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Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

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Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Dom 8 Mar - 17:04

Finalmente, Erah había optado por ese camino que Thareon siempre quiso mantener. Aquel que no era el fácil. La rubia actuó, guiada por su conciencia, por lo que sentía, y estaba dispuesta a acarrear con las consecuencias, a sabiendas que no aguantaría tanto como el dragón azul. Ella se consideraba mucho más débil y era por eso que dirigía su montura hacia el puerto a medio trote. Desde luego, había elegido quedarse en su intento por cubrir a Thareon, Valdyr, Aengus y Lyvana el mayor tiempo que le fuera posible. Aún formaba parte de la Inquisición. Aún tenía poder para propiciar que cualquier papel de investigaciones que llevase cualquiera de esos nombres, acabara en la hoguera. Como así lo haría ella si los dragones la descubrían.

No iba a escapar.

Tampoco iba a huir.

Tan solo iba a asegurarse una muerte rápida para el momento en el que la pillaran.

No era que lo que le esperase sería gran cosa. Ni mejor. No quería vivir como desafiada. No quería perderse en esa insensibilidad habiendo probado los beneficios –e imprudencia- que tantos sentimientos le habían brindado. Unos sentimientos que la habían condenado en un mundo impasible, en ese mundo en el que había vivido y por el que se había dejado contagiar hasta ahora. Tenía bien presente que las fauces de aquella sociedad cuyas reglas había quebrantado se cernirían prestas y contundentes sobre ella.

Y no quería sufrir más.

Sólo le quedaba una cosa. Un pequeño frasco que le ayudaría en esa transición a un mundo desconocido por cualquier humano si se veía acorralada. Una sustancia que aceleraría dicha transición, desglosando su persona en cuerpo y aura, matando el primero y liberando la segunda. Y ya. Nadie la echaría de menos. Dragones o humanos, ¿qué más daba ya?

El animal bufó cuando Erah volvió la vista atrás, a la gran ciudad, según se cubría la distancia que la separaba del reciente puerto construido. Sólo fue un momento, pero a Megerah le pareció una eternidad, pues nunca se había parado a observar Talos de esa manera. Una ciudad cualquiera con un atardecer avanzado de fondo, pensarían muchos. Una capital de un imperio. Una auténtica cárcel donde nunca dejabas de estar en peligro, hicieras lo que hicieras. ¿Y la torre más alta? La peor prisión de todas.

El sonido de los cascos del caballo, al entrar en empedrado llamaron la atención de Megerah, que volvió a dar la espalda a la urbe para fijarse en las simples estructuras a modo de almacenes y lonjas que allí se habían construido. Optó por bajarse con un movimiento rápido y continuar a pie. Había bastante movimiento, cosa que no sorprendió a la todavía inquisidora. Se abrió paso entre la gente, comerciantes, mendigos y demás individuos con el objetivo bastante afianzado. Las  luces que aún quedaban del día, le bastaron para divisar en uno de los muelles ese barco de velas grises cuya capitana había tenido el placer de conocer, por el simple trueque que fue aquel odre de belladona por un simple beso... Después de una paliza, claro. Aquella situación se le acabó antojando ridícula, mas no en el momento en el que reaccionó de mala manera.

Sus pasos resonaron ligeramente sobre la madera antes de ascender por la pasarela. A media altura ya pudo reconocer aquel sombrero y melena pelirroja con los que se topó en la taberna. Entre varias personas que se movían por cubierta estaba la piratilla de espaldas a ella-. Creo saber por qué tenía la certeza de que os encontraría aquí... -ladeó una sonrisa ladina, pero cansada, terminando de subir la pasarela, entrando en el barco. En un barco. La rubia era la primera vez que se metía en una estructura inestable, influenciada por el vaivén de las olas. Notaba el cambio de peso de un pie a otro sin hacer movimiento alguno, la oscilación de la línea del horizonte estando ella parada, la inconsistencia aparente de aquel navío vapuleado mínimamente...

Y la sensación le gustó.





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Lun 9 Mar - 7:15

Resoplé mientras vigilaba a mi tripulación con los brazos en jarra. Estaban limpiando la cubierta y la verdad es que la estaban dejando como los chorros del oro, pero habían conseguido ponerme de un humor de perros al verles discutiendo con el pobre de Reshi. Era el bardo del barco y recibía el mismo botín que el resto a pesar de no participar tan activamente en los conflictos de batalla. Me había costado horas de discurso hacerles entender que Reshi nos ayudaba igual, pero a su vez de una forma diferente.
Al menos ahora estaban más tranquilos, les había ordenado que limpiaran para que se les bajaran los humos y de momento había funcionado bastante bien. Incluso Reshi estaba pasando una escoba también y eso que era el mayor de todos en edad y tampoco estaba para tantos trotes.
Y debía reconocer, que a pesar de aquellos disgustos puntuales tenía la mejor tripulación que un capitán pudiera desear. Todo empezó aquel día que maté a Ysdrak, fue cuando me di cuenta de que algunos de aquellos hombres se habían convertido en parte de mi familia y que los protegería tanto como ellos me protegían a mi. Se lo debía.

Di un paso hacia atrás, dejando que William pasara aquel trapo empapado en agua por el suelo y lacé un suspiro algo cansada. Willam me dirigió una mirada confuso y negué levemente con la cabeza. Él volvió al trabajo. Mi querido contramaestre era uno de los hombres con los que podía contar para confesarle mis problemas personales, pero sabía que cuando no quería hablar, no quería y se acabó.

Me volteé en cuanto escuché aquella voz dirigiéndose a mi. Una voz que ya había escuchado antes. Sonreí al verla allí, a la sirena de ojos cristalinos y alzando una ceja ladeé un poco la cabeza .

-¿Dónde si no? A parte de en una taberna...- hice un gesto con la mano hacia la puerta de mi camarote -Es un placer teneros a bordo, pero deberíamos ir a un lugar más apropiado para hablar- porque si había acudido de nuevo a mi era para volver a hacer negocios. La primera tarea ya había sido completada y más que pagada. ¿Qué buscaría ahora entonces que Belladona pudiera ofrecerle?
Una vez entramos al camarote cerré la puerta tras de mí, le ofrecí asiento a la dama y yo fui directa a la ventana que estaba abierta. Dejé que mi mirada se perdiera en el horizonte, aquella línea que dividía el gran azul del cielo teñido en aquel momento de colores violáceos y morados, las luces del atardecer.
¿Se habría metido Megerah en algún tipo de problema a causa de la belladona? Si así fuera, no podía evitar sentirme algo culpable, y qué iba a hacerle, la rubia me había caído en gracia.

-¿Qué necesitáis esta vez?- dije en tono neutro mientras continuaba observando el ondulado océano.




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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Mar 10 Mar - 16:03

La rubia sonrió en respuesta por el saludo de la muchacha que había conocido días atrás de una manera un tanto extraña-. Era mi segunda opción, aunque me pillara más cerca… -Megerah se encogió de hombros. Supuso que no todos iban a buscar a aquella mujer directamente a su barco. Pero ya tenía comprobado que ella misma no solía cumplir los cánones que dictaminaban lo que la inmensa mayoría hacía. No, Megerah era mucho más retorcida e impredecible. Quizás por eso, había pensado en acudir a la pelirroja de nuevo para que le ayudara… a morir. Costaba más decirlo que pensarlo, pero Erah tenía por seguro que nadie notaría su ausencia. Ella era la única que tendría miedo llegado un momento, si es que se llegaba a dar el caso. Cosa que no pasaría. No tendría tiempo para pensárselo, pues si no alcanzaba a envenenarse, lo pasaría muy mal.

Con cierta picardía en la sonrisa que llegó a dedicarle, siguió las indicaciones de Belladona hasta lo que Megerah dedujo como su camarote. Y para sorpresa de la rubia, estaba más organizado de lo que podría haberse imaginado. Había un camastro amplio –y aparentemente cómodo- a un lado y una mesa bastante ancha en el centro, con algún que otro mapa, un sextante y un catalejo complementaban una composición más que típica para una mesa perteneciente a un navío. Al fondo, según entrabas, había una cristalera enorme, que a Erah se le antojó preciosa, desde la cual las luces rosáceas y violetas del atardecer ofrecían un espectáculo de la mar que ya quisieran muchos poder observar. Por un instante, la inquisidora se quedó prendada de aquel cuadro antes de escuchar a Reagan ofrecerle asiento. Llevaba bastante rato sentada, así que la sola idea de volver a hacerlo encogió su nariz. No obstante, con cierta delicadeza, apoyó su trasero en el borde de la mesa mientras se cruzaba de brazos. Con eso le bastaba.

Enarcó una ceja ante las palabras de la mujer, mirando si figura irrumpir en medio de la ventana-. Veneno… - agachó la mirada, mirándose las rodillas por un instante, como si quisiera suavizar la contundencia de su respuesta. Volvió a alzar sus azules en busca de los ojos de la pirata tan peculiar que era Reagan-. Algo rápido y categórico… no quiero medias tintas. –añadió con cierta ambigüedad pues la pelirroja no sabría decir si realmente no quería medias tintas para ella misma o para esa víctima imaginaria que Erah pudiese tener. En cualquier caso, no tenía mucha intención de revelar sus planes, aunque consideraba que no tenía mayor importancia.

¿Quién iba a detenerla?





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Mar 10 Mar - 16:48

Las olas del mar se mecían con mesura en aquel precioso paisaje al que me había acostumbrado a exaltar e idolatrar desde muy pequeña. Con la aparición de la inquisidora y aquellas vistas había comenzado a recordar una vieja canción que cantaban los pescadores de Eneas mientras volvían después de sus largas ausencias en el mar con esos grandes cargamentos de peces.

Pescador de Eneas ¿qué vas a buscar?
Zagal osado atravensando el mar
Tu barco ha comenzado a zozobrar
Escucha la canción

Me giré, algo más bruscamente de lo que me hubiese gustado, hacia la rubia arrugando la frente y frunciendo el ceño. Me topé con la figura de la mujer sentada al borde de la mesa como a mí misma me gustaba acomodarme cuando venían visitantes al barco, sobre todo si eran clientes. A ellos les hacía sentarse en una silla y así se encontraban más bajos que yo. Un arma psicológica para intimidar. Claro que no a todo el mundo le gustaba aquello y era una evidencia que Megerah no era como todo el mundo.

¿Para qué necesitaba veneno ahora? Además, era inquisidora joder, ¿no podía conseguir algo de su oficio? A lo mejor llevaban un control, vete tú a saber... pero, ¿y si era algo más importante? Algo que se escapara de mi alcance.
En cualquier caso era fácil confeccionar un veneno, solo debía buscar a alguien que supiese de hierbas y cosas de esas y que eligiera unas pocas para hacerlo. Si quería algo más letal... realmente se podía llegar a envenenar a una persona con las cosas más simples del mundo.
El problema estaba en si quería envenenar a un humano o a un dragón.

-¿La belladona no fue suficiente? ¿A quién queréis envenenar? ¿a un dragón?- porque si ya lo había intentado con la belladona que le había conseguido, que había sido bastante cantidad, y no lo había conseguido... no sabía con quién demonios entonces intentaba lidiar. ¿Con la mismísima Reina Madre o qué?
Caminé muy lentamente hacia ella, marcando bien mis pasos hasta colocarme justo delante sin dejar de fruncir el ceño. Quería, no, necesitaba indagar en aquel asunto.
Me mordí el labio mientras clavaba mi mirada en la suya y me cruzaba de brazos. Aquellos ojos azules... sí, prácticamente podía escuchar en mi mente el eco de aquellos hombres de fuertes y curtidas manos entonando la canción mientras maniobraban con las redes.

Pescador de Eneas ¿cuándo vas a parar?
Zagal arrogante, tu vida comienza a peligrar
Oh, su cabello era dorado, ojos azules como el mar
El joven la creyó su salvación

Mientras comenzaba a pensar mis palabras, para no sonar demasiado borde, o menos de lo habitual, la melodía seguía sonando en mi mente al ritmo al que el barco se mecía ambientando aquel atardecer.

-No os lo toméis a mal, pero debo conocer ese detallito para saber qué clase de veneno requerís-  y también porque tenía curiosidad, qué cojones. Mira que no me gustaba cotillear sobre los asuntos de mis clientes, pero aquello ya me escamaba y total, ya había dicho que la mujer me había caído en gracia ¿no?




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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Miér 11 Mar - 5:52

Con esa sensación de inestabilidad aún presente bajo sus pies, Erah se dedicó a observar aquella figura que la acompañaba, de ocultas y proporcionadas curvas y densa melena pelirroja que caía por su espalda, según Reagan perdía su mirada clara en las líneas coloreadas del horizonte-. No, no. -se apresuró a contestar en cuanto Belladona hizo referencia a su anterior y peculiar trueque-. La belladona me sirvió de mucho y muy bien… No tengo queja alguna con respecto a ella. Lo del veneno es otro asunto… -explicó cuidando sus palabras. Tenía presente que la bucanera fuese impulsiva pero no estúpida. Ya lo había comprobado. No por nada, era capitana de aquel navío. Muy pocas mujeres conseguían hacerse con el negocio de un hombre y ser aceptadas como superior. Aquel hecho, decía mucho más de Reagan que un mero encuentro en una taberna al caer la noche-. A una desafiada. traidora. Erah omitió el pequeño detalle de que aquella desafiada era ella misma. No obstante, la pelirroja también ignoraba esa condición de la rubia, por mucho que se hubiera sorprendido de la singular fuerza que Megerah tenía, al recibir un par de golpes por su parte o hubiese averiguado que, efectivamente, pertenecía a la inquisición.

No estaba allí como inquisidora, eso desde luego.

La vio acercarse a ella, manteniéndole una mirada curiosa, mientras se perdía en esos orbes marinos que preguntaban demasiado. Lo consideraba justo, pues no pensaba que Reagan fuese a darle una sustancia tan letal así como así. En parte, recurría a ella porque los conocimientos que Megerah tenía sobre herboristería no llegaban más allá de lo básico, a menos que de torturas se tratasen, retortijones, dolores y demás variantes que no hacían más que ablandar el cuerpo y mente sin llegar a matarlo. No, la desafiada necesitaba algo más potente. Y la pelirroja era la única que no vería con tanta facilidad esos planes de Erah de quitarse la vida en ese inminente caso en el que la descubrieran. ¿Quién más tenía los suficientes conocimientos como para sacar a una bestia como Leviathan del castillo y que, encima, siguiera en Talos? La rubia firmó su sentencia de muerte en el mismo momento en el que dijo adiós al grupo que se llevó a Thareon. Una muerte lenta, complicada, que la rubia sólo quería agilizar.

Muchos pensarían que la desafiada era estúpida. Sin embargo, Megerah quiso quedarse por intentar darles esa oportunidad a los que escaparon.

Conocía demasiado bien el modus operandi para sacar información de la organización. De los dragones. Y, sinceramente, no tenía muchas ganas de sufrirlo en carnes propias. Les daría tiempo, sí. Todo el tiempo que ella no tendría.

Ladeó la cabeza ligeramente, ante sus palabras-. No podría tomármelo a mal ya, viniendo de vos. Entiendo esa curiosidad de comerciante para evitar meteros en líos mayores… -por ende, no daría mucha más información. Aunque dudaba mucho que su interlocutora llegase a interesarse algo más-. Mas os doy mi palabra que mis labios estarán más que sellados si alguien alcanza a preguntarme la identidad de quién me lo proporcionó. –Erah se inclinó ligeramente hacia delante, hacia Reagan, con la clara intención de ofrecer cierta intimidad a su susurro-. Así como prometeros que no volveré a importunaros con mis asuntos. –añadió como regalo. Una sinceridad tácita pues, después de todo, Megerah no estaba mintiendo, aunque no le contase toda la verdad.





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Jue 12 Mar - 8:16

Veneno para desafiados... bueno, un desafiado no era más diferente de un humano en cuestión de matar de aquella forma. Quizás sí haría falta una sustancia más potente, pero era bastante sencillo.

Dejé de fruncir el ceño, relajando la expresión en una más afable casi sonriendo. Sí, era para evitar meterme en líos mayores... y no porque ella me preocupara, no. Espera, ¿me preocupaba? Primero lo de aquel niño en el mercado, luego lo de Charlotte y ahora esto. ¿Qué me estaba pasando? Maldita ciudad.
Mente fría, Reagan, mente fría.

Por otro lado que mantuviese mi identidad en secreto era bueno hasta cierto punto, porque mi reputación debía hacerse conocer o sino me quedaría sin clientes y por supuestísimo que necesitaba que mis enemigos me temieran y supiera de lo que era capaz de lograr. Puede que no me cogieran mucho temor por conseguir unas cuantas hierbas y buscar a alguien que pudiese mezclarlas, pero por algo se empezaba y no todo el mundo podía presumir de conocer a las personas adecuadas para conseguir lo mismo que yo. Así que realmente mientras no supieran mi verdadero nombre no ocurriría nada. Si lograban descubrir mi identidad en un principio pensarían que no sería problema, pero era el medio perfecto para que mercenarios o quien fuera acabaran dando con mi padre y por muy separada que estuviera ahora del viejo, esa era una idea que en el fondo no me gustaba nada.
Mi nombre, al igual que para los dragones era algo demasiado importante como para revelárselo a cualquiera. Solo lo conocían mis hombres más fiables, aquellos que habían permanecido a mi lado cuando maté a Ysdrak.

No obstante, aquel acercamiento, sus palabras susurradas... me recordaron a aquellos labios que ya había probado antes y a los que mis ojos viajaron en cuanto la rubia se separó de mi de nuevo. Entonces me di cuenta de que anhelaba aquel contacto y que la idea de que Megerah dejara de "importunarme" era una insensatez, al menos en aquel momento. A la larga ya podía hacer la inquisidora lo que a ella se le antojara.

-¿Quién os dice a vos que no volveréis a buscarme? ¿Que no me necesitaréis de nuevo?- O que yo la necesitaría a ella. De momento su nombre ya estaba dentro de mi lista de contactos, quién podía dar por hecho que no iba a tener que recurrir a su ayuda alguna vez para alguno de mis negocios. No todos los días se topaba una con alguien de la inquisición que estuviera dispuesta a hacer tratos con piratas y que además aceptara una petición como la de aquel beso, continuándolo más tarde.
La canción de los pescadores no podía venir más al caso. Era perfecta para este momento.

Pescador de Eneas ¿a quién vas a llamar?
No esperarás impaciente a la tormenta amainar...

-..."ven conmigo mi doncella, que esperaré sin dudar, aquella pura mirada que no he podido sino amar"- murmuré en voz alta, entonando como si estuviera recitando poesía, continuando aquella canción que no había parado de sonar en mi mente desde que aquella sirena que traía consigo aquella pareja de zafiros por ojos.

Reduje la distancia entre nosotras inclinándome hacia delante. No esperaba que me malinterpretara, si quería hacerlo allá ella. Era algo que tan solo quería hacer y como bien sabían los que me conocían, siempre solía hacer lo que me venía en gana.
Acabé agarrando sus hombros y tirando de ellos para poder juntar sus labios con los míos.

¿Tenía alguna razón para haberlo hecho? No. ¿Me arrepentiría luego? Tampoco. No pude aguantarlo. Quería más. Soy humana ¿vale? Tengo deseos como cualquier otra persona y siempre podía pegarme un bofetón para que la dejara en paz de una vez por todas. No sería la primera vez que me llevara un rechazo. Porque eso era lo que decía la canción a continuación.

Pescador de Eneas ¿qué te llevó a desertar?
La dama negó tranquila y la invitación quiso rechazar
"Escuchadme caballero, no sois más que un pescadero
y aún si quisiera, nunca podría del mar salir afuera"

Ella era una dama y yo solo una rata del mar.

¿Conocería la inquisidora la canción? Lo dudaba pues solo aquellos provenientes de Eneas la habían escuchado las suficientes veces como para poder memorizarla a la perfección y el problema estaba en los últimos versos. Unos versos que no tardaría en hacerle saber.




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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Jue 12 Mar - 18:52


Erah juró escuchar el sonido del leve oleaje acariciar la quilla del barco, así como las gaviotas reírse de los transeúntes que paseaban por el puerto, disfrutando de las extrañas vistas. La brisa marina, con ese aroma a salitre, golpear ligeramente la campana presente en la cofa del mástil mayor. Oyó de fondo, eso sí, las canciones entonadas por los marineros mientras cuidaban el navío, en sus tareas en cubierta. Y sus pisadas, casi rítmicas, sumadas al vaivén inestable de las tablas donde apoyaba sus pies. Madera que crujía debido al cambio de presión, los golpes o el simple peso.

Toda una canción ambiental a la que podría acostumbrarse por toda la despreocupación que transmitía, inundando los oídos de la rubia, ahogando toda esa tensión que ofuscaba los sentidos de Megerah y conseguía que, con un simple trago de saliva, su cuerpo se relajase levemente.

Qué tentación el pedirle que se la llevara lejos. Muy lejos de allí. Mas Erah contuvo sus labios, sin emitir palabra alguna. Primero porque, entonces, fallaría a sus palabras una vez más y no intentaría retrasar lo inevitable. Y segundo porque dudaba muchísimo que Reagan quisiese arriesgarse con algo así.

Después de todo, no se conocían más allá de un simple y escabroso trueque.... y un beso.

La rubia arqueó una ceja, divertida, al ver la duda en la mirada cristalina de la pelirroja, manteniendo ese contacto visual, marino. Pacífico. Intenso-. ¿Quién os puede asegurar que lo haga? -preguntó en respuesta, ladeando la cabeza ligeramente a un lado-. Zanjaré todo asunto que pueda concernirme con éste último. -apartó la mirada un momento, encogiendo solamente un hombro-. No, definitivamente, os libraréis de mí.  -Erah sintió un calor repentino en sus mejillas. Suave, nimio. No supo decir si era por la energía desprendida en aquellos orbes añiles, intimidantes, como esas potentes olas que golpeaban contra la roca, desgastándola con la obstinación paciente del líquido elemento. ¿Así era Reagan? Erah bien sabía que su impulsividad no era propia de los mares, más sí de la gente que se atrevía a surcarlos. Personas con arrojo, irreflexivas que por la gracia de Zael -neodios del agua para el resto del planeta- salían victoriosos hasta en las más inverosímiles tormentas. Como la que comenzaba a formarse en las transparentes pupilas. Una tormenta que atrapó a la rubia sin llegar a pretenderlo.

Como culmen a esa melodía natural, Reagan le puso letra, canturreando lo que parecía una canción que Megerah no había oído en su vida. Y como todo lo nuevo, llamó su atención. ¿Era la sedosa voz de la pirata? ¿Acaso era la propia letra de la canción? ¿O esa distancia que menguaba conforme la pelirroja tanteaba los límites del espacio personal tácito que la desafiada siempre imponía?

¿Por qué Erah no se sentía capaz de alzar su mano y detener ese acercamiento?

Un acercamiento que terminó con los labios de la capitana en los de Megerah. Pero... ¿qué? Como un rayo, la lógica de apartarse golpeó su mente. La rubia nunca se había interesado por las mujeres. No le despertaban curiosidad. Mas como esclava de Moloch, había aprendido a no cerrarse, pues nunca sabía si en un impulso del dragón, éste la obligaría a mantener algo más que palabras con alguna víctima femenina. Pero, más allá del morbo consentido de la Muerte Negra por parte de Megerah, no había nada más. Y, hasta ese contacto de labios, seguía con la convicción de que... así seguía siendo.

Pero la rubia cerró los ojos y se lo correspondió.
Por más que la razón golpease e hiciese eco en sus pensamientos, tachándola de loca, Erah, simplemente no respondió nada más que al baile que sendas bocas habían empezado. No supo decir por qué, en un principio. Tan solo bebió de sus labios, más dulce que aquel primer beso que se dieron, ansioso por el furor de aquella pelea que habían tenido en la taberna. Simplemente se dejó llevar. Por resarcirse, quizás. Un último momento íntimo que compartir antes de marcharse. Como la calma que precede a la tempestad. Erah acabó perdiendo esa timidez tan típica del sorprendido y acabó suspirando, agradecida por ese atrevimiento de Reagan, subiendo su mano derecha hasta su nuca, como si quisiera asegurarse de que no se apartaba tan pronto.





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Vie 13 Mar - 17:29

Para mi sorpresa, no recibí ningún bofetón, ningún empujón, en definitiva, nada que lograra separarme de aquella mujer. Por el contrario, correspondió de buena gana a mi suave beso y qué iba a hacer yo sino seguir devolviéndole con mis labios aquellas jugosas caricias.
¿Pensaba ella que no iba a volver a verla? ¿Que desaparecería de mi vida tan fácilmente? No, no era así y menos me pondría a pensar en tal cosa en un momento tan íntimo como el que estaba teniendo con la inquisidora. Iba a dejarme llevar disfrutando del ahora y sin preocuparme por nada más, como siempre había sido.
Comencé a notar cómo el pulso se iba acelerando cuando sentí su mano sobre mi nuca. Un escalofrío recorrió toda mi espalda. Solo un pensamiento era el que inundaba mi mente durante aquel contacto. Quería más

Me quité el sombrero lentamente antes de separar mis labios de los suyos unos segundos, que me parecieron eternos, para dejarlo sobre la mesa al lado de la inquisidora. Segundos en los que no pude más que sonreír. Sonreír de verdad.
Parecía como si ella se hubiese rendido a mi, y aún así no había sido la única que se había rendido aquella noche que cada vez se aventuraba más próxima ante la desaparición de las últimas luces del atardecer que perfilaban el mar y silueteaban escabrosas sombras dentro del camarote, que a su vez se desvanecerían en cuestión de pocas horas junto con la oscuridad del anochecer.
No temía que nos interrumpieran. Mis hombres nunca lo hacían cuando tenía un cliente y menos cuando era una mujer, y eso que tenía por norma no tener ninguna clase de relación más allá de lo profesional con ellos, pero suponía que lo hacían por prevenir.
Pero una vez más, mi estúpida cabeza hacía ahínco en que Megerah era diferente.

Habiéndome deshecho del sombrero, cosa que en pocas ocasiones, volví a mi posición erguida frente a la rubia y la miré a los ojos abandonándome a ellos y a su hipnótica mirada de cristal. No, no había tripulación ahí fuera para mí. Solo existía el camarote, solo ella y yo. Solo nosotras. Únicamente quería hacer que se sintiera tan única como yo me hallaba en aquel lugar, en aquellas circunstancias.
Separé sus piernas con ambas manos, colocándome entre ellas, degustando cada segundo que pasaba contemplándola a la par que disminuía más todavía la distancia entre nosotras. Mis manos viajaron hacia su rostro, sujetándolo y volví a acercar mis labios a los suyos ladeando un poco la cabeza.

-¿Dejaréis que esta pirata pueda disfrutar de vuestra compañía esta noche?- y me quedé así, esperando una respuesta, casi rozándola con los labios que estaban tan solo a unos milímetros de un nuevo beso. Un trayecto que deseaba repetir, pero cuya decisión de hacerlo lo dejaría en las manos de aquella mujer. Porque yo ya había decidido. Había dado por hecho aquella canción de Eneas, cuyos últimos versos eran recitados de la siguiente manera...

Pescador de Eneas, tiempo no te queda para amar
mientras el canto de la sirena suena, tu barco fue a encallar

Sí, yo ya me había dejado encallar por sus besos. Si las sirenas eran la perdición de los marineros, Megerah sería mi sirena aquella noche.




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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Sáb 14 Mar - 9:00

La parte más lógica de la rubia se vio arrinconada en cuanto Megerah quiso dejar la mente en blanco. No quería pensar en nada. Ni en Thareon. Ni en Lyvana. Ni en Leviathan. Ni en la traición de Moloch. Ni siquiera en la categórica parca que ya la espiaba entre las sombras, señalándola como próxima víctima, allá donde fuera la desafiada.

Una situación para nada alentadora de la que la inquisidora quería escapar cuanto antes.

Y aquella pelirroja le había dado la excusa perfecta para hacerlo. Al menos por una sola noche. La esencia de Erah se vio encandilada por esa marea que trajeron los labios de Reagan. La rubia se dejó arrastrar por ese suave oleaje originado en aquel contacto de sus bocas. Un contacto dulce, acompasado con una delicadeza insólita que Megerah no había probado antes. En un mundo de hombres, tras los muros del castillo, aquella suavidad quedaba recluida en muy pocas féminas que la guardaban como el más valioso de los tesoros. De esos que nunca llegaban a usarse con libertad, pues muchas humanas carecían de ésta al ser esclavas, rodeadas de morbo, tentación ilícita y distorsionada realidad gracias a tanto narcótico. Pareciera que los dragones no sabían disfrutar de todos aquellos placeres de manera natural. O eso pensaba la rubia, con toda esa información. Nada de la que preocuparse ahora, pues Reagan no era de esas mujeres. Ella era libre y podía hacer alarde de esa delicadeza si quería. Y, contra ese pronóstico que Megerah pudo haber hecho en un principio, la pirata sí gozaba de esa parte considerada y hasta sensible que la hacía acariciarla con un cuidado seductor. Y la rubia cayó en sus redes como el más inocente de los peces en la trampa de un marinero.


Reagan se separó finalmente y la rubia abrió sus ojos, percatándose de aquella sonrisa delineada por las luces terminales del atardecer. Una sonrisa que acabó contagiándola, con timidez, llegando a morderse el labio inferior levemente antes de volver al mar en calma de sus ojos. O eso pensó Megerah, hasta que vio ese deseo contenido en aquellos orbes azules, como mar a punto de desbordar. La rubia se sentó algo mejor en el borde de la mesa, despacio. Podría parecer que quisiera separarse, y cierta parte de ella así lo quería, mas esa Erah desamparada, suplicante por cariño, rota por tanto desprecio hacia su persona, frustrada por esa soledad que encogía su estómago, no tenía intención alguna de rechazar tal atención. Por nimia, peculiar y puntual que fuera. Una última vez. Fue entonces cuando supo que, de haber sido otra mujer, Megerah no habría tenido tanta facilidad para dejarse llevar.

Porque dejó que Reagan separase sus piernas. Dejó que la pelirroja entrase de lleno en su espacio personal, dejándose cautivar por la calidez de sus palmas cuando cubrió con ellas las tersas mejillas de la rubia-. Mi compañía no os conviene, Belladona… -la desafiada exhaló sonora y lentamente al sentir la propia respiración de la pelirroja sobre la piel de su mentón, de lo cerca que estaba. Erah tragó saliva, bajando sus párpados, sumiéndose en la oscuridad, presa del más digno encantamiento del que hablaría cualquier marinero. Criaturas marinas que roban alma, cuerpo y pensamiento. Leyendas de las que Megerah sólo había leído historias. Y, aquella vez, rodeada por ese océano que ahora llegaba hasta las puertas de Talos, en su alarde de inmensidad frente a la fragilidad del navío de la pelirroja, la rubia creyó en ellas por un momento. Sin haberlas visto, sin haberlas oído, pero presentes de forma tácita en aquel lugar-. Mas esta noche, soy yo la que os pide que terminéis lo empezado…





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Dom 15 Mar - 11:14




Unos segundos quedos pasaron sosteniéndole aquella mirada mientras mantenía su rostro entre mis manos. Sonreí con cierta ironía -Ignoraré vuestra advertencia lady Megerah- no era la única que podía decir aquello porque, a decir verdad, mi compañía tampoco le convenía a aquella dama. Sin embargo, allí estábamos, a punto de comenzar un baile del que seguramente jamás me arrepentiría.

Y sintiendo su respiración, me fue dado el permiso para continuar. Ya no había ningún motivo para sentirme recluida. Por eso, decidí dar un paso hacia delante en aquel curso de los acontecimientos y volver a probar aquellos labios que suspiraban por otro beso. Mi diestra fue directamente hacia sus cabellos dorados enredando mis dedos en ellos. Cerré los ojos dejándome llevar por aquella marea de sensaciones y deseos, recreándome en disfrute de los labios ajenos.


Mis manos terminaron cayendo sobre sus piernas incitándola a que me rodeara con ellas y luego se dirigieron al nudo de la capa que se encontraba bajo el brazo derecho. Lo deshice con cuidado y muy lentamente y la capa se deslizó hacia abajo hasta caer al suelo. El sonido topándose con el suelo me hizo despertar un poco. ¿Realmente estaba pasando aquello?
Al fin el calor vino hacia mis mejillas acompañado de un ligero rubor que no me molesté si quiera en ocultar a la rubia. Lo que estaba hecho, hecho estaba y ella me había dado su bendición para continuar. Así que la respuesta a dicha incógnita estaba más que clara.

Mis labios viajaron hacia su cuello con parsimonia tratando de controlar una respiración que se iba acelerando por segundos. Intentaba a su vez ser lo más diligente posible. No era lo mismo tener una noche ligerita con una mujer a la que había pagado por su compañía, que pasar una noche con una que sí quería estar a mi lado sin necesidad de que hubiera plata por medio y aquel hecho se merecía por supuesto su reconocimiento.
Recorrí su cuello ascendentemente depositando suaves besos sobre la superficie de este hasta llegar a la altura de su mejilla donde le dediqué un último contacto de mis labios para después acercarlos a su oído.

-¿Habéis compartido lecho con una mujer antes?- pregunté con voz melosa antes de separarme lo suficiente como para poder deshacerme de mi chaqueta y dejarla también caer al suelo para que hiciera compañía a la capa de la inquisidora.
No es que me gustara hacer alarde de mis cualidades en realidad sí pero si algo se me daba bien, era la capacidad para poder lograr que una mujer estuviera cómoda y se sintiera plena en estas circunstancias.


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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Lun 16 Mar - 8:26

- No soy lady… -replicó, poniendo la puntilla –como siempre-, a toda conversación que pudiera mantener. Así era Megerah. Enamorada o maliciosa. Sensible o calculadora. Seguía siendo la rubia convertida en desafiada en un acto de egoísmo adornado como una dudosa salvación. Sí, vale, seguía viva gracias al dragón negro y sus escrúpulos. A esa suficiencia dracónica. A esa inocencia de Moloch al pretender que todo fuera como antes. No la había dejado marchar cuando la muerte la reclamó porque era suya y, a partir de aquel momento, su relación se había enfriado drásticamente. Tanto que Erah había sido capaz de actuar por cuenta propia como mujer libre que era y cometer un acto de traición que la condenaba.

Y estaba claro que a los ojos de la Muerte Negra habría cometido el error de liberarla como esclava.

Libertad.

Erah no había llegado a saborearla plenamente ya que, por costumbre, se había mantenido a la sombra del dragón negro. Y porque había tenido miedo. Miedo a lo desconocido. A lo que pudiera haber al otro lado de los muros. A esa vida diferente donde podías hacer lo que quisieras sin dar explicaciones a nadie. Dentro de unos límites, claro. En realidad, Megerah sí había tenido ocasión de tener esa facilidad de actuación, pero su condición la seguía atando al dragón del que tanto quería deshacerse.

Libertad… o sólo una quimera de ésta.

La rubia hizo otro intento por desterrar todo pensamiento que no fuera con aquel camarote, con Reagan, con aquel contacto tentador que la incitaba a perderse en un mundo nuevo para ella. Recibió los labios de la pelirroja y correspondió ese anhelo tácito en ellos. La piel de su nuca se erizó en cuanto sintió los dedos de ésta entre su cabello. La mano que mantenía en la nuca de la pirata viajó hasta una de sus mejillas, en un curioso ruego posesivo para que no se detuviera. Para que la hiciese perder la cabeza aquella noche.

Más de lo que ya la había perdido en los últimos días, aunque de una forma completamente diferente.

Se dejó guiar, obedeciendo esa petición de las manos ajenas a rodear sus caderas con sus propias piernas. Y así lo hizo, aproximando sendos cuerpos con un pequeño pero suave tirón cuando éstas abrazaron las caderas de la pirata, mientras se deshacía de la ahora molesta capa que traía la rubia. Erah inclinó la cabeza ligeramente hacia el lado contrario al que estaba Reagan, dejando que la pelirroja besase a gusto su cuello con total libertad. Tragó saliva, buscando de manera inconsciente el roce de su mejilla con la atezada piel de la pelirroja, cuando su pregunta hecha murmullo le provocó un escalofrío en la espalda-. No así… -susurró con la respiración algo más profunda y agitada. Esclava, testigo de torturas, presa del morbo, víctima de los narcóticos. ¿Cómo iba a ser consciente del placer y sensualidad que pudiera despertar una mujer en ella? Desde luego, si era como Reagan lo estaba consiguiendo no había sido consciente de ello antes.

En un arranque de lucidez, su mano bajó hasta la solapa de las ropas de la pelirroja, aferrándose a ellas, con la ferviente necesidad que golpeaba la parte posterior de su cabeza, buscando sus labios otra vez, deseosa por evadirse de todo y perderse en el cuerpo de aquella mujer que tan inesperadamente la había tentado a algo que Erah, en otras condiciones, la habrían hecho actuar de una manera muy distinta.





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Mar 17 Mar - 17:48

"No así..."

Sonreí para mis adentros. La inquisidora iba a conocer lo que era compartir una noche con una mujer de las islas Eneas. Una mujer que estaba siendo totalmente libre de indagar en su piel y en sus facciones como también había sido libre para explorar los mares.
Sentí el tirón que llevó a la anhelante inquisidora a unise de nuevo con mis labios produciendo una nueva danza de lenguas. Cerré los ojos dejándome llevar en aquel remolino de deseo.

No podía más.

Mis manos buscaron instintivamente los cordones de su corset, intentando deshacer en vano los nudos de aquella prenda tan incómoda y poco útil que a las damas de alta sociedad tanto les gustaba llevar. Dejé escapar un pequeño bufido de exasperación al ver que mis dedos se entreliaban por aquellos cordones del demonio. ¿Por qué usaban aquellas cosas? ¿A caso no sabían permanecer de pie con la espalda recta sin ayuda? Además no les permitían respirar bien y eso seguro que causaba algún problema de salud.
Bajé la cabeza para guiar mis labios hacia el dorso derecho de su cuello y aproveché para inclinarme hacia la izquierda alargando la mano con el fin de agarrar la empuñadura de una daga que tenía clavada sobre la mesa y volver a las andadas con el puñetero nudo del corset.
Con un corte vertical el corset se aflojó al instante y pude volver a dejar la daga en la mesa... pero con las prisas se me cayó al suelo produciendo un golpe sonoro seguido de un tintineo metálico.

-No uséis estas cosas más...- murmuré arrastrando las palabras con la respiración agitada. Retiré el corset del cuerpo de la inquisidora y volví a encararme con ella con una sonrisa traviesa en el rostro.
Deposité un beso en la comisura de sus labios antes de utilizar ambas manos para comenzar a desabrochar la blusa que llevaba la rubia y que era la última capa que quedaba impidiéndome el camino hacia...

Primero alcé una ceja y luego ambas al haber abierto la mayoría de la parte superior de la blusa y percatándome de la aparición de una cicatriz que tenía la rubia sobre el pecho.
Terminé de deshacerme de todos los botones abriendo aquel atuendo de par en par para descubrir unos pechos turgentes acompañados por esa cicatriz.
Cicatriz.
¿He de recalcar el hecho de que me fijé antes en su cicatriz que en sus pechos?

Las palabras martillearon mi mente en aquel fugaz instante "Veneno..." "Para una desafiada..."
No tenía que ser muy lista para atar cabos y entender qué era lo que tenía encima, o delante, o más bien, intentar entenderlo.
Alcé la vista y la miré con cierto reproche.

-El veneno es para ti- afirmé sin titubear. No obstante sonaba calmada, como si eso de tener a alguien con instintos suicidas encima de mi mesa y semidesnuda fuera lo más normal del mundo. Pero no podía esconder mi enfado. ¿Por qué estaba enfadada? ¿Por qué odiaba que me mintieran? Si ni si quiera lo había llegado a hacer... y tampoco podía replicarle, no tenía derecho a hacerlo, pero... aun así... fastidiaba. No tenía otra palabra que pudiera describir mi hastío. Porque no, no podía sentir dolor por la desafiada, más bien pena ¿por qué quería hacer algo así?




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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Miér 18 Mar - 10:02

Erah suspiró quedamente sobre sus labios, sin llegar a apartarse cuando notó sus expertas manos sobre el incómodo cierre de aquel corsé que utilizaba en muy contadas ocasiones. Lo cierto era que no tenía pensado acabar así con Reagan, y aquella prenda era lo más cómodo si había que montar a caballo durante un rato. No es que la rubia lo hiciera cada semana, pero en su momento descubrió que se ahorraba un buen dolor de espalda posterior con esa estupidez.

Por ello, rió por lo bajo al ver el apuro de la pelirroja con aquella prenda de ropa que se le resistía. Erah la dejó hacer cuando cogió el cuchillo y se deshizo del cordón de un sólo gesto. Pudo haber pensado que iba a atacarla allí mismo, más su respiración agitada, los besos sobre su piel y su voz ronca por el deseo, llevaron a la rubia a desechar aquella ridícula idea. Porque de haberlo hecho, ¿Megerah no acababa ganando? Eso era lo que andaba buscando, después de todo. Si no era aquella noche, la muerte le daría caza pronto igualmente. Si Reagan le hubiera clavado la daga, le habría quitado parte del trabajo.

La pelirroja murmuró con cierta desesperación antes de volver a la altura de Erah, quien la esperaba preparada para corresponder ese beso que la dio y, aunque no llegara a admitirlo, deseosa por más. El resonar del metal contra la madera reverberó en el cuarto, llenando el ambiente con un sonido estridente durante un par de segundos. Pero no llegó a influir en aquella burbuja sugestiva que ambas mujeres habían creado, casi sin querer. Erah le mordió el labio con suavidad, sugerente, empujada por esa sonrisa pícara que mostraba la mujer. Sintió los dedos de la pirata sobre su blusa de tela clara. Notó un escalofrío según la pelirroja abría la prenda… hasta que habló, descubriendo su intención. Megerah no tenía previsto –ni remotamente- tener ese desliz con Reagan para dejar que ella pudiera averiguar con tanta facilidad sus planes-. Vuestra perspicacia no decepciona… -la había pillado. ¿Qué sentido tenía querer ocultarlo o negarlo cuando era tan evidente? La rubia ladeó una sonrisa de suficiencia-. Efectivamente, lo es. -¿qué podía importarle a la pelirroja? Más allá de un trueque, una paliza y ahora unos besos, Megerah no podía significar nada para ella, ¿verdad? O, al menos, eso era lo que la desafiada pensaba. Por un instante, ese reproche en su mirada hizo mella en ella y acabó cubriéndose, sin llegar a abrocharse la camisa de nuevo. Se cruzó de brazos, como si ahora quisiera ocultar lo que era-. No tengo por qué daros explicaciones… -sin llegar a saber muy bien el porqué cierto rubor asomó a sus mejillas, incapaz de mantenerle la mirada por un momento.





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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Reagan el Miér 18 Mar - 15:07

La ahora recién descubierta desafiada retiró de mi alcance su pecho, su blusa y porqué no decir también que ella misma en su esencia, apartando incluso la mirada haciendo que el encuentro se enfriara un tanto.
¿Había herido su honor? No, no era eso. Se sentiría rechazada, como si hubiese descubierto la travesura de un niño y le estuviese echando algún tipo de represalia, pero no era así. Yo no tenía el derecho a meterme en aquel asunto, por mucho que quisiera. Al fin y al cabo, aunque costara aceptarlo, no dejaba de ser una clienta.
Me tragué mi orgullo y me tranquilicé un tanto pues había incluso dejado de tratarla de vos en un último arrebato de incomprensión.
La miré con seriedad y calma, intentando analizar la situación, reflexionar y ver todo desde un ángulo diferente.


Para mí la vida era un regalo de los dioses, algo muy importante que no se debía rechazar tan a la ligera, por eso no llegaba a comprender del todo el porqué alguien querría desearla.  Era algo que se debía disfrutar al máximo y con libertad. Uno de los motivos por los que odiaba la esclavitud y si bien era la primera que arrebataba vidas por dinero, me aseguraba de que la víctima así lo mereciera y a pesar de eso, jamás había sido partidaria de que alguien buscara de primera mano a las parcas tan pronto.
Así que llegué a la conclusión de que Megerah habría sufrido lo suficiente como para querer sentir el frío abrazo de la muerte. O quizás, era para impedir ese sufrimiento. Teniendo en cuenta el anterior trato con la belladona y su condición, tanto de desafiada como inquisidora, podría ser que tuviera líos con los dragones y no era tan fácil salir de ahí.
No estaba en posición, ni era nadie para juzgarla.

-Podría pasarme la noche defendiendo lo mucho que vale una vida humana... pero no lo voy a hacer- sobre todo la suya. Por añadido, prefería pasar la noche de otra forma.


Sí, la rubia habría cometido actos horribles, joder, era una inquisidora, pero ¿a qué precio lo habría hecho?
En un mundo como en el que vivíamos había dragones que poseían una bondad más allá de mi imaginación y humanos capaces de las cosas más perversas e inesperadas. Los humanos acusábamos a los lagartos de tiranos cuando realmente no llegábamos a entender que todos éramos iguales. De la misma forma, no conocía a Megerah en profundidad como para saber si realmente se merecía su muerte o no y era un motivo más para no tener que meterme en sus decisiones. Porque, a pesar de ser defensora de la libertad, era una realidad que todos éramos esclavos de la muerte. Tarde o temprano llegaría ¿por qué no adelantarlo? Ella tendría razones de peso para hacerlo.
Además, los dioses bien sabían que una no debía meterse entre un muerto y su destino.
Me mordí el labio mirándola con pesar -El veneno será vuestro- afiancé para que no se preocupara por ese detalle.
No había nada más que pensar.

-Vos tenéis la libertad de hacer lo que os plazca con vuestra ventura- sujeté su rostro entre mis manos y besé su frente por un momento volviendo a provocar un acercamiento que fuera más grato para la inquisidora -No obstante, no debéis esconder quién sois ni lo que sois, pues habéis vivido y eso es mucho más de lo que algunos podrían si quiera pensar- dije mientras agarraba sus muñecas y delicadamente las retiraba del cierre de su camisa. No importaba la vida que hubiese llevado, porque estaba segura de que por horrible que fuera, habría pasado también buenos momentos y dispondría de buenos recuerdos que tener en mente cuando le llegase la hora.
Pero ahora no era la ocasión de ponerse melancólica.

-Olvidadlo todo, esta noche corre de mi cuenta- murmuré antes de bajar la mirada y la cabeza, posando los labios en su clavícula y descendiendo hacia sus pechos, abriéndome paso con las manos separando la tela de aquella blusa que la inquisidora había usado anteriormente en su arrebato de indignación, ofreciéndole un último suspiro de placer, una última oportunidad para sentirse especial y tener un resquicio de paz.
Como si fuera el concluyente deseo de un preso condenado, a punto de dar sus primeros pasos hacia el cadalso.




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Re: Sweet raptured light, it ends here tonight ~ Reagan ~ +18

Mensaje por Megerah el Jue 19 Mar - 17:37


Pareciera mentira que el corazón de Megerah ya no latiera en su pecho, pues el rechazo y reprimenda implícitos que juró ver en la intensidad de aquellos ojos azules que no se apartaban de su figura la golpearon más fuerte que de costumbre. ¿Que de costumbre? ¿Desde cuándo a Erah le importaba algo así?

En las últimas semanas, la vulnerabilidad había llamado a su puerta, agrietando años de sólida apatía. Justo después de conocer la desgracia del dragón azul y la traición del dragón negro. Aquellos dos dragones habían tirado del alma de la rubia en sentidos opuestos, y ella, como humana, tenía comportamientos distintos para ambos. Y era ahora cuando, poco a poco, esa Megerah que dependía más de los demás, afloraba con más fuerza frente a esa parte impasible y dura. Ahora que era una desafiada, ahora que estaba sola en el castillo, ahora que sabía que irían a por ella… era cuando más indefensa se veía. ¿Habría sido mejor huir al bosque? Erah estuvo tentada de negar rotundamente con la cabeza para responderse, pero se contuvo.

No por ello la rubia dejaba de ser firme, mas si era claramente más influenciable a las reacciones de los demás. De esa gente que podía juzgarla, tanto en el presente, como por lo que pudo hacer. De… esa gente cuya opinión no le era prescindible.

Pero, ¿por qué Reagan?

Solo la había visto en un par de ocasiones y, sin embargo, era la primera en mucho tiempo que había conseguido hacerle sentirse… cómoda. Y no era por aquel primer encuentro, en realidad. La rubia no supo explicar por qué, por muchas vueltas que le pudiera dar en aquel momento. Mas sus palabras la hicieron buscar la inmensidad del océano en aquellos zafiros que seguían mirándola, aunque Megerah no lo hubiera hecho hasta ahora.

El que le asegurara que tendría el veneno, a pesar de lo que la pelirroja había descubierto, la llevó a preguntarse si realmente quería hacer lo que tenía pensado. Pero, ¿qué más opciones tenía? ¿Dejarse torturar? ¿Dejarse matar? Su orgullo podía más que aquello. Antes de que la mataran, lo haría ella misma. Medida drástica dónde las hubiera, pero estaba cansada de sufrir. No quería hacerlo más. Erah cerró los ojos y pasó saliva, conteniendo una simple lágrima rebelde que no llegó a surcar su mejilla, cuando sintió los cálidos labios de Reagan besar su frente, en un gesto más maternal que el que pudiera haber entre aquellas dos mujeres que en tan solo dos ocasiones, habían conseguido conectar como Megerah no recordaba haberlo hecho con nadie más-. He vivido…. Una vida que nunca podrá pertenecerme… -no plenamente, al menos. Y, realmente, el momento de su muerte, era lo único sobre lo que Erah tenía control. Pero para ello, necesitaba el veneno que Reagan le proporcionase.

La rubia suspiró con cierto alivio cuando sintió de nuevo la respiración de Reagan sobre la piel de su cuello, casi agradecida porque la pirata no la repudiara ni se alejara. Si algo necesitaba la desafiada en aquel momento era, precisamente, que no actuasen como ella había hecho con casi todo el mundo. Y, aún así, Erah habría entendido que la pelirroja se hubiera negado en rotundo… a todo. Pero, al parecer, alguien esa noche quiso darle una pequeña tregua a Megerah en aquel camarote. Una tímida sonrisa asomó a la comisura de sus labios con esa petición de Reagan.

Se dejaría. Esta vez se dejaría querer.

Y con esa decisión silenciosa, se inclinó ligeramente hacia delante, buscando el cuerpo que tenía ante ella, pasando su brazo derecho por uno de los hombros de la pelirroja, dejando su mano en la nuca, de nuevo. Apoyó sus labios en la melena que cubría la coronilla de Reagan, aún con los ojos cerrados. Una exhalación algo más marcada se le escapó al sentir un hormigueo naciente en su pecho, que pasó a su espalda, erizándole la piel.





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