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"You were right..." (Priv. Megerah)

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"You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Thareon el Dom Feb 01 2015, 13:13

En la oscura inopia que se había apoderado de la mente de Thareon, sólo había cábida para dos cosas:
Hambre.
Dolor.
Hambre.
Dolor.
Hambre.
Dolor...
...
Más hambre.
...
...
... Más dolor.


Dolor por su cuerpo, temblando en el suelo de aquella maldita jaula. Entre aquellos malditos barrotes. Atosigado por aquellas escamas que habían ido extendiéndose desde su vientre hasta su pecho, y empezaban a asomar por sus costados. Que habían cubierto ya totalmente su cuerpo de cintura para abajo, afianzando las formas de dos extremidades poderosas y letales camufladas en aquel hermoso y aún más maldito azul cobalto. Y que habían dado forma a la larga y espinosa cola que se entrelazaba entre sus piernas, enroscándose sobre su cuerpo, encogido en una penosa posición fetal. Temblando y moviéndose, preso del dolor.
El dolor de aquella mirada de ojos amatista en el rostro de Lyvana, observándole horrorizada. De sus súplicas y su voz, mientras él bebía de su éxtasis y su orgasmo sin piedad, humillando su pudor, arrastrándola con él al vacío. ¿Cómo pudo haberle hecho eso a su mejor amiga, de traicionarla así... de convertirse en su pesadilla? Aquello le destrozaba, le desgarraba, imperdonable, odioso... Sobre todo el dolor de la rabia, de la vergüenza, la desesperación de haberse convertido él en el monstruo. Pues, ¿quién había sometido finalmente al dragón negro? ¿Quién se recreó en la rabia en la frustración, haciendo justo aquello que tanto detestaba? ¿Disfrutando de su dolor, del sabor de la venganza en sus labios, mientras la sangre salpicaba y los gritos se convertían en música para sus oídos?

Él mismo.

No había sido Moloch. No hubo voces en su cabeza en ese momento. Sólo puro instinto. Puro deseo. Thareon quiso hacerlo. Quiso violar la intimidad de Lyvana y verla gemir. Quiso beber de los labios de Moloch y que él le llevara al orgasmo. Y sobre todo... quiso tomarlo a él, sacudirle a cada embestida, demostrarle que podía ser tan monstruo como él. Que, efectivamente, no eran tan diferentes.
No... Moloch y Thareon eran diferentes. Pero Leviathan... Leviathan podía ser incluso peor que la Muerte Negra. Pues en aquel estado, no existía decencia, normas ni honor. No existía nada. Sólo el impulso irrefrenable de buscar el placer y evitar el dolor.
Y el hambre...
Un hambre atroz que se había apoderado de su estómago y su mente casi de forma constante. Si de por sí su cuerpo ya sufría preso de aquella lenta transformación que le consumía, el hambre se había instalado en su organismo como un parásito indeleble. Le daban de comer, pero seguía estando hambriento. Le daban de beber, y seguía teniendo sed. Todo le sabía a polvo, a nada. A mera ceniza en la boca, y no lograba calmar su dolorosa necesidad. Leviathan siempre tenía hambre. Leviathan siempre quería masssss tenía sed. Leviathan siempre sentía odio. Leviathan siempre tenía ese impulso en su interior, de destruirlo todo. De escapar de todo. De hacer cualquier cosa, para sobrevivir.

¿Y Thareon? ¿Qué sentía? Nada. Thareon no sentía nada. Se había hundido de cabeza en el Limbo de la insensibilidad. De hecho, todo aquello pasaba como un sueño en ocasiones. Cerraba los ojos una noche, y al abrirlos bajo la luz del alba, descubría por los comentarios de los sirvientes, que había estado "ausente" varios días. ¿Había estado dormido? No... dormido no. Pues cada vez que Thareon despertaba, había en la jaula una nueva muestra de Leviathan. Un barrote roto, arañazos en el suelo, muebles destrozados, sangre sobre la paja. Más escamas sobre su cu cuerpo. Más dolor en sus entrañas. Qué pasaba, qué ocurría cada vez que Leviathan tomaba el control de sus acciones, era algo que no sabía. Ni quería saber. Pero cada día que despertaba, tenía más hambre. Y sufría tanto dolor, su cabeza gritaba y se dividía tanto entre sus recuerdos y los de Leviathan, que perdía la noción del tiempo, y hasta de su identidad. Abría los ojos sin saber qué hora o día era. Levantaba los párpados siempre preguntándose: "Y hoy... ¿quién soy?".

Aquel día no llovía, pero había nubes en el cielo. Debía ser media tarde. Y en aquella ocasión, al despertar, era Thareon. O lo que quedaba de él...
A pesar de ser de día, la habitación estaba en sombras. Las ventanas habían sido cerradas, y no ardía vela alguna. El cuarto estaba vacío y sumido en un sepulcral silencio. El ojo de la tormenta, una calma que de hecho, agradecía. La quietud sólo la rompía el humo de una varilla de incienso humeando en un rincón, y los incansables temblores que sacudían y tensaban su agotado cuerpo día y noche. De vez en cuando, su vacío estómago se contraía y gruñía, alertándole del hambre constante. Pero el esclavo no se inmutaba. Simplemente estaba ahí, encogido, tumbado, ajeno, distante en aquella parcial oscuridad.
Por el único hueco entreabierto de una de las ventanas por las que se filtraba la luz, Thareon vio una sombra alzarse. ¿Un cuervo? No... era un águila, que ascendía su vuelo. En otra época hubiera envidiado al águila por tener la libertad de poder volar lejos, muy lejos.
Pero aquel día oscura e incierto, tirado dentro de su propio encierro, Thareon no sintió nada.

¿Cuánto tiempo estuvo así? Minutos. Horas... Daba igual. Sólo el tiempo empezó a correr de verdad y a importar, cuando, por fin, la puerta de la estancia crujió y emitió un chirrido sordo. Haciendo que él levantara parcialmente la cabeza tatuada para mirar por encima del hombro, en dirección al origen del sonido, situado a sus espaldas. En aquellos momentos, el rostro de Thareon se mantenía humano. Pues éste sólo se llevaba de escamas cuando en él crecía la influencia del Leviathan. Aún así, ojeroso, con el pelo corto y las terribles cicatrices surcando su cara, su cuello y sus hombros, descendiendo por su espalda hasta el nacimiento de su nueva cola.


Su mirada se encontró con dos orbes azules en la oscuridad. Sostuvo el cruce de azules durante unos segundos. Y finalmente, la voz, grave, áspera y ronca, resonó en la oscuridad: - Sabía... que vendrías... - murmuró, volviendo a posar su mejilla tatuada sobre el suelo, cortando el contacto visual directo. - ... vete, por favor... no quiero que me mires... - La petición fue tan vaga, a pesar de ser súplica, que casi sonó vacía. Desprovista de ganas, o de ímpetu. Desprovista de esa voz cálida que tanto caracterizaba al dragón azul, dejando en su lugar un mero eco hueco y sin valor.






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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Feb 01 2015, 21:18

Megerah escuchaba el sonido de sus botas al pisar sobre la alfombra impoluta camino de los aposentos de Moloch. Quizás, la contundencia de sus pisadas tan solo mermó levemente cuando avistó las puertas de la habitación al final del corredor.

Llevaba meses escuchando el alardeo constante del dragón negro sobre su gran obra maestra... Y ya no se aguantaba la curiosidad. ¿Quién era ese alma torturada día sí y día también que había atrapado la cordura de la Muerte Negra hasta un límite que Megerah no recordaba? Bueno, sí. Hacía unos años, con Thareon. El solo recuerdo del dragón azul esbozó una tierna sonrisa en el impertérrito rostro de la rubia. ¿Dónde estaría? La rubia esperaba que, por muy lejos que estuviese, estuviera bien. Disfrutando de la libertad por los dos.

Mas el destino seguía siendo cruel con la muchacha.

Volvió a azotar drásticamente la esperanza de la mujer en cuanto el picaporte cedió, la puerta se abrió con un repiqueteo, propio de las puertas de madera viejas y pesadas, y una esencia tan familiar golpeó su nariz. Era muy tenue, casi inexistente, pero el sentido de Erah se había desarrollado y aún mantenía demasiado fresco aquel aroma a campo, a libertad, a espacio, que se le había grabado a fuego en aquellos encuentros furtivos con el dragón azul. Y juró sentir encogerse ese corazón que ya no latía en su pecho, al acercarse a la jaula y reconocer a la criatura.

- ¿T-thareon? -la sorpresa, el horror y la frustración impregnaron ese tono de voz que salió ahogado de su fina garganta. Por la bendita bruja que todos llaman Madre, se blasfemó a gritos en su interior-. Dioses... -Leviathan era él. Su Thareon. El que había pensado fugado desde hacía tanto tiempo-. ¿Qué te ha hecho? -Erah se escandalizó al ver su espalda, su rostro, atravesados por escarificiaciones, las escamas, la cola. Se cubrió la boca con una de las manos que, del estupor, acabó bajando al pecho, antes de posarla en uno de las barras metálicas que impedían que se acercara a él.

No lo había visto en años, pero tenía bien grabado esa última vez en la torre, un día de preparativos. Después de esa pequeña pero intensa charla en una de las almenaras, esclarecedora para la rubia pues, por fin, había admitido -a sí misma, solamente- que sentía algo más por aquel dragón, no tuvieron muchas más ocasiones para hablar con libertad, pues todo se vio reducido a miradas furtivas, nimios roces al pasar o sonrisas cómplices al estar con terceras personas. Pero Erah tuvo un desliz estúpido delante del que por aquel entonces era su señor y éste se aprovechó para coaccionarla. "Si yo me entero de que os volvéis a ver contra mis deseos, lo torturaré hasta que ambos perdáis el sentido: él por el dolor y tú por el horror de presenciarlo". La voz de Moloch hizo eco en su mente un par de veces, después de tanto tiempo. Erah, en su intento por protegerle, había evitado al único que no quería perder de vista desde entonces. Y llegó un momento que su subconsciente le obligó a creer que ya no estaba.
Mas ahora, justo en ese momento, sin palabras, arrodillada ante esa jaula, se llamaba estúpida por haberse confiado tanto y pensar erróneamente que Moloch detendría su mano si ella huía de Thareon.

Quiso disculparse por ser tan idiota. Quiso consolarle, al ver sus temblores constantes, reflejando incomodidad y nerviosismo. Quiso abrir la jaula, darle esa estabilidad de la que carecía y necesitaba y sacarlo de allí. Pero todas esas advertencias hechas burla de Moloch cuando hablaba de aquel monstruo detuvieron sus manos que, temblorosas, sólo conseguían asirse con desesperación a los barrotes de la jaula, mientras unas lágrimas de rabia aparecían en el contorno de sus ojos. Sus dientes se apretaron, cuando escuchó la indiferencia en aquella voz. No quería perderlo y, sin embargo, poco le faltaba si no lo impedía con rapidez-. No puedo... -comenzó en un quedo balbuceo, que gano consistencia y perdió duda-. No quiero irme... -le atravesó con su mirada, con más disculpa que lástima en sus cristalinos orbes. Erah se olvidó un momento por ese miedo irracional a perderlo, al pensar que la muerte, sin duda alguna ya, habría sido un gran alivio para el dragón azul-. Voy a sacarte de aquí... -a pesar de todo, ella seguía siendo egoísta y, si una vez huyó de él para salvarlo, tenía muy claro que esta vez, estaba más que dispuesta a pasar por encima del dragón negro para liberar a Thareon.

Aunque eso significara su propio fin.





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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Thareon el Lun Feb 02 2015, 15:57

Thareon no demostró reacción alguna. Al menos no en apariencia. Aunque era difícil de decir. Pues su cuerpo a duras penas podía dejar de tiritar o temblar. Y su rostro quedaba oculto de los ojos de la mujer, al estar éste dándole la espalda. Sus dedos apretaban su propio cuerpo, rodeado por sus fuertes brazos en tensión. Sus piernas se pegaban al pecho, encogidas en aquella posición fetal, mientras la cola espinosa le rodeaba. Encerrándose como si le cubriera una invisible carcasa, aislándole del mundo, de Erah, y de sí mismo.

Más allá de eso, Thareon no se inmutó. No le contestó. No le miró. No hizo nada.
Se instaló un silencio oscuro y pesado entre los dos. Apenas se escuchó nada, a parte de sendas respiraciones en la penumbra. Ambas levemente quebradas por el dolor. Si bien el origen del sufrimiento en ambas era muy diferente. Pues Thareon estaba entonces completamente ajeno a los pensamientos, sentimientos o arrepentimientos de Megerha. Y ella desconocía hasta que punto el dolor se había instalado más allá del cuerpo del esclavo. En lo más profundo de su alma. Socavando minuto a minuto su identidad, su certeza sobre el mundo y sobre las cosas. Sus ganas de existir.

- … Tu tenías razón, Erah. Siempre la tuviste. - El murmullo ronco y monocorde del dragón logró cortar por fin la cuerda de aquel tenso silencio. - Hubiera sido mucho mejor… escoger el camino fácil. - Aquellas palabras, rememorando el primer encuentro entre ambas, sonaron, sin embargo, terriblemente desarraigadas en esos momentos. Demostrando la desolación que Moloch había dejado en su corazón, allanándole el terreno al Leviathan. El monstruo que siempre esperaba, atento, dispuesto... siempre se agazapaba en su mente, para atacarle en los momentos de mayor debilidad. - Así… nadie más… - … nadie, como Lyvana. Erkos. O Irae… Nadie habría tenido  que pagar las consecuencias de sus errores. Así… nada que aquello habría ocurrido.
Un nuevo retortijó azuzó su hambriento cuerpo, y los hombros del dragón azul se convulsionaron. – No quiero… palabras… no quiero… ir a ningún sitio. Yo sólo… sólo… - Su voz por fin cobró entonación, pero fue un gimoteo desesperado, como el de la presa indefensa que chilla desesperada, sabedora de que se acercaba el final ineludible al ver las garras enemigas cernirse sobre ella. Sin poder hacer nada al respecto. - … ¡sólo quiero que pare este dolor! - ¿Cómo podía ser tan intenso? ¿Cómo podía dejar tantísima huella? ¿Cómo librarse de aquello? ¿Cómo podía simplemente olvidar, para dejar de sentirlo?

El esclavo hacía ya tiempo que había dejado de pensar en la opción de escapar. Para él, ésta se había vuelto inexistente. Hacía tiempo que había dejado de pensar en resistirse. Que había dejado de suplicar por la vida de los demás, y por la suya propia. Que se había sumergido en la inestabilidad que había infectado su conciencia como un virus cuyos quistes eran demasiado grandes como para limpiarlos de su alma. De su conciencia. Y de su honor.
Thareon se encogió todavía más, cerrándose más todavía en aquella especie de crisálida personal. Sus manos se cruzaron sobre sus cabellos oscuros y revueltos, ocultando su rostro entre los antebrazos. Su cuerpo comenzó a temblar, como preso de una extraña fiebre.

- Está… está aquí… ¡puedo oírle en mi cabeza! – Y de repente, sin venir a cuento, sin saber si se lo decía esa supuesta voz, o a Erah. - ¡VETE, MÁRCHATE! – rugió, entre furioso y desesperado, a medida que los temblores se iban volviendo más violentos y evidentes. Los reflejos de sus escamas empezaron a ascender bajo los tatuajes de su espalda, y a dividirse entre sus dos brazos, como olas avivadas por un fuerte viento.






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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Megerah el Mar Feb 03 2015, 08:49


La saliva se le atascaba en la garganta, y por más que Erah tragase, ese nudo sólo conseguía afianzarse más, cerrando ésta y evitando que cualquier intento de palabras saliesen de su boca, si es que la rubia conseguía aunar fuerzas que la sacasen del shock al ver a Thareon en aquel estado. Y, en parte, se culpó de la desgracia del dragón, pues en su buen intento por apartarlo de Moloch, pecó de ingenua -demasiado ingenua, ahora lo sabía-, se fió de la palabra del dragón negro y no se aseguró. Mil maldiciones cayeron entonces sobre aquel cuya palabra creyó. El mismo que había traicionado tan vilmente su confianza y que, justo en ese mismo instante, desequilibró la balanza en contra suya de una forma irreversible. Ya no habría gesto o comentario de Moloch en el que Erah pudiese confiar. Apretó los dientes, cabreada consigo misma, más que con nadie, por haber permitido que jugase así con ella. Todo para mantenerla a su lado, pues le había arrancado de las garras de la muerte por puro egoísmo, destinándola a una vida que dejaría de ser suya con los años. ¿Para qué seguir viviendo con esa bestia retorcida, avariciosa y caprichosa?

¿Qué tipo de vida sería aquella, si ahora era consciente de la puñalada trapera cuando ella accedió de buena gana a dejar de ver a Thareon y Moloch había roto su palabra? ¿Qué le quedaba a Erah?

Tan solo hacer la silente promesa de devolverle al dragón de escamas azules lo que aquel monstruo, le había quitado. Y ya no estaba segura de si se refería al dragón negro o a lo que Moloch le había reducido: a ese tal Leviathan.

Pero, estaba claro que necesitaría ayuda.

Los ojos de Megerah habían perdido altura, turbados por la situación y por cada temblor que sacudía el cuerpo de Thareon, llenándolo de cruel indiferencia que se clavaba en el estómago de la rubia y, de no aguantar estoicamente, la haría retorcerse en el suelo-. Contigo nunca quise tener razón... -confesó en un susurro con la voz rota, conteniendo un llanto que, como humana, ya surcaría sus mejillas sin dudar. Sus orbes cristalinos se alzaron de nuevo con un brillo vidrioso, y un pequeño sorbo atravesó la nariz de Erah, como leve signo de contención de toda esa avalancha interna que amenazaba con aplastar su cordura y esa entereza que con Thareon se convertía ya de por sí en algo endeble. Mas con esa nueva situación, ese nuevo dragón, Megerah entró en un estado de conmoción que la impedía moverse, con una losa demasiado grande sobre su pecho, al ver todo ese daño, todo ese dolor intrínseco en aquellas marcas, escalofríos y súplicas del hombre.

Por favor.

Esa sensación de vacío, de derrumbe interior, abría la boca de la rubia de forma inconsciente, clamando por un aire que en realidad no necesitaba. Una lágrima rodó entonces por su tersa piel y sus pulmones se encogieron tanto que Erah juró quedarse sin ellos por un segundo. Y lo que más le castigaba era que todo ese dolor que ella pudiera sentir, no tenía ni punto de comparación con todo el que castigaba el cuerpo encogido que tenía delante. Un cuerpo que cada vez se encogía y tensaba más. Hasta peligrosamente.

Y no tenía palabras para pedirle perdón o alentarle a algo que no estaba segura de que no hubiera pasado ya.

Sus gritos fruncieron el ceño de Erah, mientras observaba aquel espectáculo dantesco de brillos, escamas y movimientos más instintivos que pensados. La rubia se guardó un suspiro con la última voz de Thareon. En su mirada se reflejaba la duda. Si estaba diciéndoselo a ella, le iba a hacer falta algo más que eso para que se fuera. No obstante, lo que veía venir no podía ser precisamente nada bueno si conseguía que Thareon saliese de su apatía para enfadarlo y desesperarlo tanto. Tristemente, parecía que era lo único a lo que reaccionaba. Erah ya había perdido toda esa curiosidad que la había empujado a las habitaciones de Moloch. No tenía el más mínimo interés en conocer a esa criatura que se acercaba. No obstante, no quería irse, pues tenía la sensación de que si se iba ahora, lo perdería para siempre.

Tan o más estúpida se sintió cuando ella misma se vio creyendo con fuerza en que podría ayudarlo. Y, sin embargo, lo iba a intentar. Sólo quería creer que todo aquello era reversible, pues ahora era la propia Erah quien se emperraría en devolverle la bondad a aquellos orbes cobalto.

Como fuera.





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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Thareon el Mar Feb 03 2015, 16:33


La voz de la mujer no podía traspasar aquella crisálida. No podía impedir la transformación. No podía hacer nada por él, aunque lo deseara con todas sus fuerzas. ¿Tal vez hubiera podido paliar su dolor con palabras? Dudosamente... el estado de Thareon ya había sobrepasado el punto de no retorno. Su mente ya había aprendido a escudarse en la inconsciencia. Desconectarse cada vez que veía venir los impulsos del Levithan, para dejar paso a ese destructivo paso de su nueva personalidad. Y la voz de Erah a sus espaldas simplemente no podía llegar al herido corazón de Thareon. No podía ofrecer consuelo alguno a su turbada mente.

Los temblores del cuerpo del dragón azul empezaron a volverse realmente violentos. Y de su espalda encogida comenzaron a salir varios brotes rojizos que resbalaron por sus tatuajes, situados a distancias equitativas a lo largo de su columna vertebral. Asomando varias espinas de color negro, que empezaron a crecer y a alargarse, rasgando piel y músculo, modificando dolorosamente sus vértebras, azotándole sin piedad. El esclavo gimió, a medida que esas espinas se volvían cada vez más largas y afiladas.
Justo entonces, sus pupilas se irisaron, estrechándose en sus orbes azul topacio. Su cola se desenredó por fin de cuerpo, y sus manos se movieron, apoyándose en el suelo. Quedándose apoyado sobre sus cuatro extremidades, mientras la quinta serpenteaba por el suelo.
La cabeza tatuada del dragón se levantó por fin para mirar directamente a la joven. Clavando aquellas pupilas de reptil en ella, finas y alargadas, contraídas, observándola sin reconocerla. Con una expresión de máxima concentración y de instinto depredador en sus facciones recorridas por los tatuajes de Moloch. Sus hombros y sus cuartos traseros se deslizaban como los de una pantera. Sin parpadear, sin perder la vista de su objetivo. Sin importarle sus lágrimas, o aquel rostro que lo observaba preso en la impotencia y la preocupación.
A Leviathan sólo le importaba una cosa en esos momentos:

- Hambre... - Musitó, acompañadas sus palabras de una especie de gruñido, procedente de su escamoso estómago. - Tengo... hambre. - Aquella voz sonaba como un siseo gutural, demasiado similar a su voz en forma de dragón. Pero mucho más visceral, como si algo en su interior se removiera y entrechocara conjuntando su pesada y sonora respiración.

Casi parecía estar a punto de saltar. De tirarse contra aquellos barrotes, destrozarlos y alcanzar la preciosa presa, al otro lado.
Casi.
Por de pronto su cuerpo se tensó, azotado por el dolor. Y las pupilas irisadas se dilataron recuperando su redondez. Devolviéndole a Thareon su expresión, aunque estuviera congestionada por la agonía. Volvió a llevarse las manos a la cabeza, cerrando los muños sobre su su pelo. Agitó la cabeza, desesperado. Emitió un gemido agudo y áspero, dejando ver la dolorosa batalla interna que se debatía en su mente. Llegó incluso a empezar a golpearse la cabeza contra el suelo. Una, otra, y otra vez. Hasta que su frente chocó contra los barrotes de hierro del piso de la jaula, provocándole una brecha en la frente. Logró marearse, y caer de bruces al suelo. Para acto seguido arrastrar su cuerpo agitado y sangrante hacia la mujer. Elevando la cara recorrida por la sangre y el sufrimiento, centrando en ella dos ojos inyectados en sangre, llorando lágrimas de agonía.

- Erah... ayú...dame... ¡Aaahg!- Siguió arrastrándose, y alzó una mano hacia ella, tras sufrir otro ramalazo de dolor que se aferró a sus hombros como las garras de una rapaz. La chica podría ver en primer plano cómo se le caían las uñas de dos dedos, y bajo éstas se deformaban puntas sanguinolentas del mismo color negro que las que ahora coronaban su espalda. - Por favor... Mátame... ¡¡MÁTAME!! - gritó, y con el grito sus dedos se doblaron en un ángulo extraño y antinatural, sacando los huesos de la piel, para luego volverlos a introducir dentro de la carne, alargándolos y revelando las escamas azules que pronto comenzaron a cubrir sus manos.






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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Megerah el Jue Feb 05 2015, 00:24

El cambio fue tan notable que hasta un ciego se habría percatado de que aquel... ya no era el esclavo con quien había compartido tantas conversaciones. Aquellas nacaradas pupilas saurias auscultaban la figura encogida y arrodillada de Erah, casi saboreándola.


La rubia, por su parte, le mantuvo la mirada, matando a aquella criatura despreciable con sus propias manos en ese mundo paralelo que era su mente, reflejado en el mar de sus propios iris, volviendo a restaurar aquello que le había sido arrebatado de la forma más desagradable a la única persona que habría apostado por ella por quien era, no por lo que era.

Frustración. Ira. Lástima.

Pero, sobre todo, decepción.

Dos personas le habían decepcionado en cuanto supo que Thareon era el tan aclamado Leviathan que tanto llenaba de orgullo al dragón negro: Moloch y la propia Erah. Uno por mentirle y la otra por inocente.  Y Megerah estaba más que dispuesta a vengarse de uno y subsanar el error de la otra. ¿Cómo? ¡¿Cómo?! ¿Cómo pensar, si los gritos del que antaño la miró con una dulzura que Erah juró que no se merecía, se retorcía de dolor y agonizaba delante suyo sin que la rubia pudiera hacer nada? ¡Nada!


Impotencia.

Dioses. Erah llevó la mirada al techo, como habían hecho millones de personas antes que ella, pero no para blasfemar por la estupidez de algunos como solía hacer, si no para implorar a aquellos seres de existencia etérea que escuchasen aquel ruego silencioso, clamando por algo de apoyo. Ver al dragón azul ensangrentado, autolesionándose y llorando en agonía, la estaba matando lentamente. Sacaba el aire de sus pulmones e impedía que volviera a entrar-. N... no puedo... -¡no quiero matarte! ¿Cómo iba a hacerlo cuando gustosa pediría a Moloch que intercambiara los papeles con aquel dragón para que Thareon finalmente descansara? Sus murmullos se repetían en contraste con las súplicas desgarradoras del dragón, como el estribillo de una canción repleta de melancolía que comprimía su pecho, machacaba su entereza y transformaba esa incapacidad por ayudarle en un grito rabioso que la propia Erah ahogaba en su garganta. Pues aún así, no se pensaba con derecho de desahogarse así cuando su dragón sufría tanto. Y ni siquiera podía decir que era suyo, pues si había algo que podía a la rubia era el orgullo para admitirle directamente lo que sentía. Y muchísimo menos en una situación así-. Thareon... -le estaba costando reaccionar. Demasiado. Ella, inquisidora. Desafiada. Megerah. Se había quedado paralizada, sin conexión alguna con su cuerpo. Por un momento, se vio perdida en un mar de recuerdos, de emociones, y de pensamientos que finalmente explotaron.

Si ella conseguía reaccionar, ¿lo haría él?

Volvió a apretar la mandíbula, con la vista empañada clavada en él-. ¡Thareon! -contra todo pronóstico, alargó la mano, cogiendo su inestable antebrazo, presionándolo con fuerza. ¿Y qué si volvía a quedar como una estúpida perdiendo el brazo porque la bestia tiraba de ella? ¿Lo haría? Erah apostó por una negativa. Pero Leviathan era impredecible, mas no Thareon. Tan solo quería hacerle saber que ella estaba ahí, con él-. ¡Quédate conmigo! -desesperada, casi sin control, así como las lágrimas que, una tras otra, surcaban sus mejillas. Para cuando Erah se dio cuenta de las líneas húmedas que atravesaban sus pómulos, ya era tarde para detener aquello. Así como parecía imposible detener el sufrimiento de la criatura que se retorcía en sus narices.

- Por favor...





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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Thareon el Jue Feb 05 2015, 19:25

Thareon gritó, y se dejó caer de nuevo sobre la paja del suelo de la jaula. Aún con el brazo extendido hacia ella, retorciéndose y cambiando. Justo para que ella, en un inconsciente acto de fe, alargara su propia mano par acoger la suya, ensangrentada y cada vez más larga, más grande, más escamosa, más afilada.
El pobre esclavo logró alzar el rostro para encontrar su consumida mirada con la azul y llorosa de ella, llena de rabia, de impotencia... de lástima y preocupación. Pero pronto todo eso se vería sustituido por el miedo y el terror. El mismo miedo que había consumido a Lyvana, y que la había alejado de él. El mismo miedo que empezaría a ver en todos y cada uno de los seres que conocía. El miedo que estaba matándole desde dentro, socavando, incansable, su voluntad.
El miedo que en esos momentos de sufrimiento, Thareon sentía por la mujer rubia, sabedor de que se le agotaba el tiempo.

- No quiero... no quiero hacerte daño... - Gimoteó, desesperado. Su mano temblaba, a medida que el sonido de los huesos afilándose y quebrándose bajo su piel y sus músculos se volvía más sonoro y audible. Thareon alzó la cabeza del suelo, mostrando sus ojos azul topacio en medio de un rostro que de nuevo volvía a cubrirse de escamas, y a demostrar esos rasgos lagartoides. - Tienes que irte... ¡Vete... Erah...! -  Estaba ahí, podía sentirlo. Creciendo, alargando su sombra en su mente. Como se alargaron sus garras, cerrándose en torno al antebrazo de la muchacha, y clavando profundamente sus garras recurvadas en ella. - ¡¡VETE DE AQUÍ!! ¡No podré aguantar mucho más! ¡March-! ¡AAAAAAAH! - Su voz cambió tornándose oscura, extraña, disonante. Como si fuerna dos voces hablando en una, deformándose la una a la otra en lo que acabó derivando en un desgarrador grito - ¡IIAAAAAAAAAAAAAGHHHHHHHHHH!- Aquella voz rebotó por las paredes y se hizo audible prácticamente por todo el castillo, sacudiéndolo hasta los cimientos. Una sacudida violenta sometió al dragón, y arrancó de repente su mano del tacto de Megerah, desgarrándole la carne a la chica en el proceso. El dragón azul se revolcó en el suelo, presa de una especie de ataque de histeria. Comenzó a golpearse de nuevo la cabeza contra el suelo, contra los barrotes, sumergido en un bucle incansable de alaridos y maldiciones.- ¡¡BASTA!! ¡¡YA NO LO AGUANTO MÁS!! - Thareon empezó a arañarse todo el cuerpo con las manos. Arrancándose la piel a tiras, desnudando su anatomía, destrozando lo poco que quedaba ya de su carcasa humana para dejar que el monstruo viera la luz. Dejando a la vista sus escamas, que ya se habían extendido por todo su cuerpo, y se habían apoderado de él tanto por fuera, como por dentro. - ¡¡Quiero que pare, quiero que pare de una vez!! ¡¡PARA EL DOLOR!! ¡¡HAZLO PARAR!!

Repetía una y otra vez, desquiciado. Con los ojos abiertos, las pupilas contraídas y la cara desencajada por lo que casi se podría tachar de demencia.
Sentía todo su cuerpo como recorrido por pequeños insectos, y tuviera que destrozarse a sí mismo para librarse de ellos. Se retorcía y se hacía daño, rodaba por el suelo, como si estuviera ardiendo y no pudiera apagar la llama. Todos sus intentos por deshacerse tanto física como mentalmente del monstruo que poco a poco le iba poseyendo, fueron en vano. Dobló los barrotes y arañó su prisión, hasta el punto de casi echarla abajo.
Sólo logró tranquilizarse pasados unos agónicos y largos minutos. En la esquina más opuesta a la situación de Megerah. Respirando entrecortadamente, con las escamas brillando suavemente perladas de restos de sangre y sudor, de los últimos vestigios de su forma humana. Dejando paso a un ser que no era ni humano, ni dragón.
Un ser que volvió a lazar una vista irisada y estrecha, contraída y llena de odio. Puro y visceral odio.

- ... Tú... me mentiste... todo el tiempo... - siseó aquella voz, inhumana, monstruosa y cavernosa. - Tú... zorra... egoísta... Nunca... me dejabas... en paz... Pero se acabó...- Su cuerpo se movió, agazapándose dentro de la jaula, preparándose para saltar. Para atacar. Para destruir. - Te mataré... ¡Te mataré! ¡¡TE MATARÉ!! - Sus cuartos traseros se tensaron como los músculos de una pantera. Y dió una poderosa zancada hacia delante, dispuesto a estrellarse contra los barrotes con las garras por delante para alcanzar a su presa ya herida.






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Re: "You were right..." (Priv. Megerah)

Mensaje por Megerah el Dom Feb 08 2015, 12:16

Erah dejó de llorar para aspirar entre dientes cuando aquella mano hecha ahora garra se clavó en su antebrazo, punteando su piel con tanta fuerza que la sangre empezó a brotar de ésta. Miró entonces sus brazos entrelazados y se dio cuenta de su error. A sabiendas de lo que pasaría con toda seguridad, aguantó sin mover el brazo, reteniendo ese acto reflejo difícilmente al sentir el escozor propio de las heridas. Aquello iba a doler, por muchos esfuerzos que el pobre Thareon hiciese, visiblemente desesperado por que ella se fuera de la habitación. Había sido Erah quien había pecado de soberbia y pensado que ese simple e insuficiente gesto suyo, detendría la transformación. Mas los años de torturas de Moloch pesaban mucho más y la ventaja del dragón negro sobre ella, era considerable.

Un grito disonante, doble, rasgó la garganta del hombre, quebrando la tranquilidad de la burbuja de aquella habitación... y puede que de gran parte del castillo. Megerah se paralizó al oírlo. Solamente un segundo. Pues ella acabó acompañándolo al sentir que el monstruo finalmente se liberaba y cobraba su particular vendetta y ventaja, desgarrando el brazo de la rubia. Ésta sintió arder su carne al ser agrietada por esas afiladas garras, desmembrando músculos y tendones, con la facilidad con la que un cuchillo secciona la mantequilla. Inmediatamente, la sangre acompañó el arañazo, surgiendo sin descanso, enrojeciendo tanto el brazo de la muchacha como la zarpa del animal. Erah llegó a quedarse sin aire, pero esta vez por el dolor. Se apartó en cuanto Leviathan la soltó y se revolvió en su lucha particular con Thareon. Fue el miedo el que la impidió pensar en aquel momento y apoyó el brazo lastimado en el suelo. Sintió entonces un mal escalofrío que comenzó en su mano, atravesándola entera y emitiendo por ella un gemido lastimero. Se llevó la otra mano, para socorrer su brazo, presionando sobre la herida en un intento casi banal por hacer que la sangre dejase de abandonar su cuerpo. Un vistazo rápido al interior de la jaula le bastó para ver algo que no había conseguido ver antes.

Tarde. Tarde entendió que su obstinación por traer a Thareon de vuelta sola sólo le había desgarrado la carne y roto ese corazón que no hallaba en su pecho.

Con el orgullo y dignidad claramente mermados, y varios tremendos y profundos arañazos en su antebrazo, se incorporó y alejó más de la jaula sutilmente de nuevo, a tiempo para evitar más zarpazos de aquel monstruo. Los dos primeros poco le importaban cuando se trataba del dragón de escamas azules. Y ese era el problema. Esa debilidad que Thareon representaba para ella, estaba siendo incluso más peligrosa que la criatura que siseaba al otro lado de los barrotes. La volvía impulsiva y débil. Tremendamente influenciable a lo que Thareon -como Leviathan- pudiera decirle, por mucho que se repitiera que eso no era el esclavo que ella había conocido.

Exhaló sonoramente y volvió a poner un paso de distancia de la jaula, mientras la bestia golpeó ésta con un sonido seco y atronador por segunda vez-. Primero tendrás que alcanzarme... -susurró en un tono ridículamente desafiante. No. Aquel monstruo que ahora hablaba no era el dragón del que ella se había enamorado. Y era precisamente aquella criatura quien se lo había robado, dejándola una bonita y preocupante herida de la que brotaba sangre sin parar, goteando por su codo, dejando un reguero de manchas carmesí en el suelo.

Ya tenía suficiente.
Mas la decisión de salvar a Thareon de aquella situación no había hecho más que afianzarse. Se obligó a ignorar las palabras rebosantes de odio que Leviathan. Palabras que iban directas a la conciencia de Erah. Una conciencia frágil al salir de la conmoción de haber visto a aquella criatura, de la manera más brusca y dolorosa. Apretó la mandíbula por enésima vez, mientras se dirigía a la puerta. Le dolía la herida. Le dolía lo que había escuchado. Le dolía ver a Thareon así. Pero a quien más le dolería las represalias que ella tomaría no serían a la propia Erah-. Veremos quién cae primero, monstruo... -murmuró con rabia antes de cegar a Leviathan con la luz del pasillo al abrir la puerta.

La única persona que podía retenerla en esa habitación no estaba. Y, desde luego, Megerah no era tan masoca como para permanecer de presa de aquel bicho que martirizaría su mente mientras se abriese camino hasta ella.

Pero lo haría volver. Se juró que lo haría volver.

Costase lo que costase.





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