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Get ready to feel (Megerah)

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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Abr 02 2015, 01:39


Con la revelación que Corah le había hecho, Erah no supo muy bien cómo ni cuándo llegaron a los aposentos de la inquisidora. De su nueva dueña, quien ni se molestó en explicarle lo más mínimo. La llevó a otro cuarto, oscuro, mucho más pequeño y contiguo al suyo. Y a Megerah no le cupo la menor duda de que aquello era la sala de diversión de la dragona en cuanto vio todas esas cadenas colgar del techo, titilando ligeramente, mientras se mecían en el vacío a la luz de una simple tea. El olor a podredumbre cargaba el aire y marcas oscuras salpicaban las irregulares paredes, formando unos sádicos y atroces dibujos que decoraban aquel antro. A Erah se le cortó la respiración por un momento, pues fue entonces cuando se dio cuenta de que todo aquello y lo que viniese después, es lo que se había ganado a pulso por lo que había hecho. Pues había pasado toda su vida bajo la sombra protectora de un dragón que ya no quería saber de ella, salvo reclamarla como esclava si es que acaso la rubia llegaba a aguantar.

Quizás estaba a tiempo de hacer de tripas corazón y, tal vez contase con la ayuda de su propia condición para sentir mucho menos. Porque sentir, lo que se dice sentir, iba a hacerlo.

La propia dragona ya se lo había advertido en cuanto alzó los grilletes que sujetaban las muñecas de la rubia, dejándola prácticamente en el aire, con la agónica sensación de llegar al suelo con los dedos de sus pies. Con ello, eran sus brazos los que soportaban su peso, tensándose y llegando a presionar demasiado las muñecas contra las esposas. Sus manos se aferraron a las cadenas desde las que colgaba, procurando nivelar su peso hacia el brazo derecho más que para el izquierdo, el lastimado, que se resintió en cuanto estuvo suspendida más de dos minutos. Megerah apretó la mandíbula, controlando la respiración, mientras Corah hablaba. La desafiada la siguió con la mirada, viendo cada movimiento para desenfundar el látigo, arma que ambas habían compartido. En su foro interno, y en otra circunstancia, le habría dado la razón a Corah. Claro que, de estar en otra situación también, la puta dragona se habría comido el látigo hasta la punta.

Un latigazo rajó el aire, restallando en el ambiente, en las paredes y causándole un punzante dolor a Erah en el muslo. Not bad, pensó aunque encogiera ligeramente los labios. Parecía ser que los fetiches del dragón negro en esas sesiones de sexo salvaje habían ayudado a que Megerah sobrellevara mejor una simple flagelación que rasgó la prenda que cubría su pierna-. ¿Qué hay que perder cuando no se tiene nada? -masculló entre dientes, con una exhalación entrecortada al sentir el segundo latigazo, esta vez en la parte de atrás de la misma pierna. Lo que Erah había perdido era una utópica libertad, pues estaba atada al maldito destino de aquel dragón que no la dejó morir hacía ya ocho meses. No era libre desde su punto de vista. Había perdido su corazón. Tampoco tenía a nadie ya. Sólo podía aferrarse a esos sentimientos que podían hacerla sentir tan bien... durante unos minutos, pues la persona por la que los sentía también había desaparecido de su vida. Además, sólo podría disfrutar de su compañía un puñado de meses más.

Y era un destino horrible que no quería tener. Estaba dispuesta a pasar por lo indecible para evitarlo.

Alzó su mirada hacia los ávidos verdes que la observaban con una mezcla de gozo, dominio y suficiencia. El labio superior de Megerah se elevó de un lado, llegando a mostrar ligeramente sus dientes-. No soy tan estúpida como las preguntas que me hacéis, dragona. -Corah era torturadora, ¿en serio le estaba preguntando qué la dolía más?-. No creo que os interese saber mi opinión lo más mínimo. -añadió, más para sí misma que para la rubia que tenía delante. Quien sabe si como premio, el látigo acarició de forma contundente la espalda de la esclava. Le pilló tan de sorpresa a la humana que un tímido quejido salió sin poder ser controlado a tiempo.

Y más preguntas retóricas. ¿Por qué las hacía? Una sonrisa ladeada se dibujó en el semblante de Megerah, aunque agachó la cabeza a tiempo para que sus cabellos la cubriesen, ante el pensamiento sarcástico que cruzaba su mente. De no haber conocido a Corah y sus métodos habría sentenciado que aquella inquisidora era imbécil.

Tragó saliva cuando la venda cubrió sus ojos, e intentó prepararse para lo que la dragona pudiera hacer. Pero no le fue suficiente. Cada golpe que recibió se le antojó más fuerte que el anterior, y por mucho que intentara controlar sus propios instintos de no chillar de dolor -todo para no darle la satisfacción a Corah-, fue inútil. Megerah llegó a gritar, pero no rogó que parase, porque sabía que la rubia no lo haría.

Hasta que llegó un momento en el que dejó de sentir, de lo entumecido que tenía cada parte de su cuerpo... llegó a barajar esa posibilidad de que su propio cuerpo estuviera aceptando por fin esa insensibilidad a la que estaba abocada y que había tardado tanto en llegar... ¿o era que la dragona había detenido su mano?





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Abr 05 2015, 15:19

Erah comenzó a sentir un pinchazo constante en su brazo izquierdo. Por desgracia, aquel desgarrón que Leviathan alcanzó a hacerle, llegó a infectarse en algún punto, y Lyvana se centró en desinfectarlo, aprovechando que la herida no había cerrado. Ésta no había llegado a cerrar del todo, tras varias curas que la albina pudo llegar a hacerle antes de que la rubia la liberase. Y ahora los puntos se estaban resintiendo, tirando del músculo por la presión del peso de la pobre humana. No obstante, Erah hacía lo que podía por no forzar demasiado ese tirón que podría tener consecuencias nefastas para la movilidad de su brazo.

Megerah, aún con sus azules en la mirada esmeralda de Corah, soltó una risa suave-. Que precisamente vos me habléis de esperanza, me hace pensar en lo rápido que el mundo se está yendo a la mierda. -¿Para qué seguir en un lugar así? Los dragones leales a la reina nunca hablaban de esperanza tan libremente. De hecho, la mencionada esperanza era algo propio de los humanos, muchísimo más que de los dragones. Thareon se alimentó de la esperanza que Megerah le dio por escapar. Por aguantar. Por una vida mejor. Se aprovechó de la esperanza de la rubia de que él sintiera algo por ella –sin llegar a saberlo, claro-, para concederle a ella todos esos momentos que Erah atesoraba ahora en secreto. Y se convirtió en un monstruo cuando ella, coaccionada, dejó de verle. De mantenerlo tal y como era. De darle esperanza.

Inspiró con fuerza-. No hay nada que podáis enseñarme ya, rubia. –una sonrisa ladina se dibujó en el semblante de la esclava-. Contendré mi lengua si así lo deseáis, mas perderéis esas respuestas que tanto os interesan… -advirtió, consecuente, tergiversando ligeramente las propias palabras de Corah. ¿Faltar al respeto? Interiormente, la había llamado de todo, pero mantenía las distancias y el protocolo como siempre había hecho.
Mas su lengua viperina era algo mucho más difícil de controlar.

Sin embargo, aparte de todo aquello que se sucedía, le era inevitable sentirse culpable de haberle negado al dragón de escamas azules ese derecho a seguir siendo el que era. Pero, quizás con un poco de tiempo y esfuerzo de Aengus, Lyvana, Valdyr y quién sabe si alguien más, él pudiese recuperarse. Por su parte, no podía hacer más por él. Con esto, ya podía estar aparentemente tranquila, porque hizo lo que pudo por sacarlo del castillo. Y no paró hasta que lo consiguió, ateniéndose a las fatales consecuencias para ella.

Consecuencias que su cuerpo sentía por cada vez que la dragona impactaba su porra contra el desprotegido cuerpo de la rubia, hasta el punto de que su consciencia llegó a vacilar, lo que le nubló la vista a Megerah por un momento. Los golpes cesaron y llegó a sentir todo su cuerpo bastante más caliente por toda esa sangre para calmar la hinchazón de cada golpe. Por un instante, le costó hasta parpadear, mas lo hizo a tiempo para evitar que ese baño de agua llegara a sus ojos. Sintió ésta helada, por la calidez de su piel, entrecortando una respiración que había llegado a ser pausada. Sintió un buen escalofrío por todo su cuerpo, antes de que la sensación de tener mil cuchillos clavados por toda su piel se extendiera por toda ella durante un par de segundos. Lo que quedaba de su ropa se empapó, dejando un contraste bestial entre frío y calor que acabó espabilándola justo para escuchar la pregunta de la dragona.

Parpadeó rápido un par de veces, congestionando su semblante en una mueca que estaba a mitad de camino entre dolor, rabia y extrañeza-. Id a buscarlo y preguntárselo vos misma. -¿por qué le preguntaba aquello? ¿Qué tiene que ver Thareon con un cemen-? Los pensamientos de Megerah se detuvieron en seco cuando se puso en la peor situación y relacionó términos de la más drástica de las maneras. No…. Él, no. No podía ser. Era imposible. Hacía nada que lo había salvado de las garras de Moloch, de la esclavitud del castillo. Thareon estaba seguro en el bosque, lejos de Talos, aunque fuera aún como Leviathan. Erah se aferró a ese pensamiento, pese a que la dragona insistiese sobre la muerte del dragón azul. Era algo que Megerah no concebía.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Miér Abr 08 2015, 15:45

Anda, como yo. Fue el pensamiento que cruzó la mente de la desafiada ante las palabras de la dragona. ¿Qué esperanza le quedaba? Tan solo recuperar el corazón, cosa que veía tan lejana como la vez que intentó matar al causante de todo aquel dolor, con sólo cinco años. ¿Qué había sido de aquella muchacha impulsiva que no sabía lo que hacía? Erah acabó perdiéndola entre tanta indiferencia que marcó su personalidad a lo largo de tantos años al lado de Moloch. O, tal vez no. Volvió a ser impulsiva, volvió a sonreír, cuando Thareon apareció en su vida. Aprendió a vivir otra vida que no tenía nada que ver con la que había tenido hasta entonces, hasta que... una vil promesa del dragón negro acabó con ella. La obligó a mentir, la obligó a hacer daño, contra voluntad, al único dragón que aportó un sentimiento puro y para nada tóxico a la rubia, ignorante de algo así hasta entonces.
 
Mas, quiso el destino que Erah no se estancara ahí, ni muriese a manos de la enfermedad que casi termina con su vida. Todo por capricho del dragón negro. Pero Erah llegó a la conclusión de que había sido una segunda oportunidad, que la rubia no dudó en aprovechar en cuanto fue consciente de la realidad que le habían estado ocultando tanto tiempo.

¿Y ahora? De nuevo esclava, de nuevo bajo un yugo dracónico tan directo, aunque fuera con aquella rubia, con la que no había empezado muy bien, que dijésemos.

Megerah enarboló una de las comisuras de sus labios, burlona, en cuanto dudó de lo que su anterior dueño pudo enseñarle-. No os hacéis una idea... - ¿qué os pensáis que llevo haciendo todos estos años, lagartija? Erah había aprendido a sobrevivir, gracias a las malas artes de Moloch, que la enseñó a aprovecharse de su entorno, de la gente que vivía con ella, aunque fuera una simple esclava.  Sin embargo, a estas alturas, a la desafiada le era imposible fingir que no había pasado nada en este último año, como para pensarse igual de imperturbable que llegó a ser a sus veinte años-. ¿Todo el tiempo del mundo? No os preocupéis. Prometo no quitaros mucho. -se burló tranquilamente, en respuesta.

Exhaló marcadamente cuando escuchó aquel cerrojo. Genial, ahora venía más diversión. Lo que no se esperó es que Corah la soltara. Cuando las esposas cedieron, Megerah cayó de rodillas, pero del entumecimiento, acabó tumbándose de costado sobre el frío suelo. No lo sintió tan frío entonces, aunque sintió una pequeña tiritera por el contraste de su ropa mojada. La rubia se encogió un momento, como si así consiguiera escapar de aquel mal rato.

Erah frunció los labios y cerró los ojos, conteniendo a esa chiquilla rebelde que anudaba la boca de su estómago, desesperada por verse tan limitada, intentando retroalimentar esa capacidad de sentir que estaba empezando a perder tan lentamente. Gritaba, lloraba, chillaba internamente, repitiendo una y otra vez que Thareon no podía estar muerto. No. Podía. Estarlo. No.

A la desafiada le hizo gracia la situación y conforme pasaban los momentos, dejó que una risa saliese de su garganta, cada vez más fuerte, antes de levantar la mirada, buscando la esmeralda de la dragona-. Siento ser la persona que os arruine el humor, pero no me encuentro con ganas de devolveros la paliza. -murmuró sin apenas levantar la voz, aún con el eco de su risa, convulsionando suavemente su pecho.  Gracias, rubia, pero no me apetece.

Ya que no iba a poder ir a por el veneno, ni tomárselo, podría intentar ver cuánta paciencia tenía aquella rubia que había chafado sus planes en toda regla.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Abr 12 2015, 13:20

Erah frunció el ceño, extrañada por las palabras de la dragona, antes de volver a mirarla. ¿Perdón? Tardó unos segundos en darse cuenta de que... ¿había leído su pensamiento? Le sorprendió, pues la rubia era la primera de su raza -aparte de Moloch- que había sido capaz de leer las más profundas reflexiones de la esclava. Bueno, las que iban dirigidas a su persona, que Megerah por una razón o por otra, no llegaba a exteriorizar a modo de comentario ladino y filoso.

- Técnicamente no os he llamado nada, pues no ha salido tal palabra de mi boca. -replicó Megerah. Y puedo llamaros como me plazca desde aquí, puntualizó con sorna y una sonrisa sarcástica. ¿Ahora por ser esclava y desafiada, ya no podía optar al derecho de pensar libremente lo que le diera la gana? Pues vaya putada. Lo que sí sabía era que, le diera la hostia o no, estaba segura de que a Corah no le estaban faltando ganas ya. Paciencia tenía para ser una dragona e, incluso, inquisidora. Megerah tenía que admitirlo, después de todo-. ¿Qué vais a hacer, vigilarme día y noche? -inquirió antes de buscar la mirada de su torturadora con sus orbes cristalinos-. Ambas sabemos que no os aburrís tanto. -la encadenada tuvo la tentación de reírse ante el pensamiento de tener a Corah detrás como un perrito faldero. No llegaba a entender por qué la dragona tenía tanto interés en ella. ¿Qué perderíais con mi muerte? Erah sabía la respuesta de antemano: nada. ¿Qué significaba un esclavo más o un esclavo menos en la vida de un dragón? Absolutamente nada. Y entonces, rememoró su caso para refutar su propia respuesta.

Ella estaba viva porque Moloch así lo había querido. Y su relación se resintió por ello, hasta que la rubia supo que le había mentido como hacía con cualquier otro.

La enfundada en cuero se acercó para soltarla y, una vez en el suelo, Megerah intentó recuperar el control sobre aquel entumecido cuerpo que era el suyo. Con esa risa ganó la fuerza suficiente para incorporarse, quedando sentada donde antes apenas alcanzaba con los dedos de los pies. Se llevó la mano derecha a cubrirse la otra muñeca, para calmar el dolor que golpeaba ésta de tanta tensión que había soportado. No era mucha en realidad pero, al estar lastimada, Erah no se había atrevido a forzarla mucho aún.

Enarcó una ceja, mirándola desde abajo, sin intención alguna de querer bajar el listón y dejar de ser imprudente, pues contaba con la inmunidad parcial por ser desafiada del dragón negro.¿Quitarme la ropa? ¿Para qué? La esclava casi que prefería quedarse con ella -aunque fuera empapada- que quedarse desnuda, como si se sintiera más vulnerable sin ella. No había pudor en hacerlo, desde luego, pues Erah no se avergonzaba de su propio cuerpo en absoluto. Mas, desconfiaba de las intenciones de la dragona.

Y dale perico al torno. Megerah rodó los ojos, casi molesta por tanta insistencia de la dragona. Interiormente temblaba por esa dichosa posibilidad de que Corah no estuviera mintiéndole-. Estáis en vuestro derecho de hacer lo que os plazca con las flores. -murmuró en su intento por querer zanjar el escabroso tema que hacía referencia a la supuesta muerte del dragón azul. Algo con lo que la humana no se veía capaz de lidiar, por muy desafiada que fuera y por mucho que dejara de sentir con el tiempo.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Lun Abr 13 2015, 23:59

Erah rió por lo bajo-. Vos... no sois yo. -aseguró en respuesta, queriendo dar a entender que la fanfarronería de una humana bien podía salirle cara a la dragona si la imitase. Otra cosa es que realmente le importase, pues Corah ya le había dejado claro a Erah que no le interesaba lo más mínimo las reacciones que tuvieran los demás a sus comentarios filosos y contundentes. En eso, ambas rubias coincidían. Las dos sabían perfectamente dónde lanzar sus dagas en forma de palabras para minar la moral, los ánimos, la entereza o la esperanza de a quienes iban dirigidas.

Y ahora Megerah, gracias a Corah, estaba probando de su propia medicina.

La sonrisa colmada de suficiencia no abandonó su semblante ante la advertencia de la dragona. ¿Consecuencias? La esclava las había asumido desde el mismo momento en el que entró en el cuarto donde Leviathan dormitaba, lo drogó y lo sacó del castillo. Desde el momento en el que volvió a pisar esos pasillos con la rotunda verdad de que había cometido el crimen de liberar a dos esclavos que no eran de su propiedad. Desde que, la desesperación la llevó al camarote de Reagan, en un intento de conseguir veneno para terminar antes con su vida. Desde que vio a la rubia inquisidora en el umbral de su propio cuarto y supo que el juego había terminado. El suyo, al menos, pues el de Corah apenas acababa de comenzar. Y así se lo hizo ver a la desafiada.

- Hacedlo, pues. Mi rango no me permite elegir, ¿no? -le bufó con algo de suavidad, pese a todo. La dragona demostraba lo poco que pudiera conocer a Megerah si se pensaba que lo de quedarse esposada a su nueva dueña llegaba a molestarla. Podría ser divertido, de hecho. Estuvo tentada de intentar proyectar ese reto en la conexión establecida con Corah, pero se abstuvo. No estaba en las mejores condiciones y ya la estaba picando bastante como para provocarla más. Al menos, de momento.

Una vez sentada, sintió la pesadez de todo su cuerpo apaleado y el dolor de los músculos golpeados al moverse. No obstante, sus azules buscaron los glaucos de su antigua compañera ante la pregunta-. No es nada... -murmuró con seriedad, con el inconsciente gesto de ocultar su propia muñeca a la vista de su dueña. No era precisamente la muñeca lo que más le preocupaba, pero era la que peor parada había salido de todo ese esfuerzo. De los tirones que había llegado a sentir, Erah tuvo el temor de que algún punto se le hubiera saltado por la presión, pero no iba a remangarse allí mismo para comprobarlo.

- Creedme, una violación a estas alturas no me asusta lo más mínimo. -por muchos encuentros sexuales que había tenido con su anterior dueño... no todos fueron consentidos. Moloch le daba privilegios, pero también exigía un precio a pagar por ellos. Fuera cuando y donde fuese. Erah la observó con atención y, gracias a su experiencia con la herboristería y demás, le extrañó que la dragona eligiera justo tres que, mezclados proporcionaban alivio... siempre que no hubiera una herida abierta. Y exceptuando esa tremenda herida medio curada en el brazo que Corah no podía conocer, Megerah no tenía ningún otro corte del que la inquisidora pudiera sacar provecho.

La humana sabía perfectamente que por cada gesto de alivio que un torturador pudiera tener, vendrían el doble de gestos que la harían sufrir más, por lo que no se confió. Ella misma lo había hecho en innumerables ocasiones. Y tampoco hizo por moverse, expectante. Queréis que me quite la ropa pero no me queréis dejar desnuda... ¡Mec! Incongruencia incoming. Erah pensó que la lagartija iba a tener que gastar algo más de tiempo en explicar a esa simple mente humana qué coño quería que hiciera.

Agradeció interna y enormemente que Corah dejase el puñetero tema del destino de Thareon en paz. Sabía que tarde o temprano, volvería a insistir, pues la obstinación de aquella mujer petulante -tanto como lo había llegado a ser Megerah con el traje de la inquisición-, parecía infinita.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Kariel el Miér Abr 15 2015, 23:16

Después de haber vivido juntos durante varios años, las llaves de la habitación de Corah estaban junto con las de su casa. Y con tanto pensamiento sobre él, terminó por espiar qué es lo que hacía. La curiosidad y el interés en los procedimientos lo llevaron a ir hasta allí. Abrió la puerta con la llave sin preguntar y cerró detrás de sí.

-¿Llamabas, cariño? –Preguntó con sorna en referencia a que había estado pensando mucho en él-. Me gusta lo gruesas que son las paredes, sólo estando al lado de la puerta se escuchan los gritos… -se acerca a Megerah y le roza la mejilla con un dedo-. ¿De verdad Moloch deja que juegues con su desafiada de esta manera?

Corah podía sentir la desaprobación que sentía Kariel de que un dragón dejara el castigo a otros. No alzaba mucho su opinión de Moloch. Menos desde que había escuchado cuál era el desafío.

Se giró hacia Corah y sacó un frasco de su bolsillo-. Por si la planeas hacer durar… ¿Vas a reemplazar a Drem con ella? –Preguntó con interés. Corah sabía de sobra que Kariel tenía algo con los inquisidores, no era de extrañar ni un poco su interés al respecto.

Miró de arriba abajo a ambas, sabiendo que Corah no estaba intentando ir a su máxima potencia. Quizá por una vez no tenía reales deseos de torturarla. Era todo más que interesante, y eso se mostró en la sonrisa que le dedicó a su amiga-. Sabes que no la vas a romper con dolor, ¿no? La vas a dejar toda marcada, destrozada, pero una voluntad de hierro no se doblega con esa clase de dolor.

La verdad era que no quería que la marcase, se le hacía un desperdicio, y desde luego, algo lo relacionaba con la esclava de la que se había enamorado una vez. Pero también creía en la voluntad de Megerah, así como sabía que si lo torturaban a él alguna vez, molestaría a todo aquel que lo intentara y moriría antes de decir la verdad.




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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Abr 16 2015, 13:24

Erah escondió una sonrisa burlona al apretar los labios. Los dragones y su ego... o más bien, el ego personificado de aquella raza era algo que rayaba lo absurdo cuando algo era manifiesto- ... claro, por eso os confundieron conmigo. -evidenció con sorna. Erah daba por sentada esa obviedad de que ambas rubias en poco se parecían. Pero, ¿no era por culpa de esa confusión que Corah supo perfectamente que Megerah era culpable? Ironías de la vida.

La ahora esclava apretó los dientes ante toda esa parrafada de la dragona, curiosa. No supo que Moloch se había ido hasta que había sido tarde. No sabría vivir en el bosque. Pensaba que Thareon tenía más posibilidades de salvarse si no estaba con ella. Mejor que todo lo relacionado con el castillo y esos años de esclavitud quedasen atrás para él, aunque ella también estuviera incluida. ¿Por qué se había quedado? Porque ella misma se consideraba desmerecedora de algo mejor, por todo lo que había hecho-. Para asumir las consecuencias de mis actos. -espetó con cierta hiel, refutando el insulto tácito de Corah. En realidad, no era solamente para eso. Pero no tenía gana alguna de dar explicaciones a alguien como aquella rubia que pretendía desmontar el rompecabezas que Erah suponía para ella. Demasiados sentimientos que la dragona no comprendería o, incluso, algo demasiado personal como para querer que alguien más lo supiera.

Ser humana tampoco me exime de la muerte, proyectó en la mente de Corah. ¿Por qué alargar más algo que llegaría más temprano que tarde? Quizás a su nueva dueña le quedara toda una vida por vivir, pero Erah parecía haber decidido que para sus veintisiete años ya había vivido bastante. Y ya he conseguido zafar de ella en varias ocasiones, añadió con cierta burla y solemnidad. La Parca la quiso reclamar cuando la hizo enfermar, y Moloch la salvó por capricho. Lo intentó otra vez cuando Lyvana y su torpeza actuaron en contra de los deseos de Erah y cabrearon a un Leviathan que no quiso ponérselo fácil. Y esa tercera vez en la que la propia Megerah quiso acabar con su existencia y Corah llegó para interrumpir.

¿Suerte o fastidio?

Ya sea mejor o peor que lo que decís, puedo tener elección... otra cosa es que vos queráis concedérmela. La última palabra siempre la tenía el dueño del esclavo. Así había sido siempre. Los humanos podían rebelarse o acatar órdenes... Erah podía volverse dócil y aprender a acallar esa filosa lengua, pero que Corah -o Moloch- quisieran tenerla en cuenta, no dependía de la humana.


La rubia blasfemó internamente cuando su torturadora se acercó, poco satisfecha con su respuesta, y la tomó de la muñeca. Megerah se retorció levemente y contrajo su semblante en un gesto de dolor contenido, mirando esa mano que aferraba parte de su antebrazo mientras que con la otra tiraba de la ropa, dejando al descubierto la venda que Erah pretendía ocultarle. Clavó sus azules en los de la dragona, con molestia -tanto física como psicológica- evidente-. ... Leviathan. -murmuró en un hilo de voz, deseosa de que la soltase.

Entonces, alguien interrumpió la diversión. Un hombre entró en aquel zulo, captando la atención de las dos rubias, justo cuando Corah muy amablemente se entretenía un poco más en explicarle a la rubia sus intenciones. Erah lo siguió con la mirada, sin saber muy bien qué pensar de él. Aún era pronto para ello. No obstante, no pudo evitar tener un pequeño escalofrío con ese suave gesto que él tuvo, una nimia caricia en su pómulo mientras se dirigía a la dragona como si la propia esclava no estuviera presente. Los orbes azules de Megerah viajaron hasta el semblante de Corah cuando el dragón mencionó a Moloch. Porque sí, para ser conocido de la dragona -y tratarla con tanta familiaridad-, no podía ser de otra raza que no fuera la suya.

Enarcó una ceja, algo expectante, más cuando el moreno le tendió un pequeño frasco. Erah no perdió detalle de cada gesto, mirada o palabra. ¿Drem? Ah, el rubio enclenque con el que apenas se había cruzado un par de veces. ¿Reemplazarla? Saldríais ganando, sin duda, enunció mentalmente, con un tono burlesco y una sonrisa ladeada. Desde luego, la esclava tenía la suficiente autoestima para pensarse mucho mejor que aquel humano.

Muy bien, compañero. Justo necesitaba que le dierais ideas. La mente de la humana pensaba rápido y para sí, obviamente, evitó que aquel comentario se vertiera en la red de aquellos dos. Quería pensar que empezaba a tener cierto control de esa habilidad que había sido latente hasta ahora. Estaba convencida también, que conocía a la dragona lo suficiente como para saber que esas últimas palabras del hombre llevarían un comentario bastante parecido a un 'cuéntame algo que no sepa'. Corah torturaba y por lo que Megerah había alcanzado a ver, se le daba bien, aunque explotaba demasiado el lado físico. Estuvo tentada de asentir a las palabras del hombre, sin embargo, pues ella también pensaba que era mucho más efectivo atacar la mente antes que el cuerpo. Suspiró, dejando que ambos dragones entablaran conversación.

Así, al menos de momento, la dejaban tranquila.

FDR:
Perdonad la extensión ._.





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Re: Get ready to feel (Megerah)

Mensaje por Kariel el Jue Abr 16 2015, 20:25

Sonrió divertido ante la reacción de Corah, nunca se cansaría de picarla. No podía decir en voz alta lo que realmente pensaba de toda la situación ni cuánto conocía a Corah para entender lo que sentía respecto a ésta. Era una relación compleja la que tenían y muchas veces creía que se entendían a un nivel instintivo más que cognitivo.

Amaba lo expresiva que era la inquisidora a veces, y le costaba mucho retener el semblante calmo para no descubrir sus verdaderas intenciones. Ladeó la cabeza ante el reto. Podía, tenía muchas formas de torturar a alguien psicológicamente, pero la verdad es que no quería.

Se agachó frente a Megerah y la miró directo a los ojos, como si intentase vislumbrar el alma de ella-. No es difícil ver qué es lo que Thareon vio en ti –susurró con suavidad. El espíritu guerrero saltaba a la vista, pero también las razones para pelear y para luchar. No quería romper a una mujer de la misma manera que habían roto alguna vez a…

Suprimió esos pensamientos, no era el momento ni el lugar y necesitaba su astucia para no pisar el palito y mandar todo al diablo-. Como yo lo veo hay dos opciones. Puedes quitarte la ropa y dejar que atiendan tus heridas o puedes hacerte la dura, que te las quiten a la fuerza de manera humillante… Y para mí pareces una persona lista que sabe elegir sus peleas.

Aprovechando que desde ese ángulo no podía verle el rostro Corah, alzó una ceja como diciendo “no te hagas la idiota, que estoy intentando ayudar aquí”. No importaba si la inquisidora luego pensaba que era todo un tema sexual en el medio, o que era por ser demasiado blando. Al final del día ella tampoco quería destrozarla y cualquier excusa era buena.




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