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Re: FB ~ Sort of... Meant to Be ~Thareon ~ +18

Mensaje por Thareon el Dom Feb 15 2015, 02:13

Megerah no fue la única que aprovechó para recuperar aliento. Thareon también echó el aire por la nariz e hinchó sutilmente el diafragma al volver a cogerlo, para fundir de nuevo sus labios con los de ella. Notando la leve presión de sus dedos sobre la nuca. Incitándole a seguir besándola, a seguir, demostrándole aquella humilde intención de conocer su cuerpo, su sensualidad, de una forma muy diferente a la que se habían acostumbrado.
Una de sus manos, la derecha, acarició la forma de su refinada ceja con el pulgar. Sus dedos hormiguearon por su mejilla, su sien, hasta su oreja. Recorriendo la forma de la misma, sus recovecos. Finalmente se posaron en su sien rapada. Y, como si de sutiles y expertos pinceles se trataran, fueron trazando sinuosamente las oscuras marcas del tatuaje que adornaba su piel, y que descendía por su cabeza hasta el cuello. Pasando por su clavícula, su hombro, su codo, su antebrazo, su muñeca...

Allí se detuvo, encerrando en el amable círculo de sus dedos la articulación. Levantó la mano de la rubia, interrumpiendo tiernamente el beso con un leve mordisco en aquel carnoso labio inferior.
Esbozó una suave sonrisa en sus labios, intercambió otra intensa mirada con ella. Y acto seguido bajó un poco la cabeza, y guió la mano de Megerah sobre su rostro. Dejando que ella rozara su frente, sus cejas, su nariz, una vez más la aspereza de su barba...
Pasó la punta de sus dedos por sus labios, depositando en el proceso un suave beso en ellos. Luego por su mentón, su garganta, su fuerte cuello. La invitó a delinear los fuertes tendones de sus clavículas, y posó su palma sobre su pecho húmedo, cálido y palpitante como un tambor, sutilmente perlado de pequeñas gotitas húmedas.
La mano de Megerah prosiguió aquel camino guiado por su plexo solar, donde la cálida piel dio paso a las suaves y metalizadas escamas azules que tapizaban sus abdominales. Acariciando primero uno, luego otro, pasando sobre el ombligo, y alcanzando la forma del hueso de su cadera. Inclinando y bajando más su trayecto, siguiendo el curso azul de aquellas escamas, hacia la ya palpable excitación entre sus piernas.

Abrió por fin el dragón los ojos. Y en ellos brilló el deseo. Un deseo que danzaba como la llama de una vela, brillante e intensa, pero siempre constante, calma, manteniendo el control. Thareon pegó su pecho al de ella, sintiendo que rozaba las puntas de sus senos. Y depositó un beso una vez más sobre el lóbulo de su oreja.

- Te deseo, Erah... - Aquella afirmación contenía una velada petición, casi súplica. Era más que obvio que él la deseaba. Que quería tocar su cuerpo, disfrutar de él, hacerle sentir... todo aquello que ella pudiera experimentar. Se moría por oírla gemir entre sus brazos, y quería verla agitarse de placer contra su cuerpo, sin que ella exagerase, mintiera o simplemente disfrutara por su propio regocijo. Quería que su placer fuera para él. Y el suyo, para ella. Pero él no iba a hacer nada que ella no quisiera. No esa vez. - ... y tuyo es mi deseo. Aquí y ahora...






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Mensaje por Megerah el Dom Feb 15 2015, 23:31

Ese segundo beso fue, incluso mejor que el primero, pues ambos ya habían dado ese primer paso, saboreando los labios del contrario con una ternura que ninguno de los dos había tenido antes para con el otro. Ni Thareon con Megerah. Ni Erah con Thareon. La rubia había disfrutado de aquel beso, sintiendo esas cosquillas que la propia barba del dragón dejaba en la piel de su rostro, mientras se enfrascaba en aquel baile de labios que tanto había deseado. ¿De qué más había que preocuparse? Erah tenía la convicción de que, en ese preciso instante, no podía haber nada que pudiera romper la magia entre esos dos cuerpos, que buscaban el roce del otro en aquellas termas del castillo de Talos.

Sintió dicha por un momento... por ese momento en el que el hombre que había despertado tanto en ella correspondía su beso, deshaciéndose en caricias con infinita suavidad sobre su piel. Conseguía que Erah lo desease aún más, si aquello era posible. Como si el propio dragón, con aquel beso, sellase una puerta que Erah no se había atrevido a cruzar hasta ahora. Una puerta que, al cerrarse tras ella, no le dejase más opción que quererlo. O la convenciese de que eso era lo que ella ya sentía. Sin vuelta atrás, y con todas las consecuencias, aunque los sentimientos de Thareon sólo coincidiesen con los suyos en aquel momento a solas... Ella no podía saberlo.

Su piel fue erizándose conforme los dedos del dragón se paseaban a placer sobre ésta, remarcando su paseo con una línea del agua que mojaba sus dedos. Dejó su brazo relajado, curiosa por ver sus intenciones. Sonrió con una ternura improbable en ella, llevada por esa petición por acariciarle, que se le antojó dulcemente infantil. Y no mostró reserva alguna a la hora de mover sus dedos por las facciones de Thareon con una suavidad exquisita, siguiendo sus dedos con el azul de sus ojos y una sonrisa de adoración por cada línea del rostro del dragón que grababa cuidadosamente en su cabeza. Así, recorrió la barba, hundiendo suave y momentáneamente las yemas de sus dedos en ella, para notar ese curioso roce que el vello facial dejaba sobre ella. Fue bajando por su mentón, su cuello, por donde Thareon quiso guiarla, sin perder el más mínimo interés ni un brillo de devoción en su mirada. Atravesó la línea de la superficie, sintiendo ese cálido abrazo del agua en las zonas de su piel que habían tenido la intención de secarse. Peregrinó por el pétreo abdomen del hombre, en su afán por perder altura con un regodeo que en las situaciones anteriores con Thareon no había podido darse.

Su voz ronca resonando tan cerca de su oído, tan sugestiva, la estremeció, haciéndola suspirar. Yo también a ti, enunció en su mente, mas no pronunció palabra. Simplemente ladeó su semblante, mencionando su nombre en un susurro mientras buscaba sus labios, queriendo besarlos con ese anhelo desprendido en la afirmación del dragón. Sin remedio, sus piernas se enredaron en los tensos muslos de Thareon, tirando de sus propias caderas para aproximarse más al calor de las de él. Detuvo ese beso para exhalar lentamente al sentir su entrepierna, excitada en antelación, reclamando cierta atención que Erah no tardó en proporcionarle, cuando aquella mano que había sido guiada por el propio Thareon, se posó con delicadeza en su miembro-. Aquí y ahora... -repitió, separándose lo justo para poder mirar esa reacción tardía de Thareon por sus caricias-. Te daré todo lo que me pidas... -musitó deseosa y, para su sorpresa, con una sinceridad genuina en sus palabras. Siempre, quiso rectificar.

Mas, tal vez, no era el momento.





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Mensaje por Thareon el Lun Feb 16 2015, 20:27

Thareon inclinó la cabeza a un lado para degustar aquel segundo beso que Megerah le otorgó a modo de respuesta. Anhelante, casi sedienta. ¿Tal vez tratando de demostrarle así lo mucho que ella le deseaba a él? Tal vez. Thareon así lo interpretaba, y precisamente por ello, un ramalazo placentero acrecentó su excitación y provocó que una cálida y suave oleada recorriera su cuerpo. El dragón bebió de su boca, y ella se aproximó más a él, enredando las piernas entre las suyas. Sus palabras acompañadas por el roce de sus dedos alcanzando por fin su miembro, provocó que el dragón dejara caer parcialmente los párpados y entreabriera los labios con un profundo suspiro entrecortado. Acto seguido se mordió el labio inferior, y se perdió en aquellos ojos color aqua, incapaz de negar que aquella entrega le excitaba a sobre manera. De hecho, se moría por dejarse llevar por esa muda invitación.

- Te quiero a ti, Erah. - Pasó la nariz por su mejilla de nuevo, y dejó ir lentamente el aire a través de ésta. - Tus suspiros, tus gemidos, tus sentidos, tu cuerpo... Aquí y ahora, que seas sólo mía. - Y dicho esto, volvió a besarla, con más pasión, más anhelo, arrancándole hasta el aliento en un beso profundo y pasional. Todo aquello implicaba posesión, sí. Pero no la que Moloch demostraba con ellos, sino una posesión voluntaria. Quería que ella fuera tan suya, como lo sería él para ella. Deseaba de aquello algo mutuo, y no unilateral.

Thareon deslizó su mano derecha por el costado izquierdo de la mujer, y empezó a trazar círculos y espirales con los dedos por su espalda. Sin dejar de besar y acariciar lenta y húmedamente sus labios, su mano izquierda buscó el agua para mojarse, sumergiéndose. Y luego volvió a romper la superficie, para ascender, húmeda, caliente y humeante, por el costado derecho de ella. Hasta alcanzar su seno suave y terso, apoyando su palma contra él, notando la suave presión de la cima excitada del mismo contra la mano. Cerrando los dedos en torno a él, y demostrando que a pesar de su tacto tosco y áspero, sus gestos podían ser suaves y gentiles, como el roce de la seda.
Terminó el dragó el beso, pasando la lengua por sus labios. Se perdió una vez más en el azul de aquellos ojos intensos y casi febriles. Y luego descendió sus besos bajo su mandíbula. Mordió suavemente su garganta, dejando que el tacto de sus dientes rozara su piel hasta erizarla. Y fue descendiendo, suavemente, hasta bordear el camino de su clavícula, y su pecho, hasta atrapar entre los labios el pezón de su pecho libre. Alternando los movimientos de sus labios y su lengua sobre su aureola, terminando en una intensa succión. Mientras su otra mano alternaba la presión de sus dedos, combinándolo con un masaje circular, bajo el cual podía sentir los latidos de su cada vez más desbocado corazón.

La mano de su espalda poco a poco dejó de hacer círculos en su espalda, para bordear su cadera, y comenzar a abrirse paso bajo el agua entre la calidez de sus muslos. Acariciando el suave vello rubio, y finalmente deslizando el dedo corazón entre sus labios. Buscando el punto hinchado y palpitante de su placer y presionándolo, creando círculos sobre y alrededor del mismo. Aprovechando para dedicarle un suave mordisco a su pezón.






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Mensaje por Megerah el Mar Feb 17 2015, 15:39

Un suspiro nació en su garganta al ver esa exaltación implícita en el gesto del dragón cuando se olvidó inconscientemente de continuar el beso que ella le diera, abandonando el contacto para respirar de forma entrecortada. Todo por esa caricia lenta que la rubia dedicó a su parte más sensible. Erah se vio adorando esa excitación tranquila, sentida, espontánea, sin droga alguna, del dragón por ella. Algo que no había visto hasta ahora pero que, de por sí, ayudaba a su propio enardecimiento de deseo, aún mayor al verle así ante ella.

Y por ella.


Sus labios no llegaron a cerrarse, dejando escapar esas exhalaciones pausadas pero consistentes, por esa primera frase del hombre. Le parecía tan irreal que Thareon le hubiera dicho aquello, pues era algo que Megerah había soñado ya durante meses. Una fantasía. Algo utópico. Pues sólo eran palabras, ya que la rubia seguía dudando que el dragón de escamas azules correspondiera sus sentimientos por igual. Atracción había, de eso no le quedaba duda, mas Erah se consideraba demasiado retorcida para pensar que él llegase a sentir algo más. No por él, si no por ella misma. Humana. Esclava. Mortal. ¿Qué sentido tenía para un dragón llegar a sentir algo por una muchacha de vida perecedera y tan frágil? Limitada por su naturaleza, sabía de la curiosidad de los dragones por los humanos. No obstante, ese sentimiento que se vertía por cada fibra de su ser a cada roce que tenía con Thareon se le hacía demasiado... humano, pero no algo imposible para el dragón azul, ya que era único totalmente diferente al resto de dragones que había llegado a conocer. Sí había visto, como grata sorpresa, que el propio dragón de escamas azules tenía presente esa diferencia de conducta suya. Sin embargo y, por encima de todo, era Megerah la primera que no se consideraba merecedora de ese amor correspondido por aquel a quien ella quería. Por aquel por quien lo daría todo, olvidándose de esa sombra que los limitaba tanto-. Todo, Thareon... -no sólo sus sentidos o su cuerpo ya. Erah había entregado también alma y corazón a aquel dragón que la hacía estremecerse en aquel lugar como no recordaba en todas las veces anteriores. Suspiró por la nariz, agradecida, cuando Thareon devoró sus labios en un beso ávido, intenso, que Megerah no dudó en corresponder con la misma intensidad. Lo deseaba. Lo quería todo de él. Le quería a él-. Aquí y ahora, soy toda tuya. -murmuró contra sus labios, como culminación de esa vehemente coreografía que sus labios habían llevado a cabo, en un impulso totalmente instintivo, dando rienda suelta a sus sentimientos, aunque sólo pudiera ser esa vez. No podía ser más sincera con lo que estaba diciendo.

Su cuerpo se enderezó por los dibujos que él dejaba suavemente sobre su espalda, arrancando exhalaciones antes de tiempo, precipitadas, mientras echaba ligeramente sus hombros para atrás. En consecuencia, acercaba ambos torsos, un poco más, mientras Thareon la mantenía entretenida en un beso más suave, más lento, mas sugestivo. Erah hizo el ademán de atrapar su lengua con sus labios, abriendo sus azules acompañados de un centelleo pícaro, con una sonrisa que no llegó a sus ojos. Un hormigueo en su seno se convirtió en escalofrío que sacudió su vientre, cuando sintió la ardiente palma del dragón sobre su excitable piel. Su mirada azulada se clavó con vehemencia en los orbes marinos que la observaban, antes de rendirse al poder que ejercían sus caricias, alzando la barbilla según Thareon bajaba, acariciando la dermis de su cuello con sus labios. Tragó saliva, al sentir el mordisco, expulsando el aire, al tiempo de cerrar sus ojos, concentrándose en todas esas sensaciones que azotaban -agónicamente- despacio su cuerpo, entregado por completo a los mimos sugestivos del hombre. Todas esas atenciones le provocaban estremecimientos que reverberaban entre sus piernas, acelerando su pulso y haciendo más profunda su respiración. Volvió a suspirar, en un gemido suave cuando Thareon decidió recrearse en sus pechos, provocándola cosquilleos que la hacían ansiar que aquello no acabara nunca.

Apoyó la cabeza con mucha suavidad en la de Thareon, mientras con el brazo que aún tenía en su nuca subía lentamente, apretando suavemente sus yemas en un paseo a contrapelo, enredando sus dedos en la oscura melena. No obstante, no olvidó aquella mano que ahora se cerraba alrededor de la virilidad del dragón, presionándola, en un suave y seductor vaivén que pretendía afianzar los deseos del hombre. Erah quería escucharlo de nuevo, que los gemidos roncos y hasta ahogados de Thareon inundasen sus oídos, con esa genuina serenidad que los narcóticos de Moloch eliminaban. Sus movimientos eran tan delicados como lentos, sintiendo cómo su miembro ganaba firmeza por cada vez que ella lo recorría, entreteniéndose en el extremo, extasiándose por cada pequeña embestida instintiva que daban las caderas del dragón, en su anhelo por que continuase.

Finalmente, jadeó cuando sintió sus dedos colándose en su intimidad, siendo ella la que, desconcentrándose por el placer que el dragón le proporcionaba, ralentizó el movimiento de sus propias manos, aunque no las apartase.

Dioses, ¿qué me estás haciendo?





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Mensaje por Thareon el Miér Feb 18 2015, 16:25

El corazón de Megerah latía tan fuerte que Thareon casi podría haber bailado al compás. Podía sentir su respiración contra sus largos cabellos oscuros y empapados, los cuales caían por su musculosa espalda doblada hacia delante, y sobre sus hombros, rozando sus puntas los muslos de la mujer. Las atenciones que la boca de Thareon daba a la piel de la rubia saltaron de un seno a otro, de forma que sus labios acompañaron su mano. Deleitándose con aquel manjar, saboreándolo y dedicándole toda la atención que su boca podía ofrecerle, raspando suavemente su piel con la barba.
La mano abandonó su pecho, para introducirse en el agua, y coger un poco entre los dedos. Rodeando el brazo a la mujer, para dejar caer el líquido ardiente por su espalda casi seca. Para provocarle  el placer propio del contraste con la cálida temperatura.

Justo entonces los dedos que Megerah cerraba en torno a su miembro, empezaron a moverse. Y Thareon profirió un quedo gruñido entre sus pechos, al sentirlos recorrer su excitación. Acariciándole despacio, provocando que se endureciera más y más, de forma que su excitación sobresalió sobre el agua. Alzó él la cabeza, dejando de torturar dulcemente sus pechos, y volvió a besar sus labios, mientras sus dedos seguían acariciándola también a ella. Si bien su ritmo se volvió algo irregular a medida que las caricias de Erah comenzaban a producir que la respiración de Thareon se entrecortara entre beso y beso, y que varios suspiros pesados y sonoros escapara contra los labios de ella, siendo cada uno más intenso y largo que el anterior.
El dragón cerró los ojos y las mandíbulas, dejando ver sus dientes tras los labios. Emitiendo un gruñido grave en su garganta, acompañado de un sutil siseo que silbó en medio de los vapores, por encima del sonido de la respiración de Megerah. Cuando volvió a abrir los ojos, la chica seguramente podría reconocer el ardiente destello que amaneció en sus pupilas. Ese brillo intenso, deseoso, que coronaba su mirada. Si bien esa vez no había rabia, ni odio, ni descontrol. Era un deseo controlado, sincero, constante. Un deseo que no buscaba obligarla, sino que suplicaba en esa mirada por más. Por tenerla. Por sentirla. Por inundar su intimidad y hacer que la chica memorizase cada uno de sus músculos en movimiento.

- Erah... - suspiró con voz grave. Pidiendo con palabras que no pronunció. Y basándose precisamente en el deseo que él sentía, le otorgó más aún a ella. Cuanto más le tentase ella a él, más él le daría. Lentamente, bajo el agua, detectó la humedad cálida y suave que mojaba sus dedos, y que no tenía nada que ver con el cálido baño en el que estaban medio sumergidos. Tal era el deseo en ella que ni el agua lograba disimular su necesidad.
El dragón azul introdujo su dedo corazón en ella, tanteándola, moviéndolo en suaves círculos, acariciando las paredes de su intimidad. Sacándolo primero lenta y ardientemente, para luego volverlo a hacer entrar. Despacio, de manera exquisita, esperando a que ella lo aceptara, lo deseara dentro. Hasta que el mismo vavién sutil que había impulsados las caderas del dragón, empezara a mecer las de ella. Sólo entonces, el dedo anular del esclavo acompañó al primero, y sus movimientos se volvieron más apremiantes, profundos e intensos. Tuvo que parar un momento, y apoyar la mano contra la pared, pasando el brazo sobre el hombro de ella, exhalando un suave gemido entrecortado que le provocaron las caricias de ella, pero retomó el ritmo casi enseguida.






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Mensaje por Megerah el Miér Feb 18 2015, 23:30

Erah agachó la mirada levemente, aprovechando ese momento en el que aún apoyaba su mejilla en la cabeza del dragón, para deleitarse con las líneas en movimiento que sus músculos dejaban en su deleite y fijación por sus propios pechos. La rubia se dejó llevar por las sensaciones que esas caricias le producían, y acabó entreabriendo sus labios, dejando escapar una exhalación... Y otra. Y otra más. Cerró sus párpados, rindiéndose a todos esos escalofríos que la recorrían, saltando entre sus músculos, contrayéndolos de placer, mientras posaba sus labios en la mojada cabellera oscura de Thareon. Un quedo beso, dulce, nimio, dado en la silenciosa intimidad que la postura del dragón le proporcionaba. Un contacto tan cargado de emociones para ella que de haber sido detectado por el dragón, la esclava se habría ruborizado notablemente.

Después de todo, lo quería más de lo que llegaría a admitir.

Claro que, ¿quién llegaría a preguntarle algo así? ¿Moloch? ¿El propio Thareon? Erah tenía la tranquilidad de su parte en ese sentido. Esa tranquilidad que se le iba paulatinamente, conforme sentía esa áspera caricia de la propia barba del dragón azul. No contento con ello, Thareon vertió algo del cálido líquido que los arropaba hasta la cintura, por su espalda, haciéndola inspirar marcadamente por el contraste. Arqueó la espalda, huyendo de ese contacto, aunque ya hubiera acabado, dejando que su pecho vibrase con esa risa suave, bajita, que no pudo contener.

Mas el beso de dragón interrumpió todo pensamiento de la rubia, pues sólo quería perderse en esos ávidos labios, dejar que recorriese cada milímetro de su piel con ellos, que memorizase cada curva, cada línea de su cuerpo. Megerah le otorgaba todo lo que era como humana, como esclava, como mujer enamorada. Todo.

Aquel gruñido hizo eco en sus oídos, extasiándola por ese deseo desprendido, que recorrió su cuerpo, erizando la piel y  latigando su espalda, que volvió a arquearse, para buscar esta vez el calor del torso del dragón. Cuando sus miradas volvieron a encontrarse, Erah pudo ver ese brillo lujurioso que llegó a hipnotizarla-. Thareon... -susurró en respuesta mientras exhalaba, deseosa por dejarse llevar de una buena vez. Quiso rogarle por esa necesidad que empezaba a hostigar su cuerpo, pero esa Megerah que había crecido con Moloch, ante tanto placer que ese vaivén de los toscos y expertos dedos del dragón le ocasionaban, tomó las riendas por un momento. Apartó la mano que jugaba con su miembro, buscando la sólida muñeca que invadía su entrepierna para separarla con contundente suavidad. Acto seguido, subió con ella, recorriendo su brazo, con caricias intensas, presionando con sus yemas, para causar mayor impresión. Megerah buscó sus labios de nuevo, ansiosa, incapaz de tener su boca separada de la de él, entreteniéndole mientras llegaba a cubrir su escondida mejilla con dicha mano. Con la otra tiró con suavidad del cuello del hombre a un lado, mientras encogía sus piernas con la intención de incorporarse. Pese a la delicadeza, sus movimientos fueron claros, sentando al dragón en la misma posición en la que ella había estado hasta ahora, sólo que ella de un solo movimiento y giro, se sentó sobre las piernas de Thareon. Por contra, no interrumpió ese beso, cosa que, de haber podido, la habría hecho sonreír de manera triunfal-. Eres mío... -murmuró entre dientes sobre los labios del dragón, con la mandíbula apretada por el placer y la desesperación de querer que la penetrase como hacerlo completamente suyo en aquellas circunstancias. Sus caderas se presionaron contra las de Thareon, atrapando su erección entre ambos cuerpos, rozándose contra él, al tiempo de abrir los ojos de nuevo, para abandonarse a los zafiros del dragón.





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Re: FB ~ Sort of... Meant to Be ~Thareon ~ +18

Mensaje por Thareon el Jue Feb 19 2015, 12:43

No se esperó que la propia mujer fuera la que interrumpiera las caricias de sus dedos. De hecho levantó una ceja con cierta confusión, sin entender muy bien qué estaba haciendo, abandonando su miembro e interrumpiendo su propio disfrute. Llegó a temer por un segundo que quizá la había hecho daño, o estaba haciendo algo mal. Mas las verdaderas intenciones de Megerah quedaron claras cuando la misma mano que había apartado los dedos de su humedad, ascendieron cálidamente por su brazo, hasta el hombro, el cuello, y finalmente se posó en su rostro. El dragón esbozó una suave sonrisa, ante esa caricia, besando de nuevo sus labios. Y dejándose llevar en aquel sutil paso de baile, que continuó dejándose guiar por el suave tirón de ella sobre su nuca.

Giraron, y Thareon deslizó sus manos por su espalda. Se sentó, ocupando el lugar que instantes antes había pertenecido a la esclava. Y observó cómo ella se colocaba a horcajadas sobre sus muslos. Atrapando su excitación entre los dos cuerpos, calientes y húmedos por el agua, el sudor y el vapor. Llamándole "suyo", lo que le provocó con latigazo placentero que le hizo tensar la espalda y los músculos del cuello. La mujer empezó entonces a frotar suavemente su miembro aprisionado, moviendo las caderas sinuosamente. Y Thareon se mordió el labio inferior, viéndose preso de un súbito temblor. ¡Oh, cuánto deseaba entrar en ella, poseerla y hacerla suya! Mas, por una vez, aquella tortura estaba resultándole tentadora, dulce y estimulante. No algo incontrolable e irrefrenable que quisiera terminar lo antes posible, como solía ocurrir con la Muerte Negra. No... quería disfrutarlo. Y quería ser de Megerah esa vez. Quería que fuera ella la que marcara el ritmo, la que le hiciera sufrir de aquella forma erótica jugando simplemente con la tentación de sus expectativas. Volviendo su cuerpo tenso y vibrante, hundido en la necesidad más absoluta.

- Qué cruel eres... - Un susurro que sonó a gruñido, o tal vez al revés. Y que reflejó la frustración que le invadía. Igual que sus manos, hundiendo una de ellas sus dedos en una de sus nalgas, y la otra cerrándose en un puño que recorrió su columna vertebral desde la nuca hasta abajo usando los nudillos. En una caricia suave pero firme, notando los recovecos de sus huesos al pasar. No obstante el dragón no había dejado de sonreír, señal de que obviamente esas palabras no eran literales. Sencillamente era parte del juego, de la situación en la que él, voluntariamente, le cedía su cuerpo y su placer a la mujer. - ¿Tanto deseas ver cómo me muero por sentirte? - Le preguntó, aunque a juzgar por cómo le tembló la voz, entrecortada por la respiración, casi parecía estar suplicándoselo. De hecho, muestra de que su capacidad de autocontrol estaba rozando el límite, fue que sus labios atraparon traicioneramente los de Megerah en un suave mordisco, aprovechando que los dos alientos volvían a estar próximos. Thareon empujó suavemente su trasero contra él, haciendo que ambos vientres se pegaran casi hasta fundirse. Y dejando que su miembro cálido y endurecido ejerciera presión entre los dos. - ¿Lo ves? Cada gramo de calor en este cuerpo... - Tomó  la mano que Megerah posaba contra su rostro, y la separó de su cara lo justo para llevársela a los labios. - ... late sólo por ti. - Y acto seguido besó la palma de su mano, y luego el dorso, los nudillos, los dedos. Mordiendo sus yemas suavemente, lamiéndolos. Sin perder esa sonrisa. Y sin apartar de ella esa mirada azul zafiro, intensa, directa, y penetrante.






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Re: FB ~ Sort of... Meant to Be ~Thareon ~ +18

Mensaje por Megerah el Vie Feb 20 2015, 13:43

La rubia se estremeció por esa sensación de control que le proporcionaba su nueva posición. Había aprendido a extasiarse con esa nimiedad, mas la Erah que adoraba a Thareon carraspeó internamente, a modo de queja. Esa parte de la humana quería someterse a todo lo que el dragón de escamas azules quisiera hacer con ella. Quería sentir su dominio, ser de su propiedad… sin limitarse al aquí y ahora.

Erah volvió a suspirar, algo más calmada y hasta divertida por las palabras del dragón que se mantenía sentado. La sonrisa se volvió a esbozar en su semblante y, con la mano aún en su mejilla, encogió y estiró sus dedos, en una caricia extrañamente cariñosa. Llegó a añadir un pequeño roce en la nariz de Thareon, con la propia, al besar el labio superior. Labio que delineó con la mirada antes de regresar al deseo contenido en el turquesa de aquellas pupilas que la hacían sentir tanto, y estremecerse en cuanto Megerah era consciente de que la estaban mirando, de que repasaban sus líneas o correspondían la intensidad de sus propios ojos.

En dulce y tierna venganza, Thareon repasó su espalda, bajando mortalmente despacio, presionando con sus dedos. Como acto reflejo, Erah siguió esa caricia descendiente con un movimiento felino, que recordaba a esos mismos animales cuando se les pasa la mano por su lomo, huyendo y anhelando el contacto al mismo tiempo.

- ¿Tú crees? -preguntó de forma retórica, parafraseándolo, ampliando algo más la sonrisa  por ese mordisco en sus labios antes de negar suavemente como respuesta a su primera pregunta. Fue entonces cuando desvió la cabeza, como había hecho él antes, acercándose a su sien, y un poco más allá-. Mi deseo es tu deseo, Thareon…. Y si tú mueres por sentirme, yo muero por ser tuya… -susurró con voz más ronca de lo normal, arrastrando las palabras, como si pesaran demasiado, con una exhalación suave que rozó el oído del dragón. Pesar no era la palabra correcta, pues Erah deseaba sentirlo así, dentro de ella, disfrutar de su penetración de una forma tan dulce que a la rubia le seguía pareciendo irreal. Deseable. Utópica. Perfecta.

Volvió a encararle a tiempo de besar sus labios, como droga imprevista que le habían resultado todos esos besos. Sólo quería repetir. Y repetir. Y... Más. Viviría en aquellos labios de ser posible, disfrutando de forma empática de cada sonrisa, de la que se contagiaría fácilmente.

Una exhalación profunda se escapó del cuerpo de Erah, escondiendo la curvatura de sus labios, cuando Thareon tiró de ella, presionándola contra él. La rubia sintió el roce de ambos sexos una vez más, incrementando el placer, por esa peculiaridad a modo de hileras de escamas en el miembro del dragón, resaltando un relieve irregular que acariciaba la entrepierna de la humana, excitándola más aún, exacerbando su deseo por él. Su necesidad por él.

Erah no contuvo ese esbozo de sonrisa que volvió a aparecer al escucharle- … aquí y ahora. -concluyó por él, temiendo que fuera cierto. De muy buena gana, Megerah estaría más que dispuesta a acostumbrarse a una rutina al lado de aquel dragón que había supuesto tal disgregación de su propia persona, confundiéndola como no había conseguido hacer nadie más. Mas no había razón para entretenerse en aquellos pensamientos cuando lo tenía para él, en un paréntesis temporal que a la rubia le habría gustado que durase por siempre. Y, sin embargo, a sabiendas de que no lo haría, Erah estaba más que predispuesta a disfrutar de él –y con él- hasta el último aliento que allí emitieran. Un centelleo casi imperceptible en los azules del dragón, intensificó su mirada otra vez, devolviéndola al mundo en el que sólo estaban Thareon y ella, solos y excitados, en las termas del castillo.

Y Erah no aguantó más.

Elevó sus caderas, pegándolas al abdomen del hombre, y con la mano que Thareon no tenía cogida, bajó por su pecho, buscando la virilidad de éste, acariciándola de forma nimia antes de colocarla con extrema suavidad en la entrada de su propio sexo. Sus azules, atrapados en los zafiros de Thareon, desbordaron, y sin necesidad  de –ni tiempo a- que el dragón enunciase palabra, Erah comenzó a resbalar pausadamente su vientre por el torso del contrario, bajando sus caderas de nuevo, hasta sentir la presión característica, previa a la penetración.

Un largo y profundo gemido emergió de sus pulmones, según bajaba al mismo ritmo que Thareon mantuvo cuando bajó su mano por la espalda de la rubia, dejando que su miembro llenase su interior lentamente. Sintió su firmeza irrumpir en ella, y la rubia la arropó con su humedad, con su calor, con esa presión que las paredes de su sexo ejercerían sobre el del dragón. El ceño se le frunció levemente por el cambio y un par de jadeos llegaron a secar parcialmente sus labios. Disfrutó de manera inesperada de aquella lentitud, de aquella delicadeza tan nueva, que, sin duda, tiraba por los suelos la sensación de desazón que los narcóticos de Moloch generaban en el dragón azul haciendo que la tomase de forma violenta. El contraste era considerable. Así como el que sintió al volver a apoyar sus piernas sobre las sumergidas de Thareon, incrementando el estremecimiento que nació de la parte baja de su espalda, disparándose a lo largo de su columna vertebral.





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Mensaje por Thareon el Sáb Feb 21 2015, 18:16

"Aquí y ahora...", pensó el dragón como si ella pudiera escuchar sus pensamientos. Que en ese momento, ciertamente, no eran muchos ni muy claros. Megerah ocupaba prácticamente la totalidad de su conciencia. Su respiración, sus palabras, su aliento, la calidez de su cuerpo contra él, sus caricias, sus besos, su rubio pelo húmedo pegándose sensualmente a la piel de su cuello u sus hombros. Sus ajos azules brillando con deseo, sus suspiros, su forma de frotarse contra su excitación, buscando el placer, húmeda y deseosa. La suavidad de su piel, su tacto, su sensibilidad.
Toda ella.

Suya. En aquel lugar. En aquel instante. Haciéndole arder, provocándole escalofríos y azotes de placer desde la parte inferior de su cuerpo. Como bien ella había recalcado, él se moría por sentirla. Y ella, por sentirle a él.
Así lo demostró cuando la mujer no lo resistió más, y alzó sus caderas y tanteó su miembro con la mano para colocarse sobre él. Abriéndose, permitiéndole entrar en ella. Flanqueando su paso hacia su ardiente, húmeda y palpitante necesidad muy, muy despacio. Descendiendo hasta que sus nalgas volvieron a apoyarse en sus muslos.
Thareon cerró los ojos y entreabrió los labios. Un gemido ronco reverberó a través de su voz. Y acto seguido pegó su rostro al pecho de la mujer, volviendo a colocar sus manos en su espalda. Una en cada omóplato, hundiendo suavemente los dedos en su piel. Ella también gimió, llenándose con él. Y aquello aumentó aún más su deseo.
Thareon alzó el rostro para ver su expresión, frunciendo el ceño y entrabriendo la boca para exhalar aquellos suspiros de gozo al tenerle dentro por fin. Y aquel brillo fiero volvió a destellar en sus topacios.
Él también había esperado aquello demasiado, desde que accidentalmente había coincidido con ella en aquella terma... no, desde que la vio por primera vez en la habitación de Moloch. Un ángel que tan pronto mostraba sus blancas alas como las cambiaba por los dos cuernos negros del demonio. Eso era Erah, luz y oscuridad. Cariño e indiferencia. Y desde la primera vez en la que le había hecho suya, había querido poder ser él (no las drogas, ni Moloch, ni el chantaje), quien la hiciera suya. Empezó a marcar un suave ritmo de vaivén con sus caderas, instando a la rubia a seguirle. A danzar sobre él como su reina, y cabalgarle hasta que el éxtasis le arrancara la voz. Thareon se moría por ser él quien la poseyera dejándose llevar con todo su deseo. Pero aún podía controlarse un poco, sólo un poco más.

Una de las manos del dragón abandonó la espalda de la esclava. Y enredó sus dedos en su húmedo cabello dorado. Tirando de él hacia atrás para obligarla a levantar la barbilla. Dejando su cuello al descubierto, a su entera disposición, para perderse en él. Y eso hizo. Su lengua ascendió el camino desde su esternón hasta su garganta. Donde depositó un beso. Y luego un mordisco, succionando su piel, como si quiera beberse esos gemidos que sentía vibrar bajo sus labios. Aquí, allá, el dragón devoraba el cuello de la mujer, cuidándose de no dejarle marcas que luego Moloch pudiera reconocer.
Aquí, allá, ahogando gemidos y suspiros contra esa piel que le volvía loco. Gruñendo con ese sonido suyo casi siseante, que tanto le caracterizaba.






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Mensaje por Megerah el Dom Feb 22 2015, 12:21

Erah se encontraba realmente absorta en aquellas placenteras impresiones, incapaz de concentrarse en nada más. Tampoco era que la rubia quisiera prestarle más atención a lo que no fuese el cuerpo del dragón, junto con el suyo, en ese sensual baile, repleto de roces, jadeos y sensaciones que les conducían lentamente a una erótica locura repleta de sentimientos que, al menos la rubia, guardaba en un estricto secreto. La piscina, el calor en forma de vapor que los envolvía, o todo lo que hubiese al otro lado de aquella puerta cerrada que les otorgaba esa preciada intimidad, no tenía más importancia allí dentro. Ni para Erah, ni para Thareon.

Megerah no podía controlar ese torrente de anhelo incontenible que recorría todo mi cuerpo, vertiéndose lentamente, pero cada vez con más fuerza, sobre cada fibra de su ser. Y Thareon era el único desencadenante de todo aquello.
Lo deseaba por ello.
Lo quería.
Lo amaba.
Sin remedio y de forma incondicional. Era una certeza que se había mantenido al acecho, para saltar justo en aquel momento en el que sus cuerpos se convertían en uno. En aquel momento en el que los gemidos de ambos imitaban esa fusión, entremezclándose, estampándose contra el otro. Esa silenciosa verdad golpeó a la rubia, descubriéndole esa palabra de cuatro letras que no había significado tanto para ella hasta ese justo momento. Algo nuevo a lo que ya podía ponerle nombre. Un nombre precario en un mundo dónde era peligroso usarlo en las condiciones en las que se encontraba Megerah.

Y aquel secretismo, la desesperaba. Por novedad, no sabía cómo reaccionar, cómo sobrellevar aquello, tan solo tenía claro que lo mejor era guardárselo, que ninguno de los dos dragones lo supiera nunca. Por más que la rubia anhelase gritarle a los cuatro vientos todo lo que guardaba en su corazón mortal por Thareon. Sólo empeoraría la situación.

Y no quería.

Porque la situación en ese instante no podía ser más perfecta. Él. Ella. Solos. Entregándose por completo al momento, al ahora, al deseo y al calor que sus cuerpos desprendían. Erah recibió el semblante del dragón entre sus pechos al entrar en su interior, estremeciéndose por su aliento chocando contra su piel perlada por el agua. Llevó sus manos a sendos laterales de la cabeza del dragón, suavemente, mientras volvía a enderezar su espalda, notando la presión de los dedos de Thareon. Perdió sus dedos entre los mechones mojados de su melena, enredándolos ligeramente.

Se quedó observándolo cuando él volvió a separar su rostro, tan perdida en sus ojos como él en los suyos. Hablando sin pronunciar palabra. Gritando de forma etérea cuanto había deseado tenerlo así, aunque no fuese la primera vez. Mas sí con tanta delicadeza. Erah se mantenía quieta, dejando que su interior se acostumbrase a él, en una agónica espera por seguir el impulso de mover sus caderas contra la pelvis del hombre una y otra vez. Volverse loca. Volverlo loco. Perder el control de su consciencia y tocar el cielo de una manera que Megerah estaba segura que no habría sentido antes.  El dragón pareció removerse bajo ella, comenzando a moverse de forma nimia, con una limitación importante debido a su postura. La rubia le concedió esa petición tácita, siguiendo ese pequeño vaivén de manera más pronunciada por sus caderas, siendo ella la que controlaba la rapidez y profundidad de esa unión física entre los dos. El roce de su miembro dentro de ella, la excitaba, por todas líneas resaltadas por sus escamas que acariciaban de una manera tan peculiar e intensa su sexualidad. La rubia podía sentir su pulso golpeando su nuca, retumbando en sus oídos, embotando sus sentidos. Desbordándola por el placer, consumiendo su aliento en una sonora y lenta exhalación. Y en otra. Y otra más. Se vio sorprendida por ese suave tirón para alzar su mentón, cuando ella tenía la clara intención de reiterarse y recrearse en esos labios, custodiados por una áspera barba que ya había irritado levemente parte de su piel. Otro pequeño detalle del que preocuparse después. Erah sólo alcanzaba ahora a sentir a Thareon dentro de ella, a repetir reiteradamente ese movimiento de caderas que la alejaba y acercaba al dragón. Sólo quería fusionarse más con ese cuerpo sobre el que se movía y se rozaba sin descanso, cada vez con más frecuencia. Los dientes del hombre apresando su piel la hicieron jadear. Erah terminó por morderse el labio inferior con ese murmullo tan suyo colándose a través de su tímpano, transformándose en un escalofrío que terminó por hacerla gemir.

Aquel sonido sólo conseguía extasiarla más, allanándole el camino al clímax, aún lejano, deseando disfrutar de todo lo que aún estaba por llegar.





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Mensaje por Thareon el Dom Feb 22 2015, 16:58

Thareon jadeó contra su piel cuando sus demandas se vieron saciadas por el suave movimiento de las caderas de Megerah sobre él. Subiendo, bajando, saliendo, entrando. Empezando a marcar un ritmo acompasado, en el que ella dictaba el ritmo de cada compás. Mas el dragón no necesitaba un ritmo frenético para derretirse bajo ella. No, el mero hecho de notar su calidez alrededor de la suya propia ya bastaba para calentar su cuerpo casi a la misma temperatura que las aguas que los rodeaban. Su respiración empezó a sonar ligeramente raspada, debido a que su garganta reverberaba cada vez con más frecuencia con esos gruñidos y roncos gemidos que ella lograba arrancarle a cada movimiento.

- Oh, Erah... - gruñó, a frustrado, excitado y encantado a partes iguales. - ... por la Diosa Reina, me estás volviendo loco. - Masculló, antes de vengarse dándole un nuevo e intenso mordisco sobre la garganta, y de ascender sus necesitados besos por su garganta, su mentón, su mandíbula, bajo su oreja; y acto seguido bajando por su cuello tatuado hasta el hombro, repasando con la lengua los sinuosos trazos del oscuro diseño sobre su piel. Podía notar su corazón latiendo alocadamente en sus venas: tutum-tutum-tutum... Volvió a gemir y resolló como un caballo. Embriagándose de su olor, su sabor, su textura, sus gemidos, sus movimientos. La deseaba, la quería. Quizá más de lo que en aquel momento era capaz de reconocerse a sí mismo. De hecho, seguiría queriéndola, aunque no fuera consciente de ello, en los años venideros. Incluso cuando ella desapareciera. Incluso cuando dejaran de dirigirse la palabra y el olvido empezara a amenazarles desde el silencio.

Su mano volvió a cerrar los dedos sobre una de sus nalgas, masajeándola suavemente y al mismo tiempo usándola para elevar más sus caderas, casi hasta salir de ella al completo; y acto seguido para que al baja volviera a inundarse por completo con su excitación. Hasta lo más hondo. Así, siguiendo aquel ritmo, lento pero infinitamente intenso, destinado para hacer vibrar cada fibra, cada ápice de sensibilidad, y que los dos temblaran y disfrutaran al detalle de las sensaciones que se producían el uno al otro.
Soltó el pelo rubio de la mujer, para posar su mano en su nuca. Le hizo bajar la bandeja, y él alzó la suya. Respondiendo a su mudo deseo de otorgarle la caricia de sus labios, y de inundar su boca como estaba inundando la humedad de su intimidad. Como si quisiera estar dentro de ella de todas formas posibles. Penentrarla con su sexo. Su lengua. Sus gemidos. Su mirada.
Se separó un poco de sus labios para dejarla recobrar el aire que le había robado, y mordisqueó su labio inferior, soltándolo lentamente. Irguió la espalda y se removió bajo ella, rompiendo brevemente el ritmo, para poder sentarse más al borde de la grada. Le otorgó un corto beso y una sonrisa atrevida, antes de echar la espalda hacia atrás, apartándose un poco de ella. Y apoyó las dos manos bajo el agua, sobre el asiento de piedra. Y acto seguido gruñó, frunció el ceño, y uso la fuerza de sus brazos como punto de apoyo para contraer los abdominales de su vientre, e impulsar las caderas hacia arriba, justo cuando ella descendió sobre él. Llenando su interior por completo. Así una vez. Y otra. Imprimiendo más fuerza, tentándola a subir el ritmo. A cabalgarle dando rienda suelta a la fogosidad contenida que estaba quemándoles por dentro.






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Mensaje por Megerah el Lun Feb 23 2015, 23:53

Esa disgregación en la propia personalidad de la humana, con dos rubias tan distintas siendo una sola persona, ya la confundía bastante antes de tener a Thareon entre sus piernas de una manera tan dulce, tan sentida, excitándola lentamente, haciéndola consciente –y partícipe- de todas esas sensaciones que el roce pausado de sendos cuerpos provocaban. Desesperándola  de una forma tardía, obligándola a detenerse en cada etapa que se sucederían con demasiada rapidez en otras circunstancias. Oír sus jadeos lentos, sentir su respiración, con un cariz más hondo, contra su piel, notar esa necesidad por el cuerpo que lo cabalgaba despacio y esa súplica comprendida en la presión de sus manos, extasiaba a Erah mucho más que toda esa brusquedad y prisa que marcaban al dragón cuando la hacía suya bajo los efectos de los narcóticos del dueño de ambos.

El sonido de su voz, ligeramente ahogado, llenó sus oídos. Como tú a mí, pensó Erah, a sabiendas de la adoración incontrolable que Thareon despertaba en ella. La rubia no hablaba del preciso instante en el que ambos se encontraban. No. Hablaba del tiempo que pudiera quedarle como humana que era. Mortal, cuya vida se apagaría en algún momento. La esclava resopló por todos esos besos con los que el dragón iba cubriendo su cuello y, posteriormente, uno de sus hombros, bufando en el proceso, por esos movimientos rítmicos de la rubia sobre sus caderas, en un vaivén lento y ligeramente desesperante pero terriblemente excitante. Esperó a que el dragón soltara su melena para poder bajar la cabeza, empujada a su vez por él mismo, con tierna delicadeza, para poder saciar el deseo de ambos por besar al contrario. Un beso en el que entretenerse y Erah no pudo evitar hacerlo con avidez, pues lo necesitaba. Se tomó la libertad de pronunciar aún más un choque de caderas, quedándose pegada a él tanto como pudo, perdiendo una exhalación en el fondo de la boca de Thareon-. Eso pretendo… -murmuró lentamente contra sus labios, como si le costase enunciar las palabras, aunque una sonrisa se pintase en su rostro cuando el hombre atrapó su labio inferior. ¿Quería volverlo loco? No, en realidad, simplemente, intentaba que la balanza se inclinara a su favor y el dragón llegase a sentir lo mismo por ella. Darle algo a lo que se volviese adicto para quedarse a su lado. Megerah era consciente de ese egoísmo para con el dragón, mas también era prudente, pues, después de todo lo que Moloch lo torturaba, la rubia no se consideraba con derecho alguno a obligarle a nada.

Y no lo haría nunca.

La rubia volvió a moverse con lentitud, a tiempo de ver cómo el dragón azul separaba su torso, se apoyaba sobre la piedra sumergida y llegaba a embestirla, elevando sus caderas bastante más al encoger su abdomen. La humana gimió entonces, al sentirle enteramente en su interior. Otra vez. Y otra más. Cediéndole el control de ese baile sensual por un instante, mientras recobraba el aliento. Buscó con la claridad de sus azules el deseo tranquilo de los zafiros de Thareon. Y la intensidad en esa conexión visual le devolvió la entereza suficiente para enderezarse, echando su espalda ligeramente hacia atrás, imitando la postura del dragón. Con sus manos repasó los muslos del esclavo hasta sus rodillas, donde apoyó las palmas con suavidad, para hostigar su propio cuerpo con movimientos serpenteantes, propiciando un mayor roce según aumentaba la cadencia de éstos. No apartó la mirada de la de Thareon en ningún momento, llegando a morderse el labio inferior con lascivia, antes de fruncir el ceño ligeramente, por el placer que se desprendía de su entrepierna. Acabó por cerrar los ojos y elevar ligeramente el mentón, mientras aceleraba paulatinamente el vaivén de sus caderas. Sus labios se entreabrieron, incapaces de contener esos gemidos que empezaron a ser rítmicos e intermitentes, que acompañaron a esa presión que ejerció con sus dedos en la parte alta de la rodilla del dragón.





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Mensaje por Thareon el Mar Feb 24 2015, 14:31

La última vez que Thareon disfrutó así del cuerpo de una mujer, fue en su propio lecho. Cuando aún tenía uno, una habitación y una posición. Cuando todavía tenía a Ancaria. A la rubia de ojos verdes, danzando también como una diosa sobre su cuerpo, deleitándole con los mismos movimientos ondulantes e hipnóticos.
Desde entonces, Thareon no había catado el calor de otra mujer por su propio interés. El deseo siempre había venido de mano de otros. De otros esclavos, a cambio de favores. De las mujeres de las cocinas necesitadas de un revolcón a cambio de mendrugos de pan. O de Moloch, por acto y efecto de las drogas, y de su negro retorcimiento.

Megerah no era Ancaria, Thareon tenía eso muy presente. Tal vez demasiado, y precisamente por ello no era capaz de ver ni adivinar los sentimientos que la esclava ocultaba tan celosamente en su corazón. En el fondo, el corazón del dragón todavía sangraba y echaba de menos a la mujer que había perdido tan dramáticamente. La mujer que en aquellos momentos se deshacía en gemidos y le arrancaba a él gruñidos y resoplidos roncos no sabía nada de su historia en realidad. Y, por lo visto, tampoco parecía importarle.
En cierto modo, Thareon así lo prefería. Porque no vería el dolor del juicio y la acusación en aquellos orbes aguamarina que tanto distaban de los verdosos que él recordaba. No vería su sonrisa convertirse en una mueca de desdén. Ni su semblante tornarse en lástima hacia él. No quería, porque entonces, dejaría de ver a Megerah. Vería de nuevo a Ancaria en ella. Y no quería volver a verla. No así. No en otro rostro... Quería guardarla como un precioso trozo de cristal en lo más hondo de su corazón, y dejarla así. Pura, exactamente a como la recordaba, durmiendo para siempre en su subconsciente. Pudiendo así sólo tocarla en sueños.
Megerah no era Ancaria. Megerah nunca sería Ancaria. Ninguna otra mujer podría ocupar el rincón herido de su alma como ella lo había hecho. Así que, hasta que su corazón dejara de sangrar... nadie más entraría de semejante manera en su vida.
Nadie más.

Megerah respondió a sus movimientos, apoyándose en sus rodillas y curvando su espalda hacia atrás. Adelantando sus caderas, de manera que el dragón azul pudiera moverse aún con más libertad en su interior. Sus pechos oscilaban con cada movimiento, brillantes por el vapor del agua y el sudor. Observó su vientre contraerse bajo la pálida piel húmeda, su mentón alzarse, sus labios entreabrirse entre gemidos, y su mirada perderse en algún punto vacío. Y supo en ese momento, que ella deseaba perderse en él, tanto como él lo deseaba a la inversa. Tal vez ella pretendiera volverle loco. Pero ella tampoco estaba precisamente en sus cabales en aquellos instantes.
Cuando la mujer se estrelló contra él, deteniéndose para deleitarse con la sensación de tenerle atrapado por completo; Thareon levantó las caderas de la piedra, para trazar un lento y sensual círculo con ellas, acariciando hasta el último rincón de las paredes de su interior. Volvió a escucharla gemir. Y él resopló sonoramente, cerrando los ojos y echando también la cabeza hacia atrás.

Thareon se apoyó entonces sobre un solo brazo, haciendo que los músculos de éste resaltaran bajo la piel, marcando sutilmente el relieve de las venas en su antebrazo. El otro sacó la mano del agua ardiente, y la posó sobre sus pechos, masajeándolos, entreteniéndose en las cimas de ambos con el pulgar y el índice, dedicándoles suaves pellizcos hasta notarlos endurecidos bajo sus yemas. Después su mano bajo por su vientre, sin romper el ritmo que golpe a golpe empezaba a volverse más frenético. Y sus dedos se deslizaron sobre su clítoris, tocándolo con suaves círculos, acompañando al movimiento de aquel intenso tango que bailaban sus cuerpos, azuzados por la necesidad del placer. Un placer que ya empezaba a acercarse al cúlmen, a pasos cada vez más agigantados.






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Mensaje por Megerah el Miér Feb 25 2015, 18:17

Megerah tenía la capacidad de analizar cada uno de sus pensamientos en una situación así. Lo había hecho en contables ocasiones mientras Moloch la poseía sin cuidado o reparo alguno. Costumbres extrañas que pueden llegar a aprenderse. Mas con Thareon, en esas termas, era distinto. La esclava no quería pensar en nada más que no fuese él. Concentrarse en todo lo que el dragón la hacía sentir, cómo conseguía estremecerla tanto, erizando la piel de la rubia hasta que su cuerpo se sacudía ligeramente, hechizándola con esas pupilas azules cuya intensidad había ahondado tanto en la entereza de la muchacha. Y, ¿qué más daba lo que sintiesen fuera de aquel lugar? ¿Qué importaba ahora cómo se comportasen después? ¿Qué más daba cuánto pudiese Moloch castigarles a ambos por ese encuentro en las termas? ¿O cuántas veces volviera a obligarles a tener sexo frenético, animal, nada que ver con lo que sucedía ahora entre ambos? Todo lo que sufrieron, todo lo que rieron, lo pasado y todo lo que les aconteciera a partir de ahora era algo totalmente prescindible en aquel momento. Algo sobre lo que ni Megerah ni Thareon tenían control.

En realidad, ni siquiera tenían control en ese instante, llevados por un anhelo creciente que sólo derivaba en más y más placer, deseando cada vez más el cuerpo que tenían delante, al que sólo ansiaban tocar, besar o estremecer. Disfrutar de él. Disfrutar de ella. Disfrutar de esa locura juntos. Sintió quedarse sin respiración cuando Thareon movió sus caderas, propiciando el roce completo de ambos sexos antes de que la esclava reemprendiera ese baile fluctuante sobre él. Difícilmente concentrada en ese vaivén sincronizado entre ambos, que poco a poco iba acelerando tanto sus cuerpos con gozo, buscando esa culminación que los estremeciera violentamente, Erah dejó escapar una exhalación entrecortada al sentir la ardiente y húmeda palma de Thareon sobre la sensible piel de su pecho. Ese pequeño cosquilleo regresó con él y cuando el dragón azul descendió hacia su entrepierna, la rubia al final acabó bajando la barbilla de nuevo, buscando perderse en el azul de los ojos del hombre. Mas la visión que tuvo, con su abdomen tensándose al ceder a ese movimiento instintivo y marcado por el centelleo metalizado de sus escamas, su cabeza ligeramente hacia atrás, junto con su respiración irregular y pronunciada, acabó por excitarla más.

Volvió a moverse por necesidad, liberando las rodillas de Thareon e impulsando su cuerpo hacia delante, echándose parcialmente sobre el torso del dragón. Se valió de una de sus manos para aferrarse al borde de la piscina, mientras sellaba de nuevo ambas bocas con un anhelo lento, pese a que el movimiento de sus caderas distaba mucho de serlo-. Tiembla… mi dragón… -volvió a susurrar entre profundos jadeos sobre sus labios, ahora que podía rozar los suyos con los de él, una y otra vez, siendo ella quien atrapase esta vez el labio inferior de Thareon entre los suyos, con un mimo impropio entre tanto placer a punto de desbocarles. La mano que no le sujetaba contra el muro, paseó por la mejilla del dragón, por su barba, por su cuello, llegando a posarse en el propio pectoral del dragón-.  Enloquece conmigo… -exhaló marcadamente, consciente de que por mucho que hubiera intentado reprimir ese alud impulsado por el deseo, por los sentimientos, por el dragón y por el momento… se acercaba de manera inevitable y rauda-. Thareon… -su voz arrastró un gemido con su nombre, y Erah acabó por enterrar su rostro en el hueco de su cuello, apretando la piedra hasta blanquear sus nudillos. Dejó un par de besos vagos sobre su piel, desconcentrada por ese torrente de placer que se venía sobre ella.

Aquí y ahora.





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Re: FB ~ Sort of... Meant to Be ~Thareon ~ +18

Mensaje por Thareon el Jue Feb 26 2015, 13:51

- Tiembla… mi dragón… - El cuerpo del dragón recibió su orden de buen gusto. Un espasmo le recorrió, frío y ardiente al mismo tiempo, arrancándole un gemido anhelante y un suave temblor en los brazos. Aquel cálido y tierno beso, tan contrastado con el frenético ritmo que llevaban los dos cuerpos, le robó el aliento y un suspiro entrecortado, y el tacto de su labio inferior bajo la suave presión de sus dientes. - Enloquece conmigo… - Le susurró, apoyando la mano en su pecho, bajo el cual el corazón del dragón latía como un corazón embravecido como un tambor de guerra. Thareon masculló algo entre dientes, y la mano que estimulaba el clítoris de la mujer lo abandonó para rodearla con su poderosa musculatura, haciendo tintinear el brazalete de jade. Abrazándola y apretándola contra él, sintiendo su aliento escondido en su cuello. Ella gimió su nombre. Y Thareon susurró el suyo en su oído. Megerah se tensó y gimió arrastrada por el éxtasis, y los pálpitos de su orgasmo se llevaron con ella al dragón. El cual entreabrió los labios y cerró los ojos, emitiendo un gruñido grave y sonoro, sintiendo que estallaba en su interior. Fundiéndose el uno en el otro. Y quedándose estáticos, perdidos entre las nubes del placer que los dejaron perdidos en aquel limbo. Aquella burbuja de placer, agua y vapor, en la que sólo estaban ellos dos. Sólo ellos dos...
No estaba Moloch. No estaba Ancaria. No eran esclavo. Ni ella la preferida de la Muerte Negra. Ni él el trágicamente caído en desgracia Ironscale. No estaba la simple humana. Ni el dragón.

Sólo estaban Erah... y Thareon. Aquí... y ahora.

No dijeron nada, les envolvió un cómodo y tranquilo silencio, que dejó que se escucharan sendas respiraciones recobrándose. Los esporádicos goteos resonaron con su "plic, plic", creando ondas en el agua. Thareon se dejó resbalar lentamente desde la grade de piedra, hasta flexionar las rodillas en el agua. Aún abrazando a Erah contra su cuerpo, y dejando que el calor volviera a cubrirles hasta el pecho. Allí, perdido en algún punto entre el calor de la terma y el de Megerah, el dragón encontró cierta paz, un silencioso sosiego que hacía mucho que su alma no sentía. Y tal vez por eso, impidió que la chica se separase de él, enredando la mano entre sus mojados cabellos, para acariciarle la nuca con los dedos. Dejando resbalar una lágrima silenciosa que se perdió entre la espesura de su oscura barba.

- ¿Podemos quedarnos así... un momento? Sólo... será un momento, te lo prometo... - Jadeó suavemente contra su pelo húmedo, acariciándole el hombro con las puntas de los dedos de la mano que la sostenía, abrazándola, sintiéndola, y sin dejarla escapar de aquella cárcel improvisada que de repente eran sus brazos.
No podía evitarlo, porque en esa tranquilidad, sin barreras en su mente ni en su corazón, Thareon seguía estando herido por todo lo que había acontecido en su vida. Y hacía demasiado, demasiado tiempo, que había dejado de permitirse el lujo de llorar por toda la confusión que había arrastrado dentro. O de alegrarse de recuperar un momento de integridad enteramente suya, tras el calvario de la esclavitud. O quizá de todo al mismo tiempo... Pues ni él mismo podía decirlo.






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