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Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

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Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Sáb Dic 06 2014, 17:27

- Eh. Tú, esclavo. ¡Sí, tú, el grandullón! - Le llamó una voz femenina y autoritaria, mientras terminaba de amontonar sacos de patatas y hortalizas en la enorme despensa de las cocinas. Thareon tardó un poco en darse por aludido, ya que normalmente las cocineras no solían hablar con él. Por precaución mantenía las distancias. Aunque también por convenio. Robar en la despensa resultaba más sencillo si no se dejaba conocer demasiado. Por ello, cuando se dio la vuelta no pudo esconder una mirada un tanto reticente, y no menos extrañada. - Deja eso y lávate las manos.  Necesito que subas esto, ¡inmediatamente! - La mujer, baja y regordeta, señaló una ostentosa bandeja de plata con una campana metálica y brillante cubriendo algún tipo de plato.
- ¿Que lo suba a dónde? - Inquierió el dragón, receloso.
- ¡A los aposentos del General! Ya debe de estar impaciente. - Resopló la mujer, mirándole como si fuera un estúpido haciendo preguntas estúpidas.
- ¿... El General Kael? - Thareon negó con la cabeza. - Ya tiene sirvientes que se encarguen de eso.
- Sí, pero dos de ellos están indispuestos en este momento. Así que. ya que te sobra tiempo para holgazanear, subirás tú.
- No. Yo no. Mandádselo a otro. - Gruñó el dragón, sintiéndose indignado por que la otra le hubiera llamado vago. ¡Ya quisiera él tener el privilegio de poder perder el tiempo!
- ¡Uy! ¡Habrase visto! - La señora agarró a Thareon por uno de sus mechones de pelo, tirándole hacia abajo para poner su cara a su corta altura. Como si fuera un crío, y ella una madre marujona insoportable. - ¡A mi no me protestes! Serás grande, pero eres un esclavo, dragón. Si te dan una orden, tú cumples. Así que haz lo te digo, o avisaré a Lord Moloch de que te saltas a la torera tus obligaciones. - Ella sonrió, triunfal. Thareon frunció el ceño y miró a la mujer con desdén. Acababa de decidir que no le gustaba esa mujer. Nada. - ¡Venga, vamos, no tengo todo el día! - La cocinera le soltó, y se alejó con altantería. Muy orgullosa ella de haber podido quedar por encima de un dragón.

El esclavo escupió una maldición por lo bajo, echándose los mechones de pelo hacia atrás y rascándose el cuero cabelludo. Finalmente, se sacudió el polvo de encima, lavó sus manos en una pila de agua desagradablemente fría, y cogió la deslumbrante bandeja plateada entre sus dos enormes y hoscas manos. La copa de delicado cristal y la jarra de agua cristalina que acompañaban al misterioso plato temblaron con un suave tintineo, pero no se movieron del sitio. Thareon tenía buen sentido del equilibrio, y su pierna derecha había logrado recuperarse en buena parte. Ya apenas cojeaba.
No necesitó preguntar dónde se hallaban los aposentos de Kael. Él mismo los había visitado antes, muchas veces, cuando era un respetado y prometedor oficial del ejército. Thareon había alabado las proezas y la determinación del General Kael, casi tanto como había alabado las de su propio padre. Había sido otro espejo en el que mirarse en el pasado, un modelo a seguir en disciplina, diligencia, estrategia, metodología, y, sobre todo, en batalla. Y una de las miradas que más le dolieron cuando sus orbes esmeralda le atravesaron con infinito desprecio, después de caer en desgracia y convertirse en esclavo. Aún recordaba con claridad el último día que le vio. Hacía más de cinco años. Cuando Thareon aún estaba hundido y desolado por su pérdida, y no era más que un autómata autista agazapado en una celda. Y sus dolorosas palabras colándose a través de los barrotes, grabándose en su corazón tan a fuego como la marca de su padre en la espalda. "Ya no existes para mí, Thareon. Si te veo, no te reconoceré. Si hablas, no te escucharé. Recuérdalo: Para mí, estás muerto."
Tan muerto para él, como para el resto del mundo. Pues a efectos prácticos, se podía decir que, prácticamente, su situación era como si nunca hubiera existido. Todo lo que pasó en el pasado, lo que hizo, lo que fue, había sido borrado de todo registro. A excepción de unos pocos que aún se esforzaban por recordarle por quien fue, la gran mayoría había optado por hacer lo que el propio Kael. Borrarle de su memoria, y de sus corazones.
El dragón azul suspiró con pesadez, sin poder evitar sentir vestigios de tristeza y pesar en su interior. Aún le dolía recordar su expresión.

Cuando quiso darse cuenta, ya había subido las impresionantes escaleras alfombradas del Hall, y sus pasos se dirigían por una de las galerías principales. Un hermoso pasillo que rodeaba uno de los patios interiores del castillo, a modo de balconada. Giró a la derecha, dejando a la izquierda la hermosamente decorada baranda de piedra, tallada con símbolos exquisitos, y proyectando sobre la pared de piedra la fila de columnas y arcos que ocultaban intermitentemente el sol poniente a su paso. Apenas miraba por dónde andaba. Conocía perfectamente aquella parte del castillo, aunque paradójicamente hiciera mucho tiempo que no pasaba por allí. Demasiados de sus antiguos compañeros y oficiales residían en aquel ala. Y había preferido no cruzarse con ellos en la medida de lo posible.
Caminó sin apenas levantar la cabeza, demasiado ensimismado en sus recuerdos y en sus pensamientos. En especial, en su preocupación. Hacía cinco años que no hablaba con su antiguo General. Las pocas veces que se habían cruzado cada uno había mirado hacia otro lado, ignorándose mutuamente. Y nunca, hasta el momento, Thareon había tenido que cumplir ningún mandato o encargo para él. En parte porque ya se comentaba tras las esquinas que el General, desde el "incidente" de su hermana Shurelya y la posterior, y no menos reciente, disolución del Consejo, al dragón esmeralda apenas se le veía fuera de sus aposentos. Delegaba sus tareas a sus oficiales, y se pasaba buena parte de los días encerrado en su alcoba, sin querer saber nada de nadie. A Thareon la noticia no llegó a afectarle, más allá de agradecer el hecho de que así no tendría que toparse con él más de lo necesario. La suerte, en ese sentido, parecía haberse agotado.

Frenó su marcha frente a una gran puerta de madera cuidadosamente ornamentada y de aspecto pesado. Recordó la primera vez que visitó aquellos aposentos sólo, sin su padre al lado para llevar la batuta de la situación. Recordaba sentirse nervioso, como un cachorro a punto de enfrentarse a su primera prueba, y tragar saliva. En aquel momento, hizo exactamente lo mismo. Sentía el corazón rebotarle nervioso en la garganta. Tan desesperado estaba por ganar tiempo, que hasta se atrevió a mirar debajo de la campana metálica para ver qué tipo de comida había pedido caer. Abrió los ojos y pestañeó, sorprendido, al ver un sencillo sandwich emparedado de carne braseada. Una comida más digna de un pobre labriego que de un reputado General a las órdenes de la Reina Madre. El detalle le hizo templar sus nervios en parte, y relajar su rostro con una sonrisa suave y efímera. No se imaginaba a Kael comiéndose algo tan terriblemente simple. Quizá la cocinera se había confundido después de todo... Como fuera, sólo tenía una manera de averiguarlo.
Llamó a la puerta con sus gruesos nudillos, haciendo acopio de valor. Esperó respuesta en su interior, invitándole a entrar. Abrió la puerta, sin poder evitar contener la respiración en el proceso.

Encontró a Kael de espaldas, ataviado con ropa cómoda. Guardando lo que se le antojó como un... ¿mechón de pelo oscuro? En el cajón de una mueble de madera, el cual cerró con suavidad. El dragón azul no se entretuvo. Depositó la bandeja con cuidado y agilidad sobre una mesa de buena calidad, completamente cubierta de planos, mapas, y cartas escritas a mano. En un vistazo no reconoció demasiado, pero estaba seguro de que conocería la mayoría de la información que se reflejaba en aquellos pergaminos. Destapó el plato de nuevo, dejando la carcasa plateada a un lado, y miró al otro dragón de reojo. Seguía de espaldas a él, sin prestarle atención. Seguramente aún no se había percatado de que él no era su asistenta habitual sirviéndole la cena.

- Vuestra cena, General. - Fue lo único que dijo, casi en un susurro, inclinando la cabeza y dándose rápidamente la vuelta para salir del cuarto, con un poco de suerte, antes de que Kael terminara de darse la vuelta y centrara en él su atención.
Si es que a caso la centraba en él.






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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Dom Dic 07 2014, 02:46

Kael continuó acariciando el mechón de pelo durante largos minutos. Un teniente había entrado instantes antes, dejando sobre la mesa el plan de actuación tras las últimas amenazas y las nuevas triangulaciones de las alcantarillas, necesarias en principio para averiguar el paradero de la resistencia. No obstante, el interés del general decrecía conforme los días y las semanas pasaban, atento y concentrado en otras cosas, otros detalles personales que le hacían estar más ausente de lo norma, más ermitaño, casi huraño...

Y todo por ese mechón, castaño oscuro, liso, bien recogido. O lo que implicaba dicho objeto, más bien. Una repentina necesidad de calidez le abordó, y poco o nada tuvo que ver con las aguas de la pequeña piscina que tenía justo a su espalda. Llevaba tiempo sin verla, demasiado de hecho, pero no podía permitirse cometer un error en un momento tan crítico, obligado a mantener la compostura, a interpretar su papel en busca de alguna solución, alguna brecha a través de la cual podría tener su oportunidad. ¿Para qué? No lo sabía. Es más, no tenía nada claro qué podía hacer, pero sí sabía que las cosas no podían seguir de la misma manera, que alguien tenía que dar un paso al frente.

La puerta se abrió de nuevo, pero Kael no prestó una primera atención, demasiado sumido en sus propios pensamientos y emociones. Seguramente alguna esclava que venía a recoger la ropa sucia, o a hacerle la cama, ahora deshecha, o a asegurarse de que no le faltaba nada y ofrecer su cuerpo como entretenimiento. No obstante, una voz masculina le asaltó. No la reconoció en primera instancia, quizá por escucharla demasiado baja, susurrada, pero fueron sus palabras, y lo que ello implicaban, lo que provocó que, tras dejar el mechón guardado en un cajón, girara su cuerpo y encarara a la figura, ahora de espaldas a él:

- Yo no he pedido la cena.- La confusión se mostró a través de sus palabras, más sus ojos verdes, tan brillantes como las esmeraldas, se fijaron en el hombre. En realidad, llevaba días sin comer algo más que mera fruta, y si no se lo recordaban, apenas probaba bocado de comidas más contundentes u ostentosas, más dignas de alguien de su rango.- Tú... Me suenas de algo...





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Dom Dic 07 2014, 03:23

Casi consiguió marcharse. Casi. Mas la respuesta de Kael logró congelarle en el sitio, dándole parcialmente la espalda. Soltó sin querer el aire de golpe en un bufido sordo, y puso los ojos en blanco, maldiciendo interiormente a la cocinera. Deseando que se resbalara en la calle y se diera de cara contra una mierda de caballo o algo así. ¡Y luego él era el holgazán que hacía las cosas más! Y seguramente aquella víbora codiciosa e impertinente era incapaz de ponerse siquiera los zapatos bien puestos. Ya le había extrañado que Kael hubiera pedido algo así para llevarse a la boca. Era demasiado raro. Obviamente había sido un error de aquella inútil.
Pero, aunque el fallo no hubiera sido suyo, el caso era que ahora era él quien estaba en aquella habitación con el General y ex-consejero de la Reina. Ergo a él le tocaba asumir la responsabilidad del fallo. ¡Qué propicio! ¡Nada mejor que añadirle a una situación de per sé delicada! Realmente si Irae tenía razón y había dioses en alguna parte del mundo, a él debían de odiarle, pues parecían disfrutar al ponerle en situaciones terriblemente difíciles con demasiada asiduidad.

Thareon apenas se movió. No sabía qué hacer, en realidad. Ni tenía claro cómo reaccionar. Pero sabía que en cuanto se dignara a mirar a Kael a la cara, éste iba a reconocerlo. Y entonces la situación delicada se volvería tensa. Incómodamente tensa. Si no era ya para él.
Buscando alguna excusa convincente, el esclavo se pasó la lengua por los labios, repentinamente resecos, y sin moverse del sitio, intentó dar una explicación, aunque fuera pobre, que le permitiera irse de allí.

- Tal vez haya habido un error en la cocina, bajaré a consultarlo. Si me disculpáis... - Habló muy rápido, casi sin esperar para ponerse en marcha hacia la puerta. Pero no. El General no iba a ponérselo tan fácil. Pues antes de que el esclavo terminara de alzar la mano para alcanzar de una bendita vez el pomo de la puerta, la última frase le hizo pararse de nuevo en seco. Thareon cerró los ojos y apretó los labios. Exhaló un suspiro por la nariz, dibujando un gesto incómodo en el rostro. En cuanto se girase le iba a reconocer, estaba seguro de ello. La oportunidad de escabullirse para que el fugaz encuentro pasase sin pena ni gloria acababa de escurrírsele de entre los dedos.
Así pues, como solía decirse: de perdidos al río. Thareon se giró, encarando a Kael, intercambiando una mirada azul topacio con aquellos dos irises esmeraldas cargados de duda y extrañeza. Una mirada que pensaba que no volvería a sostener nunca más. - Lo dudo, General. Vos no recordáis a los muertos. - El timbre trató de ser átono y neutro. Pero obviamente su voz grave estaba cargando de emociones contenidas detrás de sus palabras.







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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Dom Dic 07 2014, 13:12

La situación se volvió ciertamente surrealista en cuestión de segundos. Él no había solicitado que le trajeran comida (de hecho, llevaba sin pedir algo expresamente durante bastantes días), pero ahí estaba el sandwich emparedado, y por el aspecto de su interior, parecía de carne braseada a la pimienta. Tampoco era ese hombre el esclavo que normalmente le servía, demasiado alto, corpulento y fuerte como para poder caer en el error de no reconocerle. Mirándolo desde fuera, todo parecía ciertamente cómico, incluso divertido...

Pero todo rastro de humor desapareció en cuanto el hombre terminó por girarse del todo. Y no fue el pelo, ni la barba, ni siquiera el cuerpo en sí mismo, lo que provocó que Kael cayera en la terrible cuenta de quién era ese dragón. No, fueron esos ojos azules, casi escarchados y que seguían teniendo ese brillo tan característico, los que provocaron que la situación se volviera tensa, muy tensa. Seis años, seis largos años habían pasado desde la última vez que le vio. Y por las palabras de Thareon, estaba claro que su antiguo capitán aún recordaba perfectamente las palabras que le dedicó.

Kael frunció el ceño, evidentemente contrariado y confuso, puesto que no tenía sentido que alguien como Thareon le hubiera traído la comida, y mucho menos a él, al hombre que le condenó al olvido dentro del propio ejército. Siempre fue un soldado ejemplar, con madera para ascender, con un sentido del honor y de la responsabilidad similares a los suyos. Cometió un error, terrible a sus ojos en aquel entonces, pero ahora, con todo lo que estaba sucediendo, no sabía qué pensar:

- Thareon. -Murmuró su nombre, y se le antojó extraño tenerlo en los labios después de tanto tiempo. El  sandwich emparedado había dejado de cobrar importancia en apenas un par de segundos, y sus ojos verdes se mantenían fijos en los de él, intensos como siempre, sin apenas pestañear...

Aunque sus posteriores palabras fueron, como mínimo, bastante sorprendentes:

- ...Lamento lo que dije.

Sí, se disculpaba. Probablemente, su ex-capitán pensaría que se estaba burlando de él, que le engañaba, que le tomaba el pelo en un sentido bastante retorcido. Pero sus palabras fueron honestas, y su mirada dejaba ver que hablaba completa y absolutamente en serio...

Porque si algo era cierto, era que nunca mentía.





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Dom Dic 07 2014, 23:15

De no conocer a Kael de antes, Thareon, efectivamente, no se habría tomado en serio las palabras del General. Se le habrían antojado una broma de muy mal gusto. Mas el dragón verde nunca había sido muy dado a las bromas, o a los comentarios de mal gusto. Si en algo Thareon y él se parecían, era en ser bastante serios y honestos. No solían desperdiciar saliva en chistes u observaciones insulsas. Ambos decían lo que pensaban, y hablaban con la verdad.
Por eso, no supo qué decir al principio. Aunque pensara que Kael estaba disculpándose en serio después de casi seis años, a Thareon le escocía con saña en el corazón. El desprecio de Kael le hizo mucho daño en la época más crítica y decadente de su vida. Una de tantas losas que cargar después de haberlo perdido todo. Una razón que durante mucho tiempo estuvo entre las primeras de la lista de motivos para rogar cada noche que la Muerte le asistiera y acabase con su dolor.
Hablando en plata, un simple "lo lamento", por sincero que fuera, no bastaba para que el esclavo fuera capaz de descartar el dolor que aquella herida supuraba en aquel momento.

Thareon dejó caer los párpados, desviando la mirada hacia algún punto perdido en el suelo. Sutilmente, retiró su conciencia de la red dracónica. Si iba a tener una conversación con Kael, prefería que aquello quedase entre el General y él. Se apartó de la puerta, terminando e girarse y ofreciéndole su desmejorado aspecto a Kael. El rostro del dragón era un auténtico poema, un reflejo turbio y desfigurado de la batalla interior que estaba sufriendo en aquel momento. Pues una parte de él rogaba por asentir con la cabeza, sin añadir nada más y marcharse por donde había venido; fingiendo la indiferencia que en realidad deseaba poder sentir. Y otra rugía furiosa y dolida, por soltar los cabos de su decencia y explotar como un volcán, vomitándole a Kael el fuego en palabras que describieran la indignación y la rabia al escucharle decir eso, después de seis años tratándole como a un fantasma, después de despreciarle como a un despojo que nada le inspiraba más que deshonor. Sin mostrar ni una pizca de compasión o lástima por él, después de tantos años de lealtad y servicio incondicional.
No, definitivamente, Thareon no sabía qué decir. Sólo sabía que montarle un escena a Kael no iba a hacerle sentir mejor, ni a mejorar su situación. Volvió a centrar sus dos iris azul topacio en las dos esmeraldas engastadas de Kael, dejando ir el aire lentamente por la nariz. Si tenía que elegir decir algo en aquella situación, diría lo único que merecía la pena decir: la verdad.

- ¿Qué esperáis que responda a eso, General? - Inquirió, con la turbación impregnada en su rostro y su mirada, y los vestigios del dolor vibrando en sus cuerdas vocales. - Quisiera poder deciros con la misma facilidad que no os culpo, o que os perdono. Pero os culpé, Kael. Os odié. Y os extrañé. Durante seis años... Y creedme, en la esclavitud, eso es mucho tiempo.






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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Lun Dic 08 2014, 22:35

Supo que había cometido un error en cuanto abrió la boca. ¿Qué esperaba con unas disculpas tan insulsas que, pese a ser sinceras, ni reparaban ni subsanaban el error generado hacía ya seis largos años? ¿Que le perdonara, que le dedicara una sonrisa, que se fundieran en un abrazo o algún gesto de afecto y respeto? No, eso no era viable. Los dragones no olvidaban, difícilmente perdonaban, y de hacerlo, hacía falta algo más que meras palabras.

Los segundos de silencio se le antojaron sumamente incómodos, seguramente los más incómodos de los últimos días. No quería imaginar lo que estaba pensando el esclavo en esos momentos, y tampoco quería dar demasiadas vueltas sobre el error de haberse disculpado de esa manera tan repentina, pero a su vez, no iba a ser él quien rompiera la quietud, consciente de que estaba dispuesto a darle todo el tiempo necesarios para asimilar lo que acababa de escuchar.

Desde luego, el aspecto de Thareon no era el mejor. Lo había conocido como a un capitán, siempre vestido con armadura brillante o ropajes de alta calidad, el pelo, largo y limpio, y los ojos más brillantes, vivos e intensos como el fuego que corría por el interior de ambos. Ahora, Thareon parecía más bien un tenue reflejo de lo que fue en su momento, un fantasma que deslizaba sus moribundos pies por los pasillos del castillo.

Él habló, y Kael escuchó. Siempre atento, concentrado. No le rehuyó la mirada, como tampoco lo había hecho desde que había entrado, y su rostro dejaba entrever la seriedad con la que se tomaba el asunto en concreto:

- Son mucho tiempo, sí. -Y cinco, también. Como los que había pasado él culpándose por la deshonra de su familia, viviendo un tormento por la pérdida de uno de los pocos lazos afectivos que había poseído a lo largo de toda su existencia. En ese sentido, y de forma dolorosamente irónica, Kael había entendido a Thareon a la perfección.- Trato de hacer lo que considero correcto, Thareon... Al menos, en la medida en la que me dejan. No espero que aceptes mis disculpas, porque no me las merezco. Pero sí quería que lo supieras...

Explicó, sencillo, rotundo, claro. Como siempre. Parecía no haber cambiado con el paso del tiempo, pero uno podía apreciar un leve brillo en sus ojos verdes, diferente a la firmeza y dureza habitual. Sus labios se curvaron en una sonrisa, más esta fue amarga, melancólica e irónica:

- ...Aunque el causante del encuentro sea un emparedado perdido.





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Mar Dic 09 2014, 01:28

Nunca se había visto en una situación así. Desde que era esclavo, Thareon se había enfrentado al desprecio, a la tortura y la humillación de forma casi continua. Se había visto sólo, olvidado por los suyos y marginado por los otros esclavos. Y siempre había tenido un guión mental que seguir, una voz interior que le ayudaba a asimilar y tragar con la situación, aunque ésta fuera dolorosa o difícil. Mas en aquel momento, esa voz permanecía en silencio ritual. Dejándole sólo y expuesto, con las emociones revolviéndose a flor de piel. De forma que le invadió una especie de sensación de vulnerabilidad.

Thareon escuchó las palabras de Kael, manteniendo el cruce topacio-esmeralda. Su rostro no varió, tampoco su expresión. La escena también se había tornado surrealista para él. Si bien, tal vez para Thareon resultara más sencillo demostrar sus sentimientos, o lo que fuera que se retorcía ahí dentro, que para el General. El esclavo no era el capitán que Kael recordaba. Durante seis años habían machacado tanto su ego y su orgullo que él no necesitaba aparentarse nada a sí mismo, ni justificar sua actos. Ya, ¿para qué? No le hacía falta. Como le había dicho a Cinnie, lo que se veía de él, era lo que había. Y nada le quedaba que ocultar. Ni siquiera a su propio reflejo.


El último comentario de Kael consiguió robarle otra sonrisa vaga bajo la barba espesa, al tiempo que bajaba la mirada y cabeceaba en un mudo asentimiento. Aunque ésta no alcanzó sus ojos.
Dio un par de pasos hacia delante, posando la mano áspera y maltratada por el duro trabajo sobre el impecable barniz de la madera. En esr gesto, la manga descosida se subió sobre su antebrazo, mostrando la muñeca abrazada por la blanca cicatriz, allí donde el jade había estado rozando su piel durante años. Su mirada se detuvo en el sencillo emparedado. Un plato sencillo que él ahora veía como todo un manjar. ¡Cómo le cambiaban a uno las perspectivas en la necesidad! Como seguramente había cambiado la de Kael tras sus tristes circunstancias pasadas.

- Podéis agradecérselo a la ineptitud de cierta cocinera. - Intentó bromear, siguiendo el intento del General. Pero no lo consiguió. La sonrisa se apagó como una vela ya consumida. Y sus ojos volvieron a mirar a Kael, brillantes y cargados de humedad, sin llegar a derramar el sentimiento, pero igualmente al borde de algún tipo de colapso silencioso. - No os culpé por lo que tuvisteis que hacer, Kael, ni por vuestras palabras. Ni siquiera por vuestro odio. No estaba enfadado con vos, mi General. Estaba triste, porque para poneros por fin en mi lugar, tuviérais que desterrar a vuestra propia hermana al exilio. - Sabía que estaba pisando terreno pantanoso al mentar ese tema. Pero era la pura verdad, aunque escociera. Shurelya había sido también una buena amiga de Thareon. La noticia de lo acontecido con ella apenas un año después de convertirse él en esclavo, no le había pasado desapercibida
De hecho, si él supuera lo que... - La razón por la que os culpé, por la que aún os culpo, fue porque, tras entender lo que yo tuve que pasar, tras veros en mi lugar... Me dejárais pasar todo este tiempo en la ignorancia, y hayáis tenido que esperar a que un puto sandwich una comanda mal dado nos haya juntado irremediablemente en el mismo cuarto, para tener el coraje de dirigirme la palabra y arrepentiros de vuestras palabras. - Tal y como lo dijo, no sonó recriminativo. No, porque la voz se le quebró algunas veces, a pesar de estar pronunciando cada palabra con inusitada tranquilidad. Decía lo que pensaba. Lo que realmente había sentido durante todos esos años, sumido en el olvido y la vergüenza. Thareon volvió a sonreír, con amarga ironía, y se llevó una mano a los ojos, frotándoselos con los dedos, ya que le ardían de tanto contener el torrente emocional que tenía guardado dentro.






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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Miér Dic 10 2014, 22:50

En cierto modo, Kael sabía que todos sus intentos por relajar la tensión de la situación eran en vano. Thareon nunca había sido un soldado más, y aunque el general nuca pudo tener claro del todo si las aspiraciones de ese capitán eran enteramente suyas o estaban influenciadas por su padre, lo cierto era que siempre había cumplido con creces, ganándose unas credenciales y unos honores a los que no todos tenían acceso. Muchos confundían ser soldados con arrebatar corazones y devorar cuerpos agonizantes, pero Thareon, al igual que él, entendía perfectamente que la guerra era algo honorable, y que en el honor se encontraba el respeto al adversario, las buenas maneras, incluso para matar, y evitar a toda costa la tortura y la saña innecesarias.

No obstante, la cercanía entre ambos no dejaba de ser real. Habían compartido mesa, vino, espada, espalda, muchas guerras, muchas batallas a lo largo de mucho tiempo. ¿Cómo obviar eso, cómo olvidarlo, sin más, y convertir esa conversación en algo poco trascendental? Era imposible, pero Kael nunca había sido alguien conocido por ser un cobarde o huir de las situaciones incómodas, y se había ganado el puesto de general y consejero en base a sus intuiciones. Le escuchó, eso sí, con educación, sin interrumpirle. Pudo ver en los ojos claros de Thareon la emoción contenida, mezcla de dolor y añoranza. Habían sido amigos, camaradas y compañeros, y de la noche a la mañana él mismo rompió todos esos lazos...

Y aún cuando todo sucedió y su sistema se fue al traste, siguió sin dirigirle la palabra a su ex-capitán. Kael bajó la mirada, observándose los pies desnudos, sus manos rugosas y fuertes. Los segundos de silencio se le antojaron de nuevo pesados, pero esta vez, fueron necesarios. Necesitaba esos instantes para aclarar sus ideas, para saber con certeza qué hacer o qué decir. Lentamente, se desconectó de la red. Había dejado pasar varios segundos, de forma que nadie pudiera relacionar la desconexión de Thareon con la suya propia, y esperaba que nadie pudiera tener acceso a dicha conversación. Acortó las distancias, y en un gesto aparentemente sencillo, posó una de sus manos sobre el hombro derecho del dragón:

-  He sido un cobarde, Thareon. -Se lo admitía, puesto que él mismo se había dado cuenta. De hecho, de haber sido valiente, Shurelya seguiría viva al lado de Cassandra, feliz, plena... Y no con sus cenizas esparcidas por el viento.- ¿Cómo miraros... mirarte a la cara, después de recriminarte todo aquello que luego experimenté? -No supo cómo, no encontró la fórmula mágica que le diera la solución a dicho dilema. Y en la duda, al final siempre aparecía la evasión, un recurso irresistiblemente dulce y difícil de sortear. Su voz, no obstante, sonó ronca al tener que mencionar el tema de su hermana fallecida. Thareon seguramente pensaba que estaba en el exilio, sufriendo...

Pero la realidad era bien distinta y aterradora, aunque eso fuera un secreto que, con suerte, se llevaría a la tumba sin revelarlo a nadie:

- Siéntate y come, yo no tengo hambre, y desconozco el tiempo que llevas sin probar un bocado en condiciones.- Ahora que lo tenía cerca, se daba cuenta de que se había perdido muchas cosas del dragón azulado, muchas experiencias, malas o buenas, y por encima de todo, a un buen amigo, fiel y leal hasta el punto de seguir considerándole un general pese a todo lo sucedido.

Kael se aproximó a una estantería al lado de la mesa, sirvió dos copas de vino dulce y le tendió una a su acompañante.





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Jue Dic 11 2014, 09:21

Thareon retiró los dedos de sus ojos, mostrándolos enrojecidos y vidriosos. Pero a pesar de eso, no derramó lágrima alguna. No podía. Las sentía atoradas en el interior de su mente, de su corazón. De poder hacerlo, incluso, ni siquiera él mismo sabría interpretarlas. De saber si eran de odio, de rabia, de dolor… o incluso de alivio, de alegría, al poder volver a estar delante de Kael, sin que éste retirase la mirada de su persona, mostrando la indiferencia acostumbrada que había estado mostrando durante los últimos años.
La verdad era que no sabía muy bien cómo sentirse. Así que, del mismo modo en el que Kael experimentaba sensaciones contradictorias en aquellos momentos, el dragón azul se veía sumergiéndose en un pozo del que no tenía demasiado claro cómo salir.

Se apoyó en el borde de la mesa, aferrándose a ésta con las manos, y dejando la mirada perdida en algún punto infinito, más allá del suelo. Negó despacio, inundado el momento por el silencio. Un mechón de pelo largo y descuidado se deslizó por su hombro izquierdo, colgando a un lado de su rostro. Junto a una de las dos trenzas que Cinnie le había hecho en su día, justo a ambos lados del rostro, y que ya se había acostumbrado a llevar.
Aquello estaba resultando duro. Aunque una parte de sí mismo supiera que era algo necesario. Un capítulo de su vida que debía cerrar de alguna manera. Nunca se hasta ese mismo instante se había dado cuenta de lo mucho que lo necesitaba. Mas como, ajeno a él, discurría el propio Kael, la pasividad había sido también su delito. Siendo honesto consigo mismo, él también se había portado como una rata cobarde y débil. Incapaz de plantarle cara nadie, menos a Kael después de que las torturas y el brazalete de jade terminaran por quebrar su espíritu. Realmente se dio cuenta de que había juzgado prematuramente al General con sus palabras salpicadas de resentimiento. No era el más indicado para señalar a nadie, precisamente.

Fue vagamente consciente de que su anfitrión se movía por la sala. Pero no se percató de su verdadera cercanía hasta que sintió su mano sobre su hombro derecho, posándose en él con la firmeza que recordaba. Un gesto que Kael había tenido con él innumerables veces en el pasado. Y que le traía innumerables recuerdos, capaces de salir a la luz incluso a través de su vorágine emocional. Tampoco se esperó aquella súbita confesión. De hecho, gracias a eso fue capaz de levantar la mirada, buscando aquel verde esmeralda con sus ojos azul topacio.
La verdad era que un reproche por parte de Kael, o incluso el despedirle de la habitación dando la coversación por zanjada hubiera sido lo esperable. Pero, en vez de eso, Kael admitía haber sido un cobarde. Delante de él, de forma sincera, confesándole el motivo por el que no se había atrevido a encararle antes. Exactamente el mismo motivo que había mantenido al propio Thareon lejos de él.


- ¿Creéis que hubiera sido capaz de juzgaros después de haber tenido que condenar a vuestra propia hermana? ¿De veros en la misma situación que yo? - Negó con la cabeza, hablando con voz aparentemente ofendida. - Demonios, Kael. No pensaba que tuvierais tal retorcido concepto de mi. - Esbozó una sonrisa suave bajo su barba oscura y salpicadande canas, dejando ver la reconocible sombra de la ironía en su semblante. - Si vamos a comparar mentes retorcidas, hablemos de la de esta vida que nos ha tocado vivir. La que en el momento que más necesitábamos estar juntos, nos separó más que nunca. Pues yo estuve en vuestra piel, sino aún más adentro. Y me encontre sólo, sin un amigo, tras haber visto morir lo que más me importaba. - Obviamente, en comparativa, su propia situación se le antojaba a Thareon más irremediable. Pues entonces él sólo sabía de la supuesta condena de su buena amiga Shurelya al exilio. ¡Ay, si supiera lo cercanas que habían estado en realidad! - Aún con todo, lamenté que tuvieráis que pasar por eso, y me entristeció escuchar lo que pasó. - Thareon alzó la mano para apoyarla sobre aquella que el General aún mantenía sobre su hombro. Sus dedos fuertes y cayosos se habían acostumbrado a, por lo general, consolar manos más pequeñas y frágiles que las suyas. Por eso reconoció extraño el volver a sentir el tacto de otra mano guerrera.

Al ofrecerle el dragón verde que se sentara para comer en su lugar, Thareon observó al General de arriba a bajo. Frunció el ceño y apretó los labios, curvando algo más su sonrisa al ver cómo le estudiaba con la mirada, reconociendo cierta lástima culpable en sus ojos. Kael se apartó de él, para servir dos copas de vino. El esclavo se volteó hacia el plato de comida. Ciertamente, tenía hambre. ¿Cuándo no? Para él estar estárvico buena parte del tiempo era como respirar. Se aproximó al sandwich emparedado, cogiéndolo con las dos manos, y partiéndolo por la mitad. Cuando el General volvió hasta él, ofreciéndole la copa de vino, Thareon se la cambió por uno de los dos trozos.

- Intercambio justo, ¿hm? - Sonrió, sosteniendo la fina copa, para darle un suave sorbo. El vino era bueno, muy bueno. Cómo sólo era esperable de la reserva personal de Kael. Se había acostumbrado tanto a los ásperos vinos del burdel a los que le invitaba Irae, que su paladar casi había olvidado las finas texturas que aquel elixir podía ofrecer. - Posiblemente menos tiempo del que imagináis. Aunque sea un esclavo, tengo mis mañas. De lo contrario me habrían matado de hambre hace años. - Robar, trapichear, o aceptar la caridad de los pocos amigos que había logrado hacer en los últimos meses. Lo que fuera, con tal de ver un día más amanecer. - Lo cual hubiera sido irónico. Ya que no morir es parte de mi condena aquí.






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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Dom Dic 14 2014, 17:26

Kael era consciente de que las palabras del dragón buscaban disminuir el desconsuelo que asolaba su corazón desde hacía muchos años, aunque no pudo evitar sentirse terriblemente mal al saber que, pese a todo lo que se sabía, nadie conocía realmente la verdad, esa reveladora y terrible experiencia a la que se había visto sometido en un intento de cumplir las últimas voluntades de la que fue su hermana. Muchos pensaban que estaba exiliada en tierras lejanas, y otros creían que ya habría muerto en manos de los salvajes, incapaz de superar la pena por el castigo recibido...

No obstante, lo cierto era que ella jamás iba a volver, y que entendía, mejor que nadie en este mundo, la  experiencia de Thareon. Pero, ¿debía decirlo? ¿Era el momento de confesarlo, de abrirse a él tras seis años de inexistencia mutua? Él nunca le habría juzgado, o ese era el significado intrínseco que extraía de sus palabras, pero la cuestión ahora era saber si, de saber la verdad, le juzgaría de forma diferente. Se jugaba mucho, algo más importante que el cargo o su propia vida. Se jugaba su honor, su integridad, el valor de la honestidad y la capacidad de superación. Una parte de su ser ya había sanado tras el encuentro con Cassandra en la cueva, pero otra... Otra aún supuraba pena y dolor:

- No me habrías juzgado, viejo amigo, pero yo no habría sido capaz de mirarte a la cara, desde arriba, desde una posición superior, y saber que, en el fondo, me sentía igual que tú... o peor.- Unas sencillas palabras, pero en esas dos últimas, el matiz de su voz adquirió un tinte más oscuro. En el fondo, su conciencia ya había tomado una decisión, decisión que se vio intensificada cuando vació la copa de vino de un solo trago, sintiendo el cálido líquido descender por su garganta.- No te sirve de consuelo, pero yo... te habría dejado morir, como solicitaste. Siempre fuiste un dragón sincero y con sentido del honor. No lo pediste por cobardía, y sí por necesidad...

Pero su padre había insistido, una importante figura dentro del ejército, y Kael no podía hacer nada por su situación, no en ese momento. El dragón tomó asiento en la mesa, y en ese gesto se apreció lo cansado que estaba, el terrible peso que cargaba sobre sus hombros:

- ...Lo sé, porque Shurelya también me lo pidió...

No dijo nada, mirándole fijamente. Y pese al silencio, sus ojos del color de la esmeralda brillaron con profundidad, dejando ver a Thareon el final de esa frase, la respuesta a esa pregunta que apareció en la mente del dragón azulado...

Una respuesta afirmativa en toda regla.





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Dom Dic 14 2014, 22:15


Las palabras de Kael, sobre todo aquellas que ganaron gravedad en el tono, volvieron a captar toda la atención del esclavo. Thareon no respondió en un primer momento. Se quedó observando al abatido General, leyendo sus facciones. Las que a cada momento dejaban ver un vestigio tras otro de algo que se escondía de él, mas no de su entendimiento. Aquella era la mirada de un hombre ocultando un gran secreto. Seguramente tan grande como horrible.
Sólo reaccionó para dejar la comida de nuevo sobre el plato, la copa sobre la mesa y enderezarse de nuevo. Dejando de estar apoyado en el borde de la misma.

Se cruzó de brazos, escuchándole. Tenía razón, no le servía de consuelo. Ya no. Porque había descartado la muerte como opción hacía algún tiempo. Se había convencido de que, después de todo, la muerte o el suicidio hubieran sido vías fáciles. La escapatoria inmediata a la realidad. Por ende, sí, lo habría pedido por cobardía al final. Y por ende, no habría llegado nunca hasta donde estaba en aquel momento. No había aprendido todo lo que sabía, como a valorar aún más la vida, y la belleza de las pocas personas buenas que le rodeaban en aquel infierno. Por mucho que le doliera, de lo difícil que fuera su situación, su carácter y su espíritu se habían vuelto más fuertes. Y más humildes. Se alegraba de seguir vivo. A pesar de todo.
Mas seis años atrás, Thareon no podía comprender eso. Demasiado cegado por el dolor de la pérdida, de la desolación que había dejado en su corazón la tristeza. Habiéndolo perdido todo: familia, amigos, hogar, reputación, respeto... ¿qué podía esperar que quedase salvo la expectativa de una muerte piadosa? ¡Largos años pasó deseándola, suplicando por ella al cerrar los ojos, y maldiciéndola por ignorarle cada despertar!
No podía extrañarle que su vieja amiga hubiera suplicado por lo mismo en su momento.

Lo que sí que le extrañó. Lo que le sorprendió, hasta el punto de dejarle mudo mirando a Kael, sentado en la mesa con aspecto de cansado y vencido; fue escuchar de sus propias labios que, muy al contrario que en su caso, él sí había accedido a esa petición. El dragón azul se llevó la mano al rostro, tapándose momentáneamente la boca, desviando su mirada a ninguna parte. Tratando de asimilar aquello. No sólo por la noticia de que una buena amiga suya de los viejos tiempos había muerto, y toda esperanza de volver a verla se desvaneció como el humo en el aire. Sino por el propio General.
Él había matado a Shurelya, a su propia hermana, por compasión hacia ella, y hacia su situación. Había tenido la misericordia que su padre no había mostrado hacia él. Había elegido cargar con la muerte de ella, a cambio de librarla de la desgracia que hubiera terminado con su cordura en el exilio, o que hubiera arruinado su vida y su orgullo, como le había pasado al propio Thareon. Y lo más dramático, era que el esclavo entendía al General. Le entendía, porque cuando Tarthreiz le intentó a obligar a matar a Ancaria, él no pudo hacerlo. No tuvo que negarse. No hizo falta. Sus ojos azul topacio hablaron por sí solos. Del dolor, de lo que hubiera sentido de haber accedido. De la culpa que le hubiera hundido, y entonces sí, le habría conducido inequívocamente a terminar con su vida, arrepentido y culpable por haber destruido lo más hermoso que había tenido en su vida. Del motivo por el que su respuesta hubiera sido, rotundamente, "no".
A pesar de que finalmente el resultado fuera el mismo.
A pesar de que aquel trágico final hubiera terminado igualmente con el desdichado capitán sosteniendo la cabeza decapitada y sangrante de su amada entre sus brazos, acariciando por última vez su cabellera rubia entre sus dedos, contemplando su rostro dormido para la eternidad, congelado en aquella suave sonrisa que adornó sus labios un instante antes de que la espada segara su vida...

Kael hizo aquello que él fue incapaz siquiera de negar.

Algo pasó entre ambos en aquel momento. A pesar de estar desconectados de la red, el esclavo sintió que un profundo pálpito resonaba entre ellos, reverberante y profundo, casi vibrando en el aire. Una sensación, emotiva y desoladora que los unía de algún modo, cruel, real y tangible. Thareon observó al dragón esmeralda. Se aproximó a él, despacio. Con la emoción a flor de piel, y la pena asomando en sus ojos y sus facciones. Lentamente alzó sus manos ásperas para rozar el cuello de Kael, apoyando los pulgares en su rostro carcomido por la incertidumbre que debía de estar provocándole la situación. De no saber cómo iba a reaccionar el esclavo. Ni qué implicaría haber pronunciado en voz alta aquella terrible verdad.
Mas la reacción de Tharoen no fue otra que inclinarse hacia delante, bajando la cabeza hasta que su frente tocó la frente del General. Cerrando los ojos, de forma que sus párpados custodiaron la caída de dos silenciosas lágrimas que surcaron su rostro, y se perdieron entre el espesor de su barba.

- Lo siento, Kael. - Fue lo único que susurró. No hubo juicios. No hubo palabras de vacío consuelo, porque el dolor que debió sentir su antiguo amigo sencillamente era inconsolable. Ni siquiera un intento de aliviar o destensar aquella revelación. Sólo un simple, sincero y profundamente sentido pésame. Desde lo más hondo y lo sincero de su corazón. - Lo siento mucho...






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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Lun Dic 15 2014, 23:34

Ya no había vuelta atrás, su secreto revelado justamente a la persona que más cerca había vivido una experiencia similar. Ahora mismo, toda su vida, todo su sistema y todas sus esperanzas se basaban en que Thareon no hablara, en que realmente fuera capaz de perdonar el vacío al que le sometió cuando todo sucedió, en que, de alguna forma, el dragón azulado comprendiera los motivos por los cuales lo había hecho. Algo prohibido, una de las principales normas de la sociedad dracónica, y justamente él, uno de los baluartes del sistema, una de las cabezas visibles, la había roto, ocultándolo a ojos de todos, viviendo con la condena y la maldición de haber manchado sus manos con la sangre de su sangre, con una de las personas más cercanas a su existencia como ser.

No, no existía consuelo. Nunca lo existiría, pero la vorágine de emociones que empezaban a desbordarse en su interior amenazaba con colapsarle  en cuestión de instantes, y lo peor era la sensación de no querer evitarlo, de no poder pararlo. Demasiados años, meses, días, minutos y segundos aguantando, sobreviviendo, convenciéndose de que lo hizo por su bien, cumpliendo su voluntad, su deseo. Aún recordaba sus iris, verdes como los del propio dragón, suplicantes pero firmes, convencidos de que morir era la única solución para su pena.

El tacto de la frente de Thareon le sorprendió, pero su rostro seguía siendo una máscara a punto de quebrarse en mil pedazos, de destrozarse sin remedio alguno para siempre...

Y así sucedió en cuanto él abrió la boca, disculpándole, expresándole lo mucho que lo sentía. Y supo en ese momento que él, justamente él, sí que lo decía de corazón, porque era una de las pocas personas sobre la faz del planeta que podía entender una situación tan dramática. No se dio cuenta, pero sus brazos rodearon la cintura de Thareon, ascendiendo por su espalda, y sin previo aviso, estrechó el cerco en un abrazo. Y si bien no gimoteó, ni sollozó, las lágrimas del dragón azul se vieron acompañadas por las del propio Kael, en una comparsa silenciosa en la que la pena era la protagonista.

Desprovisto de armadura, de coraza y de máscara, Kael siguió hablando:

- Ella me lo pidió, Thareon... -Tenía la voz ronca, prácticamente tomada, pero la cercanía evitaba que el mensaje se perdiera.- Me lo pidió porque no podía vivir sin su amada, sin Cassandra. No lo podía soportar.- Susurró. Sus dedos se crisparon sobre la tela de la ropa de Thareon, sobre su espalda, y sus ojos, cerrados, parecieron contraerse más todavía en una evidente muestra de rabia.- Pero... Me equivoqué.- Su frase parecía no tener sentido, pero instantes después, de sus labios escapó la terrible realidad.- Ella... Estaba viva. Está viva. Vive en el bosque, exiliada. Cassandra... vive.

No añadió nada más, sus lágrimas formando un río incontenible, incapaz de detenerse en un constante flujo de amargura y dolor. Y no terminó la conclusión de toda esa historia, porque el significado era evidente a simple vista, una realidad aterradora que solo aumentaba su desazón, una muerte que, con el paso de los años, se había convertido en un asesinato sin justificación alguna, puesto que la única razón ya no existía, ya no existía.

Shurelya había muerto, asesinada bajo sus manos en pos de un reencuentro en la otra vida con su amada. Y lo que hizo, lo que realmente hizo, fue condenarla a una soledad eterna sin su alma gemela.





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Jue Dic 18 2014, 09:27



Las lágrimas de Kael conmovieron a Thareon más de lo que se podría describir. Sintió sus brazos rodearle y ascender por su espalda, hasta estrecharle contra él. Entendiendo entonces lo sólo que debía haberse sentido el dragón en su corazón, atormentado por la culpa de sus actos, de haberse llevado por delante a su propia sangre. Incluso si había sido por lo que se pudiera considerar un motivo justificable, casi piadoso, no dejaba de ser un acto terrible. Una pesada carga que soportar para la conciencia.
¿Y su conciencia? Thareon sabía ahora algo que bien podía hundirle la vida al otro dragón. Una mera palabra, un susurro, y la Inquisición se le echaría encima como una manada de buitres, despojándole de su cargo, su vida y sus derechos civiles como antaño le ocurrió a él. Mas no. La opción de traicionar así a Kael no tenía cábida en la mente del ex-capitán. Le apreciaba demasiado, a pesar de todo, como para siquiera plantearse la opción de delatar su terrible secreto.

- Ella me lo pidió, Thareon... -El General habló con voz ronca, tomada, demostrando el dolor que seguramente había estado guardando durante tanto tiempo en sus palabras.- Me lo pidió porque no podía vivir sin su amada, sin Cassandra. No lo podía soportar.-
- Kael... - Musitó el esclavo, entreabriendo por fin los párpados.
¿Qué iba a contarle a él el desdichado oficial? Aquellas palabras y muchas parecidas estuvieron resonando en la mente de Thareon durante años. Convencido de que, sin ella, la vida no merecía la pena. Y en su caso, aún menos, estando obligado a servir como un perro apaleado por sus amos.
- Pero... Me equivoqué.- El dragón verde continuó. Y Thareon separó su frente de la de él, lo justo para poder volver a encontrar sus ojos azules y cargados de empatía con los dos iris verdes y acuosos, cargados de melancolía y sufrimiento, de su General. - Ella... Estaba viva. Está viva. Vive en el bosque, exiliada. Cassandra... vive.
- ... ¿Ella aún vive? - Thareon no ocultó su asombro. A sus oídos había llegado el rumor extendido de que Kairsh mató a la antigua oráculo tras saberse de su relación con Shurelya, o eso tenía entendido. Mas también se suponía a la dragona exiliada, cuando en verdad estaba muerta. Mas la expresión dolida y amarga de Kael le afirmó sin necesidad de palabras que, seguramente así también lo había entendido él. Y que saber que la mujer por la cual su hermana rogó su muerte seguía viva... Una intensa desazón se apoderó de Thareon. Quien aprovechando que aún tenía las manos en su rostro, le alzó el gesto al General. - Kael, mírame. Mírame. - Le pidió, a través de aquel mar de lágrimas y congoja, dejando por fin a un lado los formalismos. - Tú... la has visto, ¿verdad? - Le preguntó, refiriéndose a Cassandra. - ¿Dónde? ¿Cuándo? ¡Háblame, Kael! Llóralo o grítalo si es necesario. Pero no dejes que te consuma. Te pudrirá el alma desde dentro, amigo mío. Tienes que expulsar ese veneno, aunque sea doloroso. - Bien sabía de lo que hablaba el dragón azul. Demasiado bien.






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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Kael el Sáb Ene 03 2015, 17:46

Ya está. Lo había dicho, lo había soltado. Por primera vez, confesaba su secreto más inconfesable a una persona que no fuera la propia Cassandra, compartía con alguien más la pesadez y la desolación que asolaban su corazón. Y por primera vez, sentía un alivio parecido al que sentía cuando estaba con ella, por mucho que la confusión o el arrepentimiento atenazaran su mente en ciertas ocasiones, preguntándose si realmente estaba bien eso que hacía con ella, si realmente era correcto sentir algo por la mujer a la que su hermana había amado.

No quiso mirar a Thareon a la cara, temeroso de poder encontrar el desprecio en sus ojos. Al fin y al cabo, desde su punto de vista, esa revelación convertía un acto de sacrificio, un acto altruista y doloroso, en un asesinato a sangre fría, un homicidio. Él no sabía que Cassandra estaba viva, puesto que el propio Kairsh había anunciado su muerte. Pero debió comprobarlo. Debió seguir a ese dragón y ver el cuerpo inerte y frío de Cassandra. Debió hacerlo, maldita sea. Se sumergió, sin darse cuenta, en otra espiral decadente, una vorágine de dolor y oscuridad…

Pero las palabras del dragón azul le hicieron volver al mundo real. Kael alzó el rostro, y verde y azul chocaron de nuevo. El jade de sus ojos se mostraba abierto y resquebrajado, pero el zafiro de Thareon parecía dispuesto a sanar esas grietas, repararlas y mostrarlas brillantes y fuertes de nuevo. El dragón hablaba con firmeza, consciente por experiencia propia del tormento que asolaba su alma. Despacio, el general se separó de su compañero y amigo, recobrando la compostura. Las lágrimas se secaron y dejaron de derramarse, y su rostro, aún acongojado, recuperó el semblante habitual:

- Vive en el bosque, exiliada.- Sabía que esa explicación era insuficiente, que no aportaba los datos que él le estaba pidiendo, pero tampoco estaba dispuesto a explicar con todo grado de detalles el infierno que Cassandra había vivido bajo las manos de Kairsh.- Kairsh la dio por muerta, puesto que se aseguró de que la opción más probable fuera que los animales dieran buena cuenta de ella… Pero alguien la encontró antes: Eryadon.- El viejo dragón, antiguo comandante, uno de los primeros exiliados. Pensar que gracias a él, ella estaba viva, trastocaba sus bases mucho más de lo que estaba dispuesto a admitir.- Yo… me sorprendí al verla. Pero han pasado ya varios meses, y…

Kael apartó la mirada, pero en sus ojos, durante esos breves instantes en los que Thareon pudo observarle fijamente, se apreció que el dragón escondía una realidad más, una realidad que el mismo general decidió solucionar, consciente de que ocultarlo y jugar al escondite con algo que le atormentaba no iba a beneficiarle:

- …No sé cómo ha pasado, pero… -¿Qué decir? ¿Qué Cassandra le atraía, que la quería, que la amaba, que la necesitaba? No encontraba el término concreto, puesto que nunca se lo había planteado, limitándose a sentir, a dejarse llevar.- Estoy repitiendo la historia de mi hermana…

Y así, espero que Thareon pudiera entenderlo. Sin darse cuenta, se dejó caer sobre una de las sillas, tratando de relajar su maltrecho cuerpo y su atormentado corazón.





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Re: Remember: You are dead to me (Priv. Kael)

Mensaje por Thareon el Dom Ene 04 2015, 03:12

- ¡Eryadon! - Exclamó el esclavo. ¡Vaya sorpresa! Así que el viejo comandante seguía con vida. Thareon le había dado por muerto hacía años, o con suerte, perdido en algún lugar lejos de Talos. ¡Y ahora resultaba que había estado en el bosque escondido! Igual que Cassandra. Parecía que los fantasmas se hubieran compinchado para volver juntos desde el Otro Lado. El ex-capitán no cabía en sí del asombro. ¡No era para menos! Y aún así, seguramente no era comparable a la sorpresa que tuvo que llevarse el propio Kael al descubrirlos.

Thareon dejó que el otro dragón se separase de él, recuperando su espacio personal. Aparcando de paso sus cabilaciones sobre su otro viejo compañero para otro momento más oportuno. Aquella ocasión merecía que toda su atención se centrara en Kael.
El pobre dragón verde estaba destrozado, hundido, dejándose caer penosamente en aquella silla. Sumido en las dudas y la amargura que su alma había almacenado durante tanto tiempo, desvirtuando el concepto que tenía de sí mismo. Pasar de verse como un honorable caballero piadoso a un asesino de su propia sangre, sin duda debía suponer un trago muy difícil de digerir.

Pero no fue sólo eso. No... Fue una sensación de dejavù. Porque justo antes de romper el General el contacto visual, Thareon vio un brillo en su mirada. Intenso, profundo, hermoso de algún modo. Que conocía demasiado bien.
Se estaba viendo a sí mismo, hacía años. Más inclusl que los que había pasado de esclavo. Cuando, sentado en su estudio, los terribles recuerdos de cada batalla torturaban su mente. Cuando los gritos y la sangre de todos los que cada vez se sentía menos inclinado y más obligado a matar acudía  a él para perturbar su conciencia. Arrancándole lágrimas, robándole el petito, el sueño y el ánimo. Y en aquellos terribles momentos, hubo una mano que acuclillada ante él buscaba la suya, y la estrechaba con fuerza. La mano de aquella mujer rubia de ojos verde avellana, que en tantos sentidos le había devuelto la vida, después de que él se lo hubiera arrebatado todo. Y por aquel gesto, aquella mano, Thareon había aprendido a ver el mundo con la misma marada que acababa de ofrecerle Kael.

Thareon se acuclilló delante del dragón. Alargó suavemente la mano, y la apoyó sobre el dorso de la mano izquierda de Kael. Imitando el único gesto que sabía que el General necesitaba.

- La mataste por amor. Porque la querías, y no desebas dejarla a su suerte, a merced de su sufrimiento. Tú no sabías que Cassandra seguía con vida. No tenías forma de saberlo en aquel momento. - Le aseguró. Y en aquellos irises azul topacio brilló la más honda compresión. Buscaron de nuevo la verde mirada del dragón esmeralda antes de añadir: - No dejes que la congoja del "pudo haber sido" desgarre tu corazón. Yo podría haber sido feliz con Ancaria, muy lejos de aquí, como Shurelya lo podría haber sido con Cassandra de haber podido huir y morir juntas. Pero para ninguno de los dos pudo ser. Y créeme, Kael. Tu hermana y yo sabíamos bien a qué nos exponíamos. Es un riesgo que asumimos correr, en pos de un sentiento bello. - El dragón azul ladeó la cabeza, haciendo que algunos mechones de su largo pelo resbalaran por sus hombros. - Y claro que ambos podríamos haber evitado la desgracia, ¡claro! "Si lo hubiera sabido. Si hubiera buscado mejor. Si lo hubiera visto venir. Si en vez de esto, hubiera dicho o hecho lo otro...". Sí, Kael. Si hubiéramos sido más listos y cuidadosos, si hubiéramos dichl y hecho lo que ahora nos parece tan obvio, todo sería muy diferente. Tu hermana seguiría viva, y yo sería padre de dos maravillosas. - Tristemente, negó con la cabeza. - Pero la realidad es que ambos hicimos lo que creíamos correcto en esas circunstancias. Ni más, ni menos. No podemos ver el futuro, Kael, ni podemos saber lo que el Destino nos depara. No podemos elegir quién nos traicionará mañana, ni quien morirá a nuestro lado sin poder evitarlo... Y mucho meno de quién nos enamoramos. - Una sincera sonrisa surcó el rotro del esclavo, iluminando su expresión bajo la sombra de su barba. - No te sientas culpable por sentir lo que sientes. No pienses en si está bien o mal, si es moral o no, y dejes que algo tan hermoso se ensucie con el fango de la vergüenza. De verdad, no merece la pena. Shurelya no querría verte martirizándote así. Si ella desea algo desde el Otro Lado, no es tu desdicha, sino tu felicidad. Y la de Cassandra.






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