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Mensaje por Trystan el Sáb Abr 25 2015, 18:38

Hace 11 años...
Estaba siendo una noche especialmente fría en la red de alcantarillas, lo que me hacía acurrucarme bajo ese par de mantas de fieltro de las que disponía. Intentaba conciliar el sueño tumbado de lado, semiencogido. Ese sueño que se resistía en llegar. Cosa que me resultaba extraña, pues había sido un día especialmente agotador. La pelirroja se había vuelto a salir con la suya -sin yo saber cómo, para variar-, y me había llevado a Talos. Ya había estado en la ciudad un par de veces... sólo un par. Y desde luego no habían sido ni con Nyssa, ni en las mismas circunstancias. La pelirroja me había pedido que la acompañara porque no se fiaba de nadie más. Y yo, como el mayor de los idiotas había aceptado sin saber que lo que ella pretendía era robar... bueno, según ella conseguir cosas necesarias. Abuf. No había pasado más apuro en mi vida. Más que cuando fui con mi madre al mercado, con la misma intención. Aunque claro, las maneras de mi madre distaban bastante de las de Nyssa.

Pero no tuvo el detalle de salvarme de la bronca que me pude llevar después por imprudente. Sí que era cierto que mis padres -ambos- insistían en que la ciudad era lugar peligroso para dos chavales, pero yo me escudé en que no había pasado nada. Tentado estuve de marcharme de allí y cuando mi padre, Jorel, me vio las intenciones, se adelantó a castigarme con toda una extenuante tarde de entrenamiento. Y cuando mi padre me castigaba con eso yo acababa con más de un moratón. Supuestamente, así aprendía a canalizar mi ira en la batalla y a ver venir ataques imprevistos, sin dejar que me cegase... pero yo fallaba igual. Y no es que mi padre aprovechase para ser suave, precisamente.

Por suerte, sólo eran espadas y palos de madera.

Jorel alcanzó a relajarse cuando a mí ya me costaba mantenerme en pie del esfuerzo y, también, cuando Nyssa volvió a aparecer. Las puyitas de mi padre prácticamente desaparecieron y la fuerza de sus golpes menguó... hasta que Nyss, con su carácter de siempre, se atrevió a vacilar a mi padre. Por suerte para ella, él ya se había desahogado bastante conmigo y estaba cansado, así que la ignoró, y no pasó mucho rato hasta que volvió con mi madre.

Y yo que pensaba que el esfuerzo acabaría ahí ese día.

Pero no, tanto me costaba seguir entrenando como moverme después de tanto golpe. Ante la preocupación visible de la pelirroja le dije que era algo normal, que sólo estaba cansado. Cosa que, en parte, era verdad. Conseguí convencerla cuando ya íbamos hacia el comedor, pese a tantas reservas iniciales para creerme. De tanto ejercicio que había hecho con la tontería, la cena me supo a poco, mientras me relajaba con el grupillo de chavales que éramos. No hablé mucho, y dejé que Nyssa fardara de todo aquello que ella había conseguido en Talos. Allí les abandoné al cabo de un rato, deseando pillar la cama.

Y fue con ese repaso del día con lo que mi mente se adormeció lo suficiente para sumergirme en la inconsciencia y poder descansar un poco por fin.


Última edición por Trystan el Dom Mayo 03 2015, 12:53, editado 1 vez




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Dom Abr 26 2015, 14:31

Quería estar tiempo con Trystan. Hacía dos años y medio que se le había pasado ese flechazo que había tenido con él, a base de repetirse que era su amigo. A base de meterlo en problemas junto con ella, de divertirse, de abrazarse a él por las noches tras las pesadillas de rigor y quedarse dormida sintiéndose protegida. Así que se había ido tranquilizando al tiempo que no lo rehuía.


Él no había estado tantas veces en Talos como ella, pero consiguió convencerlo, agarrar cosas y alimentos útiles para la resistencia y volver de una pieza. Pero Jorel agarró a Trystan y a ella, Elianne. Yupi. Se llevó la típica charla de que era peligroso salir, que habían sido imprudentes, que les hubiera podido pasar cualquier cosa… Básicamente porque había tenido que curar a Nyssa la semana pasada, después de una de sus aventuras por la ciudad, con encuentro con guardias incluido. Para una vez que casi la capturan, una maldita vez, y ya parecía que iba a pasarle de continuo.

Lo peor era que la pelirroja no era de las de “sonríe y asiente”. Protesta, intentaba decirle a la madre de su amigo que ella lo protegería, que no le iba a pasar nada, que habían tenido cuidado. Así que el regaño se alargó. Y la adolescente tenía prisa por zafar y no dejar más tiempo a su mejor amigo con su padre. No le caía bien Jorel. Le parecía demasiado duro, exigente, estricto.


-¿Puedo ir ya con Trys? –interrumpió a Elianne, con una carita adorable-. Te prometo no volver a sacar a Trys de paseo hasta que no cumpla los veintiún años. Él, no yo. Y sólo a Talos. Nos está permitido irnos por el bosque y demás, ¿no? –así, con toda la caradura lo dijo.

Cuando finalmente obtuvo el permiso, se largó corriendo para buscar al pelirrojo. Lo encontró entrenando con su padre, visiblemente cansado. Ella frunció el entrecejo, mirando al adulto de mal humor.


-¿Por qué no te buscas a alguien de tu tamaño? –le lanzó a Jorel-. Yo también soy pequeñita. ¿Hace una pelea conmigo? ¿O no hay huevos? –lo vaciló, al tiempo que se ponía farruca con él.

El padre de Trystan la ignoró y al poco volvió con su pareja. Ella fue con su amigo y lo miró preocupada, pasando un brazo bajo las axilas de él para ayudarlo a caminar si lo necesitaba. Lo veía maltrecho además de agotado. No aprobaba esa forma de enseñar a pelear, no al menos a un hijo. No le creía cuando era sólo que estaba cansado. Sólo logró convencerla cuando ya iban de camino al comedor.

Allí se sentaron con un grupo, casi de su misma edad. Habló de la experiencia en Talos, de que Trystan la había ayudado, de lo que habían llevado a la base. Echaba miraditas al pelirrojo para ver si estaba orgulloso de ella, intentando llamar su atención, pero no hubo manera. Al final lo dejó ir a descansar, viendo que ya no podía más y preocupada por él. Se quedó un rato más, intentando evitar las pesadillas, hasta que los demás se fueron.

Finalmente, cuando se acostó en su cama, se quedó dormida profundamente. Pero los malos sueños empezaron a invadir su mente. Dio vueltas sobre sí, agitándose en sueños. Emitió delicados quejidos de protesta y lamento, frunciendo el entrecejo. Las largas y rizadas pestañas se bañaron en las lágrimas que habían inundado sus ojos cerrados. Terminó despertándose de golpe, con sudor frío y jadeando, aterrorizada.


Retiró las mantas a patadas, sintiendo el frío en su piel. Brrr… no le gustaba nada aquella temperatura baja. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta sin mangas. Eso encima. Se calzó las botas y caminó con carita de sueño hasta la habitación de Trystan. Apartó la cortina para pasar dentro. Se sentó en la cama, quitándose las botas, y se echó a su lado, haciéndose un ovillo contra él. Mmm… calor. Eso estaba mejor. Se dio la vuelta y escondió su rostro contra el pecho de su amigo, pasando el brazo por encima de él en un abrazo. Tembló contra él, porque se había olvidado de ponerse las mantas por encima y no quería moverse más.





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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Trystan el Dom Abr 26 2015, 19:46

El extraño alivio que pude sentir al verla aparecer después de la soberana bronca con mis padres, me duró poco. Me sentí ligeramente incómodo cuando Nyssa apareció y no pudo evitar picar a mi padre. Por suerte para ella, Jorel hizo caso omiso. Me tensaba cada vez que ellos estaba juntos en la misma habitación. Era demasiado evidente que a la pelirroja no le caía bastante bien, y temía que un día mi padre no tuviera tanta paciencia para la suficiencia de Nyssa y pasase algo. Claro que, yo no me pensaría dos veces el ponerme en medio tampoco.

Mi padre no era mala persona, pero era demasiado estricto para las libertades que Nyss se tomaba conmigo. Ella no soportaba que fuera tan exigente, y él... bueno, supongo que no le gustaba que yo me dejase llevar tanto por mi amiga. De todas formas, el hombre también era de los que sabían elegir una pelea y sabía retirarse a tiempo, así que optó por esto último y nos dejó solos. Le faltó tiempo a la muchacha para cambiar de cara,  preocuparse... e insistir en llevarme la contraria, como si ella supiera mejor que yo incluso cómo podía encontrarme. Lamentablemente, en su contra tenía mi paciencia -y cabezonería- para hacerla ver que sí que estaba bien, sólo algo adolorido y sobre todo, cansado.

Llegaba a encandilarme la curiosa manera que tenía Nyssa de contar esa aventura que habíamos vivido en Talos, siendo particularmente exagerada con esos guardias a los que habíamos conseguido dar esquinazo por los pelos, cuando en realidad, nos habíamos escondido ante el paso de una patrulla que poca atención nos prestaron. Una sonrisa -cansada, eso sí-, decoró mi rostro mientras ella hablaba y tenía a todos los demás pendientes, así que tuve mi pequeña venganza, fingiendo desinterés. Tenía que reconocer que me lo había pasado bien, por mucho castigo y cansancio que hubiera soportado después.

Pero llegó un momento en el que no pude más.

Llegué a mi cubículo, me eché y con tiempo conseguí dormirme... hasta que sentí el camastro ceder ante más peso. No me hizo falta mucho para, aún medio dormido, reconocer el aroma de Nyssa cuando se echó a mi lado y buscó calor contra mí. El frío que vino con ella, me despabiló por un momento-. Hmm... -ronroneé ligeramente-. Hola, pelirroja. -añadí en un murmullo, más inconsciente que conscientemente, mientras buscaba el borde de la manta y la cubría antes de abrazarla para que se hiciera el típico ovillo contra mí-. ¿Pesadillas otra vez? -susurré, aún con los ojos cerrados, sabiendo de antemano la respuesta. Llevaba tanto tiempo con esa costumbre que no concebía la idea de que viniese a acurrucarse a mi lado por otro motivo.




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Mensaje por Nyssa el Lun Abr 27 2015, 12:26

Trystan la saludó como cada noche que iba a meterse en su cama para buscar su protección. Murmuró un delicado “hola” en respuesta, para después ronronear como un pequeño felino con el extra de calor. Él había sido tan adorable como para cubrirla con la manta. Se sentía cuidada con él pendiente de lo que necesitaba. ¿Cómo no podía protegerlo aunque fuese de su severo padre? ¿O robar algo de chocolate para él cuando tenía ocasión?

-Sí… -murmuró, haciéndose un ovillo contra él cuando la abrazó-. Siento despertarte, sé que estabas cansado… pero… no quiero estar sola –susurró antes de dejar escapar un delicado bostezo contra su pecho. Subió los labios a la quijada masculina y depositó un beso-. Buenas noches, Trys… -murmuró y empezó a restregar su piel suavemente contra la incipiente barba-. Mmm… me gusta… -dijo en voz baja y se quedó dormida así.

No supo cuánto tiempo pasó, pero al final despertó de nuevo. Sentía calor y… su cuerpo se notaba extraño. Emitió un suave jadeo, de la nada. Se sorprendió a sí misma. Ya empezaban a pasarle cosas raras otra vez. “No, por favor, al lado de él no, va a pensar que estoy loca”, pidió en su mente. Se dio la vuelta, dándole la espalda y esperó. No, no funcionaba. Intentó separarse de él un poco, pero su propio cuerpo buscaba contacto en el camastro. Se sonrojó. Aquello se sentía… diferente… no exactamente mal… no sabía cómo describirlo.

Se dio la vuelta, mirando a su amigo. ¿Y si le despertaba y se lo decía? Se mordió el labio, preocupada. ¿Y si no la dejaba más dormir con él? Una nueva oleada de calor envolvió su cuerpo, arruinando su línea de pensamiento. Sentía su sangre como fuego líquido. Se volvió a morder el labio, esta vez con una expresión distinta y nueva en su rostro. Acercó su cuerpo al de Trystan de nuevo. Mejor… parecía. Quizá se podría calmar así. Su mejilla acarició la barba que le estaba saliendo, esa sensación que había descubierto que le gustaba.

Pero, buscando tranquilizarse, al final necesitó más. Recordó la cantidad de veces que deseó besarlo y no pudo. Cuando ella esperó aunque fuese un pequeño roce de sus labios. Cuando a veces, en las noches de pesadillas, esperaba a que él se durmiese de nuevo para mirarlo embobada hasta que el sueño la reclamaba.

Alzó la mirada verde selva hasta la boca del otro resistente, de aquel inseparable amigo. Sólo uno… quizá era eso lo que necesitaba. Dejó caer sus párpados y apoyó sus cálidos labios sobre el inferior de Trystan, de forma suave, torpe, inexperta. Y le gustó. Dejó escapar un débil sonido antes de volver a besarlo, con un poco más de confianza.





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Mensaje por Trystan el Mar Abr 28 2015, 09:25

Sonreí por su murmullo antes de negar ligeramente con la cabeza-. No te preocupes. -musité. Sí era cierto que estaba cansado, pero no tanto como para decirle que se fuera. Nunca lo había hecho en realidad. ¿Cómo hacerlo si de tanto acurrucarse y de tanto ronroneo se me hacía demasiado adorable? Nah, además, era Nyssa. Asustada por flagelantes pesadillas en mitad de la noche. Se me hacía imposible no querer que se sintiera protegida como para volver a dormirse tranquilamente, aunque fuera en aquel ridículo camastro que tampoco daba para mucho.

- Buenas noches... -contesté con un hilo de voz, aún con media sonrisa por ese beso tierno que sentí en la mejilla. Alcancé a reír con suavidad por ese último comentario. La veía verdaderamente capaz de ronronearme al oído por rozarse con el vello naciente de mi cara cada dos por tres. Aún estaba consciente cuando sentí su brazo más pesado y su respiración algo más lenta. Se había quedado completamente dormida. Marqué una sonrisa satisfecha y, como muchas veces que había tenido la ocasión, sin que ella llegase a enterarse, posé mis labios en la piel de su sien, antes de afianzar el abrazo y dejarme llevar por ese sueño que seguía presente.

Esta vez, se hizo menos de desear y me fue mucho más fácil y rápido entrar en un sueño tan profundo que no alcancé a darme cuenta ni de lo que soñaba. Mi cuerpo se relajó por fin, mi respiración se volvió más pesada, y mi mente dejó el bullicio de pensamientos que cruzaban ésta mientras era consciente. Un auténtico remanso de paz, mucho más cálido ahora y confortable por la presencia de la pelirroja.

Hasta que sentí que me costaba respirar. Era extraño, pues no tenía nada delante. Aparentemente. ¿Y ese calor repentino en la boca? Fruncí el ceño desde la inconsciencia y, sin control aparente, mis labios se movieron por inercia, buscándolo. Era una sensación agradable. Llevadera. Y conseguía que quisiera más. Desperté entonces, siendo consciente de que nuestros labios estaban unidos. Me separé con suavidad, presa de la sorpresa, topándome con esas esmeraldas en la penumbra, que parecían mirarme con una mezcla extraña de sensaciones: sorpresa, miedo y... ¿ese brillo traía interés también?-. Nyss, ¿qué estás haciendo? -pregunté con suavidad, y hasta un esbozo de sonrisa de incredulidad. Recapacité con cierta lentitud. Espera, ¿había sido ella? Quizás, por algún motivo que no llegaba a concebir, se había acercado en sueños y algo le había impulsado a besarme. Ni siquiera sabía si ella se había dado cuenta. O quizás, fue mi subconsciente el que me jugó la mala pasada y fui yo el que la besó.

Hasta contemplaba la posibilidad de que hubiese sido mi mente perversa la que me había hecho soñar aquello y simplemente coincidió que la pelirroja también estaba despierta.




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Miér Abr 29 2015, 19:29

Trystan era un amor por dejarla quedarse las noches de pesadillas con él. Básicamente cada día. Nunca la había rechazado. Ni siquiera después de un día duro y agotador. Todavía no sabía cómo era capaz de soportarla durante tantas horas. Pero estaba segura de que él no se arrepentía. Si era adorable, un encanto, un… “ok, basta, no pienses más así, ya lo superaste, ¿vale?”, se detuvo a sí misma en su mente. “Pero es verdad, él es así”, agregó para sí.

No era consciente de los besos en la sien que a veces él le daba cuando se quedaba dormida. Pero su subconsciente parecía enterarse, llegando a murmurar delicadamente con una sonrisa en sus carnosos labios. Era uno de esos gestos tiernos que la hacían dormir mejor. Alejaba aquellas tormentosas pesadillas, la rescataba de aquellos demonios que había bajo su cama y no la dejaban dormir. Y él, como si supiese el bien que le hacía, se lo regalaba cada vez que podía.

Cuando lo estaba besando, sintió los labios ajenos moverse, buscando aquel contacto, el calor de los propios. Suspiró ante aquella ironía de la vida. Tanto tiempo que había deseado que la besara, sin éxito. Y ahora, en brazos de Morfeo, el pelirrojo la correspondía. Justo cuando había logrado habituarse a ser únicamente su amiga. Recordó entonces un libro que él le había leído una vez, con una escena que escondía la lección de “cuanto más desees algo, menos lo obtendrás. Cuando dejes de desearlo, lo conseguirás”.

Entonces él despertó, separándose sorprendido. Su rostro femenino reflejó una expresión de sorpresa, miedo a que la hubiese pillado y que él huyese… pero también ganas de continuar besándolo. Se mordió el labio de costado, mirándolo. La pregunta fue formulada con suavidad. No había rencor ni rechazo en aquellas palabras. Sólo que quizá no se lo esperaba. Lo vio quedarse pensativo y puso una mano sobre el torso desnudo del otro resistente. Las yemas de sus dedos se deslizaron por aquella piel, dibujando figuras abstractas.

Se acercó a él y restregó su mejilla contra la barba incipiente, dejando escapar una mezcla entre murmullo y ronroneo bastante invitante. No tenía ganas de responderle, necesitaba experimentar aquellas sensaciones tan… tan… ¿agradables? ¿Cálidas? ¿Calientes? Además, ¿qué le iba a decir? Se llama beso y se hace juntando los labios. No me vengas ahora como si no supieras, que hasta hemos hablado de si te masturbabas una vez. ¿Yo? ¿Hacer? Lo habrás soñado. Esas eran las opciones, porque estaba muy cansada para pensar más.

Apoyó sus labios en un costado del cuello de Trystan, cerca de la quijada. Fue subiendo en una seguidilla de suaves besos, mientras sus dedos viajaban por el torso sin rumbo fijo. Sus cálidos labios se adueñaron de la quijada antes de poseer de nuevo los de él. Lo hacía suave, lento, pero con cierta confianza que se iba implementando. Tuvo ganas de hacerlo echarse para ponerse ella encima, así que hizo presión con su mano sobre el pecho, incitándolo a echarse sobre su espalda en la cama.





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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Trystan el Vie Mayo 01 2015, 14:15

Ese pequeño murmullo que emitió con el calor de mi beso en su piel, el que me hizo ver entonces que, de algún modo, sí sabía de ese gesto mío cuando ella aún caminaba hacia el complejo mundo de los sueños. Era cuando se paseaba por esa delgada línea, en la que la consciencia se rinde y el subconsciente despierta, cuando Nyssa estrechaba tímidamente su cuerpo contra el mío, acurrucándose, como si con mi simple presencia pudiese ahuyentar esos demonios etéreos que no la daban tregua una vez comenzaba a soñar. Si con ello descansaba, a mí no me importaba que durmiera conmigo.

Pero aquella vez estaba siendo ligeramente diferente.

Las yemas de sus dedos se expandieron a placer por mi pecho, concediéndome un agradable cosquilleo, mientras yo seguía esperando oír su voz. Iluso de mí. Alternaba mis pupilas en las suyas, esperando una contestación a mi pregunta que, al final, no llegó. No en forma de palabras, al menos. Por ese anhelo que hasta ahora había estado escondido, ladeé la cabeza hacia la suya, cuando se acercó a rozarme la mejilla con la propia. Y ese arrullo tan cerca de mi oído me hizo soltar aire despacio, mientras me provocaba un escalofrío lento que nació en la base de mi nuca y recorrió todo mi cuerpo. Por éste, me moví instintivamente hacia ella, juntándonos algo más, mientras me hacía sentir la calidez de sus labios en mi cuello. No sabía muy bien si lo que me hacía tan fácil el dejarme llevar era el cansancio... o era ella. Quise volver a preguntar, como un latigazo de raciocinio pero sólo alcancé a tragar saliva justo antes de que nuestras bocas volvieran a encontrarse. Y fue cuando mi mano, busco la curva de su cintura para recorrerla, al tiempo que le devolvía el beso torpemente.

Hasta que me confié.

Fustigado por esa aspiración creciente que se iba apoderando de mí, bebí de sus labios, sin ser plenamente consciente de ese empujón disfrazado que me tumbó boca arriba en el camastro. Llegué a romper el beso para poder respirar de forma marcada al sentirla encima de mí. Con movimientos inexpertos pero ansiosos, marqué el paseo de mis manos por sus costados, hacia arriba, arrastrando su camiseta con ellas, notando piel con piel... hasta que no aguanté más y volví a esos carnosos labios, anhelantes de esa apetente atención que sólo los míos podían concederle.




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Sáb Mayo 02 2015, 23:29

Su mirada azulada le decía que esperaba de ella aquellas palabras en respuesta que enmudecieron en sus labios. Básicamente porque no le daba la gana de contestarle. Quizá más tarde tuvieran una conversación… o quizá no. ¿Quién quería hablar de “lo siento, es que tenía un calentón y pensé en ti para sacármelo de encima”? ¿Y la vergüenza? Sin contar con que no quería empezar con las explicaciones de “es que estuve enamorada de ti hace dos años y… y… y… esto era algo que había deseado antes”. Tampoco era plan de que lo supiese ahora, cuando ya había hecho sus esfuerzos por superarlo.

Él no hizo ademán de separarse cuando ella restregó su mejilla contra la barba incipiente. Todo lo contrario, lo cual hizo suspirar a la pelirroja. Lo sintió moverse, juntando sus cuerpos. El suyo propio más cálido en aquella fría noche. Y antes de que él pudiese arrepentirse y acabar con aquella locura impulsiva, ella lo besó de nuevo. Trystan empezó a corresponderla, de forma inexperta. Sintió aquella mano, deslizándose por su cintura, afianzándola contra su figura, con la fina tela de por medio.

Lo que empezó con la torpeza de un primerizo, se tornó en un beso más confiado, necesitado de sus labios como ella de los de él. Aprovechó que él se dejó tumbar para ponerse encima. Cómo no. Era lo que ella quería. Se sentó sobre las caderas masculinas, con una pierna a cada lado del cuerpo del otro resistente. El beso se rompió y ella emitió un sonido de no estar de acuerdo… para nada. Ella quería más. Aunque se lo pensó de nuevo al sentir aquellas manos recorrer los costados, arrastrando parte de la tela de la camisa. Su cuerpo se estremeció y jadeó suavemente ante el contacto.

Clavó sus intensos irises verde selva en los ojos de él, con los labios separados e hinchados por el beso. Pero no duró aquello mucho. Esta vez, fue Trystan quien se apropió de su boca con mayor seguridad que antes. Suspiró en aquel beso, deslizando sus manos por el torso ajeno, rasguñando suavemente con sus uñas. “Sí… por fin…”, pensó, sonrojándose con el mero pensamiento. Correspondió el beso, con mechones de su cabello cayendo con delicadeza y acariciando la piel de los pectorales masculinos.

Finalmente, separó sus labios de los ajenos, en un color rojizo. Su mirada se encontró con la azulada, mientras su respiración era ligeramente entrecortada. Había deseo de continuar, sí… pero también ternura hacia quien estaba debajo de ella. Esbozó una sonrisa, apenas un sutil gesto de complicidad, de tenerlo finalmente donde hacía tiempo que quería, de intentar que no huyese en aquel silencio donde quería decir más que cualquier palabra que pudiese pronunciar. Porque si empezaba a hablar, quizá no tuviese más remedio que terminar aquello, que salir sonrojada de allí, con la amenaza de no poder volver a su lado como cada noche había estado haciendo.

En vez de eso, agarró el extremo inferior de la camiseta con las dos manos y deslizó la tela por su cremosa piel, descubriéndola ante él. No sería la primera vez que se viesen sin ropa desde que se conocían, evidentemente, pero… de forma totalmente distinta. Se quitó la prenda por la cabeza, haciendo que su sedoso cabello rojo como el fuego danzase en el aire hasta posarse sobre uno de sus hombros. La cicatriz de su pecho se dejó ver y ella bajó la cabeza, con cierta timidez. Porque aunque él la hubiera visto antes, era la primera vez en aquella situación. ¿Y si no le gustaba? ¿Y si cambiaba de opinión?

Tiró la camisa lejos de la cama y puso una mano sobre el pecho de Trystan, manteniéndolo echado. Se inclinó sobre él, posando sus irises sobre los de su amigo de infancia, antes de volver a besarlo con necesidad, como un sediento en mitad del desierto. Abandonó sus labios sin previo aviso, sólo para bajar a besar su cuello… y para morderlo porque tenía ganas. Clavando suavemente sus dientes de marfil en la piel varonil, probándolo, marcándolo. Mientras su cuerpo femenino oscilaba sobre él, deseando sentirlo más contra ella, compartiéndole su calidez.

Entonces recordó algo que siempre había querido hacer. Lamió sobre las pequeñas hendiduras que sus dientes habían dejado en aquella piel antes de posar su boca sobre la nuez de Adán. Besó, mordió, succionó aquella parte de su anatomía y lamió como si quisiera aliviar el placentero martirio en el cual lo estaba sumiendo. Por si fuese poco, la pelirroja no parecía quedarse contenta con aquello, no. Esa pequeña manía de no estarse quieta desencadenó que sus manos viajasen por el torso de Trystan descendentemente, deteniéndose en el borde de sus calzones.

¿Hasta dónde estarían dispuestos a llegar?





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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Trystan el Dom Mayo 03 2015, 12:42

Estaba cansado, y juraba que tenía sueño, antes de que el calor incipiente en su suspiro me rozase el lóbulo del oído y me estremeciera lo suficiente como para necesitarla más cerca. Como para mover mi mano y hacer que nuestros cuerpos se juntaran más, que compartieran todavía más calor. Pude haberme separado. Pude haber detenido sus caricias.

Pero primero tenía que quererlo.

Jadeé cuando la tuve a horcajadas sobre mí, cuando sólo dos simples piezas de ropa impedían que sintiese su sexo contra el mío. No obstante, el calor de su cuerpo, calentaba el mío, excitándome, entrecortando mi respiración. Fue por eso que no pude continuar el beso por un momento. El gruñido a modo de queja de la pelirroja me golpeó con suavidad, traspasando mi oído y convirtiéndose en una nueva oleada de lascivia que inundó mi cuerpo. Otra más.

Quería seguir. Quería más. Como yo.

El esbozo de una sonrisa triunfal se dibujó en mi semblante cuando la sentí temblar y jadear por mis caricias. Y quise comerle la boca de nuevo. Exhalé significativamente por la nariz al sentir sus uñas cruzando mi piel, al tiempo que me perdía en sus labios, en un agujero negro de deseo contra el que no podía -ni quería- hacer nada. No había más nervios que deseo en ese momento. Alcancé a atrapar su labio inferior entre mis dientes cuando quiso poner distancia entre nuestros cuerpos. Se incorporó, para quitarse esa camisa que yo había arrastrado en mis caricias. Y su torso desnudo me dejó sin respiración por un momento.

Mis manos se regodearon un segundo, y siguieron ascendiendo por ella, apretando mis yemas contra su piel, hasta su pecho. Lo había visto incontables veces, desde pequeño, pero ahora era distinto, pues la avidez consumía el azul de mis pupilas, necesitando aquel cuerpo que tenía encima. Un cuerpo que conocía a la perfección y que ahora se me presentaba para devorarlo y poseerlo como no había tenido ocasión antes. Suspiré y una queda amenaza se reflejó en mi mirada cuando ella me impidió levantarme. Quería sentir ese torso de diosa, centímetro a centímetro, lo más cerca que pudiera. Sentir esos turgentes pechos descubiertos ante mí y su vientre contra el mío. Rodearlo con mis brazos, estrecharlo, beber de su calor a través de la piel, como néctar que me estaba arrastrando a una locura, mientras me hacía ver el cuerpo de Nyssa de una manera renovada, ansiosa. Tanta distancia entre nosotros laceraba mi pecho, tanto o más que aquel frío de esa noche.

Ella accedió a ese silencioso ruego y volvió a inclinarse sobre mí para volver a besarme. Mientras correspondía su necesidad compartida, acabé subiendo mis manos a su nuca, asegurándome de que no le fuera tan fácil separarse... Pero no contaba con los planes que ella tenía de enterrar su rostro en mi cuello. Inhalé marcadamente cuando rompió el beso de nuevo y tragué saliva cuando sentí sus dientes marcar mi piel. Deslicé mis manos entonces, mientras ella se regodeaba, por toda su espalda, hasta llegar al borde de su pantalón. Su fijación posterior, me provocó una peculiar agonía que me dejó paralizado hasta que noté sus manos recorrer mi pecho. Las mías volvieron a activarse, colándose por debajo de la ropa, dejando que mis dedos se perdieran a placer por sus nalgas. Acabé agarrándolas para presionarlas contra mis caderas, que alcé leve e instintivamente entonces, queriéndole hacer ver cuánto la deseaba en aquel momento. Porque así era. Nyssa estaba consiguiendo que la viera como una mujer, más que como mi amiga esa noche.

¿O quizás era yo el que la había estado deseándola y queriendo tenerla así desde antes?




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Mensaje por Nyssa el Dom Mayo 03 2015, 21:05

Jadeó suavemente al sentir los dientes ajenos atrapando su carnoso labio inferior. Un gesto sensual que encendió su cuerpo ya castigado por las sensaciones candentes que estaba sufriendo. Como una placentera tortura que la poseía, embotando su mente. Algo que había comenzado como extraño y que ahora deseaba sentir más. Porque no sabían el origen de aquella vorágine, aquel torbellino de emociones que lograban mantener su sangre como fuego líquido. Sólo era consciente de que Trystan contribuía a incrementarlas y no quería detenerse.

Sus pequeños temores sobre los gustos del otro pelirrojo fueron disipados por unas manos que ascendían por su piel. La presión de sus dedos la hizo suspirar. Elevó el mentón, alargando el fino cuello femenino, entregada a aquellas caricias que él le propiciaba. Cuando lo volvió a mirar, vio aquella muda amenaza en sus irises azules. Sus carnosos labios esbozaron una sonrisa de lado, juguetona. Chasqueó la lengua varias veces, divertida. Un sonido travieso, suave, que podía verter en su oído de forma a la vez invitante. “No, no, mando yo”, pensó. Aún cuando no tenía ni idea de cómo proceder.

Cuando se inclinó, lo dejó sentir sus suaves y firmes pechos, su vientre liso, su liviano peso sobre él. Emitió un sonido de estar demasiado a gusto con aquellas manos en su nuca, intentando que no se zafase, que no rompiese el beso. Pero tenía otros planes. Se estremeció cuando aquellas manos se deslizaron por su espalda y tuvo que detener la tortura en su nuez de Adán para que volviese a moverlas. No quería dejar de sentirlas.

Como si la ropa sobrase, aquellos dedos osaron internarse bajo la única prenda que llevaba en ese momento. Sus caderas danzaron sobre las masculinas, invitándolo a apropiarse de sus carnosas y prietas nalgas. Voluptuosas pero firmes gracias al ejercicio diario. Emitió un suave sonido de placer con los labios entreabiertos, contra la piel ajena. Fue entonces cuando sintió el agarre, con sus dedos marcándose en su carne como si quisieran tatuar una huella en ella y reclamarla como suya.

Pero no acabó ahí. No. Notó la presión de algo duro debajo de ella. Aquella excitación guardada en los calzones que él portaba. La pelirroja emitió una mezcla de suave gruñido y siseo, condenadamente candente. Movió sus caderas, incrementando el roce para hacerle ver que correspondía aquel deseo y promover el de él. No contenta con eso, apoyó una mano en el abdomen masculino, obligándolo a descender en el camastro. Una de sus manos se adentró dentro de la prenda que Trystan llevaba. Sus dedos jugaron con los rizos rojizos bajo la ropa, internándose entre ellos, acariciándolos, tirando suavemente de ellos.

Comenzó a descender por el torso masculino, rozando las coronas de sus pechos como frutos maduros contra la piel ajena. Cuando finalmente llegó a los calzones, tomó entre sus dientes el límite superior de la prenda, tirando de ella con suavidad hacia abajo, lentamente, al tiempo que ascendía sus irises hacia el rostro del resistente.






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Mensaje por Trystan el Miér Mayo 06 2015, 00:11

No sabía por qué -aunque sí cómo- habíamos llegado a aquella situación. La conocía desde hacía demasiado tiempo y era justo en esa noche, cuando se me presentaba la ocasión de que perdiera el rango de amiga para ser algo más. ¿Algo más? ¿El qué? ¿Pareja? No. Yo nunca había visto a Nyssa como tal. No obstante, eso no quitaba que la quisiera mucho. ¿Podía eso tener algo que ver con ese deseo desatado que ella misma había liberado? Porque de no ser por esa tentadora reacción evasiva suya a mi pregunta, no estaríamos así.

Pero era algo de lo que no me quería preocupar en ese momento.

Aquella sonrisa traviesa acompañada de ese rítmico sonido, avisándole de que no estaba tan dispuesta a darme libertad, me encendió de manera inesperada. Así como de inesperado fue que ella tomara el control. Juraría que ninguno de los dos había yacido con nadie más. Y no sabía a ella, pero eso empujaba mis ganas, conforme veía a la pelirroja de una manera mucho más pasional que antes. Y, por la impresión que me daba, Nyssa parecía estar disfrutando tanto... o más que yo.  

Sus esmeraldas brillaban con avidez, sus inquisitivos labios exigían todo de los míos, y sus pechos me hicieron aspirar entre dientes cuando los sentí al inclinarse. Marqué mis yemas en su piel en cuanto tuve ocasión, empujando sus caderas contra las mías. Fruncí el ceño, entornando la mirada, cuando ella propició ese roce de nuestros cuerpos. Mi vientre se convulsionó levemente, por más que la tela de sendos pantalones impidiesen que yo pudiera sentir el calor de su sexo directamente.

El aire se me escapó, de forma entrecortada, hasta arrancarme un quedo gemido, fruto de ese deseo contenido a duras penas. La pelirroja había colado una de sus manos -frías- en lo que yo contaba como pijama. Y no supe decir si fue el contraste de temperatura, el hecho de ser consciente que ella tenía el control de mi excitación o sus meras caricias, lo que me hizo gruñir, pidiendo más.

Tragué saliva con dificultad cuando Nyssa empezó a perder altura, rozando las líneas de mi torso con sus curvas femíneas. Un escalofrío me recorrió la columna cuando sentí su aliento en la parte más baja de mi tenso abdomen, excitándome en antelación. Más aún cuando nuestras miradas volvieron a encontrarse y el fuego brillando en sus glaucas pupilas devoró la ansiedad de mis azules.

Suficiente.

Unas terribles ganas por volver a besarla, y ese miedo inherente por no haber tenido experiencia alguna de este tipo con anterioridad, empujaron mi torso, sentándome en la cama y alzando su rostro con una de mis manos para sellar mis labios con los suyos para volver a empezar ese baile, mucho más pasional y voraz que lo que habían sido los anteriores. Sin llegar a pensar siquiera que hubiera acabado de saciarme, aparté mis manos a su cintura, exigiendo que volviera a pegarse a mí de nuevo. Mis brazos la abrazaron entonces, colmándose de ese calor que llegó a quemarme. Pero seguía sin ser suficiente. Empujadas por la ansiedad, bajé las manos y volví a arrastrar su ropa, esta vez hacia abajo. La quería desnuda.

Y entera para mí.




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Mensaje por Nyssa el Sáb Mayo 09 2015, 15:19



Se mordió el carnoso labio inferior cuando escuchó aquel gemido. Un sonido suave, masculino, ronco. Nunca antes lo había escuchado en él. Por un momento, recordó aquella conversación de la cual él no había querido ser partícipe delante de sus padres. En su mente lo imaginó solo, brotando de sus labios aquellos contenidos gemidos de placer. Su piel se volvió más cálida gracias a su imaginación.

Como si Trystan lo hubiese notado, gruñó. La dragona de su interior, aquella parte de la que no era consciente, se recreó en ello y su excitación aumentó. Quiso hacerlo desear más, volver a escucharlo gruñir. Llevar el control, quemarlo con su fuego interno que amenazaba con crepitar en la superficie, arrastrarlo con ella a ese pozo de deseo que ella había cavado aquella noche. No sabía cómo ni por qué.

¿Acaso tanto tiempo de represión había desencadenado que aquella noche fuese demasiado? ¿Estar a su lado cada noche y no poder tocarlo? ¿Escuchar cada palabra que escapaban de sus labios sin poder beber de ellos? No lo sabía. Nunca antes había tenido la necesidad de yacer en su cama más que para calmar las pesadillas que la asolaban. Aquellas sensaciones que la habían despertado por segunda vez no parecían nacer de su interior, pero le habían dado el valor que no había tenido en el pasado.

Tarde, cuando ya había cerrado su corazón a la idea de tenerlo como algo más que un amigo. Pero era algo sobre lo que no podía pensar en aquellos momentos y no quería preocuparse en ese instante. Se movía por una urgencia de sentirlo contra su piel, desatando aquella pasión que había estado dormida en ella. Aquella incomodidad desconcertante había espoleado su propia fogosidad, haciéndola parte de sí, tornándose en puro fuego como a la hoguera que arrojas más leña.

Ambos pares de irises impactaron. Y entonces, en ese mudo silencio, supo que Trystan no iba a dejarla continuar. Su barbilla acarició su virilidad a través de la tela cuando él se incorporó, quedándose sentado en la cama. Permitió que alzase su rostro, tomando él el control de un beso de fogosidad más acuciante que los anteriores. Lo correspondió, apoderándose de su boca. Sus manos la hicieron erguirse lo suficiente como para pegarse a él, quedándose sentada sobre sus caderas, con una rodilla a cada lado de su cuerpo hincada en la cama.

Una de sus manos ascendió por el pecho desnudo del pelirrojo. Se deslizó, acariciando su piel, hasta su hombro. De ahí partió hasta su cuello y sus dedos se internaron en los rizos rojizos que comenzaban en su nuca. Sus cuerpos se separaban apenas y se volvían a juntar entre caricias de la piel que se unía, mientras continuaban besándose. Sólo rompió el beso para ayudarlo a deshacerse de la última prenda que mantenía puesta.

De rodillas, con la espalda erguida, levantó las piernas una a una para liberarse del pantalón. Lanzándolo después lejos. Sus dos manos, después, agarraron el límite superior de los calzones que él llevaba, tirando hacia abajo. Lamió el lóbulo de la oreja de Trystan y arañó suavemente con sus dientes, justo a tiempo de verter en su oído un gemido contenido.

-¿Me ayudas? –susurró, haciendo su voz un poco más grave y sensual.





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Mensaje por Trystan el Lun Mayo 11 2015, 13:57

No quise parar a preguntarme el cómo o el por qué de todo lo que estaba sucediendo en aquel momento, pues el cansancio y el deseo habían relegado esa parte racional de mi cabeza al rincón más alejado y lúgubre de mi mente. Mi cuerpo se excitaba más a cada momento, llevado por el instinto. Un instinto que no había necesitado saciar hasta ahora. Y, quién sabe, puede que tampoco aquella noche si Nyssa no me hubiera incitado a ello de una manera tan sutil. Me había sido imposible no dejarme arrastrar por ella, y no era ya solamente la confianza ciega que tenía en la pelirroja. Aunque no sabía decirlo. ¿Había algo más?

Sí.
Deseo. Mucho.

Como una fuerza voraz que me obligaba a necesitarla, a rozarme contra ella, devorarla a besos y caricias que nos hacían rogar por aire, que soltábamos tan rápido o más marcadamente que inspirábamos. Con la barbilla alzada, correspondía ese beso que me veía incapaz de romper, exhalando por la nariz de forma marcada. Cuando supe que estaba completamente desnuda ante mí, mis labios se distrajeron de su tarea. Resoplé entonces. No me hacía falta abrir los ojos para desear explorar aquel cuerpo con mis manos, así como ella hacía con las suyas, paseándolas por mi cuello, hasta hacerlas llegar a mi nuca. Un jadeo cruzó mi garganta al sentir la presión de sus dedos entre mi cabello, justo antes de que mi cuerpo se estremeciera visiblemente por esas caricias marcadas.

Su gemido me hizo suspirar de nuevo. La sugestión impregnada en su voz irrumpió en mi oído, generando una ola de calor. Otra más que estremeció mi cuerpo, provocándome el imperioso impulso de abrazarla más fuerte, girarme y cambiar las tornas, dejando la espalda de la pelirroja con un cuidado envidiable sobre el camastro. Y, en consecuencia, su cuerpo quedaba a mi entera disposición y a mi absorbente ambición por tocar. Interrumpí el beso conforme la tumbaba, comenzando así un camino de descenso, arrastrando mis labios sobre su tersa piel. Por continuar ese recorrido me incliné ligeramente, antes de retirar los brazos de su espalda, con la misma suavidad, presente como sorprendente, cuando la lujuria había tomado el control de nuestros cuerpos. Alcancé a acariciar sus pechos antes de volver a repasar ambos costados con mis inquisitivos dedos, siguiendo la misma dirección que mi boca. Llegué a través de su abdomen hasta su ombligo, al tiempo de colar mis manos entre sus piernas, acariciando sus muslos, en perfecta agonía, controlando ese deseo casi desbocado que me hacía desear seguir bajando. ¿Me dejaría? Por el momento, me limité a brindarle la ayuda que me pidió, deshaciéndome de mi pijama con una mano, mientras la otra se entretenía en las líneas de una de sus piernas. Sentí otro escalofrío en antelación. Y fue cuando alcé mi mirada buscando aquellas dos esmeraldas. Y como las mías momentos antes, en la situación inversa, rebosaban deseo.

Fue entonces cuando comencé a subir con mis labios, dejando algún que otro suave mordisco sobre su piel, predecesores de mis yemas presionándola en su ascenso conjunto. Quería volver a escuchar ese gemido de sus labios... y no sólo una vez. Y ese pensamiento azuzó esas prisas que redujeron esas ganas de entretenerme algo más en uno de sus pechos, que simplemente alcancé a repasar, sin detenerme, en ese camino de vuelta, ascendente esta vez hasta su cuello, donde volví a morder al tiempo de presionar mis caderas contra las suyas, lento, posesivo, mientras exhalaba sonoramente entre dientes.




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Re: FB | It's enough for this wide-eyed guardian that we got this far | Nyssa | +18

Mensaje por Nyssa el Lun Mayo 11 2015, 21:26

Sonidos. A sus oídos eran vertidos desde que brotasen de los labios del otro pelirrojo. Un resoplido que estremeció su espina dorsal. Un jadeo que avivó su fuego interno, registrando en su memoria aquello que a él le gustaba. Aquel suspiro que aprobaba el gemido femenino, como si hubiese estado esperando por él y finalmente lo había satisfecho. Pero también lo sentía estremecerse contra sí. Su propio cuerpo respondía restregándose suavemente contra la piel ajena mientras lo besaba y lo acariciaba.

El giro la tomó por sorpresa. Pero su espalda no chocó contra el camastro, sino que fue depositada con suma suavidad en él. A pesar del incontenible deseo, desbordante como el río durante la crecida, imparable como el más peligroso de los incendios, la estaba cuidando. La trataba como si fuese una delicada pieza de cristal que pudiera romperse si aplicaba demasiada presión. Como los frágiles pétalos de una rosa siendo acariciados por el rocío de la mañana.

Se quedó tumbada, con sus irises verdes observándolo cuando rompió el beso. Iba a llevar sus manos hacia la prenda que aún llevaba él puesta. Pero se detuvo a medio camino. Entreabrió sus labios, expectante, cuando sintió los de él deslizarse por su piel. Las manos masculinas acariciaron sus turgentes y opulentos pechos. Emitió un quedo siseo, sintiendo las puntas endurecerse. Jadeó al paso de su cálida y húmeda boca, recibiendo una oleada de calor que la hizo curvar su espalda sobre el camastro. Sus manos viajaron hasta los cabellos rojizos de Trystan, rogándole por más.

Su piel se estremeció según descendía, hasta que llegó a sus muslos. Gruñó, echando la cabeza hacia atrás, excitada. Su mente estaba embotada de placer, demasiado ocupada para decirle un “deja de torturarme, oh, dios, Trys”. Sus piernas se separaron un poco, para dejarle espacio. Fuego incesante que corría dentro de ella, con aquellas sensaciones implementadas. De repente, sólo una mano acariciaba una de sus extremidades. Abrió los ojos para mirarlo. Se mordió el labio inferior, observando cómo se desnudaba. Los dos pares de irises chocaron, alimentados por el deseo y la excitación.

Tuvo ganas de volver a ponerse encima, pero de nuevo aquellos labios la domaron, obligándola a permanecer echada. Sintió los dientes clavándose con suavidad en su piel, marcándola. Sus manos se cerraron en puños, agarrando la manta que yacía en el camastro, bajo ella. Gimió sin poder evitarlo. Su espalda de nuevo se arqueó, invitándolo, pidiendo, reclamando que continuase. Su piel se estremecía. De sus labios brotaban más gemidos y jadeos, deseando darse la vuelta para poder morder algo y acallarlos.

Y en su cuello mordió, en la parte más sensible de este, haciéndola gruñir de placer. Sus caderas presionaron contra las propias, en una tortura. Emitió un quejido suave. Había notado algo… dolor… pero no había provenido de nada que le hiciese él. ¿Qué…? Frunció el entrecejo durante un par de segundos, pero su expresión volvió a relajarse, con el otro resistente distrayéndola. El sonido creado por el aire expulsado entre sus dientes le pareció condenadamente sexy.

Abrió sus piernas, acomodándolas a cada lado del cuerpo masculino, dejándolo entre ellas. Aquella posición le parecía más cómoda. Una mano presionó contra la nuca del pelirrojo, con suavidad pero firmeza, demandando que volviese a morderla. Oh, sí. La otra rasguñó su espalda, moviendo sus caderas debajo de las suyas. Deslizando lentamente su virilidad entre sus pliegues, sin que él la tomase todavía.

-Trys… -murmuró en un jadeo, antes de quitar la mano de su nuca y buscar una de las manos masculinas, para entrelazar sus dedos con los de él.





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Mensaje por Trystan el Mar Mayo 12 2015, 21:17

La sentía retorcerse de placer, de anhelo, bajo mis labios y los inquisitivos recorridos de mis yemas. Y no paré. Como si los besos y las caricias no fueran suficientes. Como si quisiera fundir ambos cuerpos en uno a través de esos mordiscos o la presión de mis dedos. Solamente así, devorando figuradamente a mi compañera, bebiendo cómodamente de su deseo mientras ella, impaciente, pedía por más. Sus manos se colaron en mi cabello con una presión esclarecedora, sugestiva, acuciante. Guardé el sabor de su piel con mis labios... una vez.

Y otra vez.

Y otra.

Ansioso estaba por perder la cuenta, pues el deseo empujaba mi boca contra su piel, por cada vez que osaba separarme para tomar aliento. Se movía, conforme quería seguir sintiendo mis caricias. Su garganta me incitaba -y excitaba- a seguir, emitiendo gruñidos y gemidos que alcanzaban mis oídos e instigaban mi cuerpo con ese ardiente apetito que tensaba mis músculos y disparaba mi pulso paulatinamente. Así como el suyo volvía a moverse. Sus piernas se abrieron levemente, capitulando lo poco que le quedaba de entereza, ofreciéndome todo, declarándose mía aún cuando yo no estaba del todo desnudo. Dioses. No reprimí mis ganas de morderla, indicándola que, aún con parsimonia, acabaría teniendo lo que buscaba. Lo que más me sorprendía era esa falta de torpeza inherente en esa primera vez. No sabía decir si era el deseo o que conocía demasiado bien, después de tanto tiempo a la muchacha que yacía y exasperaba en mi cama. O tan solo, el dejarme llevar, obviando esa falta de experiencia que juraba que los dos teníamos.

Me acabé deshaciendo de esa pesada tela antes de volver a ella, cegado por ese apetito voraz por aquel cuerpo que me había arrastrado sutilmente a la locura aquella noche. Ya no sentía el cansancio. Ni el dolor de los golpes del entrenamiento. No. Sólo sentía a Nyssa, su cuerpo, su deseo. Un deseo que también era el mío. Y seguía queriendo más. Mucho más.

Suspiré sonoramente contra su piel mientras emprendía mi camino de regreso, subiendo mortalmente despacio, regodeándome en esa desesperación que despertaba en ella hasta que mis dedos se afianzaron a su costado y mis labios juguetearon con la aureola de uno de sus excitados pechos. Su espalda se arqueó, su torso temblaba, y yo no podía pensar en otra cosa que no fuera complacerla. Nunca la había visto así y no pude negar que no me gustara todo aquello... pero también estaba demasiado exaltado como para querer entretenerme mucho más sin tomar lo que me correspondía, y que la misma pelirroja me estaba ofreciendo con total libertad y entrega.

Mis dientes se aferraron a la piel de su cuello ante otro de los gruñidos que me dedicó. Un estremecimiento volvió a golpear mi columna al sentir su mano en la parte posterior de mi cabeza y entrecorté una exhalación cerca de su oreja, cuando ella misma movió sus caderas, rozando ambos sexos. Esa ardiente humedad arrancó otro gruñido que alcancé a reprimir a duras penas. Dejé de torturar su cuello entonces, elevando el rostro para dejarlo frente al suyo. Y en ese afán por morder no reprimí ya mis dientes que, sugestivos, atraparon su labio inferior, y tiraron suavemente de él.

Ese ruego en la mención de mi nombre, me hizo resoplar. ¿Voy a hacerlo yo todo? La sorna adornó ligeramente una pequeña sonrisa. Una curvatura que dejaba en evidencia esa faceta dominante y hasta posesiva que estaba descubriendo en aquel momento. Clavé mis azules en sus orbes glaucos y refulgentes de necesidad. Está bien. Tú lo has querido. Correspondí entonces su mano, enlazándola fuertemente con la mía, alzándola por encima de su cabeza, utilizando el codo de ese mismo brazo para apoyarme y evitar que ella sufriera todo mi peso, aunque sintiese parte de él. Mi otra mano se coló entre ambos vientres hasta su entrepierna. Con sumo cuidado, acaricié aquellos labios húmedos, palpando suavemente con mis dedos. Acerqué entonces mis caderas y a tientas, busqué su sexo, tan dispuesto para la excitación que endurecía el mío.

Y entonces, la penetré.

De mi garganta surgió un gemido que no quise acallar. Me dejé envolver por esa presión, impregnándome de ella, mientras retiraba la mano y poder apoyarme, dejándola al otro lado de su cabeza. Mi cuerpo se pegó al suyo, paralizándose un momento, mientras dejaba que se estremeciera intensamente ante aquella nueva y cautivante sensación.




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