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Hiding out naughtily | Moira

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Re: Hiding out naughtily | Moira

Mensaje por Moira el Jue Mayo 14 2015, 15:12

Sus labios se estiraron en una sonrisa, que no pudo evitar, ante las palabras del otro resistente. Le gustaría cruzarse con él, hablar de nuevo… O mejor dicho, conversar más. Porque sus labios habían estado durante un rato bastante ocupados en otra tarea. Aunque intuía que ella hablaría más en otro momento. Desde que se conocían, si repasaba bien, el conteo de palabras era ganador en el lado femenino. Así que era probable que él hablase menos… pero de forma contundente, interesante e incluso con un aire juguetón. Resultaba invitante averiguar qué más tenía que decir.

-No, soy yo –contestó, medio en broma medio en serio sobre el horario. Con un deje de diversión que paliaba aquella suave muestra de orgullo que quizá había adoptado de convivir con dragones.

Él aceptó. Lo que la hizo esbozar una sonrisa, mordiéndose el labio de costado y bajar un poco la cabeza. Bien, no se había negado. Y eso que no sabía qué tenía pensado ella. Esperaba tener suerte y lograr tener un detalle con él. Lo merecía después de cómo se había comportado con ella. Seguro que lo hacía por cualquiera… pero había sido noble con ella y era lo que importaba. Sabía ser agradecida.

Por fin estaban en tierra firme. Lamentablemente, no llegó a mirar su rostro. No pudo ver aquel rubor ni aquella ceja levantada. Lo primero le hubiera parecido adorable. Lo segundo, probablemente hubiera hecho que olvidase lo que iba a decir y lo mirase con cara de “no hagas eso que la tenemos”. Pero no tuvo ocasión de disfrutar de aquellos gestos ni de ser expresiva por ellos.

-No puedo decir que me queje de que estés empapado –le devolvió, deslizando su mirada por el cuerpo ajeno mientras alzaba una ceja oscura, de forma aprobatoria-. ¿Hm? ¿Nuevas? –inquirió… justo antes de ruborizarse suavemente ante la devuelta de aquel coqueteo, suponiendo entonces a qué tipo de novedades se refería. ¿Tanto se le notaba que no había tenido relaciones con nadie? ¿O es que él se estaba refiriendo a otra cosa?-. ¿Por qué no? Hay que probar de todo –la devolvió. Porque no podía callarse ni un momento, no.

Una de las manos masculinas alcanzó la suya que descendía, deteniéndola. Su propio pulgar se movió sobre la piel ajena en una suave caricia. Quiso decirle que lo sentía, que nadie debería de sufrir aquellos abusos. ¿Pero cómo podía, cuando su voz moría en su garganta? Si alguien que se había descubierto tan noble como él había sido torturado, ¿qué les quedaba a los demás? Alzó su mirada, algo acuosa hacia los intensos zafiros que él poseía. Los irises femeninos fueron los que hablaron por ella. Aquel mudo “lo siento”. Aquella preocupación genuina. El rechazo a aquellos castigos físicos que tan injustos veía.

Su cuerpo se tensó en cuanto él la reconoció como la esclava liberada. O los rumores volaban por la base o… él había estado presente cuando la desafiada de Corah la puso en entredicho delante de otros resistentes. Ninguna de las dos opciones le hizo gracia. Le dieron ganas de llorar de rabia e impotencia ante la sola posibilidad de que él desconfiase de ella, de que creyese las palabras que Leena había pronunciado. Pero… no, él no podía ser así. La había ayudado, había estado con ella, no la había dejado en mitad del agua… No, aquel desconocido era demasiado noble como para eso. Y fue lo que le dio fuerzas para levantar la mirada y contestarle.

-Sí. Me liberaron en Navidad. Y no soy una espía –aclaró-. Cada uno tiene su propio dolor y su propio sufrimiento. Nuestro propio ser no lo mide, no hace falta hacerlo tampoco para los demás. Lo único que se puede hacer es luchar contra esos demonios… y, quizá, tener la suerte de que alguien más nos ayude a vencerlos –declaró, empezando a vestirse y agradeciendo internamente que él le dejase algo de intimidad-. Me uní a la resistencia para luchar contra los abusos y la injusticia de esta sociedad –agregó el motivo, a grandes rasgos. Podría dar más detalles, pero seguro que con eso comprendía lo que quería decir-. Gracias por tu caballerosidad –añadió, aún algo cohibida.

Cuando ya estuvo vestida de nuevo, él volvió a mirarla. Sacudió la cabeza, quitando importancia a que no le hubiese dicho su nombre. Lo primordial había sido escapar de los guardias y había estado bastante ocupado intentando calmarla. Pero cuando le dijo cómo se llamaba, lo miró con sorpresa.

-Como el sobrino del rey de Cornualles –murmuró, evidenciando que conocía la antigua historia-. Bonita casualidad. Aunque no soy rubia, a la vista está –comentó-. Encantada, Trystan –dijo finalmente, inclinando la cabeza con suavidad, dejando que un par de mechones oscuros danzasen con el movimiento.




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Re: Hiding out naughtily | Moira

Mensaje por Trystan el Vie Mayo 15 2015, 11:06

Enarqué ambas cejas por su respuesta. Al principio, la miré serio, sorprendido por esa contestación tan tajante pero, esa sonrisa provocó la mía antes siquiera de pensar en lo que pudiera contestarle-. Bueno, bueno, creo que es justo que te conceda poder elegir el cuando, entonces. -mantuve sólo una de las cejas arriba, al tiempo de ver cómo ella agachaba ligeramente la cabeza.

Reí con suavidad-. Lo raro sería que te quejaras, de hecho. -añadí a su comentario con la más divertida de mis sonrisas. Tampoco es que tuviera el cuerpo masculino mejor delineado ni desarrollado para deleite de cualquier mirada femenina -porque los hombres me daban exactamente igual-, pero tenía la creencia de que no resultaba del todo desagradable... salvo por las marcas que lo atravesaban desde hace menos de un año. Eran éstas lo que más podía cohibirme. Sin embargo, quería verlas como esa pequeña victoria personal frente a la raza dracónica, que me animaba a seguir luchando. Una victoria personal que pude llevar a cabo por... Rainreth. Mi gesto se ensombreció por un instante al pensar en ella, aunque la pregunta de la morena me sacó de mis pensamientos, volviendo a neutralizar el gesto. Dibujé una sonrisa inocente-. Sí, nuevas... -tarde, me di cuenta de ese rubor que tiñó sus mejillas-. Vaya, vaya, vaya. -fruncí el ceño, y marqué más la sonrisa-. Me sorprende que, de los dos, seas tú la primera que piensa mal. -¿no decían que éramos los tíos los que siempre le buscábamos el doble sentido a todo? No obstante, me resultó tremendamente agradable y tierno ese sonrojo cuando minutos antes se pegaba a mí como si quisiera fundirse, empezando con aquel beso.

Sacudí la cabeza en una negación distendida con esa coletilla suya, intentando devolvérmela sin mucho éxito. Qué chica tan peculiar. Pero no acabó ahí, no. Mis dichosas cicatrices captaron su atención. La piel se me erizó al paso de sus yemas hasta que detuve su mano con la mía. Aún ahí, siguió con esas caricias sobre ésta. Mis azules buscaron los suyos, y me extrañó ver tanta preocupación en ellos. Apenas me conocía, ¿cómo era posible que pudiese sentir algo así por sólo verme unas marcas?-. Estoy bien, ¿eh? -murmuré, en mi intento por asegurar que así era. Con matices, pero, al menos, físicamente, así era-. Aún me siento capaz de robarte el ciervo. -añadí, haciendo la más simplona referencia a esa primera conversación que habíamos tenido.

No tardé en comprender el porqué de aquella inquietud en su mirada cuando ella me enseño su espalda. Una espalda de piel tersa, limpia, suave, de no ser por esas líneas que la atravesaban. Y fue entonces cuando entendí que aquella mirada, estaba cargada de empatía, al haber vivido una situación parecida. Y una rabia momentánea se apoderó de mi mandíbula inferior, que se apretó contra la superior. Era ridículo pensar que lo hacía por no haber tenido ocasión de ayudarla para que no hubiera tenido que sufrir tanto. No había tenido ocasión de conocer un esclavo que hubiera sido liberado y me mostrase esas huellas de la esclavitud tan dócil y claramente-. Hmm... eres demasiado sincera. No tienes madera para ser espía. Aunque si lo fueras, no serías la única... pero sí la más evidente... -expliqué, por lo que había podido ver. No sólo ya aquella vez, sino en aquella ocasión en la que Leena tuvo a bien reprocharle tantas cosas delante de todos los que estábamos presentes-. Esa intención de cambiar el mundo y tu determinación, nos vienen especialmente bien. -demasiados radicales. Demasiado odio. Algo tan negativo, no podría generar nada positivo. Quizás, Moira fuera de esas pocas que, como yo, sólo quería algo mejor para nuestra raza, sin llegar a implantar nada. Correspondí su agradecimiento, con un simple gesto. ¿Caballeroso por dejar que se vistiera a gusto? Hm, y yo que siempre había pensado que eso era mero respeto.

Vale, desde luego, lo que no me esperaba ni remotamente como reacción a mi nombre era que me compararan con... ¿quién? Mi gesto mostró una extrañeza evidente que ni me molesté en reprimir, aunque se ultimó con una sonrisa por sus últimas palabras-. Creo que vas a tener que contarme esa historia... -musité con cierta vergüenza. No se podía saber de todo en esta vida, ¿no? Tuve la intención de volver a colocarme la camisa, pero seguía demasiado mojada para mi gusto, así que acabé atándomela a la cintura-. Pero mejor hacerlo mientras vamos de vuelta. En lo que llegamos habrá oscurecido lo suficiente como para que deje de ser seguro andar por el bosque. -eché la mirada al cielo, de nuevo antes de volver a la muchacha, sonreír, y extender la mano, cediéndole el paso.

En el camino y de soslayo, no pude evitar echar la mirada en varias ocasiones a la morena, mientras me sacaba de mi ignorancia, pillándola un par de veces unas miraditas que no iban precisamente a mi cara.

Sep, definitivamente, no debía de tener tan mal torso... o a saber qué.




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