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Get ready to feel (Megerah)

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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Sáb Abr 18 2015, 01:50

Claro, la culpa siempre era de los guardias. Erah rodó los ojos ante la respuesta de la dragona. Dichoso ego que gastaba la señorita. Exhaló por la nariz,  en su intento por armarse de un poquitito más de paciencia. Aún le quedaba mucho, mucho tiempo aguantando comentarios de esa índole, pero no era algo a lo que no estuviera ya acostumbrada-. ¿De lo que he hecho? -inquirió en respuesta, clavando con amenaza velada la intensidad de sus azules en los orbes verdes de Corah-. No. -y que fueran las consecuencias que fueran. Megerah de lo único que se arrepentía en todo caso, fue de creer las mentiras del maldito dragón negro. Esas mentiras que habían hecho tanto daño y con las que la rubia actuó en consecuencia... para luego quedarse y asumir el peso de sus actos.

Soy buena en lo que hago, pero no me considero tan especial como para librarme de la muerte. En los últimos días, parecía haber hecho mérito para que la muerte la encontrara por fin, pero Corah le había jodido los planes a ambas.

Como todos. Moloch. Leviathan. Ambos entraban en la definición emitida por la dragona. Curiosamente, eran los que Erah más podía haber querido, aunque a uno fuese de una manera demasiado retorcida y tóxica. Y al otro, bueno, no era precisamente que adorase esa faceta de Thareon, pero ese era él ahora. Una personalidad que la odiaba, que sabía la verdad... y que se lo había echado en cara cuando por fin la tuvo delante. ¿Cómo podía enfrentarse a algo así? Ayudándolo a escapar. Asegurándose de que no volviera a verla. Quedándose ella con esa culpa.

La esclava elevó ambas cejas, con cierta incredulidad. ¿Convenceros? Ya lo estáis. No habríais venido por mí de no ser así. Uno de los extremos de su boca se elevó con suficiencia, a sabiendas de que Corah tenía perfectamente presente las habilidades de la humana, y lo mucho que podía aprovecharse de ellas. Al menos, hasta que Moloch quisiera arrastrar de vuelta su trasero milenario y reclamársela. Otro gallo cantaría entonces. Megerah sabía que con él las cosas serían muy distintas. Habría reproches, puyas,  incluso gritos, golpes, más odio que hasta ahora y quien sabe si el dragón pondría voluntariamente fin a la vida de la que había sido tantas cosas para él. O al revés. Desde luego, ambos tenían motivos: ambos se movían por la traición a esa tácita confianza que cada uno había puesto en el otro.

Había sido Erah la primera que había dado el paso para sacar al que fue su dueño de su vida, al enamorarse de otro. Pero Moloch, por capricho y obstinación, la mantuvo peligrosamente junto a él. La rubia no había tenido el valor de romper barreras hasta que había sido demasiado tarde. No obstante, sí tuvo libertad para elegir ese acto que podría redimirla de parte del dolor que pudo causar.

La blasfemia que Corah emitió en la red por los comentarios del dragón la sacaron de su ensoñación.  Miró entonces, divertida, cada gesto que la rubia hacía conforme avanzaba la conversación entre esos dos... hasta que ella le retó.

Erah echó ligeramente la espalda hacia atrás cuando ¿Kariel? se puso a su altura. Se sintió desnuda en cuanto él habló, mencionando a Thareon. ¿Es que también lo conocía? ¿No iban a dejar su relación con el dragón azul en paz? ¡Bff! ¿Acaso esa relación era de dominio público ahora? Moloch no había dicho nada. Ella tampoco. Y Thareon estaba más que indispuesto a dar explicaciones. Mantuvo sus cristalinas pupilas en las del contrario, sopesando sus palabras, su entonación y las opciones que le brindaban-. Vaya, al parecer tenéis mejor don de la palabra que mi dueña... -murmuró lo suficientemente alto para que Corah la oyese. El gesto del dragón, más expresivo de lo que Megerah había llegado a pensar, terminó por convencerla de que haciéndose la loca, sólo conseguiría más molestia si no se dejaba curar. Molestia que se transformaría en dolor e incapacidad física en cuanto los moratones empezasen a tomar forma y se apoderasen de todas esas zonas golpeadas. Suspiró echando la mirada al suelo, antes de hacer el esfuerzo de retomar el control de su cuerpo para incorporarlo, con cierta pesadez y dolencia. Acto seguido, comenzó a  desvestirse, con lentitud, congestionando el gesto de vez en cuando, poco atenta a las miradas que pudieran estar observándola.

Su pelea ahora era librarse de aquella ropa, con verdadera intriga por los motivos de aquel dragón para estar allí. Porque ayudarla de manera desinteresada se le antojaba imposible.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Kariel el Dom Abr 19 2015, 17:35

Se relajó un poco al ver que decidía hacerle caso y se desnudaba. Esbozó una sonrisa ladeada ante el comentario, para Corah no debería de ser novedad. Alzó una ceja al ver el cachetazo y entrecerró los ojos, había más sentimientos en juego allí de los que se podía ver a primera vista.

Se paró y fue a la otra habitación a buscar vendas cuando escuchó el comentario de Corah y pensó “Pff, gaaaay” en chiste, recordando cuando eran jóvenes y jugaron, muy borrachos, a un juego de preguntas y respuestas. Se anotó mentalmente una nueva respuesta a una de ellas.

Volvió con las vendas para ver a Corah aplicar la pomada con suma suavidad y sonrió aprovechando que no lo veía. A veces era cruel y despiadada, pero otras mostraba una suavidad inesperada, era uno de esos momentos. Lástima que no los sabía aplicar más seguido.

Esperó a que terminase la aplicación y se puso a vendar a Megerah con expresión concentrada. Había tenido mucha práctica antes con cierta esclava… en la cual había acordado no pensar, y también con la bruta de Corah en sus entrenamientos. No era un experto, pero hacía un buen trabajo.

-A veces siento que mi vida contigo es un círculo vicioso. Hay ciertas cosas que no se arreglan a lo bruto, y me haría dichoso si lo entendieras. Aunque, probablemente moriría de un infarto ante la impresión…


Comentó terminando de atar las vendas y apartándose de la esclava. Era una pena verla así, y sabía que en algún punto Corah estaba de acuerdo, aunque fuera muy en el fondo. Quizá podría hacer con ella lo que habían hecho con muchos otros. Y con ese pensamiento en mente la miró de reojo… esto era distinto, Megerah era de Moloch, era complicado… pero los sentimientos de la inquisidora en esto también eran complicados.




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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Abr 20 2015, 22:37

Y bien, señores, ahí teníamos la pregunta que Erah bien sabía que iba a llegar tarde o temprano. ¿Qué sentimiento? La rubia lo tenía muy claro-. Miedo. -¿miedo? Megerah tragó saliva al pensarlo más detenidamente. ¿Miedo a Moloch? Por ese miedo, rompió el corazón de Thareon con mentiras. Por ese miedo, no volvió a intentar verlo. Por ese miedo, nunca le dijo lo que sentía por él. Por ese miedo, sólo lo cuidó desde las sombras. Pero no era ese miedo quien la había instado a quedarse.

No, a Moloch ya no le tenía miedo. Ni respeto. Su actitud egoísta y caprichosa para con ella habían conseguido desligarla sentimentalmente de él. Por fin. Justo ahora que el dragón negro se había agenciado su corazón, haciéndola lidiar con tanto sentimiento que, irónicamente, perdería con el paso del tiempo. Como si al desafiarla, al arrancarle el corazón, hubiese eliminado esos límites entre los que la humana encerró todo lo que sentía por el dragón que liberó.

Erah se había quedado por un miedo muy distinto. Era ese miedo al propio Thareon. Miedo a su reproche. Miedo a su odio y repulsión al saber que le había mentido. Que había sido egoísta y le había hecho daño. Miedo a escuchar las mismas palabras que Leviathan le dedicó, con el registro de voz del dragón azul. No, eso sí que no podría soportarlo.

Pero, ¿qué entendería la dragona de esa simple palabra?

La esclava oyó las palabras de ésta en su cabeza, y esta vez calló, concediéndole la razón. Erah no había luchado contra nadie. Erah aceptó su condición y se aprovechó de ello. ¿Eso la convertía en otro monstruo? Interesada, caprichosa y calculadora.

Unos vagos, sí. Drem entre ellos. Enunció en su mente. El rubio era también inquisidor. Humano. Y estaba más que segura que por la experiencia de Megerah en los inquisidores, era demasiado fácil hacer comparaciones y ver que la rubia valía más a priori. Había sido ella la que había cruzado la línea. Para llevar a cabo investigaciones, arrestos... y traición. Erah lo tenía presente y sabía que Corah también. Fue por eso por lo que marcó a un lado su sonrisa.

No supo bien por qué la pilló aquel bofetón de sorpresa. Era algo cantado que tarde o temprano, la dragona perdería la paciencia. Pero eso no fue suficiente para que la altivez en la mirada de la humana desapareciese al devolvérsela a Corah, mientras mascó cierto regusto metálico. Marcó dos respiraciones al sentir el picor característico, pero no dijo nada, pues el dragón volvió a llamar su atención justo para que se desvistiera. Y entonces, salió de la habitación, dejándola sola con su dueña de nuevo.

Erah puso los ojos en blanco en cuanto la inquisidora mencionó a Thareon. Otra vez. Otra. Vez. Otra jodida vez. ¿Por qué? ¿Tan obvia había sido? ¿Qué iban a ganar mencionando al dragón repetidamente? Ya no estaba. Y Erah sinceramente, creía que no volvería a verlo. ¿Tenía sentido que la rompieran así? ¿Para qué? ¿Por propio regocijo? Era humana. Frágil. Mortal. No obstante, Megerah se dio cuenta que si acababan con su voluntad, esa devastadora fuerza de voluntad que la rubia había presentado desde que tuvo libertad para unirse a los inquisidores, la volverían increíblemente dócil. Pues no le quedaría nada más para luchar. Pero eso no pasaría justo en aquel momento, porque estuvo demasiado tentada de picarla con otro comentario ladino y venenoso, pero se abstuvo. Todo por el alivio que sentía conforme Corah aplicaba aquella sustancia sobre su piel.

Kariel regresó y comenzó a ¿vendarla? Una ceja se le disparó hacia arriba a la humana, pues en sus conocimientos adquiridos en los últimos años, gracias a todas esas ocasiones en las que curó a Thareon, para unos simples golpes no hacía falta vendar. Mas sí lo agradeció, con una mirada apaciguada a los azules del dragón y una exhalación calmada por la nariz. Llegó a vendarle la parte baja de las costillas, justo debajo del pecho, y a Erah le costó inspirar por un segundo.

Empezaba a tener curiosidad por lo que viniera a continuación.... pues dudaba mucho que Corah tuviese como definición de tortura, lo que había hecho hasta ahora. Seria una gran decepción que el pensamiento de Megerah no fuera cierto.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Kariel el Miér Abr 22 2015, 23:43

Pensó que al menos era algo que no iba a magullarle más, escocería mucho, sí, pero esos golpes que a veces daba para magullar eran mucho peores. Kariel había sido víctima de ellos cuando practicaban.

Corah a veces tenía la necesidad de probarlo equivocado todo el tiempo, en esos momentos todavía veía su parte asustada e insegura, a pesar de que nunca se lo remarcaba a ella. A veces se preguntaba qué harían si tuvieran que enfrentarse, ¿ir a los puntos débiles del otro que tanto conocían, o bien evitarlos y hacerse los tontos?

-Paso, tengo cosas que hacer. Pero me ofrezco como niñera cuando termines, que sé que eso no se te da bien, y no es buena idea que rompas un juguete que no te pertenece.

Sabía que no necesitaba recordarle que no era de ella… pero a veces necesitaba recordatorios de que la gente era frágil-. No me vendría mal alguien con quien entrenar que tenga otro estilo, tampoco-. Soltó casualmente al respecto.

No estaba seguro si Corah le haría caso, sin embargo ahora tenía la oferta sobre la mesa. No sería la primera vez que le pasaba el fardo a Kariel, sabiendo que era capaz de cuidar de lo suyo sin apropiárselo. Al menos no del todo.

Con eso último se dio media vuelta y saludó con la mano, sin mirar a Corah y se fue, cerrando con llave tras de sí.




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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Abr 23 2015, 17:01

- Quizás algún día llegue a decíroslo. -respondió la desafiada entonces. Sabía que Corah insistiría como había venido haciendo hasta ahora para desglosar a la esclava y que ésta fuera más... accesible. Pero Megerah no pensaba capitular tan rápido, pues cuanto más aguantara ella, para su desgracia, los inquisidores no continuarían con esa supuesta investigación que estuvieran haciendo. Porque como bien habían remarcado ambas rubias... eran unos vagos.

Ese comentario que Corah vertió en la mente de la esclava le hizo demasiada gracia como para obviarlo y no sacar la puntilla. Si hacéis eso con todos, no me extraña que sean tan vagos. Ea. Corah era la culpable de la pereza de la Inquisición. A Erah le divirtió lo dicho pues tenía demasiado claro que la Inquisición no tendría el empuje que tenía de no ser por aquella dragona... Ella pudo comprobarlo cuando formó parte de aquella sección minoritaria y contundente del ejército. La élite, supuestamente. Pero aún tenían que pulir demasiadas cosas y bajar algo de ego para que aquel grupo funcionase mejor. Megerah lo intentó en su momento... pero por su condición, sólo consiguió comentarios altivos y miradas de suficiencia. 'Bitch, yo sé hacerlo mejor'. ¿En serio? Pues hazlo, holgazán. Fue una conversación mental interna que Erah tuvo en incontables ocasiones en esos seis meses. Mas las cosas habían cambiado demasiado para que mantuviera tanta altivez. Erah lo sabía, así como que llegaría el momento en el que se apagaría tanto carácter. Pero no tenía intención alguna de ponérselo fácil a la dragona.

Aunque Corah hiciera lo que acabó haciendo, arrancando de cuajo la venda de su brazo. De la fuerza del tirón, los dos últimos puntos saltaron, y la postilla de esa zona cedió. Insatisfecha, sin contemplaciones, haciendo alarde de esa frialdad, la dragona vertió el líquido ácido por el brazo lastimado y ahora desnudo, de Megerah. Y ésta terminó por gritar lo que se había aguantado con el tirón. Rápidamente, se llevó el antebrazo a la venda que Kariel había puesto instantes antes bajo su pecho, y las piernas se le hicieron débiles por un momento, en el que cayó de rodillas. Escocía. Dolía. Y del dolor, a la rubia se le nubló la vista por el líquido que cubrió sus ojos y acabó surcando sus mejillas. Bien sabía lo que el limón, la sal y el alcohol provocaban en cualquier herida. Mas no lo había llegado a comprobar de una manera tan drástica hasta entonces.

La dragona enfundada en cuero parecía verdaderamente molesta con el dragón cuando habló. ¿En serio? ¿Ese arranque había sido simplemente por contradecirlo? Erah arrugó la nariz, contrariada, frustrada, adolorida y sobre todo, irritada.Muy bien, Kariel. Estupendo. Llegáis, me cabreáis a la rubia, pago yo las consecuencias y os marcháis. Os habéis ganado una medalla... y una hostia con la mano abierta en cuanto tenga la ocasión. Si es que llegaba a tenerla. Desde luego, aquel dragón no la había ayudado mucho, si lo que quería era librarse del carácter de Corah. Más bien, y quien sabe si sin querer, había conseguido lo contrario. Tras el click del cerrojo, la habitación quedó en silencio. Sólo los jadeos de Erah interrumpían, lastimeros, ese sosiego mortuorio por el que la dragona se paseaba, dejando un nimio eco de la suela de sus botas al pisar. La esclava apretó la mandíbula, alzando de nuevo la llorosa mirada a su dueña-. No me extraña que estéis sola. -espetó entre dientes con ponzoña, con la mirada echada al brazo, tembloroso. Le importaba poco o nada lo que pudiera hacer la dragona a continuación. Que dolería era algo que tenía claro ya. Pero ahora sólo podía sentir ese escozor punzante en su antebrazo izquierdo.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Vie Abr 24 2015, 09:10

Mientras Erah intentaba controlar esos impulsos de retorcerse de dolor, presionando su antebrazo contra ella misma, oía más que escuchaba la conversación entre aquellos dos. No le interesaba lo más mínimo. Ese jueguito que tenían, había acabado mal para la esclava, que no tenía ni culpa ni voto en aquella extraña relación. Mas Erah sabía que más temprano que tarde, Corah se dejaría de estupideces y cortesías. Estuviera Kariel delante o no. El dragón se marchó con la indignación pesando sobre sus hombros y Corah adoptó un aire ridículamente triunfal que, de haber tenido a Megerah más atenta, le habría hecho soltar la carcajada. A veces las dragonas pecaban de ser tan divas, pensándose que todos tenían que besar allá por donde pisaran. Idiotas.

La rubia tragó saliva, cuando la dragona habló, antes de apretar la mandíbula y atravesar su espalda con sus cristalinos. No, para nada. ¿Queréis comprobarlo vos también? gruñó mentalmente, usando demasiada fuerza, llegando a rechinar los dientes ligeramente. Acabó suspirando, disimuladamente, cuando Corah enunció la evidencia de que tan sola estaba ella... como Erah-. Parece que os cuesta aceptarlo más que a mí. -farfulló, saboreando el veneno que desprendían sus palabras, justo antes de alzar el brazo derecho sobre su propio rostro y coger el vestido que la dragona le había traído. Estar sola, no era ninguna novedad de la que Megerah no fuera consciente. Pero ella así lo había querido. Ella lo eligió. Al desterrar a Thareon de su vida -que no de su corazón-, al liberar a Lyvana junto con el dragón, al quedarse con el único que podía devolverle su perdida condición de humana... pensando que Moloch se había quedado en la ciudad. ¿Qué habría ganado yéndose? Nada. ¿La libertad? ¿Qué libertad? Una mentira en la que se basaría una vida que la volvería un ente inhumano, insensible. Un muerto viviente. ¿Quién quería algo así? O el enfrentarse al hombre del que seguía enamorada, si es que él llegaba a calmar ese alter ego tan destructivo que había desarrollado gracias a las malas artes de la Muerte Negra.

Erah, de manera inconsciente, prefirió quedarse por no ver el reproche y la repulsión en aquellas dos pupilas de color topacio que tanto la hicieron sonreír.

El brazo le tembló ante el primer pespunte, del cual la rubia replicó con un gemido contenido. Sudor frío, dificultad para enfocar, boca reseca y hasta un bajón de tensión pudo llegar a sentir de todas esas punzadas que Corah tenía la bondad de clavar en su carne. Algo que ya había hecho Lyvana, pero de una manera mucho más dulce y cuidadosa. ¡Ah, dónde estaría aquella albina tan peculiar ahora! Megerah quiso pensar que se había tomado la promesa que le hizo, en serio, y estaba cuidando del dragón azul. Pero, ¿qué valía la promesa de una persona tan cambiante? Es más, ¿acaso era verdad que Thareon ya no estaba, ni dentro del castillo... ni fuera? Megerah tragó con lentitud y tiró ligeramente, en una de esas veces que la dragona embadurnó la herida con alcohol. Se tensaba. Se encogía. Y poco a poco, volvió a sentir alivio, con aquel cataplasma final y la venda.
Por un rato, Corah no se ensañaría más con esa herida de la que Erah se quería librar ya.

*******

Megerah ya sólo intuía cuántos días podían haber pasado, pues aquel zulo no tenía tragaluz alguno, y la dragona interrumpía regularmente, hubiera luz o no, para evitar que la rubia descansara la conciencia. ¿Es que ella tampoco dormía? Su estómago ronroneó durante unas horas, pero enganchada a la pared y encerrada, dependía de la dragona más de lo que la gustaría admitir. Corah había tenido el detalle de no encadenarla por los brazos, así como dejar comentarios ladinos que daban a la esclava horas de diversión, afianzando dudas en aquella entereza férrea... que ya empezaba a resquebrajarse con algunos temas.

Ya sentía las piernas adoloridas, pues las cadenas no la dejaban sentarse. Tiraba ligeramente de éstas hacia abajo, cuando la puerta se abrió y la luz la hizo fruncir el ceño, sin llegar a abrir los ojos, acostumbrados a la oscuridad. ... días, reflejó esa palabra en la mente de su dueña con hastío, cansancio y debilidad. Sintió un escalofrío cuando tantos apetecibles aromas golpearon dulcemente su nariz. Comida. La esclava salivó, de manera instintiva, queriendo ignorar todo. A Corah, la comida, el lugar, el malestar, la jodida dolencia de su brazo izquierdo. Todo-. Algo... me dice que no me dejaríais si así fuera... -¿unirse? Megerah alzó la mirada, con calma, hacia la dragona, ignorando adrede tanta comida que ya invadía su olfato. Unirse... ¿en qué sentido? Tenía claro que la inquisidora iba a seguir latigándola con el nombre del dragón. O más bien con su paradero. La desafiada sabía sus intenciones, las sabía, pero su situación y los sentimientos, no la dejaban pensar con claridad y esa duda sobre la muerte de Thareon había ganado fuerza. La suficiente para empezar a ser ineludible y, si todo seguía igual, llegaría un momento en el que a Erah se le antojaría real.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Sáb Abr 25 2015, 13:39


La rubia escuchó a la dragona en su cabeza, girando la cabeza a un lado mientras rodaba los ojos, hastiada por la petulancia de Corah. Una petulancia que aunque no quisiera admitirlo, compartían. ¿Ingenua? Si la rubia pensaba que Megerah era una ingenua, le estaba demostrando a la desafiada lo poco que la conocía realmente. La esclava había visto y hecho demasiado para ser tan inocente-. Supongo que sí. -encogió la nariz, en una extraña mueca de conformismo por su situación y dolor por su brazo. ¿Qué destino le deparaba a Erah? Algo que escapaba a sus ojos o cualquier predicción que pudiera hacer. Su vida había dado demasiadas vueltas y cambios de dirección en tan poco tiempo que, pasara lo que pasara, la rubia humana lo acabaría aceptando ya. Aunque, por los últimos acontecimientos, dudaba que fuera algo que fuese a disfrutar.

Erah tragó saliva, exhalando marcadamente cuando la dragona le advirtió quedamente. Ni alcanzaba a cerrar la mano del temblor que le provocaba. Estuvo tentada de tirar, de salir corriendo pero, como así acabaría demostrándole a Corah cuan ingenua era. Y no estaba dispuesta a ello, sobre todo, en las condiciones en las que estaba. No tenía la más mínima opción por muchos impedimentos que le pusiera a la inquisidora. Además de la falta de fuerzas que sentía en aquel mismo momento.

Capituló entonces, considerando esa tortura como merecida, y vistiéndose cuando pudo.

*****

Megerah, al irse Kariel, consideró la idea de dejar de picar a la dragona, viendo cómo se las gastaba. Así que, había ido intentándolo poco a poco. Estaba cobrando igual, Corah se lo había tomado en serio, después de un par de tonterías que sólo sirvieron para envalentonar a la esclava. O para mantener el descaro que Moloch le había dejado tener. Megerah no era ninguna estúpida, mas no podía evitar esos comentarios pérfidos que se le escapaban. Por muy prudente que quisiera ser -que no mucho-, lo de controlarse no lo llevaba del todo bien.

Apretó los dientes con la contestación de Corah. Respuesta que alimentó la duda que terminaría engullendo a la rubia, pues no pudo evitar seguir enlazando la pregunta inicial con la consiguiente replica de la dragona. Se concentró en su respiración, con el ceño fruncido, intentando relajar esas tremendas ganas que le dieron de acelerarla. La barbilla le tembló ligeramente, antes de desterrar esa incómoda sensación pensando en el culpable de todo aquello-. Qué extraño... -murmuró más para sí que para su dueña. Eran unas palabras colmadas de ironía, pues por culpa de aquel dragón aún seguía viva. Tal vez, ahora sólo la quisiera para poner remedio a ese error que pudo cometer hacía ya casi ocho meses.

En su garganta se emitió un quejido con el contundente agarre de la inquisidora, como si Erah se hubiera negado a abrir la boca. La humana cedió sin esfuerzo, por el cansancio, aunque su dueña apretó sin miramientos. Aquel trozo de carne le supo a gloria después de tantas horas a base de agua. Lo saboreó, exhalando ligeramente de alivio, sin llegar a desfruncir el ceño-. Como si os importara lo más mínimo... -susurró mientras rumiaba con trabajo lo que le quedaba de comida en la boca. Dudaba mucho que, tuviera ganas o no, Corah la soltase para una nimiedad fisiológica como aquella. Pero todo pensamientos se vio resquebrajado con aquel contacto físico que supuso el codo de la dragona en su antebrazo herido. Erah aspiró profundamente como única respuesta a su última pregunta, congestionando el gesto de dolor por ese pinchazo que atravesó la carne que Corah presionó consistentemente. Sus labios temblaron, como reacción inconsciente de su propio cuerpo al suplicio que le suponía esa fuerza y tensión sobre la herida-. ...duele. -musitó en fenicio, dejando escapar su aliento entre dientes, apretados por el dolor, más que por enfado.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Abr 27 2015, 19:28

La inquisidora seguía royendo con sus palabras, carcomiendo como la más voraz de las termitas, la ahora tambaleante entereza de la esclava. Erah estaba cansada, adolorida y su psique había sido vapuleada de malas maneras en los últimos días. Porque tras la marcha de Thareon y Lyvana, la rubia había lidiado con esos pensamientos tan destructivos y ahora truncados por el desaliento de haber sido pillada. Y ya no sabía qué era peor-. Eso os encantaría... -matizó sabiendo que sí, que Corah tenía razón: Megerah acabaría pagando por los dos. Por ella y por Thareon.

Pero Erah estaba más que dispuesta a asumir las consecuencias de lo que había hecho.

La esclava rumió la comida, aparentemente con desgana, a pesar de sentir que aquel hambre atroz se reactivaba con ese humilde trozo que se había llevado a la boca. La desafiada no quería admitir que estaba extenuada, habiendo estado de pie durante dos días, sin alimento que probar y apenas una cabezada. Los calambres en las piernas habían pasado a ser algo con lo que la rubia lidiaba, prácticamente acostumbrada. Pero su naturaleza de heartless, al parecer, le ayudaba aún a mantener rectas las piernas y no ceder a su propio peso. Mas la herida del brazo era otra historia. Sois joven. Aún podéis aprenderlas... espetó mentalmente a la dragona. Ignoraba la edad de la dragona y lo que había podido llegar a ver de todas esas guerras que se habían lidiado antes de que Megerah naciera, pero era bien sabido lo afines que eran los dragones a aprender de la edad antigua de los humanos. De todas formas, la rubia había hablado fenicio por inercia, sin pararse a pensar siquiera si Corah la entendería. Esa había sido siempre la lengua por excelencia en la corte de Moloch. Y Erah había hablado fenicio mucho más que la lengua común.

Inspiró de alivio cuando la inquisidora le soltó el brazo, pero le duró poco, pues adivinó rápidamente las intenciones de la dragona en cuanto le puso la correa y la liberó de sus cadenas. Hizo recolección de fuerzas ante el primer tirón pero la pierna derecha le falló y cayó al suelo al intentar dar un paso... y un tremendo pinchazo recorrió parte de su cuerpo cuando, por instinto, apoyo ambos brazos para sujetarse. La respiración se le entrecortó pero Corah no iba a darle tregua y siguió andando, así que la correa al cuello pronto empezó a presionar el cuello de Megerah. Más le valía levantarse si no quería verse arrastrada.

Y eso hizo, con un acopio de energía que no supo de dónde salió.

Tras un par de trabajosos pasos, consiguió erguirse y seguir a la dragona. Quizás fuera el orgullo de no verse reducida de tal manera, quizás fuera su condición extraordinaria de desafiada, pero sus piernas pronto sacaron provecho del movimiento y renovaron esas fuerzas que las empujaban, aunque la molestia del entumecimiento estuviera presente. Ese hormigueo pronto menguó, conforme andaba, sin embargo, el brazo izquierdo le abrasaba por dentro lo que no estaba escrito. Fue por esto que no desfrunció su ceño en ningún momento mientras se daban ese ridículo paseo. Y lo que le gusta joder a la rubia, pensó con el suficiente control como para que aquel pensamiento no fuese más allá de su cabeza.

No pasaron mucho tiempo cruzando los pasillos que Erah ya se sabía de memoria. Pero cuando estuvo en su habitación, Corah no la llevó inmediatamente de vuelta a su cubículo. El familiar sonido del látigo llegó a los oídos de Megerah cuando la inquisidora abrió la ventana. La dragona la obligó a mirar hacia un patio donde varios esclavos estaban siendo víctimas del crepitante cuero. La rubia se aproximó a la ventana, poniendo su brazo izquierdo, concienzudamente entre su cuerpo y la pared bajo ésta, dejando que el frío de la piedra la aliviara. Tragó saliva, aún con el rostro imperturbable con la primera pregunta. Lo mantuvo con la segunda, así como la mirada fija en aquel espectáculo que tenía ante sus ojos. Y así hizo con la tercera también, pero no contestó a ninguna. Porque lamentablemente, sabía las respuestas.

Seguía sin fiarse de la dragona, así que... de todo lo que había en la bandeja, tuvo claro hacerse primero con el zumo y una tostada. Llevando tanto tiempo sin comer, no era recomendable hartarse en poco tiempo. Erah lo sabía desde el punto de vista de torturador, pero como víctima reprimió ese impulso de, efectivamente, abalanzarse contra la bandeja y llenar la boca con la máxima cantidad de comida posible como si le fuera la vida en ello. El dolor de estómago y los retortijones posteriores era algo que Corah estuviese buscando, pero que Megerah no estaba tan dispuesta a concederle.

Bebió un par de tragos, agradeciendo el sabor y casi sintiendo como esa explosión de vitaminas la revitalizaban enormemente. Con movimientos cautelosos, dejó el vaso y se cambió la tostada de mano, la dobló por la mitad y la sumergió parcialmente en la mermelada. Levantó la mirada con prudencia cuando se llevó el trozo de pan a la boca, buscando las esmeraldas que la observaban con malicia contenida. Su cuerpo tembló de manera imperceptible entonces.

Y ahora, ¿qué?





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Vie Mayo 01 2015, 18:19

Megerah llevó los ojos al cielo, por la puntilla de la otra rubia sobre la edad. Nunca habría adivinado la edad de ésta, principalmente, porque era un tema un tanto turbio. Los humanos crecían y su apariencia física menguaba llegada un punto, pero a Erah se le antojaba diferente para los dragones, pues en su vida había visto algún dragón con decrépito aspecto. Mismamente, había oído que la Reina era la madre de todos los dragones, pero cuando tuvo ocasión de verla, una vez, se quedó en shock de la impresión, pues no aparentaba más edad que ella. Así que, le daba francamente igual que Corah tuviese veintiséis años que dos mil quinientos treinta y siete. Que le sacaba más de cien era algo incuestionable.

La dragona, pareció ligeramente frustrada ante el silencio mortuorio de la esclava. Erah ladeó una sonrisa socarrona al darse cuenta que, aunque la sacara de quicio, sus filosas y rebeldes contestaciones de la humana... la divertían. Así que, en ese momento, tanto la castigaba una, como la otra le devolvía el golpe. Una peculiar relación que no había tenido nunca, pues al único dragón que había tenido como dueño hasta entonces, lo respetó, lo amó y lo odió a partes iguales. Y tanto distaban sus formas, como el carácter de ambos dragones, dentro del comportamiento standard de su raza. Para su sorpresa -que supo ocultar mejor de lo que pensaba-, la dragona dejó que desayunara, así que, la desafiada, acabó llenándose, con poco, eso sí. No contenta con ello al parecer, la inquisidora la regaló los servicios de un sanador quien pareció obrar milagros en su brazo. Megerah pudo descansar, a base de ungüentos, de ese lacerante dolor que le había estado acompañado por semanas.

Al día siguiente, Corah volvió a sorprenderla, cuando dejó que otros se ocuparan de ella. Pero no en el mal sentido. Erah averiguó a base de hablar con ellos que servían al dragón que había despertado la ira de la dragona días antes. Quizás, no se mereciera esa bofetada que la humana pretendía darle, después de todo. No obstante, le resultó extraño -cuanto menos- que su dueña la dejase en paz. Así como el día siguiente, en el que apenas la vio.

Pero la rubia sabía que era la calma que precedía a la tormenta.

La manera que tuvo de despertarla al tercer día, se lo confirmó. Respiró marcadamente por la boca un par de veces hasta que dejó de sentir el agua tan fría. Vio el percal, cuando Corah hizo por quedarse a solas con ella. Oh-oh. Con presteza y entumecimiento en las piernas, se apartó para esquivar aquel contundente filo. Cayó de rodillas, lejos de la trayectoria diagonal de la espada de Corah. Ugh. A regañadientes, Erah se hizo con el arma que estaba tirada en el suelo a tiempo de alzarla con ambas manos para detener un segundo ataque, y de la violencia del choque metálico, su brazo izquierdo se resintió. Por suerte, alcanzó a trabar por el extremo afilado, su propia espada contra el muro sobre el que se había estado apoyando. Se ayudó de éste todo lo que no pudo con su brazo, y pudo detener ese primer ataque. ¿Qué? ¿Ya volvisteis a hablar con Kariel? Vertió con burla y veneno en la mente de Corah. Había tenido un par de días para recuperar fuerzas y moral y se había acostumbrado a los calambres, al pasar tanto tiempo de pie mientras dormitaba. Hasta confianza, al entrever ciertos comportamientos de la dragona de los que pudo sacar conclusiones. La rubia atacó en respuesta, volviendo a incorporarse, con un movimiento rápido, cogiendo la espada con una sola mano. No podía valerse de la fuerza que sus brazos no tenían, así que, prefirió convertir aquello en una batería de ataques rápidos que no dejaran tiempo a la inquisidora para volver a intentar un mandoble, ataque con el que Megerah no podría hacer nada. Pero no pudo aguantar mucho tiempo así, pues la dragona seguía siendo más rápida que ella, que no había tenido ocasión de volver a entrenar en semanas. Su ímpetu la llevo a pensar que Corah descargaba toda esa ira que había estado conteniendo en cada sablazo que intentaba asestar, y que Erah, cada vez con más dificultad, lograba esquivar.

Hasta que su dueña volvió a acorrarlarla contra otro de los muros, simplemente separadas por el pulso entre espadas.





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