió al segundo beso con suavidad y tomándose su tiempo, saboreando la boca ajena, recorriéndola. Hasta que él empezó a moverse con cuidado para no dañarla.

Con los primeros movimientos sintió dolor, pero intentó no reflejarlo en su rostro. Acarició la espalda masculina, deslizando las yemas de los dedos por su columna. Poco a poco se fue acostumbrando a él, a su tamaño, a sus movimientos, a su pelvis encontrándose con la suya. Jadeó cuando el placer volvió a instaurarse. Elevó las piernas de nuevo, flexionándolas, pues habían caído en la cama tras sentir el daño. Su suave piel acarició las caderas masculinas. Sus irises brillaron de nuevo con deseo, encontrándose con la mirada de Trystan. Sus mejillas se ruborizaron mientras sus labios se entreabrían, volviendo a escaparse otro jadeo suave.

Entonces presionó con sus piernas contra las caderas del pelirrojo. Lo abrazó y los hizo girar en el camastro, quedándose ella encima. Sintió otro latigazo de dolor ante la nueva posición, quedándose sentada sobre él. Su mano continuaba entrelazada con la del otro resistente y, esta vez, fue ella quien las movió, para ponerlas por encima de la cabeza de Trystan. Quedándose inclinada sobre él. Los primeros movimientos fueron torpes y muy suaves. Hasta que recordó cómo se montaba a caballo y decidió aplicarlo sobre él. Cerró los ojos con fuerza, gimiendo ante las sensaciones más intensas que le proporcionaba.

Las uñas de la otra mano rasguñaron el pecho masculino mientras se apoyaba con el final de la palma. Sus cabellos rojizos caían por encima de la cabeza de Trystan, confundiéndose con los suyos. Una oleada de placer la hizo emitir un sonido mitad gemido y mitad gruñido. Soltó la mano de quien había sido su amigo durante tantos años y se sentó sobre él, apoyando ambas manos en su torso. Tiró la cabeza hacia atrás, gimiendo, aumentando el ritmo de sus caderas. Subiendo y bajando por el tronco de su virilidad y restregando su pubis contra el de él cuando llegaba a entrar en contacto con él.

Volvió a inclinarse para acallar uno de sus propios gemidos al morder sobre uno de los pectorales masculinos, cerca del pezón pero sin llegar a tocarlo. Al tiempo que subía una mano para internar sus finos dedos entre los cabellos rojizos de él y tiraba, presa de una nueva oleada de placer. Su respiración era entrecortada, su pulso se había disparado, el calor de su cuerpo había aumentado considerablemente. Transpirada, ruborizada y cansada por el recién descubierto esfuerzo. No sabía cuánto más conseguiría aguantar.






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Mensaje por Trystan el Jue Mayo 21 2015, 13:09


Una sonrisa con aire preocupado afloró a mi rostro por su murmullo, tras esos dulces besos, que intentaban tranquilizarnos a ambos. Tal y como estaba, inmóvil, encima de ella, aún dentro, me atreví a bajar mi cabeza a su cuello para besarlo suavemente-. Avísame si no es así... -contesté a su susurro, tarde pero convencido. Si no dejaba de dolerle, por mucho que yo quisiera seguir hasta el final, me lo pensaba. Posé mis húmedos labios sobre su cálida piel. ¿Cálida? Ardía. Y yo con ella. Aquel calor me arrastraba con extrema facilidad a ese agujero de deseo del que habíamos conseguido salir -ella más que yo- momentáneamente.

Presioné entonces esa mano que tenía sobre su cabeza, suave, dulce, al tiempo que mis caderas comenzaban a moverse terriblemente despacio en un vaivén rítmico. Mis exhalaciones pronunciadas se estrellaban con la piel de su cuello, mientras lo recorría. Llegué a su oído de nuevo, atrapando con delicadeza el lóbulo entre mis labios antes de rozar sendas mejillas y volver a besarla. Al principio, podía sentir que se encogía casi imperceptiblemente debajo de mí, temblaba, pero no me decía nada... Hasta que el oírla resoplar volvió a exaltarme. Jadeábamos por cada vez que nuestras caderas se juntaban del todo y no podía evitar presionar un poco más, ansioso por sentir aún más esa fuerza oprimiendo mi excitación.

Conforme ese vaivén se fue incrementando, esas iniciales caricias suyas por mi espalda se fueron marcando, y la presión del recorrido de sus uñas me arrancó un gruñido que terminó en un quedo gemido de dolor. Joder, cómo me estaba gustando aquello. Mi pulso volvió a dispararse al sentir el abrazo de sus piernas, instigando a acelerar el ritmo. Por muy pocos milímetros que separasen nuestros labios, nos era difícil mantenerlos en un mero beso, pues los jadeos salían para perderse en el fondo de la boca del contrario. Llegó un momento en el que junté nuestras frentes mientras la mano que no tenía sujeta, bajó de nuevo por su costado, marcando el paso de mis dedos. Justo alcanzaba su cadera cuando ella completó ese abrazo que sus piernas habían comenzado y nos volvió a mover, cambiando posiciones nuevamente. Con ello, dejaba que ahondase más en su interior, haciéndome gemir al sentir aquel calor -y peso- sobre mi pelvis. Dejé de respirar por un momento cuando comenzó a moverse, a frotarse contra mí, a gemir según se aceleraba... cuando fui consciente de que ahora era ella la que mandaba... y mis mandíbulas se apretaron contra sí de la excitación.

Esa mano que aún mantenía en la cadera femenina, subió decidida hasta la nuca de la pelirroja, aprovechando que estaba inclinada. Mis dedos se enredaron en los mechones de la parte baja de su melena, y, entonces, la cerré, atrapando parte de su cabello entre mis dedos. La empujé hacia abajo hasta que pude alzar la cabeza levemente para devorar sus labios. Para hacerla ver que la deseaba con cada fibra de mi ser. Para implorarle que no parase. Para que supiera que me estaba volviendo loco aquella noche, provocándome sensaciones que no había sentido con anterioridad. Otro gruñido interrumpió el beso, fruto de la tensión que ya invadía mis músculos. Ella gruñó en respuesta, soltó mi mano y se irguió sobre mí, posando ambas manos sobre mis pectorales para evitar que yo me incorporase con ella. Su dominio, sus reglas. Resollé, contrariado, pero particularmente excitado por aquella sutil prohibición. Nuestras caderas empezaron a rozarse con vehemencia, aumentando aquella tensión cada vez más. Alcé el mentón, cerrando los ojos con fuerza, mientras mis inquisitivas manos volvían a la carga y aprovechaban su libertad para subir por sus brazos, y perderse en paseos, pellizcos y presión por el torso de la pelirroja. Su nombre se escapó de mis labios en un jadeo, con una advertencia tácita. Sus gemidos, sus caderas... ella me estaba llevando a un límite que no tardaría en alcanzar. Mis manos se aferraron a la curva de sus caderas y, de manera totalmente inconsciente, mis dedos se anclaron a su piel, propiciando, no obstante, los movimientos de aquel desesperante baile.

Agradecí con un gruñido que volviera a inclinarse aunque no me esperaba aquel mordisco. Fueron sus dedos los que se colaron por mi cabellera y tiraron con una suavidad cautivadora, haciéndome emitir un suave quejido de placer. Y fue entonces cuando un extraño escalofrío nació en la parte posterior de mi cuello, y fue bajando por toda mi columna vertebral, encogiendo mis músculos poco a poco, quitándome la respiración. Era tan intenso y cálido que podía jurar que hasta abrasaba, y así se reflejó en los gemidos que cada vez más cortos que iba emitiendo... hasta que ese vaivén me llevó al orgasmo, que me hizo rodear su cuerpo y presionarlo contra el  mío, mientras el estremecimiento me golpeaba de forma brutal y me arrancaba un ronco, largo y último gemido. Volví a respirar, pero las convulsiones que castigaban mi cuerpo entrecortaban mis exhalaciones.

Pero no se me pasó por la cabeza soltar aquel cuerpo femenino que se estremecía encima de mí.




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Mensaje por Nyssa el Dom Mayo 24 2015, 18:56

Asintió, dedicándole una suave sonrisa para tranquilizarlo. Sabía que él estaba preocupado por ella, siempre velaba por su bienestar. ¿Cómo no adorarlo? ¿Cómo no hacer lo mismo por él? Cuidarlo, protegerlo, hacerlo sentir bien, estar junto a él cada vez que la necesitase… y callar su propio dolor, sus propios temores, para que él no le diese mil vueltas a las cosas. Porque sí, lo conocía. Pondría la mano en el fuego porque, al saber que a ella le había dolido, él no paraba de pensar en ello.

Tenía que distraerlo, tenía que… Un murmullo brotó de sus cálidos labios al sentir los de Trystan sobre su piel, refrescándola con su humedad. Los movimientos del otro cuerpo eran suaves, cuidándola, intentando no hacerle daño. La respiración ajena se vertía a sus oídos, devolviéndola a ese rincón de deseo que había abandonado momentos antes. El sensible pedazo de carne que era el lóbulo de su oreja fue atrapado por aquellos labios que dejaron sin aliento a los suyos. Se le escapó un jadeo ante aquel sugerente tacto y ladeó su mirada verdosa como si quisiera decirle un “eso me ha gustado”, con evidente excitación en sus irises.

Sus jadeos se confundían con los masculinos. Sus dedos acariciaban aquella varonil espalda, sintiendo el movimiento de sus músculos bajo sus yemas. Tan invitante, cautivador, sensual. Se lo podía imaginar fácilmente gracias a esos entrenamientos sin camisa, forzando su anatomía, con ella husmeando desde un rincón, por detrás y… Ufff… calor… No que lo estuviese espiando… no a menudo… a veces… No importa. El caso es que tenía bastante material para visualizar en su mente aquella espalda moviéndose sobre ella. Y le gustaba. Hacía arder su piel.

Jadeó, lo arañó, lo mordió en el cuello invitantemente al escuchar aquel gruñido. Pero lo soltó para mirarlo preocupada. ¿Aquello había sido un gemido de dolor? ¿Le había hecho daño?

-¿Trys?... Estás biaaaah –jadeó cerca de la boca ajena.

Ascendió la mano a acariciar la mejilla del otro resistente. Sus ojos buscaron los de él, para cerciorarse de que estaba bien. Volvió a escuchar los jadeos de placer, algo que la alivio y la encendió al mismo tiempo. Sus frentes quedaron unidas. La punta de su nariz rozó la de Trystan, mientras él le arrancaba delicados jadeos. Por un momento dudó si bajar su mano a la zona lumbar, tan cerca del nacimiento de aquellas bien formadas nalgas que el pelirrojo tenía. Pero prefirió cambiar las tornas.

Aún cuando él estaba debajo, parecía que su faceta dominante no menguaba. Aquella que había despertado ella esa noche. La mano masculina se cerró, atrapando sus cabellos. Siseó, bajando su cabeza tal y como él le demandaba con su empuje. Jadeó contra sus labios antes de corresponderlo, con pasión, necesidad. Trystan la deseaba a ella, a una pelirroja que había entrado con huracán en su vida, que se había convertido en su lapa personal, en admiradora entre las sombras, suspirando por él en secreto al principio de la adolescencia. A quien había entregado su virginidad y del que, estaba segura, había robado también la suya.

Un escalofrío se trasladó a su espina dorsal al escuchar aquel gruñido. Le gruñó en respuesta, imponiéndose, sacando aquella parte de su ser que desconocía. La excitante visión de su rostro, de aquellos ojos azules cerrados, se grabó a fuego en sus recuerdos. Aquellas manos dibujaron el torso femenino, invitándola a dejar escapar jadeos, suspiros, suaves gemidos ante aquella placentera tortura.

Dijo su nombre. No como otras veces. Tampoco entendió aquella advertencia. Pero sus intensos irises verdes lo miraron con una mezcla de pasión y adoración bien combinada. Hasta que dejó caer los párpados, entregada a las sensaciones. Sus manos la ayudaron con los movimientos, oscilando sus caderas sobre él. Pero tomó una de ellas, ascendiéndola a sus labios. Su sonrosada lengua se dejó entrever, apenas la punta, rozando las yemas de sus dedos. Antes de bajarlos a uno de sus pechos, en una muda petición de que la tocase.

De nuevo inclinada sobre él, siseó excitada cuando volvió a gruñir. Lamió la mordida cerca del pezón ajeno, describiendo figuras abstractas con la punta de la lengua. El cambio en sus gemidos llamó su atención, pero embotó aún más su mente de placer. Lo sintió tensarse. Una de sus manos volvió a tirar de los cabellos rojizos mientras besaba con sus ardientes labios el desprotegido cuello de Trytan. Los otros cinco dedos presionaban contra la piel de uno de los costados masculinos.

Ambos cuerpos quedaron uno contra el otro cuando él la rodeó. Gimió contra su piel sintiendo que el calor en su ser aumentaba considerablemente. Notó algo nuevo en su interior, que hizo que sus caderas dudasen entre quedarse quietas o mecerse contra las de él. Su vientre se tensó. Se estremeció sobre él, emitiendo sonidos mezcla de jadeo y gemido. Alargó un poco el cuello de manera que un gruñido de placer emergió de su garganta antes de quedarse quieta encima del pelirrojo. Su cuerpo continuaba estremeciéndose. Sentía escalofríos y su respiración estaba entrecortada.

Ocultó su rostro entre el cuello y el hombro masculinos. Los dedos crispados se movieron entre los cabellos de Trystan. Con los ojos cerrados, deslizó la punta de su nariz desde la mandíbula hasta la mejilla, ronroneando en un murmullo por la incipiente barba. Aquel último momento la había abrasado. La había atravesado con varias oleadas de placer multiplicadas que habían desencadenado en el clímax. Pero ahora se habían quedado tranquila, cansada, relajada. Con él aún dentro de ella. Hasta que su mente pudo volver a reconectar.

-Trys… ¿puedo… puedo seguir quedándome a dormir? –susurró entrecortadamente, no sabiendo cómo actuar ni lo que él haría o querría.

No lo quería obligar a estar con ella. Ni siquiera sabía cómo se sentía después de que ella prácticamente se le tirase encima. Su mejor amigo, casi un hermano, su compañero, su remanso de paz en las noches de pesadillas, su apoyo, su primer amor y el primero que le había roto el corazón sin ser consciente, su primer beso, su… ¿amante? Pero no exactamente suyo. Estuvo tentada a abrirle su corazón otra vez, a no ponerle empeño en cerrárselo por anteponer su amistad.

Por un momento se sintió como si aún tuviese quince años, cuando todavía lo miraba como si esperase que algún día él se diese cuenta de que estaba ahí. Cerró los ojos con fuerza. No. No de nuevo. Lo abrazó, decidida a mantener su decisión. A ser lo que él quisiera que fuera. Una de sus manos se movió para descansar sobre el corazón del pelirrojo. Las yemas de sus dedos acariciaron la piel con suavidad.

-Trys… ¿Te... ha gustado? –susurró, intentando que su respiración se normalizase, antes de agarrar con la otra mano las mantas para taparlos, porque empezaba a hacer frío. Quería saber lo que él pensaba sobre aquella noche, pero… no se animaba a preguntarle directamente. “¿Y ahora qué?”, pensó.





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Mensaje por Trystan el Sáb Mayo 30 2015, 13:53

Sus dedos se hundían en mi cabello y tiraban de él cuando me dejé llevar por esa tremenda ola de placer que implosionó en mi interior, dejándome sin control alguno de mi cuerpo, mientras se estremecía fuertemente. Puede que, hasta en un par de segundos fuese incapaz de pensar con claridad o hilvanar idea alguna. Sólo era consciente del calor que el cuerpo de Nyssa desprendía, presionando nuestros vientres. Sus jadeos descompasados. Esa serie de gemidos, predecesores de aquellas contracciones de su sexo me indicaron que ella también había llegado al orgasmo, provocándome un par de estremecimientos involuntarios más por mi parte, al presionar mi aún excitado miembro, ahora sensibilizado después de tanta tensión. Y, sin llegar a saber por qué, el sentirla temblar... me encantó.

Mi respiración comenzó a ralentizarse. Pero se lo tomaba con relativa calma mientras yo me negaba a soltar aquel cuerpo que me había hecho rozar el cielo aquella noche. Jamás había visto a Nyssa tan condenadamente deseable, femenina y dominante. Y no me entraba en la cabeza cómo me había podido gustar tanto. Lo suficiente como para que yo reaccionase como lo había hecho, pese al cansancio, las horas... O el mero hecho de que sólo éramos amigos.

¿Sólo? Cierto era que habíamos sido inseparables durante estos últimos ocho años, en los que habíamos vivido de todo. Yo había aprendido de ella. Supongo que al contrario pasaba lo mismo. Nos buscábamos. Nos protegíamos el uno al otro. Nos queríamos... Pero lo que acababa de ocurrir... ¿Cambiaba las cosas? Por mi parte, juraba que no... No, ¿verdad?

Sentí su caricia a través de esa barba incipiente en mi rostro, que provocó un intento de sonrisa que no llegó a dibujarse del todo en mi cara-. Por favor... -contesté en un murmullo mientras presionaba algo más ese abrazo que ya tenía a su alrededor. Aún estaba recuperando la consciencia, como cuando despiertas de un sueño tan profundo que te pasas un par de minutos desubicado hasta que vuelves a recordar todo.

Era la primera vez que veía a la pelirroja desde una perspectiva tan pasional. La primera vez que quise devorar a mordiscos, besos y caricias, su esbelto y compacto cuerpo. Nuestra primera vez. Juntos, me refiero, pues no tenía tan claro que Nyssa hubiese o no estado con otro hombre antes. Algo atropellado, rápido. Una explosión de lujuria, consecuencia de un inexperto beso cualquiera.

Mi cuerpo se resintió entonces de tanto esfuerzo, hundiéndose algo más en el camastro. También empecé a acusar el pequeño peso que suponía Nyssa sobre mí. Acaricié su espalda, relajando levemente mis brazos, antes de ayudarla a cubrirnos de nuevo con la manta que se había arrugado en un rincón. Su piel se estaba quedando fría para lo ígnea que se me antojó momentos antes. Suspiré, volviendo a abrazarla y rodar levemente hacia un lado, girando nuestros cuerpos y recostando el suyo sobre la cama. Fruncí el ceño un tanto cuando finalmente salí de su interior, con un último escalofrío.

¿Gustarme? Buah... -. Repetiría... -respondí con la ternura primando en la comisura de mis labios-. Sin dudarlo, Nyss. -añadí, alzando los dedos para apartar un mechón rojizo que caía sobre su rostro, llevándolo detrás de su oído. Francamente, cómo habíamos llegado a eso seguía sin importarme. Era algo que ya no íbamos a poder cambiar. Aunque por mi parte no es que quisiera, precisamente. No obstante, si me hubieran dado la opción de cambiar algo, no me habría pensado mucho el qué-. Siento haberte hecho daño... -tan inocente y tan tonto. Ella había dicho que era normal, ¿no? Aunque tampoco podía decirse que ella fuese una erudita en cuanto a sexo se refería.

Pero bueno, yo tampoco, al fin y al cabo.




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Miér Jun 03 2015, 13:31

Suspiró mientras en sus labios afloraba una sonrisa. No era que él se sintiese obligado y no pudiese decirle que no. Quería que se quedase. Dejó escapar un suspiro de nuevo cuando afianzó más el abrazo, con su corazón latiendo contra el de él. ¿Por qué nunca le negaba nada? Además de ser adorable. Pero ella a veces era una auténtica molestia. A veces se preguntaba si Trystan era capaz de ver en su interior. Descubriendo capa por capa hasta llegar a la esencia de su ser. Y la sola idea era un alivio y a la vez inquietante.

Nunca le había contado sobre su padre adoptivo. Nunca le había mencionado el dolor, la impotencia, la pérdida, la soledad… guardándolo todo en un lugar profundo al que sólo accedía a través de sus pesadillas. Si Trystan era capaz de ver aquella oscuridad que la quería engullir por dentro, ¿seguiría allí? Si descubriese todo de ella, ¿continuaría queriéndola? ¿O la abandonaría como los demás? Y en el instante en que las preguntas se arremolinaban en su mente, sólo una respuesta se imponía. Él estaría ahí. Era probable que fuese el único que permaneciese a su lado.

Las caricias en su espalda la hicieron murmurar contra la piel ajena, relajándose. Correspondió acariciando los rizos rojizos que él tenía, con suavidad, jugando con ellos entre sus dedos con calma. Justo antes de que él volviese a abrazarla para girarlos y recostar su pequeño cuerpo en la cama como si fuese un delicado pétalo de una rosa. Emitió un quedo sonido cuando él salió de su interior, sintiéndose vacía y a la vez un poco dolorida.

Sus intensos ojos verdes, de apariencia sobrenatural por su increíble tonalidad, lo miraron al rostro. Sus carnosos labios, rojos e hinchados, esbozaron una sonrisa al escucharlo. Alzó la mano libre y acarició la mejilla del otro pelirrojo. Bajó los párpados y suspiró con suavidad, al sentir que acomodaba con ternura uno de sus mechones. Se portaba tan bien con ella… no pudo evitar volver a mirarlo con una nueva sonrisa llena de cariño.

-Yo también… -susurró en respuesta.

Aunque no sabía cómo ni cuándo. Sus hormonas habían despertado de una forma extraña, aplastante y contundentemente. Desconocía el motivo. Había sido raro. Pero… sería injusto negarle volver a hacerlo… máxime cuando había sido ella la culpable de todo y se le había tirado encima. ¿Y qué quería ella además de no negarle algo y protegerlo? Quería volver a sentirlo. Con él. “No vuelvas a enamorarte de él”, pensó de pronto, como si se encendiese una alarma en su mente. Porque había sido difícil amarlo y estar a su lado sin decirle ni ser correspondida. Porque había sido complicado aquella lucha interna hasta conseguir superarlo.

Y sin embargo, cuando se disculpó, lo miró como si fuese el hombre más encantador que existía. Tembló un poco e hizo amago de tragar saliva, antes de esbozar una sonrisa de tranquilidad para no preocuparlo.

-Me hiciste otras cosas también –intentó bromear-. El dolor… mmm… recuerdo parte de una conversación con tu madre… Algo sobre que la primera vez dolía, pero no le di importancia –se irguió de hombros y luego se sonrojó al darse cuenta de lo que había dicho. Bajó un poco por la cama, intentando esconderse bajo la manta-. Mmm… ha sido mi primera vez… en todo… -murmuró cohibida, evitando mirarlo y con un evidente rubor en sus mejillas-. Ah… cambiando de tema… siento haberte hecho daño en el cuello y en la espalda… ¿Te duele mucho? Puedo ir a por algo para curarte –comentó con carita preocupada. “Claro, bonita excusa para huir”, pensó para sí-. Pero es que… entre tus mordidas y tus gruñidos… -soltó de repente… y tan pronto como alzó la voz, volvió a bajarla en un cohibido hilo de voz, escondiendo parte de su rostro en la manta para que no se viese el tono burdeos-. Me excité más… -murmuró. “Puff… felicidades, ahora es cuando tu cara explota de pura vergüenza”, se reprochó mentalmente.





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Mensaje por Trystan el Vie Jun 05 2015, 17:03

Si me paraba a pensar… cada vez eran menos, las cosas que no había llegado a hacer con Nyssa en todos estos años. Y aquella noche había hecho más de las que nunca llegué a imaginar. Me había robado el aliento y la cordura, entregándome su cuerpo de la misma manera en la que yo me había rendido a él. A ella. A todas esas curvas cuyo roce aceleró mi pulso paulatinamente hasta que fue mi propio cuerpo el que sucumbió al placer. ¿Cómo no iba a hacerlo? Nyssa era atractiva y yo no tenía reparo en admitirlo. Que ella prefiriese ignorar el poder de sus encantos ya no dependía de mí. Desde luego, por tantos años conociéndola, pensaba que yo era inmune a ellos. O quizás sólo quería convencerme de ello. Porque la realidad era bien distinta y esa misma noche había quedado demostrado.

Por más que hubiese empezado ella, me fue tremendamente fácil seguirla. Dejarme llevar. Tal vez porque había sido la primera vez que una mujer había pasado la barrera de un simple beso para yacer conmigo en la cama, llevarme a la locura con sus gemidos, con su calor y todos esos movimientos sinuosos conmigo en su interior para hacerme explotar como nadie lo había conseguido antes.

Pero, ¿por qué esta noche?

Era algo que me empezaba rondar la cabeza, ahora que estaba más despejado. Momentáneamente, al menos, pues sentía todo ese cansancio del día, ahí, agazapado, dispuesto a saltar y apoderarse de mi cuerpo en cualquier momento. Sus caricias en mi cabello junto con su murmullo, como respuesta a las que yo dejaba en su espalda me hicieron esbozar una sonrisa, antes de movernos a ambos. Quedamos de lado, enfrentados el uno al otro, desnudos. Tuve a bien elevar uno de los brazos para que ella lo usase de almohada, al tiempo de corresponder su intensa y glauca mirada con mis claras pupilas. Mi sonrisa se marcó algo más con aquella caricia suya en mi mejilla y su susurro en contestación.

No obstante, había algo que no terminaba de cuadrarme. Por su parte y por la mía. Llevábamos durmiendo juntos casi desde que nos conocíamos. Nyssa se colaba en mi cama prácticamente todas las noches desde aquella primera vez que hablamos. Y no habíamos tenido nada hasta hoy. Ni un beso… mucho menos, sexo. En lo que a mí concernía, dudaba mucho que alguien que lo hubiera probado ya durase tan poco. Pero bueno, había sido demasiado precipitado como para no suponer que aquello también se perfeccionaba con la práctica. ¿Con Nyss? Fruncí el ceño ligeramente al escuchar esa pregunta interna. Y me sorprendí que aquel murmullo que yo había emitido diciendo que repetiría, volviera a pronunciarse en mi cabeza, afianzando la idea de que sí quería repetir con la pelirroja. Volver a recorrerla con mis dedos, mis labios, mi lengua, seguir conociendo sus rincones más íntimos, haciéndola mía otra vez.

Pero ni era el momento, ni tampoco me iba a preocupar ahora por forzar a que aquello pasara de nuevo lo antes posible.

Asentí ligeramente, confirmando sus palabras. Otras cosas. Sí, había ciertas cosas que no me paré mucho a pensar, simplemente dejé que el deseo por ella tomase el control y llevara mis manos o mis labios a reconocer, a memorizar todas esas curvas que suponían cualquiera de los límites de su cuerpo. Me pareció adorable esa vergüenza que tiñó sus mejillas y la hiciera encogerse sobre sí misma cuando me admitió, sin querer, que había sido su primera vez. Mi gesto se impregnó de ternura y no pude reprimir el acercarme para posar mis labios en su frente-. ¿Sirve de algo que te diga que también fue la mía? –murmuré separándome un poco, lo justo para poder apoyar mi frente en la suya y quedar pendiente de esos párpados que ocultaban su mirada-. No necesitas una excusa de querer marcharte, ¿hm? –maticé, como si aquellas palabras suyas llevaran implícita las ganas que pudiera tener de irse. Que no era el caso, pues momentos antes me había preguntado si podía quedarse-. Estoy bien... –me dolía, vale. Pero, sarna con gusto no pica. Reí por lo bajo ante su confesión. Si mis mordiscos y gruñidos habían contribuido a su excitación… -. Puedo decir que me ocurrió lo mismo con tus arañazos, o la manera que tienes de gemir… -se me escapó el tono ronco, casi sugestivo en mi voz, con una sinceridad que ya no sabía si era fruto del recuerdo de lo que habíamos hecho hacía un momento o del cansancio. Esa misma mano que había recogido los mechones rebeldes, bajó hasta su barbilla, la tomó entre sus dedos, y la empujó hacia arriba. Quería que me mirara-. Nada de lo que tengas que preocuparte, Nyss…




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Sáb Jun 06 2015, 18:32

Apoyó su cabeza sobre el brazo que él le dispuso de almohada. Uno de esos detalles que el pelirrojo tenía y que no podía rechazar. Pequeños gestos que ya le eran familiares, no como los minutos previos. Había conocido a un Trystan distinto, uno que parecía que ella había despertado. ¿Cómo podría calificarlo? Candente. Sensual. Dominante. ¿Posesivo? Pero también la había cuidado, se había preocupado por si le hacía daño. Seguía siendo él pero con otras facetas. Unas bastante interesantes, por cierto.

Parpadeó de forma encantadora cuando sintió los cálidos labios del otro resistente en su frente. Tan tierno. Tan pendiente de ella. Tragó saliva un momento antes de escuchar su murmullo. Sus párpados se elevaron, dejando ver sus intensos irises verdes, aún con las frentes apoyadas. Su expresión denotó sorpresa. Aunque luego pensó un “¿cómo va a estar con otra persona en la cama si yo vengo todas las noches a molestarlo y no le doy oportunidad?”.  Porque sí, casi se había hecho un hueco en el camastro que ponía su propio nombre.

Después se dio cuenta de que era la primera vez de él. Enhorabuena, como si él no lo hubiese dicho claramente. “¡Le he quitado la virginidad a Trys!”, casi llegó a gritar en su mente, al tiempo que su mandíbula inferior caía al abrir su boca. ¿Y ahora qué se decía en estos casos? “Siento haberte casi violado y robarme tu primera vez sin preguntar primero”. Claro… a ver si había ovarios de decirle algo así. Entonces le dio un toque en el hombro tras fruncir el ceño.

-Podrías habérmelo dicho antes –le soltó, como si ella dijese mucho las cosas-. Pfff… seguro que había alguna chica que te gustaba y yo he saltado sobre ti y… pffff –miró hacia abajo, con carita triste-. Lo siento… siempre te meto en problemas. No te merezco. Soy un desastre y tú siempre pagas los platos que yo rompo –sus manos se convirtieron en puños agarrando el borde de la manta.

Se sintió mal. Había hecho bien en no decirle por aquel tiempo lo que sentía por él. Porque Trystan era tan adorable que no merecía que alguien como ella lo amase. No, él merecía alguien mejor. Por mucho que aquella vez que lo vio besando a otra chica, se largase a llorar desconsolada en un rincón. Para después meterle un buen puñado de pimienta blanca en la comida a ella, a ver si echaba fuego por la boca y su amigo no la besaba más. Un acto impulsivo y gracias a los celos, sí. Algo que no había vuelto a repetir porque luego estuvo meditando. Había visto injusto obligar a Trystan a estar solo. Y ahora, le había quitado la oportunidad de darle esa primera vez a otra persona.

-Sólo… quería cambiar de tema… Estoy… cohibida, ¿vale? Que has sido hasta mi primer beso. Y… siempre pensé que… nadie me besaría. Meh, al final lo hice yo –murmuró, chasqueando la lengua al final-. Soy poca cosa, ¿vale? No soy guapa, no tengo el mejor cuerpo, soy molesta. ¿A quién voy a gustar? A nadie. Siento que te estoy imponiendo mi presencia. He ido demasiado lejos esta vez –se le trabó la voz y bajó los párpados al sentir sus ojos acuosos-. Me gustó… pe… pe… pero… tu madre tiene razón. Me tomo demasiadas confianzas –suspiró con tristeza-. Mentiroso… -susurró cuando él dijo que estaba bien.

Lo miró de nuevo cuando lo escuchó reír. “Eso, diviértete”, pensó. Pero no esperaba su respuesta y mucho menos en ese tono que… Sintió un escalofrío recorrer su columna vertebral. Juntó sus propias piernas y le gruñó con cara de “deja de hablar así”. Cabe decir que se sonrojó más y quiso esconderse definitivamente bajo la manta. Sin embargo, él tomó su barbilla y la hizo ascender, para mirarlo.

-Claro que tengo que preocuparme. Estaba excitada, me abalancé sobre ti, te besé cuando dormías. Y cuando me preguntaste, no te contesté. Seguí besándote y tocándote y… genial, he pasado de ser una acosadora a ser una violadora –hizo sonido de pfff, sonrojándose más aún, tras hablar con rapidez, casi atropelladamente.





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Mensaje por Trystan el Mar Jun 09 2015, 17:12

La expresión de Nyssa ante mi confesión fue esclarecedora. Y me extrañó. Pensaba que era la que mejor podía saber algo así. Ella, que dormía conmigo tan a menudo. Se me hacía demasiado raro que se sorprendiera así-. ¿Habértelo dicho? -Oh, perdona, casi no tuve opción de hacerlo. Y cuando la tuve, je, no estaba del todo lúcido para ello. Digamos que esas curvas femeninas que se dibujaban en su cuerpo me tenían totalmente abstraído-. ¿Habría cambiado algo, Nyss? -enarqué una ceja, inquisitivo. Como la conocía, sabía que no serviría de nada que yo le dijese que no había ninguna chica que me gustara en aquel momento, o que no me importara que saltara sobre mí, o que todo lo que dijo después yo no lo veía así-. Me da igual pagar los platos rotos. -juraba que había platos que yo mismo quería romper, valga la expresión-. No me gusta que pienses así, pelirroja. Sabes que no es cierto. -si me metía en problemas era porque yo me dejaba. Porque yo la buscaba-. Yo tampoco te dije que no. -ni antes, ni en todas esas situaciones anteriores en las que tuve opción. Hice presión contra su frente durante un momento, suavemente, en un gesto tierno-. No quiero que te preocupes por algo así, por favor. -susurré. No era el momento. ¿O sí?-. Pero si te ayuda... te puedo garantizar que no había ninguna mujer que llamara mi atención. -de hecho, estaba muy tranquilo en lo que concernía a ese tema tan tabú y escabroso.

No llegaba a entender por qué Nyssa podía llegar a sentirse tan culpable-. Y... hasta diría que... de haber podido elegir... -fruncí el ceño, en ese arranque de sinceridad que bajaba considerablemente el volumen de mi voz- no habría cambiado el hecho de que fueras tú. -moví la cabeza ligeramente, para propiciar el roce con la suya, meloso. Nada que ver con el Trystan que se había desbocado momentos antes. No podía garantizar que, de haber sido otra, me hubiera comportado igual, pero en aquel momento sí me sentía capaz de admitir que sólo ella era capaz de encenderme así. ¿Por qué? En ocho años no había pasado nada entre nosotros, ¿por qué estaba tan seguro de mí mismo en cuanto a eso?  

Tal vez, ¿había algo que no supiera, que alimentase esa seguridad?

Saber. Un verbo demasiado relativo. Reflexionar. Algo que estaba en desuso últimamente, cuando los impulsos mandaban y seguía sin conseguirse nada. ¿Observar? Uy, otra cosa que no se acostumbraba a hacer, aunque sí que era cierto que por mi parte, prefería callar y ser prudente a perder toda cautela y meterme en problemas. Pues era así, a menor precaución, mayor era el problema. Y quería pensar que todo el mundo era consciente de esa relación, por mucho que les pesara.

Pero volviendo al momento, a las alcantarillas, a aquel habitáculo en el que yo dormía, a nosotros dos... desnudos, en aquella cama que tanto habíamos compartido... ¿En serio había que reflexionar acerca de ello? ¿Qué podía implicar el haber tenido sexo por primera vez con la pelirroja con la que había compartido tantas cosas? Tiempo, risas, aventuras, peleas, sueños... incluso, la cama. Ahora en todo el sentido de la palabra.

Pero Nyssa, parecía darle todas las vueltas. Por mí y por ella.

Quise callarla. Y no se me ocurrió mejor modo de acabar con ese nerviosismo, con esas palabras que reflejaban ese poco orgullo pisoteado que tenía, considerándose tan poca cosa. No podía estar más equivocada. ¿Pecaba yo por querer hacerle ver lo contrario a lo que pensaba? Lo cierto era que, con ese profundo beso que me animé a darle, dudaba mucho que consiguiera tal cosa-. Ahora soy yo el que se toma confianzas. -susurré después de interrumpirlo, antes de morderme suavemente el labio inferior-. ¿También soy un desastre? ¿O he ido demasiado lejos? -parafraseé sus palabras, sabiendo de antemano las respuestas que me daría.

- Independientemente de lo que ha pasado esta noche... Nyssa, puedo asegurarte que antes que amigo, soy hombre. -a la mierda, de perdidos al río-. Y puedo asegurarte que no coincido contigo en nada de lo que has dicho. -era guapa, no tenía nada que envidiar de nadie en cuanto a cuerpo se refería. Y yo, como bien había dejado caer, estaba seguro que aquella mujer con la autoestima tan baja podía llevar a la locura a cualquier hombre que ella se propusiera.

Volví a escucharla, como no podía dejar de hacer, sonriendo por sus ocurrencias-. Pues no se te da nada mal. -enarqué una de mis cejas en un impulso pícaro que duró un segundo, mientras volvía a sonreír abiertamente, al borde de una plácida y suave risa que quiso cruzar mi garganta. Lógicamente, era una broma. Una broma que dejó un silencio, que volvió serio mi gesto, que me hizo pensar en una cosa. Tragué saliva, perdiéndome en esas intensas esmeraldas, remarcadas por esas mejillas sonrojadas-. Nyss... ¿t-te arrepientes? -quizás yo no quería escuchar tanta excusa que ella estaba poniendo. O tanta explicación. Si intentabas explicarte o justificarte, no podía implicar que lo hubieses disfrutado, ¿no?




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Vie Jun 12 2015, 18:06

¿Si habría cambiado algo? Lo pensó un momento. Según había sucedido todo en aquella noche, era probable que se le tirase encima de igual forma. “¿Que dices que eres virgen? No te preocupes, ya me encargo de comerte la boca”, básicamente había perdido todo el control, así que el resultado hubiese sido igual o parecido.

-Meh… no… Te habría seguido besando igual –respondió con un evidente sonrojo. Apretó los puños que sujetaban el borde de la manta, con los irises brillantes por la tristeza-. Porque tú eres un amor y me soportas y consientes demasiado. No es justo que yo siempre te meta en este tipo de situaciones… bueno, no de este tipo… ya me entiendes –y pareció hacer un gracioso sonido entre cohibición y tristeza-. ¿Y cuándo me has dicho que no? –murmuró, intentando un tono de protesta que quedó en un absoluto fracaso por el gesto tierno del otro pelirrojo.

El pedido susurrado en cuanto a no preocuparse logró que lo mirase con una carita adorable difícil de descifrar. Acarició la punta de su nariz con la de Trystan, con suavidad. Sin embargo, las siguientes palabras fueron en cierto modo un alivio y un peso sobre su pecho. No le había destrozado el interés sobre otra mujer. Pero tampoco lo tenía por ella. Y se dijo a sí misma que era mejor así, que así no se hacía falsas ilusiones, que le ayudaría saberlo para diferenciar. Eran amigos. Se habían acostado. Punto.

No obstante, lo miró a la expectativa. “¿Que de haber podido elegir? ¿Hm? Termina esa frase”, pensó la resistente. La voz masculina disminuyó en volumen, haciéndola saber que le iba a hacer una confesión.  Hasta que la completó. Sus ojos verdes se abrieron de par en par al mirarlo. “¿Yo? ¿Yooo? ¿Porrrrrrr qué?”, le salió un ronroneo suave al final que inundó su mente y sus labios, al sentir la caricia entre ambas cabezas.

-¿Prrrr qué? –ronroneó sin darse cuenta también en un susurro aquella pregunta, mientras bajaba a deslizar su mejilla contra la barba incipiente del pelirrojo.

Y ocurrió algo que no había previsto. Un beso. Sus labios se adueñaron de los carnosos de la híbrida. Con seguridad, de forma profunda. La sorprendió y su boca al final se movió correspondiéndolo como podía. Con una mano acariciando los rizos masculinos.

-No es lo mismo… -murmuró en réplica-. Tú no eres un desastre y no has ido demasiado lejos. Tú eres adorable –susurró abrazándolo, antes de levantar la mirada hacia él-. Eso… eso quiere decir que… ¿no seguimos siendo amigos? –preguntó con temor en la voz-. Claro, claro, porque me quieres. Tú no vas a decirme que soy fea o que no voy a gustar a nadie porque me tienes en estima y no quieres hacerme daño –determinó con carita de que era una obviedad que la iba a contradecir-. ¡Hey! –protestó ante su broma, dándole un suave toque en el hombro, mientras estaba completamente sonrojada.

Entonces él se puso serio. Y lo vio tragar saliva. Oh, mierda, lo había vuelto a preocupar. Alzó una de sus manos para acariciar con el pulgar la mejilla ajena, mientras lo miraba a los ojos. La pregunta logró que sus ojos se pusiesen acuosos. Levantó un poco la cabeza para apoyar sus labios en los de Trystan, con suavidad, antes de separarse.

-No. Pero me hubiera gustado hacerlo de otra manera… -susurró-. Bueno, me refiero a estar los dos de acuerdo desde el principio. Porque lo demás estuvo muy bien… me gustó… No te pongas mal porque yo me preocupe por ti… porque me preocupo más y eso es un círculo vicioso… -intentó dedicarle una suave sonrisa-. Ah, espera un momento…

Saltó de la cama, robándole la manta para envolver su cuerpo en ella. Algo ridículo porque ya la había visto desnuda un montón de veces, pero sintió esa necesidad. Buscó entre las cosas de Trystan. Ajá, ahí estaba algo que había dejado el día anterior. De cuando él le había leído y ella había dibujado las escenas que le narraba. Agarró papel y carboncillo antes de volver a la cama. Saltó para sentarse en el camastro y compartió manta de nuevo, sonrojándose porque al volver se dio cuenta de que lo había dejado sin taparse.

Empezó a dibujar, mordiéndose el labio, sacando un poco la lengua. Todo en plena concentración. No le hizo falta mirarlo, se sabía cada trazo de memoria. Sólo que nunca antes le había dado uno de los muchos retratos que le había hecho a escondidas. Se tomó su tiempo en los detalles, hasta que sopló un poco sobre el papel y le tendió el dibujo. De perfil, con los ensortijados cabellos rojizos. La barba incipiente adornando su rostro de jóvenes pero varoniles facciones. Aquella calma y afabilidad que parecían imperturbables en su expresión. El amago de sonrisa y muchas veces no llegaba a ser abierta. Como si en un dibujo, hubiese capturado la propia esencia de Trystan.
Dibujo:





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Mensaje por Trystan el Lun Jun 15 2015, 19:56

La miré pensarse la respuesta, satisfecho con ella, haciéndoselo saber con una sonrisa. No obstante, sus siguientes palabras me la borraron lentamente-. Nyss, para ya, por favor. –murmuré algo incómodo, de repente. No me gustaba su manera de pensar, pues ni yo la soportaba ni me consideraba un amor. Hubo un segundo en el que me dieron ganas de preguntarle si realmente le gustaría que no la consintiera, o le dijese que no, como bien remarcaba ella-. Si te dijera que no, es porque no querría pasar tiempo contigo… o que no me gusta que me metas en líos… -expliqué con voz baja-. Si te dijera que no… te quitaría la diversión a ti también. –acabé volviendo a sonreír al pronunciar el final.

Ese pequeño roce de su nariz contra la mía, me enterneció sobremanera, moviendo la cabeza para propiciarlo también. Sólo un par de roces, pues, para calmar tanta inquietud suya, prefería hacerle saber que, no la habría cambiado de poder elegir. Su ronroneo me hizo mirarla, encontrándome con esas intensas pupilas glaucas, inquisitivas, mero reflejo de las palabras que sus labios emitieron. Tragué saliva ante esa simple pregunta. ¿Por qué? Me vi sin saber cómo contestarle a aquello. La contestación se hizo de desear, mientras hacía una retrospectiva rápida de aquellos ocho años que habíamos pasado juntos y por todo-. Porque… lo he compartido prácticamente todo contigo, Nyss. Y…sinceramente, no me veo compartiendo algo así con nadie más. -¿implicaba eso que la quería más que al resto? Sí, pero, ¿cuánto más? ¿Sólo como amiga? Empezaba a pensar que no…

El beso pareció ser un inciso en toda aquella conversación. Lento e intenso a partes iguales mientras la pelirroja perdía sus hábiles dedos en mi cabello. ¿Un desastre? Para las relaciones sí que lo era, pues me costaba hablar, abrirme a los demás. Sin embargo Nyssa tenía una habilidad innata. Y la envidiaba sanamente por ello-. ¿Tú crees? ¿También el día que haga algo que tú consideres ir demasiado lejos, me dirás que soy adorable? –fruncí el ceño, aun correspondiendo ese imprevisto abrazo que me dio. Su siguiente pregunta volvió a dejarme sin saber qué contestar. Lamentablemente, esta vez, no pude encontrar esa respuesta, pues ignoraba lo que ella pudiera querer-. No lo sé, Nyss… ¿qué quieres tú? –le devolví la pregunta de otra forma. Lo cierto era que ni yo sabía lo que quería en aquel momento-. Claro que te quiero, pelirroja. Si lo dudaras, hasta me molestaría. –no supe medir la verdad en mis palabras en aquel momento. Tenía razón, no quería hacerla daño. Me sentía incapaz de ello, aparte de que era algo que no se me pasaría por la cabeza.

Fueron sus labios los que calmaron mi inquietud e impulsaron una de mis manos a acariciar la línea de su costado-. No es eso. Yo lo entiendo... -ninguno de los dos lo había planeado en ese sentido pero tampoco nos habíamos negado a ello-. No es que me ponga mal, Nyssa. Pero no me gusta que te subestimes tanto gratuitamente porque pienses que has estropeado algo esta noche. -elevé mi mano a su mejilla, acunándola-. Porque no ha sido así. -ya le había reconocido que no la habría cambiado de haber tenido la opción. ¿Acaso no era suficiente?

La seguí con la mirada cuando se levantó, sin tardar en sentir el frío ambiente al llevarse la manta con ella. Mi piel se erizó y yo me incorporé, buscando mi ropa interior, como si con ponérmela acusaría menos el frescor del lugar. Me la puse, quedándome sentado, con las piernas cruzadas, sobre la cama. Me repasé ambos brazos con el contrario, hasta que Nyssa volvió... y con ella la manta.

Fruncí el ceño al ver como se acurrucaba, con el papel de tal forma que yo no pudiera verlo. Se me hizo eterno el tiempo que tardó en dibujar aquello, principalmente porque el cansancio empezó a repiquetear en mi cabeza, y más de una vez me incitó a cerrar los ojos más tiempo que lo que dura un simple parpadeo.
Hasta que me lo tendió.

- Vaya... -enuncié al reconocerme. Abrí la boca ligeramente un par de veces, pero las palabras no me salían, tan solo una sonrisa adornaba mi cara-. Admito que había visto antes tus dibujos pero... -conseguí levantar la mirada, buscando aquellas pupilas que me miraban de forma inquisitiva-. Si pensaba que se te daba muy bien, no tenía ni idea de que me quedase tan corto.




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Mar Jun 16 2015, 20:57

Paró únicamente porque él se lo dijo. Vale, le quedaba claro que quería compartir tiempo con ella y que le gustaba que lo metiese en líos. “Masoca, eso es lo que eres, Trys. Después de esto, no vas a poder quejarte de las situaciones incómodas en las que te pongo”, pensó la pelirroja. Y aquella sonrisa del otro resistente la hizo esbozar una propia, aumentando sus pómulos y logrando unos adorables hoyuelos en sus mejillas.

-Pues… si los dos nos divertimos… tendré que seguir metiéndote en líos. Es mi deber… o algo así –susurró, jugando con sus dedos en los de él de forma cohibida y tierna.

Por un momento, se preguntó si él se hubiera visto compartiendo aquello con alguien más… de haberle dejado ella espacio y tiempo. Aunque luego pensó que los dos eran inseparables. Había unos pocos más adolescentes por la base. Sólo un puñado. Pero a pesar de hablar con ellos, Trystan y ella habían sido como uña y carne desde que eran niños. Y entonces fue cuando ella también pensó que no tenía a nadie más con quién compartir aquel momento. Y tampoco se le pasaba por la mente tener su primera vez con nadie más.

-Yo tampoco –admitió en un susurro-. Lo creo, sí. El día que hagas algo que yo considere que es ir demasiado lejos, seguiré diciéndote que eres adorable. Y probablemente me preocupe, porque querré saber por qué lo has hecho. Qué te llevó a ello. Porque no es el algo, eres tú. Y no voy a aceptar que niegues ser adorable, te jodes –le bromeó un poco al final.

Debía de estar un poco sensible porque andaba hablando un poco de más. Lejos de incomodarla, pensó que hasta les vendría bien a los dos. Sin embargo, cuando le devolvió la pregunta, bajó la mirada. ¿Qué quería? Difícil contestar a aquello. “Que no me vuelvas a hacer daño… aunque sea inconscientemente”, pensó para sí. Suspiró. No podía decirle eso, porque significaría que tendría que hablarle de todo y lo haría sentir mal y… ufff…

-No lo sé… Sé lo que no quiero, si te sirve. No quiero que sólo repitamos y que… si alguna vez lo dejamos de hacer, nos tratemos como dos desconocidos. No quiero perderte, Trys. Eres mi único amigo, mi familia, mi único apoyo… y supongo que ahora… no sé… agregar con derecho a… repetir… -arrugó la nariz en una aspiración cerca de convertirse en un sollozo-… pero no quiero que eso nos separe. No por cómo hemos estado siendo estos años, el uno para el otro. Pero tampoco quiero que te sientas obligado no condicionado por lo que yo no quiero o dejo de querer. También es importante lo que tú no quieres y lo que quieras, ¿vale?-lo miró a los ojos-. Nunca lo dudaría, Trys. No de ti –le regaló una bella sonrisa al decirlo.

La piel de su costado se estremeció. Su cuerpo parecía aún sensible tras la nueva experiencia. “Quizá si hubiésemos escuchado más a tu madre… hubiésemos hablado de esto. O quizá no”, pensó la pelirroja, mientras dejaba caer los párpados al sentir la mano masculina en su mejilla. Mimos, sí. Los mimos se sentían bien. ¿Había ronroneado? Creía que sí.

-Valeee… la próxima vez lo hago mejor, ¿de acuerdo? –le dijo al pelirrojo, chasqueando la lengua.

¿Y cómo se hacía mejor? Ni pajolera idea. Bañada estaba. En el río. Olía bien, o eso creía. ¿Ponía velas? NOOOOOOOOOOOOOOO. Le daba un ataque de cohibición de sólo pensarlo. ¿Le llevaba algo de comida rica en vez de gachas? Ya lo hacía las veces que podía barra robaba. O hablarlo… sí… quizá eso podría funcionar… O hacer algo sin tirarse directamente encima. O… vale, le estaba dando demasiadas vueltas a la cabeza.

Una vez volvió y le entregó el dibujo recién trazado, esperó mirándolo expectante a que hablase. Estaba comiendo nervios por saber qué pensaba de aquel retrato improvisado. Vio en él sorpresa. Ladeó la cabeza, impaciente por algo más. Se sonrojó cuando le admitió haber visto sus dibujos… y a punto estuvo de pisarse a sí misma y preguntarle cuándo lo había hecho. Pero se dio cuenta, a punto, de que se refería a otros, no a los de él.

-Gracias… -murmuró por el halago, sonrojándose más. Se acomodó contra él, apoyando su cabeza en el pecho masculino, acurrucándose-. Buenas noches, Trys… Prometo no volver a asaltarte durante la noche –susurró, dándole un beso en la mejilla.

El cansancio empezó a hacer mella y poco a poco fue sumiéndose en un profundo sueño, con su cálido cuerpo pegado al del humano.





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